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Mujer de los Ojos Negros…

Mujer de los ojos negros, aquellos que me ofrecen sus dulces coqueteos,
no escondas tu mirada de la mía, que ya vivo deseando ver la tuya.

Mujer de los ojos negros, nunca dejes tu bella fantasía,
sigue iluminando los sitios que visitas, pero no olvides de iluminar los míos.

Mujer de los ojos negros, coquetos y traviesos,
no me regales tu sonrisa, sin obsequiarme también tu dulce compañía.

Mujer de los ojos negros, si acaso dime que sí,
pero nunca me digas no, piensa que tal vez me matarías.

Así es mujer de los ojos negros, me tienes aquí, pensando en ti y buscando tan solo tu mirada.
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Ojos negros...

Ojos negros... Tan intensos,
agujeros negros que dilapidan
cómo la tentadora noche,
las tallas de ébano y el azabache
colgado en tu cuello...

Ojos Infieles no precavidos
se descubren sin importar sus actos...
Ojos que miran cómo río profundo
despertando la pasión intima,
una pasión íntima los envuelve...

Lejos de los escombros de la mente
en un manto de corales azules
por calles sin nombre
tus ojos se pierden...
Vuelan sin rumbo aparente
hasta ser consumidos
en las brazas retorcidas
de la aislante hoguera
que encendimos en una noche
de menguada luna
y estrellas polvorientas...

Ramón Pérez Briceño
Cabimas, Venezuela
29/07/2018
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Ojos negros

Negros como esta noche,
una seda profunda y oscura,
más distantes que las estrellas
que en tal negrura navegan.

Espacio sideral sin rumbo,
infinitos momentos idos,
ningún destello de esperanza,
a mi vana y frágil ilusión de poeta.

Calamidad que tiempo y luz atrapan
final agónico de las quimeras,
tus inasibles ojos negros.
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3comentarios 291 lecturas versolibre karma: 101

Ojos Negros

Yo quisiera que esos ojos que deslizan por mis versos
los posadas en los míos, ilumíname por dentro
con su brillo, su decoro, con tu risa, con tus besos
que me llevan al delirio, que me sacan de mi centro.

Yo quisiera que esos ojos que se abrazan a mis letras
me acaricien un instante como al cielo sus cometas,
como el mar a las orillas, como el sol a tu silueta,
como el viento a tus mejillas, tu mirada a mis poemas.

Yo quisiera que esos ojos, tan oscuros, tan inciertos;
me revelen lo que somos, lo que sientes, lo que siento.
Más allá del arcoiris, tu horizonte de sucesos
tras el negro de tus iris que devoran mi universo.

Yo quisiera que esos ojos color noche sin estrellas,
grabe en todos los rincones de este lienzo que es mi alma
los recuerdos indelebles de miradas que se encuentran
recreando multiverso de pasiones reflejadas.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Autor: José Gamarra
12 de abril de 2019
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Ojos Esmeralda

Nacida como una princesa,
llena de inmaculada belleza,
sonríes y difícil es
no recordar la luna esplendorosa.

Tus ojos, recuerdan refulgentes
jades imperiales,
cual talismán perenne,
que protege al ser amado.

El ansia de besarte es inmensurable,
es el ardor impaciente del amante,
quizá tu hipnótica mirada,
me ha hechizado eternamente.

Esta adoración a tu persona,
es sencillo de entender,
un ser amante de la belleza como yo,
obviamente quedaría aferrado a tu beldad

Amada mía, ampárame
en tu regazo y sueña conmigo
ese sueño que nos permita,
abrazar el amor,
que hasta los Dioses envidien
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2comentarios 73 lecturas prosapoetica karma: 69

Sangre negra

Nada mejor para despertar la inspiración
que el amargo sorbo de la dulce sangre negra
que se azabacha como la espejocidad de un ojo cuervo
en el redondel de mi impelable tacita de café...
"Sangre de dioses dracúleos", dirían algunos.
Para mí:
la mejor droga que existe para comenzar a versear
sino...
para muestra un botón —¡Con su permiso!, me voy a extasiar con el siguiente sorbo—.



