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Crispín

Crispín
Hace muchísimos años
en un país muy lejano
había un bosque encantado
donde vivía feliz
el duendecillo Crispín.

Su casa era acogedora,
tenía hasta mecedora
y allí pasaba las horas,
calentito junto al fuego
las frías noches de invierno.

Como Crispín era un duende
no le veía la gente
y el se divertía siempre
inventando una y mil formas
de gastarles muchas bromas.

Un día por la mañana
en el suelo halló una carta
perdida entre la hojarasca,
junto al buzón de correos
de la plazuela del pueblo.

Como era muy curioso
abrió el sobre presuroso
y una vez que leyó todo
una maléfica idea
enrojeció sus orejas.

Era de un niño inocente
a sus Majestades de Oriente,
pidiendo muchos juguetes
y también muchos regalos
para sus padres y hermanos.

Con una cara muy pilla
volvió a su casa deprisa
para hacer su fechoría
y el remitente cambió
por su nombre y dirección.

-Eres un duende muy malo,
le reprochaba su gato
bufando muy enfadado,
lo que haces no está bien,
te arrepentirás después-.

Pero a él no le importó
y echó la carta al buzón
con muchísima ilusión,
esperando muy contento
que llegara el 6 de enero.

Apenas pudo dormir
aquella noche sin fin
y al levantarse Crispín
con gran alborozo vio
regalos en el salón.

Había una bicicleta,
muchos cuentos y muñecas,
un puzle y una trompeta,
un balón de reglamento
y lápices y cuadernos.

No se tomó el desayuno
y sin perder un segundo
los juegos probó uno a uno
y tanto se divirtió
que hasta comer olvidó.

Luego se fue de paseo
por las callejas del pueblo
y vio a los niños contentos
enseñando los regalos
que les trajeron los Magos.

Pero al volver una esquina
vio a unos niños y a unas niñas
llorando a lágrima viva,
porque a su casa los Reyes
no llevaron los juguetes.

Comprendió el duende enseguida
que hay bromas que no dan risa
y provocan la desdicha
de los pobres infelices
contra los que se dirigen.

Decidió portarse bien
y los juguetes devolver
porque no eran para él
sino de todos los niños
que los habían pedido.

Los metió en un saco grande,
se puso un disfraz de paje
y cargó con su equipaje
y antes de que anocheciera
tocó el timbre de la puerta.

Con enorme algarabía
daban saltos de alegría
todos los niños y niñas,
al ver todos sus regalos
con el paje de los Magos.

Crispín con gran emoción
contempló su buena acción
y ya nunca más volvió
a gastar bromas pesadas
a los niños de la plaza.
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La Navidad de Ratón...

¡Qué cerca está la Navidad!, se dijo ratón, mirando aquellos primeros copos. Pegaba la nariz a la ventana y pasaba sus manitas por el cristal que se empañaba mientras la vista se le cruzaba intentando seguir la caída de uno de aquellos copos.
Dentro de casa estaba calentito. En la chimenea ardían unos tronquitos de forma calmada y acababa de mirar la ropa que tenía colgada ante el fuego. Luego olía a humo por todos lados, a ratón chamuscado, decía.

Por la noche, mecido entre las sombras, se acercó hasta un comercio cercano que guardaba su árbol tras la persiana de seguridad. Nada complicado para un ratón. Con sumo cuidado se apropió de una ramita que puso en su zurrón. Tomó prestados unos cuantos flecos de aquellas cintas de colores y se fijó en otros detalles como las figuritas y las flores de pascua.

¿Dónde voy a encontrar yo flores en esta época?¡Y esto tan grande yo no puedo llevarlo! ¿Y de dónde podré coger luces que se enciendan y se apaguen?
Se preguntaba observando maravillado el espectáculo del árbol coronado por una enorme estrella.

Qamar lo observaba desde lo alto. Sonreía y leía sus pensamientos. Ratón regresó a casa y acomodó aquella ramita en un rincón de su salón...Salón, cocina y dormitorio porque aquel agujerito lo era todo para él.

Tal vez pudiera hallar algún abalorio de la niña del piso de arriba y colgarlo, se decía, pero ese maldito gato se despierta con una mosca.

