Caminaba segura y con una certeza:
la de haberte dejado ir
pero guardé muy dentro tu esencia
y tú, sutil, te quedaste a vivir en mí.
Y hoy cara a cara nuestros ojos se besan
mientras a mí me da por pensar
-dos cafés como testigos en la mesa-
que pudimos compartir mucho más.
Pero me escapo otra vez del guión
porque nuestros pasos se encuentran
siempre en el mismo callejón:
el de un deseo sin salida.
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