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Me conmueve tu silencio

Tú,
que viéndome a los ojos
Has sabido leer mi alma,
Tú,
sin necesidad de mendigar amor
Has cautivado cada latido
De éste terco corazón,
Hay un silencio en nuestras noches,
Sonámbulo,
Pasea descalzo,
bordeando cada verso que libera la soledad,
Tú y yo,somos sombras nocturnas,
Estrellas,
imposibles de alcanzar,
Es por eso que agoniza
En nuestros labios
Poesías, versos, sueños, quimeras, ilusiones
Y quizás alguna vez,
También la vida se difunda
Bajo tú mirada y mis latidos.
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2comentarios 177 lecturas versolibre karma: 8

Sin trucos

Mira con su corazón
Sonríe con su mirada
Palpita con el alma.
Escribe su ternura interior
Con las manos llenas de luz.
Brilla cuando vuela
Por la magia de su esencia.
Enciende estrellas,
Colorea la luna,
En su cielo de amor.
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No volveré a permitir que te lleves la primavera

Lágrima. Grito. Golpe. Lluvia.

La rabia es efervescente,
y al ponerse en contacto con mi sangre
resulta un grito silenciado
y un golpe seco en las costillas.
Y duele, joder que si duele.

Vete.
Lárgate y deja la puerta abierta al irte
para que pueda respirar la libertad
que conlleva tu partida,
y no me olvide de que esa misma puerta
días atrás estuvo cerrada.

No pienso volver a creerte.
Ni a ti ni ninguna de tus historias
en las que el cielo nunca es azul
y los pájaros nunca tienen alas.
Por mucho que te empeñes,
yo voy a seguir creyendo
que la belleza radica en la diferencia
y que el puto amor verdadero sí que existe,
y es ese que se siente por uno mismo
y por todo lo que alumbra el alma.

Camino por un prado color verde esperanza
y cada margarita es un amanecer.
Me tumbo con mi dolor
y por un instante la tranquilidad cubre mis ojos.
Las heridas siguen ahí,
pero si no las veo duelen menos.

No volveré a permitir que te lleves la primavera.
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Síntomas

Ando baja de musas, por eso el cansancio permanente, el dolor en las mariposas, el temblor en las manos y la falta de magia en la mirada. Ese tono amarillento a hoja abandonada, los mareos cada vez que huelo tinta y el escozor por las líneas de mis palmas. Todos los síntomas concuerdan y la medicación para una enfermedad tan extraña, todavía, no existe o no la venden o desconozco su existencia.

El silencio, cómo representante reconocido en su especialidad, me recomienda música a todo volumen, a modo de sanguijuelas, para extraer el posible veneno contraído. En cambio el alma, del blanco más puro, con su voz hilada de seriedad, con toda la experiencia que le dan las arrugas de los siglos y otras vidas, me recetó descanso, paciencia en comprimidos, jarabe de cielo para respirar mejor, un par de libros diluidos en instantes para alimentar mis fantasías y sonrisas variadas cada cuatro horas. Por otro lado, el corazón, estudió mis síntomas, me miró con ternura y me dijo: "Todo es cuestión de tiempo. Todo pasa." ¡Y es que cuando no se está seguro, hay que hacer otras consultas!

Creo que voy a seguir todos los tratamientos en diferentes momentos del día para asegurar mi sanidad.

Lo que no tiene locura, mata.
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La voz de una melodía

En un piano están tocando lo que ahora voy a tratar de describir.

Alguna vez fuimos los que se encontraron y no tardaron en perderse para siempre. Los que no llevaban la cuenta hacia adelante ni contaban los momentos de esos victoriosos pasados que arrastrábamos orgullosos, junto y al pie, de nuestras huellas.
Porque nos nacimos de manera natural, sin saber que aullábamos a la luna y ella respondía con mirada sórdida e incrédula lo que apenas entendía de nuestro confuso vocabulario.
Ahora, el tiempo nos ató en rebeldía y el orgullo, mientras tanto, plancha las hojas que escondemos por mojadas. Ya no vamos hacia donde no nos llaman ni llegamos enteros de improvisos ni a pedazos. El miedo es un viejo que, a veces, aún en su senilidad, aconseja atinado. Otras, el pobre anciano repite lo que escuchó de la vida o creyó interpretar de sus cansadas gestas, en sus agrietados gestos, en la voz de su tiempo y en ajenos. Nosotros, clavados en el primer instinto, dudamos si entrar en batalla o abandonar las armas del valor antes de alcanzar el paso siguiente. No saber si espantarlo o arrullarlo, si creer en sus siglos o reventar con un nuevo intento, es sólo una parte de las notas que comienzan con una melodía al azar. El resto, son los retoños del alma atados a las cuerdas tensadas para soltarse completa buscando el destino de su mitad.
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4comentarios 251 lecturas prosapoetica karma: 47

