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Muero de amor

Puedo sostener tu mirada y no mirarte.
Puedo tocarte y no sentirte,
puedo sentirte y no desearte,
puedo desearte y no quererte,
puedo quererte y no amarte
puedo amarte y no pensarte.

Pero lejos de ti no puedo estar,
porque me entristece el no mirarte,
sentirte, desearte y quererte.
Porque amarte, amarte puedo
como en este instante,
porque de amarte muero
porque estás distante.

(Iris M. Lugo R.)
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Pecado

Vida mía,
siempre han dicho que tú
traes al amor buscando guerra
porque no se han molestado en ver
que el amor lo quiere todo contigo
—hasta lo que parece que está mal—
porque siempre le incitas a pecar.
Pese a que tardas de a tres otoños en llegar
y luego pasas con la fugacidad de las estrellas,
siempre que quiero darme cuenta,
ya es otra vez en la que estás
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Cadenas

''Tu lengua es una exploradora que rompe las prisiones de mi cabeza''
Diane di Prima

Tu boca es extraña, diferente. Sabe a magia mezclada con tabaco, a palabras que se escapan como el humo, a te quieros que se quedan esperando en tus pulmones. Tu boca es capaz de acabar con el hambre en mi cuerpo.

Tus ojos son cálidos, me acogen más que tus piernas. Miradas que no dicen nada, porque está todo dicho. Tus ojos a veces queman más que el hielo. Es entonces cuando no me atrevo con ellos.

Tus pechos son dos colinas que buscan ser conquistadas. Encuentro un canal de paso entre ellos a través de mis labios.

Tus caderas no acaban nunca cuando las desafío. Eterna batalla, siempre dispuestas a luchar por ellas. Tus caderas son libres, son indomables.

Tu coño es un altar creado por los dioses, que, como los de Benedetti, son una mujer. Tu coño no necesita llave, porque rompe cualquier cadena. Tu coño es capaz de romperme en mil pedazos.

Tu lengua rompe las prisiones de mi cabeza, consigue que durante unos instantes vuele sin miedo a quemar mis alas por acercarme demasiado al Sol. Tu lengua es capaz de eso y mucho más, de encerrarme con dos palabras y liberarme en cualquier momento. Tu lengua es el arma más poderosa que conozco, pero yo no me rindo ante ella.

Tu lengua, a veces, consigue hacerme libre.
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Volver (a ti).

¿Has oído eso de que siempre volvemos a lo que nos hizo felices?
Será esa la razón por la que siempre intenté volver a ti, a pesar de todas las interferencias.
O de que todo el mundo veía que la vida me estaba gritando en la cara una y otra vez que esto no iba a ninguna parte.
Mientras yo me estaba haciendo la sorda aún cuando la miraba a los ojos.
Y ambas sabíamos que nos dolía.
Porque nunca he querido entender que hay cosas que directamente no están destinadas a ser.
Que hay estrellas fugaces que tienen que apagarse antes de dejarte pedir el deseo.
Que los dientes de león los sopla el viento si no los soplas antes tú.
Y que hay veces en las que las monedas no se reducen sólo a cara o cruz.
Pero la vida,
aquella tan guapa y tan zorra
dispuesta a pisotearte con los zapatos más bonitos que tenga,
quiere ver cómo aprendes a saber llevarlo.
Cómo te das cuenta de que estás intentando romper con la cabeza aquella piedra con la que hace ya tanto te tropezaste.
Cómo dejas ir todo aquello que no puede ni debe ser.
Aunque la herida aún duela y aún lo estés echando de menos.
Porque un día te hizo feliz y eso parece suficiente para justificar el hecho de que te quieras estar estrellando continuamente.
No creo sorprenderte si te digo que no lo es.
Realmente estoy segura de algo:
la hostia que te da la realidad nunca sabe bonito, pero al fin y al cabo te pone en orden.
Y es que ya dijo Dani una vez que lo bonito dura un rato y se vuelve a ir.
Aunque aquí siempre queda esa parte de mí,
que no deja de querer
volver a ti.

