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La palabra

La palabra

La palabra escrita no se pierde en el aire
la palabra escrita no se puede callar
grita cuando nadie la quiere escuchar.

Hay oídos por donde las palabras
no pasan y se convierten en agua
escapando entre los dedos

Se escribe para recordar y perpetuar.
escribiendo se ama, se enamora se seduce
se puede, odiar y hasta maldecir.

Escribo porque no sé escribir,
simplemente las palabras brotan
como manantial de las mismas entrañas

Escribo para sentirme viva
porqué a mis manos un lápiz y un papel
son como una amiga siendo mi mejor aliada.

MMM
Malu Mora.
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17comentarios 140 lecturas prosapoetica karma: 89

Flamenca

Una luz íntima envuelve el cuadro
y todo se conjuga,
para dar sentido al rasgueo
de una guitarra que llora.

Rompen las palmas
uniéndose a un cante desgarrado;
arrastrando en un quejido
el apasionado baile de una flamenca.

Con gesto fruncido y dominante,
la intensidad de su mirada
es un constante desafío,
reflejando el ardiente fuego
que ha crecido en sus entrañas.

Evocando mil andaduras
en un indómito
y salvaje taconeo contra el suelo,
proyecta un afligido lamento
que arquea
y tensa su cuerpo cimbreante,
mientras los dedos de sus manos,
dibujan en el aire
el sentimiento que le embarga.




Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/2017/11/26/escribe-tu-relato-de-noviembre-v-rosi-de-
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Siempre elegante

Como Hades emergiendo desde la profundidad de mis entrañas,

el otro día casi te deseo el mal.

Pero lo hice bien,

deseé tu caída amortiguada sobre ese lecho neumático,

del color del que nunca tintaría mi cabello.


Lo hice bien, sí.

Porque estando a finales de verano,

una sabe que no puede pedir primaveras tardías,

y hay un estatus de madurez y maestría que mantener.


Para que no corra la sangre, corre la tinta,

y te escribo sobre fases lunares,

con la esperanza de que entiendas mis cíclicos demonios.


No hallarás nada más puro y veraz,

contenido entre curvas y sensuales aromas.


Porque en ese lugar en el que temo tu orden,

yo desordeno la ropa y silencio los insomnios.
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11comentarios 218 lecturas versolibre karma: 97

Había una vez… “2” Cuentitos de horror y humor, sin pudor…

Había una vez… “2” Cuentitos de horror y humor, sin pudor…
Viviendo en los sueños…


Que sean felices y amados, nunca robados, nunca con finales de olvido, siempre aunque aburran repetidos hasta que los acabe un beso en la frente al final.

Y más personas que sin mundo se tomen las manos, se amen humanos, se acepten defectos, se amen sin promesas, desde celdas lejanas, entre condenas y presos, esperando otros tiempos mejores que estos, para amarse tras la misma reja, felices en un cuento sin perdices, ni finales y siempre puntos suspensivos…

Te Amo tanto que mi alma tiene cadena perpetua por culpa de la sangre de tus venas, que cuando no cantas me desvela porque arde y arde sin acabarse la vela…

Y sabes, que No hay borrón y cuenta nueva que te esconda, porque siempre te encuentro dando vueltas, sin decir nuestros nombres, y ahora dejas el silencio y hablas dormido, mientras yo sin cuento hago que te olvido pero no, no puedo, lo tengo por mi misma prohibido…


Vamos por las noches con cosquillas para que no falten las risas y con los ojos cerrados por los sueños, aunque acabemos en el suelo por no ver desnudos a donde vamos…


Había una vez un pequeño inquieto que visitaba a sus sueños siempre despierto, les cantaba en vivo hasta morir en su pecho, de nube en nube, de cuento en cuento, y sin cansarse, porque estaba casado volvía temprano a cambiar pañales, con la cola de diablo entre las piernas y las piernas cansadas, con el corazón lleno de amor para su enamorada, con la corona de Ángel un poco sucia y desgastada de tantos

saltos en la vía pública, culpa del smog de los humos, de las venus desnudas que calentaban motores en primavera y no dejaban diablos callados sin hacerlos goce…Había una vez, si, pero me salte las partes donde yo me crucé en su nube, y me caí… Por eso le empecé a escribir…

Una noche hicimos castillos de arena, armados de correrla mientras nos amamos, y con suspiros les hacemos las ventanas las torres y las puertas, para luego meternos, y quedarnos escondidos del mundo, Bien adentro…


Te beso las entrañas, porque ellas, en su espacio interior me extrañan horrores, desde que no las destripo para sacarle cada suspiro y hasta el hipo, donde repito de comerte y tragarte apurada, para devolverte a tu vida envuelto en un orgasmo de ensueños sólo, sólo, y sin rimas nuestro.

