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Rojo, rosa

Aún recuerdo el pasto verde
donde nos abrazábamos
y florecían los sentimientos
como rojo, rosa

aún recuerdo tu sonrisa
y la mirada perdía en los árboles

pero como rosa roja
el pálido color llego con la temporada
arrasó el verde donde dormitabamos
se llevó el corazón acelerado

junto con la primavera esperada.
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Inocencia

Extraño tu inocencia
con la que desconocidas el mundo
y me quitabas la ropa
temblorosa

perspicaz
sonriente pero valiente
segura de darme tu luz
y entregarme tus oscuridades,

extraño tu inocencia
la que fue robada
por las garras inequívocas del destino
tomada

ultrajada;
y ahora que te vuelvo a tener
eres galaxia inexplorada
a punto de explotar.

-R.Vela.
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El toque de un ángel

Pequeña niña
perdida en el oscuro
bosque del norte,
reza a su dios por ayuda;
al fin se compadece,
decide enviar a Azrael.

Extendió el dedo
y ella dejó la oscuridad,
también su cuerpo.
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Profecía

La luz del Ramayama se desliza
por los pliegues de tus labios bronceados,
por el épico respirar de tus pupilas,
por el mantra silencioso de tu piel de vino.

El sagrado instante de Rama se entroniza en mis manos
se vierte la luz violeta;
tu voz en sánscrito ora al viento la astral sinfonía de tu alma.
Y te amo, en todos los dialectos y símbolos del mundo,
en la Odisea,
en la belleza,
en el tríptico marmoleado de los días.

Sobre el caudal lunar de una Persia dormida,
nace la novena maravilla del cielo llamada TÚ,
llama poética del anhelo cautivo,
que es una profecía en la Ilíada de mis sentidos.

Yaneth Hernández
Venezuela
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Palingenesia

PALINGENESIA
- Por D. A. Vasquez Rivero.


PARTE PRIMERA

"Sobre el castigo infligido a unos amantes peculiares."

Zaeta envenenada con lujuria,
va Lélape tronchando matorrales
y atrae mil esencias naturales
su hocico (catavientos infalible).
Va en busca del motín apetecible,
de aquella que abrevando en una alberca
presiente esa ansiedad del alma terca
e izando su mirada hacia la oscura
maleza ve en seguida la osatura
del perro que acechando se le acerca.

Ostenta él estigmas en la testa
(terribles cicatrices como ganchos)
y ella, de cortarse con garranchos,
dos marcas en la pata delantera.
Él viste pelo verde, ella entera
es parda con manchones nacarados
y mientras él aguarda camuflado
se cuida ella de mostrarse atenta.
¿No entiende él, ignora a quién se enfrenta?
¿Desdeña o desconoce su pasado?

La presa no es cualquiera, no, mi amado
lector de legendarias moralejas.
Se trata de Teumesia, cuya oreja
distingue la presencia amenazante
del hábil predador milenios antes
que logre darle pábulo a su antojo.
No bien escucha el quiebre de un abrojo
o el mínimo gemir de alguna rama...
¡Se escapa chamuscando tierra y grama
tan lejos que no alcanza a ver el ojo!

Cautivos de emoción persecutoria
comienzan a latir dos corazones.
Pasión y adrenalina a borbotones
exudan al correr los animales,
abriéndose camino por trigales,
subiendo al frío inhóspito de heleros,
cruzando lodazales y veneros
y en vano fatigando los desiertos
que mueren como páramos inciertos,
ocultos a la luz del mundo entero.

Testigo de este juego interminable
el mismo dios del trueno se impacienta.
Apoltronado en cómodas tormentas
que alumbran hasta el lecho de los mares
cavila (realizando malabares
con nueve o diez gaviotas) la manera
de darle fin a tan horrenda espera
y tras considerarlo, por su boca,
dispara un maleficio y vuelve rocas
a aquellos dos amantes en carrera.

No obstante, cierta pena traicionera
rubrica duramente su semblante
(sutil remordimiento penetrante
golpea y debilita su cordura).
¿Acaso una recóndita amargura
nacida de anteriores conversiones
provoca que su vista se emocione
y llegue a esmerilarse con el manto
sagrado, melancólico del llanto
que cae devorando a las naciones?

