Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 562, tiempo total: 0.005 segundos rss2

Memoria

Las arrugas de tu cama
fueron el diario
de todo lo que allí murió
con galones de honor.
Un adiós eterno...
y la piel
que es una pobre tonta,
vive sin olvidar
aquella noche.

Marisa Sánchez
8
1comentarios 252 lecturas versolibre karma: 19

Sueños negros

Quizá, el negro velo de la noche
se derrame con hambre
sobre el asfalto, las nubes o el mar.

Hacia mi, hasta mi, para mi…

El horizonte se alía con mis manos
y se deja conquistar.
Llanura inmensa, hechizo negro…

Ante mi, sobre mi, detrás de mi.

Que caiga el velo y me devore,
que su boca se desenrolle y se deslice
en el asfalto, las nubes o mi espalda.
leer más   
7
5comentarios 237 lecturas versolibre karma: 12

Tequila

...Y cada noche le pedía,
un corto de tequila
en beso largo.

Marisa Sánchez
10
3comentarios 342 lecturas versolibre karma: 18

Madrid

Madrid. Esa bella ciudad con vistas a ti. A veces con "z" de dormida y otras con "d" de desesperación. Con vagones pintados con tu sangre y vías hechas con mis venas.
Parejas de extraños que deambulan por las calles de noche, de bar en bar y dando tumbos esperando a que todo se pare. "Para" dijo alguien sin nombre alguna vez.
Las luces dejaron de brillar y tus ojos se cerraron para siempre.
Quise reanimarte. Pero el títere de la esquina me hipnotizó con su belleza y su destreza para meterme en su jaula. "Mira que bala más bonita, sería una pena que alguien la disparara y se perdiese entre tu espalda" dijo una vez un escéptico noctámbulo. "Yo la rescataré, entre miles de agujeros más que parecieron sonrisa".
Poca suerte necesitas para eso. No me esperes, llegaré tarde.
leer más   
8
2comentarios 287 lecturas prosapoetica karma: 26

Vaginoflexia

"VAGINOFLEXIA
nombre femenino
Técnica de realizar figuras u objetos con tu cuerpo, introduciendo unos dedos girándolos sucesivas veces."



Odio las noches donde apareces para arrastrarme a lo profundo de mi cuerpo.

Tengo un vacío que tú llenaste, pero abriste el sumidero del olvido, sin saber que con él tú también te arrastrabas.

Ya solo recuerdo tus ojos, tus lunares y sus laberintos, porque los aprendí de memoria. Sería capaz de plasmarlos y convencer a la Inquisición de que la Tierra gira alrededor de tus besos. No ardería en la hoguera, si no en tu cuerpo.

Daría mi oreja a cambio de sentir tus pechos en mi espalda otra noche de sexo. No sé si es una prueba de amor mutilarse, o si a Van Gogh le funcionó, pero prefiero eso a un corazón cauterizado.

Recuerdo el timbre de tu voz, y como pronunciabas algunas palabras hasta que estallabas en una carcajada porque yo me reía de ti. Como confundías toros y todos. Como siempre acertabas con mis labios.

La corriente es demasiado fuerte y es más fácil dejarse llevar. Un grupo dijo que eso sonaba demasiado bien. Qué se yo. Lo único que realmente sonaba demasiado bien eran tus orgasmos. Nada más.

Odio estas noches y sin embargo quiero que vengan. Las necesito. Cada vez son menos frecuentes y van doliendo menos. Ya no lloro, ahora sólo sonrío. Mis bolsillos por fin se han vaciado, y ya no flotan barcos de papel en ellos. Ahora pesan menos.

Y sin embargo bastan unas palabras para que este equilibrio se desmorone como un castillo de naipes. Lo sujeto fuerte, pero es difícil. Un mensaje, y es como el huracán que destroza todo a su paso.

