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La chica del top blanco

(Saciaba mucho mi sed de mirar en ella,
y al mismo tiempo ella me daba mucha sed de mirar)
Tan de blanco
Que combinaba
con todos los colores
Y pensaba

Que era linda
(era mar)

Que era blanca
(era arena)

Que era radiante
(era sol)

Que era decidida
(era olas).

Pero después miré bien
Y vi
Que el mar se esforzaba en igualar su belleza
Que la arena imitaba su blanco
Que el sol la miraba para brillar como ella
Que las olas se inspiraban en su firmeza

No era ella la que se parecía a la playa:
la playa buscaba su espejo en ella.
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Tu chica de blanco

Estoy segura
que tienes un poema favorito.
Ese que relees cuando sin querer
te acuerdas de mí,
de cuando me hacías poesía
bajo las sábanas
y yo te besaba en verso libre,
sin esquemas
ni normas
que pudieran estudiarse.

Cuando la prosa
venía sin prisa,
y sólo pensaba
en lo fácil
que resulta volar sin alas
si es por tu espalda.

Confío en que la poesía
te siga pareciendo bella
a pesar del desastre
que nos causamos.

Ojalá lo hubiéramos hecho de otra manera,
no sé si correcta,
pero de otra manera seguro.

Algo falla cuando tengo que escribir
que recuerdes recordarme,
cuando yo no puedo dedicarle a nadie
mis versos, que son tuyos y de nadie más.

Aunque ya no sea esa chica de blanco
después de tanto,
cuando te escribo
vuelvo a sentirme así.
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2comentarios 140 lecturas versolibre karma: 81

Vivir

Había una vez una chica
que descubrió
que los sueños
son realmente la vida.
Desde entonces
empezó a dormir su vida
y a vivir sus sueños.
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Tan bella

Tan bella frente a la luna desnuda,
Viento galopante de corrientes violentas
Labios candentes que piden ayuda

Amante del cielo por donde mires,
Cabello rubio hasta los hombros
El sol exaltado ya sabe que el sigue

Estás entre el día y la noche,
Entre luna y sol
Sos la iluminación de mi mente.
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1comentarios 128 lecturas versolibre karma: 94

La chica que amo

La chica que amo.
La chica del rio.
El Pelo convertido en hojas.
Ambos brazos se convierten en troncos.
Ya que no puedes ser mi esposa.
Tu debes ser mi corona.
La llevaré como los grandes poetas del mundo.
Envuelta en mi arpa y temblando con tus hermosas hojas.
Techo de otoño, peso del tiempo.
El otoño es amargo y fragante.
Hacer florecer la piedra como una corona.
El techo de otoño es amargo y fragante.
Hay una corona en el aire.
Una corona de laurel abierto y almendra amarga.
Che-Bazan.España
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Ayer

Ayer me volví a acordar de ti.

No sé si fue ese chico,
que llevaba la misma chaqueta
que tu tanto solías ponerte,
la canción que sonaba
y que todas las parejas bailaban,
o simplemente fue beber ron
sin compañía,
pero algo hizo
que volvieras a mi mente.

Y lo hiciste
como siempre te gustó aparecer:
a lo grande
y con mucho ruido.

Te colaste dentro de mí,
y no hubo manera de sacarte de ahí.

Fíjate que lo intenté:
aparté al chico de la chaqueta,
me tapé los oídos
hasta que la canción terminó,
y el ron me lo terminé
(al igual que me terminé los siguientes cinco o seis).

Fue entonces cuando caí,
cuando por fin entendí
porque seguías dentro de mí,
porque no te marchabas,
y es que no eran las cosas
las que te volvían a acercar a mí,
sino que era que tu
nunca me habías dejado
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La chica bajo la lluvia

Te ví tan sola que quise acompañarte,
olvidandome loco que podría lastimarte.

Pero fueron tus brazos los que supieron decirme que jamás yo podría al amor referirme.

Desde entonces no viajo ni rebusco entre la gente, las miserias del olvido se esconden frente a la muerte.

Aprendí de un silencio que me supo a escarmiento, tras el ruido del viento me dejé al descubierto.

Pero lo que nunca supe es que esa soledad tuya venía a decirme lo mucho que te esperaba.

Y en el agua salada de mis lagrimas pude atreverme a decirte ven conmigo a las nubes.

