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Con el tiempo he aprendido

Con el tiempo he aprendido que la primavera se puede detener,
que el arpa del ángulo oscuro puede que ya no esté,
que la esencia de la poesía está tan deteriorada que puede desaparecer,
y que el encuentro del huracán y la torre, el océano y la roca, sí pudo ser.

Con el tiempo he aprendido que la llama de tu amor se apagó en un momento,
que a veces los sueños no son solo sueños,
que de esa noche no fueron los más tristes ni los últimos versos,
y que ahora el amor es más largo que el olvido y ni siquiera es verdadero.

Con el tiempo he aprendido que la tierra verde no se había ido,
que el caminante volviendo la vista atrás se pasó el camino,
que ahora todos quieren ser el pirata marginal con su Temido,
y que el olmo seco, a pesar del milagro tan anhelado, fue vencido.
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Libertad

¿De dónde vienes?
Vengo de las estrellas.
¿Qué buscas?
Busco la paz.
¿A dónde vas?
Al corazón del hombre.
¿Cómo te llamas?
Me llamo LIBERTAD.

Miguel Ángel
Poeta Namasté
(Reservados derechos de autor)2016
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Azul

Marinero suicida en mares de letras,
oleaje de palabras y tormenta de versos.
Mi calma los espacios en blanco
a la deriva de un asfalto tintado en negro.

Provócame tú, en azul
a que zarpe de madrugada
sin más viento que un suspiro,
sin más vela que una hoja en blanco,
sin más destino que una mano zurda
que hace a la vez de timón y ancla.

Que soy marinero de azules en un mar de tinta
descomponiéndome y mostrándome en azul
como azulados son mis vértigos
en horizontes calmados de tormenta.

Píntame de colores para surcar tu mar
y no hundirme entre el pliego de mis hojas.
Colorea las piedras del espigón
donde descansa el faro de tus ojos al verme.
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2comentarios 302 lecturas versolibre karma: 22

Fue tu mirada

Fue tu mirada verdeoliva
imán que subyugó multitudes,
que doblegó mi férreo torso.
Luciérnagas de noche sin estrellas,
de saco de dormir pegado al suelo.
A través de ellos llegué
a adentrarme
en los secretos de la colmena,
de una rosca sin fin.
Ante ellos me siento
tan de este mundo
que quiero beber a sorbo lento,
creer en el día de la ardilla
y leer en el iris tu
diario de a bordo.
Entre lámparas siempre ocultas
encontré el neón de tus ojos,
lo tengo frente a mí, se disipa,
brilla con toda intensidad.
Lo veo
vagando por entre muros de vergüenza.
Verdeoliva
como la tarde que dibuja en el horizonte
la figura de una dama
saltando entre algodones,
mano abierta, tull de seda,
extiendo la mía,
alargo al límite la tercera falange
y vuelvo a tus ojos.
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sin comentarios 146 lecturas versolibre karma: 8

No te enamores de un poeta

Atención, peligro, warning:
no te enamores de un poeta.

Te invitará a cerveza si lo deseas,
te hará creer que eres la mujer más hermosa del planeta
y jugará con tus sentimientos a través de su mirada,
esa que sabe apartarse a tiempo,
para que no te des cuenta de que
ya está buscando su próximo objetivo.

Te encandilará su sensibilidad,
su forma de ver el mundo,
y te hará sentir importante confesándote sus cicatrices,
esas que ya superó hace milenios.

Y tú,
falta de visión,
seguirás sus pasos.

Pero,
¿qué queda más allá del orgasmo,
de unas palabras bonitas
y de una cama desconocida?

Vacío.

Te pedirá que le abraces como si no hubiese un mañana,
aguantará sus ganas de largarse fingiendo que las tiene de quedarse,
en tu vida.

Creará esperanzas en tu pequeño gran corazón
de que te puede querer alguien así,
pero ten en cuenta que si lo hace tan bien
es que tiene experiencia,
de engañar a ilusas como tú
para tener un momento de placer
y sentirse con poder.

Y no te volverá a llamar tras la función,
ya has caído en sus redes,
ya puedes darte por atrapada en un falso amor,
en una noche de arte que utilizará para
escribir poemas y seguir jugando a ser Dios.

Por favor,
no te enamores de un poeta.

O acabarás en ruinas.
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Tú, que te haces llamar poeta

Tú, que te haces llamar poeta, ¿acaso has vivido?
He bebido hasta caer rendido,
he bebido buscando el olvido,
he bebido tragos, uno tras otro,
he bebido porque tú has dolido
(y todavía dueles).
He bebido porque te has ido.
He bebido porque el dolor,
ese que palpita en cada vaso,
era sólo mío.

