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Otra historia de amor (parte 4)

Ese viernes Martín pidió permiso para salir dos horas antes de la oficina. Pudieron haber tenido la cita un sábado ─con más calma─, pero para Martín la fecha del viernes tenía un significado especial que le explicaría a Verónica durante la cena. Saliendo de la oficina se fue directo al supermercado gourmet para comprar esos tallarines tan particulares y los frescos mariscos, los tomates, albahaca y demás ingredientes de su receta especial de pasta con frutos de mar. Sin olvidar el exquisito vino que le ofreció a su novia. La tarde era adorable mientras conducía por las calles camino a su casa, luego de comprar las cosas para la comida y la decoración de la casa. La felicidad le irradiaba en todas sus formas, desde la calidez del atardecer con sus colores pastel, el arrullo de los ruidos urbanos; hasta las bocinas de los autos y el ritmo de los semáforos parecía ser parte de una sinfonía. Y por supuesto, la alegría de ésta cita tan especial que tendría. Los recuerdos de la primera cita y las posteriores fluian en su mente con una cadencia casi musical. Él anticipaba que Verónica se quedaría en casa todo el fin de semana luego de esa cena tan romántica y lo que le seguía.

Con una mezcla de nerviosismo, ansiedad y gozo siguió todo el ritual de preparación de la comida. Una pizca de pimienta por aquí, otras pizcas de sal por allá, el fino corte de algunas hierbas, otros cortes de vegetales, la preparación de los mariscos y demás. Mientras la pasta estaba al horno aprovechó para colocar unas velas de fragancias lavanda, vainilla, canela y otros. Era un popurri de aromas, que extrañamente no le quedó mal, ningún aroma era excesivo. Derramó algunos petalos de rosas en la entrada de la casa, otros cuantos por su sala y comedor y muchos más en el dormitorio. El ambiente estaba listo y aunque el arte de decoración romántica no era su fuerte, al parecer el resultado era exquisito a la vista y el olfato. La comida estaba casi lista. Todo a la perfección para su invitada tan especial.

Son ya las seis cuarenta y Verónica no llama desde la estación del tren, tampoco le envía ningún mensaje. Debe estar un poco retrasada, piensa Martín y se despreocupa otros quince minutos. No llega ningún mensaje de ella. Se habrá retrasado tanto. La cita era a las siete de la tarde. A las siete y diez, Martín le llama, el tono de llamada suena tres o cuatro veces y no hay respuesta. ─¿Mi amor, como va todo? ─dice el primer mensaje que le envía por WhatsApp. No hay respuesta en los siguientes cinco minutos. Una segunda llamada sin respuesta concluye con un mensaje de voz que le deja Martín. Le llama tres veces, le deja otro mensaje de voz en la quinta llamada. Le manda un sinfín de mensajes de WhatsApp en las siguientes dos horas, cada vez más alarmado, pensando que algo malo le había ocurrido. Sube a su dormitorio a recoger un sueter, la noche se había puesta fría, o era él que se estaba helando ante la situación que vivía; baja al garage y se sube al automovil, listo para ir a casa de Verónica, ─algo malo tuvo que pasarle ─piensa. Está a punto de encender el auto y el celular suena con la notificación de mensaje entrante, está nervioso, no se acuerda si lleva el celular en la bolsa del pantalón o lo puso en el otro asiento del auto, revisa ambos lados, y curiosamente lo encuentra en la guantera ─¿a que hora puse el celular allí, nunca lo hago? ─piensa. ─Estoy bien, no te preocupes ─dice el mensaje de Verónica. A toda velocidad le escribe un largo mensaje contándole lo preocupado que está y todas las cosas que pasaron por su cabeza mientras la esperaba y antes de presionar el botón de envío entra el segundo mensaje: ─Estoy solamente un poco indispuesta, mañana te llamo y te explíco─. Se queda pensativo, borra todo el mensaje que ha escrito y le escribe uno diferente, diciéndole cuanto se alegra que ella esté a salvo en su casa, que no se preocupe por no haber podido venir, que espera que se reponga pronto, que se acueste temprano y descanse bien, que si gusta puede llegar en automóvil ahora mismo y acompañarla un rato hasta que ella se quede dormida. Envía el mensaje y espera. Pasan diez minutos. Nunca encendió el auto, se quedo allí estático esperando una reacción en la pantalla del celular. Las dos rayitas azules nunca aparecen. Ese mensaje, simplemente, ya no fue leído por Verónica. ─Estará muy indispuesta ─piensa y sale del auto y regresa al sofa de su sala. Por su mente pasan un sinúmero de pensamientos e ideas, algunos con matices de ansiedad, muchos otros negativos y finalmente se queda dormido.