Quisiste decir que no, quisiste morir de amor, pues un final tan cuerdo no lo esperaba ni yo.

Ahora ya no estás sola, pues se te abrió la consciencia, y en las tardes de lluvia se te ve la inocencia.

Callad los que no lo saben, huid los que no lo entiendan, te ofrecí la paciencia del camino sabroso.

Y aunque de nada sirva, ni canten ya los ruiseñores, hoy sabes que por ciertos amores,
se pierde uno entre rencores.

Descubriste mi secreto, que es el de amar por dentro, si bien nunca te faltó un beso,
ni se olvidan los recuerdos.

Amor que te ví tan sola, que ni a punta de pistola yo podría arrepentirme de causar pasión y guerra en las fronteras del destierro.

Cada vez que tengo miedo te recuerdo enamorada, y es entonces cuando vivo el valor de tu mirada.

Ahora el solo soy yo, y nunca merecí la pena, tanto canto de sirena nos corto a los dos las venas.

Por eso te pido perdón, por tanto recuerdo lloroso, que aunque culpa no tuviera, se me hacía cruel el gozo.

Y sabes que nunca miento, ni tampoco siembro dudas, para que si quisieras a oscuras me dieras la voz desnuda.

Abrazame la ignorancia de no saber que te quiero, que con la piel encendida se mojaron las heridas.

Que no te reprocho nada, pues nada me hiciste mal, tan solo te quise estár y acompañar tu soledad.
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Un gato distinto

Un gato distinto
Es lo que tus eres
Tal vez te muevas en dos patas,
y razones como humano
Pero un gato es lo que eres.

Lo sé por tu contante ronroneo
Y por tu habito de pelear con objetos guindantes.

Tus ojos miran con facilidad en la oscuridad.
Tu manera de andar expresa ferocidad.
Y eres capaz de rogar Por una caricia de alguien que aprecies.
-Isleimi Cohén
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Un sueño sencillo: 1 La chica del escenario (1)

Todos los viernes, a eso de las nueve de la noche, una chica tocaba el piano en el bar Colama que estaba en una de las calles del barrio de Fuencarral, en Madrid, donde vivía Will de Luca. Este último solía pasarse por el Colama todos los días con sus compañeros españoles, pero desconocía que allí se encontraba la solución para Luke Smith, su mejor amigo desde los dieciocho años con el que llevaba viviendo cinco meses en la capital española. Ambos estaban allí cursando su último año de sus estudios universitarios. Will estaba haciendo ingeniería informática y Luke periodismo.
Aquel estaba siendo el año del Erasmus de ambos. Sin embargo, su amistad había pasado por su peor momento durante el verano anterior, ya que Luke, que siempre había sido complicado, estaba pasando por una grave crisis existencial tras un hecho que marcó su vida. Aquel año estaba sirviendo para retomar la amistad y volver a ser los amigos de siempre.
Luke vivía en su mundo y eso lo mantenía alejado de todo en su tiempo libre. No salía de casa, hacia ejercicio para relajarse y los lunes y viernes recibía la llamada por Skype de su psicólogo, Martín King. Era un chico negro, de metro ochenta y le gustaba mantener el pelo casi al cero.
La mañana del viernes 9 de marzo de 2018, estaba sentado en la silla del escritorio de su habitación frente a una de las paredes blancas sin ventanas que rodeaban su pequeño nicho, Luke escribía todo apresurado, temblando, respirando fuerte y sudoroso.

Me levanto,
cuerpo desfallecido.
Renacido,
lleno de vida
.

Luke, que no sabía de dónde venían aquellas palabras, se tocó la barbilla y reposó el bolígrafo bic azul con el que estaba escribiendo sobre su pequeña libreta de tapa negra y pequeñas hojas de color amarillento.
Pasó las diminutas páginas sin dar crédito a lo que llevaba escrito. Era el diario que llevaba escribiendo desde hacía seis meses. De repente, se miró al espejo y se vio a sí mismo. Volvió a coger el bolígrafo, y esta vez, consciente, debajo de aquella última línea que acababa de escribir, anotó:

Espejo que reflejabas solo mi cuerpo.
Espejo que ahora reflejas mi alma triste.
Tranquilízame, tranquilízame, tran…