Tú, que te haces llamar poeta, ¿acaso conoces el sabor de la derrota?
Putas, travestis y fulanas
a todas las he amado.
Las he adorado.
En noches etilícas he vuelto
a sus balcones,
y bajo los girasoles muertos
les he cantado.
Llorado.
En las noches de verano,
y bajo la lluvia,
mi voz sonaba a un fado.
Ellas han sido la cuerda,
las que me han atado
cuando estaba a punto de caer.
Las que me han levantado
cuando mis pies han dicho basta,
y mi corazón, callado
ha traicionado mi canto.
Las he endiosado.
Porque es lo que ellas son,
Diosas.
Les beso los pies
como un santo,
como un loco
o como un paria,
simplemente porque las amo.

Tú que te haces llamar poeta, ¿acaso la calle te ha mirado a los ojos?
Si no conoces el dolor
de la vida.
Si no te has parado nunca a escuchar
a quien nadie escucha.
Si tus versos de trovador
no hurgan en la herida,
¿de qué escribes?
Si no has abierto tu alma
en canal,
si no has visto las estrellas de madrugada,
desnudo y ebrio de dolor y vino,
¿a quién escribes?
Si nunca antes has sido el apátrida
al que todos miran.
Si no eres de una minoría,
u homosexual,
o tullido.
¿Qué te inspira?
Sólo te queda una opción.
Duele,
Lacera,
Hiere.
Pero en el momento en que sientas
como te invade, sabrás que es la correcta.
Bebe,
hazte daño,
drógate,
piérdete en la calle y no recuerdes como llegar a casa.
Pégale a alguien.
O mejor, que te partan la cara
una noche.
Pero vive, joder.
Y luego, escribe.
Y hazte llamar poeta.

Porque la poesía,
cuando te mueves,
sientes como te mira.
Porque cuando algo duela,
allí estará ella.
Cuando no recuerdes que ocurrió,
allí estará ella.
Cuando llores,
allí estará ella.
Cuando sientas que no puedes más
Allí estará ella.
Y si no aparece,
sal en busca de su abrazo,
porque ella, siempre,


te estará esperando.
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2comentarios 169 lecturas versolibre karma: 31

Yo soy

Yo soy ella,
Soy la niña, la chica y la señora;
Yo soy la madre
La tía y la amiga,
Y a veces
Ni siquiera soy mujer.
Yo soy él y ellos
Soy el peluche que observa en el estante
Y soy la pared que Todo escucha.
Yo soy…
Yo soy el personaje
Que el lector quiera crear.
Yo soy una hoja en blanco que adornar.
Yo soy a quien odias
Y soy a quien amas.
Yo soy quien evitas
Y soy tu confesionario.
Yo soy poesía
Soy cuento y soy historia.
Yo soy quien conoces,
Quien conociste
y quien jamás verás.
Yo soy lo que quieras que sea:
Hombre, mujer u objeto;
Niño, adulto o viejo;
Odio, amor
O la nada misma.
Yo soy…
Soy una hoja en blanco
Que adornas a tu gusto.
Yo soy reina o plebeyo,
Soy oscuridad o un día soleado,
Soy asiática o europea,
Americana o africana.
Yo soy tú
Y tú eres yo
Yo soy lo que quieras que yo sea
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2comentarios 134 lecturas versolibre karma: 18

La luz del olvido

Una tarde de verso otoñal
Antonio Machado contempla
el cielo mustio de Madrid,
yerra la sonrisa con las pocas
hojas que desprenden las ramas
y la melancolía borracha y persistente
se sienta a su diestra, clava su plañir
en las solapas del alma de aquel poeta,
errabundo de la palabra.
Caminante se hace camino pregona
su pluma con el semblante añejo
y el planeta fascinado le cree,
es su cordura quien oferta
entre cambrones y la corriente del alba.
Sobre los serrijones que ciñen
el horizonte Machado se inclina
besa el céfiro y lanza una octava,
vuelve el poeta con el olifante de las estrellas
se calza de filantropías literarias
y marcha a la nubecilla que es su página
de cada noche en la penumbra de los ruiseñores.
Dormido con las cejas pobladas de luna
se funde en los secretos jacobinos del tiempo,
tiene corteza para las frases
tiene tinta para las verdades
tiene tono para la irreverencia
y cuando abre la mañana sus pestañas
otras grafías bordan su privanza.
Y la vieja angustia que es hipocondríaca,
compañera, indisoluble de sus aventuras
cuelga en floridos recuerdos
el tranvía de Madrid,
la esencia de Campoamor
la sombría soledad de Miró.
Los gorriones se acercan en una danza
de alas legendarias
está en su cumbre Machado,
y apenas lo alcanza la luz del olvido.

