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Me está sobrando la angustia

Se quedó corta la cuota,
pensando en los excesos
cuando el martirio azota
en esos lapsos inmensos.

La tortura es necesaria
incluso puede ser buena
siempre que no sea eterna
y tampoco voluntaria.

No existen los optativos
escasos de los tesoros
prestos a abrir sus poros
y absorber los excesivos.

Cada cual con sus pesares,
indica la regla no escrita.
Con débito o superávit
aguantas o te marchitas.

Patrimonio personal
de esos que no se endosan,
partícipe de por vida
en calmas o borrascosas.

Mi anuncio clasificado
en el diario versaría:
--sin lucro y resignado,
ofrezco mi demasía--.

@MucioNacud (dr)
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19comentarios 210 lecturas versolibre karma: 100

Calmarse

Querer tirar la vida por la borda
y quedarse dormido todo el día;
planear los detalles de la huida
y anegarse en el llanto que desborda.

Moverse ciego en la locura sorda
y sucumbir en la verdad vacía;
dar la razón a la razón tardía
y huir de nuevo a su insaciable horda.

Arrastrar un presente sin futuro,
volar en un futuro sin presente,
y del pasado estéril olvidarse.

Saciarse en un amor tardo y maduro,
aprender y olvidar constantemente,
la pérdida aceptar, y al fin calmarse.
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7comentarios 196 lecturas versoclasico karma: 56

Mi ya consumida humanidad

Mi alma se inquieta,
Se angustia,
Temerosa se empequeñece…

Bajó al infierno torturada por tus palabras.
Gritos que destrozan mi cordura.

Que noche tan gris
Lluviosa, llena de miedo
Saturada de dolor.

Se nubla mi mirada,
Un sinfín de sin razones,
Tus palabras Retumban
y derrumban
Mi ya consumida humanidad
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1comentarios 143 lecturas versolibre karma: 48

Aislamiento

Cortarme, tajearme,
que mi piel en tiras,
llena de sangre seca
estire, pique, ¡arda!

Así recuerdo que es mi pellejo
el que me atormenta,

No tú.

Mi sudor hiede,
un vaho narcótico
precede mi pasos.-

Apesto a soledad.

Aislamiento, que busco y temo,
das libertad y angustia,
desolación y éxtasis,
pasión y hastío,

La hermosura de los sueños
y el desamparo brutal.
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2comentarios 129 lecturas versolibre karma: 58

Ovillo

Supe que no,
cuando mis mariposas
se volvieron de nuevo ovillo
mudándose a mi garganta.
Casi sin poder respirar,
sentía el estómago hueco.
Con voz pequeña gritaba,
pero la angustia
me tapaba la boca.


Marisa Sánchez
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Máscaras...

Al salir del concierto la noche se encontraba sumida en su existir más profundo, la calle poco a poco se vaciaba de los asistentes y todo aquel bullicio que hubieran generado las pláticas retóricas y los pasos sin rumbo, se fueron apagando como se extingue la luz de una vela con el paso del reloj.

Me gustaba disfrutar mi soledad en compañía, sentía cierto deleite en observar a las parejas discutir por trivialidades, ver cómo eran condescendientes entre sí afirmando conocer tal o cual obra, libro, persona, mundo, galaxia, constelación... para simplemente tornar los ojos admitiendo para sí mismos su poco conocimiento, sobre todo, hasta de su persona. Yo no tenía ese problema, sólo hablaba conmigo y para hacerlo ni siquiera tenía que articular palabra alguna, era un monólogo interno, donde no podía ocultarme nada y me daba explicaciones que me debatía con fundamentos lógicos, que sonaría ilógicos al mundo. No necesitaba demostrar mi valía ya fuera con ropas finas o con regalos lujosos; yo era quien era en ese momento sin más que ocultar.