@ChaneGarcia
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4comentarios 83 lecturas versolibre karma: 89

Zéjel (141)

Que no se apague el río de tus ojos
que no se ahoguen tus besos y antojos

Que el mar no engulla tu respiración
ni se seque la luz de tu pasión
Que en esta noche aspires la ilusión
y a tu puerta no le pongas cerrojos.

Que no se apague el río de tus ojos
que no se ahoguen tus besos y antojos.
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Grandes Moños Negros y Ese Azul Tan Feo!

Vámonoos!! grtó el abuelo había llegado la hora, Lucerito perfectamente arreglada
subió a la camioneta de su abuelo y partieron rumbo al pueblo.

Mientras la camioneta atravezaba la campiña,entre saltos y rebotes
por lo rudo del camino, iba imaginando soñando como serían.
No era la primera vez que su abuelo se los compraba, era una costumbre,
lo hacía tan seguido como ella visitara la casa de los abuelos.
Pero esta vez, sólo ella los escogería, nadie iba a intervenir esa era lo mejor.
Que importaban las recomendaciones que la abuela le diera al abuelo.
Fíjate que sean de su medida, checa la calidad de preferencia negros o café .
Sí sí no te preocupes mujer , contestaba el abuelo.
Ella sabía que su abuelo la dejaría escoger los que más le gustaran, no por algo ella era la niña de sus ojos.

Sólo ellos dos iban al pueblo, ella y su adorado abuelo,
con apenas ocho años de edad sabía del gran amor que su abuelo le profesaba,tan correspondido
por la niña como sólo un infante puede hacer.
Cuando apenas tuvo conciencia se dio cuenta de cuanto la amaba ese hombre,
y lo que significaba para él .
Aaay! de aquél o aquella que se atreviera a importunar o lastimar a su nietecita,
porque ya más de una y más de uno supieron de su enojo,y de su rabia.

Tanto iba perdida en sus pensamientos que no se dio cuenta que ya habían entrado al pueblo
su abuelo manejó hasta la avenida principal y en algún lugar estacionó su camioneta.
-Vamos hija , le dijo el abuelo, a buscar y escoge lo que más te guste .
Esas palabras mágicas eran las que ella esperaba escuchar, sabía que nadie intervendría o la haría disuadir
de lo que a ella le gustara, que alegría sintió.

Dio la mano a su abuelo, y empezaron a caminar desde donde empezaba las tiendas en la calle principal.
Después de un rato de entrar y salir viendo los aparadores por fin los vio, allí estaban
los más hermosos que en sus cortos ocho años ella hubiera visto.
Eran color azúl, con unos enormes moños negros, los más preciosos que su ojos infantiles pudieran haber visto.
-Esos!! esos! abuelito !
Cuales decía el abuelo, incrédulo a lo que estaba viendo, se equivocaría su nietecita ?
Esos zapatos entre azul verde, gris, no eran ni azul mar, ni azul cielo, eran de una azul tan feo!
Seguro que eran esos de color azul? pensó incrédulo.
_Cuales hijita ?
_Esos abuelito! esos!
La pequeña los señalaba insistente con su dedo .
-Estas segura mi niña?
Si abuelito! esos me gustan !
Y entraron a pedir el par de zapatos, azules con grandes moños negros, mientras Lucerito se los probaba, ya sabía él lo que le esperaba con la abuela ...
-Porqué le compraste zapatos tan feos ?
Que no te dije que fueran café o negros que no ves que no los puede combinar con sus vestidos?
Si al menos hubieran sido blancos, con un gesto de desaprobacion en su cara y moviendo la cabeza de un lado a otro, en forma de reclamo.

