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Auriga entre espigas

Residenciada en el cimbreado acantilado
la amplitud deviene inoperativa
si creo que el paisaje es la esquirla,
pero… ¿y si fuera mi guía?

Tritón galantea con la dulce campesina
pues las divinidades marinas
ya no rigen su vida.
Espacio bucólico
enguantado en bellos prados
de amor almidonados.

No soy hija de Poseidón;
sólo auriga entre espigas
que inyectan infame elegía.

Borbotea la necedad
impregnando el suelo de adiposo sustrato
que yerra mis pasos.

No hay guarida;
espero una empírea caída.

Veo faunos persiguiendo ninfas que gritan
en el lago de agua ambarina…
La calma está desatendida.

Marisa Béjar.
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Árbol con voz de fauno

¡Háblame!
¡¡Háblame!!
¡Árbol, háblame!
Sé que me sientes
sé que me respiras
cuando rozando te paso por ahí.
Cuando te me siento a tocar la lira
y mullo un hueco en el cojín de tu raíz.
¡Háblame!
¡¡Háblame!!
Con esa voz de madera
con el murmullo de hojarasca
como aquella antigua fuente retorcida en sauce.
¡Háblame!
Con lengua de lápida
como si tus palabras no tuvieran revés
cual hechizo inicuo pronunciado en lava
¡Ah! ¡Esa magia roja con la que nunca puede negociarse!
Esa inevitablilidad en la ley de las cosas
frente a lo cual
es mejor apartarse y dejarla seguir.
¡Háblame!
Como lo haría el jazmín que sostiene a la brisa.
¡Háblame!
Del segundo equinoccio de la tarde.
¡Háblame!
De los laberintos que tu memoria esconde.
¡Háblame!
Con tu claroscura voz de fauno.-


@ChaneGarcia
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Por Vitrificarse... (Anticuento Dadaísta)

POR VITRIFICARSE
((( Anticuento Dadaísta )))

El apetito, en la cama, no ha sido vendido regularmente.
Se le encuentra a veces hablando solo, escondido bajo
la mesa o en el patio callado... Entusiasta del reposo.
Entre los árboles, estaba la comida fría.
El horno estaba de vacaciones y el café era de colores
brillantes, incómodo al tacto en su profunda vida interior.
La noche no despertaba, pero salía por la nariz de esa mañana.
Los párpados nunca escuchaban la luna del espejo, y se
complacían levantando unas zapatillas del cajón de las
pestañas. Las sombras al franquear los vidrios tropezaban.
Pasaban dos horas sin que el reloj lo supiera.

El suelo arrojaba todos los objetos que las paredes verdes
despreciaban descuidadamente, imposibilitando levantarlos.
Las alas se lavaban diligentemente los pies.
Y los calcetines discutían con el sombrero sobre la última
disgregación del perfume bajo la sombra de un olmo.

__¡ Prudencia, prudencia !. No leas esto en voz alta.

Es difícil discriminar la confusión entre lo problemático,
y un tren desesperado nunca puede disciplinar las
primeras bicicletas que se le caen del cabello. Por lo demás,
la mesa ha cruzado los brazos y saluda a una taza enroscada
en la sed antipática, con el enmarañado aplauso comprado.
Cuando ésto sucede, las moscas de enero sepultan las calles
en túneles de alaridos excavados en las deudas que tiemblan.
Por otra parte, tal manera de actuar, curiosa y entretenida,
provoca a las arañas hostiles que han encontrado a la gente
indigna de confianza por desesperada e impaciente, sobre
todo por vender la paz en frascos y ensañarse con las cajas,
lo cual podría jugar un papel en la palidez de la tinta que
genera la ira del veneno. ¡ Oh, domésticos sentimientos !.

¡ El plástico llanto ya nada tiene que ver con el cristal !.

Por vitrificarse se quedó ahí, líquido, marinero en tierra.
Quizá recuerde las nubes, y los camellos consagrados al
delfín tomado de la mano y sin hablar...
Siendo así, no importa que tan lejos vayas, desenredar
la madeja solo se permite a las mentes brillantes, a los
espíritus de lucha y paciencia, de tenaz fantasía dulce.

