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Las grandes ciudades son poesía andante

La magia de las grandes ciudades,
de sus interminables avenidas,
sus miles y miles de turistas,
sus cientos de fotos por segundo,
sus decenas de líneas de metro.

Gente, gente y más gente.

Y, entre ellos, tú.

Sólo, perdido, tímido,
no te atreves a sacar el mapa,
ni siquiera conectas el GPS,
de vez en cuando está bien perderse.

Gente, gente y más gente.

Y, sin embargo, aunque no lo creas,
eres invisible al resto de la calle,
como la mayoría de ellos lo son a tu ojos,
cruzáis miradas pero no os miráis,
no juzgáis, no pensáis, no sentís.

Puedes caminar desnudo por las calles,
gritar muy fuerte hasta quedarte sin aire,
cantar, bailar, saltar...
Nadie se va a parar a mirarte.

Es mágico, necesario de vez en cuando.

Sentirte uno más entre miles de mentes
que sobrepasan el límite de velocidad.

Invisible, tuyo, libre, perdido.

Pero lo disfrutas,
disfrutas de la velocidad de las grandes ciudades,
de perderte por sus calles,
entre miles de turistas,
que no se fijarán en ti,
ni siquiera en los cientos de fotos que harán de ti,
sin querer, queriendo retratar la poesía andante
del barullo de los que caminan sin rumbo,
sintiéndose uno más entre las mentes aceleradas.
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2comentarios 128 lecturas prosapoetica karma: 68

Amigo invisible

Querido amigo invisible,
yo te quiero regalar
una poesía llena
de cariño y amistad.

Aunque no nos conozcamos,
yo te voy a demostrar
que mi amistad será larga,
siendo tú mi amigo especial.

Quiero verte sonriente,
como mira el sol al mar,
como renacen las flores,
con alegre serenidad.

Bella persona por dentro,
luchadora sin igual,
consigues tus objetivos,
eres digna de admirar.

Con un poco de dulzura
y una pizca de sal,
te entrego mi compañía,
comprensión y fidelidad.

Por eso te quiero tanto,
en mi corazón estarás,
no me vas a perder nunca,
para ti siempre me tendrás.

AUTORA: ALMAR.
Almudena del Río Martín.
DERECHOS RESERVADOS.
19/10/2016.
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Baile de máscaras

La chica sin rostro o la chica invisible, esa que leemos muchas veces en la literatura. Ese cliché tan usado en las historias juveniles que tanto les gusta a los adolescentes, porque de momento le colocan un amor de película, una “mala o varias” que le hacen la vida imposible… lo dicho, tan cliché.
Aunque en ese momento de mi vida me hubiera gustado ser una chica invisible, no por el romance y esas tonterías, sino por haber estado tranquila y nadie me hubiera molestado, demasiado. Eso habría sido bastante divertido, no habría perdido mi sonrisa, ni me habría tenido que esconder de la gente.
No de forma literal, no soy un ermitaño en su cueva, sino metafóricamente hablando.
Ocultarme tras una máscara veneciana par que nadie viera realmente como soy. ¿Qué tan malo puede ser vivir en un baile de máscaras?
Bailando entre la gente que te conoce y gente que aún no. Con tu máscara que eternamente porta una sonrisa, te vuelves una sonrisa a la que nadie reconoce. Mientras que la luz de la luna contamina la noche, creando feas sombras de la gente que baila a tu alrededor. Implantando una pesadilla que rompe el sueño en miles de cristales que se clavan en los pies, creando arañazos bajo ellos.
Quiero puertas abiertas por donde bailar con mi dolor, quiero sombras y oscuridad donde refugiarme hasta que acabe la tormenta que ruge en mi interior y quiere liberarse. Quiero caminar por una ciudad de papel, donde perderme entre las mil y una historias que cuentan las letras plasmadas en sus edificios.
Quiero bailar en la plaza en un día de lluvia mientras el agua se lleva los edificios llenos de vidas e historias pasadas. Quiero bailar cuando tras la tormenta llega la calma. Quiero perderme en ese baile de máscaras.
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Objetivización de lo invisible

No creas que la imagen tuya se ha ido de parranda:
simplemente se ha dormido con la esperanza cansada.