Se daba cuenta de que estaba cogiendo todo prestado y sin pedir permiso. Él no era un ladrón pero de qué otra forma podía hacerlo. Suspiró. Se sentó sobre aquel carrete de hilo de coser. Apoyó sus patitas delanteras sobre las traseras y metió la carita entre sus manitas. Respiró hondo. Qamar se coló entre los resquicios de la ventana y se situó ante él.

- ¿Qué te ocurre, Ratón?
- Nada...
- Mientes muy mal.

Y una caricia blanca iluminó la sonrisa triste de Ratón.

- Quiero poner un árbol de navidad pero es que lo estoy robando todo... Y eso no está bien pero es que no tengo nada con que adornar mi árbol. Mañana es Nochebuena.
- Sé que es importante para ti pero ¿para qué están los amigos? Yo te ayudaré.
- ¿Cómo?
- Los magos no cuentan nunca sus trucos... Son secretos -le sonrió la luna.- Ahora deberías irte a dormir. Yo velaré tu sueño.


Como cada noche, Ratón tomó su vasito de leche y unos trocitos de galletas de miel antes de irse a la cama y recibir el beso de Qamar. De tanto en tanto, abría los ojos. Estaba nervioso pero su luna ahi estaba, sonriéndole.

Aquella noche no sucedió nada. Ahí seguía su rama de abeto y las virutas de tela cuando amaneció. Helio lucía con poco brío aunque contento. Desde el solsticio de invierno, ocurrido unos días antes, tenía más rato para lucirse. No obstante, hizo que Ratón sonriese y se saludaron.

- ¡¡Abre la ventana, Ratón!!
- ¡¡Voy arduo y veloz!!

Y Helio le correspondió con una sonrisa, iluminando toda la madriguera y dándole un poquito de calor. Charlaron un rato y luego Ratón se fue a sus quehaceres.


Oscurecía más tarde y por eso debía darse más prisa pues también sus amigos llegarían pronto para preparar la cena de Nochebuena. Compartirían las cosas y pasarían juntos la noche, cantando y bailando... o durmiendo después de haber dado un buen repaso a los dulces.
Estaba preocupado pues no sabía nada de Qamar ni de su truco. Helio no le había mentado nada, y el árbol seguía sin estar puesto aunque no sabía en qué momento habían desaparecido las cosas que él había cogido la otra noche.

Estaba sacando una tela con estampado de navidad para ponerla como mantel. De pronto sintió un curioso sopor que le hizo bostezar hasta casi sentir que se le desencajaba la mandíbula. Una tremenda sensación de mucho... mucho... mucho sueño le invadió.

¡Ay, qué sueño, por favor!, pensó sin dar abasto con los bostezos. Apenas fue consciente de tumbarse en la cama. En ese momento, algo mágico ocurrió. La ventana se abrió. Qamar había extendido su magia, apareciendo como una maestra de orquesta dirigiendo un comité de especiales seres.

Dos duendecillos vestidos de verde y naranja portaban un pequeño abeto hecho de hojas y ramas secas que colocaron en un rincón. Unas haditas traían consigo pequeñas flores que parecían de cristal...o de mismísima escarcha. Unas cuantas arañas se organizaron como un pequeño ejército y empezaron a tejer. Unas mariposas nocturnas llevaban en sus patas una especie de bolitas amarillas y unos escarabajos hacían rodar algunas bellotas

- ¡Faltan las luces! -murmuró una de aquellas haditas.
- Siempre se retrasan -dijo Qamar antes de mirar sobre el horizonte. No tardó en ver a un pequeño batallón de luciérnagas acercarse pizpiretas.
- ¿Llegamos tarde?
- Apuradas... ¡Vamos, no hay tiempo que perder! Van a llegar los amigos de Ratón y he de despertarlo para que le dé tiempo a poner la mesa.

Una a una, de acuerdo a las instrucciones recibidas, se fueron posicionando sobre el árbol, frotando su tripita sobre las bolitas, los hilos de araña y las otras cositas, dándoles la fluorescencia necesaria para brillar. Qamar puso el toque final al dejar un rayo de luna en lo alto a modo de estrella.