Pues quedan bajo el agua del diluvio:
el corro de una tribu milenaria,
la sangre de su guerra innecesaria,
el puño sin piedad del gobernante,
la errónea predicción del quiromante,
el premio de la pútrida avaricia,
la falsa lealtad y su caricia,
lo fútil del honor y el apellido
y todos los pecados conocidos
ahogados en acuática justicia.



PARTE SEGUNDA
"Sobre cómo un hombre se vuelve símbolo de esperanza ante semejante tragedia."


Al tiempo que remiten las mareas,
saciadas con humanos por tributo;
teñido el velamén de negro luto
navega a toda marcha una galera.
De Prometeo el hijo la lidera
virando gobernalle al noroeste.
(Bien sabe que en la bóveda celeste
logró quedar en pie esa noble tierra
famosa por su oráculo que encierra
lo ignoto de las dádivas y pestes).

Despuntan las calendas de noviembre
y no sin privaciones acuciantes
fondea Deucalión a su gigante
navío sobre mustia costanera.
Tritones que descansan a la vera
del mar en vigilancia permanente
le ruegan: ¡Continúa hasta la fuente
rodeada por olivos y laureles.
Consigue que la pitia te revele
la forma y resucita nuestra gente!

Deseando concretar tamaña empresa,
surtido con lo justo y necesario,
prosigue el héroe rumbo al legendario
Parnaso (que descolla en horizonte).
Y así, como un audaz Belerofonte,
cabalga sobre vértigos crecientes,
pasando de prehistóricas pendientes
a escarpas, a mortales precipicios
y de éstos a un camino más propicio
del monte para entrar a sus vertientes.

Más tarde, sin embargo, se detiene
delante de una cueva arboriforme
a cuya fauce cuidan trece enormes
antorchas que iluminan sus entrañas.
Adentro, la figura más extraña
procura aproximarse presurosa
(en parte criatura, parte diosa)
preséntase Pitón, brutal serpiente,
jactándose del don clarividente
y al punto revelándole estas cosas:



PARTE TERCERA
"Sobre una decisión.”


- Escucha, fiel heraldo de tu raza.
¡Yo soy la verdadera Pitonisa!
Mi ofensa perdonaron Artemisa
y Apolo (desdeñando su venganza).
Ahora, con motivo de alabanza
y eterna gratitud, he decidido
sumirme en esta gruta del olvido
dejando que confluyan a mi mente
olímpicos mensajes que la gente
reclama tras haberme conocido.

Por eso te pregunto: ¿Qué secreto
anhelas al pasar por mi guarida?
Acércate, busquemos en seguida
propósito a mi historia y a la tuya.
- Quisiera que un encanto restituya
el cuerpo y el espíritu presente
en todas las personas inocentes
llevadas sin aviso al inframundo
- responde Deucalión con un profundo
fervor y le replican lo siguiente:

- ¿Qué vientre maternal te dio la vida?
¿Qué célico soplido, el intelecto?
¿Será que los humanos, por tu afecto,
merecen elevarse desde el Hades?
Después del muladar de iniquidades
merced al cual se vieron condenados,
difícil es que sean perdonados
sin antes arrancar de sus gargantas
el mismo sufrimiento que hoy espanta
mis ojos con un mundo despoblado.

- No creas, Pitonisa, que pretendo
salvar de los ignívomos abismos
a aquellos cuyo fiero despotismo
sembró lujuria, vicio, sed y muerte.
¡No corran ni los buitres con la suerte
de disputar su fétida carroña!
Sugiero ver la cura en la ponzoña
y darle nuevo aliento a quienes fueron
amantes hasta el fin y no vivieron,
(probando así que el bien siempre retoña).

- Tu sabia sugerencia me conmueve,
tu juicio me parece muy sensato…
¡Hagamos el milagro de inmediato!
Comienza por tomar aquella piedra.
- ¿Cuál? ¿Ésta? – Esa, quítale la hiedra,
preciso es que su forma limpia quede.
- ¿Así está bien? – ¡Perfecto! Ve si puedes
cegarte con el paño del turbante
que llevas pues, de ahora en adelante,
tan solo escucharás lo que sucede.




