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Poeta Libre

El hombre era poeta y libre, nunca se ganó un peso con la poesía. El hambre lo sorprendió esquivando los meteoritos desprendidos por las nebulosas de una calle en proceso de desintegración, aunque a decir verdad, no lo sorprendió; llegó a consecuencia de un metabolismo fisiológico — además lógico y físico— Tanto viento y tanta (lluvia padecidos y disfrutados) lograron borrar la efigie del prócer impresa en su billete de más alta denominación, el viento, hizo erosión en los dígitos de sus saldos bancarios y la moneda (literalmente), había sufrido tal devaluación que su valor sólo tenía sentido alegórico en la memoria numismática de una nación.
El hombre era poeta y libre, se cobijó bajo la persistente y pródiga sombra agonizante de una tarjeta de crédito, abordó una galería de micro tiendas, de esas que dan sustento y equilibrio a los pragmatismos de teorías económicas sobre el sano optimismo emprendedor, caminó hasta el final, donde un aviso publicitario tras la figura de un hombre trajeado a lo moderno sentenciaba : “ La exquisitez es asunto terrenal” Lo invadió cierta decepción al constatar que aquel lugar era una venta de corbatas y no de comida.
Alguna poderosa logia de poetas express sembraban la ciudad de metáforas inductores al consumo suntuario, era una forma legítima de tapar los agujeros dejados por la ausencia de un romanticismo considerado anacrónico por influyentes congresos de sofistas.
Pero el hombre seguía siendo poeta y libre. No le rendía cuentas al amor, muy pocas veces al estado y era irreverente ante el sistema al cual podía proferir cualquier cuestionamiento, rudo, grandilocuente, sin necesidad de fundamento, y sí se erraba, existía la sabía opción de la disculpa y el noble arrepentimiento; total — errar es de humanos—
Al fin encontró lugar que ocupar junto a otros comensales no tan libres ni tan poetas, tenían el tiempo ajustado al curso de un reloj, el espacio sujeto a un determinado tiempo y el discurso delimitado por la convivencia, la conveniencia , el deber y otras miles de restricciones morales, políticas, religiosas, filosóficas, filantrópicas, musicales y etcétera.
un hombre viejo hacía las veces de mozo, el hombre poeta y libre quiso gritar —¡comida por favor!, se contuvo, en su lugar esperó atención civilizadamente.
Haciendo gala de una acostumbrada y natural manipulación de la cortesía, el viejo que hacía las veces de mozo se acercó y preguntó entre otros rituales protocolares del servicio en restaurantes — ¿qué va a querer el señor?
—Ser poeta y libre, respondió entusiasta nuestro atribulado poeta, cuando en realidad lo que quería decir era: —una sopa de vegetales con fideos.


8/3/2019. Provincia de Buenos Aires.


Ilustración: Gran café , Sabana Grande, Caracas Venezuela 1978.
Imagen tomada del archivo fotográfico digital de Caracas.

etiquetas: cuento breve, humor, sátira, crónica social
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11comentarios 115 lecturas relato karma: 104
#1   Muy bonito. Saludos poéticos.
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#2   #1 Gracias por tu lectura, un saludo.
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#3   Maravilloso , me encantó leerte {0x1f377}
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#7   #3 Gracias por pasar por esta esquina y tomar a pico de la misma botella, saludos.
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#9   #3 muchísimas gracias por tu atención y oportuna opinión, saludos.
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#4   Excelente cuento, y buena redacción.
Saludos.
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#6   #4 Gracias amigo bienvenido su apreciación tiene un valor extra por venir de un maestro con amplio bagaje cultural. Saludos.
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#5   Excelente, siempre queremos libertad, un abrazo
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#8   #5 gracias tu opinión es importante, saludos.
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#10   Excelente lectura, atrapante!!
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#11   #10 Gracias Mary Peña siempre serás bienvenida a este lúdico espacio. Saludos.
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 *   Ludico Ludico
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