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Manía

Esa manía loca de escribir el amor, cuando es más fácil gastar la tinta de nuestros cuerpos.

Marisa Sánchez.
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3comentarios 360 lecturas prosapoetica karma: 14

Tu mirada es precipicio

Lo siento.

Atenté contra tus brazos,
propulsándome cual kamikaze.

Y desde hace un tiempo me lanzo,
sin frenos ni miedos
hacia tu mirada.

Yo me tiro de cabeza
pero nunca muero

porque tú me salvas.


Lo siento.

Soy el mejor de tus desastres
soy la mayor de las suicidas
y tú,
que te empeñas en matarme,
siempre vuelves a salvarme.

Lo siento.

Pero ya no tengo nada que decirte,
ahora prefiero vivirte.
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sin comentarios 175 lecturas versolibre karma: 40

No has vuelto...

No has vuelto, porque siempre estuviste en cada paso y en mis manos que escribieron los versos de amor que nunca, cobardes, nos amamos…
Y no nos amamos porque así fue la historia que siguió de largo y que en una brisa nos rozó la cara para ilusionarnos sin poder mentir…
Ilusiones de papel tal vez, de una poesía que nunca rimó y siempre le falto el verso de inicio para culminar…
Y esa poesía escrita en el alma sin poder salir, que desborda de letras sin ordenarlas por miedo a perderlas al morir de amor…
Y cuantas letras para una vida de Te quiero que se vuelven Te Amo y que el tiempo las transforma en Yo también para consolarnos hiriéndonos siempre un poco más…
Y esa poesía a la que le faltó un verso, se queda en letras sin palabras que el tiempo asesinó por miedo a escribir, a decir o gritar, a amar con el alma abierta y desnuda, y sin pensar… (Lola Bracco)
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2comentarios 184 lecturas prosapoetica karma: 44

Lo llamé destino

Era el lugar perfecto,
y es que yo no quiero París.
Usted tiene el destino perfecto
donde me gusta vivir,
donde siempre vuelvo,
donde las coordenadas pierden sentido.
Me gusta llegar ahí, a ese sol en una mañana,
que jamás creí que llegaría.
Ese destino indudable de creer y tal vez perder viviendo, pero decidido a morir creyendo en el todo, con la valentía de decidir cuándo, cómo y por qué sin escuchar al para qué.
Ese lugar palpable que no se comparte con nadie, donde se pierde la frontera y que requiere valor, porque sabes que te vas a quedar en el para siempre.
Y puede parecer un sueño todo lo que digo, o mas bien letras sueltas
Y....
Sí, yo también soñé con vaciar el alma y llevarme toda la arena de su playa y habitarle el corazón arrasado.
Y cierto; sigo queriendo y ansiando quedarme a vivir en ese lunar de su espalda, al que llame destino.
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1comentarios 144 lecturas versolibre karma: 26

Uno no es de uno

Dicen que uno solo es de uno

¡mentira¡

Uno es de quién le saca sonrisas
De quién gana el sol en una competencia
De quién besa en el invierno
De quién se enamora a dos manos
De quién lastima y cura la piel y, de paso
El corazón.

Uno es de quién ve las estrellas azules
De quién juega en instantes
De quién conversa en círculos
De quién alza la mirada al cielo necesitando el rocío
De quién esquiva la línea de su mirada;
Por acribillar sus pupilas.

Uno es de quién espera bajo las dos primaveras
De quién navega en el agua sal
De quién se embarca en un puerto desconocido
De quién descubre la poesía de su mano
De quién enamora en el presente, resguardando el futuro
Y en secreto el pasado.

Uno es de quién conversa con nuestra cintura
De quién gana un partido a la vida
De quién comienza un nuevo comienzo
De quién saca polvo a la medalla del corazón
De quién sirve al destino bajo las órdenes compactas
Y tácitas de su boca.

Uno es de quién agita su cometa bajo la noche
De quién danza al ritmo de una canción
De quién habla en un párrafo
De quién contamina el aire con su aliento
De quién persigue nuestro extraño ser y
Lo hace un ser magnifico.
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4comentarios 122 lecturas versolibre karma: 18

Soy de ti

No soy de mí
ya no son mías las palabras
Ni los colores
Ni lo sueños
Ni mis párpados
Ni el lenguaje
Todo se ha conjugado en ti
En tu verdad y debajo de tus manos.
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sin comentarios 214 lecturas versolibre karma: 33

¿Y qué quedó grabado en tu memoria?

Y de pronto, en el horizonte
tu mirada fugaz.

El sol, afuera
despedía ese tono amarillo,
las palabras quietas y tus manos
tocándome.

