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Cuando me rinda

Cuando me rinda, jamás digas que no lo intenté. Nunca.

Llené de luces y banderas cada mechón de mi desordenado pelo.
Clavé cascabeles a mis pies por si acaso la inercia de mis pasos.
Pinté con fluorescencias mi voz por si el viento perdía el sentido.
Puse el alma con calma es mis manos echándoles sal para que grite.
Rompí en mil pedazos tantos silencios que resultaron en una explosión.
Miré hacia tus rincones con fogonazos en todos los colores sin intermitencia.
Di pasos al vacío en plena oscuridad por rozar apenas un destellos de tus ojos.
Aprendí a pasar de largo, a quedarme, a no pensar, a callar sin callar, a romperme poco.
Colgué nadas en percheros que inventaba para cuando alguien necesitara una respuesta.
Me dejé caer hasta hacerme minúscula para no desaparecer del todo.
Me planté frente a tus ojos cada día para escuchar el vaivén de tus pestañas en la orilla.
Me reconocí en el inevitable sonido de los acantilados, demente y a los golpes de tus olas.
Escalé cada peldaño de tu caprichosa escalera a fuerza de mi fuerza.

Cuando me rinda, corazón, jamás digas que no lo intenté. Nunca.
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La voz de una melodía

En un piano están tocando lo que ahora voy a tratar de describir.

Alguna vez fuimos los que se encontraron y no tardaron en perderse para siempre. Los que no llevaban la cuenta hacia adelante ni contaban los momentos de esos victoriosos pasados que arrastrábamos orgullosos, junto y al pie, de nuestras huellas.
Porque nos nacimos de manera natural, sin saber que aullábamos a la luna y ella respondía con mirada sórdida e incrédula lo que apenas entendía de nuestro confuso vocabulario.
Ahora, el tiempo nos ató en rebeldía y el orgullo, mientras tanto, plancha las hojas que escondemos por mojadas. Ya no vamos hacia donde no nos llaman ni llegamos enteros de improvisos ni a pedazos. El miedo es un viejo que, a veces, aún en su senilidad, aconseja atinado. Otras, el pobre anciano repite lo que escuchó de la vida o creyó interpretar de sus cansadas gestas, en sus agrietados gestos, en la voz de su tiempo y en ajenos. Nosotros, clavados en el primer instinto, dudamos si entrar en batalla o abandonar las armas del valor antes de alcanzar el paso siguiente. No saber si espantarlo o arrullarlo, si creer en sus siglos o reventar con un nuevo intento, es sólo una parte de las notas que comienzan con una melodía al azar. El resto, son los retoños del alma atados a las cuerdas tensadas para soltarse completa buscando el destino de su mitad.
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4comentarios 252 lecturas prosapoetica karma: 47

Él

La semilla que germina
en las hojas de mis libros.
El fondo de mi corazón
y la puerta que lo cruza.
La barca que hace mar
entre mi lengua y mi alma.
La noche y los días
que se detienen sobre el tiempo.
Mis manos desnudas
rompiendo líneas contra las letras.
Las alas que amplifican
la música que se me cuelga.
Esa campana extraña
tañendo círculos bajo la luna.
Las plantas de mi pies
cuando besan el suelo aún florecidas.
El sabor invisible de las alturas
cuando devoran las llamas.
El contorno del aliento
cuando se cortan los sueños.
La vida que me hace ruido
en la mirada perdida.
¡Tantas cosas!
Y sólo es uno, apenas un él.
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4comentarios 209 lecturas versolibre karma: 57

El demonio

Me tienta
y me dejo tentar.
Soy su mayor pecado,
incorregible,
impertinente.
Así respiro
y me ahogo.
Me tienta
y me dejo tentar.
La vida
es el demonio.
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4comentarios 230 lecturas versolibre karma: 51

Adj

Perfecto,
igual a las palabras que cobran los sentidos,
como la ciencia que cubre el esqueleto de las sombras;
afín a las plumas del ocaso.

Bello,
igual al suicidio del rocío en las hojas,
como los recuerdos absolutos a oídos de la sangre;
afín al fulgor de una roca bajo el mar.

Exquisito,
igual al descenso del cielo en el horizonte,
como el son de las olas sin letra;
afín al discurrir de los versos entre los dedos.