Te espero en el ascensor de los sueños, sin vecinos curiosos, entre medio de cualquier piso, con los espejos empañados y los otros mirándonos. Sin poder taparse los ojos, para que nos podamos ver mientras amamos al sueño, mientras subes y bajas indeciso y yo mordiendo en tu lengua un grito, en el entrepiso del descanso.


Noche de te llevo y me llevas y nos vamos de las manos y sin querer corriendo

Yo te dejo ungüento para que pases en tu pecho para mi resfrío cuando apoye el mio y la polla quiera poner huevos mientras cacareo un cuento desde el gallinero donde estamos presos y no hay gallina que no deje de envidiar mi polla, ni gallo que no quiera la doble pechuga mientras desplumamos nuestros sentimientos y luego me quedo ampollando los te quiero desde lejos viendo como vuelas con tus sueños a tu puerto, a tu granero…

Hay cuentos que se ahogan en sus bosques de hadas, cuando buscan duende de orejas largas, hay otros que se leen en la arena de los desiertos, hay microcuentos que atraviesan mares para besar los sueños, aunque sea en silencio, y aunque son puro cuento siempre a alguien, le hace ilusiones, que los soñemos…


Se duerme el Príncipe sapo y la princesa en la torre llora, porque no pudo besarlo… Porque lo vio desde arriba tan guapo de verde limón en la fuente y no pudo tirarle monedas para cambiar su suerte, para que no se duerma lejos de su torre, que no puede bajar, que no tiene escaleras y le da pena anudar sus sábanas vírgenes de seda…

Ella le dijo no te quiero y clavo un alfiler en su pecho para no sentir el dolor de estar mintiendo, para que el corazón sólo notara el alfiler y no se enojara, por mentirosa… ella le mintió y ahora la luna no la mira y el mar ni un hola y la arena se esconde en relojes de tiempo perdido para que no lo encuentre, cuando sueñe, ni lo llegue a abrazar cuando esté dormido…

Buenas Noches… (Lola)

soundcloud.com/lola-bracco/habia-una-vez-2-cuentos-para
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A la soledad yo la acompaño

A la soledad yo la acompaño
para que no se sienta sola
un café por las mañanas
un buen vino por las tardes
ella atenta a mis lecturas
en silencio sigilosa
va siguiendo mi escritura

"Mientras oímos música
de antaño como fondo"


No sé sin mi que haría
se ha encariñado conmigo,
ella, buena musa ha sido,
yo su total compañía.

¿Separarnos ?
¡ ni pensarlo!

Ella y yo somos
como esa antigua poesía
de la época de las cruzadas
la cual así rezaba;

"Un caballero tenía
un daga atravesada
en medio de sus entrañas,
muy serio dijo el galeno
si se la dejo se muere,
si se la quito lo mato"


Así se volvió la ingrata;
la soledad es como una daga
si me la quedo voy muriendo
y si me la quitan me matan

MMM
Malu Mora

Imagen de tomada de internet
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12comentarios 136 lecturas versolibre karma: 138

La última fila

Mi padre era alcohólico,
casi siempre estaba ausente.
Excepto cuando nos dedicaba
temerosas muestras de cariño
o excesivas de violencia.

Mi madre se enamoró de él
y se casó muy ilusionada.
Nunca más estaría sola, pensó
hasta que,
diazepam tras diazepam,
olvidó aquel desvarío
dedicando sus pocos momentos de lucidez
a llorar agarrada a los barrotes
del cabezal de la cama.

Los recuerdos felices de mi niñez
siempre acababan de forma terrible.
Era el niño que se sentaba en la última fila
y vivía feliz en su mundo.

Pero siempre había alguien dispuesto a sacarme de él.

En casa o fuera de ella.

Y con el tiempo aprendí, observando a los animales que me rodeaban
que uno sólo puede llegar a realizarse revolcándose en el dolor ajeno.

Nunca saqué muy buenas notas
pero acabé el instituto
entre el humo de la marihuana y
las canciones de los Smiths.