Se ha notado también, que este tipo de lenguaje impide
la comunicación confusa en aquellos que lo ignoran,
además facilita el anestesiar a los fantasmas cuando se
les extirpa un lunar en la rodilla, por debajo de la calle,
y si se callan al regresar al pasado... Aquí también hay
un sentido de familiaridad con la recurrencia del rojo
futuro al sonreír al féretro que esconde un saludo, donde
los hechos tienen que ser registrados, luego retenidos,
y almacenados y después destruidos para ser vendidos
como nuevos. ¡ Todo es tan monstruosamente tremendo !.

En los niveles altos es necesario amputarse la
consciencia,
limpia y responsable en lo mínimo que aún conserve, y
ello evitando los efectos secundarios al ir al baño, pues
la regadera es dogmática, preocupada y desconfiada.

La suciedad desencastillada no deja de serlo por traer
corbata, faldas de seda o sonreír a los aplausos vanos.
¡ Si se vitrifica, todo está perdido !...

Si es así, más vale cuidarse de la vida eterna
más allá de la muerte a medias.

En ocasiones la culpabilidad enterrada es un
hecho en la astronomía, y el mundo lanza una
llamada de auxilio al silencio provocado, y a
la fuerza indomable que da la desunión organizada
y dispersa cuando intenta pensar por si misma.

El antiguo método de planear se ha vuelto inútil y
obsoleto, sobre todo con las propuestas del miedo,
en la emergencia de los préstamos que reprimen
severamente la configuración catastrófica de la
igualdad y justicia, considerada como una de las
culpables de la maldita paz que no deja riqueza.
El vitrificarse está tomando fuerza, gana en independencia,
se le ve caminando sonámbulo en el sueño febril de un
azucarado postapocalipsis de aluminio y drogas.
Una gran cantidad de materias primas ahora son
hermanas llenando los caminos salvajes de los encinos.
La especulación es más segura y se tiñe las uñas
largas en la competencia feroz por ser más incompetente.

No obstante, cuando el miedo descubre su debilidad
evoca las palabras, omisión y agregar, y recuerda
los
detalles temporales que demuestran todo, absolutamente
todo lo que rodea su permanencia tóxica en el poder vulgar,
con poco efecto sobre la fauna en la zona del epicentro,
excepto a cuatro mil metros de altura del cabello.

Así, como ha quedado dicho, todo esto es por ello.

Nada de que finalmente; apenas está empezando...

Autor : Joel Fortunato Reyes Pérez.
(Tanto del texto como de la imagen)


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Que así sea... A un amigo Poeta

Quiero escribir un Verso
transparente, cristalino,
que como tus ojos
en bello azul palpite.

Ruiseñor ensaya
a diario tus tiernos trinos,
rocen suave tus plumas
las cuerdas de su Lira.

Dioses del Olimpo
ceded que entre sus Rimas,
Faunos y Centauros
se deslicen,
Hebes y Vestales
figuras celestiales.

Guarde el Arpa entre acordes
sus Octavas divino tesoro,
queme su Poesía,
como un sol
de encendidos oros!
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Doñana en Abril (Vida libre, salvaje y latente en el hermoso Parque Nacional de Doñana, Huelva, España)

Amanece en la marisma.
Leve brisa se levanta
entre inmensidades verdes
agitando suavemente
las hermosas espadañas.
La luz asoma a lo lejos
sobre las brumas humosas
de una apacible mañana.
Clareando, el alba blanca.

La primera luz del día
tímidamente se asoma
tras los lentiscos y eneas.
El sol ilumina el agua.
La vida vuelve a fluir.
¡El eterno renacer
por los campos de Doñana!

De repente… ¡estruendo sordo!
¡Un bando levanta el vuelo!
Cien flamencos en el aire,
una acuarela de rosas
en el denso azul del cielo.

Castañuelas en los lucios.
Rosario de verde y agua.
Ánsares allá en los juncos
deslizándose en silencio
por la superficie clara.
Graznidos y crotoreos
entre carrizo y bayunco.