Nunca se me dieron bien las manualidades, excepto cuando las practicaba entre tus piernas. No sé si lo que yo hacía era vaginoflexia, creando diferentes formas en tu cuerpo, pero te retorcías y levantabas la espalda, formando una curva perfecta, con mis dedos como guía. Era hermoso ver tu cuerpo desnudo bailando al compás del mío.

Encajábamos como dos piezas de Tetris, como rocas de un acueducto romano. Estábamos hechos el uno para el otro, pero creo que por el camino, en el momento en que tuviste que volver a montarme, perdiste las instrucciones
leer más   
8
2comentarios 299 lecturas prosapoetica karma: 56

Noches en vela

Descansos rotos en noches en vela,
sobre el jergón espero su queja,
envuelto en la sábana de la tiniebla,
¡Apurad esa aurora que le serena!

En noches febriles y turbadoras
que anegan sus pómulos a cada hora
de transparentes lágrimas reparadoras,
¡Apurad esa aurora conciliadora!

Insomnios radiantes en la negrura,
ojos cansados en noche oscura.
Gemidos, vigilia, desazón, locura…
¡Apurad esa aurora que todo cura!
9
2comentarios 151 lecturas versoclasico karma: 44

Indiferencia

Entre el humo de los cigarros
empecé mi noche llorando
los hilitos, se iban desmenuzando
y después de sonar soñando el día
me fue llegando.
Ya no me busques mi vida
no me quieras, tu como el humo
te disiparás de mi cabeza.

La noche está terminando
y las lágrimas vertidas
con las horas se van secando.
leer más   
11
sin comentarios 232 lecturas versolibre karma: 54

Mensajes que uno no sabe si debe recibir, o defenestrarse

Ayer estabas borracha. Y lejos. Y por culpa del vino, me hablaste. Supongo que hoy te arrepientes de esa conversación, o tal vez no. Siempre fuiste opaca en estos temas. Un día me dijiste que tenías miedo de enamorarte y de romperte el corazón, como si estar conmigo fuese saltar a un precipicio sin cuerda. Ya sabes que yo de persona cuerda tengo poco, pero la caída habría sido menos dolorosa, si al chocar, hubiese sido con mis labios.

Ayer me preguntaste si lo nuestro habría funcionado. No supe que contestar. Nunca he sabido que es eso de “lo nuestro” o “estamos saliendo”. Yo solo quería estar a tu lado cada noche, acariciando tus pecas en la oscuridad del cuarto. Es increíble cómo no soy capaz de olvidarme, te aferras a mí como una garrapata a un perro, y ni con vinagre te alejas. Solo con vino durante unas horas, y en camas ajenas durante minutos. Curiosamente en ambos casos me siento sucio y muerto por dentro cuando acabo la botella, o me corro en coños que van pasando sin recordarlos, porque no merecen la pena. El tuyo tenía una pequeña asimetría, y puedo paladear todavía aquel sabor que me encendía como ningún otro. Pero he sido expulsado del paraíso que son tus piernas, condenado a vagar por el mundo con un recuerdo anhelante y una sonrisa de tristeza, buscando eternamente algo que no podré volver a encontrar.

Es increíble como con solo unas palabras vuelves a despertar a las mariposas, que cuando parece que están entre cenizas aletean una penúltima vez, y yo aquí sin poder evitarlo. Joder, no aprendo. No hay forma. O no la he encontrado. Qué se yo.
leer más   
7
6comentarios 225 lecturas prosapoetica karma: 54

Confesiones

Pulverizo el corazón
con abrazos interminables,
y dejo que la noche
y tus manos de vida
me recompongan.

