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Rojo, rosa

Aún recuerdo el pasto verde
donde nos abrazábamos
y florecían los sentimientos
como rojo, rosa

aún recuerdo tu sonrisa
y la mirada perdía en los árboles

pero como rosa roja
el pálido color llego con la temporada
arrasó el verde donde dormitabamos
se llevó el corazón acelerado

junto con la primavera esperada.
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Inocencia

Extraño tu inocencia
con la que desconocidas el mundo
y me quitabas la ropa
temblorosa

perspicaz
sonriente pero valiente
segura de darme tu luz
y entregarme tus oscuridades,

extraño tu inocencia
la que fue robada
por las garras inequívocas del destino
tomada

ultrajada;
y ahora que te vuelvo a tener
eres galaxia inexplorada
a punto de explotar.

-R.Vela.
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Atlante sin fuerzas

Sostenía tu amor
como un atlante,
no importaba felicidad
cuando tu cariño
estaba sobre la mesa
o sobre la cama
o sobre aquella habitación de motel
tan suave
tan exquisito
como tomado del fondo
de un anaquel
cuando no queda nada
cuando lo único eras tu,
pero ahora soy yo quien queda sin amor.

-R. Vela.
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Pasaje Casual #3

Fueron
pasando
los
segundos
y los amores,
los besos, los corazones
y aun no se
si era espacio o tiempo.

-R. Vela.
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sin comentarios 209 lecturas versolibre karma: 7

Rey

Rey del óbito
camuflado entre nuestras sombras
acosador de vida
déjame encontrarte

para que me despojes de este aliento mal herido
de las ganas tiradas en el piso
y los charcos de lágrimas;
déjame mirarte fijamente

reencontrarme en el limbo de tus pupilas
hacer de este corazón herido
tu sirviente
para ver si siente algo diferente.

-R. Vela.
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Volver (a ti).

¿Has oído eso de que siempre volvemos a lo que nos hizo felices?
Será esa la razón por la que siempre intenté volver a ti, a pesar de todas las interferencias.
O de que todo el mundo veía que la vida me estaba gritando en la cara una y otra vez que esto no iba a ninguna parte.
Mientras yo me estaba haciendo la sorda aún cuando la miraba a los ojos.
Y ambas sabíamos que nos dolía.
Porque nunca he querido entender que hay cosas que directamente no están destinadas a ser.
Que hay estrellas fugaces que tienen que apagarse antes de dejarte pedir el deseo.
Que los dientes de león los sopla el viento si no los soplas antes tú.
Y que hay veces en las que las monedas no se reducen sólo a cara o cruz.
Pero la vida,
aquella tan guapa y tan zorra
dispuesta a pisotearte con los zapatos más bonitos que tenga,
quiere ver cómo aprendes a saber llevarlo.
Cómo te das cuenta de que estás intentando romper con la cabeza aquella piedra con la que hace ya tanto te tropezaste.
Cómo dejas ir todo aquello que no puede ni debe ser.
Aunque la herida aún duela y aún lo estés echando de menos.
Porque un día te hizo feliz y eso parece suficiente para justificar el hecho de que te quieras estar estrellando continuamente.
No creo sorprenderte si te digo que no lo es.
Realmente estoy segura de algo:
la hostia que te da la realidad nunca sabe bonito, pero al fin y al cabo te pone en orden.
Y es que ya dijo Dani una vez que lo bonito dura un rato y se vuelve a ir.
Aunque aquí siempre queda esa parte de mí,
que no deja de querer
volver a ti.

(Ojalá algún día te deje).
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Esta vez
se han chocado catastróficamente tu futuro y mi pasado,
han hecho que salten chispas para ocasionar un incendio que arrase con todo.

Para apagarlo han llovido pétalos
de lo que una vez fueron rosas,
manchados con la sangre que le regalé a todo el que me la pidió. Y dolió.
Pero se apagó, como todo lo que nace.

Me he visto mala cara y he salido a bailar con la pena para entretener a la alegría.
Luego me ha regalado un poema escrito con todas las palabras que algún día quise decir. Y me atraganté.

De camino a alguna parte creo que me han olvidado en algún rincón.
Como quien olvida detener al amor de su vida cuando se está subiendo a ese avión. A propósito.

Me he hecho con el amor de la poesía y la he hecho la red que me atrapa.
Para ver a la más guapa de mis musas cortarme la red y las alas, esperando a ver qué tal me sentaba la hostia.

