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El chachachá del tren

Hora punta AM.

Apenas ha amanecido y el rebaño se agolpa en los andenes de la gran ciudad. Una locomotora tras otra. Cada pocos minutos se abren las puertas de un tren hacia la rutina.

Vagones atestados de hormigas rumbo a su quehacer. Se palpan, se respiran, algunos se mezclan y otros se esquivan. Sobresalen hombres trajeados y mujeres con carmín, ataviados con carteras y agendas digitales, los que empiezan la jornada más frenéticos. Otros, rostros cabizbajos, se bostezan, abatidos, es la cara de la resignación de la obligación.

Las mañanas son calladas. Viajeros solitarios entre los dietarios, los libros madrugadores, los apuntes de escuela y evasivos auriculares. A veces escapan del letargo ante un móvil ajeno que agobia la rutina, alguna alarma aún sin desconectar, el papel indiferente que posan los mendigos en sus rodillas, el instrumento de un músico que en ocasiones aligera y dibuja sonrisas, y otras tuerce el gesto de los rostros abstraídos en sus tareas.

Parada tras parada, unos salen aliviados, otros cogen aire para hacerse un hueco entre cabezas y carteras, otros desploman su sueño sobre el hombro del asiento de al lado, que se retuerce y sobresalta.

Por fin llegas al destino. Te apeas y te desplazas entre obstáculos presurosos, hormigas que tropiezan por posar el primer pie sobre las escaleras mecánicas, como si de atrapar la miga de pan se tratase.

Unos, tranquilos, a la derecha forman civilizados una fila calmada; otros, los frenéticos, a la izquierda, se sortean y avanzan peldaños a la carrera apresurando los talones contiguos.

Es el rebaño, caballos zarandeados que corren apresurados antes de que el patrón cierre la puerta de la cerca.

Ya está, han llegado a su particular fábrica. ¿De qué? De objetos, de ideas… no importa que sea si no se pueden fabricar sueños.
Altas dosis de cafeína y afrontar otra jornada frente a la ventana del quehacer; esa pantalla sucia que anuncia caravana entre teléfonos que suenan bajo los rayos de fluorescentes que a veces creen parpadean.

Pupilas resecas. Frotar de ojos. Es la hora.

Ya es de noche en el corazón financiero de la ciudad. Pero los pasos siguen acelerados. Corren, no tienen prisa, pero no son capaces de descender el ritmo cardiaco.

Otra vez la misma boca de metro, el mismo andén, en hora punta PM.
Mismos rostros con distinto disfraz. Camisas arrugadas y americanas al hombro, caras desempolvadas y descoloridos pintalabios.

Otra vez. Se respiran, se mezclan, se miran pero no se ven. Ojos rojos, cuerpos cansados, botones desabrochados, tacones que cambian de postura… Mentes abatidas. Es el rostro cansado de la gran ciudad.

Pero las tardes son bulliciosas. Algunos solitarios regresan con compañía. A saber, a veces, a contrariedad, el pesado del departamento financiero, el colega de clase que no te habla en el recreo y ahora se muestra amigo… y otras, cómplices, que despotrican la jornada, cotillean, conversan…

Más susurros, más melodías móviles, más ecos de conversaciones ajenas. ‘Acabo de salir’; ‘ya llego’, ‘estoy a solo dos paradas’…
‘¿Has hecho la cena?’

Un día menos a contar. Las hormigas se retiran a su madriguera. A saber, unos a continuar quehaceres domésticos, otros sofá, reality show y a caer rendido en el sofá. Los más desorientados, copas bien frías y apuradas que el trabajo lo merece.

Mañana se pondrán de nuevo las calles para la cotidianidad de los robots urbanos.
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Abril

Pasaron meses, tal cual como si pasaran años.
Pasaron estaciones, pasaron cambios...
¡Todo me pareció una vida!
...No sentir tu piel junto a la mía.
...No sentir como coincidían nuestras sonrisas.
El día se hizo noche, y la noche, día.
Y cuando creí haberte perdido,
los planetas se alinearon, el cielo se despejó,
dejó de llover, se prendió la luz...
Otra vez el tiempo se nos detuvo en abril
...como tantas otras veces.
Ojalá se detenga allí mil veces más.


