Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 67, tiempo total: 0.004 segundos rss2

La chica del top blanco

(Saciaba mucho mi sed de mirar en ella,
y al mismo tiempo ella me daba mucha sed de mirar)
Tan de blanco
Que combinaba
con todos los colores
Y pensaba

Que era linda
(era mar)

Que era blanca
(era arena)

Que era radiante
(era sol)

Que era decidida
(era olas).

Pero después miré bien
Y vi
Que el mar se esforzaba en igualar su belleza
Que la arena imitaba su blanco
Que el sol la miraba para brillar como ella
Que las olas se inspiraban en su firmeza

No era ella la que se parecía a la playa:
la playa buscaba su espejo en ella.
10
sin comentarios 178 lecturas versolibre karma: 44

Reconozco

Reconozco que me cuesta retomar
aquellas letras
que convierten en invierno
mi poema.
Permitir que la nostalgia
truene y llueva,
más ahora,
que está a punto de llegar
la primavera.

Y ha crecido tanto la marea...
como veces he esperado
la llegada de tu barco
a mi caleta.
No pretendo que lo entiendas,
no lo entiendo yo
tampoco.
Corre el tiempo y la tinta
sobre el folio.
Baja el sol para esconderse
de mis ojos.

Vas a ver (cuando vuelvas)
el unicornio que he pintado
con el borde de una estrella
que ha bajado de la noche
hasta la arena
cuando me ha oído llorar.

Seguirán su baile
mar adentro
(por si vuelves)
las olas seguirán.
Un tango de idas y venidas,
una balada cínica,
tal vez, bailen un vals.

Seguiré siendo la sombra
que hay sentada
junto a la única palmera
de la playa
deseando que amanezca
una vez más.
12
2comentarios 88 lecturas versolibre karma: 58

Mensaje

Todo lo que quise vivir y no fue
Llegará a la orilla de alguna playa
Como un mensaje de auxilio obsoleto.
Y podrá ser.
leer más   
6
1comentarios 153 lecturas prosapoetica karma: 49

Cerezos en flor

Sé de sobra que has llegado,
y contigo ha vuelto la primavera,
telonera del verano,
de las terrazas, de la playa.

Has traído de vuelta a las golondrinas de Bécquer,
las oigo cantar.
Has hecho florecer de nuevo los cerezos,
reviviendo seres que parecían muertos.

Sé de sobra que has llegado,
y contigo he vuelto a leer a Neruda
bajo la sombra de una encina
sentada sobre tus cabellos de trigo.

¿Dónde están las nubes?
Declárate culpable, sé que las ha robado
y has pintado el cielo con tus ojos agua marina.
Las olas que has mandado han traído
tu tostada piel a la orilla,
en forma de arena.

Sé de sobra que has llegado,
me has devuelto mis noches de desvelo
pero he dejado de escribir a oscuras.

Has llenado de luz la ciudad,
cambiando de hora,
poniendo en la radio las canciones
que siempre me hicieron temblar.

Sé de sobra que has llegado,
tu olor te ha delatado,
a sal, a hierba recién cortada,
a rosas... benditas mariposas.

Sé de sobra que has llegado
porque contigo siempre vuelven
Bécquer, Neruda y los cerezos en flor.
10
4comentarios 159 lecturas versoclasico karma: 69

Si mi corazón tuviera

Si tuviera voz gritaría
una vez más fuerte tu nombre
para que la luna se asombre
pues pensó que te olvidaría.

Si tuviera alas volaría
hasta esa playa con arena
donde quise olvidar mi pena
al saber que te perdería.

¡Oh! ¡Y si tan solo tuviera
mi alma! En tus brazos soñaría
y de adorarte moriría …
¡Oh! ¡Si mi corazón tuviera!

Si tuviera ojos te vería
por nuestra calle caminando,
y a tus pupilas anidando
a la última luz de este día.

Si tuviera alas me iría
hasta esa playa con arena
donde me amaste aun siendo ajena
donde fuiste tan solo mía.

¡Oh! ¡Y si tan solo tuviera
mi alma! Esta noche solitaria
dejaría de ser un paria …
¡Oh! ¡Si mi corazón tuviera!

@mello
leer más   
11
6comentarios 143 lecturas versoclasico karma: 63

Naufragio poético

Quiero saltar al agua para caer al cielo.
Pablo Neruda.



Me he sentado a esperarte
a la orilla de tu ausencia,
hilvanando soledades
con los restos de la arena
que me queda entre los dedos.

