Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 10, tiempo total: 0.003 segundos rss2

La última fila

Mi padre era alcohólico,
casi siempre estaba ausente.
Excepto cuando nos dedicaba
temerosas muestras de cariño
o excesivas de violencia.

Mi madre se enamoró de él
y se casó muy ilusionada.
Nunca más estaría sola, pensó
hasta que,
diazepam tras diazepam,
olvidó aquel desvarío
dedicando sus pocos momentos de lucidez
a llorar agarrada a los barrotes
del cabezal de la cama.

Los recuerdos felices de mi niñez
siempre acababan de forma terrible.
Era el niño que se sentaba en la última fila
y vivía feliz en su mundo.

Pero siempre había alguien dispuesto a sacarme de él.

En casa o fuera de ella.

Y con el tiempo aprendí, observando a los animales que me rodeaban
que uno sólo puede llegar a realizarse revolcándose en el dolor ajeno.

Nunca saqué muy buenas notas
pero acabé el instituto
entre el humo de la marihuana y
las canciones de los Smiths.

Escribiendo mis propios poemas sobre la mesa.

Un día mi profesora leyó uno de ellos
y vi, por primera aquella mirada.

La que significaba que detrás de aquel chico triste y solitario
se escondía alguien capaz de ser deseado,
porque la intensidad de mis pensamientos
rozaba la enfermedad mental al tiempo
que atraía los gemidos de placer más profundos.

Aquellos que siempre había escuchado en mi mente,
los que van a mezclarse ahora con tu dolor.

Esta noche tu vida acabará, con ella tus anhelos,
Las buenas notas que hacían sentir a tu padre orgullosa,
las vacaciones de verano en una bonita casa en la playa,
todos aquellos novios de una noche a los que te entregabas
como una guarra, sólo suplicando el afecto que te faltaba
y alimentando la sensación de ser deseada que te perdía.

Esta noche la sentirás, yo me encargaré de ello.
Viajaremos al fondo de mi subconsciente
para hacer realidad por fin mis deseos más ocultos.

Siempre te acercaste a mí por considerarme inofensivo,
razón por la que me contaste todos tus secretos.

Hoy seré yo quien te cuente los míos.
15
5comentarios 160 lecturas versolibre karma: 90

Degradación

Mi mente se degrada,
puedo sentirlo,
en cada error que cometo
y me empeño en negar,
cada vez que te ataco sin sentido,
al encerrarme en un rincón
y gruñir, y aullar como un lobo
solitario, hambriento y asustado.

Mi mente es mi único hogar,
y cada vez me resulta más difícil
sentirme cómodo ahí dentro.
A veces pienso que me sustituirá
un nuevo inquilino,
alguien que me resulta extraño.
Tanto, como la persona
que habitaba este lugar
hace ya veinte años.

Cómo pretendes que te conteste
cuando me preguntas cómo estoy.
Ya ni siquiera estoy seguro de ser
la persona con la que hablas.

Me invade la amnesia y la tristeza.
E intento construir recuerdos felices
entre los sueños de un mundo que se derrumba.
Un mundo sin las agallas suficientes
para llevar esa tarea de destrucción hasta el final.
3
sin comentarios 47 lecturas versolibre karma: 29

Oxígeno

Conviertes mis defectos
en nuestras virtudes.

Tú eres el oxígeno
recorriendo mis arterias.

Eras la sonda que recorría
el espacio exterior
en busca de vida inteligente.
Y me encontraste a mí.

Eres la emoción,
la vida en su máximo esplendor
y yo el espíritu autodestructivo.

No somos el día y la noche
sino las tinieblas iluminadas
por la luna llena
y una tormenta de meteoritos.

Destrozan todo a su paso,
Provocan grandes maremotos
y hacen que caigan
los más grandes edificios.

Somos lo contrario a una humanidad aterrada.
Una mañana de domingo,
sentados en la azotea de algún edificio,
disfrutando del espectáculo.

Somos los que siempre
encuentran un camino
entre las ruinas.

Eres mi apoyo.
Quien perdona mis pecados
e insiste en seguir hacia delante.

Soy el guardián de tus malos pensamientos.

Un conjunto de proyectos,
errores y promesas incumplidas.

Sólo contigo
tengo la sensación
de ser capaz de todo.

Porque eres también,
el oxígeno,
que alimenta todas mis letras.

Eres el mejor sabor
cuando me metes
la lengua en la boca.

He aprendido, con el tiempo,
a saborear tu sexo.

Puedo olerlo tantas veces,
cuando te acercas a mí.
Y tú no te das ni cuenta.

