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La poesía es un síntoma

Todo avanza,
la ciencia, la tecnología, el universo
y entre tanto desarrollo
e impresionantes adelantos,
nadie ha podido inventar una cura
para el amor y sus males;
El amor esa bonita y dolorosa enfermedad
que no tiene analgésico,
tratamiento ni vacunas
y de la que han muerto prematuramente
tantas almas tristes,
prisioneras de un cuerpo
que se niega a morir con ellas
mientras se aferra a la esperanza
de un milagro de resurrección
llamado regreso.
Extrañar y esperar, ¿lo han vivido?
Pues narran las estadísticas
que sigue doliendo igual hoy,
que hace 300 años
y que la esperanza no ha sido más que el respirador artificial que desde siempre
ha mantenido al desahuciado amante conectado a la vida.
El amor ha afectado a tantos
desde tiempos inmemoriales
que casi logran pasar desapercibidos;
a los que extrañan,
a los que esperan,
a los que aguantan,
a los que se les detuvo el tiempo en unos ojos,
a los que un beso les devolvió la vida
y a los que en vida murieron de amor
y aun siguen deambulando por ahí
como fantasmas,
a usted,
a mí,
jovenes o viejos,
nadie ha estado excento
no hay cura señores, están desahuciados
y andan sueltos
y aunque no lo crea
es fácil reconocerlos,
dicen que se les ha visto por ahí
escribiendo poesía.
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3comentarios 560 lecturas prosapoetica karma: 35

El terrible silencio que me envuelve todo el tiempo

No paro de gritar en silencio todo lo que te extraño.

La garganta se hace más finita.
Duele y también duele el pecho.
Ya estoy aturdido de no escucharte nunca.
Ya estoy aturdido de no verte en ningún lado
excepto cuando cierro los ojos.
Ya estoy aturdido de tanto silencio.
Ya estoy aturdido de no vos.
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2comentarios 161 lecturas versolibre karma: 46

Silencio

Extraño al silencio que ama al sonido del viejo acordeón que añora los días de fuerza y calor del eco que ayer penetro los vientos gimiendo deseos matando al olvido.

Extraño al silencio que enfrenta al destierro no teme a las balas que guarda el caudillo no huye a la mano que aprieta el gatillo de aquel que se cree el juez de la vida quien malo cual bueno quien vive quien muere.

Extraño al silencio que vive en las sombras y solo en las noches le habla al perdido de amor sin abrazos de besos usados.

Te extraño silencio te espero en mis miedos.
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Hombre de la luna

Mortal silencio, nos separa un río,
que desgarra profundo el alma mía,
girones del corazón, grito enmudecido,
¡Ay! Tu mirada amada, he perdido tu mirada

Mil amores tendré, y con cada uno,
celebraré la vida compartiendo mis risas
pero bien sabes con nadie te comparas,
son como niños que buscan compañía.-

Porque sólo tú has visto la verdadera bruja,
tú y solo tú conoces del dolor que me habita,
y es solo en ti que reposan mis pesares,
en tu hombro he llorado lo hondo de mi llanto

Y solo tú conoces mi nombre verdadero
y comprendes mis auténticas pasiones
Cuando no vemos compartiendo travesuras,
vivaz y joven baila esta vieja solitaria.

Hermano, amigo, amor, confesor, mi ancla,
descorro frente a tí el velo en mi pupilas,
para que así te hundas en mi honda ternura
y brilles con tu sonrisa más ingenua.-

O muestro la grieta profunda de mi angustia
sabiendo que en tu corazón habrá un abrazo,
surgirá en mi pecho un cálido rayo de luz,
y tu compañía serán mi hogar y mi reposo.-

¡Ay! No sabes qué triste
y cuan muerta está mi luna,
cuando ya no estás conmigo,
amigo mío del alma.
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Soledad

Soledad purpúrea, corpórea, trashumante
¿Por qué me abandonas en el deliquio inconstante?
¿Por qué te padezco y te busco? En la lejanía
De una promesa escrita en la más leve brisa
En una caricia en el tiempo soñada
Que ha venido siendo y que nunca fue nada
Solo te he hallado con estos ojos cegados
Que la luz no han visto y sí, lo que ha pasado
Que día tras día espero un mañana
Un momento incierto frente a mí ventana
Cuando vengas a mí y en un trémulo abrazo
Te cuente por qué sigo hecho pedazos
Y sienta que al fin ha valido la pena
Aunque te hayas ido, purgar mí condena
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1comentarios 127 lecturas versolibre karma: 61

Te extraño por los sueños que se aferran con llevarte

Te extraño tan dolorosamente cada vez que te recuerdo.
Que solo siento el vacío del momento que se trasforma en melancolía inquieta.

