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Cuarenta

Me quedan pocos meses para cumplir los cuarenta
y para mí ya todo es tiempo.
Cuarenta.
A esta edad creo se quitó la vida Pavese.
Se lo prometió a su desamor:
-vendrá la muerte y tendrá tus ojos- escribió.
Se tragó una caja de somníferos, metió las manos bajo la almohada
y se quedó dormido para siempre.
En cambio, Virginia Woolf escribió antes de marcharse:
“No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.”.
A los diez años me mudé de casa y todo cambió radicalmente.
A los veinte pretendí celebrarlo con mis amigos, por todo lo alto, pero era martes y no tenía amigos.
El día que cumplí treinta no lo recuerdo, solo sé que me sentí muy solo:
de ser un loco veinteañero pasé a ser un decrépito treintañero;
aquel día volví a ver el séptimo sello de Bergman,
que trata de la muerte y de la existencia.
Pero los cuarenta se me presentan con una sensación de éxito total.

Canet
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Las cosas por su nombre

Elimino la simbología y sus ceremonias
para llamar a las cosas por su nombre;
expulsada la poesía y las quimeras,
hablaré el idioma de los mortales.
Lo que galopa por mis venas no es un torrente:
le llaman sangre.
El pensamiento no es naufragio ni una embarcación.
Carne el corazón, tirita y late.
No existe en el destino la ejecutada
serie de circunstancias del azar:
a esto que me hiere le digo vida.
Algún día le dirán muerte.
Sólo un símbolo aún bendigo:
siempre diré,
que el amor,
es de una singularidad milagrosa.

Canet
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He olvidado todo

He olvidado todo,
menos a ti.
El resto se ha marchado poco a poco:
lágrimas y heridas,
noches breves,
el cáliz de la amistad,
oscuras mañanas,
el pecado de los jueves,
los bares sin Baco y
el optimismo del otoño.

Todo fue una ligera brisa,
la luna asustada,
la vida sin escribir,
los abrazos postizos y las libretas
con poesías funestas y las misivas del abandono.
La incertidumbre ante el halago,
la felicidad,
la ternura a las cinco de la madrugada.

Estuviste ahí, aunque no existieras aún:
la locura atizando la madriguera de los insomnios.
Las avenidas para caminar a tu lado,
el talle,
los nudos de la carne,
el sendero hacia ninguna parte.

Por entonces existía el frío,
el hastío de domingo,
las fantasías exclusivas,
la piel ardiendo,
mi apetito dormido,
el saludo de la desconfianza, los mensajes,
el teléfono zumbando en la oscuridad,
el firmamento bienhechor cuando apareciste.

He olvidado todo.
Nada tengo salvo a ti,
tu persona que será siempre
un lejano recuerdo de un instante inolvidable.

Canet
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Uno

Todo roce es un tajo limpio
en un par de pieles,
fuimos uno
antes de acariciarnos.

De ahí la canícula.

Lo inexorable
de esta segmentación,
no hay marcha atrás
tu piel abstinencia de la mía,
tu fiebre
región sureña donde migran mis aves.

Siempre estás en mi
Incluso cuando tiritan los pàrpados de la lluvia.

Canet
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En un mundo incomprendido

Observo los utensilios
de este mundo que los hombres levantan,
donde se fatigan,
rezuman, copulan, coexisten.

Sus cuerpos exprimidos por el paso de los días,
sus noches de resuellos y de televisión,
las disyuntivas donde se admiten.

Hay cierta obstinación
y la ignorancia les ilumina
y la inacción, más férrea que las vigas.

Sin honra
se defraudan, engañan,
como alimañas se olfatean,
engullen y luchan por un trozo de carnaza.

Y cuando danzan, cuando se escurren
o cuando
se humillan, ríen a carcajadas,
entrecierran los ojos, contemplan
la oquedad que se abre a sus pies
y se prestan a un delirio plastificado,
cruel.

Yo pertenezco a otra ribera,
de alguna otra parte,
soy de aquellos que no saben ni robar ni regalar,
una persona ajena a vuestra construcción.

No os aproximéis a mí,
hombres que levantáis este mundo,
dejadme tranquilo,
no es necesario que me eliminéis.
Soy de los que mueren en casa,
de los que mueren por pintar algo de color.

Agonizo al observaros y no comprenderos.

Canet
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Notas de un lector clavado al sol

Los buenos libros, la sublime creación se encuentra por lo general -uno o dos- cada década. Las excelentes interpretaciones literarias no sólo son incomprendidas sino también temidas porque para vaticinar un futuro deseable tiene que enunciar un presente patético, y eso no es noble para quienes gobiernan esta barca. “Lujuria", es la palabra que suelen usar.
La librería de Ricardo (Pº de la Castellana, 45) es demasiado casta, por eso me apunta con su dedo disparatado y grasiento. Lo que indica que he llegado velozmente a ningún lado.

Los "supuestos poetas" nos hemos visto azotados por los autorizados y humanos en general; a Yukio Mishima le escupían y le martirizaban por ser afeminado, fue afortunado de tener una espada. Quiroga tuvo suerte de conseguir cianuro, y yo soy afortunado por poder escribir este montón de insignificancia, de darle al teclado, de poder contároslo.
No requiero misericordia para el que escribe, no solicito riquezas públicas, ni siquiera pretendo que me entiendan; lo único que quiero es que me dejen tranquilo en la alegría y en la atrocidad, en mi secreta labor.
Solo imploro eso, que me dejéis reposar en paz, sin dedos juiciosos. Os he permitido tener a las mujeres más agraciadas, los chalets, los BMW, los viajes, el caviar, los zapatos de 500 euros, las exequias más costosas, los Kandinsky originales, pero dejadme en armonía con mis "lascivas ideas" y señalad con el dedo a la caja tonta, o a las revistas de papel cuché con damas de carnes rosadas, insípidas, envanecidas, carne con rostro absurdo, manifestando una tremenda oquedad para que los menores se masturben y para que los sucios abusadores jugueteen con tocamientos en el parque infantil. Creo que cuando me señalan con el dedo
- .."Ahí va el bohemio pornográfico"-
en realidad hacen incursiones en su propia desconfianza y en su poca conciencia. Rabian y se desorientan en el fondo de su alma.
No pediré que me entiendan, no creo que me obliguen a tener que hacerles entender.
Sólo quiero que me dejen en paz.
Ahora estoy algo ocupado.


Canet 2011
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Vida

Mientras nos entretenemos jugando en la calle,
Ilusionados con la llegada de la primavera,
amarrando tallos al cabello,
salvando hormigas en masa,
contando gusanos y
caracoles en el sendero,
girasoles convalecientes,
eso que vemos que permanece
y que finaliza.
Es vida

Tan insignificante como eso.


Canet
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Cuando era niño

Estás líneas las escribieron a medias
entre las entrañas
y la paz de mis muertos que yacen bajo el musgo.

De donde yo provengo,
de donde yo fui,
de cuando yo era un niño
–poco después que ahora-
había un cementerio y jugábamos al escondite.
Hoy
cerca de aquella infancia hay una iglesia
que rinde obediencia
a una divinidad de plástico.

Siempre
–cuando era niño–
poco después que ahora,
hubo un sendero fecundado de incógnitas
con sus meandros cultivados de silencios
y mi desconocimiento.
Después,
llegaba la primavera
y florecían
los espinos con sus agujas
y dejaba de ser yo.

Canet
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Sin título 90

Grito tantas veces lo que no discurro
que han dejado de interesarme las palabras
que arrojo de modo insistente.
Tan solo me entusiasmo por lo que hablo conmigo
y de esa forma he hallado día a día
el transcurrir de mi mañana hacia el ayer.
He conseguido
no convertirme en sirviente del deterioro
y a no caer en la cínica pose del tolerante.

He dejado de hablaros
aunque intento explicarlo todo.

Canet
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El banco

El banco tenía una placa
que sólo los hombres invisibles podíamos descifrar:
"Se pueden sentar y observar"
rezaba aquella placa
que un hombre cualquiera no hubiera podido descubrir.
A pesar del mensaje
ningún hombre tomo asiento
para observar
desde este banco que agoniza de tristeza,
esquelético y sombrío,
en la acera del paseo.

Canet
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Un hombre común

Con cuarenta
he encontrado el amor, la poesía y las heridas.
La vida es más auténtica,
no he dicho más tranquila, solo más auténtica.
Miro por la ventana y escribo,
pienso en Silvia y en los niños,
también en la sinrazón de cada día
y siento que me duele y me hiere.
Todo esto me fuerza a concebir color y luz,
a quitarme la ropa negra como quien se quita
los calcetines
para a caminar descalzo por la noche,
para llorar en secreto.
Ahora observo a un hombre común,
pienso que la vida se mantiene
y que toda herida tiene audiencia,
aunque sea el amor, la poesía o las lágrimas.

Canet
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Los pétalos rojos

Hace mucho tiempo
yo observaba desde la ventana de una habitación
como la lluvia aplastaba los pétalos rojos contra la tierra
y en ese instante único de la juventud que apenas pude alargar
supe que jamás olvidaría esa escena,
que apenas recordaría nada de aquellos días,
ni mis no amigos,
ni mis aficiones o intereses , ni mis temores,
compañeros, ni escritores, ni bandas de rock
ni películas de amor, ni enemigos empapados en una cultura bukowskiana...
sólo los pétalos rojos y el diluvio,
me acuerdo del día y de la lluvia
me acuerdo de la hora exacta y de los pétalos rojos
y que nunca en los años que continuaron comparé con alguna otra.

Canet
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No hay otro Yo

De momento la existencia
en mi táper de insuficiencia
unas descarnadas lentejas de celeste verde
aquí en mi táper
mírame
mírate
escribe sin desconfianza
destrozar la luz
o crearla
descubrirla
como quien abre los ojos y pinta
un firmamento anaranjado
en el táper exiguo,
Bergman, zanahoria, versos
más Bergman y alguna patata
versos sobre la servilleta
tantas películas
ingobernables maravillas
y la luna
emparedada en mi ventana
y el fruto de la locura
tan carcomido
éste apetito propio
siempre presente
es verdadera victoria
que es el cuerpo
y la tierra
que no envejece.
No hay otro Yo
en este táper empobrecido
tan solo yo
devorándome lentamente.


Canet
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Tú y yo, o nada

Si se te ocurre marchar antes ,
me elimino
del decorado nuestro y único,
mi caminar se olvidará de ese sendero
que conduce a nuestro hogar,
a nuestros muros de claros de luna.

Por si se te ocurre irte,
me diluyo,
me convierto en umbría de tu sombra,
al extremo de las alas de un cuervo,
emigro hacia un lugar desconocido.

Si se te ocurre dejarme cubierto con esa desmedida
conmoción, me enquisto en la madera de los cipreses,
me hago mineral entre las rocas,
me suprimo de mí,
deshago mis líneas,
siempre seremos tú y yo, o nada.

A S.R.L

Canet
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Sueño...

Sueño….
qué maravilloso es poder soñar, dormir serenamente, aflojar todos los músculos del cuerpo y dejar a la fantasía en total libertad, en armonía con todos los impulsos percibidos pero soñando.
Sí, soy un tipo extraño para el resto del mundo porque en mis sueños estoy en completa soledad, no puedo refutarlo, pero tal vez haya una gran muchedumbre dentro de mi subconsciencia, y eso niega el estado autónomo y aislado de mi ser mientras duermo intensamente.
Me ocurrió una noche que, ya en el lecho, reflexionaba yo, justo en lo sucedido momentos antes.
Y eso no era nada misterioso, sencillamente estuve en casa de un antiguo colega; aunque, si bien es cierto que hacía años que no le veía y algunas cosas eran distintas.
Entonces me encuentro a su lado en el camastro, clavados, viendo una película de Bertolucci y le envío un mensaje de texto a través del teléfono, cuando inmediatamente me dice que debe irse.
No tiene sentido porque me encuentro en su casa, a su lado, y yo soy una visita, y me declara que debe marcharse al trabajo.
Pero así ocurren las cosas cuando uno duerme profundamente. Inmediatamente, escapo de la casa hacia unos jardines comunales, y me aproximo pausadamente hacia una señora que, inmóvil y ceñuda, me examina fijamente.
Ella está perpetua en el jardín, como si fuera una efigie, parte de la decoración.
Ahora regresa mi colega, parece que retorna porque olvidó el táper con la comida. Se lo doy yo, no comprendo nada, me siento desorientado.
Me agradece lo del táper y se larga en su moto, voy caminando, todo se distorsiona, las calles permutan.
Entro en el supermercado, hago cola para comprar algo de carne roja pero me voy sin llevarme nada, estoy irritado.
Busco mi hogar, no doy con él y llego a una avenida que resulta ser una librería especializada en bestsellers, perdón, en superventas.
Imaginaos la confusión, todos los libros parecen tener vida propia. Hay Ken Follett´s, Cohelo´s, Dan Brown´s, biografías de un ex presidente y Stephen King´s para colorear.
Quiero irme de aquel sitio por lo que veo y por la angustia que me provoca la empleada.
Gesticula sin parar tocándose su aceitoso cabello y me escabullo de sus grasientas zarpas metiéndome en un ropero el cual me lleva, misteriosamente, a una puerta.
Un niño espera y me silba. No tiene cara. Enfrente de mí hay unos escalones y una nueva entrada. Grito atormentado, llamo a dios, pues seguramente se ubique al otro lado.
La entrada no tiene pomo, sin embargo, el niño sin semblante encaja su dedo corazón en la abertura en la cual iría fijo el picaporte y abre.
Nadie está al otro lado.
Me siento extraviado y no localizo a dios. Lo que descubro es una dependencia de la Guardia Civil y ellos sospecho podrán echarme una mano. Pero no sucede así, le digo al niño sin cara. -Son unos farsantes, no pueden socorrerme.
Dios no tiene uniforme verde ni se encuentra en ningún lugar.

Canet
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Dormidos

Un buen día fui con mi abuela a visitar el sepulcro de mi abuelo.
A decir verdad, el abuelo no se encontraba allí.
Visitamos la tumba.
Un operario la fregó con su apagada bayeta dándole algo de decencia.
Arrancó algunos hierbajos que crecían a su alrededor.
Frente a mí, una yedra descendía como una tarde triste.
A uno de los lados, unos frondosos cipreses se nutrían con el alimento de los muertos.
Un cielo sin aves de las ocho de la mañana parecía próximo a encenderse.
Mi abuela rezó y se quejó: -Ay Manuel-, dijo entre lamentos.
Su semblante retornó a la tristeza y vi como su apariencia menguaba.

No sospechaba ella que pocos días después moriría
y que yo tendría que adueñarme de su pena y de sus lamentaciones.
Tuve que meter en mi cuerpo a ambos.
Llorar por el abuelo y por ella.
Hoy los dos descansan en mi corazón
y no pueden despertar.


Canet
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En la planta 47

1.
Me encanta mi trabajo.
Soy distribuidor de almendras.
También tengo golosinas, chocolates y bizcochos.
Todos con aspecto de locución.
Oraciones que dulcifican.
Que pulimentan los endemoniados mecanismos del tiempo.
Que templan el gélido viento que recorre por los espacios solitarios.
Distribuyo caramelos, bombones, pasteles.
Los envuelvo en armonías de palabras sabrosas,
los embadurno con la gustosa vainilla de los sueños.
Creo que no sabría hacer otra cosa.
Me siento en mi silla de cada mañana,
entre la planta 47 y la bóveda celestial,
y aguardo hasta que se eleven las palabras
y la brisa las lleve al lugar donde alguien contempla el firmamento.



2.
Un pájaro siempre se presenta en mis poesías.
Su revoloteo lo gobierna su presente.
También su exactitud, que ignora línea recta.
Se eleva y después desciende para aproximarse a un verso.
Voltea entre las nubes, se acerca al fragmento del margen.
No se desplaza, se deleita.
Uno entiende de inmediato que una civilización de pájaros
nunca hubiera inventado el aeroplano.
Ni siquiera el barco.
Pero obviamente habría inventado la poesía.
Y la ciencia.
Y a los pintores flamencos. Y el cielo.
Bate sus alas consciente de la música que produce.
Absorbe de las palabras más bellas su excelencia.
Un pájaro siempre se presenta en mis poesías.
Le veo, deletreándome.



3.
Que sean los pájaros quienes escriban el punto final a mi poesía,
y aquellas palabras
que siempre han sido mías
regresen al comienzo,
a la primera voz sin sentido
en la que brotaba la inocencia,
al mutismo en su totalidad,
para que logren ser pronunciadas en otros labios.

Que los pájaros
amantes de las musas
cierren mi boca enajenada
y sellen los ojos frente a este cielo
instaurado en la pta 47.

Canet
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No sabes quién soy

Lo ignoras todo de mí,
y aun así continuas señalándome,
me conviertes en el centro de tu furia
y embarras con rabia mi mutismo.

No sabes quién demonios soy:
me trago mi sentencia
con mordiscos de decisión y tristeza.
Me hundo en el dolor cotidiano
y no me dañan las apariencias.

Y aunque me hinquen uñas afiladas
los buitres insaciables
que creen tener legitimidad en el cielo,
mi surcar es noble y autónomo.
Y aunque se me derrame el sentimiento
y no aguante la corriente de mis aguas,
no ocultaré mi espíritu en tupidos tejidos.

Ni sentencio, ni desdeño.
Me emociona la vida en su origen
y me conmueven las lágrimas,
la angustia extraña, lo bello,
y la palpitación secreta
de las minúsculas cosas.

Sé disfrutar de la soledad y del aguacero,
en todo descubro principios de grandeza,
y por igual aprecio
la modestia armonía,
y la joya que resplandece en su fulgor.

No hay codicia en mí.
No hay arrebato de elocuencia fatua,
ni sabiduría, ni sucios artificios
de odios latentes.
Porque mi prosa germina
de fuente serena
y si existe algo a lo que honro...
eso es, sin titubeo alguno,
aunque lo ignoréis,
la misteriosa sinceridad de la poesía.

Canet 2010
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La vida

La vida se encuentra lejos
y a la vez está cerca.
Se encuentra en lo que sucede
y en lo que está por acontecer.
En las charlas y en los silencios.
Se presenta donde todos la buscan
y donde tal vez pueda estar.
Uno cree que la vida es como una línea del metro
cuyas señales sean paradas donde los pasajeros se montan o se apean.
No hay nada más insólito que la vida.
La vida respira por fuera y por dentro,
en cada uno de los bordes, muy allá o demasiado aquí.
Es aquello que palpita en un vocablo,
en un sonido, durante un momento.

Canet
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7comentarios 142 lecturas versolibre karma: 85

Escapando

Recuerdo que mi primer juguete fue un perro de peluche, el perro Juan.
Nuestro primer juego fue escondernos en el armario de mi madre
y también esperar el momento adecuado para escaparnos a la calle.
Juan y yo preparábamos el equipaje y acomodábamos dos almohadas de la cama grande como si fuesen los asientos de un vagón .
Y nos sentábamos, cada uno mirando por la ventana.
Juan no llevaba maleta, ni mochila siquiera, sólo su lanudo jersey rojo.
Yo llevaba un baúl de madera muy pesado. Quizá el mismo que mi madre utilizó en su viaje hacia Madrid.
En su interior había una chaqueta vieja, las ceras para colorear, un par de cuentos, una navaja y mi inseparable linterna.
Fugarme de casa fue uno de mis juegos preferidos.
Se trataba de una llamada para viajar.
Con la gran mudanza a los once años, y la tendencia de mi madre por deshacerse de todo,
perdí de vista a Juan, el pesado baúl y aquel armario.
Pero mantengo intactas las ganas de seguir ocultándome…
de continuar escapando.

Canet
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Para la poesía

No existen incógnitas para la poesía
tal vez decir
firmamento
con pájaros bajo los párpados
ya sea un principio de melancolía.

Escribir
un murmullo de lluvia
que se haga lágrima
que se haga nido

una bicicleta a solas
en una
ciudad turbia

para la poesía

perros
ventanas
rutinas
ramajes
parásitos
y entrañas

lo sigiloso
y lo no escrito
el titubeo
y la rebeldía

para la poesía
esa acertada pasión por lo que ocurre afuera.

Canet
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Poesía incompleta I

Del salón en la punta apagada
de su propietario quizá olvidado
silente y tapizado de polvo
veíase mi Código Da Vinci.
Fue uno de los peores regalos
de mis veintitantos otoños
y ahora míralo, yace muerto
postrado como un cuervo
en una estantería del salón.
Lo peor de los malos regalos
es que no dejan sitio a los que están por llegar.
Por eso muchas veces
creo que debería abandonar
los best seller´s
de una vez por todas
porque van reproduciéndose sin cesar
como cucarachas endemoniadas.
Asesinar a estos libros
que hace un tiempo
me llegaban del círculo de lectores,
a veces veo como ponen huevos
en la cicatriz de mi frente.
Tales libros no ayudaron
a Thomas Mann ni a Miguel Hernández
y evidentemente tampoco a Charles Bukowski
ni al excéntrico de Baudelaire
que se topaba con símbolos
caminando por su inmunda habitación.
Estos libros,
son las sepulturas de los hastiados
que no desean conocer, vivir, soñar
ni hacer el amor como dios manda.
Debo exterminarlos todos,
antes de que sea peor
o venderlos al mejor postor
y regalarle un gato a Silvia.

Canet
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Un intento de poeta

No sé si soy de asfalto
pero si ser de arena.
Nací de la arcilla misma
ovario en flor de la tierra.
No hay en mi estética Platónica,
tampoco lo feo habita en mí.
Sencillamente soy
el que plasma poesía.
Soy del desierto tanto como del océano,
soy crápula tanto como virtuoso.
Traigo conmigo versos eróticos,
y varios garabatos que agregan a mi destino.
Escribo porque lo necesito, por conocerme y porque no se hacer otra cosa
no vivo de mis líneas, aunque trabajo con mis letras.
Simplemente escribo para transmitir.
Soy como el alfarero con un pedazo de barro,
o como el pintor con un lienzo por colorear.
Soy absolutamente y sin condición alguna, eso...
un intento de poeta.

Canet 1997
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Sábados

Cada sábado por la mañana
te diriges al quiosco acostumbrado a por los periódicos de siempre.
Es una acción automática , impensada y sin condiciones,
el mazo que pulsa tus piernas... y te mueves.
Como cada sábado por la mañana...
tomas asiento para desayunar frente al telenoticias.
Café solo- con dos lágrimas bien saladas, por favor-. Croissant con muertos.
Y al zumo de naranja añádele una pizca de explosivos.
Se te ve dichoso. Ellos extinguiéndose y tú allá, lejos.
Ellos sin sustento y tú con la camisa almidonada.
Ellos expirando y tú leyendo las noticias.
Montas una pierna encima de la otra. Mal presagio.
Montas la mano izquierda sobre la derecha al leer los titulares. Mal presagio.
Montas la mirada sobre el escenario para observar al resto de lectores. Peor presagio.
Carece de importancia que sea sábado y primavera y las 11 de la mañana.
Todos los presagios son fatídicos.
Además, el finado de la fotografía parece colega.
Todos los fallecidos de todas las fotografías de todos los periódicos
son reconocidos.
Pero lo rechazas.
Quizá sean fotografías de otro periódico.
De un desayuno de sábado pasado, pero ya lo has olvidado.
Otro café solo, - esta vez con menos lágrimas, haga el favor-.
Pero el mazo te pega de nuevo y cambias de página.
El horóscopo pronostica que vas a ser afortunado en el dolor.
Advierte el hombre del tiempo precipitaciones lacrimosas
y oleajes crueles para los náufragos.
Un nuevo hattrick de un futbolista que se parece
al muerto de la página tres.
Mal augurio. Algo te ha caído mal al estómago...
Qué extraño. Es sábado. Es primavera. Hay buen tiempo y flores.
Pero sí. Estás aturdido. Todo da vueltas alrededor del croissant.
Quizá los muertos no estaban bien horneados.
Tal vez las lágrimas del café estaban caducadas,
contagiados los explosivos. Piensas que no merece la pena salir a desayunar los sábados.
La hostelería ya no es lo que fue en antaño.