Está escrito en cada gesto,
en cada caricia,
que mi condena
son versos de naruraleza viva.
Entonces,
me vestiré de Haiku.
Y tu aliento de poeta
dará libertad a los poemas
que deslizas por mi espalda
bajo la luz de la Luna.
leer más   
12
4comentarios 217 lecturas versolibre karma: 57

El hilo de la memoria

Convocas el silencio
de la noche estrellada.
Tira del laberinto
el hilo de la memoria.
Olvidadas imágenes
se desbordan como río
en la noche callada.
El naufragio te espera
al despuntar el alba.
leer más   
12
4comentarios 220 lecturas versoclasico karma: 62

Sueños

Era muy tarde. Los párpados le pesaban y amenazaban ya con cerrársele de un momento a otro. Cerró el libro que estaba leyendo, no sin antes dejar un pequeño marcapáginas con el que recordar mañana dónde se había quedado. Apagó la lámpara de la mesita y se hizo un ovillo bajo las sábanas. ¡Qué frío da la soledad en la cama!, dijo en voz baja, casi en un susurro. A través de la ventana tan sólo entraba el silencio de las calles vacías en la madrugada y un leve resplandor de la luz de la luna que iluminaba de forma muy tenue la habitación. La luz del pasillo, sin embargo, seguía encendida y jugaba a colarse por bajo de la puerta. Como cada noche, desde hacía ya varios años. Cuando le preguntaban, ella siempre decía entre risas que era por si un día llegaba el amor de su vida que supiese el camino hasta su habitación. Aunque en realidad la dejaba encendida por miedo. Pero no por miedo a la oscuridad; en ese terreno no era miedosa. Su temor era tener que asumir que quizá nunca llegara el amor. Y es que sabía que si eso sucedía, después de tanto soñarlo, ese día la soledad habría ganado y dejaría de ser tan solo una sensación de frío entre las sábanas para teñir de invierno su vida entera. Cerró los ojos con fuerza y soñó. Soñó con el amor de su vida. Soñó con una vida llena de amor.
leer más   
7
1comentarios 182 lecturas relato karma: 50

A largo plazo

Seamos sinceros,
nos pone buscar caricias de amor
en sexo de una noche,
que nos abracen fingiendo
un cariño que no existe.

Creemos sentir
mariposas en el estómago,
cuando solo hay impulsos
en nuestras partes bajas.

Formamos mil y una parejas
en veladas derrochando pasión,
hasta el amanecer.

Ahí, en ese momento,
todo se irá a la mierda,
y con suerte,
cruzaremos media palabra
al volvernos a encontrar.

Es divertido, no te lo niego,
pero a largo plazo,
aún no le he encontrado
una utilidad.
9
1comentarios 125 lecturas versolibre karma: 62

Reconozco

Reconozco que me cuesta retomar
aquellas letras
que convierten en invierno
mi poema.
Permitir que la nostalgia
truene y llueva,
más ahora,
que está a punto de llegar
la primavera.

Y ha crecido tanto la marea...
como veces he esperado
la llegada de tu barco
a mi caleta.
No pretendo que lo entiendas,
no lo entiendo yo
tampoco.
Corre el tiempo y la tinta
sobre el folio.
Baja el sol para esconderse
de mis ojos.

Vas a ver (cuando vuelvas)
el unicornio que he pintado
con el borde de una estrella
que ha bajado de la noche
hasta la arena
cuando me ha oído llorar.

Seguirán su baile
mar adentro
(por si vuelves)
las olas seguirán.
Un tango de idas y venidas,
una balada cínica,
tal vez, bailen un vals.

Seguiré siendo la sombra
que hay sentada
junto a la única palmera
de la playa
deseando que amanezca
una vez más.
12
2comentarios 88 lecturas versolibre karma: 58

Recuerdos de aquellas noches

Recuerdos de aquellas noches,
recuerdos de aquel derroche,
de mezcla de alcohol y sueños,
de diversión y reproches…
de tiempos al fin sin dueño.

De la luz de los neones
donde escuchaba canciones.
Reflejos en blanco y negro,
de mi mente desintegro
por no remembrar pasiones.

De carreteras estrechas,
de ese peligro que acecha
bajo la luz de la luna,
de esa sombra insatisfecha
que nunca tuvo fortuna.