Majestuoso,
igual al pespunte primoroso de unas alas bajo la piel,
como la aguja que es marea en el pajar;
afín a la espuma de miel y amar.

Soberbio,
igual a la mano que pinta de su color cada amanecer,
como el sueño que no duerme ni descansa;
afín a la boca que bebe las horas.

Sublime soberano que llevo dentro
y se hace carne sin mis ojos,
en mis quebrados silencios,
en mis labios resecos y al abrazo de mi corazón.
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sin comentarios 184 lecturas versolibre karma: 64

Perdida

Ya había quemado
todo rastro de mis palabras
para cuando regresó el viento.
Imprudentemente,
dejé a mano mis últimas cenizas.
No hubo reflejos
ni luces
que iluminaran el alma.
El gris fue el color
regidor en todas las albas.
No hubo manos
ni pañuelos
que dijeran adiós a la fe rota
para siempre.
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4comentarios 168 lecturas versolibre karma: 61

He tocado fondo

He tocado fondo,
me dices salpicando de desgana
los minutos que a diario te dibujan
y no sé qué responderte.

Has tocado fondo...
¿Se parece ese fondo a la cárcel
de las nubes
que adormecen mi esperanza?
Me refiero a su forma, a su tacto:
¿Tiene que ver algo
su textura
con las bolas de fibra que invaden
la ropa cansada que gira
en la lavadora?
¿Pincha tanto ese fondo
como los días iguales?

He tocado fondo,
me dices en un hilo de voz
que se enreda
en mi cuello y lo desgarra.
Dueles,
como la loca que asoma
a mis ojos capaces
de ver
lo que la cuerda no quiere.

Rebusco en mi bolsillo:
pelusa y años en balde.
Saco un miércoles de letras,
sol, sueños, planes, vida...
Te lo enseño y me sonríes,
recordando cómo era lo de vernos
con la agenda rebosante
y dos copas abrazadas en un brindis,
celebrando otra ronda.

¿Dónde has puesto el afán
por superarte?
No lo pierdas, es el mapa
que tenemos.
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10comentarios 148 lecturas versolibre karma: 100

Sentidos extraños

No te ven mis ojos y aún así te abrazo con todo en contra.
No te escuchan mis oídos y aún así tu voz se cuela en mis horas.
No te tocan mis manos y aún así siempre estás en mi corteza.
No te sabe mi boca y aún así le respondo sin erratas.
No llevas mi aroma al despertar y aún así sigo a tu costado.
Ya ves, nuestra vida de repente tuvo sentidos extraños.
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De musa... nada

¡Me llama musa!
¡¡Y de musa nada!!

¡Que las musas viven en la mitología y yo tengo casa!
¡Que las musas van acompañadas de versos y yo de versos nada!

¡Y dale con la musa!
¡¡Y de musa nada!!

¡Que las musas son veneradas y yo vivo exaltada!
¡Que las musas son vírgenes etéreas y yo de etérea nada!

¡Me grita musa!
¡¡Y de musa nada!!

¡Que las musas son azules y yo apenas trigueña alada!
¡Que las musas se asumen y yo de responsable nada!

¡Musa me dice!
¡¡Y de musa nada!!

¡Que las musas tocan el arpa y yo soy loca desatada!
¡Que las musas son deleite de poetas y yo de poemas nada!

¡Musa!
¡¡Y de musa nada!!

¡Que las musas se aprehenden de las artes y yo voy sujetando mis partes!
¡Que las musas son eternas y yo de infinitud nada!
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Mi danza de pasión

Juguemos.
La música ya penetró en mi oído,
lo demás,
es dejarme llevar.
En mis labios no hay secretos,
son mis manos y mis sueños,
mi respiración y mis sollozos.
Somos una con el ensueño.
Un baile del cual llevo el paso
y la cadencia de cada movimiento.
Es mí música,
cada nota es de mi invento.
Instantes de preciosos paseos
por los parques de mi pensamiento.
Increíbles locuras pendientes
que nadan en el hecho.
Bajo mi aroma las hojas son el techo,
la brisa recorre el entorno
de la mano de mi aliento
y el universo arde a cielo abierto.
Una penumbra para las ansias
y de colores se tiñe el resto.
Fuentes de luz iluminan el cuerpo,
agua salada en el camino dulce de Venus.
El mapa se lleva dentro,
y es que a los puntos
se llega en la voz de los susurros
artesanos del divino término.
La música no cesa,
la danza continua dando pasos
hacia el abismo que se acerca.
No hay rescate en el aire ni compás igual.
La pasión es un arte
que alborota las hojas,
las flores y el tiempo.
Se pronuncia un orgasmo
y es la voz del temblor
hundido en el infierno.
A mis demonios
los llamo por tu nombre
y acuden en alma y cuerpo.
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Mi isla desierta

