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Juntos (microrrelato)

En el azul de sus ojos se reflejaba el miedo. La velocidad del coche transitando fuera de control, era cada vez mayor. Pisaba una y otra vez el pedal del freno, en un intento nulo de conseguir detener el vehículo. Horrorizada pensaba, que cuando alcanzaran la zona de curvas, se saldrían de la carretera que bordeaba la costa, y caerían al mar.
El niño viajaba en el asiento de atrás, sentado en su silla de seguridad. A través del espejo retrovisor, podía verle dormir, y ella sólo quería estar entre sus sueños. Ocupar sus pensamientos. Que sintiera sus brazos protectores, rodeando su pequeño cuerpo. Y susurrarle suavemente: “-te quiero, te adoro. Iremos juntos en este viaje.”
Mientras el sol iluminaba por última vez su cara, un golpe seco contra el pretil de la carretera, le hizo abrir los ojos. Las ruedas del coche ya no tocaban el asfalto. Volaban hacia un lugar inmensamente azul. Ella extendió su mano intentando llegar a tocar las suyas. Sus miradas se encontraron y se unieron para siempre. Ya no habría nada más allá de ellos dos. Un Universo completo se había formado y llenado de un amor, con el que iban a traspasar la eternidad. Juntos, unidos para siempre. “-Cierra los ojos y soñemos, mi cielo.”
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Vergüenzas... de la evolución humana

Una cohorte de primates, escuchaba atentamente lo que les decía Doña Decencia, exponiendo ejemplos y esquemáticos resúmenes.
Los primates emocionados seguían la disertación sin pestañear.
Al momento, un ciudadano humano, asombrado con aquella pintoresca reunión, detuvo su camino y se quedó a escuchar.
– ¿Cuál es tu interés aquí? – Le preguntó extrañadísimo uno de los primates, que no podía entender, que un humano, estuviese interesado en saber de Doña Decencia. “¿Será tal vez el único reducto de su especie…?” – Proclamaba nervioso.
El humano acariciando su prominente panza y con una sonrisa irónica, le contestó – Sabrás tú, lo que es la tentación.
El primate, rascándose el cogote susurró – Cosas de la evolución humana…



Microrrelato publicado en 5 palabras solidarias
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4comentarios 244 lecturas relato karma: 72

Dolores

Tenía 19 años y la vida se le escapaba entre botellas de lejía. Sus manos olían siempre a esa mezcla de desinfectante y soledad, y su espalda se hacía añicos cada día que pasaba. Se llamaba Dolores y a diferencia de la de Nabokov, ella nunca fue Lolita para nadie.

Años después me enteré por Carmen, mi vecina del Quinto, que Dolores tenía una hija en Ecuador. Que ella nunca se había enamorado, y su único primer beso fue a otro niño cuando tenía sólo quince años.

Yo no entendía, a mis trece, como podía ser madre sin estar casada, ni tener un novio.

A Dolores a veces se le caían las lágrimas en el cubo de la fregona y se diluían entre productos que abrillantaban las escaleras de mi bloque de viviendas.

Recuerdo pasar cada día, anhelando un gesto de sus manos en mi pelo, revolviéndolo a la vez que algo lo hacía dentro de mí. A veces, ese gesto se acompañaba de una sonrisa. Esos días cuando llegaba a casa comía incluso la coliflor sin un gesto de fastidio.

Se llamaba Dolores y tenía la sonrisa más bonita que he visto en mi vida. Yo era un niño y estaba enamorado.

Hasta que de pronto un día subí las escaleras y me encontré de lleno con la realidad. 90 kilos, para ser exacto. Una mujer grande y mayor, saludándome con acento peruano.

Corrí hasta casa y me lancé a la cama. Ese día apenas comí. Durante las semanas que vinieron, mi mente pasaba de un lugar a otro, imaginando toda clase de historias alrededor de Dolores. Por fin un día me atreví a preguntar a mi madre:
- Se ha marchado a su casa, con su hijo.

Yo no entendía como había podido hacerlo sin despedirse.

La nueva mujer también me despeinaba, pero ya no era lo mismo. Llegué a odiarla, solo por el hecho de que yo la veía como el causante de la huida de mi Dolores.