PARTE CUARTA
“Sobre los caprichos alquímicos de la naturaleza.”

Entonces Deucalión accede a hacerlo,
se cubre el rostro mientras la serpiente
reptando se desplaza lentamente
al fondo del palacio de calcitas.
Y allí do banderolas y helictitas
decoran un recinto preparado,
Apolo finalmente es invocado
mediante luz votiva y oblaciones,
dictando por Pitón revelaciones
que escucha nuestro héroe engatusado.

- ¡El polvo es la materia primigenia
del hombre, de la bestia, del cultivo;
por tanto, ¿puede haber algún motivo
que impida al mismo SER cuanto le plazca?!
Si dices: "Piedra, de tu polvo nazca
robusto corazón, labio discreto,
cerebro dócil, venas, esqueleto,
vital aliento o rítmico latido."
¿No hará a tu voluntad lo requerido
mutándose en orgánico sujeto?

Parece inverosímil, mas no tuerzo
mi lengua en artificios ni teorías,
si sigues mis palabras este día
naciones brotarán de los escombros.
- ¿Qué debo hacer? – Arroja sobre el hombro
tu limpio pedernal, hueso de Gea,
y tras de ti hallarás lo que deseas:
varón, mujer o grácil criatura,
dejando su asfixiante sepultura
en pos del aire gris que nos rodea.

“¡Así lo haré!”- Retumba, trona un grito
y su eco resquebraja las paredes
del dombo natural donde sucede
aquel prodigio previo pregonado:
El duro pedernal es arrojado,
cayendo y rebotando varias veces;
se encoge, se alabea, se estremece,
se para, salta, cae, se fragmenta
y sorpresivamente experimenta
una transformación que lo enternece.

¡Un hombre! ¡Ya respira! ¡Ya se mueve!
Un ser antropomórfico dispuesto
a irse de la cueva, lleva abiertos
los párpados plagados de lagañas.
Y sobre sus larguísimas pestañas,
encima de las cejas, claramente,
enseña siete estigmas en la frente
idénticos a aquellos que llevara
el perro cuya caza se frustrara
por no medir la astucia en su oponente…



PARTE FINAL
“Sobre el inesperado modo en que concluye esta historia.”


¡Es Lélape! No busca la salida,
sino al lapídeo amor, la que antes fuera
su más preciada presa en las praderas,
los montes, los heleros y desiertos.
- ¿En dónde está? - pregunta el “antes-muerto”
a la serpiente y ésta le contesta:
- Si buscas a Teumesia solo presta
tu olfato al acre olor de mi caverna,
pues aunque afuera es piedra adentro es tierna
y emana aroma su alma, a VIDA apesta.

El perro vuelto un hombre se prosterna,
arrima rostro a tierra con recelo,
acerca su nariz a ras del suelo
y olisca musgo, barro, sal, incienso;
percibe el rastro débil, luego intenso
del delicioso cuero transpirado
bañado por esencias, perfumado
con jara, nerolí, carbón y albahaca.
¡No hay dudas que entre todas se destaca
la piedra de manchones nacarados!

- Es ésta - ¿Convencido? – Por supuesto.
- Tu turno, Deucalión, obra el milagro…
- ¡Despierta noble zorra, yo consagro
el cascarón a Gea, quedas libre!
¡Desúncete del yugo y haz que vibre
tu espíritu animal en sangre humana!
La piedra se cuartea, se desgrana,
se quiebra cual crisálida al instante
y surge de su seno la infartante
mujer, envuelto el sexo en finas lianas.

Ya presa y predador se reconocen,
contemplan asombrados sus figuras:
¿Cabello? ¿Piel lampiña? ¿La soltura
de un bípedo al andar y comportarse?
¡Añoran estar juntos! ¡Corretearse!
Y puesto que sus ganas son bestiales
se escapan a los valles ancestrales,
su idilio repitiendo por centurias:
“Zaeta envenenada con lujuria,
va Lélape tronchando matorrales…”
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Kallisti

"KALLISTI"
por D. A. Vasquez Rivero.

