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Esa extraña sensación

Esa extraña sensación de no estar triste.
De haberme acostumbrado
a ese café solo por las mañanas,
con nuestra propia amargura indiferente.

Rebajando un poco las paredes
y calmando la sed con agua de recuerdo,
me tomo el pulso en el cuello.
Sigue suave, lento,
ligeramente descompasado.
Es lo que tiene ser esclava de un silencio:
que a veces tú pierdes y a veces él gana.

Pero el juego sigue en marcha,
como una lucha desequilibrada
entre dos furias
y una extraña sensación
de no estar triste,
de no sentir el triunfo ni el fracaso,
de no saber llorar,
de no querer rendirme ni poder luchar.

De haberme acostumbrado.
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2comentarios 147 lecturas versolibre karma: 12

Aún en el silencio nos podemos escuchar

El viejo reloj de cuerda en la pared nunca detendrá el conteo del tiempo.
A nadie engaño con esa historia de escribir mi propio cuento.
No lo haré con seguir cada día solo una rutina perfecta.
Nunca lograré superar a mi propia luz con la llegada de la noche y la luna trascenderá con su propio brillo.
Solo atinaré a correr hasta el mismísimo cansancio para poder entonces abrazarlo y despertar con ese ímpetu vacío de la vida.
Hasta que no pueda nuevamente olvidar que un momento puedo ser sincero.
Porque aún en el silencio más absurdo puedo escuchar y apaciguar a la noche con un instante supremo.
Aún prefiero seguir prohibiéndome el miedo de una memoria que nunca olvida.
Y seguir con aquellos recuerdos que andan sin poder evadirlos porque son secretos tristes.
Son momentos que quizás nunca volverán.
Y eso me duele porque quisiera despertar y escucharlos de nuevo.

Aún en el silencio nos podemos escuchar.

Poesía
Miguel Adame Vazquez
25/02/2017
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2comentarios 293 lecturas versolibre karma: 59

Despertar

Emerges del sueño con la neblina en los párpados. Una bandada de aves revolotea en tu cabello y te impide regresar.
Arrastras jirones de nubes, copas de árboles lejanos. Una luz en suspensión te deposita en el lecho.
Te convocan en la madrugada la rutina del café, la del agua y la sorpresa de vivir de nuevo en esta orilla del tiempo.
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8comentarios 400 lecturas prosapoetica karma: 59

El chachachá del tren

Hora punta AM.

Apenas ha amanecido y el rebaño se agolpa en los andenes de la gran ciudad. Una locomotora tras otra. Cada pocos minutos se abren las puertas de un tren hacia la rutina.

Vagones atestados de hormigas rumbo a su quehacer. Se palpan, se respiran, algunos se mezclan y otros se esquivan. Sobresalen hombres trajeados y mujeres con carmín, ataviados con carteras y agendas digitales, los que empiezan la jornada más frenéticos. Otros, rostros cabizbajos, se bostezan, abatidos, es la cara de la resignación de la obligación.

Las mañanas son calladas. Viajeros solitarios entre los dietarios, los libros madrugadores, los apuntes de escuela y evasivos auriculares. A veces escapan del letargo ante un móvil ajeno que agobia la rutina, alguna alarma aún sin desconectar, el papel indiferente que posan los mendigos en sus rodillas, el instrumento de un músico que en ocasiones aligera y dibuja sonrisas, y otras tuerce el gesto de los rostros abstraídos en sus tareas.

Parada tras parada, unos salen aliviados, otros cogen aire para hacerse un hueco entre cabezas y carteras, otros desploman su sueño sobre el hombro del asiento de al lado, que se retuerce y sobresalta.

Por fin llegas al destino. Te apeas y te desplazas entre obstáculos presurosos, hormigas que tropiezan por posar el primer pie sobre las escaleras mecánicas, como si de atrapar la miga de pan se tratase.

Unos, tranquilos, a la derecha forman civilizados una fila calmada; otros, los frenéticos, a la izquierda, se sortean y avanzan peldaños a la carrera apresurando los talones contiguos.

Es el rebaño, caballos zarandeados que corren apresurados antes de que el patrón cierre la puerta de la cerca.