Da igual que leas el Washington Post,
el Espectador,
el Herald,
el Mundo,
el Corriere della Sera o los cuentos de Andersen.
-No salgo más de casa- piensas.
No volveré a comprar un solo periódico.
No quiero saber nada de las noticias.
Pero algo te dice que eres demasiado ingenuo,
de nuevo está el mazo golpeándote
y desbabas como el perrito de aquella Dama de Chejov
sobre la prensa.

Canet
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Septiembre

Septiembre…
Aunque el calor aún aprieta, ya amarillean y aflojan las primeras hojas en las ramas de los parques.
Estiramos la sonrisa del verano un poco más, con los recuerdos aún frescos y yodados de ese paseo por la playa,
con la sensación húmeda e irregular de la arena todavía vigente en las plantas de los pies,
y el eco flotante de las risas de niños y sus juegos,
que nos invitaron a volver por un breve lapso a la infancia, con el rastrillo en la mano y el culete encharcado en la orilla .

Septiembre…
Con la piel bronceada y dispuesta a dar de sí lo que le quede de contraste bajo las telas blancas, amarillas, verdes, anaranjadas…
La sonrisa de septiembre es diferente,
enmarcada por esa tez brillante y caduca traída como souvenir playero,
y la mirada tiene su mayor fulgor devolviendo la belleza de los paisajes vistos
y archivando los colores de las puestas de sol en cada sección de nuestro iris .

Septiembre…
El amor también se alarga en septiembre.
La pasión y la dedicación mutua del verano se resisten a desvanecer de nuevo en la rutina de cada día.
Los cuerpos son más bellos en septiembre, la piel más suave, las sensaciones más intensas…
Si cada mes fuese septiembre, el amor sería un continuo y placentero ocaso de veranos .

Septiembre…
Es el noveno mes, el del alumbramiento, el de vuestro renacer a un nuevo ciclo,
habiendo madurado las sensaciones y atesorado los recuerdos del verano, reciclándolos,
como fuente natural de aprovisionamiento de energía por si nos flaquean las fuerzas más adelante.

Canet 2009
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Dependencias

El breve método de peinarme,
de llevarlo siempre corto con las acostumbradas patillas.
Las oscuras camisetas que guarda el vestidor.
El par de gafas y algunas zapatillas Canetianas.

La dependencia al tabaco.
La dependencia a ti.
La dependencia a la poesía.
La dependencia a la fidelidad.
La dependencia al calor de tu piel.
La dependencia a los libros y a la lluvia.
Al chocolate con almendras. A la noche.

La forma de llorar afligida.
La de llorar también en silencio.
La pura y brillante risa, la negra ironía.
El modo de perder con la mirada
y la de salir victorioso.

La misteriosa y la química inseguridad
de las partículas que me componen. Su riesgo,
su vida improbable en otro mundo.
Las uñas lijadas, el cosmos.
La contaminación celeste de las pestañas
que me diferencia de cualquier hombre.

Los símbolos de los genes
tejidos para hacerme esto que soy,
esto que amas y seduces.

Son señales que podrás
mostrar como pruebas
en alguna administración, en las jefaturas,
en las bibliotecas abiertas,
en los bares baratos,
cuando sin querer me haya desorientado y, conociéndote,
desees encontrarme.

Canet
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Interrogantes

Sé que llevo algunos días evitando contar los asuntos en los que remolcaría parte de mí.
Si escribo lo hago sobre emociones de paso, impresiones confusas y/o compartidas.
Me ajusto el cinto de la prudencia y cubro mi espíritu con un manto personal pero carente de intimidad.

A veces me invade el deseo de desnudarme del todo y narrar, vociferar, compartir…
Resulta sencillo rajarse las venas sobre un cuaderno o frente a una rutilante pantalla.
Igualmente temo exhibir el desnudo a otros ojos,
revelar la tremebunda fragilidad de la estructura ósea que soporta mi esencia,
extender el recubrimiento y ornamentos que me disfrazan.

Sería capaz de escribir una historia rectilínea ajustada a otras tantas.
Tal vez vendría bien ventilar algunas emociones.
Quizá sería bueno mostrar el desnudismo más sencillo y atiborrar los pulmones para continuar.

Aunque hoy, que se implanta la vergüenza, la prudencia y la protección de la propia debilidad,
solo dejo mis interrogantes, a los que doy soluciones variables y siempre me acompañan.

¿Quién demonios soy y qué hago aquí?

Canet
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Las pequeñas cosas

Pese a todo
continuamos encontrando
algo de encanto
en pequeñas cosas;
cuando tomas asiento
en un banco
a reposar
después
de una gran caminata
y a tu lado
corren los humanos
y en el centro
hay un quiosco
anticuado, insólito
y al regresar a casa
brotan rítmicas
las palabras
para acoplar
con mansedumbre
en el rompecabezas
de semejanzas
confusas
... lenguaje.

Canet
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Interrogantes (2)

Algunas veces me asalta la duda.
Mis inseguridades suelen ser genéricas.
Me pregunto por todo cuánto me rodea, sobre quienes me siguen o quienes me conducen en mis andares
y razonablemente, egocéntrico al fin y al cabo, sobre mí,
sobre Canet.

Cada cual es el escritor de su propia novela.
Me acuerdo de aquel solitario niño que fui, traspasando el espejo del personal y fantástico mundo.
Sí, alguien me dijo una vez o lo leí en alguna parte, que las fantasías eran las armas contra el tedio,
yo he debido de aburrirme mucho a lo largo de mi vida ,
tanto que me he transformado en un travesti de realidades subsistiendo a cada lado de la divisoria.

Creo que fue Cioran quien dijo :En un planeta sin tristeza los pájaros se pondrían a ventosear.
Personalmente no puedo entender un mundo sin el gorjeo de las aves,
sin las gotas de un chubasco alumbrando efervescentes el gris del suelo en los atardeceres de primavera.

Hay tantos relatos como puños que las escriben.

Yo Canet, desde mi trozo de mundo,
sentado sobre una nube,
me veo en la obligación de narrar o escribir cómo percibo el mundo tanto como revelar lo que ven los demás.

Canet
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En ocasiones...

En ocasiones echo a volar mis líneas por escribir
y el cierzo de Madriz me arroja vocales en otro idioma,
eslóganes incoherentes y delirios sensatos.

Entonces intuyo que algunos silencios destruyeron mucho más
que algunos intensos aullidos, más habituados al bullicioso caos.
Se asoman ciertas consumaciones poéticas para el atardecer,
millares de palabras se presentan para subvencionar mis ideas,
los domingos hacen zafarrancho y restablecen la armonía en el hogar.
Los domingos.

Y si alcanzara a escuchar lo fundamental del lenguaje,
tal vez regresaría al inicio,
pero ¿a cuál de ellos?,
acaso a aquella raíz de evasivas con la que poder navegar entre el miedo y salir indemne,
quizá inmolando el susurro anquilosado que produce palabras en esta cabeza mía.

Así es.
En ocasiones, salgo a volar y me despido a la francesa.
Los versos de finales de febrero son la resaca del otoño.

Canet
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Circo Circular

Entreabrió las manos y vio cómo se escurrían entre sus dedos los añicos de su compacta filosofía de vida.
Donde alguna vez pensó que estaban sus metas, podía ver ahora claramente cómo el camino en lugar de terminar, daba la vuelta y ,encerrado en el centro de su perfecto círculo de egoísmo, prejuicios y ansiedades, estaba él sólo chocando con sus elevados bordes.

Lo peor del caso fue la manera brusca en la que se dio cuenta de su estado ,fue como despertar de un mal sueño de golpe, o quizás al contrario, fue como entrar en una pesadilla en la que verse fuera de todo control, en la que volver a aprender a andar sobre un suelo inestable, en la que sentirse pequeño frente a los demás y a su actual situación.
Acababa de descubrir un nuevo mundo fuera de aquel para el que se había preparado durante tantos años, y su sensación de frustración era grandísima , si alguien se lo hubiera dicho antes, quizás hubiera sido capaz de preparar las armas adecuadas para defenderse o quizás simplemente hubiese pasado desapercibido.
Pero no era así: ahora debía cargar sobre su espalda aquel pesado, enorme y compacto círculo de cultura, moralidad y falsas creencias, aparentemente bien encajado, pero inútil.

Se detuvo para observar a su alrededor, su perplejidad crecía por momentos y le hacía oscilar entre la desesperación y la desolación .
A su alrededor cientos de miles de individuos danzaban llevando sobre sus espaldas sus compactos círculos. Algunos de ellos eran gigantescos, otros más pequeños, pero a ninguno de los integrantes de la rítmica procesión parecía molestarle en exceso. Formaban a su vez un círculo perfecto y se movían sincronizadamente, con sus ojos cerrados y su expresión más o menos sonriente.

Muy de vez en cuando, alguno de ellos se salía de la perfecta hilera, y era entonces cuando tomaba protagonismo una nueva y poderosa figura que de nuevo le convencía para que volviese a poner sobre sus espaldas el pesado círculo y continuase el baile con el resto.

Lo más sorprendente sin embargo fue mirar hacia arriba y descubrir por encima de los anteriores otro tipo de individuos. Era un grupo escaso, brillante, no cargaban nada, no danzaban sincronizadamente, no había nadie que les indicase cual debía ser su posición, se mezclaban unos con otros, sin temores, sin prejuicios, sin ataduras, sin sufrimiento y eran la viva imagen de la felicidad.

Fue entonces cuando él se preguntó, cómo podría hacer para deshacerse de su tedioso círculo y unirse a ellos. Sus brazos estirados apenas podían alcanzar el ajustado nudo que comenzaba a asfixiarlo, algo que antes nunca había percibido.

Se dio cuenta de que no iba a ser fácil, puede que hasta imposible. Se aferró a su áspera circunferencia y comenzó a llorar intensamente ,luego entreabrió las manos y vio como se escurrían entre sus dedos los añicos de su compacta filosofía de vida.
Donde alguna vez pensó que estaban sus metas, podía ver ahora claramente como el camino en lugar de terminar, daba la vuelta.


Canet
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Aquí

Disculpen, me equivoqué de lugar.
Estaba buscando la apacible delicadeza de los prerrafaelitas.
No me apetecería que la sensibilidad me hiciera una jugarreta.
Ni siquiera he evocado desde hace días los acuosos paseos por el Sena.
Tampoco he bebido ni una gota de los venenos ingeniosos
y demoledores de los poetas tildados como malditos.
Tan sólo quería demorarme en una piel áurea.
Quizá Gauguin o tal vez Degas.
Un perfume intemporal, los afables nenúfares esparcidos por el veterano Monet sobre las estáticas aguas.
"Non, je ne suis pas un grand peintre, grand poète ".

La verdad, no sé cómo he podido llegar hasta aquí.
De veras, créeme.
No obstante, aquí me encuentro.
Y tú conmigo.

Canet
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Veneración

Odio no verme reflejado sobre tu vientre perfecto,
pero idolatro la marca erótica cuando me muerdes
que es vestigio de tarea improvisada
en tu húmeda mirada,
en tu forma de acorralarme y ganarme,
detesto saber que existes y no verte,
sométeme,
despedázame,
engúlleme,
te siento arañar
y sobrevuelas sobre la tormenta
-sobre mí-
reuniendo diluvios
en el borde borroso del alba,
venero tu perfecta geografía,
divinidad o quimera
tus uñas sobre mi carne,
la miel que destilas
sin conocimiento
que me aturde
y me mata.

Canet
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Baudelaire

"La más hermosa de las jugadas del Diablo es persuadirte de que no existe"”, dice Charles Baudelaire.

¿Quién no ha quedado fascinado en alguna ocasión por las reproducciones del jefe de los condenados poetas?
La existencia sería mucho más aburrida sin la sensualidad y sin la lujuria de sus poemas, escritos sobre la delicada piel de sus amores.
Que no nos falten jamás el aroma, los inciensos, el morapio, las invocaciones de Lucifer, el arrepentimiento, las musas infieles, los gatos de pálidas pupilas, la absenta, los reptiles, la oscuridad, las amarguras de la luna.
Charles Baudelaire reclama la lascivia indispensable, la honorabilidad de un cuerpo que se sabe castigado sin garantías judiciales, sin licencias, sin indultos, sin deidades.
Nada es inmortal, pero sus flores se conservan.

Canet
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Un nuevo día

Las mariposas adulteradas,
aquellas que se disfrazan,
solo buscan jardines distintos.

Las nubes grises marchan ante el confín oscilante que ensombrece la tarde.
Ha dejado de llover.
Y allá, a cierta altura brilla un anaranjado sol,
deshilachado, trazando el poco firmamento esférico que se alza desde aquí.

Todo permuta y nada se escucha.
O tal vez únicamente sea el taconear alejado de aquellas furcias disfrazadas de mariposas,
o quizá sea el crepitar de los árboles en invierno.
Cuando den las siete abandonaré esta parte del mundo a merced del crepúsculo,
como antes de ayer, como ayer, como siempre.
Y dejaré de escribir poesías para vivirlas en la cocina,
a la luz de una vela y con una buena copa de vino,
recordando algunos personajes con capa y poco prestigio.
Me iré a la cama con ellos, y los mayordomos de la noche
cubrirán nuestra piel con el alfabeto nórdico.
Y en la fábula, dejaré de ser juglar.
Un lobo desdentado aullará conmigo
frente al embustero espejo,
mientras los cuervos aletearán confundiendo
sus alas con el manto nocturno.

Y del sueño, la madrugada me retornará.
Entreabriré los pesados parpados,
y una melodía escribirá las páginas de un nuevo día.


Canet
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A ningún lugar / Y poco más...

Un silencio avinagrado,
esquivo en esencia
e impulsivo en espacios desanima la tarde.
La tarde que se despista,
que se esfuma entre las enflaquecidas manos del tiempo.
Una incongruencia de silencio ,
de lejana mirada,
aprisionando intervalos,
lapsos e instantes.
Y al tiempo sólo se lamentan los tañidos silenciosos.
Campanas declarantes de la urgencia por llegar...
a ningún lugar.

-

Cuando nací
determiné no saber conducir.
Andar o pedalear es observar.
Si me hace falta una camiseta
me compro un lienzo
o un libro de segunda lectura.
Me alimento mesuradamente de la madre tierra.
Me gusta quedarme con una mística
noción de apetito.
Venero la sangre de Cristo.
Me gusta tener sed y atiborrarme con agua.
Disfruto con algunos dulces.
Si tengo cincuenta céntimos compro pan.
Si tengo cinco euros compro espárragos y setas para cenar.
Si tengo 30 euros, intento derrocharlos ipso facto.
Pocas horas son las que duermo.
Yo diría que con los ojos abiertos y con los pies mirando al techo,
pero desde siempre un cuervo me escolta.
Continuamente tengo una canción en la cabeza,
quizá se deba a la cadencia interna.
Amo con vehemencia.
Subsisto con la labor de esperar una
línea para escribir.
Y poco más que no sepáis...


Canet
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4comentarios 133 lecturas versolibre karma: 77

Sin título 91

Es posible que parezca que se marcha
pero indudablemente se queda.
Parece que se ausenta y jamás se ha largado.
Globo que se libera de la mano torpe
y se eleva donde ya se advierte imposible.
Charco que la noche azulada resplandece y arrincona.
Gorrión que durante un momento invade la ciudad con su gorjeo
y después enmudece.
Se podría decir que el escribir se desvanece en el aire,
se diluye con el tiempo,
se eleva,
se marchita o guarda silencio.
Pero aquel globo en algún momento
pierde altitud y retorna,
la noche recupera la memoria del charco
y el canto alado se restablece.
La poesía siempre está ahí.

Canet
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8comentarios 125 lecturas versolibre karma: 91

Una mujer (de café)

Una flauta
calentando la tarde.
Una mujer de café
acaricia sus clavijas
mientras el vaho de su inspiración cobrizo
baila una cumbia agarrado con las notas.
-hace calor en el aposento de su boca-

Y la mujer,
que anhela ser brote
desliza pétalos por las paredes,
se torna con lentitud en aturquesada,
comenzando en su halo
de cielo y mar,
e ignorando cómo,
se transforma en una flor silvestre/exótica
que prende con su flauta el aire.

Ya la mujer
es niña en cada hoja
y yo pretendo ser brisa
en su ramaje.

Canet
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3comentarios 139 lecturas versolibre karma: 84

No sé cómo escribir esta poesía

No sé cómo demonios escribir esta poesía.
Bueno,
lo que pretendo escribir es que no sé escribirla.
Por mucho que persistas
en encontrarle algún significado
-o comprender lo que intento y no sé decir-
no encontrarás en ella
un mínimo sentido entre renglones,
ni un solo signo de lo que ocurre,
porque no sé cómo diantres escribir esta maldita poesía,
porque cada vez que pretendo
escribirla se hace latido
que fallece con la intención.

Canet
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5comentarios 122 lecturas versolibre karma: 86

Esperando

Cuando espero su aparición
por las mañanas,
pareciera que el mundo
pende de una brizna.
¿Qué mierdas son el respeto,
la locura, la independencia,
ante el dulce invitado de música iluminada?

E irrumpe una vez más,
me observa firmemente
y me quita la chaqueta.
Le pregunto:
-¿Fuiste tú quien dictó
a Baudelaire los versos del mal?-
Y me contesta:
- Eso dicen.

Canet
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3comentarios 147 lecturas versolibre karma: 74

Soy II

Soy
como los nubarrones que se hacinan
y envenenan su agua
porque para ellos
el aguacero es una festividad,
soy
como el pavimento que se raja
cuando está hastiado de la sequedad,
del trabajo monótono,
de la falta de lágrimas o de espuma,
soy
como los meses de un calendario,
estoy lleno de inicios y finales
de tormentas
de mañanas apáticas
de lecturas y de pedaleos,
soy
el aluvión y el agostamiento
y en ocasiones
en pocas ocasiones,
soy
un tipo confundido por la existencia
sin la obsesión de mirar atrás,
sin la preocupación por progresar,
doy diminutos pasos irregulares,
de esos meritorios
que aunque no me acerquen a sitio alguno
aun así me hacen volar.

Canet
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Sin título 67

Tengo treinta y siete otoños fríos.
Tal vez sea tan solo un obstáculo para el progreso.
Jamás hice nada que pueda interesar.
No cincelo, no esculpo,
jamás hice un cenicero de arcilla.
O una espada con dos palos.
Aunque a veces pinto.
Mis manos no dominan el barro
ni ningún otro elemento.
No sé sanar aparatos eléctricos
ni entiendo el lenguaje de los grifos.
Ni siquiera sé que hacer con aguja e hilo.
Hace tiempo gané un concurso de relato corto,
aunque siento que no es suficiente.
Soy incapaz de matar a una hormiga.
Me emociono cuando coloreo un pájaro fuera de la jaula.
No sé nada de prestidigitación
tampoco de brebajes capaces de curar.
Desconozco la vida campestre.
De la humanidad, mejor no diré nada:
no hay nada más inservible en este mundo.
De modo que lo único que poseo
es mi constancia para mezclar
una palabra con otra.
Con ellas moldeo versos
que a su vez forman intentos de poesía
y que a veces se convierten en relatos,
pero es un trabajo que todos
-o casi todos- son capaces de realizar,
y quizá mucho mejor que yo.
-¿pero acaso importa?

De modo que continuo...
Tengo treinta y siete otoños
y tal vez sea un inconveniente para el progreso.

Canet 2014
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Pósits en los libros (Notas 3)

1.
Ayer, como hoy,
he levantado los párpados con tu seudónimo en mis labios,
he sonreído al proyectarte tratando de revelar tu voz,
tu dicción, tu sonrisa y al evocarlo
he comprendido que vivo una gran ventura.
¡Te Quiero!

2.
Hacedme caso, no puedo relataros nada sugerente sobre mi persona.
A veces parezco un bandido forzado a ocultarse ,
un Raskólnikov que se asusta al ser reconocido por unas pruebas incuestionables
o un truhán que vive con diferentes pseudónimos.
Si hay algo atrayente en mi es que intento por todos los medios no ser atrayente.

3.
Llueve afablemente , llueve sin ganas pero con inagotable resignación.


4.
Un café con leche y un par de tostadas
cuarenta y siete plantas, doscientos treinta y seis metros,
diez horas trabajadas, diecisiete
correos electrónicos, diez líneas escritas,
un almacén saturado, cinco irritantes visitas,
cuatro proyectos, cero promesas sin cumplir,
veintiocho manos, catorce teclados
sesenta llamadas, cuatro torres,
siete nubes tormentosas, dos mandarinas,
dos mil coches, nueve embotellamientos,
quince cafeterías, tres estancos
setecientos metros, treinta y dos semáforos
ocho llaves, cincuenta trajeados, cien tacones,
un centenar de lágrimas,
quinientas memorias ,dos melancólicos poemas y
un vacío incontable...

Canet
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Luna

Cuando salgo de casa a última hora de la madrugada,
la luna continúa resbalando y canturrea por las cornisas.
Humedece los edificios y se expande por las calles de Madriz
como una delgada lámina de plata.
Te he visto en muchas ocasiones cuajar los aires de onírica certidumbre,
de juiciosa ligereza.
Luna de la infancia,
luna sin titubeo.
Luna del hombre completo,
luna de sueño apacible.
Luna de los cuadros y los libros.
Luna distante, tan desabrigada y tan sola.
Luna que rompes las ventanas
y continúas destacando sobre la calmosa laguna de la muerte.
Buceadora de la noche, violinista de las pestañas,
anzuelo en el cabello.
Salgo de casa y te pones sobre mí empujándome hacia el día,
con la manivela de la tierra, influyendo el oleaje.
Luna lechosa que otorgas guardando silencio,
faro del asfalto, santificación del ladrillo y de los escaparates,
acláranos los huesos,
tú que deslumbras sobre todos nosotros.