Yaneth Hernández
Venezuela
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4comentarios 154 lecturas versolibre karma: 42

A Miguel Hernandez

El poeta murió con los ojos abiertos
Como si se le hubiera develado
Un hermoso misterio
Junto al descanso eterno
Como si hubiese visto una paz de tiempo
Que nunca nadie verá llegar.

¿Qué será eso que viste
Mi niño de los grandes ojos de almendro
Para no cerrarlos jamás?

Será que al umbral de la muerte miraste
Bellas cosas que no viste en vida,
Después de tanta agonía
Te deslumbró la felicidad…

Heclist Blanco
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4comentarios 247 lecturas versolibre karma: 49

Underdog

Un poeta desvalido
de madrugada,
cree que todo
es muy agotador.

El poeta escribe,
lee, ve, siente.

Siente,
una antigua tristeza,
que se le acomoda
entre los párpados.

A veces,
el poeta escucha
palabras sabias,
que amortiguan
todos los ruidos
del alma.

Pero,
no es suficiente.

El poeta
en su soledad,
escribe algunos versos,
que no llegan a nadie.

La poesia,
a veces,
no es belleza.

No complace.

Esta solo el poeta,
no le escuchan
desde hace milenios.

El poeta,
golpea su cabeza
contra molinos y muros.

Le duelen sus heridas,
se las lame durante el día.

Sangra.

El poeta desvalido,
es un gatito solitario.

Su leve maullido molesta
a los perros de la noche.

Y sabe,
que por siempre,
le corresponderá
comerse los ratones
podridos que le lance
la madrugada.
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7comentarios 115 lecturas versolibre karma: 64

Lo que pasa cuando te leo

Camino por tus versos
que me cuentan lo que yo quería decir,
con tus palabras.

Me gusta leerte porque
emerges de las páginas
y te sientas a mi lado,
me retiras el cabello de la oreja
y susurras en mi oído
con tu acento hecho letra.

Quizá, debería avergonzarme
al ver cómo te desabrochas
los sentimientos más íntimos,
pero no lo hago.
Al contrario,
florecen preguntas en mis poros
y preciso saber de tus fantasmas,
averiguar lo que te altera o te perturba,
conocer lo que es capaz de humedecerte,
descubrir el baluarte que te guarda.

Cuando abro tus libros
consigues que me invada una especie
de locura.
Me dan ganas
de arrancarte la ropa a versos
y la piel a rimas.
Estoy segura de que llevas tatuado
un poema en los huesos.
Estoy segura de que toda tú
rezumas poesía.
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3comentarios 189 lecturas versolibre karma: 53

Rozewicz y yo

Algunas personas nacen
en distintas épocas
pero vienen al mundo
con la misma esencia.

Están hechos de la misma pasta
son una masa de angustia y culpa
que envuelven las penas en un poema.
Van llorando la existencia
y la sufren y la temen
cada uno en su momento.

Padecen la vida de la misma forma
aún separados por años y acontecimientos.
No son más que un solo dolor dividido en dos tiempos.


Heclist Blanco
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4comentarios 98 lecturas versolibre karma: 56

Me advirtieron de drogas, no de ti

Que malo es
tener ojos
y poder verte.
Que malo es.

Lo reconozco,
he dejado que me coma el lobo
al que tantos buscan
para poder verte mejor
pero no ha sido suficiente.
Y me han faltado versos
para conseguir mirarte
sin que me vuelva a ocurrir
una y otra vez.

Que malo es
tener oídos
y poder escucharte.
Que malo es.

Saber
que tu voz
es la novena sinfonía de beethoven,
y todas las anteriores
y las que vinieron después.

Comprender
que solo la pudo componer
cuando fue incapaz de oír,
-pues ya lo dijo Elvira-
al ser imposible
contener tanta belleza.

Que malo es,
tener olfato
y poder olerte
al pasar por un prado
lleno de flores en primavera.

¡Ay! que malo es,
poder olerte
en las noches de verano,
en el amanecer,
y en el café recién preparado.
Que malo es.