Un día, ¿madrugador?, estaba físicamente vivo
(pero aún estaba dormido),
y mi piel tenía espacios de preguntas,
no sabía si tenía que reírse o irse con las malas juntas.

El cuerpo sentía vida, pero solo se movía
cuando creía que la tierra estaba dormida.

Es cosa distinta cuando te veo:
quiero contarte ríos y seguirte con enredos aunque ya no te creo.

Pienso,
"el Estado es un viejito rico, cacreco, que come como un cerdo".

Y vos, que no te agrada la tristeza de las pequeñas almas (¿necesarias?),
irradias una justicia de dolor compartida y me encantas,
y no creo que sea el problema de tu credo.

Yo soy seguidor de tu abuela anarca,
la primera Lyra o la Emma triste que arranca la trampa de la inhibición
de las verdaderas fuerzas de la revolución.

(La misma que llevó hasta la infinitud aquella conversación)

¿Acaso no volcamos los mismos carros?
¿No estamos juntos riéndonos de los curules de payasos?
¿Acaso no tenés ganas de la fusión de las teorías sombrías
sin aquellos pasos?

Hoy que sigo las andanzas de los ausentes labios candentes,
creo que hace falta unas cuantas crónicas decadentes,
quiero tocarte el reloj y atrasarte hasta donde sientes,
para ver cuando mientes sobre lo que quieres.

Yo cuestiono toda idea segura sobre el inmenso pasado,
más aún si esta idea la inventó el pesado muro de los falsos pecados.


La hija del cerdo, la burguesía, no quería que la ira
tocara las puertas de tu manía de tirarme, sin cuantía,
lo que yo ya supuestamente temía.

Eso generaría la quiebra de la rutina.

Esta imagen tuya se borra cuando olvido esperar por la tristeza,
cuando el paso de un estado otro es pura fineza.

Es el tiempo convirtiéndose en reloj, es su tiempo.

Es pasarse a si mismo por inadvertido
(y el espejo se apaga a si mismo en el reflejo).

Ya no puedo esperar en la finitud de tu existencia
quiero idealizarte en la frecuencia de mi ausencia.

Estas ahí sintiendo el vacío del tiempo pausado,
es cuando las huelgas se duermen en los pesados
espacios de los sindicatos,
ahí en el tiempo que se pierde en los Estados,
y nada pasa, se cumplen todos los horarios...

Ya no hay forma más segura para la victoria
que ver la materialidad de lo invisible.
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Invisibilidad

La realidad le dió un portazo,
él que a menudo caminaba con su imaginación de lado a lado...

Con su alma mermada,
sólo muy solo se sintió
y realmente nadie lo veía
nadie lo vió.

Muchas personas alrededor,
protagonizando una película que él no comprendía.
No era la primera vez que esto le ocurría.

Fue entonces cuando comenzó a soñar despierto
como tantas y tantas veces hacía...

Entre tanta madura inmdadurez, vió a una niña muy querida para él,
sin pensarlo, ella, con su mirada sincera lo abrazó,
y así continuó unos segundos, que se convirtieron en eternidad
consiguiendo un instante de felicidad.

Luego volvió a la realidad,
esa donde habitaba gente que no veía,
que no sentía lo que a él le ocurría.

Al final entre suspiros e incomprensión recapacitó:
"Si esto es madurar, en mi niñez me voy a quedar,
usaré mi empatía para borrar la invisibilidad de la gente.
Es una suerte ver, ser diferente"

Lo esencial es invisible para los ojos. "El principito"
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6comentarios 88 lecturas versolibre karma: 85

Invisibles

.