Puedo ver tu silueta aproximarse,
salpicada por el juego de las olas.
Puedo ver, también, tus ojos grandes,
del azul del horizonte.

Sé que estás aquí,
en las conchas quebradas junto a las rocas,
en los surcos que retratan la huella de tus pasos,
en la espuma que cubre mis rodillas,
en el verde de los pinos que ocupan el camino
de madera.

Sé que estás aquí.
Te respiro más aire que nunca,
recitando poemas de memoria
con la voz del levante,
sonriendo con tu boca de salitre y perla.

Sé que estás aquí.
Las gaviotas pronuncian tu nombre
mientras cae la noche sobre mis hombros,
al igual que se desploma el tiempo.

Sé que estás, pero no aquí, no ahora,
en la hora del crepúsculo,
cuando el faro enciende las preguntas
que nos quedan
y mis versos reconocen
que aún te lloran.
16
10comentarios 190 lecturas versolibre karma: 82

Flores y rayas

Todo ha terminado ya,
tu has vuelto a tu rutina,
yo, a mi ciudad natal.

Conduces y miras a tu derecha,
en ese asiento hace una semana
cantaba una loca
todas las canciones que salían de la radio,
inventando la letra en la mayoría de los casos.

Con mi vestido de flores.
Con tu camisa de rayas.

Recorriendo el mapa,
inventando historias.

Miro en mi móvil las fotografías
que hice esa semana
y en la mitad de ellas
sale tu sonrisa.

Con mi vestido de flores.
Con tu camisa de rayas.

Sonríes al ver que me he olvidado
mis gafas de sol en tu guantera
Tendremos que volvernos a ver
si quiero recuperarlas.

Me llamas a las tres de la mañana
para que escuche que suena esa canción
con la que nos besamos.

Respondo que estoy sentada en la playa
con tu camisa de rayas
viendo pasar las olas
metiendo los pies en el agua.

Me dices que te quedas de vacaciones,
justo cuando yo quiero irme de viaje
no tengo destino, pero ya tengo planes.

Y en mi maleta ya está mi vestido de flores,
y tu camisa de rayas.
9
2comentarios 162 lecturas prosapoetica karma: 71

En plena noche

En plena noche
todo parece distinto,
la ciudad duerme ahora
y en un silencio casi litúrgico
el mar huele más,
mientras, el viento no para de hablar.
Los sentidos explotan de emoción
sin poder abarcar tanto raudal.
La luna ,que tan poco duerme,
aporta algo de luz,
y es que la luz se esfumó
para renacer al otro lado.
Casi puedo verte desde aquí,
desde esta odiosa playa.
El insomnio otra vez me la ha jugado
y esa débil sensación de poderío
se desvanece con tu recuerdo.
leer más   
10
2comentarios 179 lecturas versolibre karma: 81

Es Tu Alegría o Tu Dolor

No son tus ojos , es el amor ,
es la dulzura ,es el dolor
o la tristeza con la que me miras.
Son esas gotas de lluvia de mar
a punto de desbordar por la playa de tus ojos.
No es tu voz, es el tono dulce
de alegría o de pesar.
No son las palabras
es la forma que lo dices,
que me dan vida o me entristece.


MMM
Malu Mora
leer más   
5
2comentarios 145 lecturas prosapoetica karma: 67

Deberías conocerme ahora

El verano tiene todas las excusas
para recordarte, entre ellas:
exceso de sol en la piel,
salitre en el corte de un dedo,
termómetro ardiendo
y todos los viajes que harás
sin esta mitad de mí
que dejaste conmigo,
que encuentra consuelo
en un par de libros cubiertos
de arena
y, a veces, envidia a la otra mitad
que se fue contigo.
Me refiero, ya sabes, a la mala,
la terca, la falsa,
la que no sabía perder,
la cínica infiel,
la desconfiada,
la egoísta,
cobarde, engreída,
la que te idolatraba,
la inútil sin ti,
en fin...
esa que seguro describes
al nombrarme en la distancia,
la que ya no soy
desde que no estás.
13
4comentarios 102 lecturas versolibre karma: 97

"El peor demonio soy yo"

Esa cabaña era el mejor lugar para esconderse. Junto a la chimenea, su guardaespaldas preparaba las brasas para asar un jabalí. Hacía tiempo que Rachel, no se sentía tan segura como ahora lo estaba con Frank. Incluso mientras él dormía, se alejó hasta la playa disfrutando de un hermoso amanecer.
Observándole añadir más madera al fuego, pensó que sería mejor no decirle que estuvo caminando sola por el valle.
Un guion dictaba que se enamorarían y que él, no permitiría que nadie le hiciera daño.
En el guion de la vida de Whitney, faltó quién la protegiese de sí misma.