Canet
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4comentarios 133 lecturas versolibre karma: 76

El punto final

Su moneda de cambio eran sus poesías y ella le entregaba, a cambio, gozo carnal. Con aquella disposición creaban un terreno que únicamente ellos habitaban. Lo mantenían en completo secreto. Algunas veces espontáneamente. Solo existía entre ellos una especie de intercambio. La forma de trueque menos material que se pueda pensar. Ni siquiera podría calificarse de intercambio, aunque de alguna manera fuera un negocio. Y ese mismo pacto les otorgaba una transformación invisible a los ojos del mundo. Les amparaba. De los sitios oscuros conseguían luz. Del encuentro imprevisto hacían infinitud. Al comienzo se sentían empujados por la idea de un mero yo te entrego, tú me entregas.
Hasta saber de él ella solo había conocido la típica forma de conseguir dinero de un hombre. No las formas más pérfidas: conocía de las extorsiones que abundaban sobre el sagrado matrimonio. Su profesión, al menos, dejaba las cosas bien claras desde el inicio.
Ahora se sentía fraccionada. No porque no consiguiera el precio acostumbrado, que cada día le atraía menos. Sino porque no sentía que el hombre le estuviera recompensando sus esfuerzos al recitarle sus versos. A su lado no se sentía mercadería. En aquella oscilación de licencias, ¿qué tenía más importancia? ¿La poesía embelesadora que ofrecía él o las delicadas artes amatorias que ella ejercía sobre el cuerpo del poeta?
Tampoco el rapsoda advertía en la conducta de la mujer una complacencia forzosa. Los dos se daban cuenta y lo hablaban.

-Esto nuestro es algo insólito, porque no se le puede llamar amor, ¿no?,- decía ella.
Realmente no dudaba, sino que creaba deducciones incompletas que le permitieran seguir averiguando, confundida como se sentía con aquel vínculo extraño, pero enormemente placentero.

-Quizá no sea amor, aunque tal vez sea el camino,- respondía el poeta con sarcasmo.
-Enséñame a narrar- le pedía ella mientras mordía el pecho de su amado.
-Enséñame tú a seducir,- contestaba él.

Y el hombre continuaba recitándole versos de amores aparentemente dichosos y evidentemente desgraciados, de tipos con hambre que no querían seguir viviendo, de narcisistas que escapaban para poder quererse mejor, de mujeres huecas que solo miraban los satélites de su ombligo, de trabajadores honestos que se sublevaban cansados de sus tormentos.

-Relátamelo nuevamente,-
le requería ella haciéndole saber que disfrutaba. Y él retomaba los versos, añadiendo cambios, alterando tonalidades y en ocasiones implantando distintos finales, dramáticos, misteriosos. Sin pedir por ello nada a cambio.

Una tarde él describió a la mujer un relato parecido a la historia que estaban viviendo. Ella se vio reflejada en el guión, se vio con precisión dentro de la historia, confirmo el camino recorrido en su vida desde que se encontrara con aquel poeta. De pronto detuvo su narración.

-No continúes con el relato. Solo quiero que me cuentes el final-

Él guardo silencio por un instante, puso las manos sobre la cara de ella y cerró sus ojos. La fue emocionando pausadamente. Ella resbalo bajo los arrumacos de él. Y sólo consiguió decir:

-Has aprendido correctamente. Lo mejor es el punto final.

Canet
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Insignificante

"Cuando uno deja de crecer empieza a morir."
William Burroughs.

Podéis advertir que no me apetece nada.
Cuando escribes te das cuenta de
que existen todos los deterioros
y ocurren las cosas mundanas,
como la vida y la muerte,
y miro los pinos detrás del supermercado
y me entristezco pensando en la cama fría de los solitarios,
y me subo a la bicicleta,
y mientras voy silbando una melodía espantosa y pegadiza,
me asalta la evidencia
de que hay humanos insensibilizados
y me entristezco de nuevo frente al semáforo,
que pestañea.

Podéis advertir que no, que no me apetece nada,
se advierte que me envenena el olor a óleo de esta estancia,
las frases a medias en la libreta,
se advierte que le añado más sal a los espárragos,
y condimentos a los garbanzos
porque la comida no sabe como antes.
Se me nota demasiado,
que al igual que vosotros me encuentro de paso,
"siempre le miro la nariz cuando la estoy besando"

La completa nada es una oficina, encumbrada hacia las nubes,
de luz postiza y corbatas de color.
Somos nimios, sobre todo yo,
que no sabe medrar ni quiere.

Canet
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La palpitación

"La melancolía es la felicidad de estar triste."
Victor Hugo

La palpitación que existe
entre decir te amo o te detesto.
Los vínculos ocultos que nos atan
a una estructura de indiferencia, a unos muslos,
al nombre que se graba en una tumba.
Se acumulan recibos, croquis deteriorados
de un Madriz despedazado,
amuletos de escaparate que nos observan
con la mansa amargura de saberse humo.

La palpitación que existe
entre el que vuela y el que se arrastra,
la vida que explota en las burbujas
del café de las siete.
El sistema en que los destellos dibujan sombras,
estallidos silenciosos,
la ortografía disparatada de todos estos otoños.

Es atrayente saber que de nada servirá,
aunque tenemos la melancolía y
su insólita naturaleza,
este modo estúpido de adorar al mundo,
todo lo que conoces inútil
y que no querrás olvidar
y olvidarás.

La melancolía que todo amor necesita
para ser auténtico y efímero.

Canet
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4comentarios 173 lecturas versolibre karma: 78

Tardes

Me quedaba las tardes completas frente a un libro de hojas pretéritas,
aguardando a que naciesen las imágenes.
Pasaba la página atento y acariciaba su piel amarilla que después devoraba.
Cada grafema era una puerta para penetrar en aquellos escritores muertos.
Y disfrutaba al ritmo pausado de un viajero tradicional.
Esas tardes completas encerraban palabras,
voces que ascendieron por la savia de mi carne.
Los niños de la calle crecieron encontrando riesgos y hazañas.
Para mí,
crecer fue advertir el paso del tiempo al oír las voces de los muertos que leía.

Canet
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3comentarios 118 lecturas versolibre karma: 89

Y ocurre que es de noche

Y ocurre que es noche
de astros encelados
que en fluidos metálicos
se desnuda, ocurre
que en esta noche lacia,
se ovillan las hebras
arácnidas y caemos
reclusos como moscas.

Rutilante mordisquear
el de las estrellas alterando el firmamento
en un perseverante parpadeo
de eternas pestañas.

Temblor de la estrella
que consigue guiñar el ojo a la luna.

La puericia es un presente
evaporado en pasado,
confundimos el cierzo
por brisa, al balancear
en coreografía las hojas.

Utilizamos el vientre como
cobertizo,
y como colofón
la muerte,
y cuando se presenta
suponemos más.
Solamente es un instante
una línea imperceptible
que traspasamos cual equilibristas.

Canet
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Entre mis labios

Agarras mis manos como una muchacha ansiosa
cuando el atardecer se tiñe con crespones púrpuras.
Huérfana de etiquetas, pretensiones, oscuridad,
buscas mis señales en los corredores del deseo.

Acaricias mi boca como niña experimentada
que conserva su dosis exacta de poesía y cordura,
de océanos violetas,
de alimentos afrutados que no pertenecen a este mundo.

Tatúas mi piel como una muchacha aplicada
en el contraste luminoso de la cocina,
esparces vino, canela, oleos
sobre elevados muros eróticos.

Me acaricias sin misericordia, me besas, me hieres,
ocaso de dulce dolor,
dejas estigmas en mi espalda
niña virgen o vampiro angelical.

Te rindes a mi apetito, señora o muchacha,
te diluyes,
flor de exquisito cianuro,
entre mis labios de zahorí seco,
a fuego, a hierro, carnalmente.

Después yaces, mi muchacha,
extenuada y frágil en mi pecho,
mientras lunas pasadas de leche
cuidan las flores estáticas de tu pecho.


Canet
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Sin título 2

Hace tiempo que dejé de contar
los pasos ajenos
y las enmudecidas líneas de las baldosas que pisaba.
Una mañana entré en una cafetería,
no más charlatana que el abajo firmante,
cuyo propietario conocía desde hacía meses
y con el que intercambiaba dudas.
Aquel día en el que estaba allí
escribiendo en las servilletas de siempre
bebiendo pausadamente mi sombra
de una copa de vino,
se sentó a mi lado y me preguntó
que por qué era así, tan soporífero,
tan mustio e insociable, tan misterioso.
Y yo le contesté, por contarle algo,
que la causa de todo era un enigma
que jamás había querido revelar.
Fue tanto lo que me insistió que, bajo
juramento de silencio y lealtad,
le declaré ruborizándome: soy virgen.
Diversos pájaros de carcajadas
volaron con alas estrepitosas,
pero al fin se sosegó y volvió a garantizarme
guardar perpetuamente aquella confidencia.
Pasados unos días, regrese a la cafetería
y observe que la clientela que allí se reunía me miraba
y afloraban sonrisas burlonas.
Entendí que había sido delatado
y desde entonces dejó de existir
la amistad, la franqueza y otros embustes.
Jamás volví por aquella cafetería
y su propietario nunca llegó a sospechar
que mi secreto continuaba bien guardado.
De ningún modo llegó a saber que soy poeta
y que los poetas siempre seremos
buenos cuentistas.

Canet
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Tumbados

Tumbados una noche más
bajo tu techo,
hasta nosotros llega la reverberación
de la existencia de otros:
aullidos impetuosos
(de rabia o de vino),
astillas inconexas
de deportes, telebasura,
noticiarios económicos y series de humor.
Se extinguen en la lejanía
las luces del nuevo verano
y la brisa de noche embrionaria
huele a inciensos y a ensueños.

Tumbados una noche más
bajo tus pechos,
en la paz cómplice
de este amor que es puro
tú, con tus gafas violáceas,
leyendo a los rusos de otrora,
y yo observándote como a una pintura
de damisela renacentista.

Aúllan los perros a la luna,
enfurecidos por los parásitos.
Y los grillos chirrían sus estrépitos
a las luciérnagas de neón.

Y yo soy tu eclipse en esta noche de junio,
una existencia que vela al acecho de la adversidad.

Tumbados una noche más
bajo el humo
tú y yo y la oscuridad
hablamos el lenguaje de signos
que acaricia tus ojos
en los míos.

Ya no somos dos, somos uno.
Ahora sabemos que el amor es sosiego.

¡qué pesar tan delicioso no tener que gritarlo,
porque tus ojos entienden lo que mi boca enmudece!

El viento agita al verano,
Tumbados una noche más
bajo la noche
amándonos en silencio.

Canet 2012
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Lo sé

Sobradamente lo sé,
sé que tarde o temprano moriremos,
que somos provisionales,
que perpetuo o imperecedero,
es solo la poesía
y este momento en el que te menciono.

Conozco lo de los dolores,
y la angustia de que ya nadie te ayude,
que el mundo te tilde de loco y consideren
que no les queda confianza para concederte.

Sé también que del colegio tan solo tendremos
mapas y sumas de papel,
y la voz que se ahoga por las noches
en cuadernos de cuadricula e infelicidad.

Sobradamente sé que moriremos
aunque solo la muerte ajena
sea quien la traiga
a nuestra memoria.

Canet
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No quiero...

No quiero pasear solo por los fríos pasillos del d'Orsay
mientras en La Cama de Lautrec se mira una pareja.
Me niego.
No quiero beber esa pócima pestilente que promete el espanto de la inmortalidad.
He conocido a Oscar Wilde y antes a Gustave Flaubert,
a tantos otros que no puedo acordarme sin hacerme daño.
He conocido otros otoños primaverales en los que un tren se presentaba
en su estación cubierto en vapor y los hombres besaban a sus mujeres empañados en lágrimas.
Entiéndelo, amor: no quiero caminar solo por el mundo mientras vagas por calles desconocidas.
Eso acabaría conmigo, aunque no moriría del todo.

¿Puedes imaginarlo?
Por eso quiero anunciar que desde hoy
no quiero pasear solo por el venenoso mundo sin ti.
Jamás.

Canet
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Gracias amigo

Te leo cada mañana y nace la ansiedad en mi.
Es por esto que te idolatro poeta,
quiero ver lo que haces aquí o allá, o en los lugares donde reposas...

De mirada tranquila y a la vez condenada ,
me recuerdas a aquellos escritores inmortales.
Y tiendo a identificar tus caracteres como semejantes, aún sin conocerte del todo.
Puedo ver como te paseas por las calles iluminadas del DF,
puedo escuchar tu aullido y soñar con las alondras de un camposanto perdido donde van a hacer visitas los muertos,
simplemente puedo porque tú lo evocas.
Entonces te llevo conmigo a ratos,
con la pasión imperturbable que me otorga el desconocimiento, te analizo y así me paseo...
y tengo un motivo para contemplar el mundo como algo distinto.

Te doy las gracias porque esto es más que amistad,
porque no tenemos los vínculos comunes y sin embargo no tengo necesidad de echarte de menos,
porque de algún modo siempre estás ahí.

Eres un aliento continuo y una conexión con la poesía de verdad.
-Gracias -oigo que me dices, desde la lejanía y sonríes un poco, sembrando otra parcela de enigma que hace que te siga admirando,
sin prisa y de forma sincera.


Gracias por estar aquí
Y ser mi amigo.

Canet

A mi amigo y gran poeta Miguel Adame.
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Sin título 35

Se cambió de nombre.
Resumió sus faldas, se moldeo el cabello,
se compró todos los brasieres que vio mullidos y bordados,
se puso lentes de contacto y escalo a unas botas de tacón alto.
Tras pasear con tímidos pasos por el salón de su casa,
ensayando el contoneo como si fuera una tigresa,
resolvió que estaba lista para la tarea.
Abrió su bolso, dio un par de sorbos a su pequeña botella de ron
y salió a la calle.
Se arrimó a una esquina.
El astro rey se ocultaba cuando Jennifer ,
antes Julieta María,
empezaba su primer día de trabajo.

Canet
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Me inclino

Me inclino por la literatura de verdad.
Me inclino por los pájaros sin jaulas.
Me inclino por el Sena.
Me gusta más Mann que Nietzsche.
Me inclino por que me agrade la muchedumbre
y no querer a la sociedad.
Me gusta tener a mano lápiz y papel.
Me inclino por no confirmar nada
que los razonamientos son los causantes de casi todo.
Me gustan las singularidades.
Me inclino por no llegar tarde.
Me gusta hablar con los galenos de religión.
Me inclino por los clásicos.
Me inclino por hacer el ridículo al escribir poesía,
aunque más absurdo sería no plasmarla.
Me gustan los aniversarios inexactos
que se festejan a diario.
Me inclino por los predicadores
que no me adoctrinan en nada.
Me inclino por la sensibilidad taimada
y no por la ternura candorosa.
Me gusta un mundo desnudo de banderas.
Me inclino por las patrias ocupadas y no por los colonizadores.
Me gusta tener limitaciones.
Me inclino por las tinieblas caóticas y no por la oscuridad del orden.
Me inclino por los relatos de Perrault
y no por las lecturas que todos compran.
Me gustan más las plantas sin flores que las flores sin pétalos.
Me gustan las pestañas cortas porque yo las tengo largas.
Me inclino por las cajas de zapatos vacías.
Me gustan muchas cosas que aquí no refiero.
Me inclino por el otoño y no por la primavera.
Me gusta ignorar
cuándo y cuánto me queda.
Incluso me gusta tomar en cuenta la probabilidad
de que el ser humano no es despreciable.

Canet
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13comentarios 272 lecturas versolibre karma: 89

La existencia

La existencia se me contrae por momentos,
se me agotan los cigarros
y olvido, sin pretenderlo,
otro instante más de sueños
en la letra diminuta de una libreta.
Como lo justo y salutífero,
reflexiono, devoro viejas películas
y, como toda criatura,
en la cabeza tengo nocivas meditaciones:
ese latoso lastre que heredamos
de los delitos cristianos
y los trastornos de Freud.

La existencia me atraviesa,
salta de un lado a otro
y se olvida de mí.
Crepitan mis cervicales
con un crujido pausado
y me zarandea el vértigo sentado en el sillón
mientras contemplo
el telediario:
hambre, enfrentamientos, enfermedades, penurias,
en regiones remotas.

Canet
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Necesitando silencio

Un estruendo,
dentro...
Evidentemente que os comprendo: los ostias, la esterilidad,
los salivazos, las puñaladas por la espalda.
...nuestros antepasados hacían lo mismo.
Y jamás fallaban.

Pero yo, un intento de poeta,
manifiesto que la vida es maravillosa,
que la noche y tu piel son majestuosas,
la luz de los libros,
el cd de Bach, los pájaros del parque,
conducir la bicicleta, estar en pijama todo el domingo,
salvar al atún,
destruir las gasolineras,
y, para que figure…
bla bla bla, y con todas mis facultades,
creo que dios debería hallarse en algún lugar.

Se necesita el silencio.

Aunque el silencio está repleto de árboles que murmuran
acunados por el viento, arrullos al despuntar el día.
De veleros lejanos y onomatopeyas de ferrocarriles.
De nombres mitológicos, del goteo del paraguas,
de páginas que se pasan, de saltos sobre charcos,
de moscas, de perros,
de princesas apoyadas en el alfeizar,
de príncipes republicanos.
El silencio es un hundimiento de acuario,
un nubarrón que llora,
un pétalo que se desprende,
una brizna solitaria, una hilera de hormigas,
e incluso algunas veces, un Muisca
escuchando el estómago de la madre tierra.


Canet
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Pósits en los libros (Notas 2)

1.Jamás he sabido qué es lo que escribo.
Me intimida hasta sonrojarme llamar axioma a Lluvia húmeda.
También me humilla decirle poesías a mis poesías.
Jamás he sabido qué es lo que escribo.
De algo que pensé que era cuento-breve,
afirmaron que era poesía-extensa.
Y así gira la vida,
nunca del mismo modo para todos.


2.Una señora pasea, se detiene, parece que observa.
Sé bien que no puede verme, porque no me mira.
Me pregunto si hay algún incendio en alguna de las muchas ventanas.
Me pregunto si hay algún sensato en el tejado con los brazos en cruz a punto de saltar.
Dos gorriones saltan, se paran, parece que se entienden.
En seguida se desplazan con agilidad cerca de una mancha negra que hay en el pavimento.
Todos ahí, respetando las distancias.
Una señora, dos gorriones y esa torre negra, rajando el cielo por la mitad.



3.Se debe ser muy bizarro para acomodarse en este planeta de nadie y de todos,
que no entiende de fronteras, ni sabe de etnias, linajes, dogmas o banderas,
pero quien lo consigue, acaba siendo patriota en cualquier parte.
Y en ello estoy.
Más lejos del género humano que nunca. Más autónomo que nunca.
Y con la tranquilidad al saber que no formo parte de ninguna caterva.



4.Vuelvo de comprar quínoa y cebollas del mercadona.
Al pasar por el centro de salud noto que me dan un estirón del bolso.
Al girarme para impedir el robo, veo que es un cura muy menudo.
Me cuenta que ahora duerme en la segunda planta del centro
porque se ha dado cuenta que por la noche todas las camas están libres.
Le pregunto que qué desea, la quínoa o dinero.
Le doy tres euros con cincuenta y un buen puñado de pistachos. El cura se larga alegremente.
Un poco antes de que desaparezca, le grito: ¡Por los clavos de Cristo, tenga!
Cuando se gira, le doy un kleenex y un mondadientes.


5.Se hunde la luz sobre los edificios en esta mañana lechosa de mayo camino de la oficina.
La visión tal vez sea mía, no lo sé, pero la frase con que la entiendo y la vivo no,
la escuché y la estudié con Marai y Dostoievski.
Desconfío por completo que mi forma alocada de escribir coincida con sus deslumbrantes trabajos,
pero ese modo de hundirse la luz sobre las fachadas para restaurarlas en un obsequio recién descubierto es algo…
Lo que pretendo decir, es que ya es de mi propiedad porque me la dejaron junto a otros bienes.
Sin ellos, a la caminata de hoy le faltaría poesía y representación.


6.Después de una combativa contienda con diferentes pendencieros
donde me defiendo arrojándoles diferentes óleos y tinta del bolígrafo,
me escondo en una caja del tamaño de un ataúd.
Tiene una sola puerta que golpean sin cesar.
Haciendo un enorme sacrificio agarro con fuerza la puerta para que continúe sellada.
Pensando en quién se rendirá antes, ellos o mis manos.

Canet
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7comentarios 147 lecturas relato karma: 88

En la planta 47

Mi lugar en la planta 47 es un arenal colmado de nubosidades,
abandono aferrado en la cima de nieve que deja la calidez de mi piel.
Una intensa alteración anima de vez en cuando a los demonios
y peleo contra ellos como un barquito de papel rodeado de aguaceros residuales.

Los cuadros, las esculturas de deidades de gimnasio,
los ropajes de alto voltaje, las gafas sin cristales, el analfabetismo chorreando
por los tabiques , el vending infestado de Gregorios Samsa y los despachos individuales
me declaran escenas lascivas.

En ocasiones me abraso en las heridas con un cierzo asociado,
y se me sale el corazón
como una ciclogénesis fulminante que ensucia
las jornadas con su enjambre de tinieblas.

Mi lugar en la planta 47 es minúsculo pero abarrotado de una
profundísima tormenta de versos, armonía y silencio.
Cuando el firmamento desea entrar, le abro la puerta
y salpica con azul ultramarino los puñetazos de fuego
que se quedan boxeando en mi cuerpo.

Trabajo en un microclima árido,
pero los latidos saben sembrar
luceros en medio de la nada.

Canet
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Es París

Qué tendrá el pavimento cuando no deja llover
que murmura su nostalgia entre los peces del Sena
verdosos, añiles, metálicos (como la llave).
Al norte del firmamento no hay firmamento
porque todo es un yacimiento de nubes
desfiguradas.
Las niñas han alquilado bicicletas
para no salpicar su níveo mundo
con las pezuñas del asfalto.
En el metro dos vagabundos
discuten sobre Balzac y Dickens.
Los edificios no se remodelan
para demostrar a los esquizofrénicos
que no han perdido la cordura.
Cocinar, robar, silbar, explorar,
besarte.
Es todo tan insuperable, tan desvestido,
las fotos bailan,
es París,
es rotundamente martes,
tenemos muertos por doquier
bajo nuestros pies en Père-Lachaise y en Montmartre,
y tengo la impresión
de estar mucho más vivo
que nunca.

Canet
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8comentarios 77 lecturas versolibre karma: 85

La mala letra es mía

La mala letra es mía,
la mala ortografía también.
Como la novia en el día de nupcias,
como un juguete perdido en un rincón de la habitación.
Soy uno de los tres músicos de Picasso frente al espejo
con las manos escondidas en los bolsillos de la locura.
No el de en medio, soy el de la izquierda, el guapo:
El que toca la flauta con los ojos abiertos.
La mala letra es mía, el mal acentuado también.
Salgo en la etiqueta de las botellas de vino,
aunque procuro pasar desapercibido.
Ayudo, pero no me necesito.
Me calzo zapatillas de andar por casa
de felpa desnuda.
A mi mala letra le regalo: dos rumanas en el metro,
la puta antediluviana de la Ballesta,
la ciudad más sucia,
oficinistas manchados,
muchachas sonrientes que llevan bolsos mistificados.
La mala letra es mía,
la mala ortografía también.
Suelo escucharlas llorar por la noche,
pero ya no me levanto de la cama.
La mala letra es mía,
la mala ortografía también.

Canet
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8comentarios 270 lecturas versolibre karma: 94

Sacrificio

Las buenas intenciones no existen
para quien escribe
que padece entre versos,
lleva con él un navegante perdido
que traza
gaviotas heridas.

