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Sus labios tiemblan entre los míos

La conocí esa noche en la fiesta del pueblo,
estaba sola como esperando,
como buscando quien la invite a charlar, a bailar o a tomar,
no más de tres horas tomamos y bailamos,
me invitó a subir la colina para apartarnos de la algarabía.
Veo la luna sentado a su lado,
la noche es oscura solo esa luna la ilumina,
el silencio hace placentero el momento,
un viento suave acaricia su piel,
mientras con mis brazos la abrigo,
señala el cielo con su dedo delgado,
fugas va volando la estrella en el firmamento,
con más intensidad brilla la luna como mirando con ternura
aquella pareja que desde lejos la contempla.
En la colina, arriba el cielo, no tiene estrellas,
abajo el pueblo, en la oscuridad y las gruesas nubes
parecen cocuyos sus luces que alumbran sus calles,
en la distancia apenas se oye la alegre música.
Su espalda tendida sobre la hierba,
me inclino sobre ella buscando su cara,
con un beso en su frente, interrumpo su mirada,
que algo extasiada contempla el firmamento,
con otro beso en su boca atrapo su aliento,
que desde ese momento en mío lo convierto;
sus ojos brillan como la luna llena;
sus labios tiemblan entre los míos,
mi lengua descubre las perlas de su boca,
y se encuentra con la de ella con aroma de rosas,
me abraza con fuerza me estruja hacia ella,
no veo su cara mi sombra la tapa,
me muerde los labios, los aprieta con fuerza,
al principio me gusta, después me molesta,
me busco zafar de su boca inquieta,
ya no es aroma lo que sale de ella,
parece azufre lo que respira,
de un salto grandote me paro enseguida,
aun en mi cuello ella se encuentra colgada,
como muñeca de trapo la tengo guindada.
No sé cómo lo logro, pero con fuerza me escapo,
corriendo bien duro colina abajo,
me caigo y volteo parece me sigue,
me levanto ligero, un grito espantoso me asecha,
quiero gritar, me siento mudo, y empiezo a llorar con exasperación,
mientras sigo corriendo con desesperación.
Hoy cuento la historia y la cuento de broma,
allá en la colina bese a la Sayona.
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Agua dulcita

Mi madre me contó del río transparente que corría cerca de casa, de los peces que lo habitaban y la tranquilidad de sus aguas. Un río que conocí de otra forma; me invade la tristeza de descubrirlo ahora, me siento desafortuna de verlo así y a la vez desilusionada, abrumada, molesta.

Recuerdo los tiempos de mi infancia: los días soleados refrescantes, las tardes lluviosas jugando fuera y las noches de fútbol en la tierra. No había mayor peligro que rasparme la rodilla o mayor dolor que volarme la uña por correr descalza o temor más grande de que la pelota cayera en la casa del vecino quien había puesto un letrerito "nido de víboras"en la bodeguita de madera donde guardaba chatarra.

Adolescente caminaba desde la escuela a la casa, disfrutaba la tranquilidad de las calles mezclado con el bullicio de las aves volviendo a sus nidos porque el día ya terminaba y cruzaba ese río que no reflejaba nada.

Ahora todo es distinto, ni el cielo es el mismo, solitario, pareciera que las estrellas le han abandonado porque levanto en las noches la mirada y solo veo el abismo; no hay deseos a quien pedir pero insisto al firmamento aguardando a que una estrella me conceda un único anhelo; no regalos, ni riquezas, ni fama solo mirar una vez aquel río del que mamá hablaba.
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2comentarios 122 lecturas relato karma: 87

Confusiones

Me hallé perdido entre la multitud,
Paseaba encandilado por los focos,
Con un éxtasis que daba color al viaje,
Tenía el reloj a mi antojo.

Me pareció tan raro verle,
Aunque no significara nada,
Aunque me olvidaran segundos después,
Me quedé envuelto en aquella cara.

También es la cara del peligro,
Donde el paso mal dado es castigado,
Y donde los sabuesos captan la adrenalina,
Pasé por ahí despreocupado.

Vaya viaje largo y perdido,
Antes de eso intenté charlar,
Sin resultados favorables,
No perdía con intentar.

Es difícil, digo, estás en el blanco,
Estás oscilando entre el desastre y la salvación,
Entre los déficits de la cotidianidad,
Aunque tu vida no carezca de gracia.