- ¡Vamos..., vamos! -apresuró la luna. Antes de cerrar la ventana, volvió a dar un toque de magia, caldeando la estancia. Sonrío y con un suave soplido, como una brisa, rozó el rostro de Ratón que despertó sobresaltado cuando tambén oyó el golpear de uno de sus amigos en la puerta.

Estupefacto, observó el árbol ahí mismo. Era perfecto, maravilloso, espectacular, increíble... ¡¡¡Mágico!! Era el árbol más hermoso que había visto. Estaba loco de contento.

Fue a abrir dando saltos de alegría y eso atolondró a sus amigos que, tan perplejos como él, no comprendían qué estaba sucediendo.

- ¡Pasad... Pasad! ¡Mirad!
- ¡Ohhhhhhhhhh!- exclamaron al unísono.
- ¡Ha sido mi lunita! -reconoció emocionado y respirando tan hondo que hasta los adornos se movieron.
- ¿Esperas a alguien? -le preguntó uno de sus amigos al oír más golpes en la puerta.
- No -respondió perplejo escuchando otros más suaves contra el cristal de la ventana.
- ¿Qué está pasando?

Por un momento no supieron reaccionar. Se asustaron pero en que Qamar volvió a asomarse por la ventana, todo pareció tener un brillo y color especial. Tras la puerta, duendes, hadas, ninfas del bosque... y demás seres mágicos.

Ratón sabía que iba a ser una noche muy especial. Estaban sus amigos, los de siempre y los nuevos, y no le iba a faltar Qamar. Aunque echara de menos a su familia, que, ahí, desde el cielo de los ratones tenían su modo de estar con él, tenía el valor de la amistad latiendo en su corazón.

No había mejor regalo que ese. Ni mejor celebración navideña.

- ¡¡¡¡¡Feliz Navidad!!!!!
- ¡Qamaaaarrrrrrrrrr, feliz Navidad!
- ¡Feliz Navidad, Ratón! Me debes un beso -advirtió señalando el muérdago colgado sobre el marco de la ventana.
- ¿Uno? ¡¡¡Todos los que quieras, mi lunita! Y me deberás un baile..
- Todos hasta el amanecer -sonrió sintiendo los bigotes de Ratón rozar su blanca mejilla.- ¡Feliz Navidad, mi Ratoner! -le deseó con cariño.
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Te desearía Feliz Navidad

Te desearía una Feliz Navidad y un próspero año 2018 pero me suena a tópico y cumplido. Por eso te deseo que hoy seas feliz, sin más. En este momento tienes la posibilidad de alegrarte de la vida, de reconocer a tus personas queridas como lo mejor que jamás soñaste, de respirar, de sentir, de amar e incluso de sufrir. Si es así, todavía dispones del gran regalo de la vida. ¿Qué más quieres?
No es necesario que digas nada, simplemente sonríe. Aunque nadie te vea estarás siendo consciente de tanta riqueza. Disfruta sin medida, abraza para sentirte cada vez más cerca de la humanidad, saborea el pan duro que no consumiste el día anterior, recréate contemplando las hojas caídas, mira hacia atrás y ríete de tus payasadas. Sueña en la vigilia y duérmete recordando cualquier cuento infantil. Tal vez aparezca esa estrella que siempre has estado buscando.
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Senryu (un niño)

¡Nacido ha un niño!
Luz del mundo y la insignia
de Amor y Paz.



@AljndroPoetry / xii-17
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Noche de Paz

La noche quizás debía ser fría, una noche cualquiera de un ordinario día. Pero algo insólito y extraordinario había de ocurrir. Una Luz inusitada, invisible y etérea llenaba el aire. Ovejas y pastores trataban de conciliar el sueño, cobijados bajo un manto pringado de millares de tenues estrellas con sus ojitos entrecerrados. La magia viajaba desde lejanas tierras, cargada de oro, plata y mirra, montada en camellos, con coronas sobre sus cabellos. Un pesebre, alguna vaca y algún buey, y tal vez hasta algún asno despistado serían testigos de un milagro; del Milagro. Un nacimiento profetizado. Un rey, el Rey había de ver la luz imperfecta de nuestro mundo. Una estrella de resplandor alucinante, un niño, un Mesías, un Salvador. La Luz.