Hasta que un día, entre susurros, escuché a Carmen contarle la verdad a mi madre:
- Se bebió toda la botella. La lejía le abrasó el esófago, y hasta el estómago. Dicen que los gritos se escuchaban en toda la manzana. Imagínate, ella sola, en aquel cuchitril de mala muerte, con los recuerdos arañándola cada día. Y con lo guapa que era. Pero estaba rota.

Dolores lloraba cada noche y a mí me sonreía cada día. Ella tenía la sonrisa más triste que yo haya visto.
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Visita nocturna... (microrrelato)

Volvía cada noche a su ventana. Odiaba verles yaciendo cálidos en la misma cama; mientras ella yacía fría y sola en su sepultura.
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8comentarios 120 lecturas prosapoetica karma: 72

Bésame mucho

Se llamaba Damián y vivía en el Quinto Izquierda. Yo siempre le recuerdo asomado al balcón, el que daba al patio interior de nuestra casa antes de que la echaran abajo.

Damián era enjuto. Su pelo estaba poblado de canas y su frente cada día era más amplia. Aunque tratase de disumular su incipiente calvicie con kilos de brillantina, apenas funcionaba.

Damián vivía en el edificio con su madre, una anciana que hacía años había entrado en un mundo en constante niebla llamada demencia. Él se desvivía por ella. Le cortaba las uñas, la sacaba a pasear cada día en la silla. Según mi madre, la idolatraba.

Había días en que Damián se asomaba al balcón, y mientras colgaba sus camisas, cantaba:

"Bésame, bésame mucho. Como si fuera esta noche la última vez".

Eran los días que iba a visitarlo un tal Joan. En palabras de mi madre, era un bala perdida. Apenas treinta primaveras, pero demasiados inviernos en su vida. Se pinchaba, robaba y a veces se follaba a Damián. Y éste, inocente, le prestaba el dinero o la vida a cambio de aquellas pequeñas dosis de amor.

Joan a veces le golpeaba. Yo apenas era un niño pero podía escuchar las lágrimas de súplica de mi vecino. Esas noches yo acudía a mi madre, y me acurrucaba tan fuerte en su regazo que incluso le hacía daño.

Hasta que una tarde llegó la policía y una ambulancia. Nunca lo olvidaré. Yo apenas era un niño y nadie supo que ocurrió exactamente aquel día. Los paramédicos se llevaban a Joan en camilla, tapado con una manta térmica y un reguero de sangre.

Pocos minutos después, la policía bajó con Damián. Tenía los ojos inyectados en sangre, mirando al vacío. Yo no podía dejar de contemplar aquella mirada, la primera vez que descubrí como unos ojos podían caer en el abismo. Éste, exposado, llorando y riendo al mismo tiempo no dejaba de cantar:

"Bésame, bésame mucho, Que tengo miedo a perderte, a perderte después".
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Demasiado tarde

Se resentía de su rotura de menisco y el peso de las bolsas con las viandas para la cena, sumado a los tres escalones de entrada a la casa, le estaban matando.
Hoy era el aniversario de boda y quería sorprenderla con una cena romántica, que sirviera de catapulta para remontar ese distanciamiento que sufrían.
Sería una sorpresa para ella, acostumbrada a su poca o nula memoria para las fechas que son importantes recordar.
Una noche para disfrutarla en el cenador del jardín. Un buen vino, las estrellas y ese farol de testigo... harían el resto. Sólo necesitaba parar un segundo el tiempo, para decirle algo que hacía demasiado tiempo que le debía.
Sonó el móvil. Era ella.
- Hola… tengo guardia, no me esperes esta noche.
- ¿Hoy? ¿Justo esta noche? - Preguntó sorprendido y contrariado - Es nuestro aniversario. Esta vez no me había olvidado. ¿Tú sí?
Un silencio que duró más de lo debido, se adueñó del teléfono.
- No, no me había olvidado. En todos estos años, nunca lo olvidé. -Dijo ella al fin.
- Había pensado en preparar la cena en el jardín. Estaremos bien y podremos hablar tranquilamente como hacíamos antes.
- No creo que sea necesaria ninguna celebración. Pero tienes razón en una cosa; tenemos que hablar. - Añadió ella en un tono serio y firme.
El silencio de nuevo pesaba como una losa.
- Sólo necesitaba esta noche para decirte... que te quiero. - Dijo él, casi con un hilo de voz.
Al otro lado del teléfono, una respiración entrecortada anunciaba el llanto contenido de ella.
- Yo he necesitado saberlo y sentirlo, cada día y cada noche durante todos estos años. Te volviste frío, distante, lejano. Has llenado tu vida y tu mundo, entre tu trabajo, tus amigos, tus aficiones... Incluso con alguna aventura de la que nunca pensaste que me entraría. Contaban sólo tus sueños, tus proyectos y te olvidaste de los que podíamos compartir.
Tras las palabras de ella, de fondo, se oyó una voz masculina saludando a su llegada.
- ¿No estás sola, verdad?
- No.
- Te quiero
- Yo ya no. Es tarde para nosotros, lo siento.
Y el teléfono… enmudeció su voz para siempre.
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Copia extra de amor (Microrrelato 50 palabras)