Ya está, han llegado a su particular fábrica. ¿De qué? De objetos, de ideas… no importa que sea si no se pueden fabricar sueños.
Altas dosis de cafeína y afrontar otra jornada frente a la ventana del quehacer; esa pantalla sucia que anuncia caravana entre teléfonos que suenan bajo los rayos de fluorescentes que a veces creen parpadean.

Pupilas resecas. Frotar de ojos. Es la hora.

Ya es de noche en el corazón financiero de la ciudad. Pero los pasos siguen acelerados. Corren, no tienen prisa, pero no son capaces de descender el ritmo cardiaco.

Otra vez la misma boca de metro, el mismo andén, en hora punta PM.
Mismos rostros con distinto disfraz. Camisas arrugadas y americanas al hombro, caras desempolvadas y descoloridos pintalabios.

Otra vez. Se respiran, se mezclan, se miran pero no se ven. Ojos rojos, cuerpos cansados, botones desabrochados, tacones que cambian de postura… Mentes abatidas. Es el rostro cansado de la gran ciudad.

Pero las tardes son bulliciosas. Algunos solitarios regresan con compañía. A saber, a veces, a contrariedad, el pesado del departamento financiero, el colega de clase que no te habla en el recreo y ahora se muestra amigo… y otras, cómplices, que despotrican la jornada, cotillean, conversan…

Más susurros, más melodías móviles, más ecos de conversaciones ajenas. ‘Acabo de salir’; ‘ya llego’, ‘estoy a solo dos paradas’…
‘¿Has hecho la cena?’

Un día menos a contar. Las hormigas se retiran a su madriguera. A saber, unos a continuar quehaceres domésticos, otros sofá, reality show y a caer rendido en el sofá. Los más desorientados, copas bien frías y apuradas que el trabajo lo merece.

Mañana se pondrán de nuevo las calles para la cotidianidad de los robots urbanos.
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Robótica

Amanece y amenaza otro día. Sol sombrío. Calor frío. Brisa ventosa.

Se asientan las calles. Se disponen las aceras.

Se esperan los nuevos pasos. Se desenrollan las oportunidades.

Aseamos la noche. Nos maquillamos para disfrazarnos el rostro. Nos alzamos los tacones para pisar más fuerte. Nos ataviamos con ropas extravagantes para distinguirnos.

Comienza la rutina, la inercia del día, el automatismo.

Pie derecho sobre el asfalto. Rechina la máquina reseteada durante la noche. Despiertan desengrasadas las poleas. Los motores preparan el arranque. Por fin se inicia la marcha.

Posición de encendido.

Estado automático.

Ritmo normal.

Apertura de agenda. No hay semana vista, ni día por página.

Planning: el quehacer solo pone en vista los cinco minutos siguientes. Desplegar un lapso de tiempo más allá es ahogar el motor.

Avanzamos directos y con pose firme. Mirada única y direccionada al frente.

Sorteamos la gravilla del suelo, proseguimos sin caernos.

La tierra rota y prospera el día. El sol se desliza de este a oeste sobre los pasos y con él la luz va cambiando su tonalidad.

La grava se convierte en piedras gruesas de mayor volumen.

Pero continuamos el quehacer. Sin ansiar futuro ni esperanza, el andar se vuelve balado y sin rumbo. Solo es una máquina que va agotando el día con artes mecánicas y desprovistas de inteligencia.

El día se cansa, la luz se atenúa, y los pies se desplazan cada vez más dispersos.

Las piedras se transforman en concertinas barbadas, que esquivamos.

Pero se acerca la noche. Comienza a apagarse la luz.

Se detiene el latir, se encoge la onda que marca la frecuencia del son y el vaivén de pronto se vuelve tan arrítmico que duele y enciende la angustia.

Sin polos positivos ni negativos, sin fuerza en la manivela que mueva enérgica las poleas. Se vence el ritmo frenético del autómata.

Las piedras son ahora balas que te atraviesan el músculo rojo.

Sin quehacer, el robot descubre que tiene alma, y le pesa.

Suplicamos y rezamos sin dios al que invocar. Que se apague la luz, que pare de girar esa manivela, que se colme esa pila incombustible que renace por un sinsentido instinto de supervivencia.

