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Tengo miedo de dejar de ser yo

He tenido miedo de perderme por no encontrarte en este maldito lío en el que nos hemos metido.

Yo sólo quería saberme invencible en tus brazos de fuego, pero el final de un sueño es el principio de una vida insastifecha.

Cuando desperté tú no estabas conmigo. En la nota de la puerta escribiste "portazo".

Sorda de mí, tuviste que plasmar en letras el ruido que hiciste al desaparecer de mi vida y no darme ni las gracias por destrozarla.
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Miedo a no tener ganas de escribir

Ganas de escribir, de escribirte.

De cantarte todo lo que siento, de enamorarte.

Ganas de estabilidad, pero solo si es contigo.

También de besarte hasta que los labios dejen de existir, como un hielo que se funde, como una rama que se quema.

Apareciste de la nada, convirtiéndote en todo.

Me trajiste la magia que necesitaba para realizar mi truco, ese en el que vuelvo a ser yo, con menos inocencia y más cicatrices.

Desgraciadamente, también está presente el miedo, ese en el que te vas tal y como has venido, ese en el que no me amas, en el que no encuentras en mí la musa para tus canciones.

Miedo a quererte, por perderte.

A no ser capaz, a desaprovechar.

Miedo a que encuentres mi monstruo interior mirándote fijamente mientras acaricias mi alma con los dedos.

Miedo a tener que volver a buscar, a la soledad.

A fallarte y a fallarme a mí.

A que otra vea lo que yo me encontré por casualidad.

Miedo a que mi inspiración no tenga por quien salir.

Pero, sobre todo, miedo a no tener ganas de escribir.
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Traficantes del olvido

Me duele el alma
cada vez que abro los ojos.
Me devora la amalgama
de sonrisas dibujadas
en un sinfín de trampantojos.

Busco al traficante de los sueños
para comprar una pizca del olvido.
Grises mercaderes del engaño
ofreciendo fantasías,
para desvanecer todo el daño
que a veces causa lo vivido.

Necesito con urgencia
que el polvo de la amnesia,
me arrebate en el momento
esas pequeñas cosas
ancladas en el recuerdo.

No quiero esperar al delirio
del paso lento de los días,
ni a la inevitable muerte,
que hace que las simples cosas
queden rendidas a su suerte
y desvelen su verdadero sentido.
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Tengo miedo

La fiera despertó,
ya ha salido el león
de mi interior.

Tanto dolor ha provocado
una situación insostenible,
un circo de sentimientos
que ya no quieren actuar.

Porque, poco a poco,
con todas las cosas malas,
se me ha enfriado el corazón.

Y ya no sé si está vivo o muerto,
si es músculo o piedra,
o si es un cristal que se va a romper
de un momento a otro.

Ya no sé si voy a hacer daño,
sin motivo alguno,
a personas que no lo merecen.

Tengo miedo.
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Temor

Tal vez fue la pregunta:
“¿A qué temes Canet ?”.
O quizá fuera uno de los muchos traspiés de la memoria.
Pero volvió la sensación de aquel anochecer.
Era la primera vez en nuestro nuevo hogar.
Desde hace tiempo siempre entendí que el único sonido fuera mi propia respiración,
y me había encarado a la aspereza de la soledad somática.
Y sin embargo aquella noche de diciembre me rasguñaron las zarpas de la realidad.
Conocedor de una delicadeza que me apretaba la garganta,
me abandoné en los brazos de la amargura dejando que me envolviera con su capa gris.

Temo a una vida en la que los anocheceres fuesen sombríos y eternos.
Temo a las estanterías que no saben hablarme.
Temo a despertar y que ella no esté a mi lado.
Y, ante todo, temo a dejar de sentir los temores,
a cubrirme en el hábito,
a subsistir descalzo arrastrando los pies,
y observar la vida desde un espacio llamado nada.

Actualmente no he derrotado mis temores.
Negocio aplazamientos con ellos,
procuro evitar sus flechas venenosas,
y busco el modo de convivir con ellos.