(Ojalá algún día te deje).
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Esta vez
se han chocado catastróficamente tu futuro y mi pasado,
han hecho que salten chispas para ocasionar un incendio que arrase con todo.

Para apagarlo han llovido pétalos
de lo que una vez fueron rosas,
manchados con la sangre que le regalé a todo el que me la pidió. Y dolió.
Pero se apagó, como todo lo que nace.

Me he visto mala cara y he salido a bailar con la pena para entretener a la alegría.
Luego me ha regalado un poema escrito con todas las palabras que algún día quise decir. Y me atraganté.

De camino a alguna parte creo que me han olvidado en algún rincón.
Como quien olvida detener al amor de su vida cuando se está subiendo a ese avión. A propósito.

Me he hecho con el amor de la poesía y la he hecho la red que me atrapa.
Para ver a la más guapa de mis musas cortarme la red y las alas, esperando a ver qué tal me sentaba la hostia.

He tenido que regalarme una fuerza que parecía no haber en ninguna parte, para poder aprender a lamerme yo sola las heridas.
Sin esperar a que lo haga nadie más.

No he podido evitar barrer bajo la alfombra todos los recuerdos de alguien que ya no está.
Para saber dónde encontrarlos por si los llego a necesitar.

Me he obligado a perder trenes, para evitar que me lleven a un sitio del que con esfuerzo logré escapar.
Aunque dentro estuviese el amor de mi vida gritándome que lo mejor era volver.

He dado mil medias vueltas al mundo para que me devolviesen las piezas que me faltan en el puzzle.
Y ha valido la pena tanto tiempo y tanto espacio.

Esta vez han pasado por mi cuerpo los fantasmas de unas cien primeras veces, y otras cuantas que no eran más que últimas.

Pero esta vez he aprendido que solo quedan unas cuantas veces más.
Que lo mejor que puedes hacer, es ser consciente de que esta es ahora.

(Y bailar, siempre bailar.)
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Constelaciones en tu espalda

Quiero despertarme y acariciar tu espalda. Perderme en sus límites, poder dibujar carreteras con mis dedos en tu cuerpo libre de fronteras. Quiero que sea domingo y que no huela a café, porque la noche ha sido tan larga que se nos haya acabado. Quiero cerrar mis ojos cuando el Sol entra por la ventana, y tu abrazo desnudo se acompasa al mío.

Domingos astrománticos por todas partes, sueños de papel que vuelan con la brisa del aire que producen tus carcajadas. Días de esos que se dicen perfectos, pero que uno no lo sabe hasta que de pronto una tarde los echa de menos.

Sueño con situaciones imposibles, a las que no me atrevo a hacer frente por miedo.

Instantes perdidos en la maraña que teje mi mente, caricias que rompen cuerpos en lugar de acercarlos. Piel erizada por la culpa de no ser culpable. Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver. Yo acaricio y no siento. No sé si existe refrán para ello, o si soy el único maldito que lo padece.

Quiero despertarme y que no me importe que día sea. Ponerte una cara sonriente en la tostada, decirte cuatro tonterías y hacer un fuerte en la cama. Que solo exista una bandera, y sean tus bragas izadas. Rendirme ante ti y esperar que me impongas un beso de castigo, y un abrazo de perdón.

Sueño mientras escribo imaginando un cuerpo de arena que se me escapa entre los dedos, y que antes de darme cuenta, ya ha terminado su caída y se ha dado la vuelta. Demasiado tarde para este viajante onírico.

Y yo cobarde, sólo quiero eso.