Tweet XV

Eres el verso triste
de mi alma rota,
los besos grises,
silenciosos de mi boca.
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2comentarios 141 lecturas versolibre karma: 58

Tengo (Lo que me queda)

Tengo
finita la garganta
vacío el pulmón
herido el pecho
desbordado de dolor

Tengo
el aire viciado
de falta de vos
un hueco enorme que crece
justo en el esternón

Y también tengo
cosas lindas que contar
lleno aún el corazón
de amor por dar
recordando llevar siempre
el alma abierta de par en par
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Él

La semilla que germina
en las hojas de mis libros.
El fondo de mi corazón
y la puerta que lo cruza.
La barca que hace mar
entre mi lengua y mi alma.
La noche y los días
que se detienen sobre el tiempo.
Mis manos desnudas
rompiendo líneas contra las letras.
Las alas que amplifican
la música que se me cuelga.
Esa campana extraña
tañendo círculos bajo la luna.
Las plantas de mi pies
cuando besan el suelo aún florecidas.
El sabor invisible de las alturas
cuando devoran las llamas.
El contorno del aliento
cuando se cortan los sueños.
La vida que me hace ruido
en la mirada perdida.
¡Tantas cosas!
Y sólo es uno, apenas un él.
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4comentarios 126 lecturas versolibre karma: 57

Seguía

Ella seguía desnudándose
a pesar que la ropa
reposaba en el suelo
desde hacía ya horas.


Marisa Sánchez
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3comentarios 165 lecturas versolibre karma: 67

Iluminame

Abrázame
Tengo miedo y tengo frío
Abrázame, cobija mis sueños
Abrázame que estoy perdido y necesito luz

Abrázame...
Hace tanto
que vago solo por esta vida
que he olvidado sonreír....

Devuélveme los sueños
Sácame de este paisaje gris
Abrázame.... Que necesito tenerte aquí.
Iluminame

No digas nada, sólo bésame…
Dame tus labios.
Entrégame tu alma.

Comparte tus sueños, que los haré míos.
Dame tus deseos, con ellos calmaré tu sed.
Dame tus miedos, con ellos construiré tu fe.
Dame tu alegría, que de ella llenaré con colores tu día.
Dame tu sonrisa, que ella llena mis días.
Dame
Dame tu alma que ya...
Que ya eres mía.
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1comentarios 240 lecturas versoclasico karma: 47

Adj

Perfecto,
igual a las palabras que cobran los sentidos,
como la ciencia que cubre el esqueleto de las sombras;
afín a las plumas del ocaso.

Bello,
igual al suicidio del rocío en las hojas,
como los recuerdos absolutos a oídos de la sangre;
afín al fulgor de una roca bajo el mar.

Exquisito,
igual al descenso del cielo en el horizonte,
como el son de las olas sin letra;
afín al discurrir de los versos entre los dedos.

Majestuoso,
igual al pespunte primoroso de unas alas bajo la piel,
como la aguja que es marea en el pajar;
afín a la espuma de miel y amar.

Soberbio,
igual a la mano que pinta de su color cada amanecer,
como el sueño que no duerme ni descansa;
afín a la boca que bebe las horas.

Sublime soberano que llevo dentro
y se hace carne sin mis ojos,
en mis quebrados silencios,
en mis labios resecos y al abrazo de mi corazón.
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sin comentarios 166 lecturas versolibre karma: 64

Mi mirada y yo

Y es que no puedo hacer silencio indefinido en mis ojos, no tengo tanto control sobre mi mirada. Se pierde y no puede callarse, si hasta deja sin voz alguna canción cuando encuentra un espacio por el que colarse o un reflejo en el que mirarse.
Se muestra en paz, pero sus dichos son la guerra y me la declara todos los días. Podría vestirme de blanco, agachar la cabeza o arrodillarme con las palmas hacia arriba mostrando que no tengo más armas, pero nada le importa, ya no acata; tampoco ejerzo como razón o voluntad.
Es la que domina, la que me esclaviza y me somete. Hace y deshace a su antojo y me humilla cuando me grita que soy cuando ella quiera, de su pertenencia o la nada.
Ni siquiera me respeta cuando estoy detrás de los párpados, no hay espacio que no me invada, no hay sonido que no me inunde. Es ella la que manda.
Tal vez me volví débil, tal vez me dejé ganar.
Tal vez deba dejarla o abandonarla un día sin que se de cuenta, igual que ella a mi.
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Bajo los párpados