Te extraño no tan voluntariamente.
Tu ausencia solo me llena de una frustrada nostalgia que conduce a la memoria a sufrir por la pérdida que es dolorosa.

Te extraño porque tengo arraigada tu imagen en todos mis días y todas mis noches y no me importa desafiar a los sueños que se aferran con llevarte.

Te extraño porque el amor perdura para siempre.
Nunca se termina el sentimiento que el tiempo transporta en un instante.

Te extraño porque mis manos recorren el bosque de mis sentimientos y no te encuentro.

Te extraño porque no se termina la pasión que se desenfrena al respirar tu aliento.

No me importan los millones de segundos que me duelen por tu ausencia, te quiero nuevamente a mi lado.

Te extraño por los sueños que se aferran con llevarte.

Poesía.
Miguel Adame Vazquez.
20/10/2013.
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Léeme un cuento al despertar

Huele a café recién hecho y tostadas. Ella aún retoza bajo las sábanas y tú, en la habitación contigua, sentado frente a aquel escritorio desvencijado y revuelto, ya lías un cigarro mientras desgranas las historias de algún libro abierto.

Ella despierta, se viste la camiseta que tú lucías la noche anterior. Se levanta lenta y tímidamente, tirando de la tela para esconder el cuerpo bajo la ropa.

Estudia el cuarto.

A la izquierda, una estantería cubre toda la pared con multitud de libros apelotonados. Sobre el muro contiguo, libre de muebles y estantes colgados, descansa un sugerente cuadro abstracto apoyado en el suelo. De frente una puerta entreabierta. Ella desconoce si hay alguien más en la casa.

No parece haber pasado el tiempo en este 'taller'. El cuarto está desordenado y a ella le recuerda a la estancia de un literato bohemio del París de los años 20.

Descubre entonces un rancio olor a tabaco y alcohol, que delatan un cenicero rebosante de colillas, un porro encendido y una cerveza abierta en el suelo.

—¿Eso fue antes de encontrarnos anoche?

A la derecha estás tú. De espaldas a un ventanal, sin persianas ni cortinas, que descubre el cielo de Madrid entre tejados y ventanas que amenazan la intimidad. Demasiado arrimada y expuesta a la curiosidad ajena, se siente ella.

Pero no frena. Coquetea, ahora dejando asomar su ropa interior y entrever su cuerpo. Avanza su paso hacia ti, aún vacilante. – Un ‘bureau’ ambiguo, quizá para ti-. Tú bajas la mirada y te sonríes mientras inhalas una calada del cigarro prendido. La invitas a café y tostadas.

Ella toma una de las tazas grandes de café, da un sorbo y enciende un cigarro.

—¿No tiene azúcar?

—Tú apuras el cigarro liado.

—Léeme un cuento.

Y la lees párrafos rotos de páginas desgastadas.

—Léeme otro.

Ella te escucha atenta -absorta quizá-, pero tratando de no destapar demasiado su agrado. Tú no aciertas a interpretar sus ganas. Son más de las tres de la tarde y ella aún se pregunta por qué permanece allí.

La noche anterior había invitado a dos desconocidos a encontrarse. Tú solo, ella acompañada. La revoloteabas. Ella jugaba pero iba y venía. La seguías, la besabas. Ella te devolvía el beso y desaparecía como humo entre la multitud.

