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El tornado Irene

Se pasea por los bares de poesía
recitando la historia que sufrió,
improvisa borracho cada día
en la más decadente situación.

El tornado Irene se llevó
su novela más preciada,
y su humilde corazón
acabó yendo a terapia.

No quedaron ni los lápices,
solo quebraderos de cabeza,
ella negaba lo innegable
haciéndole dudar de lo que era.
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1comentarios 354 lecturas versoclasico karma: 27

Querida Muerte

Y de repente cobró vida la muerte,
vestía de Moschino,
con un vestido de noche rojo vino.
Un par de piernas sin final,
sacadas del torno del infierno,
adornaban sus caderas.
Hacían una curva espeluznante
acabando en cintura de avispa, alucinante.
Que bella la muerte, que bella criatura.
Sus labios anchos y carnosos,
de malva pintados,
ni el mismo Leonardo los hubiese imaginado.
Los ojos negros tan profundos,
tan extraños, negros azulados.
La turgencia de sus pechos,
la finura de sus manos,
parecían las de la Piedad
sujetando a Cristo resucitado.
El pelo largo y negro zaino.
Yo con ella sin dudarlo me habría ido.
Soy el novio de la muerte,
pero solo la veo en sueños.
Por eso quiero morir,
no quiero vivir, no quiero.
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2comentarios 190 lecturas versolibre karma: 26

• efímero sesenta y uno •

Ya no puedo controlar
cada sentimiento nuevo emergiendo
en el centro de mi pecho.
Ya no voy a negarlo...

Abro la boca
y el caos forma esa nube de humo
recordándome que tan solo soy
tornados efímeros
que no dejan de crearse y destruirse
sin sentido alguno.

Ya no puedo negar el cambio,
el tormento convertido en verdades que cuestan decir en voz alta.
El silencio y el dolor
protagonizan la escena
y como testigo tengo a mi alma rota
y como juez que sentencia mi sempiterna condena
me tengo a mí misma y a mi parte racional:
no puedo seguir subida
en este tren de mentiras.
Me miró en el espejo
y ya no veo a aquella niña...

Así que ahora...
cómo me enfrento a todo esto
y admito que ya no necesito lo que me bastaba antes:
que he empezado a querer otras cosas
a desear el desastre
a no permanecer por mucho tiempo en un sitio
a no dejar de moverme sin ningún rumbo preestablecido.
Cómo me enfrento a todo esto y asumo
que me siento culpable
cuando todo me sabe demasiado dulce
porque yo ya no puedo sentir nada más
que no sea esta amarga nostalgia
que me empuja
o a irme y reconstruirme
o a quedarme y acabar de destruirme.

Que no es tu culpa
que he sido yo
la que ha cambiado:
"primero poco a poco...
y de repente de golpe".
Decirte que mi última función...
mira, se ha cerrado el telón
y siento decirte que por mucho que quieras
no tengo un guión que puedas leer
para comprender
por qué me estoy perdiendo
sin una buena razón.

Algo dentro de mí
está saliendo a borbotones
y ya no tengo fuerzas
(y tampoco querría si las tuviera)
para retener el fuego
de mis internos dragones.
"El silencio es la pausa
que precede el rugido"...
Pues ahora te digo:
esta oscuridad
es la tregua que precede
al fénix en el que me estoy convirtiendo.
Prometo que todo esto tiene sentido...

Jamás pensé que te pediría
que entendieras por qué hoy
huyo.
Y que si corro ya no es
para escapar de mí
es para buscarme y asumir
lo que sea que encuentre por fin.
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