Por fin me encontraba sólo bajo la luz que provenía del recinto hasta que éste cerró sus grandes y pesadas puertas tras un fuerte sonido al colocar los cerrojos, era como enclaustrar un alma noble entre cuatro paredes para mostrarse sólo en los momentos más sonrientes, mientras que los demás días son las lágrimas ocultas las que no paran de recorrer sus mejillas formando un río, un lago, un mar... Decidí comenzar mi regreso a casa con las melodías aún sonando en mi memoria, tarareando algún pasaje, disfrutando de aquel concierto de nuevo en mi mente.

El frío se sentía como un soplo suave de lijas sobre el rostro así que metí mis manos en los bolsillos y al hacerlo sin querer tiré las llaves de mi hogar al suelo, me detuve para levantarlas y fue entonces que noté que alguien me seguía sólo algunos pasos detrás. Giré el rostro apenas para alcanzar a observarla de reojo, sólo pude notar su silueta definida entre la obscuridad de la calle y la tenue luz amarillenta que daba la tímida iluminación de un poste a lo lejos; podía notar su figura de mujer, su cuello largo y fino, sus brazos delgados y su cadera ondear al caminar despacio. Permaneció inmóvil mientras yo me reincorporaba lentamente. Como si nada continué mi camino, sin embargo, sentía sus pasos tras de mí como si quisiese acercarse, pero algo se lo impidiera.

Después de avanzar una cuadra decidí dar media vuelta y pararme frente a ella, se encontraba aún lejos para poder reconocerla, o tal vez llevaba alguna especie de velo negro que no me permitía ver su rostro con claridad. Comencé a caminar hacia ella con un paso tranquilo, "Buenas noches señorita, disculpe, ¿la conozco?, ¿puedo ayudarle en algo?" le dije con una voz firme pero gentil, mientras me aproximaba, ella negó con la cabeza y comenzó a cercase al mismo paso que yo. Poco a poco la distancia se reducía y entonces pude notar como su rostro se veía claro, los ojos un tanto rasgados y grandes, la boca delgada, el rostro pálido un poco ovalado, el cabello ondulado de un café obscuro y la nariz recta... era ella. Hacía tanto que no la veía; por un momento la impresión y el gusto se notaron en mi sonrisa y justo cuando iba a pronunciar su nombre pude ver cómo se quitaba aquel rostro como si hubiera sido una máscara que tiraba al piso. No podía entender que era lo que sucedía, se acercó otro poco y pude notar que su rostro era diferente; ahora tenía los ojos ovalados y más pequeños, su rostro afilado de un moreno claro, el cabello negro rizado, los pómulos redondos y prominentes mostrando esa boca pequeña y rosada. De nuevo era ella, la que hacía tanto tiempo había querido. En ese momento no podía comprender que era lo que sucedía y para mi horror, volvió a quitarse esa máscara con un desdén que heló mis huesos. Ahora sus ojos redondos color avellana me miraban fijamente, de nuevo el cabello rizado pero esta vez más corto y rojizo, su rostro claro y la boca un poco gruesa bien definida. Me detuve como un acto reflejo, de nuevo un amor de hace tiempo. ¿Qué sucedía?, ¿era acaso un espejismo o una ilusión?, tal vez era un sueño o mejor dicho una pesadilla. También detuvo su paso y colocó sus manos tras su cabeza quitándose esa personalidad de un sólo golpe para mostrar la siguiente máscara. Apareció un rostro redondo de ojos grandes, negros, el cabello un poco ondulado de color castaño obscuro que llegaba hasta sus hombros, las mejillas algo abultadas y rojizas, con una sonrisa amplia. Sentí cómo su mirada recorría cada parte de mi expresión incrédula, claro que la recordaba, cómo no hacerlo si fue motivo de mil desvelos, de sentimientos encontrados, de un antes y un después en mi vida. Esa mirada fue rápida pues tomando el cabello se despojó de aquel rostro para dar paso al siguiente, un rostro delgado de cabello negro lacio y largo, los ojos pequeños un tanto rasgados y de un negro profundo, la boca muy fina de color rojo, la seriedad inundaba su expresión junto con la mía, me observo con su mirada fuerte y severa por un tiempo, bajó la mirada súbitamente; al levantarla, una nueva persona se asomaba en ella, su piel morena y los ojos grandes, redondos, negros y expresivos, la nariz pequeña a juego con una boca gruesa de labios carnosos absolutamente seductores pintados de un rojo intenso, tan intenso como ella, el cabello largo, absolutamente negro, obscuro como la noche, me contempló con un aire desafiante y yo sostuve la mirada de forma retadora, era ella, la de una lucha eterna, la que había desgastado mis manos de tanto escribirle, la que había tomado todo de mí y nunca más apareció de nuevo llevándose mi última esperanza de creer en el amor visceral y bohemio. Se acercó lentamente hacía mí, mientras yo permanecía estático; en éste punto poco importaba ya lo que fuera a sucederme. Se colocó justo en mi espalda y susurraba en una mezcla de voces, como si el tono, el color, el sentimiento fuera variando, unas veces tierna y afligida, otras en forma de reproche y hasta con odio, otras tantas indiferente y fría. Caminó y al estar frente a mí pude ver su nuevo aspecto; ahora su tez blanca, con el rostro muy delgado, los ojos claros casi verdes o miel, su sonrisa inocente se presentaba mientras su mirada seductora se clavaba dentro de mi ser, sentí como el calor recorría mi cuerpo y me abandonaba a lo que ésta presencia fuera, tal vez un demonio o un ángel. No podía más, empleaba las últimas fuerzas de mi cordura para permanecer en pie. Colocó sus manos sobre mis ojos, enfundadas en unos guantes negros de terciopelo, y al retirarlas pude observar mi rostro de frente, los mismos gestos, la misma incredulidad; la expresión tanto de asombro como de terror, y lentamente, como si fuera el vapor que emana del agua caliente, se fue desvaneciendo hasta quedar en un vacío absoluto, una obscuridad más profunda que la noche, que el hoyo más recóndito sumergido en los mares, que mi propia conciencia desvalida.