El poeta repta hacia lo insondable
porque la poesía no tiene callejones,
ni sentencias, ni tejados,
como la locura que no tiene puertos,
siempre extenuado,
nada sin destino.

Las poesías son calvarios
que se envuelven en nuestro pecho.
Cada instante vivido se estampa en palabras,
un animal nocturno que observa,
un puntal que se hunde en las entrañas.

Deambularé entre el verso,
tendré que encontrar la sensatez,
determinarme ante la nada.

La poesía,
un diminuto e íntimo sacrificio,
perfecto desafío lírico
que tras mucho tormento
parece no dejar indicios.

Canet
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Escribiendo

He empezado a escribir a las siete de la mañana:
he pasado una noche en la que no me fiaba de mí,
una noche más con cien versos rondando,
una noche más soñando con quien me acompaña
siempre
y en escribirle de una vez
la mejor poesía que se haya escrito;

escribir una noche exacta.

Definitivamente me siento extranjero en este mundo,
me gustaría pensar
que solo estoy de paso
pero la vida se obstina en esparcirse
a punta de impactos de mañanas peliagudas,
tardes exageradamente luminosas
y noches largas.

Quizá deba cerrar los ojos e intentar dormir,
soñar de una vez,
pero aquí estoy, café en mano y cigarro en labios
escribiendo sin saber muy bien qué,
roto,
melancólico,
con la espalda dolorida,
y el cuadro sin terminar.

Madriz y sus estaciones imprecisas,
una ciudad asfixiada.
Me estoy haciendo mayor,
y según se aproxima el peligro
medito en un futuro,
para reposar y divorciarme del dolor.

Ardua tarea la de seguir escribiendo,
como la de despertar cada jornada
salir al mundo
y no hallar quietud,
un aliento fresco,
empatía cercana,
un consuelo de palabras
que me ayuden a mojar
esta sequía del no ser
y poder esparcirme
hasta ser completa disolución.

Canet
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3comentarios 86 lecturas versolibre karma: 70

Desde las ventanas

Desde las ventanas,
sobre la atalaya oscura,
observo con el rostro pegado al frío cristal;
escondido tras las plantas de plástico,
espío la actividad de hombres enjutos.
Algunos tienen los pómulos apergaminados por el cierzo,
perfilados con atroces intrigas grises;
otros silban meciendo un abandono disimulado.
Son hombres flemáticos,
agriados por el orden establecido
y el hedor a muerte.

Canet
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3comentarios 56 lecturas versolibre karma: 59

A favor

A favor de la cicuta y del ciprés,
a favor del soñador y su ronquido

y de su naturaleza trivial,
en defensa de las selvas y su tradicional
condición, a favor de la piedra
que el frío entierra de verde musgo,
para que haya peces en los océanos,
aves en el firmamento, abetos
en los parques, destellos en la noche,
y los mal llamados humanos
abandonen la celeridad
que lleva a la nada y que no advierten,
víctimas de una evolución decretada,
para que todo tenga sentido
una vez alcanzada la confusión
que es absoluta,
y ensimismados en su avance
observemos sin pesar el paso del tiempo
y vivamos segundos,
medias horas,
días sin terminar,
resuellos de ser,
único patrimonio.

En defensa de la fatiga y de la quietud,
en defensa de los cursos naturales
y de la indisciplina ante los lapsos,
por la luminosidad y por las armonías,
por los sabores, la delicadeza, los perfumes,
por el recreo y los sueños, y los no amigos,
a favor de lo que se ha olvidado,
de la concordia auténtica, de la calma,
de los versos enjuagados
y del absoluto silencio.

Canet
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3comentarios 202 lecturas versolibre karma: 74

De Silvia

Camina Silvia por un mapa de realidad
grisáceo y azulado
donde el viento siempre
masajea su negra cabellera.

Tacto de brisa.

Hay frenazos de bicicletas,
enfermedades que se desmontan en el primer cuerpo,
alaridos de escalera con olor a refrito añejo,
besos en el estanco,
sexo en nueva york del descuidado.
Mirada de ventana.
Perfume de mundo que vuela de puntillas,
carburantes, tortilla congelada,
sangre en la carretera,
finales de fútbol.

Fragancia de nuestros sexos apresurados.
Y en los labios siempre el agua
de mi sed de zahorí,
cuello de tobogán,
su sexo imán para mi lengua,
piel toda.
Siempre ese aroma que germina
de los tuétanos sin previo aviso,
que no precisa de brisa
ni de límites.
Su voz,
la única superviviente de mis silencios.

De Silvia escapan los inviernos y las tempestades.
Y el resto
es un fundamento que rezuma
en nombre de la nada.

Canet
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7comentarios 140 lecturas versolibre karma: 75

Sin título 52

Que yerre el verdugo,
que se confundan los mezquinos de toda ralea:
usureros sin escrúpulos
-me sirve la redundancia-
los caballeros de los despachos elevados,
financieros,
los comerciantes de la plata,
los presentadores de los noticiarios que se benefician con el temor
de los abuelos,
que yerre el esbirro,
el hombre del tiempo,
el croupier,
el mar enojado,
los sicarios de los tipos de cartera voluminosa,
o en última instancia
que yerre Dios

pero nunca el amor
que el amor
jamás yerre.

Canet
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4comentarios 89 lecturas versolibre karma: 59

Sin título 55

Escribir lo que ocurre en un momento
sin que éste se congele.
Reconocer que las flores no se secan
y que la afilada lluvia no dimite,
que el astro rey será ocaso
y la luna aurora.

Porque de sobra sé,
que entre tus manos atesoras las palabras
que detallan mi cuerpo.
Y en tu boca,
reside la humedad de la mía.
Y en tu lengua,
guardas el lamer de mi aroma.

Sé,
que el abandono de recuerdos no es tu primer propósito.
Como sé, que aun habiendo fuertes tormentas
seguirás a mi lado…
aun encontrándome muerto.

En la noche,
cuando el fulgor y las tinieblas
pelean,
yo,
yazco en camposanto
y sueño contigo
aun encontrándome muerto.

Es una narcosis grisácea,
mustia
rebosante de nieblas y zarzas.
Pavesa en mis labios,
pupilas áridas,
mutismo en mi piel,
carne deshecha,
fermentado,
cenizas, difunto.
El sueño deshabitado
y escribir…
escribir hasta vivir.

Canet
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Para escapar

Para escapar del miedo me escondo
entre libros y películas. E investigo,
junto a Dupin, las huellas de la rue Morgue.
Asisto a estilosas veladas
con Dorian Gray en el plomizo Londres.

Balzac me lleva a Saumur
y lloro con Baudelaire entre las flores
de un jardín maligno y con Saramago
escucho las carcajadas del altísimo.
Después me desplazo
al quimérico apartamento de Polanski.

Y me pongo a pensar en ti. Te menciono,
mi única vida, mi más dulce verso,
mi blanca noche, el argumento de mis cosas,
mi itinerario y mi estío, mi bagaje,
el puro e íntegro pecado de mi carne.

Pienso en ti para escapar remotamente,
para huir de las tempestades, de esta piel
quebradiza y vencida.
Me abrigo
en los días en los que tu cuerpo
me transforma en el hombre
más venturoso de la historia.

Canet
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Donde cotiza la tristeza

Susurro lentamente algunas cosas
como hace un anciano a sus difuntos.
El sucio zumo de la lluvia me cubre,
me humedezco de esas calles propias,
soy los desperdicios del recuerdo,
las sobras de mi vida.
Vuelve a ser la tarde delicado cobijo donde refugiarme.
Hay algunas tinieblas que palpan mi espalda
mientras se va alejando la primavera murmurando represalia.
Oigo a la brisa golpear las hojas,
agotar los estandartes y silbar bajo las puertas,
agita los disfrazados árboles de flores y de aves
y esboza en el paseo de la castellana
un intervalo de ausencia,
un andar y regresar de versos sin sentido,
la dudosa cantidad anónima donde cotiza la tristeza.

Canet
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La riqueza de su reinado

Con una de sus piernas arruinada,
descendiendo de su nivel a cada zancada,
oscila entre los viajeros abstraídos.
Solemos verla con frecuencia en la misma estación.
Nunca tendrá causas que mostrar,
y sonríe con sinceridad.
Se le incendia en uno de los ojos un carbúnculo.
Mi mujer asegura que se trata de una mujer;
yo no estoy seguro del todo.

-¿No has visto nunca una Diosa antiestética?
¡Mi amor!-, Me sugiere;
y yo,
que he presentido próxima su figura,
registro en mis bolsillos en busca de alguna moneda.
Me pregunto cuántos habrá,
-de aquellos que le dan un puñado de céntimos-
los que comprenden la riqueza de su reinado.

¿Cómo diantres se puede caminar así,
entre el pellejo doloroso de la miseria y esa renquera descomunal,
con un movimiento tan estable de felicidad?

Llega silbando,
llega con la oscuridad sujeta a un alambre,
pasea a las ratas de la noche.
Es la esencia viva de la tarde que llega,
con la mano horizontal,
para presentársenos.

Canet
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Un mayo cualquiera

Hace un milenio - o en otra vida-
te rogué que me señalaras
cuál de todos esos astros
que estábamos pisando
eras tú
y me señalaste el más cercano.

No me sorprendió la proximidad,
me extrañó que aparecieras bajo mi paraguas
con una sonrisa y tu corazón galopante
ofreciéndomelo entre tus manos.

No pienses en mí
y no dejes de soñarme
escribiste sobre el diluvio,
más tarde
comenzó a soplar la brisa esperada
de un mayo cualquiera.

Canet
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Infancia

¿Y cómo fue tu infancia?
-me preguntan.
No existió la infancia,
sólo oscuras aves
y seres ávidos de carne,
largos domingos amarillentos,
compañeros con cuerpo de hojalata.
No hubo tal infancia,
tan sólo una larga demora.
Las hojas de los árboles
relucían de noche, como las navajas,
las tormentas mojaban el gaznate
de los sedientos.

Canet
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Desordenado

Me desordeno
en diminutos huesos
que el cierzo consume,
que el amor agrupa
y que el invierno vuelve a consumir.

Asciendo por un rascacielos
de eternos peldaños
-supongo que esto es ser poeta-, pienso
y continuo a través de la niebla y la pasión
cierro los ojos enarbolando abandonadas barbas,
esbozo una sonrisa
al llegar al final de la escalera
e incluso más allá de la metáfora.
Silvia resbalará por mis venas
y sabré que ya no necesitaré más.

Canet
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4comentarios 120 lecturas versolibre karma: 65

Palabras II

Creo en la ternura del espíritu,
en el rescate del perdido,
en la insurrección del corazón
y en la profesión de quien escribe.

Entiendo el lenguaje de las señales,
toda la pasión de Wilde,
sé de un candado en un puente que cruza el Sena
y la labor de abrazar con aullidos
todo lo que menciono.

Con la ilusión en la palabra
soy palabra ilusionante.
No me asustan los verbos que dicen algo,
tampoco los que silencian.
No me espanta la lágrima que se excede,
ni la que falta.

Romance con las palabras
que emergen en la espesura
de mi ombligo,
vísceras vegetales
y me imponen:
fatiga incesante
por el centelleo de percepciones
en la linde de las uñas,
mezcolanza de gorjeos
al rayar el día.

Poesías,
reparadoras de la oquedad de mi alma
que deambula,
en zapatillas y sobre dos ruedas.


Canet
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Me largo

Me largo hacia el lugar de las áridas
explanadas de mi corazón ,
donde hay un jardín con olor a lavanda
y silencios que se alzan como madreselva.

Allí residen mis arcángeles y los diablos
que caminan mis páramos
y,
escondido en el dorso de la luna,
un niño que conversa con los pájaros.

Estaré disfrazado de hombre invisible,
sin estructura o gravitación, como el azul celeste,
quimérico, cuan eje del confín,

entretejiendo posibles cuerdas
con esta fiel aversión y esta rutina
de no esperar nada de nadie.

Canet
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8comentarios 137 lecturas versolibre karma: 53

Habitar

Mis muebles, mis mausoleos,
mis extramuros,
ciudad empedrada y gris,
y yedras
donde la noche brilla en las ventanas.
A la orilla de tu nombre me inclino,
las pestañas húmedas de pensarte,
la piel pintada por los ramajes
Si hablamos de habitar
habito en ti.

Canet
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1comentarios 97 lecturas versolibre karma: 52

Sinfonía

El despuntar del día trenza sonidos con indiferencia.
Deja que los gorriones desadormezcan
la ciudad con su discordante canto y devastador piar.
Una festividad de luz que escolta la confusa creación de las imágenes,
el profundo desorden de lo palpable al que llamamos panorama para paliar sus efectos.
La orquesta desentonada de coches se incorpora,
con ruidos hoscos e intimidantes.
Le acompaña el abatido bostezo de los madrugadores,
el silbido electrónico de lo tecnológico, el sigiloso pedalear de los ciclistas.
Un orfeón de alumnos apasionados.
Y repentinamente,
cuando la batuta de vocablos choca contra el atril,
el poeta logra armonizarlo todo y convertirlo en sinfonía.

Canet
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Me gustaría tanto estar ahí

Me gustaría tanto estar ahí
cuando es marzo y jueves,
y ha dejado de llover;

cuando en las tardes
hablas con las nubes
para narrarles desvelos y sonrisas,
que abres las alboradas
en esas madrugadas que nacen oscuras;

cuando la delicada luz de la lámpara
difumina tu sombra en las esquinas
y la noche asomada a la ventana
cuida tu rastro;

cuando Río
te colma de dicha e inquietud
esa repentina forma de ventura;

Me gustaría estar ahí cuando estás fatigada,
cuando me amas tanto,
cuando no me quieres,
y entretejes mi nombre entre tus labios.

Me gustaría tanto estar ahí.

Canet
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Sin título 80-66

80.

No subestimes jamás
el poderío de una cerilla,
el aleteo de unos párpados
ni el temblor de una hoja :
en las cosas diminutas
encontrarás la causa del incendio.


66.

La existencia es una camisa hecha a medida,
un envoltorio donde cabe todo,
un perverso antifaz,
un absurdo.

Es una fastidiosa tela que a veces estorba,
un talismán inservible,
una pata rota a la que estás amarrado,
una veloz gacela que se fuga.
Es una angosta calle,
una pendiente por la que tarde o temprano caeremos.
Un pretexto para enamorarse, un afán de ser querido.
Algo extraño en lo que nadie repara,
algo de lo que nadie se responsabiliza.
Un resbaladizo animal moribundo,
un halago, un obsequio, un cuadro inconcluso.
Un tren en movimiento,
una calumnia,
un apetito carnal, un frágil cristal,
un destino encontrado en el cubo de basura.
Una señal del tiempo sin señales,
un giro milagroso, repentino,
un poco de todo que,
sin embargo,
se nos esfuma de las manos
dirección hacia la nada.

Canet
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Demando:

Demando:
cuidados constantes, caricias, humildad, fervor,
anticipación a mis antojos, beneplácito y complicidad,
exclusividad, lealtad, promesas de infinitud,
arrepentimiento en caso de ofensa, sedosidad y fortaleza,
hacer el amor con frecuencia o tener lagunas sexuales sin incriminaciones de frialdad,
tolerancia en los periodos melancólicos, un dulce tono de voz,
miradas implorantes y conmovedoras, silencios, inmovilidad para dormir,
fascinación, puntualidad, elogios sin adular, estoicismo,
talento para eludir el enfrentamiento y para pedir disculpas,
amor desorbitado y absoluto,
detalles, una franqueza sin parcialidades,
interés por los motivos domésticos, buen gusto para el cine y la literatura,
salud, perspicacia,
sencillez y disponibilidad para peregrinar.

Ser mi compañera es un auto de fe y una enorme responsabilidad.
Por lo que respecta a mí, no soy nada codicioso
y estoy presto a entregar como retribución lo mismo que demando.


A S.R.L
Canet
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Lugares

Terrazas, plazas, esquinas, parques.
Lugares.
Infinitos empequeñecidos.
La silla frente al caballete.
La estantería de Saramago y Marai.
Los cines cerrados.
Cada lugar con su recuerdo,
la narración de una anécdota,
el relato de un beso, de una caricia.
Los sitios sencillos y modestos, casi sin historia, sin fama.
Son los que se prefieren para estar, para hablar, para enamorarse.
Se empapan de una leyenda,
una mención y brindan su reconocimiento,
su no pedir moneda de cambio, su hacer sentir bien.
Los lugares diminutos,
donde el tiempo no se para. Tampoco nos observa.
Los nuestros,
los inmortales.

Canet
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Muertos en vida

Yacentes uno al lado del otro, estáticos.
Ignoran si valorarse como casualidad o conclusión. Actúa el silencio como una realidad fallecida.
No es cosa del descanso enmudecido, ni de esa circunstancia de la cual la satisfacción empuja de modo natural,
porque todo se ha quedado quieto.
Se sienten intolerables el uno cerca del otro, pero continúan paralizados.
La alcoba cerrada les asfixia. Han transcurrido muchas horas y rezuman bastante.
Es el sudor de la oquedad. Una singular sudoración no producida por movimiento visible alguno.
El roce de un enfrentamiento en el extremo. Si se acercaran nuevamente sus cuerpos resbalarían.
Él lo intenta y al levantar su mano para tocar el desnudo de la mujer parece que fuera a presidir una orquesta imperceptible.
Capitulación.
Su mano se detiene en la atmósfera bochornosa y los dedos van agrupándose pausadamente,
uno tras de otro hasta ocultarse en la llanura de la palma.
Ha ido desplomándose la tarde y es ese momento en que el cuarto esquiva luz
y va diluyendo existencias. Se han abandonado al hastío.

Ella susurra: -No soy tu descanso-.

Él no quiere contestar con una necedad y guarda silencio. Entonces la mujer se voltea y le ofrece la espalda.
Por impulso el hombre se gira con la misma trayectoria.
Pocas cosas son tan penosas que apreciar la espalda afónica de una mujer.
Ver una figura que se aleja por momentos, que se esconde, que se congela.

El hombre se pregunta:- “¿Será esto el fin?”-

Los dos saben bien que no solo la pasión se ha marchado. Ambos son engullidos por un abandono que les aflige.
Ella no siente que aún tiene a su hombre tras ella. A él esa espalda ya no le dice nada, esa misma espalda que tanto le gustó.
Privados de una observación mutua sería improcedente acceder a los recuerdos.
Parecería insultante articular una sola palabra. Los momentos especiales vividos han quedado postergados.
Ambos negocian automáticamente la renuncia.
Los dos están desnudos. Muertos en vida.

Canet
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Soy lo que soy

Cuando sellaba los párpados
tenía una piscina privada
donde la humanidad gritaba
ombligo.
Los dedos de mis manos
eran lagartos grises.
Cuando era verano en mi oído derecho
un grupo de esquimales
se escondía en el izquierdo.
Archivaba perros en la boca
y vomitaba gatos de un solo maullido.

No fui feliz
porque no fui quien soy
y eso no es vida.
Yo fui mi particular mundo y una bandada de elefantes corría por mi espina dorsal
con sus trompas
pajizas como trompetas.
Yo no fui quien soy
hasta que un buen día
probé la felicidad
mientras contemplaba ventura en sus ojos,
comencé a notar espasmos,
fue entonces
cuando por primera vez en mi vida
pensé en mi corazón
como un órgano carmesí
distinto a lo que fui.
Entonces yo se convirtió en yo
y hasta hoy todo ha sido un continuo
transformarse.
Ya no fondean barcos en mi nuca,
si un brazo se me duerme
es un brazo dormido,
y no una reunión de hormigas cristalinas.
Hoy soy lo que soy:
este negro edificio vacío
que para llegar a mi mundo
tiene que nadar un océano de injusticias.
Solo cuando la miro sé quién soy,
veo a mis párpados
en su interior.
He logrado llegar
a un distinto lugar.

Abreviando:
He salido ganando en todo
lo que he perdido en lagartos, esquimales ,hormigas, elefantes, barcos, perros, gatos...

Canet
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Un único nombre

Tres pares de letras,
un único nombre,
cien mil argumentos disimulados
y centenares de sensaciones,
cifras para amarte
que ya no saben de números
cuando desafían afables
a tu esplendor incalculable.

Dígitos indescifrables
de una métrica falaz
que pretende encajar los versos,
como si una poesía pudiera
ensalzar tus maravillas
que extienden al infinito.

Por eso prefiero las letras
rendido ya a la certeza,
de que las rigurosas matemáticas
no esclarecerán la incógnita
que anida en nuestros corazones.

Canet
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6comentarios 219 lecturas versolibre karma: 49

Escribo versos para ti

Yo no compongo versos al océano
como otros,
ni a ninfas esquinadas de marchita mirada.

Yo escribo versos para ti,
que posees todas las llaves del cielo,
y el firmamento es un laberinto
hasta tus bragaduras.

Compongo versos cuando no estás a mi lado
y destrozo cristales y me aborrezco.

Te compongo versos cuando te hago palabra,
escribo a tus ojos que se encienden eruptivos
y me brindan la noche completa
y se engalanan de primaveras con cada amanecer.

Yo no compongo versos para la eternidad
tampoco a serafines que no saben volar,
yo escribo a tus labios que también son míos,
a tu piel
que custodia constelaciones
y un espectro que me dice que solo con poesías
no se pueden encender las estrellas.

Yo no compongo versos,
tan solo te escribo.

Canet
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8comentarios 410 lecturas versolibre karma: 60

Permutable

Desde que soy permutable
palabras me han brotado como cuerpos dormidos,
como animales agazapados,
como ojos sin rostro.
Aparento ser un cuadro de Picasso,
una farola con papelera,
y a una deidad hindú.

Con cada una de las voces te reclamo
y con todas las palabras.
Con todos los cuerpos podría enlazarme a ti,
pues desde niño llevo leyendo que en cualquier ciudad la lluvia es glauca
y negros los sueños que no se presentan.

Mi espacio es el espacio en que puedes observarme,
porque no resido en un mundo que no esté unido a este maldito cordón umbilical
que unas veces es de asfalto y otras es nada.

Tengo las manos frías por adherirme al muro cristalino
y oscuro de mi oficina.
Quiero vivir al norte del hemisferio sur, en el centro de la gran quietud,
ensimismado en el trabajo de pintar/escribir/cocinar para ti.

No quiero ser publicidad ni aparecer en un catálogo de Harrods,
solo viajar para residir en las huellas que pisas
ahora que he logrado entender que ser libre
en este mundo de teléfonos, guasaps, play station y televisión por cable
es una forma de vivir y de ser permutable.

Canet
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Los Navegantes

Él (El Navegante)

Fue un duro invierno para él,
el frío había sido tan intenso que hasta los recuerdos parecían haber quedado congelados en su memoria. Y ciertamente, que del mismo modo que se protegía de los gélidos vientos con su raído abrigo, aprendió también a proteger su alma mediante el olvido.