Publicado en:
cincopalabras.com/2017/08/13/escribe-tu-relato-de-agosto-iii-desde-la-
10
13comentarios 208 lecturas relato karma: 75

Noche de playa

Descansa en calma la barquita en su cama de dorada arena de playa. Contempla el círculo de fuego que al fondo del horizonte parece que se despide, apagando su lámpara, mientras de reojo observa los ojos de estrellas que se abren en el índigo cielo. Las nubes bostezan y van buscando un lugar oscuro en donde reposar sus cabezas de algodón. Y a lo lejos viene cabalgando la luna, regia emperatriz de la noche, sobre el centauro de Sagitario. El agua toca una melodía cálidamente húmeda, tintineando notas al oído de la barquita, que la van meciendo y acunando hasta que ésta se encuentre dormida. Y la barca sueña con gaviotas que llegan de visita, toman el té con ella y luego se alejan en sus alas de papel hasta romper la barrera invisible que hay al final del ancho horizonte.

El estival
crepúsculo sosiega
al mar y al sol.


@SolitarioAmnte / viii-17
leer más   
12
9comentarios 335 lecturas prosapoetica karma: 98

La soledad...

Llueve sobre mi soledad
Y mi rostro bañado en lágrimas
De este sombrío día
Guarda una mirada taciturna
Que se pierde en el horizonte
Donde el cielo se une con el mar…
Te busco, entre el oleaje de mi playa
Y tú no estás…
Te busco entre la bruma espesa
Y no escucho tu voz…
Sólo viene a mí
El eco de mi voz sobre la arena
Ansío ver tu silueta
En las sombras de las gaviotas
Que vuelan a la playa, buscándome…
Me llaman, me nombran…
Mi cuerpo languidece en la playa solitaria…
Sola yo…con mis gaviotas
Con mi arena, con mi mar
Con mis olas rompientes,
Con mi bruma, mi brisa salobre
Que me enreda los cabellos.
Sola yo…con tu recuerdo
Te llamo, te nombro…
Me responden las olas
Me gritan tu nombre…
¿Dónde estás?
¿Quién te alejó de mis brazos?
¿Dónde te ocultas de mi mirada?
Ahora caminas una vida
Indiferente a mis caricias
Indolente…ausente…
Te vas…desapareces como el sol en el ocaso
Mientras mi cuerpo,
Se funde con las olas
Y desaparece con el día…
12
sin comentarios 223 lecturas versolibre karma: 79

En las aguas tranquilas

Sentado frente al mar de Cala Giverola
el joven miraba a su mujer bañarse,
entrar y salir del olvido
en aquellas vacaciones, mientras leía
"Tormenta", de Mark Strand.
Y pensó: "No volveré a equivocarme,
no volveré a cometer otro error".
Lo que no sabía es que los errores
y las equivocaciones estaban esperando;
y esperarían, aunque decidiera retrasar
su regreso al mundo con el último barco.
Porque no hay viento ni máquina,
ni desvío ni máscara,
que te pueda hacer huir.
Los errores y las equivocaciones
siempre saben dónde vamos a estar.
En el mejor de los casos
estaremos, tú y yo,
en el trabajo, en la salud, en el amor.
leer más   
10
4comentarios 157 lecturas versolibre karma: 104

La mar entera

¡Cuánto tiempo esperando llevaría
allí arriba con ansia tu llegada!
Tanto tiempo temblando allí parada,
soportando las olas de agua fría.

Silla de socorrista por el día,
regia torre en la noche plateada,
cuando apoyas en ella tu salada
silüeta de joven energía.

Te admiras de tu inmenso, vasto imperio
y sabes que ningún triste gandul
puede enfrentar así su rostro serio.

Dos luces en el fondo de un baúl:
negros faros tus ojos, gran misterio,
cornucopias que reinan en lo azul.