Y, por muchas veces que nos aboque al desastre
cada día iniciamos una nueva revolución.
Masacramos palabras,
destrozamos armonía
y gritamos hasta quedarnos sin oxígeno.

Eres, deja que te lo explique mejor
porque cuando te miro
veo caer la arena de los relojes
cayendo a diferentes velocidades,
enanos voladores de color verde,
los ríos caminando hacia el mar
y criaturas alimentando a sus crías.

Eres la luna que ilumina a Marion Cotillard
en Midnight in París.

El Angelus novus que observa el mundo,
catástrofe tras catástrofe.
Reconstruyendo todas ellas,
generando nuevas ilusiones.

Eres todas las pinturas
desde Saturno devorando a su hijo
hasta el beso de Klimt.
Las puertas del cielo,
una nueva deidad.

Eres, esta vez te lo digo yo a ti,
mi otra mitad.
Mi deseo irrenunciable.

Mi único amor sincero,

El resto de los días que me quedan por vivir.
5
1comentarios 113 lecturas versolibre karma: 71

Esperando

La cenicienta se aburre,
no ha sido invitada al baile.

Blancanieves no se despierta,
ni siquiera con los besos de mil príncipes.

Rapunzel nunca sale de su torre
y no llega a descubrir el porqué de los farolillos.

Elsa construye un castillo de hielo
que nadie nunca encontrará.
Se quedará ahí a vivir para siempre
atrapada,
como el resto de las princesas.

La sirenita ya no aspira a una vida
fuera del mar,
no descubrirá nuevos mundos
ni conocerá el amor.
Se pasará la vida esperando.

Como esperando se queda la princesa en el castillo.
El príncipe se muestra incapaz,
no puede acabar con el dragón.
Se burla de él,
disfruta del mero hecho de tenerla atrapada
y sueña con coleccionar princesas
mientras busca nuevos mundos que arrasar.

Coo los soldados que descubrieron el nuevo mundo.
Encerraron en una jaula a Pocahontas
junto con toda su familia.

La misma compañía de tantas princesas
que se pasan la vida esperando.
A que empiece el colegio.
A entrar en el instituto.

Esperando que acabe la tortura
de los mensajes en las redes sociales
y las palizas grabadas en los cuartos de baño.

Esperando conocer un hombre que las valore por sí mismas.
Tener su primera cita, su primer orgasmo.
Disfrutando sólo de esperarlo.
Al tiempo que espera que él venga a casa,
borracho y de mal humor,
soportando los insultos,
los estallidos de rabia.

Esperando el nacimiento de sus hijos,
nueve meses,
mientras recibe los primeros golpes.

Él le pide perdón demasiadas veces
y ella espera que alguna de ellas sea la definitiva.
Sueña con el borracho,
tirado durmiendo en el sofá
un golpe seco en la cabeza,
después otro,
y otro más,
y otro más.

Arrastrarlo al jardín,
donde las ratas buscan comida.
Hasta que al fin desaparezca.

Pero los sueños, sueños son.
Sus hijos crecen y se van de casa.

Esperando a subir en las listas para ir a una residencia
con la espalda destrozada de fregar platos.
Compartiendo habitación con él,
que pierde la memoria
y es cada vez más dulce
y más dependiente.

Esperando entre esas cuatro paredes.

Esperando.
2
sin comentarios 76 lecturas versolibre karma: 28

Lucha libre mexicana

Lucha libre mexicana

Normalmente sólo espero que me hables
para que me digas obviedades
y me recuerdes que todo es mentira.

Yo me escondo en la literatura,
y me decido a cambiar el mundo desde aquí.
Puede que sea un ejercicio de futilidad
pero son sólo unas letras
y me siento más feliz:
Siento que ya no comparto mundo con vosotros.

La mayor virtud de la humanidad
es que no necesitará de un destructor de mundos.
Se destruirá por sí misma
Adelantando el cambio climático,
construyendo armas cada vez más destructivas,
alabando y normalizando todo ese racismo,
el odio al diferente y la polarización.

Discursos emocionales que agradan a las masas
que a su modo también son literatura
y, por eso y sólo por ello,
cambiarán el mundo a peor.
Entonces repito:
Muerte a la literatura.

Pero vuelvo a sentarme en la pantalla del ordenador
acompañado de todas estas letras
y no cambio el mundo,
ni siquiera consigo mitigar mi enfermedad,
sólo sentirme un poco mejor,
más consciente de mis pensamientos,
más cercano a ti.