¿Podría ser que en otrora
tu nombre haya sido Helena?
¿Mujer que entre las almenas
de la antiquísima Esparta,
en gozo y cumplidos harta,
la preservaban del cielo;
corriéndole sólo el velo
para adorar sus facciones
de Menelao, las pasiones
y de su amor, el recelo?

Quizás yo no me equivoque,
quizás algún día fuiste
la reina, mas renaciste
con solo algunos retoques.
Permíteme que ahora invoque
el pulso de estas neuronas.
(A mi cerebro, coronas,
laureles de la memoria).
¿Segura? ¿No fue tu historia?
¿No son la misma persona?

Cuando Quirón, el centauro,
en bodas del Himeneo
su cueva cedió a Peleo
para que a Tetis despose,
llamando a olímpicos dioses
y a las nereidas marinas.
¿No fue tu belleza albina
motivo de una disputa,
allí en la venganza astuta
donde Eris regó su inquina?

Sí, sí. Recuerdo la fruta
para discordia arrojada,
al centro de las miradas
mostrando un mensaje en ella:
Kallisti (“Para la bella”)
motivo fue de aquel yugo,
en el que un príncipe tuvo
A Atena, Afrodita y Hera
de su elección a la espera,
como si él fuera un verdugo.

Vayamos un poco antes
del juicio al que me refiero.
A Hermes, el mensajero,
tan pronto cayó la fruta,
lo enviaron desde la gruta
a un campo bien alejado;
donde París, su cayado
movía al pacer de ovejas.
A él dijo: “Deja eso, deja,
que Zeus por ti ha llamado.”

Entonces volvieron ambos,
con palmas los recibieron.
De cráteras les sirvieron
en cálices, vino aguado.
Y allí, ante París sentado,
mostráronse las tres diosas.
Desnudas, sin más que rosas,
tapándole las virtudes
en poses y en actitudes
de una mortal vanidosa.

Buscando tentar al joven,
el trío supo ofrecer
de cada una el poder
que más la representaba:
La diosa Atenea daba
por dote “Ser invencible”
y Hera el apetecible
“Reinado del vasto imperio”
(con esto venía un misterio
de potestad increíble).

Pero faltaba una de ellas
en la elección tripartita.
Tomó su turno Afrodita
que presentándose dijo:
“La tierra no da el cobijo
que da el pecho femenino
y nunca el coraje vino
de nadie, sino una esposa.
A Helena, la más hermosa,
te doy en favor divino.”

Mirándola en una esfera,
Paris quedó enmudecido.
- ¿Es cierto... - dijo, aturdido-
...que no tiene igual su forma?
- Tan cierto que se transforma
en fanático quien la mira.
Si hasta le tañen la lira,
cantando su amor profundo.
Repito, no hay en el mundo
varón que a su ser no admira.

Me apena tu karma-amnesia...
¡Seguro tú fuiste Helena!
La dermis blanca de arena,
tu cabellera trenzada
(gavilla de llamaradas,
follaje de los ciruelos).
Los iris de caramelo,
la cara tan redondeada.
Con un quitón ataviada
serían cual dos gemelos.

¿Que quién ganó? - Afrodita.
Es el concurso más viejo
del narcisista complejo,
frecuente en la raza humana.
Salió victoriosa, ufana
con su manzana de oro
pidiendo que cante el coro:
“¡Cuán bella es nuestra Afrodita,
su aparición nos excita
hasta el más ínfimo poro!”

Pues, ¿cómo no enamorarse
de Helena, preciosa joya?
Mas esto hundiría a Troya
en guerra sin precedente.
Ya que el audaz pretendiente
Paris, bajo influjo de Eros
con un cortejo hechicero
logró raptar a su amada.
Pero una venganza armada
haría temblar los suelos.