Se agitan inquietos
los ojos del miedo
no hay manos amigas
ni encuentras el pecho

que encienda la hoguera
que entierre mis miedos
donde ardan en pira
mis flores y muertos

No hay noche profunda
que aplaque la ira
ni sol de verano
que cierre esa herida

que borre los rostros
que traiga el consuelo
a mi alma cansada
herida en el suelo

de noches ajenas
de barro y de trueno
de albas sangrientas
de odio sin freno
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1comentarios 128 lecturas versoclasico karma: 60

Recita al aire

Escríbeme palabras y forma versos
que acaricien el alma
que endulcen el pecho
y cada día recítalas al aire,
que viajen por montañas ,
que atraviesen ciudades,
mares ,ríos y el tiempo.
Canta al viento tus canciones
unas de amor, otras de nostalgia,
que cuando el frío viento
llegue y toda me envuelva,
tus tibias notas abriguen mi alma,
y den calor a mi cuerpo,
y me susurren suavemente al oído
un cálido ¡Te quiero!
para llenarme de sueños ,
que me darán fuerza ,
para luchar por la vida
y vencer desafíos.
y así continuar mi camino
muchas veces sinuoso,
que cuando quiera rendirme,
tu canto y tu verso
me recuerden que cada día
la vida nos regala un nuevo comienzo.

MaluMora
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4comentarios 344 lecturas versolibre karma: 52

Mujer Luna

Mil cantos de tierra y alma
por siglos le has dedicado.
La miras con avidez,
con virtud y con pecado.

Sospechas lo que ella oculta,
lo que jamás te ha mostrado;
prefieres seguir amando,
sordo, ciego, apasionado.

Su rostro tiene dos caras:
la que amas y la oscura.
Te quedas con la que brilla,
la más linda, la más pura.

Ella es ajena al amor,
a las luces, a las sombras.
Tampoco oye el clamor
de tu piel, cuando la nombras.

Aunque la sepas distante,
aunque un solo lado muestre,
igual la sigues amando.
Mujer Luna, para siempre.
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4comentarios 1003 lecturas versoclasico karma: 51

El despertar (consciencia)

(2 años)
Es la una menos veinte de la mañana, siento que despierto a la vida por vez primera. ¿Dónde he estado antes que ahora? Es el primer momento en que me doy cuenta que yo soy yo. Hay un llanto insistente en la habitación, soy yo el que está llorando; pero ¿por qué?Hay un grito más allá de la habitación, alguien me exige que me calle; mi mente no tiene idea quien es ese alguien, pero mi alma lo reconoce y lo siente hermano (aunque la palabra hermano ni siquiera existe en mi mente). Veo unas figuras en la otra habitación, unas personas cuyos rostros me transmiten tanta paz y tanto amor; no tengo en mi mente palabras para nombrarlos, pero sé que son buenos, que son las personas más buenas con las que he estado en la vida.

(4 años)
Es la una y cuarto, vuelvo a despertar de este sueño inconsistente; vuelvo a sentir, a saber que yo soy yo, y que soy un niño, y estoy con otros niños jugando en la calle del barrio; por ratos entre el polvo de una calle que aún no ha sido empedrada, bajo un sol que con insistencia me quema la piel, parecen gotas de sol que me llueven sin clemencia y sin embargo a eso le pongo muy poca atención; por ratos cerca de un huerto muy fresco de árboles frutales, donde el clima es maravilloso; y somos felices, estar juntos nos produce alegría; y hablamos de pocas cosas, la mayoría ni las entiendo, pero me siento feliz con ellos.

A esta hora no me acuerdo de un pasado, ni pasa por mi mente la idea de un futuro; solo vivo el ahora, y lo vivo con mucha alegría; y sigo a cada segundo dándome cuenta que yo soy yo y no soy ninguno de esos niños con los que soy tan feliz.

