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Sin título 3

En situación de dificultad
me abrigo con el pésimo optimismo del náufrago,
resisto agarrado a mi naturaleza,
flotando entre números rojos
y deudas que conocen
el estrangulamiento persistente del tiempo.

Y en mis costados germinan las incertidumbres,
esas incertidumbres que carecen de todo sabor,
pero da igual,
porque las exhibo en el escaparate de la pasión,
ahí perduran,
en la zona de ofertas,
lleve Tres y pague Dos,
sin caducidad, solamente con cobardía.

Salgo a la calle con una L de aprendiz,
con temor
a sufrir las catástrofes que nos concede la vida,
y aún así continúo,
me convierto en pájaro,
porque el pavimento de Madriz huele a averno
y el edén queda muy retirado,
porque la muerte no entiende de anuncios de felicidad,
y su baile no es precisamente de aficionados.

Braceamos, subsistimos, cada vez menos humanos,
cada vez más muertos,
pereciendo en un océano de incertidumbres.
Y no atisbamos tierra firme en el horizonte.

Canet
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Para Siempre

Fui alma, fui más que piel,
fui salvación y condena
y fui quien te hacía el amor
cuando para amarte bien
no alcanzaban las palabras
ni bastaban los poemas.

No me asustó la distancia,
no me venció tu silencio
y es que si una mujer ama
soportará con constancia
lo eterno de un para siempre
y la ausencia de un te quiero.

Y te esperaré callada
rezando a Dios por tu suerte
y alguna una noche estrellada,
meciéndome en tus recuerdos,
al aceptar que no vuelves
me sorprenderá la muerte.
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La poesía es un síntoma

Todo avanza,
la ciencia, la tecnología, el universo
y entre tanto desarrollo
e impresionantes adelantos,
nadie ha podido inventar una cura
para el amor y sus males;
El amor esa bonita y dolorosa enfermedad
que no tiene analgésico,
tratamiento ni vacunas
y de la que han muerto prematuramente
tantas almas tristes,
prisioneras de un cuerpo
que se niega a morir con ellas
mientras se aferra a la esperanza
de un milagro de resurrección
llamado regreso.
Extrañar y esperar, ¿lo han vivido?
Pues narran las estadísticas
que sigue doliendo igual hoy,
que hace 300 años
y que la esperanza no ha sido más que el respirador artificial que desde siempre
ha mantenido al desahuciado amante conectado a la vida.
El amor ha afectado a tantos
desde tiempos inmemoriales
que casi logran pasar desapercibidos;
a los que extrañan,
a los que esperan,
a los que aguantan,
a los que se les detuvo el tiempo en unos ojos,
a los que un beso les devolvió la vida
y a los que en vida murieron de amor
y aun siguen deambulando por ahí
como fantasmas,
a usted,
a mí,
jovenes o viejos,
nadie ha estado excento
no hay cura señores, están desahuciados
y andan sueltos
y aunque no lo crea
es fácil reconocerlos,
dicen que se les ha visto por ahí
escribiendo poesía.
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Vuelve la calma

Parecían apagadas las luces del patio.
El viento soplaba fuerte pero una llama quedó encendida para contagiarme una vez más de la magia de recordar lo que nunca se debe olvidar.
Aquí y ahora.
En un tejado sin sentir el frío en esta noche.
Invadida por una duda que aprieta.
Corro por las tejas que van cayendo hasta perder el equilibrio.
Me dejo caer por segunda vez. La duda desaparece.
El frío empieza a calar en los huesos y se mete en la sangre pero no consigue congelar lo que nunca estuvo helado.
Vuelve la calma.
Vuelve la tranquilidad.
Brilla el sol y sube la temperatura a pesar del noviembre.
Adiós a las tormentas y las ventiscas.
Un plácido y profundo sueño.
Un dulce letargo.
El poder de poder soñar lo que en la realidad no sucede pero que sucederá.
Hasta los sueños más bonitos se tienen cuando uno está despierto.
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Y te solté

Y te solté.
Te solté dejando atrás un rastro de puntos suspensivos donde ya no cabían más signos de puntuación.
Las páginas quedaron repletas de borrones y cuentas nuevas que nunca supieron de innovación.
Cada coma era un estirón más de ese cinturón que me apretaba el cuello, quitándome el oxígeno que me permitía pensar.
Los puntos y aparte ya casi podían darse la mano de lo cortas que se estaban haciendo las historias.
Nos estancamos en un bucle eterno de palabras que necesitaban un punto y final, pero claro, siempre nos han aterrado los puntos finales.
Y cuando ya no quedaba más inspiración para continuar, te solté.
Sí, te dejé ir con la esperanza de escribir una nueva obra llena de aventuras no tan trágicas, de desechar estos lápices de colores tan oscuros que deprimirían a cualquiera, y de que mis titubeantes trazados sean libres de una vez por todas.
Y te solté, y lo volvería a hacer una y otra vez, he descubierto que soy más feliz sin ti y que, seguramente, tú también lo serás.
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Lo último que muere es la esperanza

Más allá de la libertad y del deseo de querer conquistar al mundo.
Se encuentra la bendita esperanza.
Es ese deseo inaudito de esperar con paz que la oscuridad desaparezca.