La batería agota la energía del mecanismo robótico y el cuerpo se abandona a la merced de un reloj sin cuerda ni sol.

Apremia la noche. Más grandes que el sol pero más lejanas. Las estrellas no dan calor.

Un cuerpo de hojalata sin pilas busca un artificio que le inyecte primero dopamina para no sucumbir a la oscuridad. Después un grajo de trazadona para rendirse a la paz del sueño.

Pero el sueño a veces se hace pesadilla y una tormenta de arena te araña la piel antes de la vigilia. A veces fugaz y ligero, a veces profundo, intenso y aterrador. Despiertas empapado en medio del caos sin saber distinguir lo real de lo onírico.

El alma que descubre el robot es el arma poderosa de un cerebro, que encasquilla a veces, que en ocasiones dispara sin control, que te alcanza sin apretar el gatillo.
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4comentarios 121 lecturas prosapoetica karma: 78

A veces la vida

Siempre,
el día me sorprende:
juntando piedras,
levantando cercas,
saltando cercas,
izando banderas,
arriando banderas.

Siempre,
la noche me sorprende:
juntando letras,
buscando estrellas,
soñando estrellas,
espantando sombras,
abrazando sombras.

A veces,
solo a veces…
la vida me sorprende.

@mello
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4comentarios 151 lecturas versolibre karma: 81

Rutina

volvemos para irnos
pero siempre nos desvanecemos
quedándonos
en la esencia de un recuerdo.
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Lo que nunca te diré

Es en las comisuras
y las dobleces de tu ser
donde encuentro
el antídoto oportuno
para contradecir al sentido
de las agujas de la rutina.
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4comentarios 118 lecturas versolibre karma: 107

Sinsabores de ciudad

El café que se enfría, la guagua atestada,
La jornada de nueve horas, el saludo al patrón,
El texto por encargo, la cena con los suegros,
Las crisis de pareja, el guiso de mondongo,
El alquiler adelantado, las nuevas modas fitness,
Los economistas de Chicago, la caja boba que espamenta,
La heladera del 31, los diarios desinformativos,
El saludo al que se va, los sueños que no fueron,

El segundero de cemento, el grillete en la mano.
La grasa abunda y nos está matando.
Y así. Sin talco, y sin perfume,
(Sin Amor 77)
Nos va llevando a ser,
Todo lo que no somos.
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14comentarios 155 lecturas versolibre karma: 103

Monotonía

Miré al pasado en retrospectiva
pero enfocando otra perspectiva

No vi tu fallo, tampoco el mío,
solo dos jóvenes en hastío,
amor helado por nuestro frío,
que detendría el fluir de un río.

Monotonía en lo rutinario
a cada año de aniversario.

Solo espero que un día reviva
aquél amor que dejo el vacío
que te reservo como santuario.
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13comentarios 309 lecturas versoclasico karma: 104

Ilusión Perdida

Aquel niño en su inocencia le preguntaba a la gente:
¿Por qué hoy tantos hay que piensan que el amor no es para siempre?
¿Por qué hay tanto caminante sin un rumbo en su presente?
¿Por qué todas las personas ya no sueñan, ya no sienten?
¿Por qué tanto muerto en vida? ¿Por qué no hay libres de mente?
¿Por qué hay guerras y mentiras? ¿Por qué sangran inocentes?

Ya no veo las mariposas de los sueños de la gente
que volaban hasta el cielo y se posaban en su lienzo
alumbrado cada noche, recordando sus deseos.
Hoy luces artificiales nos roban el firmamento.
Ya nadie mira hacia arriba recordando sus anhelos,
todos andan cabizbajos poseídos por sus miedos,
son esclavos del trabajo, del consumo y el desvelo.
Hasta el sol muere de envidia, no le gusta es astro nuevo;
Hoy en día todo gira... al rededor del dinero.

Los gusanos de la seda con la que bordaron sueños
se esfumaron y dejaron en su partida la estela
que les indica el camino para alcanzar las estrellas,
pero ya nadie las mira, todos se volvieron ciegos.
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4comentarios 97 lecturas versoclasico karma: 98

Gente...

Hay gente allí afuera
gente que camina sin mirarse
que piensa sin hablar, gente...