Quizás fue otoño,
o tal vez fue un invierno.
Noche de Paz.


@AljndroPoetry / xii-17
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Magia sin truco

Llegas y arrasas,
huracán de una eternidad
que llevaba esperándote.

Primer verso escrito
y aún no me lo creo.

¿Me dejarás en tu boca
o frente al altar vestida de blanco?
Mejor no pensarlo, herido diario,
que no te desangre
ni aún soplando a milímetros,
pues conoces al viento
y a tu corazón embustero,
tan falto de amores verdaderos,
incompatible con los que aparecen por noches
y al alba se marchan
sin mirar hacia atrás
aunque se dejen en tus labios
conjugaciones inexactas
de predicciones inciertas
que nunca erran tus pasos.

Así que esta vez camina despacio
y si encuentras magia sin truco
con la que pretenda hipnotizarte,
deshazte del miedo y recuerda quién eres.

Bésala,
cierra los ojos
y abrázala
hasta que al mirarla te sienta
como la quieras amar.

- ¿Qué dices, poeta? ¡Se marchará!
- Olvida estos impulsos que se saltan el compás.

Mas no te detengas
a pensar en su risa
hasta ahora indiferente
para tu melancólico hastío.

Quizás, todas ellas
hayan sido presentes,
pretéritos simples de verbos
que nunca se hallaron reciamente consolidados,
ni por redobles de cánticos
ni por poemas de Bécquer
que desataban consonantes
tu afán por pintar golondrinas rigurosamente.

Y a lo mejor, cansada de poesías,
que rechinan insólitas
en la métrica quejica,
lo que la vida te ofrece
sean sus ojos haciendo juego sin rima
en satírica que despierta en ti cada día
el hecho de necesitarla sin motivo aparente.

Es didáctica,
nomenclatura científica,
prosopoética ausente,
discordante imaginativa
con la clásica melodía
que deniegas a tu corazón ilegítimo.
Y, sin embargo, feliz por hallarle la cura
al que eligió ser artista
sometido a su propia tortura.

Historia sin prólogo
que te hace sentir extraterrestre,
y ella incompatible
con la infelicidad del absurdo poeta
que te lleva al fracaso.
Filosofía tampoco.

¿Qué será?

Quizás, tan solo sea
la asignatura pendiente
que nunca has aprobado
en eso del amor
por deshacerse de ti a tiempo
en el baile de graduación.
Entretanto por la falta
de corazón incompatible
para el sinsentido con el que bañabas
antaño tu razón.

Y, ¿si ha llegado?...

Sin roles adquiridos
ni congénitos propios
de quien haya nacido
para ser musa de un artista.
Simplemente, ella,
con nombre y apellidos,
sin cuento que la encasille
para incitar tus sentidos artísticos.

“Ojalá sea ella mi mejor regalo”
sueñas a su lado toda la semana
y cómo decírselo
si nunca es el momento
aunque siempre se halle bailando en tus brazos.

Tal vez esta vez se aleje primero
por dejar que tu mente interponga vuestro vuelo
y llegarás a deshora aunque la tengas al lado
porque tú, corazón cobarde,
siempre has faltado
donde empieza el miedo.

Así que ahora corre
y lucha por ella.
Pregúntale
si tiene truco para mirarte
como tú la miras.
Deja que vuele,
que se quede en blanco
y enséñale que la magia
se revela con labios
que aunque aún no se conozcan,
se llevan toda la vida buscando.
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Felices Fiestas 2017-2018

Que los días que vienen
sean de puro amor, de amor sincero.
Mucho seguro tienen
los que pasaron contigo primero
penas, ese si es amor verdadero.


Hortensia Márquez

ABABB
7A-11B-7A-11B-11B
Lira o lira garcilasiana.
Quintanilla endecasílaba o quintilla real.
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Mi carta de los deseos

Tengo que pedir para todos
pues luego vienen reclamos
y la lista se hace inmensa
pidiendo menos tempestades

Quiero pedir por las musas,
Fuentes de inagotable inspiración,
y por esos poetas/ poetisas
que en letras exponen pasión.

Quiero pedir por sus familias,
que son pilar en contra de rendición,
gotas de fuerza en amor en lluvias,
tolerantes de su incomprensión.