Cuando amanecía y los primeros transeúntes lo despertaban de sus sueños cerraba fuertemente los ojos, como queriendo atrapar un poco más de ese tiempo, unos minutos más de esa forma de letargo, ese estado de semiinconsciente que le permitía cierta comodidad alejada de la realidad. Pero poco a poco, los zapatos que pasaban por su lado se hacían cada vez más numerosos, su estómago más chillón y su vejiga parecía no llegar a soportar ya los límites más inhumanos. Entonces era cuando muy a su pesar tenía que comenzar a mover las entumecidas piernas y buscar el valor para iniciar su jornada laboral. Una jornada sin horarios, ni sueldo, sin obligaciones ni compensaciones. Una jornada donde competir por algo de comida y que le permitieran el acceso a unos sanitarios sería la mayor meta.

Caminaba lentamente, tan encorvado que parecía llevar el peso de toda la tierra sobre sus hombros. Solo a veces levantaba la cabeza, cuando veía pasar alguna ardilla, o escuchaba el trinar de algún pájaro, o cuando el sol le regalaba algún preciado rayo para calentar su cara,-siempre disfruto de la naturaleza- Y fue en uno de esos momentos que tanto le reconfortaban cuando “la” vio pasar. Ella caminaba despacio, pero a diferencia de él se notaba que llevaba una dirección, marchaba como un velero, suave, segura, con un rumbo fijo.
Y recordó, recordó entonces un feliz tiempo vivido, sus abrazos, sus besos, su ternura, su suave, frágil y femenina voz y lo feliz que fue con ella. Casi deseó entonces no haber despertado aquella mañana. Como volvió entonces a dolerle su ausencia, su calor, el olor de su piel y el sonido de su risa. Hacia tanto tiempo...

Fue como tantas historias de amor no completas, como tantas historias de amor terminadas antes que uno de los dos, decepcione al otro. Antes de que el tiempo y las obligaciones terminen con la pasión. Pensó: ¡Quizás fue mejor así! , de todas formas se había estropeado al final.
Pero no era fácil apartar tantos sentimientos de un plumazo. ¡Ni siquiera para él que era especialista en ello! Y siguió rememorando, sentado ya sobre un banco de madera del parque, donde el sol invernal le consolaba apiadado, con un poco de calor.
Mientras, el velero se iba alejando suavemente él también se alejaba, pero de forma diferente. Él se fue quedando dormido y ya no necesitó buscar más alimento cada día. Se fue así, cerrando fuertemente los ojos, sobre un velero, sobre sus brazos, sin peso alguno que encorvara su espalda, de nuevo con un norte, con una brújula imaginaria. Y le bastó ese momento para ser feliz.

Ella le dijo una vez...” Espérame esta noche al otro lado de la luna”. Y allí fue…

Algunas noches de verano, si miras fijamente al cielo quizás le puedas ver, cual Peter Pan sobre su barco, brillando con polvo de Hadas, navegando entre estrellas….

Y si esta historia es verdad o no, después de todo….¿A quién le importa una historia de amor, si no está llena de magia?



Ella.(La Navegante)


Otra vez el insistente pitido del despertador irrumpiendo en la paz de sus sueños, de nuevo el frío entrometiéndose al retirar las sábanas, una vez más la horrible visión de su arrugado cuerpo entumecido por el dolor, de la delgada palidez de sus magras carnes al desnudarse, una mañana más en la que enfrentarse a sí misma en el espejo de su decadencia.

Había sido una mujer hermosa, de aquellas en las que encontrarse las envidiosas miradas: su talle esbelto, su andar pausado y elegante, el brillo devuelto por la tersura de su piel, la seguridad en su rumbo…

Alguna vez amó hasta quedarse vacía, amó hasta el punto de verse reflejada en el otro, de cerrar los ojos para no dejar escapar ni un hálito de tanto sentimiento en cualquier mirada frugal… amó tanto hasta encarcelarse en su devoción y una vez llegado ese punto culminante en el que se ama y se desea desmedidamente por igual, desaparecer de nuevo, oculta en la cobardía de no estar dispuesta a resignarse a envejecer y verse envejecida.

Desde hacía un tiempo le observaba de incógnito, a unos metros de distancia. Le había descubierto entre cartones una mañana de invierno en la que destapó su dormida cara y salió corriendo, para no enfrentarse una vez más a la realidad con la que su olvido había despojado, hasta de su propia estima, a aquel mendigo de cariño.

Ahora, intenta llegar cada mañana justo antes de que los pasos del gentío rompan el momentáneo sosiego de su sueño y verle así despertar a lo lejos, para poder compartir con él desde su envejecida cobardía el regalo de aquel primer rayo de sol que antaño encalideció tantos apasionados amaneceres y le abraza fuertemente en su recuerdo, y le repite en su mente “no tengas miedo amor mío, siempre estaré a tu lado”…

Canet

A todos los navegantes que pasan a nuestro lado cada día con sus propias historias no contadas, a menudo no vividas, a todos...
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6comentarios 138 lecturas relato karma: 64

Una mañana más...

Una mañana más regreso
para encallar tu persona entre mis letras,
cerca del cielo,
para beberme la lluvia
que esconde aves
entre sus gotas.

Tal vez por eso los jueves soy nube negra,
el resto de la semana
un fragmento de sucesos urbanos.
Un hombre
que friega,
que pinta a una mujer con paraguas,
que intenta cocinar con un libro en la mano,
que vaga por una casa solitaria y espera...
mientras
trenzo versos alados,
que derriten la frialdad
y que a veces
consuman con latidos de luz
las condiciones de la noche.

Canet
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7comentarios 172 lecturas versolibre karma: 57

Érase una vez

Cuéntame una historia genuina,
una que jamás se haya escrito ni relatado,
nada de amores de alteza,
ni de babosos sapos,
tampoco de hechiceras,
de esos no,
no,
de esas historias no.

Me gustaría escuchar una historia significativa,
como una tumba,
como un camposanto completo,
como una novela decimonónica.
Cuéntame una historia que pronostique mis sueños,
cuéntame una historia que a mí no me
queda ninguna.

Leo en la cocina,
al lado de la ventana
iluminada en junio,
con chanclas desnutridas,
con pretensión de conservar por siempre
y fatigo los ojos.
Silbo en el patio,
mientras nos ahorcamos la colada y yo.
Una historia única,
como sangrar el amanecer,
como fecundarte de raíces
y no fertilizarte de sal .

¡Qué imprudencia pedirte
que cuides de mi poesía famélica!
¡Discúlpame!
...Érase una vez una primavera
que se comió mis aves.

Canet
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2comentarios 120 lecturas versolibre karma: 52

Escribo

Yo escribo poemas,
palomas con basura en tejados los viernes,
escribo poemas,
y no hay archivo que contenga vocablos:
Náyade, sonrisas, piernas, libros
subtitulado, música, alfombra,
tortilla, fluidos, gemidos,
bohemios,
anillo.

Con tres cigarros y dos filtros
indeciso de papel y evolución,
sin poema sin poetas
sin cerámica hasta en la boca
yo escribo
sobre la belleza de la foca.

Escribo ártico
cuando pretendo escribir norte,
ahora inviable
mañana probable
escribo dinamismo
en las paredes de la desidia,
y algunas palabras olvidadas
que me evidencian.

Hoy teatro vocifero y París de referencia,
sustantivo lugar.

Hace tiempo no escribía
ni usaba camisas a rayas.

Canet
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1comentarios 93 lecturas versolibre karma: 63

Te lo avisé

Te avisé
que mi corazón estaba infectado de tristeza,
aunque quizá sea otra cosa,
las enfermedades tienen varias denominaciones
y en todas la última sílaba es una repulsiva larva
envenenada de melancolía,
hedionda
de amargura quizá,
ese óxido despreciable que intoxica mi alma
y convoca a todas las cucarachas de mi niñez
al frágil ágape de mi corazón.
Te lo avisé,
pero tú estabas entregada
con convulsiones orgásmicas
encima de mí y no me escuchaste.

Canet
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Sin título (y sin filosofía)

Porque siempre seré un Sócrates sin filosofía ni deidades
al que continúan invitando a tomar cicuta por las tardes
y la bebe sin lamentarse.
Y en ocasiones
alzo el aullido
para que el veneno
sea menos letal
y la teoría menos teórica
y la antigua doctrina más actual
y el corazón menos deshidratado.
Quizá por todo eso me pongo a llorar,
siempre y sin que puedas verme,
habitualmente más en público pero a solas,
porque la simpatía ya no me asusta
y la vergüenza ya no me derrota.
Y me sé diminuto
pero me sé valeroso
y las lágrimas me hacen mortal y terrenal
y tú carcajeas,
pero a veces
te las guardas
y te abrazas a ellas,
me pones una copa
o me cuentas algo chistoso
o me hablas de la importancia del atuendo
y es entonces cuando el lloro finaliza
y la risa se propaga
y la poesía germina
con letras de caricias.
Y yo continuo tomando sorbos de cicuta,
sigo siendo un Sócrates sin filosofía
con miopía y ganas de colorear
pero soy el exclusivo propietario de mis horas sin ti,
de mis lágrimas latentes y
de mis sonrisas marchitas.

Canet 2012
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3comentarios 82 lecturas versolibre karma: 53

Perdidos

No se cubre de sol en los días pares,
ni disfruta caminando por las calles desiertas,
en cambio se pone un abrigo de lluvia
y se extravía entre la muchedumbre gris
en busca de un ambiente que no esté viciado.

Tiene tatuajes como ramas de árboles,
en ocasiones es incomprensible,
turbia, ambigua
y se pone a leer para escapar de la reflexión,
nunca asiste a las citas de los bares sin flores,
colecciona viajes sin billete y sin fecha
y guarda un plano de itinerarios marcados
que lleva por confusos caminos desconocidos
e impide retroceder.

La vida no nos nombra,
nos desatiende por completo,
tan sólo se aproxima
cuando no la reclamamos
para hurgarnos en las entrañas.

La vida,
mala actriz de mil rostros distintos,
la bruja que diluye pociones en nuestra carne
y desencadena estallidos,
delirios, insensateces.

No avala, no pronostica,
no nos avisa
tan solo nos empapa
como esas lluvias de noviembre
y nos abandona en el camino
como insomnes,
sin brújula,
perdidos.

Canet
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2comentarios 340 lecturas versolibre karma: 58

Apuntes desde la cuadragésimo séptima planta, 10

Tan sólo el amor,
y verse vivir en un mundo triste y melancólico en los párpados.
Despertar cuando la ciudad duerme
y descorrer la cortina para que la noche cale.
Acudir a las estanterías,
desempolvar la tristeza.
Vacilar entre un checo o un ruso.
Mirar las estrellas,
tiritar a través de la ventana empañada,
suspirar aliviado mientras contemplo la vida sin salir a la calle.

Cientos de cuervos golpean la ventana
con tierra acumulada en sus alas
y ciudades aprisionadas en sus garras.
Ellos hoy no dormirán,
muchos cristales ardiendo
les aguardan.
Y aunque el invierno congele el pavimento
y la ciudad sea una vieja estampa en blanco y negro
aún quedarán versos que plasmar
y alguna que otra
noche sin dormir.

Canet
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8comentarios 123 lecturas versolibre karma: 57

Cuando estoy jodido

Cuando estoy jodido,
cuando me siento entristecido,
me nacen enramadas en los hombros,
sobre la carne se expande una costra
y travesaños de madera son mis extremidades.

Del flequillo suspenden hojas marchitas
sin confianza verdosa en los nuevos retoños
ni alivios celestes sobre el follaje
que los latidos esbozan en el firmamento.

Cuando estoy jodido,
cuando me siento entristecido
afloran de mis manos
semillas amargas de tristeza
y una savia que duele recorre los brotes.

Exhibidos a la inclemencia del exterior
tiritan los pájaros
que habitan en los nudos de mi tronco
de estrías ásperas,
confusos por la espesa pena
que logra convertirme en árbol.

Canet
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Porque hay cosas de mí que tarde o temprano irás sabiendo

Marzo. Tres.
Un mes que empieza
con simbología insólita.

Necesito hablarte
de las demoras sufridas
en muchos andenes
y de los horizontes que se aproximaron
con tu nombre en la cima.

De sobra sé que hay cosas de ti que jamás sabré,
pero mientras caminaré
por tu piel caligrafiada milímetro a milímetro
para colocarte al filo de mi carne
enmarañada de poesías.

En cada uno de mis relojes ya son las doce.

Mientras las campanas tañen a medianoche
el Drácula vegetariano que me habita,
con camiseta de Zeppelin, con copa de Rioja
y uñas de óleo
hinca los dientes en el borde de tu inmensidad.

Porque es evidente que hay cosas de mí
que tarde o temprano irás sabiendo,
no trenzo aullidos, tan sólo pretendo
concebir este escrito para susurrarte
que necesito deshilachar alguna nube,
una hoja en blanco,
lienzos a mansalva,
discos rayados, memorias escondidas,
los jeans, la alfombra, mis camisas,
cualquier cosa que rechine al destruirse,
que chille, brame, solloce, suspire.
Necesito despedazar recónditos pretéritos.

Dan las doce en punto en la dentadura
con la que hiero al tiempo.
Porque sé que hay cosas de ti que jamás sabré.
Porque hay cosas de mí
que tarde o temprano irás sabiendo.

Canet
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12comentarios 224 lecturas versolibre karma: 56

Hagámonos uno

Hay en el cielo negro
del dolor, fotografías y algunos nombres,
sujetos,
y tras ellos, sus mil sombras
en confines por siempre alejados.

En la calle,
las aves reinan
en los bordes de las elevadas tejas, y
una lágrima de resina negra cuelga
de un pómulo curvo
hasta rodar sobre el asfalto.

La luz del cielo cabe
entre las púas de las pestañas.

Hoy estoy más callado que nunca.
El huracán me robo la voz,
y en la carretera del tiempo
aparco la bicicleta
como quien ruega extenuado
misericordia para el que se esconde a llorar.

La piara ha empezado
a oficiar su coronamiento,
y yo me pongo a pensar
en la suavidad de tu piel.

Abrázame, hasta hacerme daño...
los dos,
que convivimos desde siempre
en las orillas imprecisas
del amor y de la vida
del paraíso y del averno.

Abrázame y hagámonos uno,
los dos,
que ya fuimos otros
y seremos más,
bajo este firmamento que hoy luce oscuro,
de formas delicadamente distintas,
viajeros del mismo amor
de idéntico sueño de vivos colores,
con nuestro fardo cargado
de ayeres.

Cierra la puerta,
y salgamos de aquí, ahora mismo,
antes de que alguien nos asedie
y nos imponga a vivir una vida
en la que buscarnos.

La memoria de los ojos
y las heridas que se abren en la tarde,
nada es tan importante
para el caprichoso instante
como quitarle consideración
a las cosas sin importancia.

Canet
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5comentarios 111 lecturas versolibre karma: 59

¿Qué podemos hacer...?

¿Qué podemos hacer los que nos
avergüenza salir en televisión
o en portadas cuche,
los que pagamos con calderilla
y los que no anudamos los versos
en elegías o métricas,
los que no coleccionamos obras
de pintores contemporáneos
y los que leemos libros viejos,
Los que no conocemos Nueva York,
ni sabemos lo que es volar en primera
porque somos viajeros de bajo precio?

¿Qué podemos hacer
los que jamás saldremos fotografiados
junto a monarcas o aquel político
que nadie conoce
porque trabajamos diez horas seguidas,
en el edificio de la vida
sin desear lujo alguno?

¿Qué podemos hacer los que admitimos
que vivir es viable sin abusar de nadie
y que no hay más beneficio
que la de reconocernos
unos a otros?

¿Qué podemos hacer los imbéciles
que aún conservamos una pizca de fe
en la condición humana,
contra los lobos y las sabandijas
que pueblan este mundo?

Canet
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3comentarios 157 lecturas versolibre karma: 54

Mi padre

Mi padre no se acuerda cómo se llama su padre.
Creo que no recuerda tampoco
donde está la senda de retorno al mundo,
no sabe usar el teléfono, ni el tenedor,
se pone la camisa del revés
y remueve los cajones de su apagada memoria,
aunque siempre esboza una sonrisa al ver mi nombre.

Mi padre olvida lo que cenó ayer,
no sabe si ha estado en París,
o si llegó a perder algún avión,
no recuerda dónde están las fotografías,
si alguna vez fue hermoso,
no recuerda si le gusta la leche,
tampoco si las palabras significan algo.

Mi padre y yo
retenemos recuerdos abandonados
a nuestro modo,
en ocasiones con pesar,
a veces sonriendo,
siempre con ilusión.

Quizá mi padre se encuentre
escribiendo su biografía
y creo que cuando no esté
no podré leer
por si acaso me doy cuenta,
que jamás
llegamos a conocernos.

Canet
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2comentarios 128 lecturas versolibre karma: 63

No somos más que dos

Somos mucho más que dos,
somos un evangelio
un manuscrito de fragmentos impíos,
un dueto de arcángeles sacrificados
adeptos a interpretar los símbolos.

Somos soldados de una milicia
de querubines con estigmas en la piel,
una obcecada muchedumbre de viernes,
una galaxia, dos mitades.

Aves salvadas del lodazal,
una bandada planeando sobre la ciudad,
ahora sepultada bajo el asfalto.
Tenemos una dinastía de pájaros huérfanos.

No somos más que dos hemisferios,
y somos tantos a la vez.
No somos más que dos,
siéndolo todo.

Canet
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Sin título 86-88

86.
Un frente de nubarrones negros se aproxima hasta aquí,
y según progresan se puede apreciar la sombra desparramándose
por la superficie como un súbito anochecer.
Tal vez haya tormenta y Silvia pueda abrir la ventana de la oficina
y escuchar la lluvia desde su sitio, fantaseo con ilusión.

De pronto, la vida se me antoja inaguantablemente preciosa.


88.
Tus botas de niña que llega tarde a la escuela
te distancian del beso de la mañana que acabamos de regalarnos
como víveres para el resto del día.
Veo mecerse casi al final de la calle tu chaqueta de color aceituna
diciéndome hasta pronto con ansiedad de andén ferroviario.
Hasta luego, le contesto con los párpados,
y la mano se levanta para moverse a su compás.
Puedo sentir la oscilación de tus pendientes del museo del oro,
devotos centinelas de la imagen arcana.
Y ahora que me fijo
tan solo me queda un poco de arrebol de tus labios
sobre el cuadro que todavía no he pintado y
que probablemente jamás pinte.

Canet.
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Sus ojos

Yo no siento el aleteo de las mariposas en mi estómago,
lo que yo siento es el crujido del mundo fragmentándose en dos.
Quién me lo iba a decir hace unos meses…
Este estigma que tengo en el zurdo, esta dicha diferente y enérgica.
Hincaría si pudiera una pausa perpetua en la cascara lunar
con una bandera en la que se agitaran sus ojos.

Sus ojos:

Un instante antes de besarnos, de electrificarme con su boca,
de embrujarme con sus ojos.
Un mañana de ánimo caliente, de resplandor en la retina, de ansias por comérmela.
No…
Yo no siento el aleteo de las mariposas,
pero veo el colorido tras su mirada, tras su propósito;
y sus alas parpadean recogiendo lágrimas de agua cristalina y dulce.

El pecho oprimido, tierno y puro amor que brota desde adentro…
A sus ojos, a su observar; deleitoso, sublime.
-¿Dónde se ideó el más vasto pestañeo? ¿Por qué siento latir hasta mis rígidos huesos?
Miro su geografía entera en la oscuridad de nuestro cuarto,
veo un retrato suyo y me absorbe, me domino en la larga espera,
mido el salto empicado para zambullirme en su esencia, para derramarme en fuego y alma sobre su carne atezada.
Y quebrar el sonido, anclar en sus océanos abismales, besarla en los párpados.
Mis labios tan sólo pueden tocarla, no pueden dialogar dinámicamente porque mi lengua deambula desnuda,
mis dedos son albergue del sudor de su espalda.
Los cuadros paisajistas cobran sentido si es ella quien los representa.
Las marcas de sus manos cuan fantasmas que sacuden con una leve caricia,
conservando encantos y felicidad… brisas… piel…
Mientras observo fijamente sus ojos.

A S.R.L


Canet
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Fragmentos de memoria no recordada

Tu mirada vidriada estaba repleta de recuerdos,
capítulos que unías y barajabas
como ingredientes del puchero de tu vida.
Eternamente fuiste del club Cordon bleu
la vida te adoctrino para que echaras
pimentón, sal, azafrán y albahaca
según lo que fuera necesario.
La edad transcurrió
pero la manecilla se detuvo en aquel momento,
y no supiste como dar de nuevo cuerda al viejo reloj de tu memoria.
Hilvanabas sin descanso lo que por la noche deshilabas,
- al igual que la pobre Penélope de Homero-
Con agujas de encaje o con un par de ganchillo,
brotaban trapos de tus arrugadas manos
arqueadas por el exceso y el tiempo.
Siempre acicalaste a todas las generaciones.

Muchos rostros presentes
anulaban tu mutismo.
Turbada, regresabas a tus telas,
a tu enumerar olvidado,
a las evocaciones perdidas.
La niebla envolvió tu vida
de dulzonas sonrisas y arrumacos extraviados.
Me aseguraste que la mejor forma para hallar algo
era dejar de indagar.
Tropezaste con la paz cuando dejaste
de explorar en el enmarañado pasado.
Pasaron los días y sonreías.
Nuca olvidaste como llamar a la risa.
Cosiendo y cocinado por el día, soñando y leyendo por la noche.
Los recuerdos se licuaban en tus ojos acuosos.
Relatabas tu vida para que permaneciese sujeta a la memoria.
Contabas y combinabas la vida pasada.

Retales del ayer que forman una frazada hecha de recortes desordenados entre sí.

Canet
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Mis pájaros

Mis pájaros no paran de clavar en su lugar
los enormes tejidos del cielo,
de dibujarle pueriles nubes,
de esparcir las moquetas que aparentan ser carreteras sucias
y marchitar el papel de las aceras
por donde pisotean los humanos.
Tenaces,
mis aves de ciudad preparan cada mañana
la decoración del gran espectáculo de la realidad.

Canet y sus pájaros.
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Éternels (eternos)

Nunca los vi como un matrimonio. Ella le amonestaba cientos de cosas: su mal carácter, su misantropía, su falta de sueño, su vestimenta oscura…
Él hubiera querido una esposa más prudente, una compañera que esquivara a los osados que alguna vez la adulaban, que no fuera tan presumida y, cómo tantas veces le solicitó sin conseguirlo, dejara de comprarse zapatos con prominentes tacones que tanto le disgustaban.

Las discusiones lograban sacar a la superficie sus desiguales naturalezas. Él, una vez pasaba la controversia, lo arrinconaba todo hasta olvidarse. Era ella quién archivaba ciertos detalles, ordenados e intachables como sus viejos recuerdos guardados en cajas de zapatos en distintos armarios. Lo conservaba todo, hasta las heridas y enfados que tanto la hacían angustiarse.

Viéndolos en su hábitat de convivencia yo creí que no se querían. Inclusive vacile que hubiese habido amor alguna vez entre la pareja. Los dos acataban los términos del compromiso. Él contribuía con menos dinero aunque aseguraba el mantenimiento del hogar; ella aportaba más ingresos y se ocupaba de la ropa de él, de los guisos y de la medicina para que él pudiese descansar.