Tu cabello envuelto en hojas.
Tu mirada en círculos sobre mí.
Mis manos de fuego en tus pupilas.
y tus pensamientos con los míos.

!Las despedidas no son para los dos¡

a veces, un beso es suficiente
a veces, una mirada lo es todo
a veces, tus manos, el infinito
y a veces, pero solo a veces,
tu cuerpo y el mío.

Se agotó las sonrisas.
Se durmieron las palabras,
se acostumbraron a mirarse
sus pupilas eran lentas y grises.
A cada paso goteaban tintas de soledad.

Un roce, una mirada, un gesto
un color; tu color, tu cabello.

Mi cuerpo; el tuyo
la inspiración; la agitación...

El sol, tu pelo, mi piel
tus ojos; los míos; tus manos…

La historia, los besos, un abrazo
tu respiración; mi desnudez
tu encanto; mi poesía.
Mi corazón latiendo; el tuyo, despertando
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6comentarios 104 lecturas versolibre karma: 46

Las palabras

En discurso solemne, amontonadas.
Libros formados por miles de letras,
en cajón con cartas, desordenadas.
Medida de escritores y poetas,
piropos de amor para enamoradas.
Persuaden y convencen, ¡alcahuetas…!
Que alientan y seducen, son hermosas…
¡las palabras! Crueles, poderosas.
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4comentarios 146 lecturas versoclasico karma: 47

Y me abrasó

En brasas...
en esa sequedad extrema, tus cobijas.

¿Te he olvidado?
quizá nunca
quizá pronto...

Sabes
esta no es la última vida que me queda para amarte

Aquí llueve cada día, en cada esquina;
esta lluvia me ha empujado hacia las letras y
en cada letra, tú.
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2comentarios 85 lecturas versolibre karma: 61

Ojalá.

Tantas veces leemos lo que no escuchamos suspirar que nos parece poco y nada, apenas algunas palabras amontonadas al azar, un sin fin de locuras sin sentido. Un intento fallido de alguien con ínfulas de lector empedernido y escritor de mediocridad discutida. Diferimos en la utilidad o inutilidad de su léxico, sonreímos en silencio y por los ojos, socarronería de la más pura por la gramática mal utilizada, las rimas que no llegan, las desastrosas prosas, los puntos erróneos, las comas que estorban; por aquel ímpetu pintado en el que se perdieron entrando en fallidas intenciones.
Qué distinto sería si lo escucháramos directo de su corazón, desde el correr de sus arterias, goteando desde el punto más obscuro de sus pupilas, desde su garganta seca de nudos irritados por el qué dirán o el no está bien, desde sus manos temblorosas de acunar el alma mientras consuela su llanto con siglos de historias.
Tanto gimnasio a cuestas para vernos bien y sentirnos mejor contra tan poca gimnasia emotiva para palpar las emociones ajenas. Tal vez, algún día encontremos un equilibrio que rompa esa estúpida balanza. Ojalá y así sea. Y que sea en un tiempo cercano, donde todavía existan oportunidades de no lamentarlo, donde aún nos podamos ver crecer.
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sin comentarios 285 lecturas prosapoetica karma: 54

Si me das una uve

Vuelve,
ven volando, vamos, valiente,
que me vale una vez
solamente.

Llevo treinta años viendo como llueve.
Va y viene el viento, a veces.

Versos como vaho veteado
en la ventana del olvido.
Valles de verbos vueltos veredas.
Vuelvo a verte en vasos de vodka
que no me bebo.

Vas a verme ―tú también a mí―
alzando el vuelo.

Voto por vivir veloz
sin velo,
sin miedo.

De vez en vez
vestirme de verano,
viajar todos los viernes,
vibrar sobre tu vientre,
verter el vicio
en tus labios.

Vuelve,
malversa los besos conmigo.

Devuelve cada adverbio a su gaveta.
¡Abrevia!
que se vuela abril.

Vuelve,
volvamos al adarve
de donde venimos.
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7comentarios 211 lecturas versolibre karma: 58

Letras libres

Letras libres habitan en mis entrañas
Que viven espontáneas en mis versos
Que dictan a mi corazón sus caprichos
Y eternizan incómodas rebeldías

Versos inmortales que dejan sus huellas
Letras libres que se aferran a mis poemas
Que se conforman con narrar sus osadías
Por si no pueden verte más en mis sueños

Bóveda de luciérnagas inmóviles
En un mundo que siempre marcha con prisas
Letras libres que desean ser más que poesías
Palabras que suspiran para ser leídas.

Letras libres en el universo de reglas
Que desean de tus infinitas razones
Para poder entender lo que tú quieres
Solo necesito de amar para sentir.