No entendía nada. Toda la ira que había despertado en su ser había salido. Acababa de hablar con alguien que le ponía furioso, y de la misma rabia ya no se acordaba de quien había sido.
Para calmarse, soltó el artefacto de aquellas palabras con las que iba perdiendo el sentido. Entonces, comenzó a morderse las uñas y su cuerpo se fue encorvando mientras meditaba al ritmo de cada chasquido de uña sobre en qué había fallado. Luke llevaba varias horas despierto, sucio y maloliente, pero eso a él no le importaba. Tan solo vestía un calzoncillo gris y una camiseta blanca de ropa interior sin mangas y de cuello bajo que dejaba ver la pelambrera de su pecho negro. Las palmas le sudaban, los ojos le lloraban del esfuerzo físico que hacía con la boca, y sus brazos se entrelazaban quedando sostenidos por el muslo derecho.
Pronto averiguó que con las piernas entrelazadas aún hacía más difícil la cruel posición en la que estaba, pero necesitaba hacerlo. Eran manías que alternaba, pero que ese día fueron su salvación.
Le fascinaba la idea de arquear su cuerpo, sus extremidades, jugar con sus dedos índice y anular entrelazándolos como si fueran de plastilina. Todo a la vez. Era lo mismo de siempre, pero hecho al mismo tiempo.
Mientras gemía de ese dolor que en él parecía placer, pensaba una y otra vez en la misma idea. <<Es nuevo, es interesante>>.
Todos los movimientos eran como puñetazos de felicidad, como vomitar todo aquello que no podía expresar con las palabras. Se sentía mejor que nunca. Se estiraba y amasaba la piel de la mano izquierda en su parte dorsal. Una vez ya había comenzado la parte final del ritual obsesivo, acariciaba los huecos que dejaban la hilera formada por los cinco huesos metacarpos.
Todo ello lo hacía con la vista hacia la mano, mordiéndose la lengua por sus costados – a veces llegando a tener dolor y otras veces consiguiendo un ligero masaje-.
Nunca se supo de donde venía esta fijación por masajear metacarpos y morderse la lengua, ni porqué en otras ocasiones hincaba las uñas de los pulgares sobre la piel que estaba debajo de sus largas uñas para para conseguir un poco de padrastro.
Tal era su manía que ni él mismo recordaba tener los dedos meñiques más desnudos que como Dios los trajo al mundo. El resto habían sido carcomidos por los nervios en otros tiempos peores, pero que con la llegada de la tierna madurez la piel de los dedos restantes vivieron en paz. A pesar de todo, cuando más lo hacía más libre se sentía.
En ese querer y no poder parar, Luke tenía que intentar hasta sacar algo de sangre. Ya había superado la fase de los metacarpos y ni una buena frotada de esa pequeña balsa que se genera al estirar el dedo índice y el pulgar conseguiría que Luke no se arrancase un trozo de piel para que no quedase ni un rastro de piel muerta ondeando como una bandera.
Se abrió la puerta y apareció una sombra iluminada de metro ochenta. Era Will, que no podía comprender aquel sórdido espectáculo. Él no sabía de pasos, de supersticiones ni de trastornos. Tan solo veía a su amigo en una posición casi fetal mientras lanzaba al aire pequeños quejidos.
-Dios, Luke. ¿Qué haces? – decía Will, ya vestido con camisa de cuello de pico verde con rallas azules, con su fuerte melena negra peinada como si una vaca lo hubiese lamido hasta la nuca y sus ojos marrones provenientes de su origen italiano mirando intensamente a la hoja mientras sostenía una taza con café con leche-.
-Nada. Ya he parado.
Estaba el ordenador portátil de Luke tirado en el suelo, casi destrozado.
-Tío, tienes que relajarte, en serio. Ahora no puedo hablar contigo, pero tienes que parar.
-Estoy bien, estoy bien – dijo Luke, con el sudor chorreando por su pecho, sus brazos, palmas de la mano. Por todo su cuerpo-. Tranquilo, estoy muy bien. Buff, qué calor hace– dijo mientras su respiración se ralentizaba y se abanicaba con el cuello de la camiseta-.
Will era lo contrario a su amigo. Tenía una sonrisa blanca y lúcida, y eso era lo que más llamaba la atención a las chicas. Para ser inglés parecía un poco italiano. Y era algo normal, pues su familia paterna era de Roma y la materna de Londres.
Llevaban cinco meses en la capital española y Luke apenas había disfrutado del ambiente de los bares, restaurantes, discotecas del barrio y de los demás rincones de la ciudad.
Will estuvo pendiente de su amigo mientras pudo, aunque no dejó de lado su vida social. A fin de cuentas, no podía sacrificar sus veinticuatro años por un amigo que durante los últimos meses no se había dejado ayudar.