Canet
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Detalles

Hoy disfruto de una vida amarrada a la madre tierra,
mañana seré mucho más grande, como dos Canet
en un planeta de brújula inalterable.
Siempre ha radicado en esos detalles,
en perseguir los sueños y consumirlos;
la inseguridad debe ser un problema gástrico
o un daño colateral de aquella niñez
que siempre intento olvidar.

Tan solo conozco dos idiomas, el silencioso es mi favorito
y veinte horas de vigilia como veinte uñas,
locura completa con su cordura
rimando en mi sistema respiratorio.

Qué linda es la palabra titubeo
me gustaría tanto saber bailar.

Llevo ya algunos años transitando
por esta perpetuidad de senderos poéticos
y se obstaculiza esta sensación de tener siempre
algún asunto por terminar,
y mi vida en un cajón de madera
que no es mía
ni del tipo de ojos castaños.

A día de hoy tengo a los miedos encarcelados,
el mimetismo aguzado, y mañana
mañana dejará de dañarme el pasado.
Sencillamente ojos con más brillo
y menos cabello, algunas canas
y no obstante
esta carne, músculo que palpita y entrañas,
pellejo y felpudo de palabras,
este corazón y el tuyo son los únicos
que me acompañan
hasta que no haya más puestas de sol
y me cubra el musgo.

Canet
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Nunca tuve miedo

Nunca tuve miedo de mirar al lado y no ver a nadie;
nunca tuve miedo porque me bastaba con mirar al frente y ver el sol.
Nunca tuve miedo de caminar con los ojos cerrados;
nunca tuve miedo porque no había obstáculos que me hicieran tropezar.
Nunca tuve miedo de escuchar ruido en mis oídos;
nunca tuve miedo porque aquel ruido solo era envidia en bocas vacías.
Nunca tuve miedo de saltar al vacío;
nunca tuve miedo porque ya había tocado fondo.
Nunca tuve miedos, a excepción de uno:
tuve miedo a enamorarme, pero logré superar ese miedo.
Y ahora que la amo, tengo miedo a perderla.
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Libertad de elección

Odio el sentimiento que transmitís
de que todo lo hago mal,
errar es humano,
si fallo
ya me tocará escarmentar.

Solo quiero disfrutar y cumplir mis sueños
por mucho que me los queráis destrozar,
mi felicidad es eso,
os duele,
pero hay que arriesgar.

¿Qué más da ingeniería, medicina
o bellas artes
mientras sea por mi propia voluntad?

De cualquier manera aprenderé
a ganarme la vida
aunque en ocasiones caiga.

Impotencia, gritos y discusiones
sin sentido y sin final,
conseguís el efecto contrario
al limitar mi autonomía.

El oxígeno no llega a mis pulmones,
me ahogo pensando que soy el mal
en esta absurda agonía.

Así que,

gritaré y romperé
todo lo que se cruce con mi ser,
por vivir, sentir y respirar
un poco de libertad.

Tan solo quiero escapar
de esta puta situación
que me oprime.

Necesito salir y correr,
deambular por la realidad
sin nadie que me pare los pies.

Posdata:

padres y madres de esta sociedad,
la libertad de elección es esencial,
dad alas a vuestros hijos para que alcancen su felicidad,
pues cuando uno hace lo que ama vive de verdad,
llevad la vida que tenéis en vuestras manos
lejos de la amargura y la culpabilidad.

Por favor.

No deis más espacio del necesario al miedo.
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La mejor tarea

Miró a su alrededor. No podía contar exactamente cuántos aspirantes había allí con él, pero sin duda alguna eran más de cuatrocientos. Todos cabizbajos, mirando atentamente el papel que tenían frente a sí. Algunos, los más diligentes, ya habían comenzado a escribir. Otros, sin embargo, aún trataban de dar forma en su mente a lo que contestarían. Enseguida entendió que aquello era un absurdo. Y no sólo porque era sumamente difícil competir con tantas personas para tan sólo una plaza de barrendero, sino también porque aquel papel contenía un solo apartado que rezaba “Defínase con sus propias palabras”. ¿Cómo podría él dedicarse a limpiar las calles si no había sido capaz aún de limpiar los miedos y las angustias de sus últimos tropiezos sentimentales?