Valeria Rodríguez.
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Cuando te encontremos, el otoño y yo

Habré olido tantos
colores de la primavera;
en tonos jazmín, lavanda y azahares.

Habré saboreado tantas
fragancias de otoño;
ocres luminosos,
marrones desfallecidos,
azafranados hálitos de vida.

Habré escuchado los sonidos
de tantos veranos;
amarillos ruidosos,
naranjas estridentes,
azules melodiosos,
blancos silentes.

Habré titilado y tiritado
las temperaturas criogénicas
de multitud de inviernos,
helados infiernos;
fríos enmudecidos,
oquedades en hielo abrasador,
insípidas e inodoras
nieves de solitud y limón.

Habré caminado, a rastras,
sin dejar rastros,
la infinitud de los desiertos
de la vida.

Me habré ahogado
en la respiración artificial,
en el auxilio de boca a boca,
de tantos cuerpos vacíos.

Habré latido
en innumerables
marcapasos equivocados.

Y cuando la esperanza
sea desconectada
de mi soporte de vida artificial...

Daré un vistazo
a nuestros pretéritos futuros,
a nuestro presente progresivo,
y me será revelada, ¡oh epifanía!

Que la vida,
siempre tuvo sentido,
desde aquel sentido momento
cuando te encontramos,
aquel otoño y yo.

@SolitarioAmnte
iv-2017
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Haikus - Cuatro estaciones

Verde y frescura,
flores en los jardines
son su hermosura.

Azul del cielo,
reflejado en el mar
como sol pleno.

Viento alocado,
dibuja remolinos
de hojas y barro.

Crepita el fuego,
como al pisar la nieve
en un nevero.
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Estragos del tiempo

Paseo por las calles de mi barrio y aún me resulta raro no ver aquel kiosko que presenció mis pataletas y llantos.
En frente, ya no está ese humilde mercado por el que daba vueltas corriendo para sentir la velocidad y sus obstáculos.
Sigo caminando y veo que todo ha cambiado.
El parque de mi infancia ha sido sustituido por uno prefabricado.
Dicen que así duelen menos las caídas, pero qué es un niño sin sus heridas.
Les han quitado la oportunidad de hacer castillos de arena y de trepar por los árboles como si fuesen animales.
Continúo mi trayecto por la calle comercial.
Casi no quedan tiendas de reparaciones, y las que hay ya tienen colgado el cartel de liquidación por falta de prestaciones.
Lo que sobra es basura en las calles en una sociedad de usar y tirar, en una sociedad tristemente material.
Mi antiguo colegio no sé si seguirá en las mismas, pero me alegraría que ya no fuera tan tradicionalista.
Solo sé que exteriormente han privado de la luz del sol a los niños techando el patio con la excusa del mal tiempo.
No saben que para un niño bailar bajo la lluvia puede ser una gran y divertida aventura.
He aquí cuando mi vuelta finaliza y me subo al metro.
No soy capaz de asimilar que no haya niños jugando en la calle porque están con la tablet.
La melancolía me atrapa porque aunque mi infancia no haya sido la mejor siempre hay algún buen recuerdo, alguna agradable sensación.
Así que me siento, me pongo los cascos y espero a la próxima estación.
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Invierno ~ Serie Estaciones (con @MiguelAdame, @Alex_richter-boix & @Transmisor_d_Sinestesias)

Cuando llega
el mundo anda desnudo,
asediado por ojeras,
laberintos de piel sonámbulos
que parecen querer escribir
una nota de suicidio.
Una despedida
con muchas voces:


UNA

Tal como infiernos,
inviernos de la vida
llueven por dentro,
congelando los sueños
y marchitando
anhelos en ventiscas;
gélido frío
sin tu tibia presencia,
copos de nieve
que se hacen avalanchas
sepultureras,
mi esencia van vertiendo
en sepulcro abisal.


DOS

Fríos que dejan inerte
congelándome la vida
con su tan profunda herida
helada como la muerte.
Nívea es toda la suerte
y aunque enfría el sentimiento,
con su calor y su aliento
toda alma fuerte soporta,
la prueba no será corta
invierno crudo y violento.