Poco a poco se fue adaptando a la vida en Madrid, y al idioma, que era su mayor problema. Si bien el nivel de español de Luke era bueno, su carácter le hacía trabarse al hablar con personas con las que no tenía confianza. Will no manejaba tan bien la gramática como Luke, pero se hacía entender más rápido. Eran personas distintas, y encima Luke vivía en una eterna amargura autodestructiva. No salía casi de fiesta y pocas veces quedaban para tomar algo a última hora de la tarde.
Cuando ya Will creía que vivía con un extraño en vez de con su amigo de toda la vida, Luke le sorprendió con una petición:
-Oye, he pensado que igual hoy podría ir contigo al bar ese al que vas con los de clase.
Will, que se estaba anudando la corbata, se dio la vuelta.
-Vaya, no me creo lo que estoy oyendo- le dijo con cara de alegría-. Sí, por supuesto, pero tienes que arreglarte rápido. He quedado en diez minutos.
Los dos jóvenes llegaron al bar a la hora, y nada más sentarse pidieron dos cervezas. Will comenzó a chapurrear español con sus compañeros españoles, todos estudiantes de ingeniería como él. Luke, que no entendía gran parte de la conversación – asuntos sobre aparatos electrónicos que el desconocía en su mayoría- , se mantuvo durante media hora sin mediar palabra.
De repente, se hizo el silencio en la sala y las luces del techo se volvieron tenues. El escenario que había al fondo del local se iluminó y apareció de la nada una joven de espaldas que empezó a tocar una melodía junto a un hombre vestido de traje y sombrero que aparentaba ser su acompañante. El público empezó a murmurar cautivado ante la sorpresa que suponía esta actuación. La chica comenzó a cantar una canción en verso.
Luke, quedó absorto ante la voz de aquella joven que vestía una túnica blanca hasta las piernas y unos zapatos también blancos. De repente, la chica se levantó y dio la vuelta para seguir cantando ante el público en lo que parecía ser la parte excitante más excitante de la canción –por el tono sensual en que la cantaba-.
Mientras tanto, Will y sus amigos empezaron a reírse en voz baja con la mala suerte de que en ese momento la joven se percató de la escena y decidió acercarse de forma juguetona a su mesa mientras recitaba de nuevo las tres palabras más repetidas de la canción: ‘Azul en verde'.

Haces crecer al árbol caído
y buscas ser la persona más perfecta.

Mirad,
¿quién puede decir
que no estaría
toda una vida
con esa mirada
de esos ojos paradisiacos
teñidos de verde?
Pues tus ojos son...

Azul en verde
que reflejan
una luz ajardinada
en el lago del paraíso
en el que disfrutar
de los sueños
disfrazados
de gotas de añil
que se mueven
al ligero movimiento
del viento
y de tu tacto perfecto
cuando juntos nos metemos dentro.

Azul es el paraíso contigo,
azul en verde
que iluminas a los dos
el camino para evitar
la soledad
de no poder ser yo
en la única verdad
que es este mundo marrón.

Pues así tú haz
con tu presencia a mi vida
un paraíso de prados,
árboles,
y lagos.

Convierte mi mundo
en dos colores
y así tendré mi versión
de azul en verde...
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“A orillas del Pacífico”

La chica recostada,
Con su velo dorado.
Sus ojos retozaban,
En mares plateados.

Las olas brillaban,
En rocas mojadas.
Su vestido blanco,
Con el aire jugaba.

Sus pies delicados,
En la arena morían,
Y las caracolas,
Por el horizonte se oían.

La Luz del Pacífico,
Los iluminaba,
A los cabellos negros,
A su rostro cansado.

Por los tiempos de los tiempos,
Yo aquí yacería.
Sentado a su lado,
Yo aquí moriría.
Por un roce suyo,
Mi alma daría.
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Ella

Ella es todos mis días.