He tenido que regalarme una fuerza que parecía no haber en ninguna parte, para poder aprender a lamerme yo sola las heridas.
Sin esperar a que lo haga nadie más.

No he podido evitar barrer bajo la alfombra todos los recuerdos de alguien que ya no está.
Para saber dónde encontrarlos por si los llego a necesitar.

Me he obligado a perder trenes, para evitar que me lleven a un sitio del que con esfuerzo logré escapar.
Aunque dentro estuviese el amor de mi vida gritándome que lo mejor era volver.

He dado mil medias vueltas al mundo para que me devolviesen las piezas que me faltan en el puzzle.
Y ha valido la pena tanto tiempo y tanto espacio.

Esta vez han pasado por mi cuerpo los fantasmas de unas cien primeras veces, y otras cuantas que no eran más que últimas.

Pero esta vez he aprendido que solo quedan unas cuantas veces más.
Que lo mejor que puedes hacer, es ser consciente de que esta es ahora.

(Y bailar, siempre bailar.)
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Naufragio

Tiemblan las sombras
por las veredas
de oculto llanto.

Lentas las horas
en que recuerdas
dolor tan alto.

Fragor de rocas
en la marea,
fatal naufragio.
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1comentarios 344 lecturas versoclasico karma: 30

Nocivo

De este cielo adulterado
que veo
apenas queda nada.
Ni siquiera escribir
con trazos de bilis
sobre los residuos
de lo indeterminadamente humano.

Este pordiosero que soy
de indumentaria marchita
sólo se reconoce
en los ojos de Ella.
Más allá del vocerío
y mi sonrisa diagonal
estoy yo solo, y ellos lo saben.
Como lo supieron
les poètes maudits
desde sus sonrisas examinadas.

Seré yo que confío en la aparición
de un nuevo otoño.
Por ahora los días pastan
en praderas de papel y aversión,
mullidos de caspa,
montañas de remilgadas
que confunden al inocente,
a veces agotado y obediente,
benévolo
me amoldo al quehacer monótono.

¡No creáis que ya he terminado!

En estos dedos rudos
de piel árida
que por más que nadie les entienda,
que por más que no consigan que llueva,
consiguen que broten ramas,
con su música atormentada
que burdamente me anima
a seguir enmascarado,
aunque siempre estuvo en mí
el esconderme de este mundo
tan nocivo.

Canet
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1comentarios 90 lecturas versolibre karma: 47

Deja fluir para avanzar

Nos hacemos adictos al dolor.
Nos ahogamos cuando el sentimiento de culpa simplemente nos impide respirar.
Quisiéramos poder abrir la garganta en un solo grito.
Pero con ello solo conseguiríamos herirnos.
Porque siempre eso será imposible en esta vida mientras las cosas se mantengan igual.

No podemos seguir intentando resolver la vida de otros.
Eso nunca llenará el gran vacío que tenemos en nuestro interior.
Porque para sanar debemos despertar.
Y tendríamos que desprendernos del apego falso que solo nos marca.

Reacciona y recupérate.
Nadie más lo hará por ti.

Porque tú no tuviste ninguna culpa.
Deja de cargar ese montón de lamentos que solo te doblarán la espalda.
Sólo conseguirás que te romperán en dos partes siempre desiguales.
Y no podrás unirlas de nuevo en un solo tierno abrazo.

Yo te creo, yo te perdono.
Porque por lo único que siempre fuiste culpable fue el tener una inmensa humanidad que se atesora.
Ahora en nuestro entorno eso es una joya preciosa.
Porque es un valor en exterminio en un mundo invadido por la falsedad.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
08/01/2017
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ii

Mi vida:
yo te juro que no sé,
que nunca he sabido
y que a largo plazo seguiré sin saber absolutamente de nada,
salvo que necesito que tú sepas que contigo
todos y cada uno de los males se me han curado,
que tus brazos me han cobijado
y me has sabido a la red que te atrapa al final del barranco
a la risa que rompe con estruendo los silencios del mundo
al abrazo de mi padre mientras me dice cuánto me ha echado de menos
a la primera gota tras tanta sequía
a lo rápido que se te escapa la vida
a lo poco que te importa cuando sabes que lo estás haciendo de puta madre
a la única flor que nace en un desierto en el que siempre es noche
a un ave que con alas rotas que vuelve a poder volar
a la verdad de tu beso en mi cadera,
que siempre ha sido como un templo
–aunque yo nunca he sido religiosa–
a uno de esos poemas que sabes que calan en lo más hondo de la herida
a la bandera blanca en una guerra
donde no ganan ni los buenos ni los malos
porque ganan los justos
a un cementerio que se hace fiesta celebrando la muerte de los fantasmas de otros recuerdos
que parecía que serían eternos para atormentarme
a la carcajada de cualquiera de mis hermanos
al trozo de madera que te agarras en un naufragio y te salva la vida
a todas las tonalidades de grises entre medias del blanco y el negro
a las luces que te guían a casa cuando parece que nada puede
a las hojas que susurran nuestra historia para que no la olvidemos
y a primavera
a toda la que me crece en el pecho
porque contigo aquí todo siempre parece abril
aunque no haya nada que pueda florecer.
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Y los nenúfares muertos