La noche no descansaba en Madrid y cambiabais de escenario. Ninguno sabíais a dónde ibais pero alguien te invitó a subir en su taxi. Ella no se sorprendió pero, lejos de espantarse, encubrió sonrisas incrédulas entre las otras féminas. Fuera como fuese, no te rehuyó.
Aterrizasteis entonces en otro garito que deshonraba el amanecer del centro de la capital. Solo música y más alcohol. Ni se acercó, ni le robaste un beso más.

La noche ofrecía sus últimos bailes y un incipiente sol amenazaba con el día.

Entonces tú decidiste invitarla a casa y ella acompañarte.

Durante horas hacéis el amor sin descubriros.

Solo después, os halláis el uno frente al otro, desnudos, entre palabras confesadas e inquietudes compartidas. Una ventana sin persianas deja paso al sol y la luz no induce al sueño. Dos extraños compartiendo un colchón desde el que se resisten a despertar.

—¿Qué pasó anoche? —dice ella.

—¿Qué nos ha pasado? —dices tú.

Se sienta en tu regazo. Observa un tomo del Ulises de Joyce, que descansa sobre el pequeño escritorio junto a una decena de otros libros más marcados con papeles y tarjetas.

—¿Los lees todos a la vez?

—¿Quieres fumar?

—Solo mi cigarro. ¿Hacemos otro café?

Se deslizan las agujas del reloj sin avanzar las horas de aquel cuarto.

Deshacen de nuevo la cama. Fuera hace mucho frío pero bajo aquella colcha quema el calor de dos cuerpos enredados.
Se armoniza un baile de pasos sincronizados y apetitos empapados.

Es de noche y ella debería irse. Pero ninguno desea estar en otro lugar más que en aquella habitación.
Se visten sin ganas mientras apuran las bocas.

Abandonan el viejo portal frente el Teatro Maravillas.

La acompañas al taxi.

—¿Volveremos a vernos?

Después.

—Yo, como suspendido sobre la acera, expectante. Tú subiste a aquel coche y, mientras arrancaba, sostuviste la mirada. Me seguiste con los ojos hasta desaparecer hacia la otra punta de Madrid —confesaste un día a Luk—. Entonces supe que volvería verte.
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No me llames

Si no quieres volar en mis alas
quemarte en mis hogueras
saltar en los abismos insondables
que en lo hondo de mí te esperan

Si no quieres vivir en cada aliento
ardientes fuegos de artificios
multicolores, soberbios, vibrantes
brillando contra el oscuro cielo

No me llames y olvida mi nombre
mi voz, mi perfume, mi risa
dónde me conociste y cómo
y así vuelve a tu apático retiro
de momentos monócromos y mudos
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Te busqué.

Te busqué en las noches estrelladas con luna llena, pude divisar nada más que miles de ojos mirándome, pero ningunos brillaban como los tuyos.
Te busqué en las risas que me provocabas, pero éstas se habían esfumado al oír malas habladurías de que tú te habías ido.
Te busqué en mis manos, pero te habías soltado de ellas mucho tiempo antes de que me diera cuenta.
Te busqué en el calor de tu lado de la cama, pero me congelé con el espeso frío que dejó la ausencia de ti en éste.
Te busqué aquí y allá pero el único rastro que habías dejado eran mil memorias que ahora me pedían a llantos que volvieras a consolarlas.
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Ahora te extraño

Ahora te extraño,
El mar nos unió
y las olas nos volvieron extraños,
Nos revolcaron,
entre tanto mareo se separaron nuestras manos.
Ahora te extraño
y al parecer el mar nunca regresa lo que se ha llevado.
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Esta vez es para siempre

Hoy tal vez no me quieras volver a ver.
Pero esta escrito.
Perdiste la habilidad de solo imaginarme.
De modo que tendrás que descubrirlo entre tus palabras.

Y en la desesperación más común de adaptarse
Te irás desgastando en el intento de olvidarme.
Resistiras vivir en el olvido.
Pero será extraño, porque has sobrevivido en aceptarme.

Los días se mueven incómodos recordando a el último secreto en donde nos volveremos a encontrar nuevamente.
Se quebraran los segundos y emergerá el momento preciso de la reconciliación esperada.
Ahí nuestra felicidad tiene su refugio seguro
Y salvará a él amor que hasta la fecha está perdido.