Gente, caminando junta
y a millones de pensamientos
de distancia…

Gente, como todos
cuando pisamos la acera
y todo olvidamos
para hacernos la carrera
y su rutina…

Gente, que va y vuelve
que no se detienen
que llevan la mente ocupada
y el alma atrapada
muerta de frío
vacía y olvidada…

Por eso cada noche
yo me escapo
para mirar en la oscuridad
donde de día no camino
no veo a nadie
y en silencio
a la acera desolada
yo entonces
esperando que me escuche
le hablo… (Lola)
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9comentarios 227 lecturas versolibre karma: 124

Propia rutina

Inútil, el tiempo se avergüenza

murmurando palabras rotas.

Lento y desdeñoso en el tic tac,

que derrumba toda otra compañía,

en la rutina repite su estribillo

misterioso de horas, años y enigmas.

Señor de desmesuras, abandona

toda ausencia e infortunio

en una pura ansiedad vencida.

Inmóvil no brinda otra cosa más que silencio,

un silencio insomne en su propia ruina.
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"Rutina"

Ella soñaba con florecer cada mañana,
él, con el tiempo se volvió sequía...……..
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14comentarios 135 lecturas versolibre karma: 128

Cada mañana...

Estoy cansada...
Quiero dormir,
tengo una cama delante y no la puedo usar.
Debo seguir,
aunque no hacia la cama que acabo de usar.

Aunque vengas rápido
me parece eterno,
porque no voy como vos,
voy a paso lento.

El camino es largo y mis pasos cortos.
Mis días largos y mis noches cortas.
Ahora solo queda seguir esperando tu llegada.
Porque por mi cuenta tardaría más,
ya que estoy cansada.

Sería tarde, pero no de noche.
Una lástima, pero no tragedia.
Salvo si me acuesto,
salvo si me duermo.

Dicen que si te pierdo, si te dejo ir, no vas a volver.
Y otros dicen que ya te fuiste, para no volver.

Siempre a la misma hora te veo pasar,
a veces yendo, a veces volviendo.

La ansiedad me puede
Ya quiero verte,
quiero que llegues,
quiero que me lleves,
A veces pienso en sorprenderte,
tomar un atajo para verte.
Pero no,
tengo que quedarme a esperarte.

En frente mío estaría mi cama,
en frente tuyo sueño mi futuro,
aunque no haya ninguno.

Veo camas por doquier, todas a mi alcance, aunque no las puedo usar.
¿Por qué?
Porqué no me dejan, porqué no es correcto, porqué no está bien.
Sería una molestia para los demás y no se vería bien.
¿Por qué?
Si no va a importarme una vez que duerma apoyando mi sien.

A unos pasos frente a mí tengo una cama y no puedo alcanzarla.
¿Por qué?
Porqué estás acá y a la cama solo puedo imaginarla.

Cada mañana...
...esperándolo a él...
...esperándola a ella...
...esperando a mi tren.
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2comentarios 80 lecturas relato karma: 48

Invisibles

Estoy a tu lado.
Y tú...sin saberlo.
¡Tanta vida juntos!

(Infinitos días
perforando el tiempo)

Y ya...ni nos vemos...




María Prieto
Diciembre 2018
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Descalza y sin maquillaje

A veces vestida del mundo
quisiera escapar de esta jaula de lujo
y me asfixian los cristales, esos que separan
mi corazón del viento y tus mensajes
que no llegan, que no puedo escucharte…

Encerrada, mundo aparte
me vuelvo salvaje, y sólo puedo pensar
en escapar amor, en buscarte libertad
descalza, desnuda y sin maquillaje…

Y en nuestra guarida sin tiempo
me dejo esperar, que mi perfume a deseo
te traiga en el viento, a calmar los miedos
del encierro, del frío mundo, de aquellos edificios
donde sin querer me encierro
donde la rutina de acero
me hace escapar…

Aquí estoy
y me quedo en este ahora
donde la tarde acuna los árboles
y las aves entre ellos vuelan
cantan, esperando tus pasos
silbando nuestra canción
sonriendo para mi
otra tarde llegar…

soundcloud.com/lola-bracco/descalza-desnuda-y-sin (Lola)
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15comentarios 434 lecturas versolibre karma: 101
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