Ya le diría él en su momento, déjala que disfrute sus zapatos, ya regresaré a comprarle otros.
Y la familia le dirían porqué le compraste a la niña zapatos más feos! y azules! que no había negros?
Pero, para lo que al él le importaba!
Esa niña era su vida y la sonrisa de felicidad que se dibujaba en su cara
Lucerito su nietecita era lo que él más amaba, la luz en su atardecer,
colores brillantes en su ocaso, su risa era el cascabel a su vida.

Los zapatos azules, con grandes moños negros, eran los que Lucerito quería.
A él que le importaba que fueran morados, grises ,verdes o naranja
O esos! si esos!
Lo más importante para era verla feliz y que más daba si era precisamente
con ese par de zapatos de grandes moños negros con ese azul, ese azul tan feo!
Y Lucerito lo era y el abuelo con la felicidad de su nietecita.
Se los lleva puestos? pregunto la señorita, empleada de la tienda, al mismo tiempo que lo sacaba de sus pensamientos.
Sí contestó el abuelo, y salieron de la tienda sonriendo y agarrados de la mano y por toda la avenida principal.
Él caminando orgulloso, ella dando brinquitos así como suelen hacer los niños y luciendo el más bello par de zapatos feos.


MMM
Malu Mora MoraG
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18comentarios 320 lecturas relato karma: 94

El ahogado

-Tras la lectura de un cuento de G.García Márquez-

Las gaviotas se posaban en algo que flotaba para descansar. Eso extrañó a los habitantes del pueblo y se sorprendieron al ver cómo una cosa extraña asomaba entre las olas. Los primeros que se refirieron a ese islote flotante decían: ¡Es un cocodrilo!, ¡no, es una tortuga!, ¡no tenéis ni idea, es un tronco flotando a la deriva! Los niños jugaban con la idea de que fuera un barco pirata que se iba acercando. Los comentarios cesaron cuando quedó varado en la arena de la playa, entre piedras y algas.

 Se acercaron temerosamente, poco a poco. El más valiente fue, no, la más valiente fue la chica pelirroja. Ella fue la primera que se aproximó y le apartó la masa de poseidonia que le cubría la cara, y sólo entonces descubrió que era un ahogado.

A partir de ese momento, los hombres se acercaron. Los niños fueron corriendo al pueblo para dar la voz de alarma. Lo llevaron hasta la primera casa del pueblo y advirtieron que pesaba mucho más de lo normal y comentaron que tal vez estaba hinchado por haber estado demasiado tiempo flotando a la deriva. Apartaron la mesa de la sala para dejar el cuerpo en el suelo, fue ahí cuando se dieron cuenta de que era grande y negro. Uno de ellos dijo que los negros crecían después de la muerte.

Nadie le conocía, no era del pueblo ni de los alrededores. ‘No podía ser, no hay negros por aquí’, comentaron. Pero su negrura era especial, al tiempo que tenía algo desconcertante, también había algo de reconocible en esa cara. Sí, sus rasgos recordaban a alguien, pero era imposible. No había negros en esas latitudes.

Aquella noche los hombres decidieron averiguar si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres, encabezadas por la pelirroja, se quedaron velando al ahogado. Le quitaron la poseidonia que le cubría el cuerpo, le cepillaron el cabello, le sacaron los restos de ropa que aún le tapaban y descubrieron que sobrellevaba la muerte con dignidad aunque con manchas claras y oscuras por toda la piel. Solo faltaba sacarle el harapo que hacía las veces de taparrabos. Se miraron con picardía y la pelirroja se aprestó a reclamar su derecho. Así lo hizo. Lo que allí apareció no era negro y tenía una envergadura que las dejó atónitas, lo estaban viendo y no les cabía en la imaginación.

