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¡Oh ven, ven tú!

Sobre mi cierne su mirada hipnótica,
que turba mis ojos, ¡quizás maléfica!,
como aguijón clavada, tan despótica,
sutil y penetrante y… tan poética.

Belleza diferente, tal vez gótica,
afilada línea, forma sintética,
tormenta de rarezas cual neurótica,
me fustiga como al héroe en lucha épica.

Dama protectora, bolsa amniótica,
en la riña feroz gata, ¡es titánica!,
la que me apacigua como narcótica,
sobre el tapiz dibujada de homérica.

Prometedora y al final anecdótica,
era preciosa y regida por la estética,
consumida por ideas, ¡patriótica!,
pasional y en demasía…metódica.

De boca sugerente, lengua exótica,
un tacto de locura, la ubre esférica,
ardiente, febril, la más erótica,
en el juego del amor…mujer única.

¡Pero es a ti a quién busco!, la caótica,
la exenta de ética y la más errática,
estrambótica, alocada…, ¡psicótica!,
la que borre…esta vida tan patética.
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Imaginaria ventana

Desde la ventana imaginaria.

Las hojas bailan con el viento,
dan el paso balseando entre los árboles
los sentidos y las emociones.
Dime acurrucada alondra que vuelas sin destino
por los techos azules anaranjados extremeños
en direcciones prohibidas
sin horizonte y planeando los surcos que el arado hizo
sembrado el trigo.
Alineaciones perfectas entre los olivos y la vid, con las manos del hombre con dolor y trabajo realizó.
Olor húmedo de tierras rojas como la sangre y el sol
los verdes plateados y carruaje en la orilla de los caminos
charcos plateados de agua recién caída.
Al lado los musgos, la romaza, berros, y tréboles recién nacidos.
Llega el aire puro desde el otro lado del bosque de encina.
Sin querer nos avisa de una gran tormenta,
rayos y relámpagos plateados con furia caen,
sobre un suelo verdes y ocres, en este otoñal infierno del esperpéntico día a día de estos tiempos caóticos y convulsivos.
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5comentarios 155 lecturas versolibre karma: 87

Desde la ventana imaginaria

Desde la ventana imaginaria.

Las hojas bailan con el viento,
dan el paso balseando entre los árboles
los sentidos y las emociones.
Dime acurrucada alondra que vuelas sin destino
por los techos azules anaranjados extremeños
en direcciones prohibidas
sin horizonte y planeando los surcos que el arado hizo
sembrado el trigo.
Alineaciones perfectas entre los olivos y la vid, con las manos del hombre con dolor y trabajo realizó.
Olor húmedo de tierras rojas como la sangre y el sol
los verdes plateados y carruaje en la orilla de los caminos
charcos plateados de agua recién caída.
Al lado los musgos, la romaza, berros, y tréboles recién nacidos.
Llega el aire puro desde el otro lado del bosque de encina
sin querer nos avisa de una gran tormenta,
rayos y relámpagos plateados con furia caen,
sobre un suelo verdes y ocres, en este otoñal infierno del esperpéntico día a día de estos tiempos caóticos y convulsivos.
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Ruido Disperso

