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Recuerdos de cristal

Su mente se encuentra atrapada
en una mente frágil, de papel,
que sólo libera sus recuerdos
cuando se pone a llover.

Desconoce el paso del tiempo.
Ahora es un niño que mira
los diferentes colores
de los botellines de cerveza
en el almacén del bar de sus padres.

Cinco minutos más tarde
se ha casado y tiene tres hijos
aunque no recuerda sus nombres,
ni su edad, ni la sonrisa traviesa
de la más pequeña,
cuando sólo tenía tres años
y quería tocarlo todo.

Su hija es su hermana ahora
y van juntos al colegio
compitiendo a ver quién de los dos
se sumerge en el charco más profundo.
Él es el mayor y la defiende
cuando otros niños se meten con ella en el patio,
incluso una vez llegó a pelearse
por ese motivo con su mejor amigo.
¿Cómo se llamaba?

Volvemos a las paredes blancas de su habitación,
dos mujeres desconocidas le han atado a la cama.
Ahora tendrá unos nueve o diez años,
y sólo ve las paredes blancas, las sábanas blancas.
Y una luz en el centro, compuesta por pequeños trozos
de todas las botellas que espiaba de pequeño
y la habitación se rompe en mil pedazos,
en recuerdos de cristal que hubiera deseado olvidar.

Como aquella noche
en la que vinieron a buscar a su padre,
como a tantos otros,
y después se oyeron disparos en el cementerio,
las huellas siguen estando ahí,
en las paredes de su memoria,
aunque a veces no sepa quién es
ni por qué se encuentra en ese lugar.

Y aquella noche en el monte,
de entre los matorrales salieron dos mujeres malas
que teniéndole atado le obligaron a tragarse unas pastillas.
Recuerda que le provocaron un sueño tremendo
del que con suerte, no hubiera vuelto a salir.
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Estaciones

Esperando en la estación
pienso que tal vez no merezca la pena
subir al siguiente tren
sólo porque siento que mi vida aquí se ha desgastado.

Si fuera la primera vez…

Pero ahora puede que sólo sea
que me he acostumbrado al tacto frío del metal,
al mundo que se mueve tras las ventanas,
a la falsa comodidad de los asientos
y la sensación de soledad en un vagón repleto de gente.

Pienso en cómo me verán los demás,
disfruto de la comodidad de ser otra persona,
de pensar que puedo escapar de todo este desgaste,
volver a empezar de nuevo en otra piel.

Ya no sé qué espero encontrarme
cuando el tren pare en la siguiente estación.
No sé si es posible escapar
porque todo está dentro de mí.

Y yo que creí que los astros me protegerían,
pero son los mismos en todas partes,
tan inalcanzables, igualmente indiferentes.

Y, no, sigo sin tener nada claro
que todo esto merezca la pena
parar en una estación o en la siguiente
da igual lo que me encuentre.

Porque volverán los días
de medicación y alcohol,
el opio para las noches
en las que no puedo dormir,
la agónica espera
de un mensaje,
de una llamada
que me diga que te importo
que sólo quieres que vuelva
de mis viajes para acurrucarnos juntos
y volver a olvidarnos de nuevo
de quienes somos.
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