Ya casi no recuerdo
el olor de la belleza
sin ti.
Eres la sal
una vez echada.
Y mi comida sin ti
ya no sabe a nada.

Que malo es,
tener boca
y no poder besarte.
Que malo es.

Mis labios pierden sentido
si no pronuncian tu nombre
o reclaman los tuyos.
Me recuerdan aquella vez,
en la que mis gotas
quedaron atrapadas en tu cristal.
Y las soplaste,
creando
fuegos artificiales.

Que malo es
tener nubes,
sueños,
y miel.
Y recordar tu tacto,
y recordar tu piel.
Que malo es.

Puedo afirmar,
orgullosa,
que he visto el firmamento
y he pedido el mismo deseo
en cada uno de tus lunares.

Una pena
que tú fueses la única
estrella fugaz.
Para mi, más estrella
para ti, más fugaz.

Que malo es,
vivir
y poder vivirte.

Que malo es,
vivir
y no poder vivirte
a mi manera.
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3comentarios 108 lecturas versolibre karma: 58

Yo no soy poeta

Yo no soy poeta. No escribo poesía,
ni pretendo hacerlo; no puedo, no quiero,
tú no me dejas y yo… no me lo permito.

Yo no soy poeta. No tengo cómo,
pero si tengo por qué, pero, me faltan tus dedos,
tus manos, tus ojos y así, me faltan las letras.

Yo no soy poeta, pues tu ausencia es vació,
faltan los soles, las lunas, las estrellas,
falta tu perfil en mi colchón, faltan mis silabas en tus lienzos.

Yo no soy poeta. Escribo sin razón,
con dolor y con cariño; con vasos de cebada,
con botellas de agua transparente, con segunderos que me dictan el pesar.

Yo no soy poeta. Me falta en quien creer,
a quien rezarle, a quien decirle, a quien contarle, a quien hablarle,
a quien escribirle, a quien amar.

Yo no soy poeta. Ni los fuegos,
ni las aguas; ni los vientos me dicen que plasmar,
eras tú, la única por la que podía coger el lápiz y el papel y narrar, dictar y declamar.

Yo no soy poeta, pues tú eras mi poesía,
tú eras mi poema, tú eras inspiración; eras astro, eras infinito,
sigues siendo presente, sigues siendo aceras desoladas.

Yo no soy poeta. Tú eres musa, o eras.
Eres mi credo, todo está en ti, mis versos, mis palabras,
mi prosa, surcos de espuma marina, aroma de amor celestial.

Yo no soy poeta. Soy humano que te quiere,
que te quiso, que te quiere, una y otra vez.
Yo no soy poeta, porque mi poema eres tú y sin mi poesía… yo no soy poeta.
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a(mar)te

Sus ojos azules asoman a lo lejos la profundidad del mar,
y aquellos parpadeos como olas me hacen tambalear.
las manos como lanchas navegan entre mis hombros
entretanto tu boca unos tiburones que devoran todo,
compararte con el mar es sublime y bastante misterioso.
amor mío, pero que te digo si esos ojos azules son tormentosos
me ahogan, me sueltan y me lanzan a la orilla de tus arenas.
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2comentarios 123 lecturas versolibre karma: 65

La poesía todo lo cambia por ti

Tu silencio fue mortal.
Te hizo huir de ti mismo y a amar a tú derrotismo.
Terminaste entregando la cabeza a un abismo del cual nunca se sale jamás.
Y en ese lugar todo se olvida.
Porque la ingratitud siempre estará en donde viven los necios.

Eternamente siempre decidiste vivir de las mentiras.
Rodeado de un mar de gente sin escrúpulos y vacía.
Que no conoce los sueños y las verdaderas pasiones.
Ahí solo con ellos encontraste un montón de calaveras amontonadas por lo que nunca fue.

Yo decidí no volver a voltear mi rostro hacia el pasado.
Nunca más permití que alguien me impidiera el poder expresarme libremente.
Solo así logré recordar cada instante en el cual nunca desistí hasta poder ganar.
La gratitud me dio un amor profundo por querer seguir soñando cada vez más.

Hoy comprendí que es mejor vivir con pocos amigos.
Ellos nunca me adularon cada vez que me equivoque intentándolo una vez más.
Con ellos todo se tienen aunque sea a veces todo muy pequeño.
Nada se olvida en donde la poesía todo lo cambia por ti.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
01/95/2017.
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sin comentarios 348 lecturas versolibre karma: 68
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