Sentí mi cuerpo helado, rígido, ella se dio la vuelta y siguió por el camino que antes había recorrido hasta doblar en una esquina donde desapareció por completo. Yo permanecía absorto, sin comprender qué era lo que había sucedido, coloqué mis manos frías sobre mi rostro, lo sujeté con fuerza y tiré de él; pude sentir cómo se desprendía de mí esa máscara que tiraba al piso, la vi rodar a mi lado, con su expresión vacía. Por un momento no supe que hacer, cómo reaccionar. Volví a colocar mis manos dentro del abrigo recuperando la calma, tomé de nuevo mi camino y pensé... "Ahora soy yo, el recuerdo de alguien más".
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Grito al vacío

"Su corazón es un laúd colgado, no bien lo tocan, resuena."
Este Madrid es una ciudad vacía.

Se vive un claustrofóbico vacío en sus aceras

Tantos ojos y tantas miradas ciegas por su neblinosa atmósfera.


Este Madrid del engaño
Esta noche no hay nadie en los andenes
Nadie lee ya en sus campos
los ancianos se retiraron de los bancos
Y las palomas no acudieron a la costumbre.


Nada hay ya en sus hogares
Y nada recorre sus calles
(O más bien nada es lo único que las recorre)
Tan sólo el infernal ruido del tráfico sin conductores
El chirriante crujir del metro en hora punta abarrotado de cadáveres
O las voces inextricablemente amontonadas en el caos.


Él se mira
Se mira al espejo todas las mañanas
Y pregunta al reflejo
Pregunta al vacío:
"¡Reflejo que miras mis ojos en frenesí! ¡Reflejo que miras sin reflejo, que miras de frente a mi abismo en tu pureza! ¿Puede el vacío ser sin que nadie lo vea?"