Del viaje al invierno de unos besos
que abrasan labios ya nunca ilesos,
despertando en la cama de la amargura,
del descenso al infierno del exceso,
ya sin decoro ni pizca de mesura.

De esa asquerosa resaca,
de la perspectiva opaca
del domingo en soledad,
de querer extraer la estaca
en el corazón clavada…¡Por piedad!

Recuerdos de ojos cansados,
cansados y derrotados,
hartos de tanto llorar.
De lágrimas por un fado,
de lloros que van al mar.

De aquellas amargas risas,
noches de vértigo y prisas
de un vendaval de ilusiones
convertido en dócil brisa
al recibir siempre nones.

Recuerdos que son perversos,
de un pretérito universo,
que me incitan a la calma,
que se graban en los versos
y se borran…en el alma.
13
3comentarios 59 lecturas versoclasico karma: 51

En la noche

En la noche, vivo
en la noche, escribo
en la noche, frío
corazón mío
que aúlla, que grita
la farsa, el hastío
hasta la otra noche
vuelvo, sobrevivo.


Heclist Blanco
11
2comentarios 117 lecturas versoclasico karma: 58

Crepúsculo

(El último suspiro soy del día;
se acerca el cazador de mis fulgores.
Me espera una pérfida agonía...
mañana vengaré mis estertores.)

El tibio resplandor de mi partida
atrae los preludios de tu mundo.
Sombrío visitante, eres la noche,
volviendo como siempre al viejo rumbo.

Conoces de memoria mi camino;
a tientas, temblorosa, te rechazo.
En silencio decretas mi destino;
recibo en pleno pecho tu flechazo.

Te adueñas de mi luz y de mis sombras,
invades los espacios de mi cielo.
Enigma de la noche inexorable:
no se si traes calma o traes trueno.

Me llevas a tu extraño laberinto,
atrapas uno a uno mis destellos.
Y, a ciegas, ya no tengo más opción
que confiarme al designio de tus sueños.

Ya siento cómo cae tu rocío,
Devoro sus diamantes con locura.
Mas pronto no podré con su abundancia,
la tierra beberá de su frescura.

Cuando acabes con el brillo de mi luz
y de mí queden solo algunas huellas,
hasta el alba, quiera o no, sé que seré
una más de tus pálidas estrellas.
leer más   
11
7comentarios 213 lecturas versoclasico karma: 58

Esta noche sí

Trae las bebidas
y vamos a brindar por las paredes
que dibujan la sombra del ausente.

Detrás de la ventana,
a estas horas ya no hay nada
que me interese.
Porque esta noche todo está dentro;
en las entrañas,
empujando mi espíritu y mi carne
a una imprudencia consentida.
Sujeta la copa con tu mano derecha,
mira hacia el suelo y murmura
un deseo. El que quieras,
pero dilo bajito, para que me llegue.
Yo cerraré los ojos
y sonreiré con la boca entumecida
de tanto besar la memoria
en nuestro paraíso artificial,
en nuestro callejón sin salida.

Pero estas cosas no se piensan;
así que trae las bebidas.
Te invito a brindar rompiendo las copas
con las pupilas vacías.


(imagen: Corazón Loco)
leer más   
10
2comentarios 185 lecturas versolibre karma: 66