La esperanza está agazapada.
Esperando cautiva que llegue la calma.
Lucha seguro por ella, nunca te defraudará en lo absoluto.
Porque tuya es la pelea por la vida.
Nunca renuncies y arrojes tu espada.
Porque a pesar de que muchas veces solo tropiezas y caes, las cosas que suceden pueden cambiar en un solo segundo.

Es muy cierto que no caerán manzanas del cielo.
Y que nunca de la noche a la mañana todos nuestros enemigos se evaporarán por arte de magia.
Pero si a diario pones fe en lo que crees y luchas fuerte para lograrlo.
Ganarás el éxito que es más que solo transcender brillando.
Dejarás historia, esa que nunca se olvida.
Porque lo último que muere es la esperanza.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
10/01/2017.
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Ella

Ella camina siempre sola
por las calles de Madrid,
érase una vez la historia
de una maldición febril.

Ella solo quería ser feliz
cuando su mundo se vació,
y ahora le toca vivir con
una herida en el corazón.

Ella no puede más,
se siente triste, sin ganas,
y etiquetada cual producto
a punto de caducar.

Nunca pudo evitar que
la soledad le atrapara.

No paraba de preguntarse
sobre lo que le llevó a
aquella situación.

Jamás halló respuestas,
todo el mundo marchaba
sin aportar una explicación.

Solo le queda echarse la culpa
aunque eso se aleje de la realidad,
no hay derecho a esta tortura
pero su vida así tendrá que pasar.

Ella no habla de desamor
pues ese es su menor mal,
ella quiere un poema
y alguien en quien confiar.

Nunca le han abrazado de verdad,
se ha convertido en una muñeca rota,
valiente quien la quiera arreglar.

Si algún día quieres encontrarla
busca el olor a sal del mar
y sigue la luz de la luna.

Ya que a pesar de sus ruinas
aún tiene sueños que le ayudan
a aguantar el dolor que le da la vida.

Cariño:

yo no puedo darte tu salvación,
vivimos en un mundo cruel,
pero aquí tienes tu poema,
escrito desde un corazón
que conoce tu enfermedad
y te ha visto crecer.

De mí para mí.
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El milagro del sol

Asústate si es oportuno,
pierde la fe que quieras,
arrástrate por el suelo,
córtate las venas.

Aclama al cielo y luego
mándalo a la mierda.
Que tú vales más
No mereces condena.

Desquítate de los días.
No me acuerdo de la fecha
donde me dijiste "lo dejo todo"
sin invitarme a que fuera.

Ahora solo te digo la verdad:
Los milagros existen
Y tú has entrado a formar filas
en el ejército de los tristes

Nunca crece la hierba
donde se ha plantado asfalto.
Pero yo he visto un amanecer
mirando al Oeste
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No necesitamos héroes

No necesitamos héroes
que nos salven de nada,
sino manos tendidas,
manos entregadas
hacia otras manos que esperan
desde la intemperie helada
un calor que no llega,
una llama,
una esperanza.
No.
No necesitamos héroes
en nuestras flamantes democracias.
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4comentarios 294 lecturas versolibre karma: 61

Y no te vas

A veces todo se para
en un murmullo de sal acicalado
con caricias tumultuosas
y sonidos susurrados
al oído
por el viento que me arrastra.

Decido esperarte.
Sin haber contratado un seguro de ausencia.
Sin sentir vergüenza por tener la mirada amaestrada.
Sin oponer resistencia.

Susurro en voz muy baja
la plegaria ensayada
de llorar sin agua.

Y espero.
Que llegues y grites
por un amor detenido
en el arrabal de nuestro círculo polar.

Por lo que a mí respecta,
en mi fondo sigues estando en todas partes.