Y en esta ciudad vacía de Madrid
Resuena en disfonía un laúd colgado
Nada, nadie, puede oír
Y sin embargo, yo sé que resuena.


Como un grito ahogado
que del vacío emerge
y en el vacío se estrella.
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Allá ella va

Allá ella va
con los puños cerrados,
sin un recuerdo
de una pasión.
Allá ella va
sin mirar atrás.
Los ojos derramados
en busca de calor.

Allá ella va
soltando su cabello,
demorando el paso
de una vejez.
Allá ella va
negando su pasado.
Su alma ya no late
pues no confía en nadie.

Las flores que sólo
iban riendo:
colgadas, ahogadas,
en un espejo fiel.
Teñían la promesa
de un futuro (hoy) tajado
sobre las manos
que no paraban de hablar.

...

Las hojas caídas
iban aullando:
gastadas, pisadas,
en un río sin piel.
Daban constancia
como un manifiesto:
aquí todo exhala
abandona la esperanza.

Allá ella va
trozando ilusiones,
haciendo nudos falsos
para ella ganar.
Y allá fui yo
con las vías a un lado
siempre preguntando
por qué todo murió.

Acá yo voy
con una mano en el pecho
y la otra, del cuello,
asfixia su memoria.
Y ella se fue
sin luces de noviembre,
poniendo el pie a enero,
ya a nadie va a encantar.
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Martirio

Se agotaron los resquicios para esconder mi tristeza
es tan grande que no me cabe en ningún espacio
se cuela detrás de mis ojos
se transparenta en la piel de mi pecho
me pesa sobre los hombros

Quisiera creer en la posibilidad de vivir dos existencias
una triste y otra feliz
pero no hay puerta cerrada
que ahogue los gritos de mi soledad

En las noches
la oscuridad se revienta en mis sienes
y mi agonía se estira perezosa
hasta alcanzar la última estrella

Este tormento que lleva tu nombre
aniquiló mi sonrisa
se me instaló en los huesos
y los deshizo de amargura desde adentro
aún no decido si esto es amor o es odio

Mariana Antúnez (2017)
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Reminiscencias poetas

En la letanía del camino y su eterna soledad,
vivo angustias que exasperan, y hasta la misma muerte frena;
más vagando en las orillas, en la oscura inmensidad
se deshacen mis palabras entre pájaros de arena.

De la fuente de la vida, brota el agua que me llena:
dame alas, vida mía, que sin ti soy una hiena;
que vaga por el mundo, que vaga sin camino
sin horizonte en alto, sin calma y sostenido.

Se oscurece la tarde, y entre las sombras veo un río
que desemboca en la mar, que trae rocío consigo:
y una lágrima en las nubes deja su esquirla conmigo,
el cristal de las mareas, antes tuyo y ahora mío.

Si no tengo ni quiero, más palabras que darte en vida,
y la eterna soledad sonora se convierte en mi bandera
en pos de la verdad, y del amor en mí refrena
hasta el último suspiro clavados, nuestros ojos hoy se miran.
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3comentarios 93 lecturas versoclasico karma: 92

Óbito vital

Desde que perdemos la inocencia de nuestra niñez, comenzamos a angustiarnos por el futuro y la muerte. La obsesión por el fallecimiento nos nubla el espíritu y arraiga en nuestras más profundas entrañas, tornando de un matiz oscuro y lúgubre la esperanza.
A causa de este miedo perdemos oportunidades, ocultamos sentimientos, dejamos de disfrutar de la vida y olvidamos lo más importante, lo que todos merecemos, olvidamos vivir.
Por esto he de decir que debemos aprovechar al máximo cada segundo de cada minuto de cada día, pues, como ya es sabido, este podría ser el último.
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Ahogo

Tu nombre se rompe en mi garganta
envuelto en la angustia del vacío.
Te bebiste el azul de tantos cielos y
ahora nadas en la mar de mis lágrimas.
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6comentarios 135 lecturas prosapoetica karma: 97