Me volverás a mirar.
Y no podrás disimular que me extrañas.
Porque te prometí volver y ya lo hice.
Aunque tal vez no me quieras como antes.

Nunca más me iré diciendo adiós.
No lo haré porque te extraño enfermamente.
Aquí me quedaré.
Y esta vez es para siempre.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
12/06/2017.
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Desgarre

Destrozó la caja de Pandora
vio emerger al titán que tanto temen los dioses
y se dejó devorar por él.

Destruyó —entonces— toda su mitología.
Cortó su rama del tronco
de la conciencia colectiva.
Para ser
solo
deriva
brisa
que nunca pasa dos veces por el mismo sitio.

Convive ahora con el desgarre
de la mitad arrancada,
sin ánimo para suturas,
sin consideración por las curitas.

El alma anestesiada por la constancia de un dolor
que todavía no llega.

*

Se asoma en la mirilla de la puerta
te ve
sonríe,
gira la manilla.

Hola, extraño, que vienes a contemplar
lo que ya no seré mañana.
Dependo de tu amabilidad,
como la perdida Blanche
de Williams.
Promete que no te quedarás
y te daré un baile
y te amaré mientras nos duren los pasos.
Anda, extraño,
tienes toda la pinta de una cicatriz
que ya siento en el pecho.
Ya somos un oxímoron,
una dicotomía inválida.
Te pido, pues:
no te contengas.
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1comentarios 145 lecturas versolibre karma: 77

Ocaso

Mas allá del ocaso te espero
Una palabra , una sonrisa, un abrazo o una caricia, siempre te espero
Mi alma se apega a ti, innegablemente busca con desespero hallarte

Te espero más allá del ocaso, como ayer, como hoy, como siempre
Vislumbro una luz tenue que se acerca,
Se acerca sin pausa, pero sin prisa
En aquella luz percibo mi paz,
Percibo el fin de mi agonía
Ella es cálida y bienvenida
Como tú, mi alegría

La tranquilidad de mi ser no se contenta sin ti,
El apego de mi alma es fuerte,
Grita a mis oídos de ir a buscarte
De hallarte, de encontrarte al fin
Ven, aquí sigo sentada sobre esta colina solitaria,
El ocaso espera, el sol nos aguarda.
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Te extrañé demasiado

Te extrañe demasiado en el intento
de desaparecer de mi vida,
tu ausencia destrozó a mis sueños,
uno a uno fueron desapareciendo
hasta convertirse en escombros en un mundo perdido.

Ahora contemplo un futuro que es incierto
en donde tus abrazos ausentes me dejaron frío,
ahora quisiera poder regresar a ese tiempo
y nunca dejarte en el silencio sin ningún suspiro.

Te ame demasiado,
pero ese amor no fue suficiente para salvarme
de esa oscuridad que poco a poco me va matando
no quiero convertirme en polvo que se lleva el viento.

No quiero que veas mis ojos,
no podré más ocultar la verdad
que me consume en un soplo,
nunca tu perdón será suficiente para un corazón
que estalla en mil recuerdos vanos.

Quisiera poder cerrar los ojos
y poder descansar todo lo que en tantos años
no lo he dormido,
quisiera que en esos sueños los momentos
nunca pasaran y despertar sonriendo
con la única preocupación de no poder
alargar el día para darte de mi eterno amor.

Te extrañé demasiado en el intento
de desaparecer de mi vida.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
23/08/2017.
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*Soliloquio nocturno*

Dan las 3 de la mañana y decir que no te extraño sería mentirme a mí misma. No sabes cuánto deseo que tus manos vuelvan a rozarme la cara, a entrelazarse con mis dedos y que hagas esa manía tuya de jalar cada dedo de la mano contraria, para que queden completamente unidos, como si fuese una misma mano.

Mi alma me pide a gritos un último abrazo tuyo, sentir de nuevo tu cuerpo rodearme. Y es que, vamos, a quien quiero engañar? Te sigo queriendo como el primer día. Por más justificaciones que trate de darme a mí misma la verdad es que no puedo. Este sentimiento de nostalgia va cercenando cada pedazo roto de mi alma. Y no encuentro un hilo capaz de idear una costura perfecta para unirlos.