Me propuse divagar, con la excusa premeditada de que hay demasiado ruido a mí alrededor para hilar una historia, o para intentar describir un suceso que jamás ha ocurrido, o en su legítimo defecto, exagerar los acontecimientos ya pasados hasta el límite de lo apoteósico.
No es síntoma de agotamiento en ninguna de sus fases — lo juro, — no estoy cansado, solo que a mis sentidos llegan voces clamorosas de cosas que la mezquindad perfila imposibles. Tengo algunas ideas licuándose en mi cabeza que interfieren con esta lánguida vocación de holgazán. Pero es grande el escándalo de las escaramuzas por espacios, por fronteras, por trivialidades terrenales, por brazos de poder que me he negado, a presumir de unas técnicas que desconozco, y de conocerlas, seguro no las dominaría ni tendría interés alguno en lograrlo. Prefiero mendigarle a unas musas; (en las que no creo) una metáfora que despunte en su finura o alguna obesa rima sin el pasaje lujurioso del deseo. Navegar por esos mares sin rumbo, donde el pensamiento se hace libre de primigenias ataduras, sin conceder compromisos, prescindiendo de plazos y tarifas, entregar la desnudez de mis entrañas a las pluriformes expresiones de albedrío.
Los pretextos siempre tienen validez cuando se trata de eludir algún deber, pero mi laxitud no precisa de uno, va por pequeños mundos, oculta en el horror de los crímenes que se expenden en las pantallas de los televisores del gran mundo, del mundo mayor, ese que a todos nos domina y que se encuentra en las avenidas , en las callejuelas que no tienen salida, o en los caminos anchos y abiertos donde copiosos arboles, aptos para el albergue de los pájaros ofrecen sus frutos en la misma rama, donde, se ahorcara un desdichado jovenzuelo presa de la depresión.
Sin anexión alguna al estilo o al rigor de la norma, transito por precarias construcciones despojadas de el arquetipo artístico, prosigo sin intenciones de profanar lo proscrito (ni mi talento ni valentía alcanzan a tanto) sería incapaz de articular el mas inerme insulto a los idiotas que promulgaron la monogamia.
Ecos dolorosos producidos por la acción de punzantes dardos, sin piedad, distraen todas mis atenciones, subrayando la inexistencia de una crítica supuestamente constructiva, cuyo objetivo no es otro que: destruir patrones fijados en la mente de quien los admite. Toda escritura por excelsa que sea su magnitud y mágico su contenido, no es otra cosa que un cuestionamiento de las visiones vulgares que banalizan el entorno. Es una crítica a un orden elemental instaurado por la verdad, la ficción o la omisión, es una manera secular de burlar los sentimientos ajenos yuxtapuestos a los propios. Por ende, hemos de convivir con el rumor generado por la crítica y asumir sus consecuencias como una condolencia; ergo, siempre producirá mas lagrimas que sosiego.
A diferencia de la crítica; los sonidos y los ruidos pueden asumir a su vez características constructivas o destructivas, sin vínculo alguno con sus cualidades clásicas.
Es absolutamente objetable, siempre estará sujeto, a por lo menos, dos puntos de vista diferentes dentro de un mismo universos, su definición, será consecuencia inmediata de un estado anímico, asociado a la realidad cósmica en que viaje el espectro de frecuencias sonoras hasta su receptor.
A mi inoportuna e inexacta divagación, le dio por dividirlo en sonidos naturales y artificiales. Los naturales pueden ser máseres de elementos poéticos, exacerbando la prosa para crear conjeturas onomatopéyicas, subyacentes en el ceremonioso don o defecto de la especulación, pero aun así, podrían tornarse terriblemente destructivos: huracanes, terremotos, riadas, tormentas y nevadas tienen una sonoridad tan peculiar, capaz de exasperar todos los miedos adormecidos en los seres con percepción auditiva, creando serios disturbios en sus laberintos orgánicos, incluido aquel donde se guarda el código secreto de los esfínteres.
Hay sonidos naturales que evocan placer, disfrute, goce, a reencuentros místicos con los dioses negados por las pretensiones profanas. Ruidos macerados y madurados que experimentan, admirables procesos de evolución para convertirse en música y extasiar; al extremo de instar a la locura. Una expresión “Paolo Terciana” enunciaba que: «en ausencia de vacío todo sonido es posible y por ende inevitable» Algunos ruidos son tan estruendosos y persistentes que son susceptibles de tomar formas visibles, esas pudieran ser las cortadas atómicas esperadas por fantasmas y demás almas errantes para emerger de las oscuridades a que han sido confinadas por el decreto de la muerte.
Otros ruidos naturales son tan sagaces, que no se dejan oír sino hasta lograr invadir las estructuras óseas en su totalidad evidenciando su presencia en un arrítmico castañeo dental, seguido de temblores corporales, me refiero al gélido sonido de los inviernos.
Si en algo ha sido efectiva la ingeniería y la ciencia en general, es en la manipulación de ruidos, algunos fantásticos, otros fabulosos, insuperables en ocasiones. Se ha alcanzado gran destreza en la discriminación y clasificación de los sonidos. Incluso se ha magnificado hasta el grado de hacerlo inmensamente frecuente sin posibilidades de percepción humana, como el ultra sonido, al tiempo que se impone en un contexto prodigioso, como la aplicación de la resonancia para adquirir mapas de los tejidos humanos y posponer actos ineludibles como: la muerte.
Otras expresiones de un orden similar, pero con un fin reverso, emiten sus fragmentos de abominación, por medio de la destrucción masiva. Son los sonidos que en algunos oídos conducen a los postigos gloriosos engendrados en los cantos de victoria del experto piloto, a bordo del bombardero supersónico investido de un apócrifo heroísmo , cuando deja caer sobre culpables e inocentes su mortal carga explosiva.