A pesar de todos tus reproches,
de las discusiones alrededor de la nada.
A pesar de no tener ya ni tiempo para escribir,
o tomar unas cervezas y hablar de lucha libre mexicana.
A pesar de que todas nuestras conversaciones
acaben remitiéndonos siempre a ese bicho
que metimos en nuestra casa.

Porque ahora la literatura es verla crecer,
imaginar como será dentro de diez o veinte años
y calcular, siempre sin acierto,
cuánto de lo que ella llegue a ser
dependerá de nosotros.

Y después por las noches
tú duermes abrazada a ella
y yo sigo soñando con el santo,
con la lucha libre mexicana.
Escribo un guion
en el que da su merecido
a todos esos malditos burócratas
que sólo sueñan con cuadrar los números.

Y en la literatura del sueño
puedo despertarme todavía soñando
que yo soy él.
Observar vuestra perfecta respiración,
y recordarle,
que no ha de tener miedo
ni a las brujas ni a los monstruos,
mucho menos a los hombres enmascarados
que vigilan agazapados en una esquina
y, piensan si ella siempre podrá dormir así de bien.

O, en momentos que dedico sólo a nosotros,
en llevarte a la habitación de invitados,
y hacerte una foto
en el instante preciso,
Porque creo que nunca te lo he dicho,
pero nunca eres tan joven
como cuando tienes un orgasmo.

Y eso es todavía mejor
que la lucha libre mexicana.
2
sin comentarios 92 lecturas versolibre karma: 25

Fiebre

Fiebre

Soñé que tenías fiebre
y, entre sudor y temblores,
nos abrazábamos
mientras me repetías
que no te dejara ir.

Soñé que te atrapaba entre mis brazos.
Soñé que desaparecías para siempre.
Soñé como un insecto,
observando la escena pegado a la pared.
Desde arriba te mataba.

Me he levantado con fiebre esta mañana.
He desayunado un poco y me he vuelto a dormir.
La energía fluía
y escapaba lentamente de mi cuerpo.
Soñé que toda aquella energía podía destruir todo el universo.

Y, desde algún lugar,
una presencia extraterrestre me observaba.
Convencida de que mi mal no tenía cura,
arrancaba su nave a máxima velocidad
para destruir nuestro planeta.
El que soñamos tú y yo,
desgastando el sexo, sudor y nuestras lágrimas.
Alimentándonos sólo de la fiebre,
del deseo de ir más allá.

Ahora me encuentro en el purgatorio
y la escena se repite constantemente.
Llegan y lo destruyen todo.
Yo tengo fiebre y tú también.
Nos abrazamos y tú desapareces.

Porque esta noche he aprendido
que sólo puedo detener esta locura
abrazando fuerte tu cuello,
esperando que llegue el momento
en el que, por fin,
dejes de respirar.
Ésa es mi última posibilidad
de proteger nuestro mundo.

Y veo criaturas en las paredes,
vienen a por mí,
tiemblo sólo con la posibilidad
de pensar que podrían
volver a tocarme.

Abrazado a ti,
tiritando,
pensando en la posibilidad
de que vengan a buscarnos
de que esta fiebre acabe,
porque es lo único que nos mantiene vivos:
La necesidad de malgastar todas nuestras fuerzas
hasta quedarnos agotados,
tumbados el uno al lado del otro,
risa con risa nerviosa,
sólo esperando que nuestros cuerpos dejen de temblar
y nuestros sexos dejen de doler.

Y descubro la posibilidad de una noche más.
Deja de estar en guardia el universo.
Los moratones poco a poco desaparecen.
Puedo volver a besar tu precioso cuello.
2
sin comentarios 77 lecturas versolibre karma: 27

Un gran porvenir

Mi madre se casó muy ilusionada.
Todas las mujeres consideraban
que mi padre era un hombre bastante guapo
con un gran porvenir.
Pero, lo que más le importaba a ella,
era toda la retahíla de atenciones que le dispensaba.
Con él nunca estaría sola.

Pasaron los años, entre medias yo nací,
mi padre pasaba cada vez menos tiempo en casa.
Normalmente no salía del bar hasta que el camarero,
cada día de manera un poco menos educada,
le instaba a hacerlo aunque no quisiera.

Echaba la culpa de todos sus problemas a la crisis industrial
pero yo podía sentir la vergüenza que sentía
las pocas veces que se animaba a dedicarme temerosas muestras de cariño
para compensar el color gris de nuestras paredes.