El resto es historia horrenda
prefiero no relatarla.
Si, en fin, comencé esta charla
para entender las pisadas
que diste en vidas pasadas
y doy mi fe que conoces.
Si no eres Helena, entonces
habré de hurgar más tu mente.
Contesta, ahora: ¿No sientes
en tu interior otros dioses?
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Pasión e intensidad

¿Cómo ser intensamente apasionados?
En un mundo que nos enseña a reprimirnos,
A reprimir nuestras emociones,
Minimizando nuestro incalculable dolor,
A ocultar nuestro ilimitado amor
Detrás de la máscara de la amistad,
A regular las reacciones milagrosas
De nuestras terminaciones nerviosas,
A percibir la indiscreta mirada
Cuando decidimos al fin tocarnos
Llegando al fondo de nuestra alma,
A ser presas del miedo al prejuicio,
A ejecutar malos actos
Por los miserables reconocimientos
Otorgados por corruptos jueces,
A dejarse llevar por la ignorada tendencia,
Adoptarla a regañadientes
Para luego defenderla a capa y espada;
A vacilar frente a preguntas directas
Con concretas y claras respuestas
Sólo porque creemos que la energía
En nuestra contra se tornaría,
A ser permisivos ante los improperios
Y a brutales imprudencias,
A ser indiferentes con el entorno
Producto de vagas represalias.

¿Cómo aflorar nuestra auténtica pasión?
Si estamos frente a un agresivo rotulador.
Nuestros padres nos criaron cobardes
Mientras sucumbian ante el conformismo,
Nos cortaron las alas y nos pusieron sus zapatos
Para que corrieramos maratones
Que ellos no pudieron culminar.
Cada día somos protagonistas en un lugar
Donde muy pocos quieren
Se destaque y sea respetado
Un curvilíneo y sensual caminar,
Donde la libertad de actuar
No tiene el debido derecho de palabra,
Donde las ancestrales diferencias
Siguen sin tener un sano desenvolvimiento,
Donde los grandes acontecimientos
Han sido suscitados
Por seres que a algunos no conviene
Su verdadera naturaleza sea revelada.

En este inmenso mundo,
Que nos limita al blanco o al negro,
Que nos arrincona en el radicalismo,
Que nos exige una única posibilidad,
Que intenta cegarnos en la competitividad,
Aquélla que busca arrancar nuestras esperanzas,
Aquélla que discrimina y nos excluye.
He allí nuestra hipócrita pasión,
He allí nuestra leve intensidad,
Las responsables de hacernos sentir escasos,
De mirar al cielo nostálgicos,
De buscar la esperanza ya ida,
De mirar tristemente a quienes abordan trenes
Con destinos más atractivos,
A quienes no podemos acompañar
Porque ya nuestro boleto expiró.

Cada día que pasa nos estrujan más el corazón,
Nos muerden salvajemente
Cuando intentamos liberarnos,
Cuando buscamos desesperadamente la salida,
Cuando pensamos escalar hasta la cima,
Cuando nos reabren nuestras heridas.
Somos testigos y muchos están atemorizados,
Unos reinan la tierra de la ausencia
Y otros la de la inocencia.

He aquí mi angustioso llamado
A que no nos fragmenten MÁS,
A que dejemos las luchas internas en nuestras mentes,
Terminemos de ser FALSOS
Y no nos sintamos más NUNCA avergonzados
De nuestros maravillosos talentos,
A que el orgullo nos brote por los poros
Motivo de las capacidades que gozamos,
A que detengamos YA las BURLAS
Y seamos intolerantes a los INSULTOS,
A que no nos tapemos más la SONRISA
Y nos hagamos sordos a nuestro canto,
A que le digamos NO MÁS al MALTRATO,
Y NO lloremos más desconsoladamente,
A que agradezcamos el MILAGRO de DESPERTAR,
Levantándonos y comenzando a andar,
Empecemos a ser REALES
Conmoviéndonos con un ABRAZO
Y gritando felizmente un TE QUIERO,
A que seamos pícaros y RIAMOS
A que nos besemos y nos volvamos a decir TE AMO.
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Salir a luchar

Llaman peligro
a abrir los ojos.
Pavor a observar
las mentiras tras las máscaras.
Ellos.
En su zona de tranquilidad,
en su conformidad, su monotonía,
su asentir contínuo, su triste acomodamiento.

Llaman peligro
a arriesgar la vida,
¡cómo si no fueramos a morir algun día!
Peligro el salir al mundo y huir a lo desconocido,
a enfrentar lo mórbido, lo cruel, lo injusto,
lo que nos escondieron tras una simple cortina.