Poesía
Miguel Adame Vazquez
22/02/2017
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2comentarios 360 lecturas versoclasico karma: 70

Si me das una efe

Fiambres que confabulan
para frivolizar esta fábula.
Falsos firmamentos
de fulgor efímero y furtivo,
como los finales felices.
¡Qué estafa!
Estrofas de fuego sin fuelle.
Te afanas en proferir confusas flemas
que conforman tus fúnebres defensas
injustificadas.
Te aferras a mofas afiladas
que infectan mis fauces.
Fabricas infamias sin filtro
donde figuras infieles naufragan
en fosas de asfalto.
¡Qué farsa!
Fuimos la pifia desfasada
de unas ninfas que profundizaron
hasta fundirse en el fango.
Sufrimos el fanatismo afectivo
fornicando como si fuera un sacrificio,
sin fijar fronteras,
sin cifrar los fallos.
Te ofrecí rectificar,
transformar las fobias
en refugios factibles
y tú te fumaste las formas
de fiesta en fiesta,
profanando mi confianza.
¡Qué fraude!
Prefiero un fracaso frío a un futuro
de falacias fieles a ti.
Me fallaste al conformarte
con fluidos.
Te confieso que ya no me fío.
Que te follen.
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3comentarios 64 lecturas versolibre karma: 60

Inspiración

Encerrarme en mi cuarto, bajar las persianas e iluminar un folio en blanco.

Dejar de ser tiempo y ser sólo pluma. Que las manecillas del reloj no se muevan, que la arena deje de caer, para volar con el viento escribiendo en las nubes.
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2comentarios 216 lecturas prosapoetica karma: 62

El diálogo

– ¿El amor duele? – le preguntó la chica que lo quería.

– Cuando te des cuenta de que te has enamorado de alguien que ya no puede amar, tú misma hallarás la respuesta – le dijo él, con todo su pesar, mostrándole su pecho vacío, sin corazón.
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2comentarios 104 lecturas prosapoetica karma: 45

Cien años de insomniedad

Se me ha dado por medir la edad, no en número de años, sino en cantidad de noches de insomnio.

Dado que los niños y adolescentes, en promedio, no sufren de insomnio; diría yo que a estas alturas de mi vida, he vivido, al menos, unas mil y una noches de insomnio.

De esas, la tercera parte, quizás, han sido causadas por esos rabiosos, malditos y salvajes, amores perros. Sí, de esos que te muerden las pantorrillas del alma, que te ladran en voz alta en los oídos de los anhelos; de los que te muestran la dentadura y te gruñen enfrente de los ojos de las ilusiones, y te hincan los colmillos en las orillas de la médula de tu esencia. Sin olvidar, por supuesto, que te muerden y desgarran, con calma, con devoto cinismo, el tejido muscular, cada vena y cada arteria de tu pulsante corazón; sujetándolo con fuerza entre sus garras, para que no se les resbale, ni se les escape. Te lo desgarran con inclementes mordidas salvajes, mientras este, inutilmente, desfallecido y herido de muerte, se aferra a latir en tu pecho. Ah sí, a esos les debo, esta parte de mis desvelos.

El segundo tercio de mis insomnios, quizás, me la pasé pensando y volviendo a pensar, en toda la gente buena, seres queridos, y otros desconocidos, que han tenido que partir muy temprano de esta vida; ¿por qué se ha dado eso? Eran en esencia, gente buena; dedicada a sus familias, a sus trabajos, a sus organizaciones religiosas, a hacer el bien antes de hacer el mal; y sin embargo, fueron vilmente atacados por esos malditos monstruos silenciosos, que llegan inadvertidamente, sin ser invitados, se te cuelan en los poros, te carcomen los bordes de cada célula, se van a su núcleo, las atacan, las destruyen, las vuelven locas. Te destruyen el cuerpo, la voluntad; te arrancan los sueños, el futuro; lo estrujan, lo hacen una bola malforme de desechos, los tiran al suelo y los pisan con toda su desquiciada y depravada vileza. Te quitan la vida de a poquito. Ah sí, a esos monstruos les debo, esta otra parte de mis desvelos.

La tercera parte final, la dividiré en tres partes más; de tamaños desiguales que no logro por completo cuadrar.

La primera, quizás, han sido los desvelos causados por todas las injusticias del mundo; las hambrunas, las guerras, los genocidios, la discriminación en todos sus sabores, la intolerancia, la injusticia, el crimen rampante, el atropello flagrante a tantos seres semejantes; la codicia, la avaricia, el abuso a los más débiles. Ah sí, a todos esos bichos indeseables de la conducta social e individual humana, le debo esta parte de mis insomnios.