Publicado originalmente en la revista digital: Experto en Arte fd; Buenos Aires 2018
Fotografia: Autor anónimo posiblemente sujeto a derechos de autor.
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De silencios y de hombres

En noches oscuras, de silencios espesos
yo vivo las palabras.
Siento en un silencio casi tétrico
como me hablan.

En un silencio absoluto,
en un silencio blasfemo,
en un silencio oscuro,
en un silencio sordo,
en un silencio agudo
en el silencio de los silencios,
en el silencio del universo.

Escucho las palabras, las mías,
de mi alma.
Vacías, hieráticas, volubles, caóticas,
apéndices del mal que me hablan de cosas marchitas
de hombres que mueren y de muertos que resucitan.
Me hablan de guerra, de odio, de xenofobias
de hambre, racismos, clasismo, terrorismo,
calentamiento global, de seres que parasitan
de abismos, de dolor y de horror.
¿Que pasa, ya no existe Dios?
No queda en este mundo amor.
Sólo quedan niños pequeños consolando
al joven perdedor de otra afición.
Si ya no queda humanidad,
es que el mal ganó.
Que tenemos podrido el corazón.
Que de nada han servido
tantos años de evolución.

Pero a veces cuando el silencio
cubre mi alma, cuando escucho
la respiración de mis entrañas.
Puedo oír las palabras casi mudas
amor, bondad, humildad, caridad,
respeto,honor, pasión, virtud, fe y dignidad.

Entonces escucho y las palabras
se convierten en gritos,
el volumen desgarra mis tímpanos.
Mi corazón se llena de amor infinito.
De renovada esperanza.
De fe en que el hombre en paz
vivirá mañana.
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• efímero sesenta y siete •

Entiendo que te enfurezca mi calma, la manera racional y fría con la que manejo las situaciones y el hecho de ser práctica y poder sacar lo positivo de todo, como si nada me pudiera derribar... ¿Sabes? Es exactamente esa actitud la que me hace indestructible.
Entiendo cuando te enloquezco con mis contradicciones y esa confusión constante, esos cambios repentinos que nunca te dejan conocerme realmente: siempre te sorprendo y tú odias lo impredecible... ¿Sabes? Acabarás perdiendo la cabeza y yo solo habré ganado otro juego.
Entiendo tu ira ante mi "te quiero" más puro un día y la infinita y distante indiferencia que puedo adoptar al instante sin esfuerzo cuando la persona me demuestra que no merece la pena. ¿Sabes? Lo que te hace temblar a ti, a mí solo me hace más fuerte.
Entiendo tu despecho disfrazado de odio cuando me niego a ser encontrada o a bajar a tierra firme. ¿Sabes? No puedes encarcelarme, no pertenezco a ningún lugar y mucho menos a nadie, ¡no necesito ser salvada!, no necesito guía para salir del laberinto.
¿Entiendes? Tampoco me importa si no lo haces, de hecho sé que no lo harás nunca, tú nunca sabrás calcular si merece tu tiempo el intentar entenderme, por eso lo haces, porque estás tan aburrido y tan vacío con tu soledad que intentas atraparme entre tus manos porque sabes que soy de lo poco que queda real en este miserable mundo, por ser huracán y no seguir un patrón... sin embargo, eso que te atrae de mí es lo que juzgas. Hipócrita. ¿Sabes? Como agua, como humo... me escurriré de entre tus dedos y mañana aún seré más caótica que ayer.
Cuando dejes de intentar entenderme, y empieces a quererme... quizá merezcas mi tiempo. Por ahora, apártate y déjame volar tranquila, búscate a otra, que sea como tú: que anteponga la necesidad de respuestas y de lógica al amor que no necesita adaptarse a tus bases para ser incondicional.
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3comentarios 60 lecturas prosapoetica karma: 43