Se levantó, dejó el papel sobre la mesa y salió de la sala. A su espalda, oyó una voz que le decía: “Oiga, caballero, no puede abandonar la sala hasta que no lo diga el presidente del tribunal. Regrese a su sitio. Oiga... oiga…” No hizo caso. Allí no se le había perdido nada y fuera había algo que sí debía encontrar: a sí mismo.
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Quiero quererte con la pasión del humano más animal y la delicadeza del animal más humano

Si por fuera eres bonito, no hablemos ya de la primavera que llevas por dentro.
Me arañas los miedos y me despeinas las tristezas, y así,
con tu cuerpo a escasos milímetros del mío,
es como quiero ver cada atardecer cada día de mi vida.

Sólo quiero cerrar los ojos y sentir en calor de tus labios en mi cuello,
sintiendo esa adrenalina de la pistola en la sien
pero con la certeza de que jamás se disparará.

Quiero que soltemos juntos el animal que llevamos dentro,
que lo soltemos para no volver a enjaularlo jamás.

Este hambre voraz de ti es lo que me hace sentir viva,
y cuanto más te desnudo más te encuentro,
y cuanto más te acaricio más me encuentro.

Vamos a mordernos con la rabia
de quien se siente vivo, joven y rebelde,
sabiendo que no vamos a hacernos daño
pero que todo esto nos va a calar hasta los huesos.

Vamos a recorrernos cada milímetro de la piel,
conociéndonos entre cicatrices y las constelaciones de lunares de nuestras espaldas.

Quiero que nos devoremos las inseguridades y seamos la luz que alumbre las noches frías.
Quiero que no quieras bajarte nunca de esta montaña rusa.
Quiero quererte con la pasión del humano más animal y la delicadeza del animal más humano.
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Calma

Una pesadilla que desaloja
deja de ser temor para ser sueño.

Una ráfaga de viento que amaina
deja de ser viento para ser brisa.

Una gota de lluvia que cae al mar
deja de ser lluvia para ser mar.

Este alma perdida que cae en tus brazos
deja de ser dolor para ser calma.
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sin comentarios 196 lecturas versoclasico karma: 48

La voz de una melodía

En un piano están tocando lo que ahora voy a tratar de describir.

Alguna vez fuimos los que se encontraron y no tardaron en perderse para siempre. Los que no llevaban la cuenta hacia adelante ni contaban los momentos de esos victoriosos pasados que arrastrábamos orgullosos, junto y al pie, de nuestras huellas.
Porque nos nacimos de manera natural, sin saber que aullábamos a la luna y ella respondía con mirada sórdida e incrédula lo que apenas entendía de nuestro confuso vocabulario.
Ahora, el tiempo nos ató en rebeldía y el orgullo, mientras tanto, plancha las hojas que escondemos por mojadas. Ya no vamos hacia donde no nos llaman ni llegamos enteros de improvisos ni a pedazos. El miedo es un viejo que, a veces, aún en su senilidad, aconseja atinado. Otras, el pobre anciano repite lo que escuchó de la vida o creyó interpretar de sus cansadas gestas, en sus agrietados gestos, en la voz de su tiempo y en ajenos. Nosotros, clavados en el primer instinto, dudamos si entrar en batalla o abandonar las armas del valor antes de alcanzar el paso siguiente. No saber si espantarlo o arrullarlo, si creer en sus siglos o reventar con un nuevo intento, es sólo una parte de las notas que comienzan con una melodía al azar. El resto, son los retoños del alma atados a las cuerdas tensadas para soltarse completa buscando el destino de su mitad.
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4comentarios 251 lecturas prosapoetica karma: 47

Miedos

Ni atroz ni atenazante,
más bien sibilino y amenazante.
Íntimo y pesado, pertinaz recelo…
Es obstinado, es el miedo.
Miedos, muchos miedos…

A la fobia delirante,
a la discusión eterna y constante.
Por naderías, por celos…
Que convierten sueño en desvelo,
y al lamento en tácito y quedo.