Tengo que pedir por los sueños,
en donde quiero que sean dueños,
que suelten lo que los aterran
y fuerte a ellos se aferren.

Pido por los grupos de poesía,
por qué con su grano de arena,
hacen que corazones en lejanía,
se unan y hagan la pena Serena.

Tengo que pedir por mis amigos,
que se han cruzado en mis caminos,
por qué siempre tengan un grado de locura,
y que la verdad siempre sea su cura.

Tengo que pedir por las mujeres,
que son las musas de mis poesías,
para que saquen a relucir sus placeres,
y dejen salir sus hermosas rebeldías.

Debo pedir por el amor,
nuestra fuerza interna ante el clamor,
para que sea nuestro empuje,
ante cualquier situación.

Feliz navidad
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La Estrella que vuelve

Ya vuelve un año más;
que en el cielo
repleto de estrellas
faltaba una sola por llegar.

Estrella que anuncia sueños,
luces, sabores y sonidos.

Sombras vestidas de rojo
que en la noche se cuelan,
acercando anhelados sueños.

Luces brillantes
que pintan en el Alma,
la ilusión mágica
de un tiempo feliz.

Sabores,
que en su dulce tradición,
nos llevan al recuerdo
y al cálido reencuentro.

Sonidos,
que en Villancicos aprendidos
allá por la niñez,
repetimos a los que llegan.
Para que recuerden
y no olviden.
Para que soñando
enseñen a soñar.
Que la Estrella siempre vuelve
y lo hace por Navidad.



Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/
I Semana de Diciembre 2016
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Ahora no es navidad

Ya han pasado los días de Navidad. Se acabaron las felicitaciones típicas, el juego del amigo invisible, los regalos del señor gordito con barba blanca y los que trajeron los reyes mágicos. Se terminaron las cenas y comidas copiosas con los familiares. Se han recogido los adornos navideños, apagado las tiras luminosas de leds y envuelto las figuritas del belén. Todavía juegan los niños con los juguetes recién estrenados, mientras los papás se disponen a zambullirse en la rutina laboral y doméstica.

Ha finalizado el tiempo socialmente aceptado de la felicitación, de la alegría, de la solidaridad. Ahora comienzan las rebajas de enero para compensar el despilfarro de las fiestas pasadas y pagadas. Sin la suerte de haber sido agraciado por la lotería y con la misma salud que se tenía antes de las fiestas, siempre y cuando no se haya abusado en exceso de las comilonas. Vuelta al trabajo, al cole, a la inercia rutinaria de cada día.

Sin embargo, estos días anodinos son los que más necesitan de alegría y de encanto. El regalo de cada minuto de existencia tiene la fuerza de toda una fiesta. Los miles de besos depositados en las mejillas de los seres amados, la sonrisa ofrecida como señal de acogida y de encuentro, la palabra amable, el silencio educado, el abrazo con ternura, la espera esperanzada, la confianza en las posibilidades ajenas, la caricia afable… estas cosas sí que son auténticos obsequios de la vida.

Ahora también es tiempo del cariño, de los encuentros familiares, de las llamadas a los amigos, de las visitas deseadas. Ahora se disponen de muchos días para felicitar, para reconocer con gozo el crecimiento ajeno, para hacer reír, para jugar, para quedar a tomar un café, para escribir unas palabras a quienes queremos en la distancia. Ahora se pueden hacer visitas a quien está enfermo, a quienes sabemos que les afecta la soledad. Ahora se puede pasar un rato con las personas mayores que sólo desean a una persona que les haga sentirse importantes. Ahora, es precisamente cuando más se necesita la solidaridad. Ahora no es Navidad.
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Navidad (colaboración con @vsmc2002) (jotabé)

Todo son destellos, algarabía,
toda casa rebosa alegría;

Pirotecnia y luces hay por doquier
¿música? Sí, ¡hasta el amanecer!
yo vivía tan sol@, sin tu querer
y tú, amor, me has hecho renacer.

Érase como un toque de queda:
¡nunca pasaba la noche en vela!