Escribiendo mis propios poemas sobre la mesa.

Un día mi profesora leyó uno de ellos
y vi, por primera aquella mirada.

La que significaba que detrás de aquel chico triste y solitario
se escondía alguien capaz de ser deseado,
porque la intensidad de mis pensamientos
rozaba la enfermedad mental al tiempo
que atraía los gemidos de placer más profundos.

Aquellos que siempre había escuchado en mi mente,
los que van a mezclarse ahora con tu dolor.

Esta noche tu vida acabará, con ella tus anhelos,
Las buenas notas que hacían sentir a tu padre orgullosa,
las vacaciones de verano en una bonita casa en la playa,
todos aquellos novios de una noche a los que te entregabas
como una guarra, sólo suplicando el afecto que te faltaba
y alimentando la sensación de ser deseada que te perdía.

Esta noche la sentirás, yo me encargaré de ello.
Viajaremos al fondo de mi subconsciente
para hacer realidad por fin mis deseos más ocultos.

Siempre te acercaste a mí por considerarme inofensivo,
razón por la que me contaste todos tus secretos.

Hoy seré yo quien te cuente los míos.
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A Lidianny en el umbral de sus seiscientos

(intento de rápido soneto)

Esos pedacitos de versos que
Conforman todo tu precioso ser
Con ellos se pudiera componer
Desde un sol luminoso hasta un quinqué

Y si me preguntaran el por qué
Diría que basta con reconocer
El jardín que has hecho florecer
Donde nadie decir podrá ronqué

Leyendo tus hermosas poesías
Brillantes por jocosas y muy buenas
Dan alegrías y quitan las penas

Además de brindar siempre ambrosías
En poema me puedes decir toqué
El corazón de todos por sus venas

@Saltamontes 15/12/2019
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En esta despedida (14)

Y justo, en el momento
en que el silencio del olvido,
anegue mis ojos y aniquile mi garganta…
¡podrás escuchar!
el desolador aullido de mi sangre,
manando a borbotones, de mi razón.

Y justo, en el momento
en que la densa bruma,
inunde mi pecho y apague mi conciencia…
¡podrás entrever!
la llama blanquecina de mi armazón;
dejando al aire, mi abrumadora soledad.

Y nada podrá borrar,
las exquisitas mieles que mi boca deseosa,
buscaba en tu boca generosa.
Y nada podrá diluir,
el inquieto aleteo que en mis entrañas
provocaba la sutil caricia
de tus manos ardientes.

Y ahora,
justo en el momento de la lenta
y desoladora despedida…
se calla mi garganta,
se ciegan mis ojos
y se secan mis entrañas.
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Ternura

Maldita sea la belleza de tus ojos,
cierro los míos y vuelvo a tu mirada,
destino indigno el de tenerte cerca,
ver tu cariño es miel amarga,
aún así no sé cómo regalarte el alma.-

Nunca podré alejarte amado mío,
a tu visión prendada esta mi entraña
Tal vez si ya no me sonrieras,
te perderías borroso en el olvido,
y volvería el gris plomizo,
a ahogarme en cada bocanada.-

¿Ves afuera mi silueta cada día?
Allí verás armada mi tienda
de viajera incansable que espera
otro amanecer, algún milagro,
que tiente tu ternura en la mañana.-
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El arte

No quisiste privarme de tus encantos,
y te alojaste en mis venas
incluso antes de que naciera.

Al principio,
eras ese cosquilleo en mis entrañas
de la incertidumbre y la curiosidad
por conocer.

Fuiste tomando forma
poseyendo cada recoveco
de mi cuerpo,
día a día,
año a año.

Te mostraste a través de palabras
danzando en mi cabeza,
que después tintaron
incontables folios en blanco,
de una inusual sensibilidad
que me ponía la piel de gallina,
que hacía temblar a mi alma.

Ahora puedo decir
que te has apoderado
de mi yo completo,
más allá de mi corazón
y mis huesos.

Eres una enfermedad que da vida,
y te expandes como el universo:
de forma acelerada e imparable.

Eres la causa de mi existencia.

Eres el arte.
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Fiebre

Fiebre

Soñé que tenías fiebre
y, entre sudor y temblores,
nos abrazábamos
mientras me repetías
que no te dejara ir.