Al trabajo escaso y menguante,
a la envidia recalcitrante…
Que apenas hallan consuelo,
y hacen de la tranquilidad un anhelo,
y del vivir ‘quiero y no puedo’.

Y en mi vivir intranquilo y expectante,
me mantengo abierto y tolerante.
Y no por ideología o por credo,
sino por convivir en armonía, cedo,
y por no hacer de lo que escribo libelo.

¡Desterradlos! Postrado y suplicante,
a los suyos, a los míos…a los miedos!
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Tengo ganas al miedo

Tengo miedo a no sentir, y a sentir demasiado,
a saber de más y a no saber nada,
al qué dirán y a que no digan nada,
a ser yo misma y a esconderme,
a que no me quieran y a que me amen,
a no decir y a decir demasiado,
a que el tiempo vuele y a que vaya demasiado lento,
a dormir para siempre y a quedarme despierta,
a soñar y a que sea todo real,
a dejarme llevar y a ser guía de alguien,
a creer en ti y a que creas en mí,
a defraudar y a que confíen demasiado,
a triunfar y a fracasar,
a reír hasta que duela y a llorar hasta que se calme el dolor,
a vivir y también a la muerte.

Cuánto temor camuflado,
qué sinsentido más grande tener miedo
al miedo de no tenerlo,
pero sufrir también si tienes demasiado.

Qué estúpido tener miedo a las ganas y ganas al miedo.

Tengo ganas de sentir el miedo
que se siente al sentir demasiado,
al no sentir nada, al saber de más,
al no saber nada,cuando no me quieran,
cuando me amen, al ser yo, al esconderme,
al callarme, y al gritar lo primero que piense,
al que el tiempo se detenga, al que sea muy rápido,
al dormir, al despertar, al triunfar, al fracasar, al defraudar,
al que me defrauden, al reír,
al que se me acaben las lágrimas...

Tengo ganas de vivir y a veces, incluso, de sentir la muerte.
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6comentarios 171 lecturas versolibre karma: 59

No te duermas y empieza a vivir

El viento sopló irreverente.
Sacudió a todo lo que encontró a su paso.
Su fuerza era como un abrazo descomunal.
Como aquel que quiere arrancar desde las raíces todos los miedos.

Miedos que sujetan las ganas de vencer.
Porque son fríos y escurridizos como cada vez que destruyen los sueños.
Miedos que aprovechan la total oscuridad de los propios pensamientos.
Casi siempre se salen con la suya en una cacería que condena.

Pero esta vez algo cambió.
Una pequeña luz penetrante llamó la atención de la tiranía que gobierna el calabozo.
Y las cadenas del odio y la inseguridad se rompieron completamente.
No pude correr con todas mis fuerzas porque las piernas no dejaron de temblarme.

De modo que solo camine.
Hubo un momento en el cual no veía completamente nada.
Nubarrones negros impedían que perdiera el miedo.
Ese miedo que me ha convertido en su más fiel esclavo.

De pronto los vientos dejaron de soplar.
Y la calma volvió como cuando tenía veinte años.
Al intentar caminar sin prisa nuevamente regreso la calma.
El dragón enterró sus caprichos.

No necesite correr.
Esta vez el perdón dominó a la exigencia que solo existe en el interior.
Agarre la espada y solté el escudo.
Es muy pesada la negación que protege.

Tome la espada con ambas manos.
Fue una pelea en la que luche hasta que nada quedo totalmente impune.
Esta vez el viento cambió de rumbo.
Fueron buenos los vientos que trajo la marea.

Ahora escucho a la soledad que domina a mi silencio.
Dejo a la brisa fresca que acaricie a el nuevo mañana.
Ahora mis amigos están también contigo.
No dejaran que el gran opositor te domine.

Deja que el viento sople con fuerza.
Que ya se ataron con bien todas las velas.
Y aunque a los ojos los llaman el sueño.
No te duermas y empieza a vivir.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
05/02/2017
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El miedo

—¿Tienes miedo?
—¿De qué?
—De que por fin nos entendamos.
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La Niña

Ella era su preferida. Le gustaba cuando jugaban las dos y todas las noches la miraba dormir.