Ya no es ni un lago de nenúfares.
No es un arco que cruzamos
para darnos un beso.
Ni siquiera la sombra de un recuerdo.
Ahora es un caminar que sangra.
Es un navegar de espaldas
buscando dejarme caer
otra vez,
a los pies de tu cama.

Pero miro.
Yo bajo los ojos y miro;
y entre estas manos,
sabes?
nada.
Nada.
No oyes cómo me cruje el alma?
Cómo llora mi cuerpo aturdido
cada vez que respira mi aliento
esta ausencia demasiado áspera?
Yo aquí sin mí, sin fuerza,
con la vida doblada y tan
tan quieta...

Qué somos ahora sino algo sin palabra,
con la sombra atrasada
que va de la mano de su propio espanto.
Qué fue de todos esos llantos
que en silencio me bebí.
No, a ti no te borra el tiempo,
yo me sigo acordando de ti.

Y los nenúfares muertos.
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No te alejes

Todos los días es una lucha constante contra el tiempo, el destino que se empeña en arrancarte de mí.
Tengo miedo de olvidarte, que desaparezcas de mi mente, de mi vida.
Me duele besarte, abrazarte, hacerte el amor y todo tipo de arte, y que al abrir los ojos, no estés.
¡Cómo dueles!

Voy en busca de la soledad, en busca del mar, para que nuestras almas se cuenten nuestros silencios y llenen sus vacíos.

Mis pupilas todavía se dilatan cada vez que contemplo el inmenso verde océano como tus ojos. El mar me abraza, siento que lates dentro de mí, mi corazón se acelera, tiemblo. Mi piel se eriza al oír tu voz, son las suaves olas susurrándome al oído cada uno de tus sentimientos.

No te alejes, mi amor. No te alejes de mí, que me ahogo.
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El mundo duele

Duele con su aroma acre el mundo.
El mundo duele
en su podredumbre.
La vida
con crueldad
nos atenaza la garganta.
Y duele con su aroma el mundo.
Duele el mundo
y su fiereza.
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3comentarios 352 lecturas versolibre karma: 46

No cambies de canal

No cambies de canal.
No cambies de canal cuando veas
lo que mis ojos lloran.

No conoce los juegos de ordenador,
no se duerme con la luz
de la vaquita con luces rotativas,
ni llora para escuchar el cuento antes de dormirse.

Hace tiempo que no mira
los ojos de quien le parió.
Se marchó con el dolor en sus huesos
y se hundió en el fango de tantos olvidos.

Le rodea el mundo entero
y sólo ve espaldas de colores
con diseños de marca y moda.

Le miran de reojo…
a ese niño, a demasiados niños
que graba la cámara del mundo.

Una mosca recorre su rostro infantil.
¡Niño no mires así!
Que tus ojos enrojecen toda pasividad.

No cambies de canal…
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No volveré a permitir que te lleves la primavera

Lágrima. Grito. Golpe. Lluvia.

La rabia es efervescente,
y al ponerse en contacto con mi sangre
resulta un grito silenciado
y un golpe seco en las costillas.
Y duele, joder que si duele.

Vete.
Lárgate y deja la puerta abierta al irte
para que pueda respirar la libertad
que conlleva tu partida,
y no me olvide de que esa misma puerta
días atrás estuvo cerrada.

No pienso volver a creerte.
Ni a ti ni ninguna de tus historias
en las que el cielo nunca es azul
y los pájaros nunca tienen alas.
Por mucho que te empeñes,
yo voy a seguir creyendo
que la belleza radica en la diferencia
y que el puto amor verdadero sí que existe,
y es ese que se siente por uno mismo
y por todo lo que alumbra el alma.