El día siguiente Verónica no responde sus llamadas ni sus mensajes. Él está muy preocupado. Decide que pasará a su apartamento a verla ─debe estar muy mal de salud ─piensa. Antes de salir del trabajo le envía mensaje indicando que llegará a verla y le lleva un poco de sopa de pollo para que le levante el ánimo. Casi de inmediato Verónica le responde que tiene una variedad de influenza excesivamente contagiosa, que el doctor le aconsejó no recibir visitas ni ir al trabajo en los próximos días. Le ruega que por favor no llegue, que no quiere contagiarlo y que incluso él perdería días de trabajo. Martín nota algo raro en toda la descripción que le hace Verónica, algo no anda bien.

Los días siguientes Verónica sigue evadiéndolo y finalmente, al parecer sin fuerzas o valentía para verlo en persona y contarle lo que pasa, le envía un kilométrico mensaje de WhatsApp diciéndole que la perdone, pero que necesita espacio, que ya no puede seguir con esta relación, que no es culpa de él, que es algo que le pasa a ella. Que algún día tal vez le explique. Que incluso saldrá de la ciudad unas semanas. Que no la busque, que no insista y sobretodo que la perdone. Que él merece alguien mejor que ella, alguien que de verdad valore el tipo de hombre que es.

Ese viaje de regreso a su casa, en el tren, le parece a Martín que dura una eternidad. Una tristeza y desesperanza profundas lo embargan. Siente un frío glaciar en medio de la tibia tarde soleada. La tarde para él es nublada, muy gris, nada que ver con los destellos de naranjas y lilas de la acuarela del cielo.

Seis meses después... el sonido de la alarma despertador del celular rompe la pesadilla de madrugada que está teniendo. Esa recurrente que le roba calidad a su sueño. Qué ganas de lanzar el celular contra la ventana. Qué ganas de hundirse en la almohada, de dejarse caer en el abismo de los últimos minutos de sueño, para realmente exhalar su último hálito de vida, allí, en esa soledad de pesadilla; finalmente morir, sin paz.
El brillante sol que atraviesa la ventana de su dormitorio, la verdad, entra en escalas de gris por las ventanas de su alma. En la cocina, una bolsa de pan viejo que empieza a enmohecer. Un queso crema vencido. Un poco de café hecho hace unas cuarenta y ocho horas ─quizás setenta y dos─. No importa, igual, no hay ganas de comer. Le hinca apenas una mordida a una manzana que ni se acuerda como llegó a su cocina. Se demora más de lo usual en la ducha, no porque disfrute el baño caliente, sino porque le escurre tanta tristeza junto con las gotas de la regadera y no quisiera dejar el baño hasta que toda ella le haya abandonado. Pero no es posible. Esta siempre se queda.
Sale de su apartamento en el cuarto nivel de ese viejo edificio. No nota las gradas de cuatro pisos que baja, no nota las cuadras que camina por esas calles algo sucias y olvidadas. Llega temprano otra vez a su estación del tren, por si acaso Verónica decidiera viajar más temprano para no toparse con él.