—Aún no es tiempo, no está preparada, pero llegará su hora. —decía mientras la miraba desde el estante de los juguetes.

Mientras tanto, peinando su cabello, la niña miraba detenidamente su reflejo mientras éste le respondía:

— Aún no, no estoy preparada…Pero llegará su hora.

P.E.S.S
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Iluminame

Abrázame
Tengo miedo y tengo frío
Abrázame, cobija mis sueños
Abrázame que estoy perdido y necesito luz

Abrázame...
Hace tanto
que vago solo por esta vida
que he olvidado sonreír....

Devuélveme los sueños
Sácame de este paisaje gris
Abrázame.... Que necesito tenerte aquí.
Iluminame

No digas nada, sólo bésame…
Dame tus labios.
Entrégame tu alma.

Comparte tus sueños, que los haré míos.
Dame tus deseos, con ellos calmaré tu sed.
Dame tus miedos, con ellos construiré tu fe.
Dame tu alegría, que de ella llenaré con colores tu día.
Dame tu sonrisa, que ella llena mis días.
Dame
Dame tu alma que ya...
Que ya eres mía.
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Queda pequeño el universo…

Se me ha vuelto peregrina el alma,
ahora pretende cazar atardeceres,
cansada de que éste, le robe el sueño.
Ansía amarrar la persiana del horizonte,
para que no pestañee una vez más…

Se ha lanzado sin paracaídas,
ha soltado todas las amarras
y ha quedado a la deriva,
como barrilete al que le han soltado el hilo.

Vaga en un cielo de caricias nonatas,
entre nubes de besos fugados,
buscando ser fulminada por esos rayos,
nacidos de las miradas perdidas, cuando me buscas.
Susurran, gritan, acosan, las mariposas…
Te saben, te presienten,
mas mi alma desespera,
queriendo reunir y dar vida
a ese cielo, de horas desperdiciadas.
Decididas, emergen, saliendo a mí rescate,
aun temiendo morir en el intento…

Pero a medio camino,
las sorprende un cosquilleo
que me sube por la espalda,
que estremece al corazón, que eriza la piel…
Huellas… huellas, que trazan arcoíris de esperanza,
donde arreciaban tormentas de utopías…
que acarician y multiplican mariposas,
que dan vida a lo invisible,
y de un tirón… devuelven al alma a su sitio.

Es que cuando llegas…
queda pequeño el universo,
para que el alma extienda sus alas.
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No me detendrán de nuevo

Fui preso de tu miedo.
Desde lo más profundo de mi reclusión sufrí de la maldad que poco a poco fue consumiendo mis sentimientos.

Solo quedaron aquellos delirios que llevaron al caos a la memoria.
Ya no pude más resistir más.
Caí en lo más profundo de mi última existencia.
Y en ese hoyo negro agote a la vida que banal se llena de desasosiego.
Mi escenario inconcluso se agotó en un tenue parpadeo.
Y nunca más tuve el tiempo necesario para discurrir en mi zozobra.
Estaba absorto llenando todos mis días de asuntos vacuos como si realmente eso al final importara.
Y solo termine por navegar con una brújula sin rumbo fijo.
Creyendo que eso era lo verdaderamente correcto.
Nunca cuestioné ni un ápice mi derrotero.
Una y otra vez navegue en círculos que al final me regresaron al puerto del cuál había zarpado.

Pero el viento cambio.
Y decidí con perseverancia remar contra corriente.
No fue fácil soltar los lastres de la vida que casi siempre mal pagan.
Resultaba más fácil ir contemplando tu miedo y dejarme envolver por tu falsa pasión en un beso.
Ahora navego in rompible, nunca dejándome intimidar por tus miedos.
Navego atravesando los huracanes oscuros de tus sueños.
No me detendrán de nuevo.
Ahora se lo que quiero.

Poesía
Miguel Adame Vazquez.
12/03/2017.
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