TRES

El invierno de mi vida insolente
es una nostalgia rota que muere
fuerza perdida en un dolor que hiere
fríos inmunes al amor decente.

Te llevaste a mi amor muy resilente
oscuridad del cuerpo que se adhiere
en una gran pérdida que transfiere
a un pasado que es para mi indolente.


CUATRO

Se abraza el frío,
uno con otro,
hilvanando una toga
lustrosa, refulgente,
leve, sosegada,
sedosa compañía,
tranquila, reposada,
serena, clara,
radiante,
cadencia de caída
armoniosa, todo
el cielo susurra.
Muere
y espera.
Espera.



~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Mesa compartida
Serie Estaciones
Invierno

@Alex_richter-boix
@MiguelAdame
@Transmisor_d_Sinestesias
&
@AljndroPoetry

Mezcla de verso libre,
cuartetos de soneto,
décima espinela
y chöka de poesía japonesa

2018-mar-8
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13comentarios 263 lecturas colaboracion karma: 95

Verano ~ Serie Estaciones (con @MiguelAdame, @Alex_richter-boix & @AljndroPoetry)

La palma inquieta
mecida por el viento
ardiente sol.


Parece la palma inquieta
recibiendo la caricia
borracha de luz, delicia
de tanta brisa coqueta.
Cadente, nada indiscreta,
de la sombras un crisol
inspirando al girasol
va mecida por el viento
sus brazos son el portento
que acuna al ardiente sol

Ya acuna al ardiente sol
abraza, todo ardor cura
y sacia entre su frescura
tan natural tornasol...

El campo es polvo seco,
julio cae en gotas amarillas
pintando las colinas
de ocres y dorados,
hablándoles de flores.

Los hombres duermen
bajo parras salvajes.

Ladrones de sombras
Escapar del sol

Sentir su brillo entre las hojas,
vacilante,
verdor de luz,
musicada,
dorada alegría
de flores veteadas
y de irisar rizado.

Tocar las mejillas del mar,
desear integrarse en su azul,
pedirle una tregua al calor
andando dentro,
hacia el índigo júbilo.

El viento cálido.
El sol, y cielo azul,
un girasol.


Tiempo estival
sopla calor a mi alma,
el viento cálido,
la chispa en los sentidos;

aire, un soplo al espíritu,
el sol, y cielo azul,
matices y arreboles;
colores, tonos,
el añil; amarillo
un girasol.

Y tú; el fulgor,
averno, paraíso,
litoral, fuego.

Viviré en alegría, con recuerdos ternura
con un sol en el cielo,con los rayos candentes
el sentir la marea, solución que le mientes
las palabras que vuelan, en paciente locura.

En un cuerpo pasado, se consume en dulzura
las incautas palomas, sobreviven ardientes
en los sueños alegres, las palmeras calientes
un verano en el fuego, con la buena tersura.

*************
Mesa compartida
Serie Estaciones
Verano

@Alex_richter-boix
@MiguelAdame
@AljndroPoetry
&
@Transmisor_d_Sinestesias

Mezcla de Hokku
Décima espinela
Redondilla
Verso Libre
Haiku
Tankaknat
Senryu
y Soneto, par de Versos Alejandrinos

2018-mar-27
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28
50comentarios 562 lecturas colaboracion karma: 104

Poema estacional

Entre tu invierno y el mío
las madrugadas cada vez son más nieve.
Las primaveras se nos congelan
en los arroyos que nacen
en las montañas más frías.
Los veranos se nos vuelven
agua de deshielo,
embarrada y turbia
y los otoños marrones
se tornan grises y secos.

Guardé un copito de nieve
entre una hoja seca y un pétalo de rosa,
atadito con un rayo de sol.
Lo guardo entre tus ojos y los míos.
Las estaciones se nos pasan y nos pisan.


Las mil aguas de Abril,
se secaron y dejaron a Mayo
menos florido y hermoso.
Me quedo en este invierno,
que cada vez tiene más de otoño,
solita, esperando un abrigo
que nunca llega.