(A Demelsa).
15
5comentarios 122 lecturas versoclasico karma: 89

Ella siempre lo está

—¡Oh! ¡Estás aquí! ¡Cuántas ganas tenía de verte! —exclamó Ella.
Él, apenas una silueta en la noche, la miraba desde su posición sentado en la arena. Una vez más, había hecho todo lo posible para no faltar a su cita con Ella. Y una vez más, allí estaban los dos frente a frente.
—Te noto muy cambiado —dijo con seriedad—. Puedo verlo en tus ojos.
Él esbozó una pequeña sonrisa que acabó convirtiéndose en una mueca vacía. Seguía sin apartar la mirada de Ella, pero no dijo nada. Era una noche apacible, como suelen serlo las noches de finales de julio y principios de agosto. No hacía nada de frío. Y sin embargo, su piel estaba erizada y un ligero temblor sacudía todo su cuerpo.
—Lo estoy —dijo finalmente. El agua de las olas que rompían en la orilla iba y venía acariciando sus pies, lo que le proporcionaba una sensación relajante—. Y tú lo sabes muy bien —le reprochó.
—Claro que lo sé. Sabes que yo lo sé todo de ti. Y por eso sé que estos últimos meses han sido difíciles, ¿no es así?
No contestó. El brillo que asomaba en sus ojos y la lágrima que comenzó a caer tímidamente por su mejilla lo hicieron por él. Luchaba con todas sus fuerzas por mantener el tipo, aunque no era la primera vez que Ella lo veía así.
—Adelante —dijo Ella con su voz dulce y reconfortante—, desahógate sin pudor. Ya sabes que a veces es necesario.
Por un momento apartó la mirada de Ella y contempló la inmensidad del cielo. Miles de estrellas dotaban al firmamento de una belleza abrumadora. Y eso le hizo sentirse aún más frágil e insignificante.
—Dime, ¿qué sientes ahora hacia ella? —le preguntó—, ¿rabia? ¿pena? ¿dolor? Es normal sentir alguna de esas cosas. O todas. Es lo que toca en estos casos. Y tú eso lo sabes mejor que nadie...
—Decepción —dijo volviéndose bruscamente hacia Ella. Su voz quebrada desgarró el aire en la noche—. Lo que tengo es un sentimiento de infinita decepción. Solo eso. Nunca podré odiarla —dijo agachando la cabeza, abatido —, pero no puedo evitar sentir que me ha defraudado.
Después volvió a mirar al cielo. Ya no había brillo alguno en sus ojos. Estaban tan secos como su alma.
—Habías puesto mucho en ella, ¿verdad?
—Lo había puesto todo —y al decir esto sintió una punzada de dolor en el pecho, un afilado puñal atravesándole el corazón—. Y si no todo, demasiado.
—Nunca es demasiado.
—Sí que lo es —apretó con fuerza los puños sin apartar la mirada del cielo—. Y te juro que nunca volveré a cometer el mismo error.
—¿Ah no? ¿No lo harás?
—No —el volumen de su voz había descendido considerablemente y su respuesta sonó como un murmullo casi inaudible.
—Ya... —ambos quedaron en silencio por unos segundos—. Eso mismo me dijiste una vez —sentenció Ella.
Hubo otro silencio aún más largo, tan solo interrumpido por el tímido susurro del mar.
—¿Es que ya no te acuerdas acaso de la primera vez que nos vimos aquí? —retomó Ella—. Siete años han pasado, pero yo lo recuerdo como si fuera ayer. Tú estabas ahí sentado, en el mismo sitio que ahora. Unos meses antes te habían partido el corazón por la mitad, y me juraste, igual que acabas de hacer hoy, que nunca volverías a dar tanto por nadie —él, con los ojos cerrados, visualizaba aquel momento enterrado en lo más hondo de sus recuerdos—. Pero mientras me decías todo eso yo la veía a ella y veía la ilusión que había en tus ojos. Esos mismos que ahora están apagados. Porque la semilla de algo nuevo estaba germinando en tu vida. Y aunque querías afrontarlo con todas las cautelas posibles, en el fondo tu corazón, ya recuperado, te pedía a gritos que le dejaras a él tomar las riendas. Y al final fue lo que hiciste. ¿Y no han sido maravillosos los años que han venido después gracias a aquella decisión?
—Sí —murmuró a regañadientes como un niño que le contesta a su madre sabiendo que lleva razón—. Pero...
En ese instante una estrella fugaz cruzó el cielo de lado a lado y ambos quedaron callados durante unos segundos, contemplando cómo su larga estela llameante se perdía en la bóveda celeste.
—¿Ves todas esas estrellas? —dijo Ella al fin— ¿Ves la intensidad con la que brillan? La inmensa mayoría de ellas hace mucho que murieron pero vemos su brillo porque están tan lejos que la luz que emiten tarda miles de años en llegar a nosotros. ¿Te das cuenta? El brillo que desprendían se observa miles de años después de su muerte. Como una huella que permanece inalterable a lo largo del tiempo para que recordemos que una vez estuvieron ahí. Lo mismo ocurre con los grandes momentos que vivimos. Estos también dejan su brillo cuando pasan. Su huella. Y ese brillo permanece en nosotros a lo largo de toda nuestra vida. Es con ese brillo con lo que tenemos que quedarnos. Y con nada más.
Mientras la escuchaba, cogía puñados de arena y la dejaba escapar entre los dedos, como tantas cosas había dejado escapar de su vida. Unas de forma voluntaria, otras, la mayoría, sin apenas haber sido consciente. O habiéndolo sido demasiado tarde como para impedir que sucediera. Se quedó mirando una de esas estrellas pensando en lo que Ella le acababa de contar. Irradiaba un brillo blanco muy intenso, casi cegador. Le entristeció la idea de pensar que ya llevaría miles de años muerta. Pero le reconfortó saber que su brillo aún seguiría ahí para poder ser contemplado durante muchos años más.
—Y entonces dime, ¿sigues pensando igual? —la pregunta lo sacó bruscamente de sus pensamientos—. ¿Sigues pensando que no vas a volver a mostrarte tal como eres ante nadie? ¿Que no vas a volver a darlo todo por alguien? ¿De verdad piensas así?
Dejó caer la arena que quedaba en sus manos y la miró. Pero algo nuevo había en su semblante. Sonreía, pero esta vez lo hacía con los ojos, y éstos volvían a tener luz en su interior. Una luz clara y llena de vida.
—Sabes que no —dijo con decisión—. Sabes que voy a volver a sentir ese cosquilleo en el estómago cuando alguien empiece a gustarme. Y que voy a volver a hacer las típicas tonterías como acompañarla a su casa, o ir a un sitio solo porque sé que va a ir ella también —su voz se iba reforzando con cada palabra—. ¡Pienso besar como aún no he besado a nadie en mi vida! ¡Y sentir cómo se eriza de nuevo mi piel al contacto con otra piel desnuda! ¡Sé que voy a volver a experimentar la emoción de disfrutar de un cuerpo nuevo por vez primera! ¡Y que volveré a abrazar a alguien de esa forma en la que el resto del mundo desaparece! ¡Pienso…
—¡Vivir! —lo interrumpió Ella—. ¡Piensas salir a vivir!
—¡Así es! —exclamó eufórico. Pero entonces un atisbo de duda cruzó por su cara un momento—. Aunque de nuevo estaré corriendo el riesgo de volver a caer...
—Ese es el precio que se paga por vivir la vida al máximo —contestó Ella con voz firme—. ¿Y no crees que merece la pena correr el riesgo?
Él desvió su mirada hacia la oscuridad del horizonte y respiró profundamente.
—Por supuesto que lo merece.
—Bien —dijo Ella complacida—. No sabes lo mucho que me alegra oírte decir eso.
Volvieron a quedar en silencio. De repente las estrellas parecían brillar con una fuerza y nitidez como nunca antes las había visto. Notó una suave brisa acariciando su cara y eso le hizo sentirse más vivo que nunca.
—¿Te volveré a ver el año que viene? —preguntó Ella.
—Sabes que sí.
Y el reflejo de su sonrisa le iluminó la cara.