Y no te vas.
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Fe

Los sueños, son esos instantes donde nos pasa la vida que quiere suceder al minuto siguiente. De repente, las paredes se hacen jaulas y las jaulas cadenas, las cadenas se transforman en yunques y los yunques se funden con el fondo. El fondo muta en la nada y la nada se levanta en andas. De tanta fuerza encuentra impulso y encuentra uno de los caminos que va hacia arriba. A mitad de la escalada comienza a aparecer una luz, diminuta, frágil, casi quimérica. Ya la visión es otra y se asoma una sonrisa de confiada esperanza. Esa misma fe es la que nos tiende una soga para seguir escalando. El fondo ya se empieza a ver lejano y la luz es cada vez más inmensa, más intensa. Y sale una mano dándole coraje a la otra y el yunque aplasta las cadenas y las cadenas voltean la jaula y tras la jaula asoman las paredes. Y las paredes se transforman en muros de plumas y las plumas son las que conocen el espacio que descubre el cielo. A eso, lo llaman el laberinto que nos construyó la vida. Y la vida no tiene más sentido que los nuestros puestos a en sus manos.
Ahora y después, todo vuelve a comenzar, los sueños, las paredes, la jaula, las cadenas, el yunque hasta el fondo y la ilusión que hace el todavía tener fuerzas para poner nuestros sentidos a funcionar dentro del motor de la existencia.
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Bajo la luna llena

Bajo la luna llena te espero,
risueña y febril como una adolescente enamorada
fantaseo con la perfección de nuestra velada
anhelo tu abrazo ardiente y tu pausado beso.

No se ven las estrellas, colmado de luz el cielo,
suspiro inquieta, colmado de deseo mi pecho.

Oigo un ruido y sonriendo me vuelvo
pero no eres tú ni nadie, tan solo el viento,
avanzan las manillas del reloj inclementes
a la par que mi esperanza decrece.

Susurro "ven por favor, te quiero".

Bajo la luna llena desespero.
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2comentarios 328 lecturas versolibre karma: 55

Después

Me encontré en ti.

Sabía que el dolor vendría detrás.
Sabía que era imposible volar
hacia un faro que para mí nunca dejaba de brillar.

Pero, y qué.
Era demasiada bella la luz
aunque iluminara la sentencia condenatoria
desde el primer día.
Y después, calló el sueño.
Y cada veintisiete un latigazo
al dilema recostado en el sofá
que crecía cuando era mediodía y me sentaba en tu regazo.

Sabía que no podía seguir un camino
que jamás apareció delante de mí.
-yo lo dibujé con una desesperación de colores
para que tu mano tuviera un lugar donde ir.-

Pero de todas formas,
en mis zapatos siempre hubo un agujero
que hacía entrar el agua fría
para mantenerme los pies despiertos.
Por si tocaba huir, aunque no supiera hacerlo.

Y no caía, no, aunque me desplomaba
en cada uno de los pedazos de vida
que cada vez que abrías los labios me besaban.
Después, cierto sabor a fracaso
y cierto miedo concentrado en mi retina;
cierta
amargura
desolada
que quería convertirse en risa
sin saber siquiera cómo sonreír.

Tuve que anular el viaje
y aleccionarme a mí misma
que no se puede llenar una maleta
que ya está llena desde hace demasiado tiempo.

De todo esto
ha quedado un cristal roto
clavado en mi costado
que no sé, ni quiero, ni puedo arrancar.
Es la marca de la maldad inoportuna
que quiso juntarnos en cuatro letras
que no aprendimos a pronunciar
exclusivamente para nosotros.

Y aun así, la negación es absurda,
y cobarde,
porque una salvación no es fácil de olvidar
y yo siempre,
de algún modo, yo siempre...
aunque todo fuera sólo a golpe de voz
y de tragarnos con veneno las ausencias.

Me pregunto qué cielo mirarás tú
ahora que yo no sé qué faro mirar.
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10comentarios 212 lecturas versolibre karma: 65

Sueños

Era muy tarde. Los párpados le pesaban y amenazaban ya con cerrársele de un momento a otro. Cerró el libro que estaba leyendo, no sin antes dejar un pequeño marcapáginas con el que recordar mañana dónde se había quedado. Apagó la lámpara de la mesita y se hizo un ovillo bajo las sábanas. ¡Qué frío da la soledad en la cama!, dijo en voz baja, casi en un susurro. A través de la ventana tan sólo entraba el silencio de las calles vacías en la madrugada y un leve resplandor de la luz de la luna que iluminaba de forma muy tenue la habitación. La luz del pasillo, sin embargo, seguía encendida y jugaba a colarse por bajo de la puerta. Como cada noche, desde hacía ya varios años. Cuando le preguntaban, ella siempre decía entre risas que era por si un día llegaba el amor de su vida que supiese el camino hasta su habitación. Aunque en realidad la dejaba encendida por miedo. Pero no por miedo a la oscuridad; en ese terreno no era miedosa. Su temor era tener que asumir que quizá nunca llegara el amor. Y es que sabía que si eso sucedía, después de tanto soñarlo, ese día la soledad habría ganado y dejaría de ser tan solo una sensación de frío entre las sábanas para teñir de invierno su vida entera. Cerró los ojos con fuerza y soñó. Soñó con el amor de su vida. Soñó con una vida llena de amor.
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Ceguera repetida

Te entregué mi corazón
para que aprendamos a amar.
Pero nuestras locuras se asustaron
y el amor se fue espantado a un lugar
que no es el mar.