Ella es todas mis ganas de comerme el mundo,
ella es todas y cada una de mis razones para levantarme,
y verla sonreír.

Ella
le pone ganas y a mí
ya no me faltan razones para vivir.

Que si vivimos es por mutuo acuerdo de dos corazones,
que ella late y yo respiro.

Que la respiro en cada una de mis inhalaciones,
que ella es el mejor aroma que me ha puesto la vida delante.

Ella
es cada uno de mis pensamientos,
que si no pienso es porque me quedo embobado admirándola.

Ella,
tan ella, tan única,
tan compañera, tan alocada,
tan divertida, tan simple,
tan madre, tan mujer.

Ella,
solo ella es mi vida.
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¡No sé a qué juegas!

¡No sé a qué juegas!
Parece que te gusta verme sufrir.
Yo no soy una de esas canciones
que sueles ver nacer.

A ti te gusta jugar con fuego
y yo soy hielo, que puede quemar mucho más de lo que piensas.

No seré yo quien te de el puto placer
de que veas cómo sufre un corazón,
no seré yo
quien no aparezca por los bares por miedo a las reacciones.

Yo soy más valiente de lo que te piensas,
que para ti será un día 18 cualquiera,
pero yo ese día iré más guapa que nunca,
tendrán envidia hasta las paredes de lo que tú te pierdes.

Quizás tome alguna copa brindando por ti,
por tus miedos,
por tus inseguridades,
pero escuchando de fondo un amerizaje a mi vida.
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Cicatrizador de sentimientos

Desde hoy ya no soy poeta,
prefiero que me llames:
cicatrizador de sentimientos.

Que la palabra poeta
no es un traje que esté a mi medida,
sobre todo desde que últimamente esa palabra se relaciona con poesía urbana,
con egos,
con plagios,
con garitos que sirven de excusa para ir a recitar
y terminar en la cama con cualquier fan.

Desde hoy yo soy un cicatrizador de emociones,
que puedo y deseo suturar un corazón con mis letras,
o puedo hacer una operación a corazón abierto, mientras te torturo haciéndote la peor herida emocional.

Tendré en cuenta tu estado emocional y,
si necesitas ser feliz,
haré que dibujes sonrisas por todas partes;
si necesitas recordar,
haré de la nostalgia una vacuna recuerdaviejostiempos,
y si necesitas llorar,
haré de mis versos un bálsamo secalágrimas.

Pero ten claro
que no es lo mismo un poeta
que un cicatrizador de emociones.
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La chica de la toalla

Eran las 7 de la noche y me encontraba sentaba en la orilla del sofá-cama observando las paredes color marrón que me rodeaban, colgando de ellas, algunas fotografías en blanco y negro, frente a mí una vieja consola musical y a no más de 8 pasos ! literalmente ! Se encontraba el baño o al menos eso parecía ser , tenía un espacio para regadera, pero claro, sin la presencia de ella, en total, el dichoso estudio era un espacio de 3 x 6 metros, sin ventanas, sin entrada de aire; si bien era un lugar muy limpio, todo era anticuado y destilaba nostalgia en cada ladrillo, en cada clavo y en cada accesorio que ahí se encontraba.

No es posible, ¿En qué lío me he metido? ¿Podré soportar algunos días?- me repetía a mi misma.

“Solo serán un par de semanas, es un estudio pequeño pero funcional” escuchaba una y otra vez la voz de una de mis primas quién me ayudó a conseguir este pequeño pero demasiado pequeño espacio de alojamiento provisional.

Yo trabajaba en Monterrey, Nuevo León, en una empresa dedicada al desarrollo e implementación de sistemas informáticos, debido a ello me asignaron acudir a la ciudad de México a implementar un software por un par de semanas, pero me advirtieron que el hospedaje corría bajo mi cuenta, accedí de inmediato y sin cuestionar, debido en parte a mi inexperiencia laboral, en fin, preparé todo para el viaje y ahora heme aquí, en un lugar lleno de viejos recuerdos, tremendamente pequeño y sin agua caliente para tomar un baño.


Me encontraba pensando en alguna posible solución, cuando unos leves toquidos en la puerta me hicieron sobresaltar, al abrir me encontré con una señora de más de 60 años, delgada, tez morena, cabello blanco perfectamente recogido en un chongo y con una sonrisa de lo más cordial, quién me extendió su mano diciendo:

- Hola, tú debes ser Camila, yo soy Soledad y vivo enfrente, Rubén me dijo que no hay agua caliente en el baño, entonces quiero ofrecerte mi casa… con baño por supuesto - me decía sonriente.