Entró un vecino a buscar un cubo y como con un reflejo instantáneo, las telas que tenían diversas vecinas taparon la imagen que avergonzaría a los hombres del pueblo. Asombradas por su proporción o desproporción y su color o no color, las mujeres decidieron entonces remendarle algo de ropa para que pudiera tener un funeral respetable. Mientras cosían sentadas frente al cadáver, lo miraban entre puntada y puntada con picardía. ¿Por qué aquello era blanco si él era negro?, se preguntaban. Lo compararon entre risas con sus propios maridos, pensando que ellos no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél habría sido capaz de hacer en una noche.

—Tiene cara de llamarse Nacho, como el actor porno.

Y todas entre risas, asintieron. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más atrevidas, que eran las más jóvenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, el roce pudiera despertar aquel milagro de la naturaleza, aunque fuera por un instante. Pero fue una ilusión vana.
Por la mañana, cuando le taparon la cara para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que empezaron a sentir pena por él. Fue una de las más jóvenes la que, habiendo consultado internet por la noche, les explicó su descubrimiento:

«El color de la piel es un carácter que cambia con relativa facilidad por la selección natural. Los primeros humanos, al salir de África, son de color, pero empiezan a perderlo en cuanto emigran a latitudes altas. Y esta pigmentación no fue igual para los que fueron a Europa y los que fueron al norte de Asia. El sol - continúa explicando- es el factor que hace que nos tengamos que proteger de él en latitudes donde hay más; donde no hay sol, la piel clara es mejor, porque necesitamos la energía solar para fabricar vitamina D».

 Es decir, continuó, el ejemplo es muy tonto, pero puede explicar los cambios de color que, con el paso de millones de años, pudieron llevar a los primeros hombres de África a ser primero blancos, después negros y a que, más tarde, algunos volvieran nuevamente a ser blancos. Es decir, Nacho era blanco y mientras su cuerpo flotó en el mar, se oscureció para protegerse, a pesar de estar muerto.

 Todas ellas se miraron con incredulidad. Pero la chica continuó, lo que debemos hacer ahora es volverle a mirar y tratar de verlo como a un blanco y no como a un negro. Quizás así le reconoceremos.

 Al rato, los hombres llegaron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas se mantuvieron calladas. Los hombres, sorprendidos ante aquel silencio, creyeron que no era más que cosa de mujeres y se marcharon al bar.

 La pelirroja, mortificada por tanta duda, le quitó entonces al cadáver la tela de la cara. Empezaron a mirarlo con ojos diferentes, le iban aclarando la piel mientras le escaneaban de arriba a abajo. A medida que pasaban los minutos, las mujeres se mostraban más inquietas, no se atrevían a poner palabras a sus pensamientos. No podía ser, se decían a sí mismas, pero se les notaba en las caras que iban llegando a una conclusión.

 Nacho solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba estirado frente a ellas. Las facciones que tenía por la mañana habían cambiado. Las mujeres se iban mirando unas a otras hasta que a la más joven se le escapó la risa y todas estallaron en una carcajada conjunta y deshinibida.

 ¡¡Es el sustituto del cura que se marchó del pueblo el mes pasado!! Gritaron alborozadas.

Decidieron no decírselo a los hombres del pueblo para poder así vivir en paz. Fue un secreto de mujer. Solo ellas se llevarían el recuerdo de aquel mástil vigoroso que les alegró la vista durante unas horas.

 Al día siguiente, le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado huérfano. Las mujeres fueron a buscar flores y lo cubrieron con tantas flores que los hombres no entendían nada y seguían pensando: ¡cosas de mujeres!

 Ellas no tuvieron necesidad de mirarse las unas a las otras para darse cuenta de que todo sería diferente a partir de entonces. Sabían que, desde ese momento, los encuentros amorosos con sus maridos iban a eternizar la memoria de Nacho.
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Cuando llega la oscuridad

CUANDO LLEGA LA OSCURIDAD

Y cayó la noche.
Así… de repente.

No avisó, pero su manto negro cubrió mi vida.
No mandó carta de advertencia, pero llegó.

Tiñó mi espíritu.