Soñé que te atrapaba entre mis brazos.
Soñé que desaparecías para siempre.
Soñé como un insecto,
observando la escena pegado a la pared.
Desde arriba te mataba.

Me he levantado con fiebre esta mañana.
He desayunado un poco y me he vuelto a dormir.
La energía fluía
y escapaba lentamente de mi cuerpo.
Soñé que toda aquella energía podía destruir todo el universo.

Y, desde algún lugar,
una presencia extraterrestre me observaba.
Convencida de que mi mal no tenía cura,
arrancaba su nave a máxima velocidad
para destruir nuestro planeta.
El que soñamos tú y yo,
desgastando el sexo, sudor y nuestras lágrimas.
Alimentándonos sólo de la fiebre,
del deseo de ir más allá.

Ahora me encuentro en el purgatorio
y la escena se repite constantemente.
Llegan y lo destruyen todo.
Yo tengo fiebre y tú también.
Nos abrazamos y tú desapareces.

Porque esta noche he aprendido
que sólo puedo detener esta locura
abrazando fuerte tu cuello,
esperando que llegue el momento
en el que, por fin,
dejes de respirar.
Ésa es mi última posibilidad
de proteger nuestro mundo.

Y veo criaturas en las paredes,
vienen a por mí,
tiemblo sólo con la posibilidad
de pensar que podrían
volver a tocarme.

Abrazado a ti,
tiritando,
pensando en la posibilidad
de que vengan a buscarnos
de que esta fiebre acabe,
porque es lo único que nos mantiene vivos:
La necesidad de malgastar todas nuestras fuerzas
hasta quedarnos agotados,
tumbados el uno al lado del otro,
risa con risa nerviosa,
sólo esperando que nuestros cuerpos dejen de temblar
y nuestros sexos dejen de doler.

Y descubro la posibilidad de una noche más.
Deja de estar en guardia el universo.
Los moratones poco a poco desaparecen.
Puedo volver a besar tu precioso cuello.
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Un gran porvenir

Mi madre se casó muy ilusionada.
Todas las mujeres consideraban
que mi padre era un hombre bastante guapo
con un gran porvenir.
Pero, lo que más le importaba a ella,
era toda la retahíla de atenciones que le dispensaba.
Con él nunca estaría sola.

Pasaron los años, entre medias yo nací,
mi padre pasaba cada vez menos tiempo en casa.
Normalmente no salía del bar hasta que el camarero,
cada día de manera un poco menos educada,
le instaba a hacerlo aunque no quisiera.

Echaba la culpa de todos sus problemas a la crisis industrial
pero yo podía sentir la vergüenza que sentía
las pocas veces que se animaba a dedicarme temerosas muestras de cariño
para compensar el color gris de nuestras paredes.

Después empezaron las explosiones de violencia,
y lo que debió ser una niñez plena de recuerdos felices
se vio alterado por el llanto de una madre,
que diazepam tras diazepam, había olvidado sus desvaríos
aferrándose a los barrotes del cabezal de la cama.

Miraba a los otros niños desde un pupitre de la última fila.
La profesora me miraba con desprecio desde la pizarra.
Mis compañeros siempre se percataban de mi presencia
cuando necesitaban alguien con quien meterse
y no para jugar al fútbol,
escogiéndome siempre al final, de mala gana,
cuando había que organizar los equipos para un partido.

En fin, sólo me hallaba feliz dentro de mi mundo,
cuando imaginaba que tenía alas y podía volar
o una espada con la que cortar las cabezas de todos mis enemigos.

Aquellas imágenes me acompañaron desde que tengo memoria,
fueron ellas y la literatura los únicos lugares en que me sentí importante,
pero siempre estaba ahí la realidad dispuesta a sacarme de mis ensoñaciones.

Y con el tiempo aprendí, observando a los animales que me rodeaban
que uno sólo puede llegar a realizarse revolcándose en el dolor ajeno.

En el instituto me reinventé, era aquel chico triste y solitario
que se había comprado una chaqueta negra
con la palabra odio escrita en la espalda.
Yo me regodeaba en mi interior,
cada vez más, gracias al dulce humo de la marihuana
y a aquella música que potenciaba mis sueños
que, día tras día, se teñían color rojo, odio y rencor.

Nadie se preocupó nunca de los secretos
que se ocultaban detrás de mi mirada
hasta que llegaste tú,
preguntándome por aquellos poemas
que escribía en aquella libreta negra.