Una noche tardía

No recuerdo demasiado bien aquella noche. El verano había abierto ya sus puertas y yo había abierto las mías hacía apenas un invierno. Sea como fuere, aquella cálida madrugada yo caminaba entre las estrechas calles prácticamente sin rumbo, dando violentos tumbos. Mi única compañía eran el humo de un canuto y medio litro de vodka que fluía burlón por mis venas. Yo, por mi parte, iba sumido en mi propia guerra interior. El eco de mis pasos se intensificaba a medida que la ceniza se acomulaba. Los minutos se esfumaban como espuma de cerveza industrial. Las farolas me alumbraban y me acusaban: ¿Qué haces aquí a estas horas?. Y yo no podía responder, no sabía qué hacía allí, no había ninguna razón por la que tuviera que estar vagando por ahí. Lo cierto es que simplemente sentí una llamada, tal vez el olor del crepúsculo me cogió de la mano y me invitó a salir.
Después de aproximadamente veinte minutos aparecí en la avenida, junto al río, y me senté en las escaleras que daban al paseo. Me sentía muy incómodo, inquieto, y no entendía por qué. Sería la postura, el lugar, el bochorno... el caso es que desencajaba allí por completo. Llegué a pensar que mi objetivo solo era terminar tirado en alguna cuneta o muerto en la orilla del río. Después de largas discusiones interiores descubrí que tampoco era ese el motivo de mi tortuosa estancia en aquel páramo. Resultaba muy curioso cómo el alcohol dificultaba mi hilo de pensamientos, pero el humo que aspiraba lo impulsaba por la vertiente más creativa. Una débil neblina se aproximaba y se filtraba por cada poro de mi piel buscando algún vestigio de humanidad. Pero ya no había nada. La luz que me guiaba por el sendero de lo correcto se extinguió justo el mismo invierno en el que abrí mis puertas. Y yo lo sabía perfectamente. Dentro de toda mi incertidumbre aún quedaban torres en pie. Pero no había nada que me atreviera a afirmar rotundamente, pues nunca se sabe cuándo volverá a asomar la duda.
Me estoy yendo por las ramas. Después de todas esas divagaciones nocturnas propias de mi locura y mi permanente estado de ebriedad, vinieron muchas más, y peores, de manera que se volvía más difícil saltar los muros que yo mismo iba creando. Me levanté del escalón en el que me encontraba sentado bruscamente. Se me nubló la vista por un momento. Y luego me fui de allí, me dirigí hacia el puente para cruzar a la otra orilla. Reptaba una quietud imponente por toda la ciudad. Hasta la persona más ruidosa se habría callado para respetar aquel silencio sepulcral. Yo tenía miedo de perturbar la calma con el sonido de mis pasos. Llegué al otro lado del río torpemente, casi sin aliento y sudando de manera demasiado abundante. O eso creía, porque cuando tocaba mi piel mis dedos no recogían ni una mínima gota. Pero esas gotas estaban ahí, yo las sentía brotar profusamente.
Tras delirar y hablar solo por lo que parecieron semanas (aunque habían pasado solo dos horas), encontré un edificio abandonado, destartalado y sin terminar. Lo miré desafiante, pues parecía que quería atraerme hacia él con el pretexto de entrar a explorar. Ese desgraciado sabía lo mucho que me deleita visitar construcciones en ruinas. Me tentó y yo sucumbí y entré. Los aromas eran diversos. Aparte del hedor de las heces y la... ¿gasolina?... había un olor penetrante que me desarmó por los pies. Me pregunté qué hacía ahí, qué pretendía. Solo podía escuchar cómo se deslizaba para alcanzarme, pero no me decía nada, no me daba ni una explicación, ni una excusa estúpida. No sé, una mínima charla habría bastado para contentarme. Pero no estaba por la labor y yo sencillamente no insistí.
El decadente edificio tenía cuatro plantas, según creo recordar. Dejé atrás el cóctel de fragancias y pestilencias de la primera planta y subí al segundo nivel donde no me esperaba nada más que escombros y una sobrecogedora sensación de frío. En uno de los pasillos había una silla de ruedas olvidada ahí mucho tiempo atrás. La luminosidad de la luna que entraba por las ventanas se teñía de un azul fúnebre. Te juro, compañero, que yo podía esuchar campanas y un lastimoso órgano desafinado pero potente a lo lejos.
El tercer piso era un auténtico desorden. Escaleras que surgían de ninguna parte y acababan en su propia base, ventanas sin forma concreta, totalmente asimétricas. Puertas a las que no se podía acceder, que estaban demasiado altas, algunas estaban tapiadas. Y los colores... Demasiados como para ser asimilados por mi podrido cerebro. Me dolian los ojos de mirar aquello, de intentar comprenderlo. Salí corriendo hacia el cuarto nivel.
La cuarta planta era la nada. La absoluta, imparcial e imprecisa nada. Ni siquiera era de ningún color, jamás sabría cómo describirlo. Ausencia total de todo cuanto cualquiera de nosotros conoce. No puedes imaginarlo, nada de lo que puedas llegar a pensar que era se acerca. No había límites. De hecho, podía flotar si quería, no importaba, nada me lo impedía. Tan solo no podía con ese peso. La nada. ¿Quién lo hubiera dicho?, ¡la encontré!. Pero... eso no me provocó satisfacción. Y tampoco estaba decepcionado. No sentía nada, mis emociones se habían esfumado. Luego mis conocimientos, luego mis recuerdos. Todo se desvaneció como si nunca hubiera existido.
Aún quedaba la azotea, que no era más que un vulgar techo, pero había una pobre escalera para acceder a él, así que subí. Nada más poner un pie en el último nivel del edificio lloré amargamente, y luego reí como un condenado, como un maníaco. Después comencé a temblar y los recuerdos me bombardearon. Habían vuelto. Todo lo que la nada me había arrebatado lo recuperé instantaneamente. Me tumbé sobre las tejas jadeante. Las estrellas eran como los ojos de un enorme monstruo celestial. Se apagaban y se encendían, como si la criatura estuviera cerrando y abriendo sus párpados. El brillo se iba haciendo más intenso conforme mi respiración se iba calmando y poco a poco se fue volviendo difuso y borroso.
Quedé inconsciente y lo siguiente que recuerdo es despertarme en los alrededores del edificio. Yo subí, me recorrí el interior, podría asegurarlo mil y una veces. Pero tú piensas que no subí, que tal vez estaba tan intoxicado que me había quedado dormido en el jardín y había soñado todo eso. Piensa lo que quieras, sé muy bien lo que pasó, estoy convencido de que vi, oí, olí y sentí todo aquello. Solo voy a darte un consejo, chico, creete todo lo que te cuenten sobre la noche y sus misterios, nunca se sabe qué puede pasar cuando el sol se pone.
8
2comentarios 94 lecturas relato karma: 55