Camino por un prado color verde esperanza
y cada margarita es un amanecer.
Me tumbo con mi dolor
y por un instante la tranquilidad cubre mis ojos.
Las heridas siguen ahí,
pero si no las veo duelen menos.

No volveré a permitir que te lleves la primavera.
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2comentarios 191 lecturas versolibre karma: 48

Duele

Fingir que algo no duele duele diez veces más.

Duele enamorarse
y puede que hasta desenamorarse.
Duele dejar
y duele que te dejen.
Duele el sexo por primera vez
e incluso cualquier otra vez.
Duele madrugar.
Duele la frialdad de la taza del váter por las mañanas.
Duele empotrar el meñique del pie contra la pata de una mesa.
Duele la regla y el dolor de tetas.
Duelen las mentiras y los engaños.
Duele la sinceridad en un mundo de mentiras.
Duele un azote mal dado.
Duele el sexo anal.
Duelen los domingos plagados de suspiros.
Duele un “hasta luego” que significa adiós.
Duele un hijo con problemas.
Duele un “¿ya está dentro?”.
Duele la traición de un amigo no tan fiel.
Duele la cabeza de pensar demasiado
y también de no pensar en absoluto.
Duele que a ti no te duela.
Duele el ridículo y el sonrojarse de vergüenza.
Duele odiarse a sí mismo.
Duele un 4,9.
Duelen mis rodillas cada día.
Duelen las palabras y duele el silencio.
Duele el corazón
pero puede que sean gases.
Duele la indiferencia.
Duelen las injusticias y los muertos de hambre.
Duele la mano de escribir por ti.
Duele estar solo
y duele estar rodeado de gente
pero saberte solo.
Duelen los ojos cuando te quedas sin lágrimas.
Duele ver que la gente no cambia
o que cambia demasiado.
Duelen los refugiados y los niños muertos en la playa.
Duelen las religiones.
Duele marcharse y no mirar atrás.
Duele olvidar.

Esta vida
duele vivirla.
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4comentarios 176 lecturas versolibre karma: 43

Quédate dentro

Quédate así, tan dentro
recorriéndome en las venas,
latiéndome en el alma,
acogido en mis rincones,
cobijado en regazo.

Quédate así, tan dentro
para que el viento no te azote,
para que el fuego no te queme.
Te encierro en las entrañas,
te escondo entre las palmas,
te siento resbalando por mi piel
suspendido en una lágrima.

Quédate así, tan dentro
para que el agua no te ahogue
para que la oscuridad no te alcance,
acunado entre mis brazos,
soñando entre mis labios.
Olvidemos este mundo
inventemos uno nuevo
sin espacios ni distancias…
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9comentarios 107 lecturas versolibre karma: 54

Tonto corazón

Tonto corazón te diste entero,
en cada latido decías ¡te quiero!
Sueñas en silencio que vives en su pecho,
pero ya estás muerto con su despedida.

Tonto corazón sigues latiendo,
no sabes que sin sangre ya no existes,
sangre que era tinta en su tintero,
con la que escribiste mil veces yo te quiero.

Tonto corazón te quedaste solo, triste, silencioso.
No entiendes razones ni motivos,
te perdiste en el espacio que él dejó vacío.

Tonto corazón enloqueciste,
no comprendes palabras ni sonidos,
solo oyes su voz en la distancia,
pero solo es el eco de su olvido.

Tonto corazón ¿por qué no mueres?
¿Por qué sigues latiendo adentro mío?
Mata este dolor insoportable
¡deja de latir ya!
¡Por tu bien y por el mío!
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sin comentarios 167 lecturas versolibre karma: 56

No hizo daño cualquiera

No hizo daño cualquiera, sino quien apartó esas ramas
ya secas que sobraban, y escarbó hasta el interior.
Desde dentro arremetió.

No quien quiso, sino quien esos antiguos males calmó.
Aquellos que entre silencio y silencio supo ver,
y simplemente acompañó.

No hizo daño cualquiera, sino quien era guía
de pensamientos, y ordenaba a estos ojos
donde mirar, a estas caricias qué dibujar.

Tampoco vino el daño sino de quien ese mismo privilegio concedió.
(No sé si en el mismo tiempo, no sé si en misma fuerza).
No es sino de quien también se desnudó.

Y aunque en el presente parezca falsa la vida que movió.
Duele por esa dicha. No era engaño: duele porque atravesó.

Es dolor porque dio vida.

Sólo daña quien curó
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6comentarios 186 lecturas versolibre karma: 63
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