Dicen que una se cura el alma cuando despierta y el primer pensamiento deja de ser para vos; pero yo creo, al menos por ahora, que sigo muy muy lejos de la curación.

Tu reniegas porque dices que no me conoces y yo, yo simplemente SOY, contigo, soy eso que ves y no entiendes, soy caos, soy drama, soy ternura, soy confianza, soy alternativa. Soy todo eso que yo sé que puedo ser y que a veces reprimo para no enfadarte.
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Soy las gotas

Enraizado de mi memoria vives,
en vano he tratado de sacarte.
Lucho en inútiles quimeras y
un amor añejo que no acaba.
Dejé de combatir por entenderlo.
No dudo que me amaste, en mi savia
te adherirte, de mí hiciste lar.
Sorprendente para mi fue tu
llegada, entrando hasta arrecifes
en mi entraña. Sacudiste la estructura
de mi vida. Tu presencia, fugaz y transitoria
se enclaustró en la cavidad de mi pecho.
Que llegaras lo acepto. Que no te vayas,
no lo entiendo. Tú, quizá mi nombre
no recuerdas, de tu boca quise oírlo
antes de irte. Te diré cual es mi nombre
si olvidaste. Si en tu alborada, observas
gotas de agua arropadas en las hojas,
notarás, notarás son rocío...
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23comentarios 174 lecturas versolibre karma: 112

Sin ella

A veces veo el viento y la veo a ella ahí
después me digo no dejes a tu imaginación ir
pero lloro porque ella me hacia sonreír
con ella yo me quería ir.

No digo que quiera morir
pero yo era el que tenia que sufrir
ahora con millones poemas y canciones
despejo mis dolores y emociones.

Con ella tenia mil sensaciones
no puedo ignorar las consecuencias de mis acciones
no la cuide y termina mal
ahora lloro por que con ella no puedo estar.

Donde podrá estar
espero que pueda nadar
dentro de un muy bonito mar
para que su vida como sirena pueda demostrar.
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2comentarios 120 lecturas versoclasico karma: 100

#3

Soy la marga blanca en tu muro,
disonante y plausible de alegorías vanas,
el claro brillante en tu inmensidad vacía,
que sucumbe a la eternidad fortuita,
consumiendo una lívida sintonía
que marca paso a la vida misma.

Y soy tu dios, y soy tu siervo.
Soy mas que el agua en el desierto,
cuando mas hace falta el destello
en la noche de las tormentas ufanas,
que vienen con cada tristeza tuya,
distanciadas, de cada promesa rota.

Si pudiera ser algo más,
sería la tierra en que te paras,
seca y cálida a tu paso,
sosteniendo el peso lívido de tu cuerpo
y abriendo los brazos para guardarte,
para ofrecerte el seno interno a tu deceso
haciendo con cada parte tuya, las mías.
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10comentarios 114 lecturas prosapoetica karma: 108

Porque te extraño

No se porque te extraño tanto
No me explico la razón
Si hace poco te conozco
Y te has metido en mi corazón
No se porque, te pienso tanto
Me pregunto, y no hay razón
Si ni tu nombre ya recuerdo
Y tú sigues en mi corazón…
No se porque te extraño tanto
Me pregunto y no encuentro la razón…
Tal vez porque remendaste los pedazos de mi corazón..
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4comentarios 1040 lecturas prosapoetica karma: 93

Te extraño

Te extraño querido amigo...
Hoy mi mesita está vacía.
Extraño nuestra hora de tomar café
"El mío caliente y cargadito por favor"
Siempre esa es tu petición, aunque
a media tasa frío está.
Te extraño amigo mío.
No te veo en el loveseat, donde después
del café, acostumbramos platicar y reír y....
quien sabe, después del segundo eterno del
silencio, lo que sucederá...
Mañana ya volverás, flores nuevas habrá
En el jarrón, una en mi cabello que te haga
recordar la bella melodía Madrigal....

Letizia Salceda,,,
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11comentarios 172 lecturas versolibre karma: 92
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