Nos hicimos invisibles de nosotros, y no volvimos a vernos
sin saber que aquel castigo era el peor enemigo
que cualquier recuerdo pueda tener
que no deja olvidar…

Porque después de amar, como lo hicimos
fuimos de ese amor el mejor asesino
de tanto quererlo cuidar…

Y nos escapamos queriendo respirar
en otras noches nuevos jardines
flores exóticas que de día ni se notan
que apenas duran un día
sin recordar sus nombres…

Y cada tarde a ciegas
busco entonces tus huellas
no es para seguirte, no
es para saber que aún sigues cerca
para no creer que fuimos una simple fantasía
porque conservo tus letras más allá de lo visible

en el alma, donde sólo el amor las puede leer…

soundcloud.com/lola-bracco/nos-hicimos-invisibles (Lola)

.
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Palabras Soterradas

No es cualquier pueblo,
ni cualquier lugar…
es el pueblo que conozco
como la planta de mi mano

En mi inevitable ausencia
hay cambios de forma
pero jamás de fondo.
El engaño es la premisa

Son días dolorosos de encierro,
atemoriza el invisible
aterroriza el cautiverio
le tememos a lo que no vemos

La realidad golpea en la cara
doblega los endebles huesos
nos priva el futuro
arrincona el presente

Muchos lugares del mundo
con la misma historia
las mismas promesas incumplidas
eterna faz del horror

Algunos parajes...
perseguidos por el tormento,
la hambruna, carencias,
soledad y tormento

El inmaterial fue propicio
para decisiones camufladas
mentiras programadas
acciones soterradas

Siempre terminamos creyendo
en falsas promesas
de los que juran
tener la verdad absoluta

Movidos por bajos intereses
destruyen lo poco que queda
levantan castillos de arena.
Esperando un mar de leva

Autor pintura: Varimar
Técnica: Oleo sobre Lienzo
Estado Mérida-Venezuela
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Simplemente, me dejo llevar

Hoy, es un día apacible, simplemente apacible
de demonios que duermen,
de horizontes cercanos, sin polvo
en el rayo de sol que atraviesa el visillo,
de mirada entornada.

Hoy no toca explorar territorios
ignotos
me quedo en mi cerco
y me dejo llevar...
como pluma que cae
yo me dejo llevar.

Con los ojos lavados
simplemente me dejo llevar.

Hoy no soplan los vientos
y el silencio que flota me acuna.
y mis lentos sentidos,
cierran la sinrazón.

Me suspendo en el aire
(callada)
y me dejo llevar...
simplemente me dejo llevar
y soy gota de un río
que no busca el camino
del mar.

(Mi mirada,
parada,
clavada en la lluvia invisible del sol)

... Yo me dejo llevar.



Texto y foto:

María Prieto
Mayo 2920
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29comentarios 260 lecturas versolibre karma: 91

Noticias del fin del mundo

Me han llegado noticias del fin del mundo,
y a pesar de que no me las creo,
desenhebro mi aguja para no seguir tejiendo los momentos,
que quién sabe si servirán para despertar conciencias o en su caso
negar la evidencia de ser un soplo de vacío sobre la callada existencia
de un más allá a un paso de siglos que se cuentan por vidas muertas.
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Invisible

Paso desapercibido por delante de ti
como lo hacen los días que no importan
de los no vivos que deambulan por ahí.

Antes morir que perder la vida
me parece un lema que bien merece
escribirse en mi piel junto a las cuerdas
que me transforman en una marioneta
que pende de tres nombres.

Tres, como iniciales escondidas
cual cimientos que me sustentan,
que tiran de mí hacia la vida.

Vida.
Vida.
Vida.
Vida.

Ahí vuelven esas cuatro letras
de las que a veces quiero huir,
de las que nunca lo hago,
de cuando deseo llover,
de cuando sonrío y vuelo.
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