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El silencio de los sueños

EL SILENCIO DE LOS SUEÑOS

Anoche escuchamos
los agudos silbidos del viento
bajando por los afilados y cortantes
labios que dibujan la montaña.
Fue fría y larga, como las de antes,
en la que las almas se ocultaban tras los cristales,
arropadas en viejas mantas,
apolilladas, deshilachadas.
Habían pasado algunos años,
todo seguía igual.
Los cristales, empapados de ese vapor intenso
que hacía saltar borbotones de agua,
cuyo final no era otro
que pequeños charcos anudados
en el desdibujado y sucio suelo.
Amanecía y la vida comenzaba.
El frío intenso de la noche
daba paso al azul diamantino del cielo
en la mañana temprana.
Sólo algunos osados bailarines,
danzaban bamboleados por el viento
entonando sus agudos cantos afinados
disfrutando de ver pasar el tiempo.
Nosotros estábamos allí solos,
hablando de nada y todo,
de lo mundano y divino.
Estábamos celosos del sol
que nos contemplaba desde la lejanía
acechándonos por cualquier lado,
incluso en los rincones más oscuros,
colándose por cualquier agujero.
Decidimos jugar a escondernos
entre los mil y un escondrijos
que años atrás habíamos construido,
junto a otros que no están debido al olvido
y los que nunca volverán
porque huyeron hace tiempo
hacia un lugar infinito.
Soñamos con la llegada del nuevo día,
pero el silencio continuaba zascandileando
como si la luna no hubiera escapado hace horas.
Todo se hacía interminable,
tanto, como la espera del enamorado a su amada,
como la muerte al desahuciado.
Al fondo, algunas miradas, parecían acecharnos.
Eran simples paseantes, curiosos, viejos,
cuya única distracción no podía ser otra
que convertirse en celestinas de la situación.
Acordamos volver pronto,
sentirnos de nuevo el uno con el otro,
cerca y lejos,
como se sienten los jóvenes amantes en sus eternos sueños.
Decidimos huir hacia lugares extraños
donde nadie pudiera reconocernos,,
donde el tiempo llegara a perder su sentido
y el ser pudiera revivir sus misterios,
aún los más desconocidos,
Éramos conscientes de lo finito,
tal vez fuera nuestra última vez,
antes de disponernos a navegar por el universo
sentados en nuestros veleros blancos
a la espera de los embates del viento,
embarcándonos en un viaje lejano, osado y atrevido.
Escogimos caminos opuestos,
Alejándonos, nos difuminamos,
en el infinito más liviano,
allá donde el desconocido horizonte
llega incluso a perder su nombre.
Cuántas veces nos echamos de menos,
cuántas mutuamente nos recordamos,
mas el tiempo nos tuvo olvidados,
incluso en nuestros irreales sueños,
que nacen y mueren al mismo tiempo.
Nada supimos de nosotros,
como tampoco de los olvidados.
Quisimos borrar de nuestra mente
cientos de fantasías mundanas
y volver a comenzar de nuevo,
como si nada hubiera pasado,
intentando una vez más huir de lo viejo.
Ahora volvemos a vernos,
han pasado yo no sé los años,
nuestros rostros más viejos,
nuestro pelo más cano.
Te acercas y sonrío a lo lejos,
espero impasible tu abrazo,
ése que olvidé con el tiempo
y que tanto he ansiado.
Pero sólo te acercas y acercas,
nunca llegas a estar a mi lado.
Entonces yo me desespero,
como desespera el amor nunca amado.
Observo que aún estás lejos,
incluso te vas alejando,
tanto que desapareces
de este largo y profundo sueño
que abandono desesperado.....

JdeAndrés
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4comentarios 104 lecturas versoclasico karma: 98
#1   Impresionante. Menudo sueño.
Mi admiración. Un placer leerte. Saludos
votos: 0    karma: 6
#2   #1 Un millón de gracias
votos: 0    karma: 11
#3   Tremendo este Jde igual al que llamaste perdido que ya no se puede votar, espero seguir leyendote, saludos.
votos: 0    karma: 6
#4   #3 Muchísimas gracias. Saludos y cuídate
votos: 1    karma: 17
comentarios cerrados