Así comienza ahora Martín sus mañanas, luego de mudarse a vivir al mismo edificio en que vivía Verónica, para estar más cerca de ella cuando volviera de su viaje de cortas semanas. Y aunque a los treinta días se enteró que Verónica se había ido a vivir con su antiguo novio ─indiscreciones del jefe de mantenimiento del edificio─ ya no tuvo fuerzas para mudarse de vuelta a los suburbios donde vivía.


@SolitariAmnte
vi-2017

etiquetas: historia de amor, verónica, martín, días de tristeza
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22comentarios 303 lecturas relato karma: 91
#1   Es un placer disfrutar de estas lecturas.. que parecen tan vividas. .. tal es la descripción que así las siento. Gracias por compartirlas.
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#2   #1 me agrada tanto que las leas y las vivas así
que agradable es tu visita siempre
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#3   #2 faltaria más. .
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#4   Otra! Otra ! Otra! ....Otra historia debes hacer!
Me encantó!! Pobre Martín , y esa Verónica, a ver si no se la vuelven a hacer. . Excelente! Y de verdad deberías hacer otras más así por partes ,, como las disfruto. Fue mi lectura de sobremesa.. Un abrazo poeta.
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#5   #4 Gracias Malulita. Sabes, no me rindo aún y todavía queda tinta para pintarle un rayo de esperanza a Martín. Y que tampoco sabemos que ha sido de Verónica! Sería para bien o fue para mal ese repentino regreso con su tormentoso amor perro!
Así que tal vez, no sé, aún venga una quinta parte, ahora si final.
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#14   #5 Ahora si que necesaria...jejeje un abrazo!
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#6   Saliendo de la parte "rosa", que ya sabes que la dejo a un lado, reconozco que no es una historia tan extraña. Representa muy bien las extrañezas de las relaciones, las idas y venidas, los no pero sí, los sí pero no, lo que cuesta retirarse de algo tóxico... y mil cosas más. ¡Dichosa Verónica! xD
:hug: bravo, @SolitarioAmnte, siempre por destacar lo cotidiano con tanta gracia.
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#7   #6
esos tristes destiempos de la vida, le habría convenido a Verónica conocer a Martín antes de intoxicarse con Alberto, quién sabe, pero a veces se antoja que eso pudo ser bueno, tal vez no... en fin... esos ciclos, esos cambios de rol, ahora Martín se ha convertido en Verónica, al menos en situación sentimental, tal vez más que eso...
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#8   #6 pero bueno, se agradece tu visita y tu análisis y comentario honesto de como sientes ese escrito... fuerte abrazo compañera
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#9   Ay... las Verónicas... no tienen remedio...
En fin, me dejas un pelín de capa caída. Tenemos la maldita costumbre de pensar, que siempre hay un final feliz, cuando realmente los finales felices no existen, porque las historias de amor de verdad, ésas que te hacen feliz, no terminan nunca.
Supongo que en cuestiones amorosas un tanto revueltas (y más siendo tres) siempre hay giros del destino, ganadores y perdedores.
Me encantó la historia @SolitarioAmnte, la dejo sobre la mesita con melancolía.
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#10   #9 pues dices bien mi querida compañera de letras @Verín
como le decía a @Malulita_
tal vez, quizá, tenga un poco de tinta para unos pincelazos extra
y aun haya rescate para Martín
porque aún queda la duda de que le ha pasado a Verónica en ese su re-encuentro con un amor perro y tóxico del pasado....

pero sí, las historias de la vida real vienen así, hay tiempos y brochazos de felicidad y luego hay sombras de infelicidad, los para siempre no se atreven a durar si quiera lo que dura nuestras vidas y así vamos y venimos...