¡Jamás me importaba este día!
Mas ahora me refugio en tu piel
que al tacto me parece de seda.
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Postal De Navidad

(A todos los integrantes de esta hermosa comunidad, desde el más novato al más veterano, con los que sin distinción de raza, género, edad y condición social, llevo aprendiendo y leyendo asiduamente, colaborando e interactuando repetuosa y amablemente, y en algunos casos, más allá de los mares y las fronteras, he estrechado lazos, poesía mediante, por amor a las letras. Vaya en esta dedicatoria mis felicitaciones).


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La ciudad no tenía nombre. Pasé el día pensando en unas palabras esperando a ser escritas o arrinconadas. Me adentré en la noche invadida de humedad. Avancé hasta sentarme en un banco que adornaba la avenida. Desde aquella vista, contemplé el mar de un color profundo y misterioso. Luego, me percaté de que todas las calles desembocaban en casas con tejados rojizos de libros y música. Al mismo tiempo, esbocé una ligera sonrisa… Entre un viento dulce, sentí un temblor en el pecho al ver bulevares iluminados, gente ilusionada que viene y va, y letras grabadas en vidrieras azules que decían “Feliz Navidad”.



@Alejandro P. Morales. (2018)
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Ayer fue Navidad

Aunque el calendario diga lo contrario
ayer Navidad he celebrado,
porque tú me has visitado
y tu dulce amor me has entregado

Porque Navidad significa nacimiento
y cada vez que te veo nazco de nuevo
Porque Navidad es gran alegría
y eso es lo que he sentido en ese día

Porque Navidad significa recibir amor
y tu a raudales me lo has entregado
Porque en Navidad se hacen regalos
y tu eres es ,sin duda, el mejor regalo

Y al final me he dado cuenta
que Navidad no es una fecha,
es esencialmente un sentimiento,
algo que se vive en cualquier momento

Y es tu amor,amada mía, lo que eso ha logrado
que sea Navidad aunque aún no haya llegado
Es que verte a ti amor precioso es pura alegría,
y cuando eso ocurre ,es Navidad de nuevo ese día
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Feliz navidad

Llegó el día, el día en que las personas se reúnen a celebrar la navidad. Es tanta la pasión que le ponen que por alguna razón convierten el cielo oscuro de la noche en un vacío multicolor.
Que es felíz? Salir de fiestas, noche de amigos, música, y muchas cosas más.
Que es Navidad? Es un día en el cuál las personas se reúnen a celebrar el nacimiento del niño Jesús, pero cada cual lo celebra de acuerdo a su posición y no dejemos de lado a los que no creen en la navidad.
El resonar de la copas a media noche, la conmoción al momento de marcar las doce, los abrazos eternos de personas eternas, las lágrimas para aquellos que ya no están en este día, y el descorchado de la sidra burbugiante.
Esto es lo que pienso, solo necesitaba tomar el lápiz y escribir, escribir para el nuevo mundo que he descubierto, yo sé que tengo errores al momento de escribir pero.... De los errores se aprende, y eso es gracias a ustedes que me ayudan a mejorar con sus comentarios alentadores, por eso en esta Navidad agradezco a todas las personas y amigos que me han ayudado en este año.
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"Renace una flor" Escrito por: Enid Rodríguez Isáis @CorazónDeFlor

En estas llagas,
te pido que sanes,
con tu bálsamo
de besos,
el dolor de mis
rodillas,
al haber caído,
desesperanzado
y abatido.

Por todo lo que
he llorado,
te pido que sanes
el dolor de mis
mejillas,
por la humillación
que permitiste
que viviera.

¡Oh Luz inmensa!
renace desde lo
más profundo
de mi ser
como una flor bella
para asemejarme
a tu amor
puro y bendito.

Derrámate una vez más
en los cálices vacíos
que sostengo
para que la sed
no me pille
no me mate
y no me pierda.



Enid Rodríguez Isáis
@CorazónDeFlor
Diciembre
2018
San Antonio, Texas.





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La paga de Navidad

Falta una semana para celebrar la Navidad, días en los que mucha gente se acuerda de los más desfavorecidos. Semana en la que muchas personas hacen su obra caritativa anual para sentirse bien el resto del año. Las luces navideñas lucen en todo su esplendor y el consumismo supura por sus venas saturadas.

Ese día, Leonor despierta en su habitación con una sensación de bondad repentina.