Expeles una esencia diferente,
Aunque te muestres desfigurada,
Quizá todo esto no tuvo importancia,
Tampoco aquella cara.
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La chica de la toalla

Eran las 7 de la noche y me encontraba sentaba en la orilla del sofá-cama observando las paredes color marrón que me rodeaban, colgando de ellas, algunas fotografías en blanco y negro, frente a mí una vieja consola musical y a no más de 8 pasos ! literalmente ! Se encontraba el baño o al menos eso parecía ser , tenía un espacio para regadera, pero claro, sin la presencia de ella, en total, el dichoso estudio era un espacio de 3 x 6 metros, sin ventanas, sin entrada de aire; si bien era un lugar muy limpio, todo era anticuado y destilaba nostalgia en cada ladrillo, en cada clavo y en cada accesorio que ahí se encontraba.

No es posible, ¿En qué lío me he metido? ¿Podré soportar algunos días?- me repetía a mi misma.

“Solo serán un par de semanas, es un estudio pequeño pero funcional” escuchaba una y otra vez la voz de una de mis primas quién me ayudó a conseguir este pequeño pero demasiado pequeño espacio de alojamiento provisional.

Yo trabajaba en Monterrey, Nuevo León, en una empresa dedicada al desarrollo e implementación de sistemas informáticos, debido a ello me asignaron acudir a la ciudad de México a implementar un software por un par de semanas, pero me advirtieron que el hospedaje corría bajo mi cuenta, accedí de inmediato y sin cuestionar, debido en parte a mi inexperiencia laboral, en fin, preparé todo para el viaje y ahora heme aquí, en un lugar lleno de viejos recuerdos, tremendamente pequeño y sin agua caliente para tomar un baño.


Me encontraba pensando en alguna posible solución, cuando unos leves toquidos en la puerta me hicieron sobresaltar, al abrir me encontré con una señora de más de 60 años, delgada, tez morena, cabello blanco perfectamente recogido en un chongo y con una sonrisa de lo más cordial, quién me extendió su mano diciendo:

- Hola, tú debes ser Camila, yo soy Soledad y vivo enfrente, Rubén me dijo que no hay agua caliente en el baño, entonces quiero ofrecerte mi casa… con baño por supuesto - me decía sonriente.

- Le agradezco de todo corazón, Soledad, pero no quiero dar molestia alguna y menos despertarle tan temprano.

Ella, sonrió dulcemente - Vamos, no te preocupes, que yo me levanto todos los días a las 6 de la mañana; a mi edad me encanta mantenerme activa y madrugar, además, sólo estamos Carlitos que es mi nietecito y yo, así que nos haría bien, ver una cara tan linda como la tuya.

Hizo que me sonrajara.

- Gracias, que amable - y pensé: "Por el momento no tengo otra opción “ - entonces nos vemos mañana.

- Muy bien, Camila, ya te dejo descansar - dijo, mientras me tomaba por ambas manos y me daba un tierno beso en la mejilla.

Me senté en la orilla del sofá cama, respire profundo y me dije “Al menos tendré un baño con agua caliente, sólo son un par de semanas y únicamente es ella, que parece muy dulce y su nietecito, el cuál espero que no sea un chamaco malcriado ”.

Al día siguiente a las 6:30 tomé mis cosas de baño, mi ropa, toalla y crucé la calle en pijama esperando que nadie notara mi presencia, toque el timbre del zaguán color verde pistache.

- Voy, linda- reconocí la voz de Soledad.

- Pasa, estás en tu casa, Carlitos aún está dormido, así que no te preocupes, ven, aquí está la recámara con baño, siéntete como en tu casa, por favor, ¿ Quieres?

- Gracias, gracias de verdad - le decía, mientras cerraba la puerta de la recamara y colocaba cuidadosamente la ropa que usaría más tarde. Aunque para ser sincera, me sentía totalmente fuera de lugar, en una casa ajena, con personas que no conozco.

“ El baño me ayudará bastante” así que trate de disfrutar el momento, al cabo de unos 10 minutos ya estaba saliendo de la ducha, tomé mi toalla y la enrede sobre mi cuerpo y dejé caer mi cabello aún mojado sobre mis hombros, salí del baño estirando un brazo para tomar mi ropa cuándo, se abrió la puerta y apareció un joven de unos 20's con la cara desaliñada, despeinado, él cuál me miraba con tremenda sorpresa y abría una y otra vez sus ojos.

Me quedé helada, no sabía qué hacer.