Ser barro en tus manos,
Pan en tu boca,
Y hambre en tu cuerpo.
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Aprendiendo a escribir

Leí sobre el miedo a la muerte cuando aquel canario dejó de cantar un día cualquiera. Sin avisar. Sin decir ni pio.
Leí el significado de la felicidad cuando mi hermano encontró el cromo que completaba su álbum del Mundial 94.
Leí acerca del amor en las cartas que me escondía aquella niña en la mochila.
Leí el cansancio en los ojos azules de mi madre cuando se marchó de casa sin dar siquiera un portazo.
Leí la soledad cuando sorprendí a mi padre mirando unas fotografías que aseguraban que todavía éramos cuatro.
Leí la palabra alzheimer escondida entre las migas de pan que dejaba mi abuelo Antonio para acordarse de volver a casa.
Leí que el cáncer poco tenía que ver con la astrología.
Leí el sexo en las portadas de Interviú con las que aprendí a leerme a mí mismo.
Leí el nudo en la garganta de la chica que me dijo que no me quería,
las lágrimas de la chica a la que nunca quise,
El odio a los cuerpos que devoraste antes del mío y a los que vinieron después.
Leí mi futuro en otras manos, labios en diferentes lenguas,
poesía en las puertas de cualquier baño de bar.
Leí la vergüenza entre las ruinas de Auschwitz,
la dignidad en la espuma de las olas de La Habana,
la fragilidad en París.
Leí otras muchas,
muchas cosas
que prefiero callarme.

Y luego,
claro,
vinieron los libros.
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Mensajes que uno no sabe si debe recibir, o defenestrarse

Ayer estabas borracha. Y lejos. Y por culpa del vino, me hablaste. Supongo que hoy te arrepientes de esa conversación, o tal vez no. Siempre fuiste opaca en estos temas. Un día me dijiste que tenías miedo de enamorarte y de romperte el corazón, como si estar conmigo fuese saltar a un precipicio sin cuerda. Ya sabes que yo de persona cuerda tengo poco, pero la caída habría sido menos dolorosa, si al chocar, hubiese sido con mis labios.

Ayer me preguntaste si lo nuestro habría funcionado. No supe que contestar. Nunca he sabido que es eso de “lo nuestro” o “estamos saliendo”. Yo solo quería estar a tu lado cada noche, acariciando tus pecas en la oscuridad del cuarto. Es increíble cómo no soy capaz de olvidarme, te aferras a mí como una garrapata a un perro, y ni con vinagre te alejas. Solo con vino durante unas horas, y en camas ajenas durante minutos. Curiosamente en ambos casos me siento sucio y muerto por dentro cuando acabo la botella, o me corro en coños que van pasando sin recordarlos, porque no merecen la pena. El tuyo tenía una pequeña asimetría, y puedo paladear todavía aquel sabor que me encendía como ningún otro. Pero he sido expulsado del paraíso que son tus piernas, condenado a vagar por el mundo con un recuerdo anhelante y una sonrisa de tristeza, buscando eternamente algo que no podré volver a encontrar.

Es increíble como con solo unas palabras vuelves a despertar a las mariposas, que cuando parece que están entre cenizas aletean una penúltima vez, y yo aquí sin poder evitarlo. Joder, no aprendo. No hay forma. O no la he encontrado. Qué se yo.
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Otro tiempo y otro espacio

Estoy pensando todas las razones
por las que no fuiste otra
en otro cuerpo
o no fui yo en otro tiempo.

Será porque tú llegaste tempestad en tiempo de calma.
Y me encontraste preparada para una guerra en la que no tienen lugar las treguas.

Será porque trajiste un brillo en los ojos que me contaba mil historias.
Y siempre se me ha dado fatal lo de hacer oídos sordos a voces tan bonitas.

Será porque tienes las manos que un día soñé que me agarrarían con fuerza el corazón.
Y me sacarían las espinas que un día clavé yo misma.

Será porque viste un enorme caos de gente huyendo.
Y aún así preferiste entrar a bailar un vals en el incendio.

Será porque yo que soy de gritar estoy susurrando,
para que no se asusten las flores que traen contigo la primavera.
Aún cuando dicen que fuera hay heladas.

Será porque contigo se me está escapando el tiempo mientras me deja una nota de despedida.
Y yo me he propuesto dejar que se marche y rehaga su vida.

Será porque estaba suplicando de rodillas que alguien acabase conmigo.
Y tú te decidiste mejor por hacerme comienzo.