Y el negro más absoluto se apoderó de mi alma,
sin estrellas,
sin luna plateada.
Y la soledad más grande rodeó mi presencia,
absorbió mi alegría,
se apoderó de mi ánimo
e invadió mi existir.
Negro.
Oscuridad aciaga.
Desesperación desbocada en cada aliento.

Y la muerte empezó a rondar por mi cerebro,
su pensamiento albergaba un halo de libertad
y solo nombrarla deleitaba mis sentidos
y me embargaba, queriendo hacerla realidad.

Negro.
Oscuridad aciaga.
Desesperación desbocada en cada aliento,
y tú, muerte, me ofreces libertad.


Y entonces como en un suspiro…
tu mano acaricia mis angustias.
Tu cálida voz es agua en mis desiertos
y el negro de la noche tan solo un color.
Y el negro es el manto que absorbe otros colores
y en su profunda negrura reconozco otro clamor.

Es negro el manto de mi vida
y la miro osadamente.
Es negra la capa que recubre mi existir
y la visto de elegancia con una sonrisa.
Es negro sí el momento,
pero yo lo abrazo y lloro,
para luego sonreír en su negrura
y encender la llama que le de una chispa de luz
a esta mi vida.

Y en tu luz camino.
Y en el fresco elixir de tu voz bebo.
Y reboso de esperanza en tu mirada
Y en el cálido abrazo de este amor
que siempre, siempre, me acompaña.
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Perro Negro

La habitacion se encuentra oscura. Tiene apenas una pequeña luz que, a pesar de ser una ironía, viene de la oscuridad nocturna del exterior.
Siento el frío, también, sinónimo de lo negro que conlleva la noche.

En el silencio, propio del final del día, se acerca a hablarme este perro.
Este perro oscuro como la noche. Mala fama posee el color negro, no lo veo como algo malo, más bien como algo neutro.

Este perro, entre ladridos, me dice que lo que pensé tener ya no es lo que fue.
Entre ladridos dice que te fuiste, y no vas a volver con el amanecer.
Este perro, entre ladridos, dice que fue lo que tenía que ser. Aunque no me guste, la vida no siempre sale a placer de quien la vive.
Entre ladridos, me recuerda que eres libre, no soy quien para pensar lo contrario.

Este perro, entre ladridos, dice que esta es la suerte de un hombre que no tiene a alguien al lado.
Viejo mejor amigo del hombre, se recuesta a mi lado, y me recuerda que lo supe desde un principio, esto no era para siempre.

Le pregunté a este perro negro que podía hacer,
"Nada..." me respondió, "...Ella ha encontrado algo mejor, y no hay nada que puedas hacer al respecto". "Maldito canino, ¿quién eres tú para decirme cuando debo dejar de pelear?" respondí.
"Lo he visto, y ella no quiere verte pelear, ya ha tomado una decisión. Me respondió entre ladridos.

Me recosté en la cama,
entregado a su revelación.
El amor que ha sentido,
conmigo no lo sintió.
¿Que puedo hacer al respecto?
Dime, perro azabache, tu has vivido más que yo.
"Nada..."
respondió entre aullidos,
"...no la vas a volver a encontrar.
Es algo a lo que te debes acostumbrar."
Oh... Perro negro, que he hecho para merecer este final.
"Paz, humano, todavía no has llegado al final."
Respondió el perro negro,
sin dejar de aullar.
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2comentarios 477 lecturas versolibre karma: 102