- Le agradezco de todo corazón, Soledad, pero no quiero dar molestia alguna y menos despertarle tan temprano.

Ella, sonrió dulcemente - Vamos, no te preocupes, que yo me levanto todos los días a las 6 de la mañana; a mi edad me encanta mantenerme activa y madrugar, además, sólo estamos Carlitos que es mi nietecito y yo, así que nos haría bien, ver una cara tan linda como la tuya.

Hizo que me sonrajara.

- Gracias, que amable - y pensé: "Por el momento no tengo otra opción “ - entonces nos vemos mañana.

- Muy bien, Camila, ya te dejo descansar - dijo, mientras me tomaba por ambas manos y me daba un tierno beso en la mejilla.

Me senté en la orilla del sofá cama, respire profundo y me dije “Al menos tendré un baño con agua caliente, sólo son un par de semanas y únicamente es ella, que parece muy dulce y su nietecito, el cuál espero que no sea un chamaco malcriado ”.

Al día siguiente a las 6:30 tomé mis cosas de baño, mi ropa, toalla y crucé la calle en pijama esperando que nadie notara mi presencia, toque el timbre del zaguán color verde pistache.

- Voy, linda- reconocí la voz de Soledad.

- Pasa, estás en tu casa, Carlitos aún está dormido, así que no te preocupes, ven, aquí está la recámara con baño, siéntete como en tu casa, por favor, ¿ Quieres?

- Gracias, gracias de verdad - le decía, mientras cerraba la puerta de la recamara y colocaba cuidadosamente la ropa que usaría más tarde. Aunque para ser sincera, me sentía totalmente fuera de lugar, en una casa ajena, con personas que no conozco.

“ El baño me ayudará bastante” así que trate de disfrutar el momento, al cabo de unos 10 minutos ya estaba saliendo de la ducha, tomé mi toalla y la enrede sobre mi cuerpo y dejé caer mi cabello aún mojado sobre mis hombros, salí del baño estirando un brazo para tomar mi ropa cuándo, se abrió la puerta y apareció un joven de unos 20's con la cara desaliñada, despeinado, él cuál me miraba con tremenda sorpresa y abría una y otra vez sus ojos.

Me quedé helada, no sabía qué hacer.

- Perdón- por fin pudo articular unas palabras - Soy Carlos y tú debes ser.. la vecina de enfrente - decía - mientras se limpiaba los ojos y estiraba su mano derecha para saludarme, por un instante, mi reacción fue corresponderle pero recordé que con una mano estaba sujetando mi toalla y con la otra sujetaba mi ropa, el color subió a mis mejillas.

- Este … mmm soy Camila, mucho gusto- y lancé una mirada a mis manos -Disculpa.

- ! Oh si, perdón! te dejo sola - decía mientras se dirigía a la puerta rápidamente.

- No me está pasando esto ! Por Dios! no quería salir de la recámara, me temblaban las manos y no sabía si reír o llorar, así que este chico, es el nietecito y para colmo de males era muy, pero muy guapo, si bien no era tan alto, su rostro de tez blanca y facciones bien definidas contrastaban con el negro de su cabello y el color claro de sus ojos.

“ Demonios, en qué momento se me ocurrió aceptar todo esto” me repetía, mientras terminaba de cambiarme, aún con el cabello húmedo y mis mejillas sonrojadas, decidí salir de la recámara y afrontar con la mayor valentía posible dicha situación.

Al pasar por el comedor, lo escuché nuevamente:

- Hola de nuevo. -

Está vez, Carlitos ya estaba bastante presentable, con camisa de vestir y corbata, terminando de desayunar.

Yo aún me encontraba despeinada y sin maquillaje.

- Ya conociste a Carlitos, ¿Verdad, que es el más guapo del mundo? … es mi vida entera.-

- Vamos abuela, tú lo dices porque me amas demasiado - contestaba Carlitos, mientras le besaba muy tiernamente la mano.

-Anda siéntate con nosotros. -

Yo me seguía muriendo de pena.