-Mamá, he tenido una idea. Quiero hacer un regalo a un niño pobre. Le diré a mi ayudante de cámara que se ponga en marcha por las redes sociales y me busque un pobre, pero que sea español.

-Hija, ¡qué orgullosa estoy de ti! Seguro que tu padre también lo va a estar en cuanto se lo diga. Por cierto, ¿qué le vas a regalar?

-La pelota del último Mundial que me dio la selección de fútbol.

-¡Qué buena idea!, además está firmada por todos los jugadores. Eres digna hija de tu padre y heredera del trono. Él siempre dice que el obsequio ha de estar en función del obsequiado. Hay que dar lo justo para que todo continúe igual. Conservar a los pobres es la manera de mantener el equilibrio natural. Sin nuestra generosidad, los pobres se morirían. Hay que mantenerlos vivos, sacarlos de su miseria sería inmoral.

Mientras el personal de palacio busca por las redes sociales a quién regalar la pelota, Alizia, la Reina, contacta con su amiga de yoga Carmencita por si conoce algún niño pobre que pueda ser el beneficiario. No tiene suerte.

También se lo comenta a su Secretaria. Ésta que no soporta verla triste le propone un niño que está delante de la iglesia por donde pasa de camino a su casa.

-Majestad -comenta la Secretaria-, no sé si es buena idea un balón, quizás sea más útil ropa de abrigo con el frío que hace.

-Pero qué dices –contesta la Reina-, el valor moral de un balón regalado por la Princesa da más calor y bienestar que todas las mantas del mundo. Además, donde haya un corazón caliente que se quite lo demás. Lo que me preocupa es la petición de Leonor de dárselo personalmente.

-¿Por qué, Majestad?

-Una nunca sabe qué puede haber en esas casas y qué enfermedades le pueden contagiar. No sé, estaría más tranquila si te encargases de que la ropa que lleve ese día desaparezca de palacio, ¿lo entiendes?

-Sí, Majestad.

A los pocos días, Leonor va a la casa del niño. Cuando llegan al barrio donde vive, el coche tiene que pararse a unos cien metros del domicilio porque la calle es demasiado estrecha. La comitiva real desciende del vehículo y se dirige hacia el portal.

-¡Uff, cuánto barro! ¡Cómo me estoy poniendo los zapatos! –dice Leonor mientras el vaho le sale de la boca.

De pronto, un frío terrible la paraliza y se siente mareada. Se agarra a su acompañante.

-¡Qué olor! -dice, pero se repone.

Una mujer les espera fumando, la mirada tras las gafas fija, clavada en los personajes que aparecen con los zapatos completamente enfangados frente a su casa. Los guantes que lleva apenas cubren los dedos. Un hombre tose, tiene la barba desaliñada y la chaqueta raída. Entran en la casa. Un niño de unos diez años está sentado en el rincón moviendo las manos de forma mecánica. No ve ni oye nada de lo que ocurre a su alrededor. No se levanta.

-Hola, soy la Princesa -dice Leonor desconcertada-. Es Navidad y vengo a regalarte mi pelota de futbol firmada por los jugadores de la selección española.

El niño agarra el balón, le echa un vistazo con sus pequeños y negros ojos, le da la vuelta, lo manosea y lo lanza a una caja que tiene a su lado.

-¿Cómo es posible? –dice Leonor enfadada.

No se cree la reacción del niño, cierra los ojos un momento. Al volverlos a abrir ya se ha acostumbrado a la oscuridad y mira la casa: un montón de balones firmados como el que ella ha traído, agujas de coser, trozos de cuero, hilo, ... De pronto, una puerta se cierra de golpe. Leonor se sobresalta y se apresura a salir. Choca con la mujer que fuma. Sale a toda prisa, pero el hombre que tose se pone delante cerrándole el paso.

-Gracias, señorita por su generosidad -le dice-, esta pelota es como las que cosemos en casa. Se la venderemos a la empresa que nos las encarga y será nuestra paga de Navidad.

Leonor sale confusa hacia el coche. Entra a trompicones.

-¡Rápido, arranca ya!