El paso del tiempo acaba diciendo cosas, es evidente. Décadas más tarde admití mi desacierto, y vi realmente cuánto cariño había existido entre ambos. Su amor era un amor peculiar, sin otra melodía que la conversación diaria, la literatura, el mundo cinematográfico y su pasión por la música, pero todo regado por la autenticidad.

Cuando ella se fue extinguiendo él intentó alumbrar sus tinieblas, rechazando desgaste, documentando olvidos y sollozando, con la furia y la incapacidad de un joven solitario, su alejamiento discontinuo, señales de un adiós decisivo. La cuidó todo cuanto pudo, entre riñas, arrumacos y temores. Cada mañana la bañaba con cuidado y andaba, con sus pasos fatigados una buena distancia hasta el mercado que vendía las únicas arepas que ella, detenida en una infancia antojadiza, aún toleraba comer. De regreso, se desviaba del camino hasta la librería donde compraba un ejemplar de Saramago, Pavesse, Hesse, García Márquez, Cortázar, Márai o Baudelaire (sus favoritos) para aquella mujer que la vida y la muerte le iban arrancando.

Ella, por su parte, desvanecidos los recuerdos y miles de emociones, lo escoltaba con la mirada en la que, al contemplarle, resplandecía como nunca antes lo hizo.

El destino, aquel que los unió aun conservaba una brizna de piedad para ellos. Él se marcho, con el corazón hecho pedazos de tanto usarlo, antes de verla irse, gastados cerebro y cuerpo. Ella, que ignoraba que él no regresaría jamás, aprisionada en un tiempo paralizado, repitió cada mañana su nombre, mientras farfullaba
-¡Lo que tarda este hombre! ¡Lo que le gustan los paseos!-.

Un día sus cansados ojos dejaron de mirar la puerta por la que esperaba verle aparecer. No volvió a nombrarlo. No recriminó su soledad. Fue entonces cuando, inmovilizada en un cuerpo inerte y una mente desorientada, encontró el sendero que él había tomado y marchó en su busca.

Canet
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Esto no es una despedida

Esto no es una despedida:

Soy una fortaleza, aunque pocos lo sepáis.
La tristeza, esa cucaracha de barrio bajo,
me tanteó.
He sido canción.
Quiero decir: un verso.
Engrasé mantequilla en cárceles
sin rejas frente al vacío.
Hablé de literatura y del destino
y de películas abandonadas.
Me extravié, también. Y hubo puñetazos
de púgiles con cortes de navaja
que me fueron enseñando el camino.

Volví a ser noche:
no hay nada más fiel que un vaso de vino.
Y en una pared
alguien pintó la palabra
Felicidad.

Pero no,
esto no es una despedida.
No basta con caminar para distanciarse.

Canet

P.S Espero que os vaya bien bonito.
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Poesía incompleta II

Hay veces que sueño con una tempestad,
una ventisca gélida, una puñalada,
y comprendo lo que padecen aquellos Nadies
que empiezan el día en la incertidumbre
sin un sitio donde caerse muertos.
Y me da por culpar al mercado,
al comerciante,
a los mandatarios,
a los financieros y banqueros,
y a aquellos que se opusieron a dar,
-siempre desalmados-
el pan y el agua,
solo por el bienestar de occidente,
por la comodidad del euro,
por la felicidad del dólar,
por el placer del consumismo,
por la dicha de la bolsa,
por el Iva y sus hermanos Ibex y Pib
bueno, ya sabéis de que hablo,
de nuestra jodida y potente economía.
Hay veces que sueño,
puestos a soñar una quimera,
que comenzamos a valorar
las cosas significativas:
la decencia humana, el bien generalizado,
el aire que nos recubre,
los ríos en su inmensidad,
los bosques, por siempre benefactores,
las risas auténticas de los niños,
el amor, la felicidad, los amaneceres,
las sonrisas ajenas,
el cigarro a medias,
la palabra requerida,
la igualdad, el protección,
la profunda certeza profunda, las ilusiones.
Aquellos diminutos detalles
acaso inapreciables,
tan mayúsculos, imprescindibles
tan propios, tan de aquellos, tan de todo el mundo...
tan brutalmente humanos.

Canet
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Poesía Incompleta III

Desde la cúspide renegrida en la que habito ahora
traiciono los silencios de las tinieblas
y me acuso cuando, inútilmente,
me empeño en visitar tu tristeza.

¡Qué insensato es escudriñar en lo olvidado!
¡Qué absurdo declarar lo impronunciable!
¡Qué inútil serie de inquietudes
y qué lento abandono de uno mismo!

¡Qué amarga esta tristeza de martes,
y este deleitoso sabor de desastre,
y esta agotada voz con la que te nombro,
y el extenuado avance de las horas,
y los árboles desnudos en la calle
reconociendo apáticos su sentencia!

Ya nada merece la pena,
a excepción de lo considerable...
Y me dejo arrastrar
hacia lo inaguantable
soportando esa armonía
que me acerca a ti.

Canet
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Silvia

Si tu piel no fuera tan sedosa,
ignoraría que tu figura es una prolongación de la mía,
ni podría tomarte a través de la península de tus dedos.
¡Oh, Silvia!
Hemisferio hundido en mi sangre,
murmullo de alas
cuando el tiempo se despedaza
y sólo permanece la fatiga de vivir.
Mujer que me proyectas cada día:
sólo cuando tú me acaricias
sé que soy distinto
y me admito.

A Silvia R.L
Canet
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Despojado de todo

No me he enemistado con los cigarros
porque fumen todos,
ni con las ramas desnudas porque sea ya casi invierno,
ni con la oscuridad porque fuera tenebrosa,
ni con las golondrinas porque
se hayan largado.
Pero cigarros,
ramas, oscuridad, golondrinas
se han enfadado conmigo.

Heme aquí,
empujado hacia el juzgado de las ramas desnudas,
ante el juzgado de las oscuridades, de los cigarros,
de las golondrinas,
audiencias humeantes,
audiencias espinosas,
audiencias sombrías, volátiles.

Heme aquí,
castigado y convicto por ignorar,
por el altruismo, por la quietud,
por el anonimato.
Veredictos transcritos en el lenguaje de las ramas.
Sentencias selladas
con plumas oscuras,
vaporosos flagelos para mí.
Estoy despojado de todo,
intento averiguar lo que merece
mi desconocimiento...
y no lo consigo,
no logro desentrañar nada,
y este estado de ánimo,
se enfurece conmigo
y me sentencia, incomprensiblemente,
a una eterna espera,
a desconocer el sentido de las cosas
hasta que me convierta en humo,
en ramaje desnudo,
o en oscuro plumaje.


Canet
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Clásicos

Si algo existe que pueda perforar mi alma
y haga latir mi meticulosidad hasta enterrarme
en las vísceras de la tierra
es ilustrarme con la literatura crucificado con Bach de fondo,
porque no conozco, ni existe deleite
más colosal que su húmeda
fuente de sueños empotrándome
en la sabrosa sapidez de los clásicos,
percibir a través de sus muslos con versado contoneo
a Wilde rozándome la piel
con su prosa rasurada;
al jardinero del mal Baudelaire caldeando mi garganta bramante,
al tiempo que murmura entre convulsiones
"son más bellos los sueños de los locos que los del hombre sabio";
a Sade con sus ríos impúdicos y púbicos que desembocan en mi boca,
"en el amor, todas las cumbres son borrascosas";
a Dostoyevski, epiléptico barbudo que siempre
acude al escondido jardín de mis labios;
a Hesse, empequeñeciendo mi ética,
despeinándome y aturdiéndome;
a Flaubert, Huysmans, Kafka, Maupassant,
un cuarteto a mis pestañas adherido,
¿y Poe?, ay ,¡por los clavos de cristo!
consumir todos los clásicos ambiciono.

Canet
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8comentarios 585 lecturas versolibre karma: 52

Tarde

Yo que llegué a escena pronto y sin que me preguntaran,
que soy y llegué a ser aquel quien se adelantó,
el que se presentó a la reunión a deshora
y tuvo que aguantar una larga espera en la recepción
contemplando la vida
sentado en el sillón de la improcedencia.

Yo que aparecí en los setenta, cuando lo propio
hubiese sido no presentarme,
que mi deber hubiese sido reflexionarlo antes,
albergar un poco de calma y habilidad
y no incorporarme en esta demente época
que cobra su arriendo en cifras de desgana.

Yo que cotizo mi precipitación,
que le adeudo a mi prontitud mis adversidades,
que tuve que desmenuzar mi juventud en millones de añicos
para subvencionar mi lugar en el mundo,
y debéis saberlo,
llegué a última hora con dieciséis años.

Yo que tanto me adelanté,
no supe avanzar más
Yo, que no sabía cómo venir al mundo más tarde
cometí la torpeza, leedlo,
de llegar a última hora.

Me presenté con la mirada tapiada de la niñez,
y el alma sin escribir, sin páginas.
Aparecí -¡dios, qué bochornoso!
Aparecí, quizá en el mismo momento que ellos
pero con otras condiciones.
Aunque ya lo sabía.

Se hizo tarde para dar marcha atrás.
Yo era un niño con las manos engrasadas
y tenía sueños.

Siento mucho haber llegado antes de tiempo
sé que es injustificable:
haber aparecido precipitadamente
y llegar a última hora siempre.


Canet
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Sin título 87

La claridad de la mañana escribe adagios
sobre los tejados azafranados del barrio.
Como un aprendiz más, desde primera hora de la
mañana me pongo a escribir las palabras de siempre,
que corregirán como siempre las sombras del atardecer.
Me gusta que el suelo me indique la línea a seguir.
Que las ramas y sus habitantes alados
correteen sobre las ventanas.
Que el ocaso le agregue tonalidades púrpuras
con su paleta de matices.
Y disfruto revelando insólitos significados
a las palabras que escribo en los tejados cada día con mi pincel.

Canet.
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Es poesía

Me encontraba al borde de la tarde con mis compañeros:
Poetas de incógnito, sumidos en una discusión sobre la vida misma,
y yo, aunque parezca insólito, permanecía en silencio.

La vida -decía uno sin alguna duda-, es simplicidad.
Es nuestra obligación despegarla de los remolinos de la complejidad.
¡A la mierda ya tanta sombra!

¡Todo lo contrario! -contradecía otro-, absolutamente convencido.
La vida está sumergida bajo los charcos de lo esencial.
Debemos empujarla hasta el fondo del raciocinio.
¡Estoy hasta los cojones de tanta filosofía masticada!

El debate se meneaba ora en este y ora en el borde opuesto
y cada vez más sangre salpicaba.

Un cuervo voló sobre nuestras cabezas.
Sus alas traían la sutil felicidad de esta jornada de ojos grises.
Y se lanzó de inmediato a la caricia eterna del crepúsculo.

El cuervo no volaba de forma sencilla, ni tampoco de modo complejo.

Sencillamente era poesía.

Canet
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Hay una niña en mi salvapantallas

Hay una niña en mi salvapantallas. Va en bicicleta con dos niños por una playa blanca de aguas transparentes. Su nombre es Matsishi y es la mayor de seis hermanos que vinieron al mundo casi de seguido como si una lazada continua e infinita de vida se hubiese anudado entre el útero de su madre y la tierra de Zanzíbar. Mientras fuesen ambas fértiles, su madre y la tierra, nada podría romper esa firme unión y la descendencia y buen nombre de la familia estarían asegurados.

A sus cortos doce años, Matsishi sabía ya el nombre del que sería su futuro esposo y cuál sería su oficio cuando fuesen ellos los herederos y responsables de prolongar la saga de los Mnuonsese. La pesca les traería la prosperidad, la posibilidad de integrarse y ser reconocidos, al igual que lo son ahora sus padres, en la pequeña aldea de pescadores en la costa oeste de la isla. Ella se levantaría con el alba, encendería el fuego y se apostaría en una esquina de su casita de adobe para machacar la pasta de coco de la que reservaría una porción para la larga jornada en altamar de su marido. Luego se ocuparía de su prole y de arreglar un poco la casa, sin prisas, con todo el día por delante para esperar, reposando en el escalón bajo la sombra del Baobab, que los gritos de los niños anunciasen el regreso de su esposo. Luego se sentaría a su lado en la cena para preguntarle discretamente acerca del trabajo, del mar, de esa porción de mundo que la aterraba y a la vez intrigaba y tras esto poner su cuerpo al servicio de sus deseos.

Matsishi conocía bien su destino, que había sido el mismo de su madre, su abuela y de quién sabe cuántas generaciones de mujeres anteriores. Sin embargo había algo en el abismo de su mente que la oponía a predestinarse de esa forma. Había observado a su madre en silencio durante años mientras amasaba, limpiaba y esperaba; había visto a otras muchachas de la aldea, otras niñas casi mujeres al igual que ella, casarse forzadas por la tradición; había ayudado a traer al mundo a una decena de niños, y en los ojos de todas aquellas mujeres, partícipes y protagonistas de cada una de estas historias había percibido el mismo estremecedor sentimiento de angustia, tristeza, resignación.

Ella quería vivir una historia diferente, como la de las mujeres blancas de la playa que llegaban en los pájaros de acero, que se sumergían sin miedo, casi desnudas en el mar y que sonreían al verla pasar por la playa en su bicicleta camino de la escuela. Matsishi sabía que detrás de todo ese agua que traía el alimento a su familia, y después de todo aquel cielo que acababa en una difuminada línea donde hundirse en el mar había un mundo diferente donde las mujeres hablaban con los hombres de igual a igual, donde descubrir su rostro y su pelo al viento, donde enamorarse, poder elegir y ser ella misma.

Hay una niña en mi salvapantallas. Va en bicicleta con dos niños por una playa blanca de aguas transparentes. Quizás me vio aquel día y pensó que a ella también le gustaría salir de su aldea y conocer el mundo de la mano de alguien que hubiese elegido. Lo que no sabe es que la llevo conmigo por ese mundo que quiere conocer y que la veo todos los días, paseando por su playa blanca con la serenidad dibujada en la cara.

Canet
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En la librería

-Ignore esa lectura, no es sugerente.-
Lo escuché detrás de mí y por un momento estuve a punto de responder que se ahorrara sus necios consejos.
Pero guardé silencio y continúe observando la contraportada del libro que me había aconsejado el librero.

Me volví hacia aquel hombre, un tipo de insignificante aspecto, con un rostro amarillento y poco alentador, que inoportunamente me ofrecía su opinión:
-¿Y por qué cree que no es sugestivo o atrayente? Puede serlo para mí y, además, ¿ha leído usted el ejemplar que me han recomendado?-
Nos quedamos mirándonos con cierta curiosidad, como si fuéramos conscientes de que exponíamos algo de nosotros mismos.
-No preciso leerlo, lo sospecho. Además, no debería fiarse de una cubierta, las diseñan para enganchar al cliente, pero no al lector-
me dijo aquel hombre cetrino y a mí me pareció una gran puerilidad, y pregunté:

-¿Usted jamás se deja asesorar?-.
-¡De ningún modo!- contesto el hombre.
-¿Entonces puede decirme cómo decide qué libro leer?-
-Eso se lo dejo al destino, un oculto olfato. Los libros te llaman.
Lo examino, me detengo en una página al azar y si lo que leo se suspende dentro de mí acabo comprándolo.
Si la frase se escurre, lo vuelvo a colocar donde estaba.-

El criterio de aquel hombre extravagante que osaba a meterse en mis asuntos,
no solo en esa porción supuestamente diminuta de mi vida que era entrar en cualquier librería,
sino en mis inclinaciones, mi opinión o mi capacidad de selección- me pareció sencillo.

-Podría usted probar, escuché que me decía el hombre de figura triste según se alejaba, pero intenté no llevarse un libro solo porque esté a la venta.-
Entonces pregunté:
-¿Es que siempre ha rechazado las recomendaciones de un vendedor?-
Escuche la voz casi siniestra, desvaneciéndose de aquel hombre misterioso:
-Yo solo estoy obligado a adquirir ánimas de lectores, joven, no de simples consumidores.

Me quedé meditando sobre si vender el alma no sería acaso carecer de la misma.
Ya desde la salida de la librería, el hombre sombrío, como si hubiese oído mis reflexiones me contesto:
-¿Qué vida tienes si no dispones de tu propia alma?
Creo que jamás vi tan cercana la cara de Mefistófeles.

Canet
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En el borde del mundo

¿Dónde demonios colocar la poesía
cuando la ira resquebraja el murmullo áspero
y rompe el barrizal de la monotonía?

Mil pájaros cautivos en el día huidizo.

El cierzo cepilla barrotes de hipocresía.

Me encuentro engendrando oleajes,
buscando la raíz cónyuge,
pero hay días que soy tan mustio,
tan miserable bajo el desconsuelo del mundo,
que las áncoras herrumbran mis manos como
cuchillos de cocina oxidados
clavando
con rabia dentada.

Y para no hundirme
lloran mis dedos,
si no es sábado y no veo su figura
en la mañana para ampararme.

Escalones de oxígeno,
expulsados,
cesados al lugar de no morir remotamente
de la hipérbole y el embuste enmascarado,
del fragmento dilatado hasta quedar ciego.

En aquel lugar la fatiga es una aguja,
un millón de puntadas de afonía selectiva
en la clausurada aspereza de la atmósfera azul.
En aquel lugar la poesía no halla su ansiedad,
su aullido esterilizado
queda turbado.

Todas las huellas lamen la brisa,
ensuciando la ciudad
apagados los individuos
con sus hocicos de bestias descubiertas
en océanos de narcóticos.
Vida insólita sin poesía
donde contempla los bramidos
en el borde del mundo.

Canet 2013 ©
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Suficiente para mí

Aquellos fracturan el mundo en diminutos fragmentos.
Aquellos destrozan el mundo a base de golpes,
aunque a mí no me inquieta,
no me importa.
Todavía hay mucho para mí.

Tan sólo necesito que me siga gustando
una vieja película olvidada, un sendero de piedras,
un madrugador pájaro.
Que me siga gustando
un paseo en bicicleta, las gotas de rocío en noviembre,
un gato en el tejado.
Pueden aquellos romperlo todo
en pequeños trozos.
Todavía hay bastante para mí.

Atesoraré siempre algo de viento
una brizna de vida , un poco de luz en la mirada
y el cierzo de Madriz,
y tal vez
si logran encerrarme
habrá suficiente para mí.
Bastante.

Será necesario que me deleite
con esa estatua erosionada, el óxido de las vallas
y el musgo del muro
donde se detiene el tiempo.
La paleta rota que uso para pintar, mis libros
y sus estantes.
Las moléculas inmóviles en un rayo de luz,
me gustan las puertas abiertas y
los seres que han entrado sin llamar
que progresan, que me arrastran
para que logre hallar el sentido de la vida
y poder colorearla.

Me gustan esos cuadros de mi casa,
barrios rotos y mujeres despeinadas
Es mi hogar y me siento complacido.
Me deleito
con esa caja repleta de música
¡Oh! De veras que me delito y
eso es lo importante, que me guste
una vieja película olvidada, un sendero de piedras,
un madrugador pájaro.
Aquellos destrozan este mundo
con su martillear incesante.

Aún hay suficiente para mí,
mucho queda, amor mío.

Canet
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Pósits en los libros (Notas)

1.
Me quedaba las tardes completas
frente a un libro de hojas pretéritas,
aguardando a que naciesen las imágenes.
Pasaba la página atento y acariciaba su piel amarilla
que después devoraba.
Cada grafema era una puerta para penetrar
en aquellos escritores muertos.
Y disfrutaba al ritmo pausado de un viajero tradicional.
Esas tardes completas encerraban palabras,
voces que ascendieron por la savia de mi carne.
Los niños de la calle crecieron encontrando riesgos y hazañas.
Para mí,
crecer fue advertir el paso del tiempo
al oír las voces de los muertos que leía.


2.
Quiero sentarme a la mesa de la cocina mientras el resto de gente se divierte viendo la tele en el salón.
No me importa que la cocina sea más fría ni que la ventana no me ofrezca una ración de cielo.
No me importa leer con una manta sobre las rodillas sino que deseo hacerlo,
soñar, leer cada línea y advertir que hay un portón entreabierto
y que empujándolo iré a dar a un corredor que conduce a distintos lugares invulnerables.

3.
La librería rebosante de polvo
retiene lecturas de lustros pasados,
se arquea con silencios y noches desveladas.
Apuntalada entre los tomos rusos
una entrada de teatro
invoca el dualismo de la vida.
Una foto de París
en un camposanto de noviembre
se esconde entre párrafos e
insinúa una pequeña catástrofe
padecida en los estantes.

4.
Escribir, ¿qué forma emplear?
Desconfío de los ritos o de las ceremonias para escribir:
cuando te paras a pensar en cómo escribir esto o lo otro
demuestras que estás débil para cavilar en lo que hay que cavilar.
Lo de las musas es otra cosa, cada cual supongo que tiene su propio sistema para que se acerquen:
yo apunto a todas horas en pequeños pósit, en la libreta, en folios, en la palma de la mano,
en los márgenes de algún viejo cuaderno, en hojas de word y a veces esos apuntes se hacen tan extensos
que ya componen un día duro de trabajo, por llamarlo de algún modo.
Mi mayor crítica es mi mujer,
no me deja pasar ni una falta ortográfica, conoce sobradamente mi torpeza gramatical.
Me llamo Canet y mi mujer Rojas.

Canet
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La comunión

Aquella vez fue la segunda y última vez que me confesé, un día antes de hacer la comunión, perdí la fe.

La primera confesión el cura la llamó prueba y, como pude comprobar más tarde, no se diferenciaba en nada de la segunda y oficial confesión.
El día de la prueba le pregunté a Sergio qué iba a confesar.
Que había incumplido una promesa, desobedecido al profesor y que le había escupido a su hermano en la cara.
En una acción de cristiano altruismo hice mías sus infracciones.
-¿Solo eso Canet?, me interpeló el abate. He visto películas de terror y leído libros que dicen mentiras.
-Vale, dijo él -para mi asombro-. Tres salves reginas y dos padrenuestros.

Permanecí de rodillas un largo rato cavilando en mis asuntos,
simulando rezar, ya que aquello era tan sólo una prueba, un paripé.
El día de la comunión repetí en la confesión mis pecados - los de Sergio- quizá en una exposición de sadismo precoz y arrogancia.
A ver qué me ocurre, me dije. Y lo que pasó es que no pasó nada.
No se rasgó la tierra a mis pies, ni un dedo gigante me señaló desde el cielo,
ni Mefistófeles en persona se presentó para azotarme y arrastrarme hasta sus aposentos subterráneos.
Estoy seguro que Dios dejó de existir, si es que existió alguna vez, pensé.
Aquel funesto domingo hice la comunión.
No me entusiasmé, no quería beber vino ni tragarme una oblea.
Mi padre se puso corbata y mi madre estrenó vestido,
y celebramos una frugal comida a la que sólo acudieron la familia más cercana y dos amigos borrachos de mi padre.
Me regalaron un bolígrafo de segunda mano y un reloj que más tarde me robaría mi compañero de clase.
Desde aquel día he perpetrado los actos más inmorales.
Jamás me han castigado, todo lo contrario: tengo la sensación de que alguien me está recompensando día a día.