Rey Negro, Reina Blanca

Parecía que todo el universo estaba encadenado al televisor. La expectación era máxima. Era la partida del año. Se enfrentaban dos grandes maestros. Sergei Koliakov jugaba con las blancas y Antonov Lakota con las negras. La partida se desarrollaba con normalidad. La prensa especializada alababa la maestría y audacia de cada ataque, de cada defensa. En el movimiento vigésimo las negras tenían una clara ventaja. Sin embargo, a partir del movimiento vigesimoséptimo algo comenzó a suceder. Los movimientos de las negras se volvieron erráticos, inconexos. Nadie daba crédito a sus ojos, incluso Antonov parecía desconcertado. Finalmente las blancas ganaron la partida. Los periodistas, impacientes, preguntaron a Antonov:
- ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué ha perdido la partida cuando todo parecía presagiar una clara victoria suya?
Antonov parecía absorto en sus pensamientos, y solamente repetía:
- No pude hacer otra cosa. Él no me dejó.
- ¿Él?... ¿A quién se refiere? – preguntaron los periodistas.
- Mi Rey Negro… Se había enamorado de la Reina Blanca.
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Quiere ser negra

La blanca quiere ser negra
que la sangre de sus venas
fuese de Ghanna o de Guinea
con originaria y ancestral etnia

orgullosa de su herencia y de su tierra
que suajili y hausa fuesen sus lenguas
luciría rasgos de exuberante belleza
bailando con los atardeceres de Kenia

su piel sería de luna nueva
llevaría el cabello de safari con trenzas
frente brillantemente extensa
nariz ancha e inmensa
ojos de noches y de selvas

boca carnosa con labios Retba
dientes de diamantes y de perlas
de carbón serían sus tetas senegalesas
con leche de chocolate y canela
para amamantar a niños de Nigeria

moraría el fuego en sus caderas
su culo sería gordo y de madera
despertando deseos en turistas y poetas
a quienes haría twerking con transparencias

caminaría como Khoudia Diop o una pantera
con alma de Sáhara por todo el planeta
librando sus propias batallas internas
sin pena de lo que le dijeran
rugiendo a quien discriminarla se atreviera

con la voz pacifista y filántropa de Mandela
tendería puentes entre fronteras
buscando crear conciencia y uniendo fuerzas
para erradicar el hambre y la guerra

y así vuela cerca del sol de su quimera
esperando que de su pálida piel se conduela
y un día de estos la tuesta
y en africana negra muy negra
la convierta.

alydavisperez.blogspot.com/2018/12/quiere-ser-negra.html
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El asfalto no es de color negro

El asfalto no es de color negro
o al menos
no de un negro puro y neto
no de un color plano
en el estricto sentido.

Es más bien es de un umbroso oscuro
tirando a negro;
pero sin llegar hasta allí.

Es como un color de una umbra breica
algo anegronada
salpicada de esa minusculosidad
cascájica de mosaico
que vuelve pecosa
a toda esa piel oscura
mercuriogeneizada
por la árida
azulada
y rubia
mirada del Sol.

Si lo tuviera que decir en una sola frase diría que...
el asfalto
es de un color desgastado
la costra agrietada
de una piel llamiánica.-


@ChaneGarcia
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Colores

No todo lo verde es esmeralda
Ni todo lo negro azabache

Qué tienen vuestros versos
Que siempre me encuentro
Con estas mismas palabras

No todo lo verde es esperanza
Ni todo lo negro oscuridad

De qué tienen la culpa
El verde y el negro
De qué se les acusa
Al esmeralda y al azabache
Que ni esperanza te deja
Ni oscuridad se lleva.
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6comentarios 165 lecturas versolibre karma: 99

Una lágrima negra

De esos ojos que brillan como el ónix,
de lo oscuro y profundo de la pena,
del lamento que nace de la muerte,
del misterio azabache de sus cuencas.

Allí donde reside el desconsuelo,
el dolor de la angustia más secreta,
de las minas del alma más recónditas,
del infierno que corre por sus venas.

De aquel océano íntimo e insondable,
de las olas que gimen de tristeza,
del atroz sufrimiento, de allí brota,
una lágrima negra.
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Rastros de cascadas negras

Mira...
esa pared está gastada en el uso que le da el abandono
o es por la cal que le aflora
o la pintura que le abomba.