Tú, mi promesa rota
Mi ciego empalme a la realidad balbuceada
en tu discordancia.
Mi azúcar inconsciente que se equivoca
y al segundo se olvida.

Te perdone una, dos, tres veces
en un solo segundo.
Pero tu garganta ciega seguía hablando.
Yo tuve que callarte la mirada con mi silencio
Tuve que renunciar a la posibilidad
de lo que ya no quería aceptar en serio.
Yo te iba a tomar entero.
Yo iba a decir que sí.
Iba a arriesgar el 100 por ciento
de mi soledad y mis alas
con tu alma de colores necios
y locura imposible.
Yo iba, yo me fui.

Tú fuiste el ángel que después del samaqueo
de reflexión golpeada
te fuiste a aprender solito.
Agarraste tu tarea sin entender
y cruzaste la calle del retorno
a tu anterior luz cuando no me conocía.
Y aun conociéndome ahora
esa luz no podrá ser la misma.
Mi luz agachó la cabeza y se puso a escribir
para llenar el hueco
que había construido para que te quedarás.
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Cazar estrellas fugaces al vuelo

A mí,
que me sobran dedos
en las manos
tecleando sensaciones.
Que pierdo lágrimas
de alegría
visitando Cádiz
y su provincia.
Que me sonrojo
y revivo
cuando llego a Sevilla.
Que siento
a mordida cordobesa
que atraviesa mi tristeza
y la desgarra,
cada vez que vengo
a mi tierra.
Que hipotequé mi corazón
para comprarle una venda.
Que me acostumbré
a ser nómada
porque todos los sitios
pueden ser casa y cárcel,
paraíso y tinieblas.

A mí,
que se me duermen
las películas
sobre los párpados.
Que me cuesta
recordar el futuro
porque deshago los planes
mil veces al día.
Que tapo con recelo el folio
cuando escribo.
Que, a veces, me siento minúscula
y sin tinta.

A mí,
que me abruman los bullicios.
Que prefiero charlar con nadie,
o solo conmigo,
si me aprieta el vacío
na tarde de domingo.
Que soy feliz con una copa
de vino dulce,
frío.

A mí,
me salvas tú
en cada verso,
me sacas el verbo,
me aclaras el negro,
me alivias los miedos,
me borras el pero,
me excitas el gesto,
me abres el cielo,
me quitas el sueño.
Y así...
liberas la llama
que quema mi cuerpo
y no desesperas
si aspiro de nuevo
a cazar estrellas fugaces al vuelo.

[Imagen extraída de la carpeta de mis recuerdos. Un atardecer cualquiera en Cádiz]
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El armario

El armario, si sencillamente ese ser
que está en silencio, como petrificado,
en tu cuarto, ese espacio oscuro
donde conviven la maldad más abyecta
la insolencia, la extrema inocencia
la demencia, la paciencia.
Ese ser de donde salen y entran objetos
ese hueco donde muere nuestro cariño
y sale nuestro ego.

Durante la niñez los monstruos que se crean
en sus entrañas, por las noches te acompañan
metes tus juguetes y algunos desaparecen
o se convierten, o tu madre se los lleva.

Durante la madurez las cosas son más extrañas
mi padre salió de él
ahora no se llama Manuel, se llama Laura.
Es ese sitio donde guardas el odio,
un amigo sacó del suyo una pistola,
y se cargó a su novia, Fabiola.
Guardas la locura, Felipe guardó coca
ahora está con una camisa blanca
y la cabeza grillada, ida, pirada.
Mi novia guardó la esperanza
y ahora sale con otro tío,
uno de bata blanca.
Yo guarde mi vida y una a una
van saliendo las mentiras,
cada cual con su armario
cada cual lo llena a su manera
llénalo de amor y verás como aciertas.
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El valor lo vence a todo

El valor es la unica fortaleza para dejar de deprimir la esperanza dd los que debilitan sin piedad.

La conciencia en los actos justos de la vida es una fuerza bondadosa para sanar la injusta iniquidad.

El guardar respeto por lo que amas es más que nadar en aguas tranquilas de la tierna compasión que te lleva a la deseable apacibilidad.

Los tratos compasivos por aquellos que por los demás son acosados es una muestra excelsa de tener una segunda oportunidad.

Ayúdate a sanar como el fuego sana abrazando a los secos matorrales.
Sé que nacerá la vida después de las humeantes cenizas.

El valor lo vence todo.
Solo es cuestión de cortar de tajo a la mala hierba.
Aléjate del veneno de aquellos que pretenden ser luz y oscuridad.

Poesía
Miguel Adame Vazquez
20/02/2017
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