Después empezaron las explosiones de violencia,
y lo que debió ser una niñez plena de recuerdos felices
se vio alterado por el llanto de una madre,
que diazepam tras diazepam, había olvidado sus desvaríos
aferrándose a los barrotes del cabezal de la cama.

Miraba a los otros niños desde un pupitre de la última fila.
La profesora me miraba con desprecio desde la pizarra.
Mis compañeros siempre se percataban de mi presencia
cuando necesitaban alguien con quien meterse
y no para jugar al fútbol,
escogiéndome siempre al final, de mala gana,
cuando había que organizar los equipos para un partido.

En fin, sólo me hallaba feliz dentro de mi mundo,
cuando imaginaba que tenía alas y podía volar
o una espada con la que cortar las cabezas de todos mis enemigos.

Aquellas imágenes me acompañaron desde que tengo memoria,
fueron ellas y la literatura los únicos lugares en que me sentí importante,
pero siempre estaba ahí la realidad dispuesta a sacarme de mis ensoñaciones.

Y con el tiempo aprendí, observando a los animales que me rodeaban
que uno sólo puede llegar a realizarse revolcándose en el dolor ajeno.

En el instituto me reinventé, era aquel chico triste y solitario
que se había comprado una chaqueta negra
con la palabra odio escrita en la espalda.
Yo me regodeaba en mi interior,
cada vez más, gracias al dulce humo de la marihuana
y a aquella música que potenciaba mis sueños
que, día tras día, se teñían color rojo, odio y rencor.

Nadie se preocupó nunca de los secretos
que se ocultaban detrás de mi mirada
hasta que llegaste tú,
preguntándome por aquellos poemas
que escribía en aquella libreta negra.

Te gustaban aunque nunca llegaras a comprenderlos del todo,
te parecían crueles y cercanos al trastorno mental
y siempre me regañabas por su oscuridad.

Tú, una persona cuya única preocupación en su niñez
fue la de crecer y ser feliz.

Me consideraste el amigo inofensivo
al que podías contar todos tus secretos.
Y, poco a poco, te dejé entrar en los míos
protagonizar las primeras fantasías
con las que me masturbaba,
donde mi placer se mezclaba con tu dolor.

Y es por eso que ahora te escribo esta carta
mientras estás tirada en alguna parte de ese bosque
donde lo único vivo son los insectos que devorarán tu carne.

Se acabaron las buenas notas
y los ánimos que te dedicaban tus padres,
tan falsamente amables conmigo y tan orgullosos de ti.

Se acabaron las vacaciones de verano,
tus historias acerca de todos aquellos tíos
a los que te entregabas
sólo por sentirte deseada.

Se acabó la universidad,
formar una familia,
trabajar como abogada defendiendo causas perdidas,
tantos y tantos viajes que tenías planeados.

Adiós a un gran porvenir que siempre todos te vaticinaron.

Esta noche hemos viajado al fondo de mi subconsciente
y, gracias a ti, he podido realizar mis deseos más ocultos.

Durante tantos años, he sido yo el guardián de tus secretos.

Por eso te lo debía, esto: ser la silenciosa guardiana de los míos.
4
sin comentarios 54 lecturas versolibre karma: 55

Cuchillas (I)

Eras solamente un niño cuando nací,
cuando ocurrieron todas aquellas cosas terribles
¿Recuerdas?
Esperma y entrañas de animal.
Hombres santos murieron,
víctimas del fanatismo religioso.
Y tú tumbado llorando en el suelo,
frío de azulejos en tu rostro.
Eran el cadáver de tu inocencia.
2
sin comentarios 76 lecturas versolibre karma: 33

Cuchillas (III)

Duerme, niño, duerme,
yo vigilaré tu sueño,
tomaré el control,
te concederé todo lo que deseas:
sangre, entrañas, polución,
la destrucción de nuevos mundos,
sustituyéndolos por otros en los que el placer no tenga límites.
2
sin comentarios 66 lecturas versolibre karma: 24

Cuchillas (IV)

Cogí a aquella muñeca,
pasado desesperado en soledad.
Ella tampoco era capaz de controlar sus recuerdos
y me dijo que le gustaba cortarse la piel.
Empezamos el ritual,
los santos lloraban excrementos
y yo acariciaba su cara con aquella cuchilla.
Sabía que Dios no me pondría límites
si conseguía destruir algo tan hermoso.
Entonces, lo tuve claro,
bebí su sangre y nos besamos,
hicimos el amor
hasta que nos explotaron las venas.
Entonces despertaste
y te convenciste a ti mismo
de que nada más había sido un sueño.
3
2comentarios 58 lecturas versolibre karma: 39