Será porque en algún momento
alguien escribió que seríamos aquí y ahora.

En estos cuerpos,
este tiempo
y este espacio.

Que van justo después de todo el que nunca pudo ser. De ese que no hacía falta.
Porque no podía ni por asomo ser de otra forma.

Porque veo que es aquí y ahora cuando estás.
Y por primera vez: no me veo llevando la contraria.
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3comentarios 296 lecturas versolibre karma: 48

Carta a un amigo desconocido

Yo solo era un crío que escondía a un hombre solitario sin saberlo.

Ella, solo una mujer que escondía una cría que creía ser demasiado bella para serlo.

Yo, sórdido y maltrecho
Ella, desalmada y con deseo

Yo, con cicatrices invisibles en mi cuerpo
Ella, con manos afiladas y ganas de hacerlas visibles.

Tardes de lujuria y noches de cadencia y podredumbre, nunca más, me repetía antes de volver a hacerlo.

Cupido, mi camello y ella mi droga enganchado al icor de su piel traicionera me hundí bajo su pecho cayendo en espiral hasta su lecho.
Cansado y malherido, una noche desistí y escogí pensar que vivir en soledad es mejor que morir acólito a sus bondad. Y sin más, me fui sin querer irme y cuando quise volver, abrí los ojos por fin y vi, que no era a ella a donde quería ir sino de la soledad de quién pretendía huir.

Soledad, taciturna e incomprensible compañera de mi camino.

Siempre me asustó pensar que no tendría a nadie con quien deambula, cegado por mi coraza no vi que fue la única que siempre me ayudó a caminar, el único problema es que no he vuelto a saber amar.

Tiempo después me la encontré, deambulando al igual que yo por la acera, de madrugada. Afrodita se me acercó preguntando por mí. Le dije, es extraño, ya no duele tu recuerdo, ya no me lacera tu llaga envenenada, ya no escuece la ambrosía de tu veneno, ya no te extraño.

Pero eso sí.

Se parece mucho a ti la soledad con la que te engaño.

Ella me miró indiferente, sonrió y sin decir una palabra se marchó.

Me dejó.

¡Ella me dejó!

¿O fui yo quién la echó?

Querido amigo, no sabes cuanto duele este frío, esta sensación de vacío que me corro por dentro como la despedida de un ser querido.

Siempre me asustó pensar que no tendría a nadie con quien vagar, ahora temo pensar que no quiero a nadie para poder errar, más que a mi fiel compañera, soledad.
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Arte poética

Entre
Palabra y palabra
Habita
El silencio
Que escribe
El poema.
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Es curioso tu recuerdo

Es curioso tu recuerdo.
Tengo que admitirlo,
todavía hay días en los que regresa
para atormentarme.
¿Cómo es posible?
Si me esforcé, a conciencia.
Si luché
lo empujé
lo pisoteé.
Pasé más de cien noche en vela
agotando hasta el último aliento
de tanto vaciar los pulmones.
Soplé con violencia para que tu recuerdo
tu maldito recuerdo
se esfumase.
Lo convertí en imparable huracán
para que, a su paso
se llevase todo indicio
de que hubieses existido.

¿No entiendes que no quiero que me venga a visitar?

Y aún así
de vez en cuando
regresa el muy cabrón.

Y me enfado.
Y lo entiendo a la vez.
Vuelve cuando más agotada estoy
aparece los días en los que duermo menos
y mal
me sorprende cuando me siento abatida
por causas que ya nada tienen que ver contigo.

Es curioso tu recuerdo.
¿No lo ves?
Soy yo quien lo invoca
/desde donde quiera que estés/
es mi lado malo quien lo atrae
no podía ser de otra manera.
Acude raudo a la llamada del cansancio
de la falta de ganas
para alimentarse de mis pocas fuerzas
para sacar lo peor de mi.