- Muchas gracias, Soledad, pero quiero llegar temprano al trabajo, es mi primer día y aún no sé ubicarme bien.

- Tienes mucha razón, bueno, ya mañana me contarás como te fue hoy, anda Carlitos acompaña a Camila a la puerta, no seas grosero, nos vemos mañana y por favor promete que pasarás a desearnos buenas noches. -

Yo asentí cortésmente.

Ahora sí puedes saludarme- dijo Carlitos tendiéndome su mano derecha - No tengas pena, te prometo que sólo ví ese hermoso par de ojos negros.

Quería salir corriendo, pero él, tenía prisionera mi mano y parecía disfrutar su travesura.

- Nos vemos mañana … ! Chica de la toalla !

- Si claro, ¿Me devuelves mi mano? -

- Sólo si prometes, volver hoy a cenar.

- Este… si, claro que si, por supuesto.

- Confiaré en tí -dijo arqueando sus cejas.

Él me soltó y desaparecí lo más rápido posible.

Ese día, saliendo del trabajo pase a una ferretería a comprar una resistencia eléctrica y tomé lo que en México, llamamos un baño a jicarazos.

Por las siguientes semanas, seguí visitando a Carlitos y a la gentil Soledad, hasta que por fin, terminó mi proyecto, en esa gran ciudad de México.

Moraleja : La edad de los nietecitos recuerda siempre, pero siempre preguntar.
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Berenice

Después de que la lluvia ha cesado, las adoquinadas calles de San Miguel,
se adornan con los collares de la nieve. Y más hermosas aún se ven cuando
Berenice camina entre ellas, aunque solitarias, ella se atreve.

Lleva consigo un bolso cargado de ilusiones. Visita corazones rotos y
quebrados que el tiempo les ha dejado huellas profundas. Ella sabe de eso
pues hace un tiempo un amor le dejó un rincón a oscuras.

Ha decidido permanecer soltera por convicción, sin embargo,
desea acariciar y rozar el viento que le hable de amor,
camina segura y gallarda, espera paciente que sea contestada su oración.

Mientras eso sucede, no se agobia, su rostro es bello,
sus sentimientos son soles que calientan el alma del necesitado,
todos le aman. Su sonrisa es agradable y sus ojos derraman compasión,
a todas aquellas personas, que por alguna razón se han cansado.

Ella es, Berenice…
Camina, sola, pero acompañada de ilusiones y pensamientos
de los cuales nunca tendrán jamás una partida. Por eso cuando se le ve caminar,
aún de espaldas, se le reconoce, por su simpatía y el mundo la alcanza
para decirle: “mil gracias, por tus alegrías compartidas y pasar por esta calle cada día”


Letizia Salceda,,,
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13comentarios 346 lecturas versolibre karma: 97

Bote chiquitito

Todo un océano de calma
en el medio
un bote chiquitito
en el bote
vos y yo
y las sábanas del bote
y ningún problema
y todo en mi habitación

(y navegamos hacia arriba
porque no sabíamos de física)
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La chica del gato

Es Mi chica.

Ella es mi chica al despertar,
cuando al abrir los ojos ilumina su habitación.

Ella es mi chica cuando se levanta,
se quita la pijama y se lava los dientes.

Ella es mi chica al momento de cepillar su abundante cabello.
Cuando acomoda sus rizos negros.
Cuando peina su fleco.

Ella es mi chica cuando sonríe,
cuando muestra sus vampíricos colmillos.
Cuando escribe,
cuando lee
y cuando canta.
Y cuando canta es más mi chica que en cualquier otro momento.

Ella es mi chica cuando sus dedos acarician su piel.
Cuando sus uñas blancas se introducen en su ser.
Cuando cierra los ojos.
Cuando gime.
Cuando tiembla.

Cuando llega al orgasmo.

Ella es mi chica cuando regresa en la noche a la cama.
Cuando se arropa entre las sábanas y dice mi nombre.
Cuando me dice "buenas noches"

Ella es mi chica antes de dormir.

Ella es mi chica durante el día.

...y me gustaría saber si también lo es mientras duerme, si lo es también en sus sueños.
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Nada más

Esa primera vez que eres consciente de que posees un hogar propio, solo para ti.
Y nadie más, que tu no quieras.
Y que miedo.
Que miedo de y por todo.
Lo habitas, lo llenas de tesoros, de fotos quemadas,
de recuerdos y regalos,
de olores asociados a personas,
y personas con olor propio.
Le atribuyes a la soledad las mismas propiedades que a las sábanas de tu cama.
Y entonces, como en un eclipse
colisionais, ella y tu.