Espíritus derrotados

Espíritus derrotados en amarga desazón.
¿Por qué torturáis mi Alma?
Escapad de mis entrañas y descubrid vuestros complejos.
¿Por qué disfrutáis con mis lamentos?
Me dan náuseas vuestros cuerpos,
pierdo el sentido en el hedor de vuestro aliento.
Dejadme emerger de mis cenizas,
no anuléis mis fuerzas, no me hagáis enloquecer.
Permitid por esta vez, que el sueño una realidad sea
y marchad lejos de aquí.
No dejéis una huella, ni siquiera un solo rastro.
Quiero volar con el viento, quiero cantar con el pájaro
Y vivir mi vida entera, sin hallar en mi interior,
más espíritus derrotados.
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12comentarios 101 lecturas versolibre karma: 88

"Depresión"

Y nuevamente me veo aquí
Tratando de luchar por no
Caer a ese tan temido vacío,
Vacío que me paraliza, me
vuelve frágil, soy presa fácil
para la temida angustia y
la tan despreciable ansiedad
siento como esa sombra negra
se posa sobre mí y hace lento
mi caminar, mi mirada va
perdiendo su brillo se vuelve
opaca reflejos en blanco y
negro pasan sin parar por mi
retina, mi pecho se aprieta
mis ojos reflejan la incesante
lluvia que ha caído por mis
humedecidas mejillas, palabras
van palabras vienen como
lenguaje extraño mi cerebro
no es capaz de decodificar
mis oídos se vuelven sordos
y mis labios piden a gritos
desgarrados poder despertar
de esta horrible pesadilla
que con malévola intención
me quiere consumir en esta
vil depresión.
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30comentarios 227 lecturas versolibre karma: 143

A la Muerte de mi Amigo

Cuando la muerte acecha, tú la distraes con tu carcajada profunda y sonora,
Con la inconsciencia de tu cuerpo, la risotada muda, no deja de complacerme,
¡Levántate, cabrón!
No tengas a tus amigos muertos...
¡Déjate de soñar que te esperan los dolidos!
A tres mil kilómetros juegas a las cartas con la parca traicionera,
Mientras las nubes se aplomizan y el sol se escarcha,
Trae tu alma donde pueda verte, ¡tráela verde!
Que los valles no ríen y las flores se mueren...
¡Levanta, gran dormilón!
No tengas a tus amigos muertos...
No disfrutes del sonido de esos ríos,
Ni bocado de sus mesas bien servidas,
Trae tu voz donde pueda sonreirte, ¡tráela fuerte!
No te sientes ni descanses, ¡ven potente!
Que los montes agonizan y las playas imploran...
¡Levanta, cacho cabrón!
No tengas a tus amigos muertos...
Que contigo se ríe y no se llora,
Ánimo niño, que todo se pasa,
¡despierta añil! ¡despierta plata!
Los años se duermen si tú no levantas,
No tengas pereza ni sueñes alado,
Mas vuelve presto que estamos al lado,
Al pie de una cama de hierro sin patas,
¡De pie, muchacho!
No tengas a tus amigos muertos...
Yo creo en tu fuerza, y añoro tu risa,
Sé duro, amigo, no dejes la lucha,
¡Eschucha la voz! ¡Persigue el camino!
Agarra la vida y enfrenta el destino,
Es este el momento y tienes la prisa,
De darnos a todos la gran alegría,
¡Despierta, amigo!
No tengas muerto a quién te quiere vivo...
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sin comentarios 69 lecturas versolibre karma: 140

Pesadillas

No deseo seguir mintiendo,
se me nubla el pensamiento
En las noches mi desvelo,
en el día floto en el viento.
Un efecto el defecto
de aquel frío en mi habitación.
Que congela la mirada,
y apareces junto a mí.