Puedo presentir cómo se acerca
y me escondo tras mis muros
escucho cómo escala de forma habilidosa
y cuando llega al punto más alto
se detiene.
Desde allí me observa
durante unos instantes me siento frágil
ya no quiero sucumbir más a tu recuerdo.
Con la cabeza alta lo miro yo también
desafiante
y le grito:
¡Salta, venga! ¡Arrójate sobre mi!
¡No me importa!
¡Ya no conseguirás hacerme más daño!
¡Aplástame con todo tu peso!

Nunca lo hace.

Por más que chillo
permanece allí arriba
impasible
inútil
molestándome con su presencia.
Le ignoro
le doy la espalda y lo olvido
/o lo intento/
Y aún así siento cómo me persigue
está a punto de lanzarme puñales afilados
que se me claven por la espalda.

Entonces estallo.

¡Vete!

Grito, más fuerte
pataleo, lanzo puños contra el muro.
Quiero derribarlo
quiero que se esfume.

Debería escalar, ascender hasta él
pero siempre he tenido miedo a las alturas
y me niego a estar demasiado cerca
y arriesgarme a que me atrape.

¡Lárgate de aquí!

Debería lanzar treinta y tres flechas
atravesarlo
que muera allí de forma súbita.
Pero soy contraria a la violencia
y carezco de puntería
y mucho menos sangre fría.

¡Déjame en paz!

Podría pedir ayuda
encontrar aliados
con los que hacerme aún más fuerte.

No
ésta es mi lucha
y me enfrento sola en la batalla.

Encuentro un lápiz
lo afilo
y en un papel
al que doy forma de avión
lanzo un mensaje que me salve la vida:

¡YA NO EXISTES!

Lo veo ascender hasta él
vuela hasta alcanzarlo
y lo esquiva
lo ignora
me ignoras.

Del mismo modo en que llegó
tu recuerdo se esfuma
sigiloso
escondiéndose entre las sombras de otro tiempo.

Y por fin
cuando ya no lo veo
tu recuerdo me hace sonreír
pero no es por añoranza
ni mucho menos por pena.

Mi sonrisa es resignada
mientras pienso lo irónico que resulta
que hasta tu recuerdo sea un cobarde.
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Aquel día , entendí

"Aquel día entendí, que el amor no es reconstruir corazones rotos, ni curar almas heridas.

Aquel día entendí, que el amor es más que eso,

es tratar el corazón ajeno como sí fuera el tuyo propio,

amar el alma ajena como sí de la tuya se tratara.

Aquel día entendí, que el amor no es secar lágrimas, es dejar que nunca fluyan.

Aquel día entendí, que el amor no es pedir perdón, es no tener que hacerlo.

Aquel día entendí que el amor no es echarse de menos, ni estar de más.

Aquel día entendí que el amor es dar y recibir, pero sobre todo compartir.

Aquel día entendí que el amor y yo nunca lograríamos entendernos."
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4comentarios 609 lecturas prosapoetica karma: 52

Se refugió

"Se refugió en mis brazos una vez más.

Siempre lo hacía cuando se sentía perdido, me entregó sus ojos, sus manos, su boca y sus heridas.

Se refugió en mis brazos, mientras me abría el corazón y el alma.

Llegó sin nada, porque nada tenía.

Llegó buscando el perdón, por haber perdido una vez más el rumbo.

Se refugió en mis brazos, aquellos que añoraba en las noches compartidas con alguien llamado, soledad."
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sin comentarios 85 lecturas prosapoetica karma: 41

Ya no me dueles

"Ya no me dueles, cuando te pienso, porque me he acostumbrado a no pensarte.

Ya no me dueles cuando recuerdo tus besos, porque me he acostumbrado a no besarte.

Ya no me duelen tus abrazos, porque me he acostumbrado a no tenerlos.

Ya no me duelen tus ausencias, porque me he acostumbrado a no esperarte.

Ya no me duele no amarte, porque me he acostumbrado a no hacerlo.

Ya no me duele no quererte, porque he dejado de hacerlo.
Ya no me duele no amarte, porque tal vez nunca lo he hecho."
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2comentarios 130 lecturas prosapoetica karma: 58
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