siempre gracias mil por tu atenta visita :-)
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#11   #10 Tendrías que pensarlo muy bien la trama , porque , mi personal punto de vista es que Verónica no quedó nada bien, en el sentido que no se valoró ni se tiene amor propio y si perdonó a ex por infiel, tendrá que perdonarlo varias veces más , Verónica se denigró ante un nuevo amor, El rescatable es Martín ... Tendría que ser muy justificado lo que hizo Veronica, al aceptar al ex...porque donde existe Amor no hay engaño o infidelidad, simplemente porque no se puede engañar lo que amas o no es amor..... :roll: :roll: :roll:
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#12   Vaya... pobre Martín..., no puede entender nada. Por su parte, Verónica ... tampoco creo que sepa muy bien lo que hace. Y posiblemente se tenga que arrepentir de ello. O no!... Quién sabe...
Quién sabe si Martín... no está mejor sin Verónica. Aunque ahora no pueda saberlo...
Jeje... Se le puede dar tantas vueltas... LA VIDA da taaaantas vueltas.
Y aquí... el dueño de la historia eres tú. Puedes hacer lo que quieras. Puedes crear mil formas de vivirla. Y eso es fantástico.
Sigue sorprendiéndo al lector... a los que te leemos. Lo haces muy bien. Felicidades.
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#13   #12

Mil gracias @Galilea

y es que en la vida real, acaso no elegimos nosotros o nos aferramos algunas veces a la persona totalmente equivocada, que nos hace sufrir de más y tal vez nos corta la oportunidad de elegir a alguien que realmente cooperará con nosotros en crear la felicidad anhelada.... pero eso, cada uno de nosotros, bajo nuestra tormenta de eventos y emociones, no podemos verlo con claridad...

Gracias por siempre estar.
Un fuerte abrazo.
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 *   AljndroPoetry AljndroPoetry
#15   Es notable que hay mucho trabajo aquí y que has ido pincelando con sumo cuidado el relato. Me ha gustado mucho y creo que eres tan buen poeta como escritor de relatos, cosa que considero bastante difícil.
Enhorabuena.
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#16   #15 hombre Canet, con humildad y sumo agrado recibo tus comentarios mi estimado y admirado poeta
siempre muy agradecido y nuevamente que bueno tenerte de vuelta en estos lares de letras
un abrazo
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#17   No lo puedo evitar, me encantan los finales no felices. Así que me gusta que quede así, pero es cierto que te deja esa extraña sensación de empatía hacia el protagonista. No puedes evitar sentir cierta lástima por él y te dan ganitas como de abrazarlo.

Ha sido muy entretenida esta historia por capítulos. Ligera, amena, y altamente descriptiva sin llegar a hacerse pesada. Una se va imaginando paso a paso todo lo que van haciendo los protagonistas, y eso la hace más real. Enhorabuena por tu historia! Abrazos.
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#18   #17 muy gentil mi querida compañera
Me alegra la hayas sentido así
Un abrazo
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#19   Vaya... no sé si este sea el final... pero que buena historia...

Has retratado de una gran forma las relaciones tormentosas, y el recurso de emplear el inicio de ella con el final de él me a gustado mucho, porque puede parecer a veces trillado, pero esta vez ha caído como anillo al dedo

Me ha gustado mucho este relato, como siempre una gran pluma
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#20   #19 @FABO
gracias por tu comentario
eres tan certero en lo que me dices
has dado tan bien en el clavo con los recursos
que he usado, intencionales todos
estoy tentado a escribir aún una parte adicional
tengo una idea revoloteando en la fuente de inspiración, como mariposa inquieta...
ya veremos si lo hago al fin...

(disculpa si he tardado en responder tu comentario, pero esta plataforma ya no notifica de comentarios a escritos no muy nuevos... Ya le he notificado a @osvid al respecto)
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#21   [ya no tuvo fuerzas para mudarse de vuelta a los suburbios donde vivía......
Me gusta que la historia tenga tanto potencial ...seguro que disfrutaremos de más palabras bien enlazadas. Muchas gracias.
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#22   #21 gracias @ArthaMoreton
Y quizás el final de esta historia aún está por venir...

Gracias por tu lectura y tu bello comentario
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