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hundido sin ser tocado

Y como Lucifer drogado,
con los ojos rosas de lujuria
y desesperación;
nunca un color tan vivo
había acaparado
tantos recuerdos de
rock and roll.

Los grados de alcohol
aumentan
y no hay humo ni espejos
que eviten
el descenso a la locura
y la denigración
de los tiempos;
los días bombean
en arterias negras
y coagulan en venas
de historias que son mejor sangrar.

Al menos sentimos algo,
al menos es más
de lo que el mundo prometió,
se nos arrebató el fin de los días
y no ardió
como yo hice
antes de entender lo que eran
las cenizas.
Del ayer.
Del hoy.
No puedo ver mañana.
Al menos sentimos.
Al menos.
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Ardiendo en el infierno

La maldad como la luna tiene muchas caras,
la más bonita apareció ante mi
una calurosa tarde de mayo
firmé el contrato
ese en el que te vendía mi alma
para las rebajas.
No supe aquel día que el infierno
pasaría a ser mi residencia de estudiantes
ni que las llamas devorarian mi interior
dejándolo todo como Pompeya
tras la erupción del Vesubio.
La calcinación de mi alma quedó lavada
con un diluvio de reproches
una marea de "te quiero" y de "te odio"
que tiñeron de tinieblas el soleado Guadalquivir.
Tu mera sombra puede convertir el paisaje
más idílico en la casa de los horrores.
Dónde William Wallace abanicaba
la hierba con su falda
tu fantasma me clavaba la guadaña
en el esternón
la giraba y empujaba como si buscara petróleo.
En mi mente, sangre negra se coagulaba
en el aire
caía por mi vientre como magma
con una lentitud milenaria.
Gracias Lucifer, cumplí el refrán:
"Polvo eres y en polvo te convertirás".
Tuve que juntar ese polvo
con las lágrimas derramadas
para formar un conglomerado
de pena y arrepentimiento.
Este nuevo material empezó a brillar
hasta convertirse en cera recolectada
por las cuasi extinguidas abejas de mi colmena.
Al igual que mis compadres del museo
si me pinchabas no sangraba
no sentía
no moría
porque ya estaba muerto.
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5comentarios 89 lecturas versolibre karma: 87

Lucero

Él es Lucero
la enorgullecida aurora que porta la antorcha
en su envanecido corazón se le empozó el ego
anhelando usurpar en su utopía
el resplandeciente sitial del Sol.-

@ChaneGarcia
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La muerte del ángel

Su rostro lo atraviesa
una sonrisa torcida,
cicatriz enmudecida
de una herida que no cierra.

Una mirada muerta,
mirada torva, cruel, hundida;
y una lágrima furtiva
antes de cerrar la puerta.

Plumas grises como la nube
que atravesó al caer del cielo
a aquel terrible desierto
donde quien baja no sube.

Cuando se disipa el dolor
del golpe de realidad
con terror e incredulidad
observa su alrededor.

Entre la sangre y el polvo
revolotean plumas rebeldes
de unas alas que no quiere
pero que sigue mirando absorto.

Grita y siente en el pecho
una tempestad de ira incontrolable
y las plumas son puñales
que se clavan en su cuerpo deshecho.

Llegan y se van los días.
El castigo por traición
da fin a la transformación.
Despierta con el alma fría.

Lo siente: es otro.
Olvidó su nombre e historia,
y si antes conoció la gloria
ahora no es más que un ángel roto.

No se atreve a recordar
el pasado tan lejano
del primer pecador cristiano
que se quiso rebelar.

Y de esa luz de la mañana,
un resplandeciente fuego oscuro,
por un divino conjuro
ya solo quedan las brasas.

De nada sirve arrepentirse,
pues aunque era la más brillante
su luz no le pareció bastante,
y obtuvo así final tan triste.

Ángel muerto, renacido
en un fénix de ultratumba
que al amanecer se derrumba
soltando un largo y hondo alarido.

En demonio convertido,
ahora no piensa llorar,
pues ha elegido olvidar
su 'yo' antes del Ángel Caído.
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