Sinfonías de la mañana.
Bandos de gansos silvestres
ocupan todo el espacio.
Garzas que levantan vuelo
y los patos malvasías
silbando un bello cortejo.
Paisaje de luz radiante,
griteríos y aleteos.

Por las dunas y corrales
se escucha el silbo del viento.
Sobre un pino retorcido,
superviviente de arena,
se posa un milano negro.
Retumba lejos un trueno,
tras las jaras, brama un ciervo.

Aromas que atrapa el viento.
Flor de jara, de retama, de romero.
Aromas que se enredan en el aire.
De jaguarzos y de brezos,
de tomillo y de cantuesos.
De los narcisos silvestres
del borde de los senderos.

Cabalgando contra el polvo
se oyen sordos golpeteos.
Una manada de yeguas,
largas las crines al aire,
trotan firmes, poderosas,
seguidas de los potrillos
buscando el abrevadero.

En los bajos
de la playa solitaria
retozan dos cervatillos
mientras sube la marea.
Agua y sol, sol y agua.
dunas inmensas de arena.

Junto a verdes matorrales
corre veloz una liebre.
Tras las rosadas adelfas,
rauda, como espíritu fugaz,
la sombra de un lince
desaparece.

Huellas, rastros miles,
de pasos entrelazados.
En la blanca arena,
en la tierra del sendero,
en el barro removido
del borde de los esteros.

Por el aire transparente
suenan sones rocieros,
la gaita y el tamboril.
Las carretas sanluqueñas,
en su camino de vuelta,
dejan el alma en el coto
y en el polvo del carril…

¡Arena y viento
acorralan a los pinos!
¡Arena y viento!
Rubio amarillo en el suelo.
Lavanda, gladiolos, malvas
en una alfombra de flores.
¡Arena y viento!
Azul de lirio en el cielo.
Bajo los pinos, helechos.

Calor suave de la tarde.
Frescor húmedo y brillante
en el bosque de ribera.
Destellos de sombra y luz.
Dos jabalíes sestean.
Mil cantos de ruiseñores
cubren la densa arboleda.
Los gamos sacian su sed
en el borde de los lucios.
Dorado sol en el agua
sonriendo entre los juncos.

Los vetustos alcornoques,
pajareras infinitas,
perchas henchidas de vida,
prestan cobijo y asilo
a espátulas y garcillas.
Y desde el alto ramaje,
un halcón peregrino de inmóvil silueta,
de hermoso plumaje,
sobre el horizonte pasea su mirada
de ojos profundos, de ojos oscuros...
Sobre el alcornocal,
en círculos concéntricos,
planea majestuoso un águila imperial.

Migraciones, aleteos en el cielo.
En ángulos, las bandadas
regresan al dormidero.
Cae la tarde por los cotos.
Arde el cielo hacia poniente.
Viento tranquilo y en calma.
Se duerme el sol en el agua
desparramando belleza
por las tierras de Doñana.
La marisma, plena de oro,
y a lo lejos…
con perfil resplandeciente
asoma una ermita blanca.

Las estrellas se derraman…
Ruido sordo, sigiloso, amortiguado
de la noche que dormita.
Ojos brillantes acechan
en la oscuridad sonora.
Croar de ranas, potrillos que maman,
ulular de búhos, grillos, chapoteos.
Por los acebuches maúlla un mochuelo.
Temblores de ramas,
de vida latente.
Vigilan lechuzas allá en el pinar
y la luna nueva camina despacio,
distante y ausente.

Otro día más…
repitiendo eterno
el ciclo de vida y el ciclo de muerte…

¡Hermosa Doñana!
¡Plenitud de vida!
¡Libre, salvaje, bravía!
Ruge el mar abierto en la lejanía…


(Este poema se lo debía a Doñana. Es mi pequeño homenaje a este bellísimo espacio natural de Huelva que tengo tan cerca. Un mundo maravilloso el de este Parque Nacional, que hay que proteger, cuidar como un tesoro y defender de los peligros que lo acechan.)

María Prieto Sánchez
Mayo 2018

Foto: web Naturanda
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Hokku: por @Saltamontes (Pedro M, Calzada 26/08/2019)

Llora el planeta
Amazonía en llamas
¡Cuánto dolor?
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