Preciosa con su bata blanca, podía escucharla tras el cristal enseñando a sus alumnos.
Era su cumpleaños y quería invitarla a comer. ¡Qué orgulloso se sentía de ella!. Y qué culpable por las lágrimas que derramó en su nacimiento. Lo supo después, ese cromosoma dividido… fue mucho más que amor.


Publicado en:
www.cincuentapalabras.com/2017/06/copia-extra-de-amor.html
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Zinc caliente

Gata con tacón alto,
no se quema
sobre tejados de zinc.
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Miedo de ti (Microrrelato 50 palabras)

Con miedo y dolorida le miró a la cara. En un intento suplicante le pedía que parase. Pero sus ojos inyectados en sangre y ciegos, ahora desconocidos para ella, ya no sentían su dolor. Un fardo contra el que descargar su ira. Un último golpe y todo se volvió negro.


Publicado en:
www.cincuentapalabras.com/2017/04/miedo-de-ti.html
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3comentarios 154 lecturas relato karma: 74

Gracias, Ignacio...

Su familia estaba lejos y los detalles de lo sucedido tardarían en llegarles. Eso pensó cuando sintió el frío metal atravesando su espalda.
Supo por sus ojos, que los asesinos carecen de comprensión frente a la maldad de sus actos.
Ignacio, con su monopatín como única defensa, y sin hacer cuentas a su favor, intentó librar batalla contra el mal. Luchó con coraje, por salvar una vida que representa la de cualquiera de nosotros.
Gracias por ser, las uñas y los dientes de cada una de las víctimas que han sido o podrán ser. Gracias por enseñarnos a no agachar la cabeza y a entender, que como humanos, aún tenemos una oportunidad.



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cincopalabras.com/2017/06/11/escribe-tu-relato-de-junio-ii-juan-ignaci
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El crujido en mi armario

Acomodé mis zapatos,
sentí la oscuridad entre mis manos,
escuché un crujido cercano,
me asomé al fondo del armario,
¡No era mi gato!
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1comentarios 80 lecturas relato karma: 82

Yo... te esperaré siempre (Microrrelato de 50 palabras)

Compañero de alegrías y penas. Siempre a su lado, conectando miradas confiadas en las que se entiende todo.

La velocidad cedió y un golpe seco lo arrebató del regazo amigo. Voló a través de la ventanilla. Solo en el arcén, ya no encuentra su mirada. Hace frío en el corazón.





Publicado en: www.cincuentapalabras.com/2017/05/yo-te-esperare-siempre.html
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La mirada del corazón (Microrrelato)

Esa casa era toda su infancia y los recuerdos se agolpaban en cada objeto.
Un océano azul se fundía con un luminoso cielo, en un cuadro colgado en la pared. Era un crío cuando su abuela lo pintó y él se extasiaba mirándola. Nunca entendió cómo podía hacerlo.
Se recordaba buscando fotografías en el viejo revistero. “Un asteroide estaría bien, o también un rinoceronte” Necesitaba una imagen para pintarla en el lienzo que le preparó la abuela. Quería sorprenderle con algo bonito... aunque ella no pudiera verlo.
Un pellizco le apretó el corazón. Igual que un Pizzicato genera una onda de sonido sostenido, así sintió, cómo la piel y el Alma, se le llenaban de melancolía recordando las palabras de su abuela, mientras ella rozaba con sus dedos su pintura ya terminada.
“Es muy hermoso. Puedo verlo, porque la belleza más valiosa, se ve desde el corazón”.