Hortensia Márquez
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Otoño ~ Serie Estaciones (con @AljndroPoetry,@Transmisor_d_Sinestesias & @MiguelAdame )

Otoño de dolor que regresa al punto de partida
como pájaro que sueña con un cielo limpio
para volar suelto y libre sin encontrar a un adversario,
así es mi penuria que se marchita con cada hoja que caer en el ocre de un olvido.

Flores orgullosas que se despiden sin recelo
primavera rosa que huyó con el azul más celeste
se fue el otoño de peras y de un calor humeante
extraño las lluvias de un amor que ya no vuela con el viento y las mareas.

Vuelan las hojas doradas
entre brisas de nostalgia
cada una trae la magia
de vivencias agotadas
añoranzas desgastadas
melancolía, mil copas
vistiendo áureas sus ropas
se queda entre tus pupilas
mientras al recuerdo esquilas
y entre sus lanas te arropas

Mil hojas oro
cada una es un recuerdo
caen tan lento

Yo sé de otoños
que con su alma de ocre hoja
son vientos de añoranza.
Sé de hojas tristes
mancilladas y heridas
que anhelan su árbol cálido.

Las golondrinas
sollozan al partir
a destino extranjero.
Y mi alma llora
tu éxodo, tu abandono;
dulce amor de mi vida.

Se viste mi alma de plumas
de hojas de colores
es un ganso volando
a tierras menos frías.

Se eleva en círculos alto
llegado a este punto
la vida parece diminuta
y vasta al mismo tiempo.

La vida se vuelve horizonte
curvo, arco tensado.
chilla los gansos.

Vuelan
en mil hojas de oro
en el ocre de un olvido
vuelan en busca
del dulce amor de la vida.


Mesa compartida
Serie Estaciones
Otoño

@AljndroPoetry
@Alex_richter-boix
@Transmisor_d_Sinestesias
&
@MiguelAdame

Mezcla de verso libre y Sedoka

2018-abril-26
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48comentarios 417 lecturas colaboracion karma: 111

"Primavera"

Albores de dulce primavera
Que traes a mis sentidos
Los aromas impregnados
De las delicadas flores que
Susurran al viento la
Llegada de una exquisita
Estación, que manifiesta
Alegrías por doquier,
Haciendo traviesas danzas
Sobre césped de algodón
Con música de ensueños
y mariposas de cristal
que acompañadas de
dulces abejas revolotean
sobre sensibles besos de miel
y fulgores de amores
que nacen con esta estación
¡Oh! esperada estación llegas
A mí con soplos de aires
Nuevos y sonrisas dibujadas
Con crayones sobre amarillos
Pétalos de esperanza que
Giran y giran al compás
del cálido viento primaveral.
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Árbol de Primavera

Seguiremos colgados del tiempo
Como se cuelgan del árbol madre
Las ultimas hojas del otoño
Sabiendo que el invierno llega

Pero caeremos irremediablemente
Mientras esperamos primavera
Por que ella siempre regresa
Aunque nos parezca que tarde

Y ese árbol que fue vida
No será mas que madera
Sera guitarra y culata de fusil
Para quien cocina sera leña

Para un niño sera juguete
Será luz, calor y hoguera
Será cama en que Dormir
Como para cristo fue condena

Pero para mi sera un sueño
De los que sueñan los poetas
Al ser abono de la tierra
Que se cuela por sus grietas

Sera la urna en que descanse
Quien colgado a tus caderas
Se deshizo sobre el musgo
Con su colección de primaveras
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Haiku VII

...

Días naciendo
Octubre en mi país

sin lluvia, ni sol
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Con ojos de invierno (Segunda mirada en el ciclo de las estaciones)

Sombras angulares al rayar el alba de mañana gris.
Sábanas calientes que abrazan mi piel.
La piel arropada en el blando manto de silencio
que te invita al sueño.

Y estreno mirada.
La mirada nueva, la mirada limpia
que atrapa la imagen muda del paisaje…
con ojos de invierno.

Y me echo a andar por los caminos,
silenciosamente fríos.
Ese frío agudo que corta mi cara y cuaja mis versos.