Abundan esos lugares hacia donde uno escapa a descansar; el mío es una isla desierta donde la paz del alma es parte del paisaje. Donde todo pensamiento se hamaca y duerme a la sombra de una palmera que dibujo en tonos lilas.
En la isla, mis no, no están permitidos porque carecen de eco y aroma a sal. Las reglas no existen, porque no podría cumplirlas mi lado más rebelde, el mismo que allí escapa.
Las dudas y los miedos ni siquiera son palabras, son nada, la nada misma, sus sonidos. Por eso estás ahí con esa parte mía. Caminamos toda la orilla de la sonrisa, los pies se mojan con olas de felicidad sin tiempo. A veces nos recostamos sobre letras amarillas jugando a hallarle formas a las nubes inexistentes y a las hormigas alas de grillo cantor y a los granos de versos arena que levanta la poesía, la misma que sacude las hojas blancas y los renglones de algunos árboles.
Una vez me preguntaste si podías acompañarme a esa isla, ¿¿te acordás?? No sabías, tampoco yo, que ya lo hacías desde siempre, que eras vos el que esperaba el descubrimiento de la X cruzando las piedras, cincuenta pasos a la derecha.
Desde esos siempre, te recuerdo y te traigo.
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La nada para una estaca

Fue una tontería, una discusión nacida de la nada y seguramente por la nada misma. Ni siquiera recuerdo las palabras que usó, pero eso era lo que estaba pensando, peor a aún, sintiendo y justamente eso fue lo que se me clavó en el alma. Sé que lo voy a esconder en algún lugar de mi mente, que voy a convencerme que nunca sucedió. Pero, también sé, que en algún momento se lo voy a clavar como una estaca en el centro del corazón y eso es lo que no quiero.

Para salir lastimados basta solamente uno y los demás sobran.
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Proposiciones

Ante el ojo de la noche
soy un alma desvelada
por sus encantos
de sirena imaginaria.
Ante el espejo
soy ese reflejo
que le quita nitidez
a lo quiere expresar.
Ante tu sonrisa
soy la dicha sonrosada.
Bajo la mirada del sol
soy esa piel que se expone
a sus candentes placeres paganos.
Bajo la borrasca
soy esa sensación infinita
de embestida sutil y caricia.
Bajo tu cuerpo soy
arena sabiendo a mar.
Sobre el espacio
soy esa brisa
que llega hasta el rincón
dónde estás pasando.
Sobre tus muslos
soy el más etéreo
de los infiernos creados
por un verso.
Sobre tu noche
soy reflejo del sol
embestida por tu cuerpo
en un rincón del infierno.

Ante.
Bajo.
Sobre.
Vos.
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Miércoles por la mañana

Miércoles de noviembre
un día frío plateado
de carros tóxicos
enfermizamente ordenados

de nuevo en mi trabajo y
al frente mío sentada sobre un escritorio
mi compañera sonríe con cara limpia y pesismista
mientras recibo
un comentario oscuro y sarcástico
de la boca del que està a mi lado
con risa estrepitosa Enrique se queja
que su fin de semana pudo ser más largo
y así se confunden las voces quejumbrosas
y otras hablantinosas buscando amistad y desahogo

doy diez, doce pasos
y el día toma forma con más fuerza
con comentarios de trabajo y
un acento resentido y violento
de un portero frustrado

intento limpiar mi cabeza
abro mis apuntes viejos
encuentro la palabra Hasui
no lo recordaba
un asiático de gafas como las de Lennon
busco sus pinturas
encuentro una de àrboles oscuros, cielo triste,
lago azul límpido y un barquito de esperanza

con la pintura animo la mañana de nuevo
tomo oxígeno una vez màs
mientras mi amiga dice algo
de lo que solo escucho:
me da miedo que maten a mi esposo
están matando a los mineros...
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