- Perdón- por fin pudo articular unas palabras - Soy Carlos y tú debes ser.. la vecina de enfrente - decía - mientras se limpiaba los ojos y estiraba su mano derecha para saludarme, por un instante, mi reacción fue corresponderle pero recordé que con una mano estaba sujetando mi toalla y con la otra sujetaba mi ropa, el color subió a mis mejillas.

- Este … mmm soy Camila, mucho gusto- y lancé una mirada a mis manos -Disculpa.

- ! Oh si, perdón! te dejo sola - decía mientras se dirigía a la puerta rápidamente.

- No me está pasando esto ! Por Dios! no quería salir de la recámara, me temblaban las manos y no sabía si reír o llorar, así que este chico, es el nietecito y para colmo de males era muy, pero muy guapo, si bien no era tan alto, su rostro de tez blanca y facciones bien definidas contrastaban con el negro de su cabello y el color claro de sus ojos.

“ Demonios, en qué momento se me ocurrió aceptar todo esto” me repetía, mientras terminaba de cambiarme, aún con el cabello húmedo y mis mejillas sonrojadas, decidí salir de la recámara y afrontar con la mayor valentía posible dicha situación.

Al pasar por el comedor, lo escuché nuevamente:

- Hola de nuevo. -

Está vez, Carlitos ya estaba bastante presentable, con camisa de vestir y corbata, terminando de desayunar.

Yo aún me encontraba despeinada y sin maquillaje.

- Ya conociste a Carlitos, ¿Verdad, que es el más guapo del mundo? … es mi vida entera.-

- Vamos abuela, tú lo dices porque me amas demasiado - contestaba Carlitos, mientras le besaba muy tiernamente la mano.

-Anda siéntate con nosotros. -

Yo me seguía muriendo de pena.

- Muchas gracias, Soledad, pero quiero llegar temprano al trabajo, es mi primer día y aún no sé ubicarme bien.

- Tienes mucha razón, bueno, ya mañana me contarás como te fue hoy, anda Carlitos acompaña a Camila a la puerta, no seas grosero, nos vemos mañana y por favor promete que pasarás a desearnos buenas noches. -

Yo asentí cortésmente.

Ahora sí puedes saludarme- dijo Carlitos tendiéndome su mano derecha - No tengas pena, te prometo que sólo ví ese hermoso par de ojos negros.

Quería salir corriendo, pero él, tenía prisionera mi mano y parecía disfrutar su travesura.

- Nos vemos mañana … ! Chica de la toalla !

- Si claro, ¿Me devuelves mi mano? -

- Sólo si prometes, volver hoy a cenar.

- Este… si, claro que si, por supuesto.

- Confiaré en tí -dijo arqueando sus cejas.

Él me soltó y desaparecí lo más rápido posible.

Ese día, saliendo del trabajo pase a una ferretería a comprar una resistencia eléctrica y tomé lo que en México, llamamos un baño a jicarazos.

Por las siguientes semanas, seguí visitando a Carlitos y a la gentil Soledad, hasta que por fin, terminó mi proyecto, en esa gran ciudad de México.

Moraleja : La edad de los nietecitos recuerda siempre, pero siempre preguntar.
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Ráfagas

Yo, te digo, roto en ráfagas briosas que cabalgan la tarde como un cimarrón atolondrado, que todo es una dulce pantomima. Estas gentes correteando las aceras, enjauladas en los días que pesan y se repiten. Las voces necrófagas de los telediarios, reviviendo catástrofes con que enjuagar las comidas familiares. Las pibas de piernas largas que bailotean descaradas en las ferias, con ojos como farolas y sonrisas de piraña. Los ejércitos de ceño fruncido que ratifican armados las fronteras del mundo dividido. Los abuelos, bruñidos al sol de la mañana, amortajados en recuerdos que el tiempo deshilacha. Los amigos que se difuminan de perfil cuando vienen maldadas las hostias con que la vida te espabila. Yo, te digo, abriéndome paso por entre la maraña de mis decepciones, que todo es una anécdota efímera. El mar bravío en tu mirada, volcánica en las tempestades cuando escupes mi nombre. Los días como acantilados por los que se despeñan mis cariños cuando la rutina no halla freno. Los años que guardé tu sueño mientras tú explorabas el éter con tu salacoff de aventurera, como si mi vigilia fuera suficiente para mantener a raya las hordas de demonios a los que te enfrentabas.
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