Soy la escarcha blanca
que cristaliza el vaho de los amaneceres.
El chorro claro de melancolía que cae de las nubes
e intenta encontrarme.

Y me sumerjo
en el canto ancestral de la lluvia que derrama vida.
El sonoro canto que estremece el ramaje
de las frondas ocultas.

Me acuna la dulce sinfonía del viento
entre las cañas del arroyo.
(Soy su nota discordante.)
Y recito letanías de imposibles mañanas.
Esa eterna canción que me cuenta los azules secretos
del agua y me trae la paz anhelada.

Soy el beso suave y blanco de las nubes.
Y me vuelvo más tierna.
Y me vuelvo más dulce…
Y de repente…
me quedo atrapada en la nube más densa en medio de la nada.
Y me vuelvo confusa. Y me vuelvo borrosa.
Desesperadamente honda en un pozo insondable
que rebosa silencio a ras de la tierra.
Y soy mi feroz enemigo.

Me fundo con el chopo desnudo en simbiosis perfecta…

Son mis pies
sus añosas raíces
que se hunden y agarran con fuerza el sagrado y cobrizo
corazón de la tierra.

Mi cabeza, su copa orgullosa,
que asciende hacia el cielo cada vez más libre,
cada vez más alto…
inspirando fuerte,
absorbiendo brisas,
aflojando el nudo de mis pensamientos.

(Arriba y abajo. Dos polos opuestos.)

Soy febrero voluble y cambiante.
Enfrentada siempre al capricho de los vientos
de levante y de poniente...

Esa alondra que pasa
y con trinos dibuja sus versos
en el cielo de la tarde,
curiosa de todo, aprendiz de todo,
invocando a la diosa de la sabiduría.

Es mi amiga la yedra que cubre de verde
los muros cansados de mi espalda.

Mis ojos…
soledades abiertas, soledades cerradas.
Mi alma…un árbol que soporta apenas su nido vacío.

(Ya crecieron mis pájaros,
solos emigraron en los últimos otoños…)

Pero hay primavera temprana
en las flores nevadas
del almendro.
Y verde y oro en los naranjos
de mi cuerpo…
El viento se ha sentado en mis sembrados
y trigo joven aflora entre los surcos que labré.
En la quietud de mi rama, asoma,
(tímidamente)
un hermoso brote verde...
que traerá la alegría.

Vuelo bajo con cielos nublados, ahuyentando miedos.
Y mi risa se escucha
en el inquieto revuelo de alegres palomas.

(Aún me quedan alas.)

Y renazco,
y me reconcilio con mi sombra.
Me devuelvo a la vida con la savia nueva del final del invierno.
Y me elevo en aquella voluta traviesa de humo
que se enreda en mi pelo.
Ese leve soplo que aviva el rescoldo
y da luz a mis ojos.

Y de nuevo…me transporto a la infancia, a la niña que fui
persiguiendo soles y pisando charcos. Recogiendo estrellas
de mar en su falda.
Mi sonrisa se columpia en la curva de la luna
y deja en mi boca
un regusto verde a naranjas amargas.

Y aquí sigo,
enmarañada en la vorágine de los días y sus noches.
En los ciclos vitales de las estaciones
cada vez más cortos...

Y, aunque esté en el Norte, mi brújula
(obstinada y terca)
siempre me señala el Sur.
Siempre ese cálido y luminoso Sur
que tiene... ausencias de la nieve.

No dejaré que mis días
los envuelva la monótona y sorda cadencia del viejo reloj.
Ni la incertidumbre de no saber cuándo
quedaré atrapada para siempre.
Tengo la esperanza blanca de esos días azules…
y de ese sol…
ese sol claro y limpio de mi infancia.

Primavera viene.
Y en su manta de flores,
(perfumado de esencias)
tenderé al sol mi corazón mojado.

Y algún día me iré,
cuando caiga la noche,
con mis viejas alforjas repletas de versos.

Y partiré con el alba. Cuando nadie me vea…
En la noche helada…también hay estrellas.

(También
hay
estrellas…
en
la
noche
negra.)

María Prieto
Febrero 2019

Pintura: Alphonse Marie Mucha - The Seasons Winter 1896
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