Se queda sola, aturdida por la experiencia. Una pregunta le ronda por la cabeza: ¿paga de Navidad?, ¿qué es eso?
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Nochebuena

Nochebuena
Se vistió con su mejor ropa de calle, cogió el carro de la compra y se encaminó al mercado. De tanto en tanto, saludos, Feliz Navidad. Sí, sí, este año los tengo a todos, contestaba. Estarás contenta. Claro, claro. La primera parada en la carnicería; toma para el horno como me dijiste, te he reservado el mejor cabrito, cinco cortes. Sí, sí, los otros comerán pescado. Chica, entre carnívoros, vegetarianos, veganos… me tienen loca, pero qué voy a hace, es una vez al año. Cuántos sois al final. Quince, somos quince. Ya, ya, una faena. Te ayudarán, no. Ah, no, no quiero oírme luego ni tan siquiera que han hecho la mahonesa. Lo tengo preparado, ya sabes estos chicos siempre protestan. Pues venga, aquí lo tienes.
Pasó a la pescadería por la parte de atrás, solo verla una de las dependientas le entregó el encargo. A pasarlo bien. Igualmente, claro, claro, muy contenta. De ahí a las legumbres, también a punto para el falafel, el humus de la vegana. Los frutos secos en una bolsa, pago y el consabido Feliz Navidad. El carro ya casi lleno de vuelta a casa. A medio camino la bodega. El cava, el vino blanco, tinto…Espera, ya lo coloco yo, dijo el dueño, sobrará supongo. No creo, la noche se alarga con los turrones y cae hasta el anís del mono. Un beso, suerte y Feliz Año si no nos vemos; se me olvidaba, toma un almanaque. Perfecto, me va ideal, las casillas son grandes y puedo anotar las citas. Llegando al portal más saludos de vecinos, besos con quienes no se hablaban durante el año.
Abrió la puerta, colgó el abrigo en el armario del pasillo. Las seis, noche cerrada, camino a la cocina iba encendiendo luces, la tele volumen al máximo; el extractor al máximo. Las ventanas de la cocina y del patio de luces de par en par; subían voces de vecinos gritos de niños, bromas discusiones. Ella ruido de cazuelas, platos, cubiertos. Del fijo al móvil y del móvil al fijo; los teléfonos no paraban de sonar. Sí, sí, igualmente para vosotros, gracias por llamar, adiós. Hola, qué alegría; no, no voy a bajar este año, los tengo a todos aquí. Después de navidad, seguro. Vale, abrazos que se me quema el cabrito. Hablaba muy alto, pegada a la puerta del patio. Colgaba y cantaba fuerte los villancicos de la tele mientras ollas y sartenes tropezaban. Movía sillas y sofás para adaptar el espacio.
Hacia las nueve, abría y cerraba a porrazos la puerta de la calle como hacían los vecinos conforme iban llegando los familiares. Al fin, qué alegría. Añadió música en YouTube y a eso de las diez cogió el carro de la compra, se puso el abrigo y se dirigió a la calle. Dejó los aparatos encendidos. Salió cerrando la puerta con sigilo. El móvil y el inalámbrico sin batería de tanto llamarse de uno a otro. Mientras esperaba el ascensor, rogaba para no encontrarse con ningún vecino. Ya en la calle, directa al contenedor; dejó el carro repleto al lado. Alguien sí tendría una inesperada Nochebuena. Se perdió en el casco antiguo, nadie en la calle; a través de ventanas y balcones se deslizaba el falso jolgorio de la Navidad.
Miguel Fentet, 24 de diciembre de 2018
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A sus majestades:

Mis queridos Reyes Magos:
¿Cómo comenzar mi carta
si más que querer regalos
es amor lo que hace falta?

Amor y mucha ternura,
que en el mundo no hay afecto,
solo el odio y la locura
y carencias de respeto.

Si en verdad en esta noche
se engloba toda la magia,
que vuestros camellos porten
felicidad en las sacas.

Cambiad armas por sonrisas,
la violencia por más besos,
el racismo por caricias,
la pobreza por progreso.

Traednos más igualdad,
la concordia y la justicia,
venid cargados de paz,
traed al mundo armonía.

Y a cada niño un juguete,
y a cada casa salud,
alforjas llenas de suerte,
y a nuestro futuro, luz.
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