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Jesús y el demonio. (La cuarta tentación)

En desierto feroz e infernal,
caminaba en retiro Jesús,
en su piel ya sentía la cruz.
Habló el diablo, el espíritu del mal:

–«Que las piedras se tornen en pan,
que seas dueño de todas las tierras,
que tu fama traspase fronteras;
(sobre tu alma mis garras están)»

Mas, Jesús, como sabio Profeta,
acudiendo a los textos sagrados,
a los versos por Dios inspirados,
demostró que no hay quien le someta.

Pensó el diablo: –«Qué necio yo he sido,
le tenté con lo más ordinario,
con el pan, el humilde salario,
y el Mesías vencerme ha podido.»

Desde el foso donde almas tiritan,
Belcebú le condujo a su imperio:
corazón del humano, el misterio,
donde el bien con el mal, cohabitan.

–«Aquí está la raíz de los males,
–dijo el diablo a Jesús, con argucia–
corazón que por libre se "ensucia":
quiere el bien, pero elige a rivales.

Y añadió, con matiz tentador:
–«Quita al ser la mortal libertad,
que se incline tan sólo a bondad,
tú lo puedes, pues eres Creador.»

Meditó el buen Jesús la propuesta:
Para siempre se irían las penas,
ya no habría condenas, cadenas;
esta vida sería una fiesta.

(Una "fiesta" de las marionetas,
por los hilos del bien obligadas,
ya no libres, sin alma, colgadas;
al presagio por siempre sujetas.)

–«No me tientes, tú, rey de maldad,
–Dijo firme el Señor de la Alianza–
el buen Dios les creó a semejanza,
dio a sus hijos total libertad.»

Se alejó Satanás del Maestro,
el más libre entre seres de luz;
por ser libre llevado a la cruz.
¡Ahora Vive y su Verso ya es nuestro!

©TeodoroDelgadoPalacios
Foto TDP - Desierto de Sahara.
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