Canet
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Tú (2)

Como un fluorescente encendido,
el conjunto de líneas en la libreta
me indican quién soy,
lo que cabe en mis entrañas y entre mis dedos,
la aversión de que me miren,
un aullido silente,
o tal vez dos,
saber que continúo aquí,
una caja de ibuprofeno,
despegar una pierna de la superficie,
y después la otra,
un café mixtificado
cuando en la calle empieza a llover,
eso que Max Richter solo sabe conseguir,
la cristalera,
el propósito de mi mirada
que me permite imaginar la tiritona de las nubes,
sentirme forastero de este mundo,
vagar por una incertidumbre,
tropezar de nuevo,
estar a la altura del destino,
que la vida sea de mi talla,
el lujo del que escribe,
lo que necesito escribir,
lo que me agarra,
saber que siempre estarás,
Tú.

Canet
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Metamorfosis

Al abrir los ojos esa triste mañana verificó asombrado
cómo su cuerpo se había transformado en un horripilante ser humano
de pensamiento cuadriculado por la pulsación del tiempo,
roído por la costumbre,
la esclavitud del trabajo y las poses afectadas,
los itinerarios, las facturas, los escrúpulos,
la higiene diaria, la vergüenza, el rencor, la televisión...
Y echó de menos con incalculable pena
su sosegada e instintiva vida anterior de insecto.

Canet
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Sin título 4

Me levanto con sueño
ronquera
obligaciones
una severa erección
que palpita tus siglas en
extraño alfabeto.
Sin ti.

El telefonillo suena cada cinco minutos
y preguntan por mi que no soy.
Un árabe
un asiático
y un gato
discuten en la calle y no es una broma
Y si lo es no tiene gracia.

Aúlla un perro
Dos señoras
Tres necios.
Y no quedan restos de luna que merezca los aullidos.

¿Cómo es posible que una máquina
perfore el suelo durante horas
sin llegar al núcleo de la tierra?

Un cartero del banco
me trae un recibo que no puedo pagar.
Y según la radio
la moda china en sensualidad
es lamerle los pies a los amantes
para deslumbrarlos de deleite.

La modorra se desvanece.
Las facturas sin pagar permanecen.
Los perros, señoras y necios han dejado de aullar.
Las contiendas se han marchado a otro portal.
La erección sigue escribiendo
insistente
las siglas que te componen.

Regresa pronto
coautora
para burlarnos de todo esto
y hacer que la perforadora
parezca un juguete de plástico
comparada con nuestra exploración
del núcleo de nuestro mundo.

No tardes.
Juro lamerte todo
menos los pies.

Canet
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Marcelo Carrascostinni (el abate)

El canónigo Marcelo Carrascostinni fue preguntado por la meretriz en uno de esos días de pasión del religioso.
-Dime una cosa, Marcelo,
-¿es cierto lo que dice la Biblia de que las putas entraremos antes en el reino de Dios que los ricos?-, le demandó.
Marcelo Carrascostinni, prestigioso encargado de la biblioteca nacional de la villa y corte, entregado enérgicamente al ardor de la sangre persistente, no quiso atender a la pregunta que se le formulaba.
Continuó resoplando exaltado, moviendo convulsamente las carnes de su naturaleza gruesa, dejando de lado toda inclinación mística y tareas para entregarse por entero a la consecución de la mayor de las comuniones: la del gozo.
Inmaculada le ayudaba en el cometido, buena conocedora de los puntos débiles de aquellos llamados sacros.
Aquellas oraciones del canónigo, obcecado en convertir en ofrenda el cuerpo de la ramera, aparcando los sentimientos de culpabilidad para los que él tenía en sus manos el poder de expulsar, no habían sino empezado. ¿Cómo iba a detener el rito para el cual se había envuelto con todos los emblemas que la lujuria había coronado dentro de él? Inmaculada persistió.
-Sé que lo dijo, en no sé qué parte se encuentra, pero sé que lo dijo. Y yo deseo saber si tendremos preferencia para entrar en el reino de los cielos no solo por delante de los acaudalados o los empresarios, sino también sobre los militares de alta graduación, los prelados y los altaneros policías que suelen visitar el club.-
El venerable canónigo Carrascostinni, con los ojos en blanco y la voz intermitente respondió:
-En un rato te lo digo todo, luego te lo aclaro-.
Inmaculada fingió aplacar su curiosidad y puso en su fábula mayor ansia. Algo que no pasó inadvertido para el buen abate. Incluso susurró con suavidad en los oídos del eclesiástico ciertas palabras impúdicas, lo que ocasionó una espiral de delirio al hombre, vaticinando un pronto final.
–Dime Marcelo, dime que entraremos antes y que seremos indultadas-, reiteró Inmaculada.
-Dime que seremos admitidas y estaremos a la derecha del que gobierna en el reino de los cielos. Confírmamelo o te bajas ahora mismo y te quedas en tu jodido purgatorio- le dijo con tal violencia que emociono al cura. Marcelo Carrascostinni se encontraba en un punto en que había perdido los fundamentos, los principios y no diferenciaba entre el bien y el mal, bendiciendo aquel momento como una elevación irrefrenable a la gloria prometida. La trabajadora Inmaculada entendió que su labor estaba a punto de llegar a su fin pero a la vez trató de coaccionarle y sacar de él una resolución sobre el tema que preguntaba.
-¿Por muy puta que haya sido, seré absuelta en las mismas puertas del reino, verdad?-, gritó con tal fuerza que lastimó al abate. El canónigo tembló de pies a cabeza, empotró su cuerpo sobre la sensible planicie de la mujer y sacudió aquel cuerpo irregular en medio de inhumanos espasmos. Enseguida emitió con una furia verbal arrolladora:
-¡¡¡Bendita mujer, tú reemplazarás al altísimo y creador, tú serás la todopoderosa!!!-.

Canet
dedicado a mi amigo M.C
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Los innegables

En muchas ocasiones me he planteado abandonar la escritura. Sería un cínico si asegurase que no espero que nadie me lea. De ser así, todo lo que escribo terminaría en un cuaderno escondido de algún armario, exactamente como hice cuando era niño.
Como algunos sabéis me encanta leer. Desde muy niño nunca me he separado de los libros. Leo casi todo lo que encuentro, y hago pocos ascos a esos libros considerados como simples, bueno, de vez en cuando si que les hago ascos.

El problema radica en que en algunos de estos libros etiquetados como sencillos te encuentras que los protagonistas son veinteañeros algo bellos, con ocupaciones artísticas o atrayentes y con mucha independencia. ¿Por qué tan pocos narran las aventuras cotidianas de cincuentones y cincuentonas, que no tuvieron nunca la que quizá no fuese una bella historia de amor pero que era su historia, que cumplen con ocupaciones tediosas mal pagadas, y además se hallan atados por deberes familiares de hijos y, algunas veces, padres seniles?

Estos cincuentones existen. Yo podría ser uno de ellos perfectamente. Somos románticos, enrevesados, pusilánimes y brillantes. Somos "innegables" , muy capaces de leer a Faulkner esperando en la cola del supermercado, y fantasear, mientras caminamos por la calle sobre zapatillas desgastadas. Continuamos estando en boga, aunque al observar nuestros ropajes no lo parezca mucho. Y hay "innegables" que en las rebajas se arman de valor y se compran trapos con una talla menos con la ilusión de eliminar esos cinco kilos que les separan del prototipo perfecto. Somos imperceptibles, y no tenemos la necesidad de poseer poderes, aunque seamos la única figura humana en tres kilómetros a la redonda, y lo más próximo que estamos de ser tipos cachas o supermodelos elegantes es cuando nos ponemos nuestras mejores galas y nos da por hacer ejercicio.

Tenemos materia, ingenio y algo de corazón. Soportamos nuestras tristezas con terapia de cocina, lectura, sesiones de colada, con cine y con hilo musical de los platos.

Algunos no conocemos la sensación que se experimenta en un balneario o en un restaurante de moda, y silenciamos interrogantes a base de aromas de friegasuelos y detergentes. Observa a tu lado. En el vagón del metro, en el supermercado, en la calle…
¿Cuántos "innegables" puedes ver?

Canet
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Líneas escritas

Penetrar
en este mundo
y caminar
por el ocre de la mañana.

Caminar y observar
prestar atención:
hojas azafranadas
que tiritan con la brisa
un gorrión en una rama
su canto
la acera
que revela al cielo
en mechones plomizos
escaparates enjuagados
cigarros sin apagar
los andares altaneros
del hostelero
gato negro a tientas
en el cubo de basura
ojos cegadores.

Las líneas escritas se amontonan
hacia un modo de escribir
que codicia algo más
que el solo hecho de plasmar poesías
con símbolos despuntados
y con lamentos íntimos.

Gigantesco mundo
y la sensación de algo que ha de ser escrito.

Canet
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Una página perdida

Estoy seguro que Canet no será para ustedes
más que una mustia página perdida entre millones de lecturas,
un espacio afónico,
un susurro en el cielo donde brotan las hojas de la melancolía y el olvido.
Deseo hablaros de un intento de poeta al que no conocéis y probablemente nunca lo hagáis,
de un tipo gris sin más fortuna que la de amar y saberse amado, un tipo rodeado de palabras,
un tipo afablemente rendido al arte.
Puedo verlo allí, subido en una nube,
sus párpados se cansan y se cierran al contemplar el temblor de las hojas en otoño.

No tiene otro confín el cielo esta mañana,
pasan por delante de su mirada seres indiferentes,
personajes repetidos y adulterados de los que nace
la ansiedad de verse en otro mundo distinto.

Esa tenebrosa orden de desnudarse con cada escrito,
de bramar contra la vida lo que el cielo no logra escuchar,
el taconeo de unos pasos que corroen la melodía
y la luz azulada de finales de octubre.
E intentar escribir poesía,
como el muerto que escapa del azar en una estrofa:

Al final de la calle,
debajo de esta torre,
hay un lugar con hojas verdes sobre la mesa
y mujeres simuladas con el cabello al viento.
Y estoy seguro que Canet no será para ustedes
más que una mustia página perdida entre millones de lecturas,
un rostro que se oculta y que me observa desde un espejo roto.

Canet
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Casi siempre

Casi siempre mis poesías carecen
de utilidad,
son fango, son nada, son bosques desabrigados,
Casi siempre mis poesías no son dignas
de un lugar en el Parnaso...
Permanecen con los humanos que residen la melancolía
y deambulan con ellos en las noches glaciales
con la borrasca sin nombre
que atiza su espalda.

Casi siempre mis poesías apestan a descomposición,
no acatan las reglas métricas y no relucen bajo el sol.
Casi siempre mis poesías no interesan, no seducen,
son miserables, son indescifrables, son ruines del mundo.
Son vástagos, como el que firma, de la inquietud
disfrazadas de alborozo,
de versos ajados, de ficción, de esperanza...

Casi siempre mis poesías se humillan tirándose al suelo
como basura olvidada,
o surcan sin rumbo a merced del viento.
En alguna ocasión mis poesías caen en las manos
de algún forastero, que se atreve, sin más,
aunque no pida permiso, portarlas consigo.

Casi siempre mis poesías retornan para recordarme
quién soy y quién fui.
Y se mantienen allí , guarecidas del mundo
en la esquina eclipsada donde yace mi infancia,
en las sucias calles de los momentos perdidos
y los deseos,
ilesos, por siempre,
de la destemplanza atroz y la insaciable derrota.

Casi siempre mis poesías, a pesar de todo,
insisten en seguir estando.

Canet
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Ciudad de huesos inertes

Abandono los adornos, las tinieblas,
las precisiones púrpuras,
aquí,
al pie del abismo
donde las hojas caen como lágrimas perladas,
donde los rumores
son una extensión que no vuelven a su punto inicial.

Me quito el atuendo y las normas,
la reflexión vidriosa
y el oleaje del estómago,
me abandono sobre estas líneas defectuosas.

Camino sobre mis dos ruedas
en dirección al silencio oculto,
donde se acarician los bordes delicados,
donde el murmullo del pensamiento se hace intangible,
donde carece de importancia que el porvenir
quede fuera del epicentro.

En esta ciudad de huesos inertes
transformo las horas descosidas,
la brisa,
la fragancia de los lugares que no habité,
dejo
las intenciones que jamás serán,
los pinceles,
mi topografía intima,
el fuego que incendia.

Entonces
diminuto, libre, comedido,
sin la menor señal de fingimiento
alzo los párpados
y me veo
mirándome a los ojos.

Canet
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8comentarios 105 lecturas versolibre karma: 57

Contratiempo

Aprendí a ser yo mismo en el carrusel de la verbena
que instalaban cada verano muy cerca del barrio.
Cuando zumbaba la sirena y se paraba, dejaba la mano de mi abuela
y volaba a elegir dónde ser yo mismo sobre uno de los aparatos del tiovivo.
Los hermosos corceles y demás animales que subían y bajaban, jamás llamaron mi atención.
El coche de la policía era extremadamente seductor, sí, pero muy disputado.
Elegía siempre una especie de camioneta ruinosa que, si no me subía yo, giraba sola,
sin ningún niño al volante.
Este fue mi primer contratiempo:
¿Por qué aquello que me gustaba no le agradaba a nadie más?

Canet
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Sinfonías

En la pasión se prestaba de tal modo que agotaba toda su esencia.
Cuántos estilos dominaba aquella señora.
Qué balanceos melódicos.
Qué ademanes de ternura. Qué idioma almibarado.
Qué resoplidos embrujadores.
Armonizaba, como en una orquesta,
los acordes más imprevisibles y los movimientos más metódicos.
Sabía incluir en el libreto el pasaje apropiado.
Posicionaba en la representación el ritmo más enérgico.
Conseguía estremecerse con creatividad y paralizarse en el momento exacto.
Cada movimiento era una sorpresa palpitante.
Si se dilataba, despertaba una obertura de gemidos.
Si se contraía, era un orfeón de notas vaporosas.
Si se encumbraba, la sonoridad de su voz fragmentaba la habitación.
Si se contorsionaba, su gimoteo era un tañido tardío.
Si de súbito se detenía, los arpegios de su cuerpo se transformaban en una aguda sacudida.

Fui muy afortunado aquella tarde de invierno.
Yo, al otro lado de la pared, lo escuchaba todo.

Canet
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Sin título (el último)

Ni se os ocurra colocar coronas florales encima,
solo aire libre,
aire puro de montaña.
Quizá la claridad del aire alivie al desocupado
que ya no dormita aquí y sin embargo reposa
ataviado con ese ropaje que en pocas semanas
tan solo será una cruda desnudez,
simple animal deshuesado galopando dirección a ninguna parte,
y lo más importante,
nada de lágrimas
-¿qué ganáis llorando?

Canet
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sin comentarios 200 lecturas versolibre karma: 60

A contraluz

Quizá lo hayáis olvidado
pero hace tiempo
jugué con el papel de tipo inquieto
delicado
de esos que bajan la mirada en los bares
cuando cambia el plano
a pesar de que la película es divertida.

Un poco Henry Fonda…
aunque la verdad,
siendo honesto,
con mucha menos clase
y con un pésimo diálogo,
pero sin pistolas.

Desde el umbral
cualquier antro parece interesante.
Yo os abandonaba allí para que vieseis
a oscuras el resto de la taberna
la parte más limpia
es decir
que conservo algo de mundo interior
que he leído a Proust y a Flaubert
que he viajado algo
que plasmo cosas semejantes a poesías
y ese tipo de necedades.

Años más tarde
a estas alturas
vosotros ya sabéis que no es para tanto
de sobra lo sabéis
que vivo entre libros y cine clásico
que oculto a los muertos bajo los párpados
y ocupo el tiempo de seres huecos
y que soy tan vegetariano como un chivo.

Otro triste tipo
tan tímido y aparatoso y fascinado y …
debo repetir lo de tímido.

Pero esta mañana, no sé,
el día se ha quedado en bragas
y todos esos disfraces bailaban a solas
así que me he lanzado…
¿y por qué no?
cambiar de guión.

Voy a jugármelo todo a tu delicadeza
voy a confiar del todo en mi torpeza
como Charles Chaplin
con toda mi pobreza por bandera

por si quieres
por si aún
por si no es demasiado tarde.

Canet
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8comentarios 131 lecturas versolibre karma: 73

La abuela

Fue la primera vez que me obligaron a dormir en casa de mi abuela materna. Pasé desorientado el momento de la cena, pues no conocía a aquella señora de rostro rugoso. Sufrieron toda clase de desgracias mis prejuicios infantiles frente aquel plato desconchado en que se me vertía la carne con denso caldo.
La jaula donde defecaban los pájaros olía tan mal, que me pareció estar empapando el pan donde no debía.
Crepitaba toda la casa. Los rostros misteriosos, antediluvianos, que ocupaban las paredes hacían todavía más pertinaz aquella anaranjada soledad en que se me asfixiaba el alma. Era como si todo el mundo hubiese muerto hacía muchos años y quedáramos tan solo en él mi abuela y yo, rodeados de corrales vacíos, imágenes de santos, muñecas de porcelana en cada habitación y otro millar de extravagancias de muy heterogénea apariencia. Pero, a pesar de todo, aquella señora enjuta, enlutada por entero, decía cualquier cosa y se mofaba como una imbécil de lo que acababa de decir, mostrando sus melladuras y una muela plateada .
Aquella era su cándida manera de adorarme, de estar encantada conmigo y con todo lo que nos rodeaba, porque, si no era muy inteligente, tampoco le era necesario para ser una mujer dichosa como cualquier otra con sus plegarias bien rezadas, su ganado y sus familiares vivos.

Me arregló la última habitación, me tapó y besó en la frente y me dio las buenas noches. Al rato no recordaba donde estaba el baño y me levanté y salí al pasillo como el que espera ser atropellado por no se sabe qué oscura catástrofe.
Me di ánimos para lanzarme a través de aquella voluminosa oscuridad teñida por la luz moribunda que salía de la habitación de la abuela y, al pasar junto a su dormitorio, vi –sin ser advertido– algo que me alteró como ninguna otra visión lo había hecho aquel día.

La abuela se estaba desvistiendo colosalmente, misteriosamente, abrumadoramente.
Observé la perplejidad de la carne tartamudeando entre sombras su encanto dormido.
Aquello era una desobediencia ecuménica. No había modo de admitir aquella piel albina, piel de mujer nevada sobre la que pendían los pechos agostados de la muerte. Mi carne, procesada por la contundencia de la suya, gritó de pánico y se deshonró de deseo.
El Serafín y la Bruja, ¿Quién demonios los había desorientado así?

Cipriana, mi decrépita abuela antiestética de mostacho enmarañado, viuda de gélidas chichas ardientes,
permite que me oprima a tu belleza como no supe hacerlo aquella vez primera.

Canet
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Este miércoles

Este miércoles sabe a homicidio.
La mañana se ha extraviado en un atajo.
El canto de la brisa suena a perro malherido
y daña como garras en la costra,
me acuchilla en la carne algún lamento
¡si por lo menos enmudeciera la brisa!

Este miércoles huele a nigromancia.
En mi trastero mental reside un diablo
con síndrome rastrero de cortesía
que se nutre de plegarias y cianuro.

De puntillas recorro por la vida
mascando pedazos de cielo,
mientras tanto este apetito que me pide crear
se alimenta de amor.

Canet
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El primer rayo de luz

En la cocina la cafetera está silbando.
El agua se empeña en cumplir su deseo de convertirse en nube.
Una enramada de poto tararea apasionadamente
sobre el lateral del frigorífico.
En la mesa del comedor, al lado de un par de libros,
hay dos tazas en línea y, en el centro,
un frutero del que brotan manzanas.
En el tocadiscos suena un nocturno de Chopin.
El primer rayo de luz alarga su brazo hasta la nuca del caballete,
que reclina el lienzo sobre nosotros.

Canet
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Acrobacias

Siempre me gustó el circo y siempre quise trabajar en él. Me hubiese gustado ser acróbata.
Me conformaba con caminar sobre la barandilla o balancearme.
Sillas de hierro y toscas de colores descascarillados en el parque habitual.
Siempre haciendo cola para subir, haciendo tiempo revolviendo la tierra con la puntera de mis zapatillas rotas.
También me tiraba desde lo alto de la calle ancha con la bicicleta,
sin frenos, gritando con los brazos en alto como si me fuera a escuchar alguien.
Casi nunca pasaban coches, muy poca gente, y quizá algún niño jugando,
y el loco del barrio cuando regresaba del trabajo mirándome con ojos cansados.
Acrobacias eran las mañanas de sábado, de puntillas por la casa fría,
atisbando a través de las líneas de la persiana, acariciando aquellos primeros rayos con la yema de los dedos.
La mañana soleada asegurándome que podía salir a la calle con la bici
y los zapatones de minero que tanto disgustaban a mi padre porque decía que con ellos era difícil patear la pelota.
Acrobacias eran las noches de verano en casa de mi abuela,
en la habitación que daba al infinito, y en la que soñaba que un hombre intentaría colarse por la ventana para raptarme.
Que me secuestraran no me asustaba, podía ser incluso una buena noticia, lo que me aterraba era el susto, que me descubrieran en calzoncillos, con los dientes sin lavar y la mochila sin preparar.
Acrobacia fue el trapecio de mi niñez en el me enganchaba cabeza abajo, agarrado tan solo por las piernas.
Cuando llovía acostumbraba a chupetear el hierro rociado, aquel herrumbre en mi estómago, siempre en secreto, sin red, desafiando al peligro, enfrentado a la soledad.

Canet
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Martes

Hoy martes las nubes agonizan,
se arrojan hacia las ventanas en repetidos impactos.
Se puede escuchar a la lluvia que viene suspirando
y un rumor de locura que te menciona.
Taciturno como un muerto,
entristecido como un verano,
observo las imágenes hediondas
que se colocan tristes en esos asientos
como si retornaran de un país lejano
para establecerse aquí por siempre.
Sin los habituales accesos de locura
las imágenes habitan en mi martes,
acampan entre la planta 47 y el cielo raso
mientras las nubes se arrojan hacia las ventanas...
nombrándote.

Canet
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Autorretrato II

No poseo nada: soy pequeño.
No retengo nada: soy infinito.

Igualmente que todo eso: habito, descubro, jadeo y refunfuño,
me reúno para observar y para olvidar,
me despeino, leo, abordo y titubeo, sudo, sospecho y soy irritante,
sueño, tirito, reflexiono, pregunto, gratifico y disfruto,
soy honrado y vituperado, conservo mis defectos, mimo, abrazo, beso , ansío,
friego, cocino en mi pequeña cocina, escribo, blasfemo e imploro, tiendo la ropa,
asimilo, fantaseo, dialogo, estudio,
circula sin fin mi sangre por tenebrosas marañas,
como, lamento, llego a deshora,
lloro, ignoro, me conmuevo:

Despierto.

Canet
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Aullidos

Estoy en la cama o en la mesa de trabajo, estoy en la oficina,
estoy en mi salón, en mi calle que no es mía,
estoy y escucho el aullido de la historia.

Entonces, yo que pertenezco a casi todos:
a mi familia, al banco y a los organismos, a los que se benefician con mi trabajo
y a los que me leen, a quien me paga cada mes, a los visitantes y a los que visito,
presto atención al aullido y tomo asiento,
y pongo mi pómulo ligeramente orientado hacia el lugar donde proviene la vida.
Y es que procuro a tener fe.

