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Clásicos

Si algo existe que pueda perforar mi alma
y haga latir mi meticulosidad hasta enterrarme
en las vísceras de la tierra
es ilustrarme con la literatura crucificado con Bach de fondo,
porque no conozco, ni existe deleite
más colosal que su húmeda
fuente de sueños empotrándome
en la sabrosa sapidez de los clásicos,
percibir a través de sus muslos con versado contoneo
a Wilde rozándome la piel
con su prosa rasurada;
al jardinero del mal Baudelaire caldeando mi garganta bramante,
al tiempo que murmura entre convulsiones
"son más bellos los sueños de los locos que los del hombre sabio";
a Sade con sus ríos impúdicos y púbicos que desembocan en mi boca,
"en el amor, todas las cumbres son borrascosas";
a Dostoyevski, epiléptico barbudo que siempre
acude al escondido jardín de mis labios;
a Hesse, empequeñeciendo mi ética,
despeinándome y aturdiéndome;
a Flaubert, Huysmans, Kafka, Maupassant,
un cuarteto a mis pestañas adherido,
¿y Poe?, ay ,¡por los clavos de cristo!
consumir todos los clásicos ambiciono.

Canet
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En el umbral de las adivinanzas y acertijos…

Hoy en el umbral de las adivinanzas
y acertijos
atravesados por telarañas,
focas juguetonas
y cuervos mal hablados
que se apostan en
los marcos descompuestos
de la ventana
se burlan
de mi atrevimiento.

Disfrutan con risa burlesca
cual Sancho Panza
diciéndome
que deje de soñar
que busque otra fuente del deseo
porque la magia de princesas,
dragones y hechiceros
ya fue consumada
en los altares del bosque de Cantabria,
en el bosque Escandinavo
y en las ergástulas o mazmorras
de Damasco.

Yo un iluso y soñador lector
de cuentos caballerescos
les miro de soslayo
y los ahuyento de mi fonda.
Busco la escopeta
detrás de la puerta y alejo
los feos cuervos
que a Poe atormentaron.

Yo seguiré en mi escritorio
pensando en mi hermosa
dama perfumada
con las mejores esencias parisinas
y vistiendo siempre de gala
su forrado cuerpo de esmeralda.
A esta mujer
yo le ofrezco mi armadura
y los encuentros que he sostenido
en mil batallas.
Por ahora sigo escribiendo
sin recibir ninguna carta
de su pluma brillante.

De repente el mundo de la poesía
está adornada por otros cantares
donde ya los juglares desaparecieron.
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