Te gustaban aunque nunca llegaras a comprenderlos del todo,
te parecían crueles y cercanos al trastorno mental
y siempre me regañabas por su oscuridad.

Tú, una persona cuya única preocupación en su niñez
fue la de crecer y ser feliz.

Me consideraste el amigo inofensivo
al que podías contar todos tus secretos.
Y, poco a poco, te dejé entrar en los míos
protagonizar las primeras fantasías
con las que me masturbaba,
donde mi placer se mezclaba con tu dolor.

Y es por eso que ahora te escribo esta carta
mientras estás tirada en alguna parte de ese bosque
donde lo único vivo son los insectos que devorarán tu carne.

Se acabaron las buenas notas
y los ánimos que te dedicaban tus padres,
tan falsamente amables conmigo y tan orgullosos de ti.

Se acabaron las vacaciones de verano,
tus historias acerca de todos aquellos tíos
a los que te entregabas
sólo por sentirte deseada.

Se acabó la universidad,
formar una familia,
trabajar como abogada defendiendo causas perdidas,
tantos y tantos viajes que tenías planeados.

Adiós a un gran porvenir que siempre todos te vaticinaron.

Esta noche hemos viajado al fondo de mi subconsciente
y, gracias a ti, he podido realizar mis deseos más ocultos.

Durante tantos años, he sido yo el guardián de tus secretos.

Por eso te lo debía, esto: ser la silenciosa guardiana de los míos.
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Por tí

Me he entrañado mil veces por querer buscar hacer lo mejor para ti, pero de tanto hacerlo me olvide de mí.
¡Sabés!
Por primera vez considero que una persona que no te permite pensar en si mismo, es una persona que no vale la pena.
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Zarpas que matan

Entorpece el cielo la mirada gris
que alerta del tiempo que pasa
como las nubes borrosas de agua
que esculpen penas eternas del alma.

La vida se enturbia con tu cara
como el bruno recuerdo ingrato
que atesora la zarpa que suprime y mata
para blindar un dolor eterno en calma.

Se pierde el miedo a la noche oscura
deshaciendo tus palabras en rima de plata
que versan cada una de tus farsas
reposando el silencio que acompaña y sacia.

Y me engancho al balcón azul del ocaso
para saltar hasta la última rama que aguarda
donde huir de tanto dolor certero,
que envenena horas y rastros,
que amarga la última luz de mis entrañas.
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Cuchillas (I)

Eras solamente un niño cuando nací,
cuando ocurrieron todas aquellas cosas terribles
¿Recuerdas?
Esperma y entrañas de animal.
Hombres santos murieron,
víctimas del fanatismo religioso.
Y tú tumbado llorando en el suelo,
frío de azulejos en tu rostro.
Eran el cadáver de tu inocencia.
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Cuchillas (IV)

Cogí a aquella muñeca,
pasado desesperado en soledad.
Ella tampoco era capaz de controlar sus recuerdos
y me dijo que le gustaba cortarse la piel.
Empezamos el ritual,
los santos lloraban excrementos
y yo acariciaba su cara con aquella cuchilla.
Sabía que Dios no me pondría límites
si conseguía destruir algo tan hermoso.
Entonces, lo tuve claro,
bebí su sangre y nos besamos,
hicimos el amor
hasta que nos explotaron las venas.
Entonces despertaste
y te convenciste a ti mismo
de que nada más había sido un sueño.
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2comentarios 58 lecturas versolibre karma: 39

En esta despedida (14)

Y justo, en el momento
en que el silencio del olvido,
anegue mis ojos y aniquile mi garganta…
¡Podrás escuchar!
El desolador aullido de mi sangre,
manando a borbotones de mi razón.

Y justo, en el momento
en que la densa bruma,
inunde mi pecho y apague mi conciencia…
¡Podrás entrever!
La llama blanquecina de mi armazón;
dejando al aire, mi abrumadora soledad.

Y nada podrá borrar,
las exquisitas mieles que mi boca deseosa,
buscaba en tu boca generosa.
Y nada podrá diluir,
el inquieto aleteo que en mis entrañas
provocaba la sutil caricia
de tus manos ardientes.

Y ahora,
justo en el momento de la lenta
y desoladora despedida…
Se calla mi garganta,
se ciegan mis ojos
Y se secan mis entrañas
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sin comentarios 15 lecturas versolibre karma: 20