Y creyendo que es ella, le dejas entrar.

Y te moja las sábanas,
y la pierdes en un laberinto de gemidos.
Le permites tu boca, tu cuello, tus abrazos.
Y, comienzas a abrir cajones y a sacar cosas, secretos, daños.
Y temblando, y fingiendo que todo está bien
te desnudas, de dentro hacia afuera.
Se hace con un sitio propio, ahí, en tu almohada,
justo donde solían estar tus miedos.
Ya tiene la mitad de tu armario hecho suyo,
más de tres cuartas partes de eso a lo que llaman coraza,
y tu, corazón.

Te lo dije corazón, no era la hora;
ni ella la ola que te devolvería al mar.


Y vuelves por primera vez a visitarte por dentro desde que se fue
de golpe, sin dejar nada,
ni siquiera por equivocación.
Solo corridas sin sentido y cortes,
muchos cortes.
Y que vacío todo.
Y que sin sentido de los huecos de tu cuerpo sin tener nada con lo que encajar.
Mirarte al espejo y no ver ninguno de los arañazos que te escuecen por dentro.
Ese poder de cambiarlo todo y de romperte el alma que le diste.
Esa manía tuya de hacer del corazón tu mejor hogar
para luego entregárselo a la primera que te sonríe con los ojos
y 'que haga con él lo que le de la gana'.
Que manía con joder hogares.
Y personas.
Que manía con jugar con los corazones como si fueran globos.
Y así pasó.
Con frío, en plena intemperie.
Y todo en ruinas.
Un eclipse, nada más.
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Conozco a una chica

Conozco a una chica.

Y no es mi novia ni nada por el estilo,
solamente es una chica, como muchas que hay.

Conozco a esta chica
que huele a café,
que gusta tomarse fotos.

Conozco a esta chica
que gusta de leer y canta muy bonito.

Y me gustaría estar un día con esta chica.

Pero no me malinterpretes,
me gustaría estar con ella
sin que ella lo supiera.

Me gustaría ver como la luz del sol ilumina su rostro cuando se despierta,
cuando talla sus ojitos al primer bostezo.

Me gustaría saber si cuida de pisar con el pie derecho al bajar de la cama,
si es que cree en la superstición.

Me gustaría saber que hace después,
si busca sus lentes,
su cepillo de dientes
o el cepillo para alaciar su oscuro cabello.

¿En quién pensará?
¿Dirá alguna oración?

Iría con ella al baño cuando se fuera a duchar,
pero prometo no espiar.
Lo juro.

Es que solo quiero escuchar como canta

pues ella canta
ahi
en la ducha.

Me sentaré a su lado mientras desayuna.

¿Leerá un libro?
¿Checará su red social?

Estaré a su lado mientras tiende la cama,
dobla la ropa,
hace sus llamadas.

Me gustaría saborear los chocolates
que ella saborea.

Pues ella es especialista,
conoce los mejores chocolates.

Me quedaría a su lado
admirando la belleza de su mirada.

¿Quién será el que ocupe tus pensamientos, flaca?

Saldría con ella cuando fuera a trabajar.
Las calles que recorre
las recorreremos juntos.

Pero claro, ella no lo sabría.

Esperaré a la hora de su salida.

Y volveré con ella por esas mismas calles oscuras,
escuchando la música de sus audífonos, saboreando las golosinas que ella deguste.

Me gustaría quedarme sentado a su lado
con el libro que lee ahora.

Y la observaré fijamente mientras cena.

¿Habrá tristeza en sus ojos?

¿Melancolía?

¿Añoranza?

Me pregunto que hará antes de dormir.

¿Rezará?

Tal vez diga una oración.

Y al final del día
veré como se acuesta en su cama,
cuidaré de sus ojos,
hasta que se cierren por completo.

La arroparé
y me quedaré a su lado acariciando los rizos
que bajan por su frente.

Entonces me quedaré dormido.

Y le diré "hasta mañana nena, descansa"

Conozco a esta chica.
Que no es mi chica.

Y ella es un amor.
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