La segunda parte, quizás, son esos desvelos divinos, de esos en los que sueño despierto y un mundo mejor imagino; ya lo sé, son desvelos repletos de utopías, de seres humanos cuya bondad raya más allá del normal humano, de seres que son como hermanos. Sueños llenos de hermosas colectividades que no sacrifican sus maravillosas individualidades. De seres poderosos que ayudan a los desvalidos. Seres de todos los colores, que son capaces de ver la belleza de cada tono de piel distinto, de cada tinte de pensamiento peculiar. Ven el collage maravilloso de la diversidad de la humanidad. Ah, esos insomnios divinos, de esos quiero más.

Y la parte final, son desvelos llenos de tempestades; pero tempestades de las buenas, estas son tempestades de letras. Sentir que se abre un chorro cósmico en alguna parte del universo, y empiezan a tintinear, insistentemente, esas letras, esos versos, esas rimas, esa prosa divina, esa inspiración. Y en el techo de mi habitación, ver ese agujero que se abre, y esa mano invisible que introduce un embudo en él, y las letras se vierten perennes en ese embudo y llegan como gotas de rocío, fluyen como un río, que desemboca en el centro del alma. Y las siento, y las vivo, y las vibro, y las amo, y se hacen parte de mi tejido, de cada latido. Y al día siguiente, busco un espacio de tiempo, y escribo. Luego de leer y releer todo lo escrito; sin embargo, me doy cuenta que, no le he hecho honor a toda esa inspiración maravillosa, me he quedado corto, he mal esbozado como niño de kinder con su primer pincel, esas letras maravillosas cual pinturas de Rembrandt, cual gemas artísticas de Picasso, cual genialidades invenciones de da Vinci; y apenas me han quedado esos trazos desdibujados, en los que invariablemente, al colorear, me he salido de las líneas.

Y así van mis noches de desvelo, mis abundantes insomnios de vida.

Y no sé a cuantos años de vida equivalen cuantas noches de insomnio. Tampoco sé la cantidad de años de vida que me tiene deparado el destino.

Pero si sé, o eso imagino, que no he de abandonar esta tierra, hasta que no haya vivido, mis cien años de insomni(edad).

@SolitarioAmnte
iv-2017
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14comentarios 290 lecturas prosapoetica karma: 62

La guerra

La noche ha comenzado,
Ha lanzado como artillería pesada a un cielo forrado de estrellas.
Yo, muy por el contrario, he lanzado los versos que te escribí ayer.
Batalla dura.
Ilegal
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3comentarios 160 lecturas versolibre karma: 69

Los días como estos

Los días como estos

En días como estos el verano también era amor
Las sonrisas también pintaban a los pájaros sobre las ramas
Los verdes prados también eran refugios de amor
Los reflejos también mostraban algo de nosotros
Mi mano era la tuya.

Las historias que aún no se han escrito también tienen su pasado
La saliva me resulta insoportable como un dolor por una ausencia repentina
Me dolía que me extrañes – miento - .Aún me dueles
Deseaba todo y a la vez nada. Te deseaba
Dependía de ti y dependía de mi dependencia hacia ti
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Incandescente

"Y yo
Siempre me empeño en volver
sabiendo que puedo perder
sabiendo muy bien que me rompes.

Te estoy diciendo ¡vísteme¡.
No te hagas como que te escondes."

Beret
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1comentarios 143 lecturas versolibre karma: 65

El día de ayer

El día de ayer

Su abrazo me deslizaba por la sangre y en marea baja,
y del océano brotaban nuevas islas, nuevas pupilas y nuevos rostros.

Desapareció la luz en el día. Nos encontramos juntos, de dos. Bajé la mirada. Lloré. Abrazaste mis manos, cerraste los ojos. Amaneció.
Al fin el túnel para llegar a ti…de maneras distintas.

Un profundo sonido remoto de almas desnudas y ecos distantes.
La cama olvidada por las palabras:
Estropeadas, remotas, juntas.

Los pensamientos entrecruzados, llenos de hilachas y puntadas. De tres en tres, recuerdos de infancia. Destellos aislados

Visitaba tu mano mi boca. Incansable. Volcándolo y revolviéndolo todo. Atónito.

Me demoré veinte y cuatro años en pedir un café, el de tus ojos que, dormitaban en la terraza celeste y después violeta. Luces encendidas.

Tal vez la situación de la voz atrape a alguien en un callejón y me despierte para enterrar el sueño de un salto hacia el lado derecho de mi cuerpo.

Las ventanillas con niebla nos salían del cuerpo como sudor excesivo. Respiración constante. Diálogos del reloj de las doce de la media noche. Conversaciones aburridas, besos largos.

El tiempo en la garganta es la fortaleza de los astutos.
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2comentarios 96 lecturas versolibre karma: 70
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