¡Peligro!, gritan si destapas el velo,
si no te agachas y sellas tus labios.
¡Peligro!, al descuidar la futilidad,
lo inútil, lo estúpido, lo vulgar.
Pues peligro, yo te abrazo.
Yo te ansío con mi alma.
No me importa enfrentarte, luchar,
si eso supone no sentarse,
siendo ciego y sordo.

No quiero vivir más engañado;
por mí, mi conciencia,
mis vicios y mi embobamiento.
Adiós, antiguo yo.

¡Peligro!… ven.
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Vislumbre

El sueño más loco del mundo:
bajo la copa de un árbol
escucho una voz,
era el árbol.

"Joaquín, niño mío
has sido bendecido con la felicidad eterna,
las mujeres más bellas,
la belleza en cada una de tus proezas,
la virilidad y la gran prestancia.
Irrigarás la sangre tan ansiada
por los vampiros del deber
cuyas calles anegadas
no han parado de llover;
lloran sus rubias y vigiladas
promesas del saber.
Serás único e irrepetible”.

Le dije: "No soy Joaquín,
soy otro intruso
que hubiera deseado llamarse así”.
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Tamia

Tendré que esperarte como se esperan los años y
los viernes de Mayo.

En invierno, a solas y entre tempestades.
Caminado como cuando nos vamos de
este mundo

A retazos.

Tendré que quererte como se quieren los viejos amores
sin salir del cuarto.

Sin ventanas.
Sin obligaciones.

Recorriendo los sábados de Mayo.
quemados por el sol y la lluvia.
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Aquellos héroes

Ya lo hicieron,
Otros lo intentaron,
Muchos siglos,
Olvidamos el pasado.

Eran llamados héroes,
Ahora son pesados.
Parte de nuestras costumbres,
Están siendo olvidados.

Yo escribo por ellos,
Para un día ser pasado,
Aunque me olviden,
Un verso será recordado.

Tememos el próximo camino
Pero nadie hace nada,
Al contrario,
solo pensamos.

Utiliza mis herramientas,
Intenta sanar la herida,
Que no será la última,
Ni la primera que sane en vida.
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Nuestra intimidad

Corazones entrelazados que disfrutan de las caricias en un ir y venir desbordado. Un ritual entre cenizas que ruboriza y tensa el cuerpo. Un susurro entre las sábanas, un te amo que me has dicho con la mirada traviesa y el delatar de tus labios.

Se contiene nuestro aliento al mezclarse los matices. En una sola intimidad cuatro estaciones convergen; un suspiro enardecido.

Muestra el silencio su rostro, inhalamos nuestra esencia. He sentido mariposas. Majestuosa limerencia.

Escucho el palpitar en tu pecho que se cubre con el mío. Acendrado anhelo del sueño idealizado entre tus brazos. Dulce licor de sonrisas e ilusiones, jugueteos en una sola piel, en un beso compartido.

Al abrir los ojos, se evapora el paraíso entre mis manos. Pierdo tu silueta en la penumbra, igual que en vidas pasadas. Se apodera de mi espíritu; ansiedad del lado izquierdo. Meso mis cabellos, recorro el pensamiento. Infinitas caricias tatuadas de amor.

Escritos en papel de viento. Solo un todo en el vacío. Un grito hacia dentro.

Ávido de libertad, desesperado por verme en el reflejo de los ojos eternos que dan vida; mi dulce tormento.

Tornas implacable la búsqueda entre el baúl de los sueños, hurgas en mi memoria, deseos extraviados sobre la banca de aquel parque. La enorme burbuja de cristal donde se ocultan sentimientos. La pasión; estela fugaz que surca el firmamento.

Palabras conjugadas con singular resultado en diferentes tiempos. Inmerso en la locura de un mundo paralelo. Un aroma etéreo se apodera de la mente, el sonido melifluo llena los sentidos de un sabor inefable que viaja entre el silencio; te amo.

Respiro entre tu pelo el tibio sabor de tus besos. Rápidamente despierto. Estimulo los sentidos con la yema mis dedos.
Delineo tu rostro, exploro tus labios, hago vibrar cada relieve de tu ser. Es un viaje sin retorno hasta tu vientre.