*

Justo en ese instante alguien llegó por detrás de él y se sentó a su lado rodeando su cuello con el brazo.
—¡Hey tío! ¿Qué haces aquí tú solo?
—No sé —se encogió de hombros—, haciendo balance supongo.
—¡Pues deja ya de hacer balances y vamos a bañarnos! ¿no? ¿Qué sería de esta noche sin nuestro tradicional baño nocturno?
En ese momento varios de sus amigos pasaron corriendo cerca de ellos en dirección al mar. El amigo que se había sentado a su lado lo miró con complicidad y se levantó para ir tras ellos. Las risas inundaban el aire de la cala.
—¡Claro! —dijo al tiempo que se incorporaba—. ¡Vamos a bañarnos!
Cuando estaba entrando en el agua la miró por última vez. Su amigo, que estaba ya dentro, lo vio mirando al cielo y miró también, extrañado.
—¿Qué miras? ¡Ah! ¡Pero si tenemos luna llena! —y todos volvieron sus miradas también hacia Ella.
—¡Qué bonita está! —dijo una chica del grupo.
—Sí que lo está —dijo él suspirando—. Ella siempre lo está.
Y se internó finalmente en el agua, llegando a donde estaban los demás. Pero ya no era él sino una persona completamente nueva.
leer más   
5
4comentarios 94 lecturas relato karma: 64

¿Dónde está el amor?