(6 años)
Son las dos de la mañana, empiezo a distinguir que hay un pasado en mi vida; unas pocas cosas ya ocurrieron, quedaron atrás, ya vivo muy lejos de esos niños con los que compartiamos alegría en forma de juegos. Empiezo a tener responsabilidades, muchos días a la semana tengo que ir a un lugar donde una señorita me enseña cosas; letras al parecer, números. Hay un misterio que se empieza a develar; algo que pasaba desapercibido, estaba como detrás de una cortina; ahora es visible y evidente, puedo ver palabras donde antes no las veía; están por todas partes, en mi casa, en latas y frascos de comida, en la calle, en rótulos que abundan por doquier, en libros que tienen muchos dibujos bonitos, pero también muchas palabras. Esto está cambiándome la vida.

Definitivamente yo soy yo, y distingo palabras para clasificar a los otros; tengo dos padres, una maestra de escuela, compañeros de clase; y especialmente hay dos niños que siempre siempre están en mi casa, nunca se van y nos
queremos muchísimo; son mis dos hermanitos, que gusto me da tenerlos; pero por alguna razón que aún no descubro, mi mamá me regaña cada que puede por causa de ellos y no sé de que va eso, los quiero tanto, me caen tan bien, nunca pienso en hacerles ningún daño.

(12 años)
Son las tres y media de esta mañana de la vida. Ahora si estoy más seguro que nunca que yo soy yo. El pasado es una gran verdad, son tantas las cosas que he vivido ya; hasta me he enamorado y no he sido correspondido; he terminado la escuela primaria, estoy a punto de ir a la secundaria.

Mi madre me insiste sobre lo que es bueno y es malo; las buenas y malas costumbres, el tipo de hombre que debo ser, jamás engañar a una mujer; cual será mi futura profesión; me habla de ética, modales, valores; y sobre un futuro que pinta bien (al menos así como mi madre lo pinta).

El hoy y el ahora empieza a pasar a mayor velocidad; y sin darme cuenta plena de cada momento, sin disfrutar de cada instante como lo hacía antes.

(22 años)
Son las seis y media de la mañana. He concluido la universidad, me he enamorado más de una vez. Me he esforzado por seguir el código de ética y valores que mi madre me ha enseñado durante todo el pasado de mi vida; pasado que empiezo a sentir como algo largo.

Tengo tanta vida por delante, quiero comerme al mundo. Estoy armado hasta los dientes con conocimientos profesionales y estás ganas inclementes de devorar el mundo y hacerlo mío; al menos mi pedacito de mundo, en un rinconcito de las cosas y las personas y de la infinidad de eventos que éste ve ocurrir.

Yo soy yo en toda su plenitud, y agárrate mundo por que allí te voy.

(40 años)
Es medio día ya.
¿A que hora he llegado a esta primera mitad de la vida? Ni me he dado cuenta. Ya no me siento tan yo como me sentía hace algunos años. Ya no me parece que tenga una larga vida por delante. El reloj parece, lentamente, empezar a correr en cuenta regresiva; tic tac, tic tac.

He amado intensamente y he estado a punto de casarme. He amado la vida y a mujeres inolvidables. He amado mi carrera y el ímpetu con el que he devorado mi pequeño mundo. El apetito empieza a ceder; los sueños y los anhelos, no son lo mismo que solían ser; como que brillan menos.

Empiezo a estar menos seguro de todas las cosas en que he creído, de los códigos bajo los cuales he vivido.

Mi madre se ha ido hace breves años, una enfermedad terminal la desgastó de a poquito, hasta llevársela por completo; cuanta falta me hace.

El pasado pesa bastante, como un saco muy grande que se me ha llenado de tantísimas cosas; no sé ya ni que tanto. A veces le doy un vistazo a su interior y hay muchísimas cosas valiosas, otras no tanto; otras hasta huelen un poco mal, como que empiezan a podrirse; no sé por qué no las saco y las boto para siempre.

(80 años)
Se acercan las doce de la noche, ya estoy muy cansado.
¿A dónde se han ido estas últimas doce horas del día de la vida? Ya lo he vivido todo. He amado y me han amado intensamente. He tenido hijos y nietos; todos andan ocupados en sus cosas, los veo poco; pero cada vez que los veo, el día tiene sabor y color y un aroma, un aroma a felicidad, a alegría; como cuando jugaba con aquellos niños desconocidos (ahora me parecen desconocidos, no sé si fueron un sueño siquiera, jamás los volví a ver) en una calle polvorienta o en aquella huerta tan fresca; cuando apenas me daba cuenta que yo era yo.