Te sujeto a mis manos firmemente. Correspondes las señales; me persigues con tus ojos, se han unido nuestras almas.

Somos cómplices, me has envuelto entre tus brazos. Prisionero en tu mirada, sostengo el aliento; yo también te amo...


Por: WilyHache ®
6 de Agosto de 2018
Nota: (borrador) historia que continúa en el tintero hasta el momento. Fragmentos de una carta.
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El miedo a vivir la vida

En el tejado, el sonido desgastado de la lluvia a cuenta gotas interrumpe bruscamente aquel eterno dormir. Me encontraba en la banca de aquel parque, donde el absurdo más grande al cruzar mi vida entera se presentaba ante mí.

Las hojas te cubrían de sombras, el majestuoso árbol arrullado por el agua de aquel río. Un otoño en mi memoria, posiblemente me encontraba donde convergen cada una de las estaciones. La verdad, creo que era en primavera.

En medio de aquella postal —un susurro me gritaba —bésala.

El temor más gigantesco se resquebraja en mi pecho, algo dentro de mí respondía —no puedo.

— ¿Por qué? — ¿Dime porque tengo miedo? —me cuestionaba en un profundo sueño.

—Tienes miedo a vivir la vida —respondía.

Corría sin poder parar, siempre huyendo de la vitalidad sin temor a colisionar. Sin algo a donde poder asirme, una caída en picada, en un vuelo había perdido las alas.

Solo correr por el sendero, sin saber en qué momento se desplomarían los sueños. No importa ya. Ha pasado el tiempo pero siempre reapareces.

Aquí estas en mi vida, me estrellas en cada momento de esta caída en picada. Me estampas a los miles de kilómetros por hora, me llevas a más de otros miles y tantos de la altura. Caída libre sin lograr cubrir mi rostro, sin poder meter las manos…

Tonto —me grita la vida— eres un tonto.

— ¿Por qué naces corriendo sin querer ver dónde pisas? Sin darte cuenta que dejas huellas que se hunden con el más profundo amor.

Aquella tarde de verano, sin reconocer la estación en la que estamos, al abrazarnos y sentir el cuerpo enardecido sin poder tocarte, nos besamos sin darnos el beso.

Cobarde — me grito cobarde— una y otra vez.

Al paso de los años la memoria, cual enemigo acérrimo, me traiciona; hurga entre los recuerdos. Mis manos comienzan a temblar, ha iniciado el cobrar del tiempo. En mi mente, solo pequeñas lagunas que se inundan de los sueños con tus besos.

Escenarios que solo viajando en mis letras, logran mitigar los lamentos por un pasado presente que discierne el porvenir al mantener nuestros pulsos sin cesar.

Todos tenemos nuestra propia verdad, hoy, se transcribe desde el alma en cada letra. Ya no importa en qué estación ni el sonido desgastado de la lluvia a cuenta gotas que interrumpe bruscamente aquel eterno dormir.


Por: WilyHache ®
17 de enero de 2019
13:05 p.m.
México
*Segmento de una historia; un libro que se encuentra en proceso.
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Odio

Aún recuerdo cuando era Niño y era feliz
Crecí me hice joven y solo triste me vi
Las circunstancias de la vida me hicieron así
Un maldito humano frió y sin miedo a morir

Me di cuenta que el mundo no es color de rosa
Creces, vives o mueres sigue siendo la misma cosa
Sin estrofa solo con el sufrimiento en una hoja
La droga que me calma es escribir lo que se me antoja

Donde escribo con toda la rabia de mi corazón
Donde solo te hablo de toda mi maldita situación
Donde nunca estuvieron los que prometieron estar
Solo los malditos recuerdos que no he podido olvidar

Me hablan de Dios como si fuera fácil de creer
Dicen cree mi hermanito todo saldrá muy bien
Ora y confía, cree solamente en el
Él te dará la esperanza de volver a renacer

Pura creencia y fe que no puedo entender
Como confían en algo que no pueden ver
No lo sé pero según pienso y parece
Los niños crecen y eso les hacen creer
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10
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