O por la lejía de la luz de ese azul salitre
ese azul griego
de tanto recio sol por castigo.

Esa pared está gastada
en el lengueteo de la lluvia
su azul
se ha ido adelgazando
hasta sugerirnos los verdes pozos de aguamarina
desconchadas por la suerte de alguna humedad íntima que la secunda.

Le ha ido creciendo una cal negra de moho,
ahí, de cuando hay lluvia
y el liquen o el musgo le reverdean.

Mira...
hasta tiene trazos de antiguas cascadas
negras
difusas
ponceadas
líneas transparentadas
en un puntillismo de nube como el Salto Ángel
desde la juntura de las baldosas
desde donde se ve
que comienza a morir el agua.

A esta pared le hace un cariñito
habría que lamerle unas cuantas manos de gato.-


@ChaneGarcia
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Los álamos blancos repiten tu nombre...

Los álamos blancos, al caer la tarde,
repiten tu nombre en sus letanías
y te cuentan historias de vientos
que luego susurran en las frías noches
de un otoño largo.

Los álamos blancos se inclinan despacio
y te dicen cosas...

En los álamos blancos, hay oscuros pájaros
que alimentan tempestades negras.
Ya no se esconden en las frondas umbrías.
Vuelan abiertos en el aire,
revoloteando ansiosos a tu lado.

Y tú... inerme, vulnerable.

Pero ya no tienes que demostrar nada..
Tantas veces, a corazón abierto...
Tantas veces, tu corazón expuesto
a los rayos que no cesan,
al acecho de miradas que no ríen.

Solo quieren sacar lo amargo fuera
y amontonar tus huellas
sobre otras huellas.

Esos pájaros negros revoloteando a tu lado...
Y tú, a veces, sin saberlo.

No sirve de nada enterrar iniquidades en un cementerio gris.
Del gris cemento siempre salen a flote,
enteras, ilesas.

No respires hondo.
No respires deprisa.
Ni lento.
Ni respires...

No respirar los odios.

Pasó ya ese tiempo
de adivinar formas en las nubes,
de esquivar palabras que disparan.

Disipa las brumas que ciegan
los ojos.

Esos blancos álamos te lamen la cara
con su savia ácida.
Con su orín rojizo de olvido metálico,
los pájaros negros...

Los álamos blancos
repiten tu nombre en sus letanías.

Y te cuentan historias...

(Tú, en la lejanía...)



María Prieto
Agosto 2019

Pintura: "Noviembre" Atkinson Grimshaw 1880
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Filigranas, grietas y rosas negras (con @Pequenho_Ze y @horten67)

Se funde el negro de la noche
con el zaino de un llanto triste.
Se viste de luto el mar
con puntillas blancas
y en el cielo
filigranas de luces
anuncian la muerte de un sueño.

El viento comulga
con ingrávidas tristezas.
Sombra sin pasos
se arrastra
        huérfana de esperas.
Tan árido el frío,
tan grandes las grietas...
En la mirada oscura se curva el vacío.

La densidad del insomnio engulle
la rasgadura de la herida perenne.
Diluvio de lágrimas de sal
sobre la inmensidad del desierto
de rosas negras;
un cuervo taimado picotea
los ojos del alma.

Yerta la piel
tan vacía de roce,
tan perdida en un mundo
de brazos sin abrazos.
Solitaria la boca,
recita un cuento de besos no natos.

Son kilómetros
y kilómetros de nostalgia,
toneladas de oquedad, laberintos;
latidos en pausa...
Necesidad de una esencia, de un calor,
que entibie, que abrase,
este dilatado invierno.

Vida al borde del estruendo,
colmillos en la carne,
el dolor dobla el cuerpo que se deja llevar
hacia ninguna parte.
Fue, dirán desde lo alto,
fue... y sin embargo,
nunca lo encontraron.




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Colaboración con
@Pequenho_Ze & @horten67

@AljndroPoetry
2019-Nov-20
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