Finalmente una mujer se quedó a mi lado para siempre. ¡Ah, que mujer!
En sus ojos me han brillado todas las estrellas del firmamento; en su piel he nadado, he navegado y he danzado esta danza del amor; que a estás alturas ya varios pasos se me han olvidado. Pero sigue allí, tan leal, tan fiel; ambos lo hemos sido, hemos permanecido. Ella es mis despertares y mis anocheceres; esa mitad de mí que parece que ha sido parte de toda mi vida, pero si hago cuentas, no ha sido tanto tiempo; pero no importa, me importa el sentir, así la siento. Me ha dado mil y una batallas y creo que casi todas las ha ganado ella. Peleamos por un millón de cosas que a estas alturas ya ni las recuerdo y poco importan, eso no tiene ningún significado ya.

Muchos han sido los despertares en los que me doy cuenta que, el yo que solía ser, está tan desdibujado. Creo que hay días que ya ni me doy cuenta que yo soy yo. Parece que soy parte del paisaje, del amoblado, del papel tapiz. A veces no estoy seguro si solo fuí un sueño; un sueño de vivir, de existir, de ser, de hacer, de alcanzar, de ganar.

Cada día me siento menos yo; me siento más parte del universo infinito, de las galaxias de millones de estrellas, de la inmensa oscuridad del cosmos, polvo de estrellas nada más. Para allá voy, de vuelta al universo infinito, en el que desde la eternidad, yo no era yo, era tan solo unas insignificantes partículas más de todo ese polvo de estrellas que ronda por el universo.

Pero reflexiono; este yo que he sido, que me he sentido, que he vivido; no se ha sentido como polvo de estrellas que no era nada.
Parece que hay algo más que escapa mi comprensión y la ciencia. Parece que esta consciencia está hecha de otra consistencia, de otra esencia; de un misterio, de una magia, de una chispa divina.

Llegaron las doce de la noche, la consciencia se extingue, tengo tanto sueño, es inevitable quedarme dormido. Dormiré el sueño infinito y mi materia volverá a las estrellas de donde ha venido.

Pero el yo que he sido, que he existido y vivido, el yo que ha amado y ha sido amado, no sé a donde irá. Escuché tantas versiones, tantas variaciones de la misma historia, tantas doctrinas, tantas mentiras, tantas teorías, tantas tangentes de la vida. No lo sé a ciencia cierta.

Pero espero que el común denomidador de ellas sea cierta, y que este yo que he sido...

...vuelva a ese fuego original, de donde se originó la chispa de la vida.

@SolitarioAmnte
iii-17
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10comentarios 281 lecturas relato karma: 57

Corazón imantado por ti

Por ti de noche
surco el cielo
con el alma desgreñada.

Ensillada en desbordante pasión,
fondeo la oscuridad
desmedida y lacerada del amor.

Acaricio tu cuerpo
en indecoroso olor.

Mi grito fantasmal
rompe el techo abovedado.

Y ahora me ves ahí:
en tierra baldía.
Y no dices nada:
¡Caleidoscópica mirada!

Mi tiara irisada
deviene plomiza y desabrida.

Mi espejo cuarteado
por dolor reflectado:
en corazón imantado por ti.


Marisa Béjar.
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2comentarios 129 lecturas versolibre karma: 51

Mi alma está balando por ti

Cada noche transmuto
para estar contigo.

Canjeo la afrenta y el desacierto
por carruajes de amor eterno:
que en palco de diamantes engarzados,
contemplo ingrávidos
sobre el suelo adoquinado.
¡Allí expira el ardid mundano!

Despierto azorada,
¡Malsana el alba!
Mi rostro embotado
por amor del pasado.

Cortinas convulsas
franquean la ventana
aullando al infinito.

Sobre el velador
tu imagen en daguerrotipo
sonriendo en añil,
mientras mi alma
está balando por ti.

Marisa Béjar
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La Esencia

¿Tengo una ESENCIA?
¡Sí!
Pero no sé si es demencia
con trazas
de elocuencia.

En fin...
Quizás sea aquello
que en mi alma
trae un sello,
con deseos y un sentimiento
que pareciera que miento
que hablo solo
que vuelo y añoro
el pasado y el futuro
como si allá hubiese un muro,
de donde pudiera brincar
hasta alcanzar
el sol y la luna...

En fin...
Es amar todo
y luego pensar
que con toda mi locura
mi ESENCIA no puede cambiar...

Damián Botafogo
8
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