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10comentarios 284 lecturas relato karma: 90

La vida del grillo

El grillo canta casi todo el día,
disfruta su zanahoria y compañía,
vive su corta vida en un bote con bolitas.
Llega una mano ágil y conocida,
¡Es la misma que le da de comer!
lo atrapa...lo deja con una araña gigante y rosada.
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No habrá recompensa para los malvados

- Allah, ya estoy aquí. ¿Dónde me esperan las setenta y dos huríes que me corresponden?

- Yo no pedí tal barbaridad en mi nombre. Nadie te espera.

Rubén soltó el bolígrafo sobre la mesa. Pensó que escribirlo le aliviaría, pero no podía dejar de mirar la cama vacía de su hermano.





Microrrelato 50 palabras publicado en:
www.cincuentapalabras.com/2017/07/no-habra-recompensa-para-los-malvado
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3comentarios 59 lecturas relato karma: 81

Odiable

Apretando en su mano el muñeco llavero que colgaba de su mochila y sentado en ese pasillo con los auriculares puestos, esperaba que su madre terminase de hablar con el director del colegio.

Desde la ventana podía ver el coche con la luna trasera rota. Esta vez no podía negarlo; volvería a hacerlo mil veces.

Odiaba a ese hombre, su profesor de Matemáticas. Y amaba a su mujer, su profesora de Filosofía. Preciosa, con ese pequeño tatuaje junto al hueco de su clavícula y esa melena de un indómito pelazo negro que caía por su espalda.

Pudo verlos en la sala de profesores. Él, la tenía cogida por el brazo y escuchó cómo le amenazaba si intentaba dejarle.

Subió el sonido de la música, cerró los ojos y apoyando la cabeza contra la pared, se juró que lo mataría.




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cincopalabras.com/2017/07/23/escribe-tu-relato-de-julio-iv-el-grupo-de
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2comentarios 97 lecturas relato karma: 77

Encuentros que pasan de largo

Cuando el semáforo estuviera verde los dos se cruzarían en la calzada. Sin mirarse disimularían no reparar en el encuentro.
Su corazón estallaba cuando pasó a su lado. Una ráfaga de aire trajo su aroma característico. Sabía que durante los próximos diez años, se culparía por no haberle dicho nada.




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Por un nuevo amanecer

Sus ojos se movían inquietos, mientras sus manos, brazos y piernas iban perdiendo fuerza. Pronto reparó, en que ya no tenía control sobre su cuerpo. Una nebulosa opaca giraba en torno a su cabeza instalándose en su pensamiento. Le costaba reflexionar sobre sí mismo y su entorno.
“Ese puñetero brujo le dio un bebedizo extraño y estaba funcionando.” -Pensó
Las primeras notas de Adagio en sol menor, le sacaron del inquietante sueño, justo un instante antes de que amaneciera.
Con su cama frente al inmenso ventanal y tan inmóvil como el día anterior, hoy, volvería a contemplar un nuevo amanecer.




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Voces

Mojándose la cara con agua helada, temblaba incapaz de reconocerse en la imagen del espejo. Nervioso, daba vueltas en el dedo al sello de oro con el escudo del rancho. Había trabajado duro para darle esplendor y crecimiento. Nadie entendería que lo abandonara todo sin más.
Tan sólo una nota sobre la mesa del despacho: "Necesito irme, no me busquéis".
Todo empezó con un click inesperado de su mente. Alguien hablaba dentro de su cabeza y no era capaz de controlarlo.
Mientras apretaba sus mandíbulas, el desconocido rostro le sonreía con ironía.
Sabía que uno de los dos debía morir...




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cincopalabras.com/2017/08/20/escribe-tu-relato-de-agosto-iv-desde-el-c
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