No tengo ojeras

No tengo ojeras,
tengo noches a las espaldas
y demasiadas cervezas tomadas.

No tengo ojeras,
tengo experiencias indeseables
y secretos que me invaden.

No tengo ojeras,
tengo mil batallas perdidas
y relaciones hundidas.

No tengo ojeras,
tengo cicatrices en mi interior
y una inexplicable fobia a ser yo.

No tengo ojeras,
tengo complejos creados por gilipollas
y gritos que todavía me descolocan.

No tengo ojeras,
tengo muchas horas de soledad
y calles que no podría volver a pisar.

Bueno, quizá sí tenga ojeras.

Nací de un trasnoche
y sobreviví cuando aún
no había aprendido a gatear,
cuando aún
no tenía armas para luchar.
15
7comentarios 194 lecturas versolibre karma: 49

Homenaje en Paisaje

Noche azul oscura
aterciopelada,
sombría la llanura,
de plata salpicada.

Claro de luna
espejo de agua clara,
efímera la espuma
al crepitar en la ribera.

Suave acariciar de la brisa
que arrulla la hierba del campo,
las castas hojas desnudas
lloran lagrimas de rocío.

Alameda enmarañada
laberinto de hoja y rama
baluarte de lechuza,
la vereda custodiada.

El incesante canto del grillo
apuñala gritando al silencio,
cencerros de rebaño
tintinean en los pastos.

Noche azul oscura
de estrellas arropada,
dulce es tu frescura,
noche que no acaba.
7
2comentarios 169 lecturas versolibre karma: 56
« anterior1234529