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Viento

No, no suena a través de una rendija.
Crece una sonora marea inmensa
de la nada al todo.
Cada hoja gualdrapea furiosa empujada
por la fuerza,
pero no hay cientos sino miles,
y de cada rama flexible que se agita
otra más fuerte la sostiene,
y a ésta otra... y hasta
el mismo tronco que soporta todo
ese mundo, su mundo,
vibra.

No es el viento lo que suena,
sino las hojas de los árboles.


En el juego he caído
en la casilla de la Muerte.
Se va revelando el mundo
a mis sentidos.
Los pies, de la cama
al suelo frío.
Y he salido a la terraza.
Altos chopos blancos
más altos que los hombres
anegan los oídos
de infinitud en su sonido.

Y no es el viento lo que suena,
sino las hojas de los árboles.


Porque a las cuerdas orquestales son las manos
lo que el infinito a la vida.
Y no son las cuerdas vocales lo que habla,
sino el aire que se mueve.
Ver lo eterno es muerte y transformarse
en alto chopo blanco.
No, no se entenderá el Lenguaje
si no se piensa

que no es el viento lo que suena,
sino las hojas de los árboles.



Villafranca del Bierzo, 24/09/2014. En el albergue del Camino.
Imagen: www.villabrazaro.com/2011/11/por-la-orilla-de-rio.html

etiquetas: viento, camino, misticismo, infinito, eternidad
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