Un tormento me reclama,
su pregunta ¿dónde estás?
Me has dejado en el olvido sin testigo
la crueldad en la que vivo
Solo insomnio predomina
un vacío la soledad

Hay fantasmas que aniquilan
cuando vuelan sin parar,
Corren, ríen, se evaporan
y la noche sin final
Donde has ido que te busco,
fantasía ya no estas,
Es un eco desmedido,
gritos crueles realidad.

El abismo un remolino
que me arrastra y me sujeta
Ya no puedo respirar,
he caído en las tinieblas
En mi sueño crece el frío,
dónde has ido me has dejado
Pesadilla entra en mi sueño
que me ahoga sin piedad

Me ha cubierto el sudoral,
una angustia mi ansiedad,
Poco a poco se contraen,
comprimidas letra a letra
Las palabras ya no existen,
tengo ganas de gritar.
Se apodera de mi cuerpo,
me consume, me reprime.

Un fantasma me persigue,
ya es de día no es posible,
Sin pellizco en mi silencio
un destello me despierta
Ya no existe algún fantasma
solo almohadas una cama
Ya no existe la verdad.




Por: WilyHache ®


15 de octubre de 2018
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Siete balas

Siete balas
acabaron con tu vida,
las mismas
qué arrasaron con la mía.
Año tras año he vivido tu muerte.
Ya no pienso
en tu rostro desecho
en esa acera,
o en la sangre qué se mezclo
con la ceniza del tiempo.
Ya no recuerdo
el estar postrada allí
sin poder arrancarme de tu cuerpo.
Me queda el pendúnculo
de la rosa que no logré
arrojar en tu féretro,
sus hojas secas
cayeron una a una.
Por más traicionera
qué dicen es la muerte,
le he rogado mil veces
¡a mí me lleve!
Mas ésas mil veces se ha negado.
Solo me lleva
de la mano moribunda.
Lamento amargamente
la mala memoria de mis años
que me ha robado
el sonido de tu voz,
escucharte llamarme el:
"mamá" que tanto amaba.
Me es inútil y ridículo
quererme abrazar del aire,
creyendo que es en él qué
me visitas. Mi corazón se
paraliza al ver tu rostro adolescente y a tus ojos color miel que me miran en ésa fotografía;
angustia, ira se acumula
en mis entrañas y solo
surge un llanto ahogado e invisible.
De mis labios ya no
salen las sílabas de tu nombre
¿Para qué?
Si van incrustadas a mí,
como segunda piel.
Dime hijo mío,
¿¡Cómo, cómo te olvido!?
De mi soledad eres mi compañero,
de mi alma, brazos y memoria,
mi añoranza perpetúa;
aún si no logro
escuchar tu voz,
y tu sonrisa.
Tu mano invisible estruja
mi corazón vacío.
¡No pude defenderte amor mío!
¡No estuve allí para que ésas balas en mi hallaran su blanco!
Perdón hijo mío.
Sé qué un día
te veré pero dime...
¡Dime cómo te olvido!
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3comentarios 107 lecturas relato karma: 139

Te he esperado delirio febril...

Te he esperado en esta cama desolada,
cargado de fiebre alta y sin colirio,
permanezco en completo delirio,
como lo hace el sol en cada brazada.

Y la lluvia juntando su disfonía,
brota de su manantial el gélido frío,
peregrina del sur austral vela mi río,
me pregunto ¿llegaras a hacer mía?.

En mi angustia tomo la brújula como guía,
brújula y mar en tiempo de olvido,
en tu boca de mar muere mi agonía.

Tus besos son la razón de mí existir,
en cada gesto y amor que tengo oculto,
mi ardor, mi anhelo y todo mi devenir.

Soneto polimétrico
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26comentarios 868 lecturas versoclasico karma: 338

Verano

Tanto que leer,
tanto que escuchar,
tanto que ver,
tan poco que escribir,
y yo tan humano,
y yo pensando en ti.
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6comentarios 114 lecturas versolibre karma: 136
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