Te vas,
vuelves.
Inconstante.
Un no parar.
Te he perdido.
No sé dónde estás.
Un día eres una tarde tomando café.
Un festival y un acento francés.
También fuiste una noche de baile.
O bien una mañana aburrida sin saber que hacer.
Llegó el invierno y te convertiste en frío.
Hasta que en verano pasaste a ser un paseo junto al mar y una lluvia de estrellas.

No sé si regresarás o no.
Pero si lo haces para volverte a ir
ya no te quiero encontrar.
leer más   
10
1comentarios 120 lecturas versolibre karma: 114

Mar de amores

Seré brisa,
salitre de mar,
meciéndote
los cabellos.

Caracola,
donde guardas
el resto de
todos tus vientos.

Y serán olas
tus lágrimas,
que beberé
mientras
te van cayendo.
leer más   
23
27comentarios 173 lecturas versolibre karma: 146

Desde de su orilla

Él me vió, me vió desde su mundo
desde la orilla de su vida, donde no llega el mar
donde no ha llegado, ni llagará ninguna carta en botella…

Pero el me vió
y mis pies en la arena temblaron
con el roce de la brisa acariciando lejano
en su nombre, cuando lo pensé…

Y el horizonte nos llamaba
despidiendo la tarde con su oleaje
ansioso por besar la playa, y yo en la arena
me sentía caracola amando el momento
de sentirlo atardecer en el viento y desnudándome…

Liberó la soledad y mis sentidos
haciéndolo mío en el viento
besando mi boca, y en la olas llegando
y bañando de espuma a mis pies
y en mi cuerpo el deseo desnudo
de pudores haciéndose arena
entregándose a la tarde
convenciendo al mar
que ahora somos
agua dulce y río
y en su corriente
cálida y fría
hacernos el amor
y noche, y bajo la luna
volver a despedirnos
otro atardecer…

soundcloud.com/lola-bracco/el-me-vio-me-vio-desde-su (Lola)
.
leer más   
24
8comentarios 213 lecturas versolibre karma: 138

Compulsa Evocable

COMPULSA EVOCABLE
((Neosurrealista))

Entre las azules sonrisas el tiempo
nos ha olvidado por el atroz rojo del aire
en el capullo de lluvia que arrulla
los empeños del grito que se fija en los
detalles de las inmundas reacciones detalles
en la virtud del callejón que regresa enseguida

Compulsa en la playa con traje
Evocable en la orilla desnudándose
Compulsa en la esquina carnosa

En los vasos irritados de versos interiores
Con la angustia reincidente de las nueces
Y unas hormigas unos años unas horas
Lejanamente amarillas por cada parpadeo
De los máximos fragmentos cada asamblea
Atestando estrepitosamente una aguja

Evocable como el suspiro del granito
Compulsa como el misterio del verde
Evocable como el contrato del manto

En la desolación del espacio niño
Al salir del rostro abrupto el árbol
De la reunión de las ostras amadas
Al enrabietado caminar corriendo
Al amurallado comienzo terminado
¡ Con las curvas del absurdo cuadro !

Compulsa fervorosa y pura compulsa
Evocable vibrante esmeralda evocable
Compulsa frondosa y suave compulsa

En el triángulo que rueda sangre
Y el hambre ahorca lenguas fría
El olor con sabor a nada queda
A nada importa a nada escapa
Del tiempo inmensas uñas aquí
Por el sedimento seco bloque...

Autor : Joel Fortunato Reyes Pérez.
(Tanto del texto como de la imagen)


Lea más: www.latino-poemas.net/modules/publisher/article.php?storyid=23699 © Latino-Poemas

POST DATA:
Referencias útiles...

www.youtube.com/watch?v=fdKOoUAdta0
También...
arte.laguia2000.com/pintura/el-surrealismo
leer más   
18
13comentarios 132 lecturas versolibre karma: 128
« anterior1234