Hoy no he abierto el libro, ni el frigorífico, ni siquiera los ojos.
Reconozco que procuro tener fe y tiendo a confiar a que se mantenga.
Soy está piel y las legañas que se agarran a mis ojos,
y la vírgula que nace en mi sien y se dilata en la mejilla,
descendiendo hasta la mandíbula y que cada vez que se mueve rebana la atmósfera.
Soy zapatillas blancas, pies y sustancia completa,
y aquella camiseta desgastada de color infausto, soy y ,
me inclino a creer que soy este temblor frío,
misericordioso, que escucha el aullido de la historia,
y me miro las manos,
raramente asombrado de que alguien pueda tomar mi vida
y relatarla como si fuera un aullido.

Canet 2012
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Escribo por la mañana

Escribo por la mañana.
La detallo para ti.
Los incendios de claridad que abandona el sol de marzo
sobre los cristales de la torre.
El aleteo de mis pájaros cuando el claxón de un coche los espanta,
son tantos los que despavoridos se alejan de los ramajes
que parece que es el mismo árbol quien sale volando.
En una página de word
que cincelo con serenidad de escultor voy modelando la mañana.
Para que puedas verla cuando salgas por la tarde.
Aunque te quedes dormida,
para que la reconozcas cuando despiertes a mi lado.

Canet
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Buscándote

Te busco donde siempre,
universo fabuloso e insuficiente,
en los detalles pequeños,
en los ángulos muertos, en las mullidas nubes,
en los habituales sonidos que no se parecen en nada a tu voz
aunque me recuerdan a ella.
También en el tejido de una camisa blanca que cae
-desgárrame la piel, redios, hazlo con tanta pasión
que los sismómetros eyaculen como leones libidinosos-,
en la luminosa quietud de la siesta
cuando el jadeo de a dos es la más maravillosa clase de contrapunto.

Canet
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El cuaderno de bitácora

Había un álamo selvático enterrado en una pendiente.
Al acariciar el ramaje copioso el suelo , se creaba lo que al niño le parecía una caverna.
Con la correspondiente frondosidad, diversas láminas metálicas , tablas y una necesidad profunda de incomunicarse de todos él transformó aquel lugar en su hábitat oculto.
Una mañana nublada la niña se unió al niño.
-¿Por qué te ocultas?-, le preguntó atrevida.
-No me oculto de nada, sólo huyo-, respondió el niño.
-Y ¿huyes muy lejos?,- persistió ella.
-Lo más lejos que pueda -respondió el niño-, a veces a las dunas del Sahara,
otras a las aguas del atlántico, otras al Amazonas con los indios, a veces a Laponia.
-¿Cómo conoces todos esos lugares si nunca saliste del barrio?-
El niño la contempló con superioridad, pero le contestó con bondad.
-Es muy fácil. No es necesario salir del barrio para llegar a ciertos lugares.
Solo debes imaginártelo y sentirlo, desearlo, hacer como que viajas y siempre se llega a algún lugar.
Mira, hasta tengo un cuaderno de bitácora.
-¿Pero de qué te sirve si tu cuerpo no se mueve?-, le cortó la niña.
-Pues me sirve de mucho -aseguró el niño-.
Me indica que océano debo navegar para llegar al Este y encontrarme con las playas de Vietnam.
Si organizas el viaje, lo haces y abordas donde te lo propongas-.
Ella quedó en silencio. Él se dio cuenta que se aproximaba a su mundo.
-Querría viajar contigo-, le dijo.
-¿Conmigo? A esos lugares se viaja sin compañía, porque todo tiene que ser desconocido-.
-Yo soy desconocida -contesto con atrevimiento la niña- y podrías valorarme como una nueva región.-
El niño no vaciló antes de contestar:
-Las regiones nuevas son para ser exploradas-.
-Por supuesto-, dijo la niña.

Canet
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Un mundo de mentira

Constantemente he tratado de anexar
la ficción con la racionalidad y ahora
descubro que existen unos fantasmas
que me muestran el itinerario
hacia el lugar y el tiempo
donde todo es irreparablemente
un maldito fraude.

Maldito fraude,
como la comida envasada a las dos de la tarde
o tu mirada, desde aquellas lejanas ventanas,
que prologan el día sin ti.

Maldita farsa, las caricias de neón,
el follar de Dionisio,
el que proclama locura y éxtasis
desde su indumentaria de hilo dorado
y plataforma de alabastro.

Maldito engaño es el reposo del camposanto
de sepulcro alquilado,
el agasajo por correo electrónico
de aduladores profesionales,
o esa luna disuelta y mugrienta
que tirita reflejada en el agua.

A dios gracias
que hoy he salido a la calle
ante un mundo de mentira
y el firme presentimiento
de un inmediato diluvio.

Canet
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El reloj

Mi compañero Oscar en sexto de egb me robó el reloj que me regalaron,
el único reloj que he tenido en mi vida.
La primera vez que se lo mostré descubrí la avaricia reflejada en sus ojos.
-Un reloj autentico de acero, dijo.
El suyo tenía un aspecto sucio y era de plástico. Se lo dejé en muchas ocasiones, se lo hubiese dejado toda una vida tan sólo por ver de nuevo esa avaricia brillando en sus ojos.
Pasó el curso y no me di cuenta de que me lo había quitado hasta que me lo enseño luciendo en su muñeca.
-Mi reloj es una mierda, no cierra bien, dijo.
Inmediatamente reconocí mi reloj.
Con la correa plateada y la esfera verde Esmeralda. Le encajé el remache y le ajusté bien la pulsera.
Después tan solo le dije que lo conservara bien porque era un gran reloj.
Una vez reparado se lo entregué. La avaricia de su rostro se tornó en confusión.
El reloj me lo regalaron mis padres. Jamás les conté que me lo habían quitado.
En ocasiones me da por pensar en ese capítulo y en mi reacción irracional.
En por qué no le dije a Oscar que me diera mi reloj. Nunca tuve coraje o agallas para pelear, ni con diez años ni con casi cuarenta – al menos eso creo-. Aunque me quitaran la vida, encajaría el remache, me ajustaría y guardaría silencio como hice entonces.

Canet
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Sin título 13

Desde la esquina del sofá donde está tendida,
los muros del patio no le permiten recrearse con la cotidianidad de los transeúntes de la calle.
Pero si sale al patio; si guarda silencio y presta atención, podrá escuchar los pasos sobre la acera.
Tampoco logra ver a los niños que corren tras la salida del colegio,
pero oye el deslizamiento de las ruedas de sus pesados macutos.
Ese tra-tra-tra que tritura el pavimento, y que se diluye con la estridencia de la lavadora de la vecina.
Cerca, otro extraño sonido engulle el montón de hojas que van cayendo sin que nadie piense en su próximo destino.
Solo existe un sonido en la casa, se trata del zumbido que emite la nevera.
De vez en cuando, suelta una queja afónica, esperando en vano una respuesta.
Pero esta tarde, incluso el grifo que siempre llora, se mantiene silencioso.
En el domicilio de arriba, alguien cuelga la ropa.
La punta de una sabana asoma y se exhibe tras el cristal de la cocina;
se columpia de un lado a otro, lamiendo los pernios de la puerta, coloreando de blanco el único paisaje que le corresponde.
Cuando sale de la cocina, su imagen amputa la exigua claridad que penetra por el cerco de la ventana. Han anunciado precipitaciones persistentes en toda la península. Pero dentro de la casa, todo es calma; grifos que no gimotean; brisa que entra por una ventana que alguien no quiso cerrar, y que desplaza las hojas de un libro.
Todos esos ¨amor de mi vida¨(de mentira) dedicados en algunos libros, van hundiéndose paulatinamente.
Y en el aire, esa percepción que se apodera de quien todo esto escribe.

Canet
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El lugar donde nací

El lugar donde nací
no es una condecoración para llevar en la solapa,
ni un estandarte, ni una bandera,
ni una marca ni un estigma.

El lugar donde nací
son diversas armonías que nacen de los astilleros
y de los campos agujereados por el sudor labriego,
es el inmenso sendero de pasos amistosos
y de estómagos furiosos de los desocupados;
no es un Saturno mi país que devore a sus vástagos,
ni tampoco es una eterna deuda con el pasado.

El lugar donde nací
es el plañido de los que no tienen nada,
es el aullido afónico que implora contra la iniquidad;
mi país
tiene lagunas y no todos reflexionan.

Es tan largo el lugar donde nací como sus inviernos,
como una hendidura que no tiene límites,
limita a la derecha con un mar de incertidumbres
y al sur con un océano de altas fronteras.

Canet
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Sin título 39

Hoy quiero llorar durante la madrugada,
vas a escucharme y despertarás,
dirás algo sobre mi delicadeza, de mi locura y,
como no abriré la boca
insistirás detallándome que estuviste leyendo a Vargas Llosa y que pensaste mí.
Será en ese instante
cuando prolongue el sollozo.
Nada entenderás, nada porque
cuando gimoteo
no sé explicarme ni se me entiende, pero
te diré que hoy me caí de la bicicleta
porque soy algo zopenco y porque estaba escribiendo versos en las nubes.
Que me faltan metáforas, que soy demasiado textual y
simple.
Tan simple, repetiré entre lágrimas.
Solo quiero que me arropes, pensaré,
pero no sabré explicarme.
Necesito que cures mis heridas,
que me resguardes
que no te rías de mi despeinado, de mi orden
escrupuloso en la librería
que no quiero desempolvar porque los libros deben estar con su polvo.
Acaríciame
arrópame y acaríciame
que en alguna parte del cielo
estoy retratando santos y espaldas desnudas.

Quiero contigo una casa bucólica con ventanas donde mirar la lluvia,
una cocina mediana y una biblioteca con filmoteca.
No escucho lo que me dices,
sí, respondes.
Entonces
empiezo a dejar de llorar
porque hipar me agota y
porque me estás besando el pecho mientras yo
acaricio tu espalda sedosa.
Porque las heridas cicatrizan.
Porque ahora somos uno,
tenemos paz y mucha armonía.
y porque sí.

Canet
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El escondite de las palabras

Yo llegué al mundo sordomudo,
no estuve en la guerra
ni sobreviví a ningún cataclismo
y mis dedos no han acariciado
las pieles álgidas de los finados.

La totalidad de lo que sé
vive en el vacío
que envuelve la longitud de las cosas
pues tan sólo conozco la jerga de las aves
el fuego que hiela
y el escondite de las palabras.

Soy pavesa en la brisa que no soy,
mi dicción es brote de la poesía,
extensión entre la voz y yo
sin inclinación alguna,
sin ralea ni facultad de nada.

Cómo decirle a mi carne
que jamás podrá sanar a nadie,
cómo explicarle que la única pieza
que le es correspondiente
es tan sólo escoria de la nada,
núcleo del viento
que nada logra.

Canet
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Autorretrato

Soy idiota. Eso es lo fundamental. Tengo buenos sentimientos, pero eso no es lo que ven de mí.
De entrada solo ven a un tipo extraño. Encuentran enigmática mi extrañeza.
Eso no es tan malo. Pero cuando abandono el disimulo todo se dificulta. Soy un absurdo.
Tal vez por eso no me fío. No sé apreciar lo que tengo.
Entonces, tan incoherente como soy,
hay momentos en los que siento que soy el único responsable de todo lo que me está sucediendo.
No sé darme a conocer del todo, de hecho me importa un bledo.
Detesto que sepan cómo soy de verdad porque me subestimo
e imagino que a nadie le puede agradar mi insólito modo de ver el mundo.
Cavilo demasiado, qué gilipollas integral que soy, a veces llegué a pensar que era inteligente.
Tuviste que aparecer en mi vida para hacerme ver que la persona inteligente es aquella que nada necesita.

De todos modos, ahora que he descubierto que soy burdamente inculto, me gusto más.
Hasta por esto debo darte las gracias. Eso lo hago a la perfección.
Siempre te he agradecido lo mucho que me has dado,
aunque en ocasiones de una manera difuminada, y otras desmesuradamente,
lo cual ha propiciado a que me vean como un simple loco, pero eso no me preocupa.
Soy novelero, soñador y fantasioso.
He pretendido hacer volar a algún lector y solo le he generado suspiros.
Pero también he logrado aletear. Y hacer aletear.
Nunca creí que podría hacer feliz a una mujer como tú.
Soy quebradizo y me agarro a la bondad que me dan. A veces no sé estar solo.
Aun así, hay ocasiones en las que parece que me gusta desaparecer buceando por mi mente.
Soy una especie de adicto a una soledad que detesto con toda mi alma.
Me agrada el dolor, porque me imbuye pasión, y eso me hace estar más vivo.
Me creo poeta.
Pienso que con un puñado de palabras puedo lograr lo que quiera,
pero suelo engañarme con mis acciones.
Hago que esperen de mí más de lo que puedo dar.
Y eso me hace sentirme pequeño, pero así es. Siempre he sido muy orgulloso,
y me alegra ver que he logrado subsanarlo.
Te doy las gracias de nuevo.
Me creo un rebelde, pero me paso el día haciendo cosas intrascendentes y ordinarias.
Quiero contribuir a que el mundo cambie pero continúo pintando mujeres y casas.
No me siento español, pero me gusta españa.
No pienso mucho en lo que haré en el futuro.
No pierdo el tiempo pensando en ello. Mi mañana es estar a tu lado.
No obstante, a veces empiezo a pensar que acabaré en una espiral de terrible rutina.
Por favor Silvia, no consientas que eso suceda, llévame a la Candelaria de vez en cuando.
Reconozco que puedo ser algo diferente. Muy distinto.
Sé que a mis años, pocos -o nadie- hacen lo que yo.
Veo cómo el resto consumen sus días en aislarse de todas las preocupaciones.
Me encantaría ser como ellos y sin embargo me zambullo en nuestros problemas,
porque necesito saber que estoy capacitado para solucionarlos.
Y puede parecer que no quiera la ayuda de nadie.
Soy todo generosidad y bastante benévolo, aunque eso no debería decirlo yo.
Y por querer demostrarlo, termino errando.
Me conforta saber que soy una persona singular.
Mezquino quizás, pero particular a fin de cuentas.
Saber eso me ayuda y entorpece la vida a partes iguales.
He dejado de estremecerme, pero me estoy redescubriendo poco a poco.
Ahora más que nunca me necesito. Necesito volver a creer en mí para encontrarme.
Sé que consumo el tiempo escribiendo cosas de mi infancia,
echando de menos la soledad del parque,
pero continúo frunciendo el ceño y viendo al mundo del mismo modo.
Sigo siendo un niño.
Sospecho que puede dolerte que me leas pero como te dije un día, no conozco otro idioma.
Sé que muy pocos pueden sentir lo que yo siento.
Ahora me estremezco leyéndome, e incluso lloro al hacerlo,
soy un maldito apasionado y jodidamente sentimental.
Y cuando deje de ocurrir, lo echaré de menos, así lo creo.
Y algún día todo dejará de ser distinto.
Pero llegará el día, ocurrirá cuando no lo espere.

Todo, absolutamente todo está en mis manos.
Ahora puedo empezar a fiarme de mí.

Canet.
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6comentarios 361 lecturas relato karma: 52

No me dices nada. (No es necesario)

Es insistente este febrero
que evita acatarrarse desde aquellos días de diciembre.
Es obstinada la firmeza de lo improbable,
el revoloteo de la mariposa agonizante,
el estertor del perro atropellado.
Es perseverante este cierzo que congela los tejados.
Es duradera la constancia de la derrota,
el cuchillo en las costillas,
la hoja escrita que jamás será leída.

Tras la ventana tiznada de la realidad se ocultan intereses inconfesables,
miradas fúnebres,
lágrimas despistadas que se oponen a dejar la tristeza.
Todavía queda día para sosegarse.
Todavía queda día para responder y contradecir,
para replicar y rectificar, para reflexionar y expresar.
Todavía queda tenacidad para sostener en pie este mundo
que brota inconsciente desde el torrente del tiempo.

Empezar con el día no es encender
la luz por integridad.

Esconderse es la decadencia del sol
o indicio de un delito.
Silenciar es galopar calles
sobre el gris de la ciudad,
masticando miradas y vendavales, versos
y fotos, llamadas apenadas
y aceleradas, coches invisibles,
semáforos rotos y asientos desocupados.

Escapar es olvidar todo lo no querido
y lo amado, y la compasión
sin esperanza, y ser mojada ventana
de lágrimas abatidas.

Empezar con el día no es escribir
poesías, ni establecer tareas:
empezar con el día es escapar
de las dudas,
para procurar eludir los fallos
que anidan en las grietas del alma.

Hoy agarro el cuaderno
que estiman tus ojos.

Es pura casualidad que las hojas
estén señaladas con un cierto
aroma.

No dices nada.
Tus manos dibujan
estrellas. Asesinas mis penas
con el blanco de tus silencios.

No dices nada y encharcas
mi boca con tu imagen,
mis venas de tu sangre galopante,
mi garganta asfixiada de tu aire,
mi misterio con tu despertar
que ejecutas en este atardecer.

No me dices nada.
No es necesario.

Leo tu piel lentamente
al abrigo de mi carne
entendiendo su idioma.

Canet
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1comentarios 172 lecturas versolibre karma: 42

Algo en la mirada

Tiene centelleo, tiene algo en la mirada, algo tras los párpados, hay color cobre en el marrón de sus ojos, tiene tejido de vida, tiene audacia, tiene el nervio de la vida, la potencia del tiempo, en sus ojos, en su existencia, tiene color púrpura en el rojo de su sonrisa, es la melodía silenciosa de una pieza olvidada, es la figura enmarañada de un destello, la apariencia del miedo, es un no sé qué en el espacio que habita y tiene una pizca de un color confuso que confunde su imagen, posee color, luz, nervio y existencia, y aroma a canela, y es sedosa como una promesa, y resplandece, y abrasa, y tranquiliza, y tiene sueños de color amarillo en el dorado de su risa, y vaga sobre el tiempo, y le quita su vigor, y llora, y tiene un lloro que incendia, que no calma, que intimida, que daña, que se extravía en una maraña de océanos.

Y regresa, y escala, y se mofa del tiempo, siempre se ríe del vaivén del reloj, y se apodera de su alma, es la ladrona de su energía, y sobrevuela el pasado, y huele a golosina, a golosina caliente, y tiene algo en la mirada, algo albino, algo plomizo, algo de un color impreciso, desteñido, y es el sonido ahogado de una caricia, el instrumento de una banda sin filarmónicos, los músicos se han marchado, y se queda ella, con tonalidad, con energía, la que le quitó al tiempo, y observa, y ríe, y se pierde en la maraña de océanos, y sonríe, y su alegría es azul, azur como la bóveda de la noche, y es una reverberación natural, existe, condensa la vida.

Ella posee luz, de sobra lo sé, tiene algo en la mirada, y su disposición de vida que despista, y me obsequia con el café de sus labios, y llena un espacio allí, en el sitio que tanto llena, por dentro y por fuera, y tiene color, es marrón, es roja, es amarilla, es azur, y blanca, y plomiza, y se baña en el océano enmarañado, y me ofrece su mano, y me lee, cuánta vida que me lea, y tiene algo en los ojos que coagula el juicio, y es tersa como su piel, y posee la fortaleza de mi existencia.
Tiene centelleo, tiene algo en la mirada…


Canet
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La amapola

Floreció en un campo de trigo maduro, una solitaria amapola roja, inocultable en la inmensidad amarilla, en la que por obra del azar había germinado días antes. Se dejaba llevar por la calidez de la brisa veraniega que mecía su endeble tallo al compás de aquel clónico grupo en el que se había infiltrado sin querer, y por momentos se sentía uno de ellos, feliz en la ignorancia de su auténtica naturaleza. Sonreían sus estambres negros al sentir el roce casual del trigo, silenciosamente envidioso éste, de su colorido único entre aquella homogénea y aburrida multitud.
¿De dónde habría salido, y porque sonreía constantemente?
¿No era acaso consciente del irremediable destino que les deparaba a todos aquella misma tarde?
De cuando en cuando un visitante esporádico irrumpía en sus cavilaciones y vaivenes: era un ser bellamente distinto, irrepetible y que la dejó fascinada, ya que en su breve historia sólo había conocido al trigo, a la brisa y al sol. Era una espléndida mariposa azul.
Su colorido era indescriptible y se paseaba orgullosa
sobrevolando el prado, con la superioridad que le daba la independencia del suelo y lo imprevisible de sus vivos movimientos, formando todo ello una interesante amalgama de atributos que dejaron a la flor doblegada ante su presencia. No pudo más que rendirse y entreabrió sus rojos pétalos, entregada a su suerte para que libara su néctar dulce, para que la acariciara en aquellas zonas ocultas que apenas el viento había traspasado algún día.
Se sintió morir por el intenso placer provocado por las palpitantes y suaves acometidas de su visitante, que la acariciaba con sus alas y al que sintió posarse y aferrarse en el borde de su húmedo cáliz, rebosante de la miel con la que el insecto saciaba su voraz apetito. Y lo hizo hasta dejarla exhausta… y luego retomó el vuelo con un empujón de la brisa y se fundió con el sol, a lo lejos.
La amapola tardó largo tiempo en recuperar de nuevo su pose erguida. Se sentía avergonzada en la medida en que iba tomando conciencia de que el trigo, seco por la envidia, se había dado cuenta de lo sucedido y de que la odiaba al verse incapaz de despertar en aquel increíble ser un instinto semejante. Sin embargo, la flor lejos de arrepentirse era feliz.
Buscó a su azul amante con la mirada en el horizonte y por un momento creyó divisarlo a lo lejos, posada sobre una radiante margarita a la que también brindaba generosamente el placer de sus artes.

¡Ya viene, ya está aquí..! Escuchó murmurar al trigo en un susurro tristemente resignado.
Y sucumbieron ambos, el trigo y la amapola, bajo las afiladas cuchillas de la siega.
En su lecho de muerte, la vivacidad de sus rojos pétalos se fue apagando, y pudo percibir un latido también cesante en su interior…Se sintió extrañamente afortunada en su agonía y sus estambres negros sonrieron por última vez.

Canet
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6comentarios 641 lecturas relato karma: 44

Salvándome

Y había lamentos
y armarios-féretro,
y subterfugios,
y gritos,
y cristales rotos
y libros amables, peligrosos,
y mesas de madera rotas,
y grandes hombres grises
en la caja tonta,
y personajes misteriosos ocultos
en las sombras,
al lado de la cama.
Aunque siempre
el silencio de la soledad
estuvo salvándome.

Canet
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En tu ausencia...

En tu ausencia pinto los muros de este lugar:
un firmamento azulón, un árbol, un pájaro. Nubes.
Y como tardas,
le prendí fuego a un despacho.
Siento furia.
Soy hombre.
Hace frío.

Entretanto, a ratos te escribo, y a ratos te describo.
Te quiero, y después te quiero más también,
a ratos me odio.

La oficina sobrevive. Los armarios muerden.
Las ventanas no dejan que me asome.
Te extrañamos.
No te haces una idea.

Las personas se han muerto.
las plantas de plástico también se han muerto,
aunque desconozco las razones.
Ahora solo escucho canciones ñoñas con tu nombre. -The Antlers
No importa.
Sé que tu nombre es distinto al resto.
Te veo en los calcetines de los zombis.
En el fondo del vaso de plástico,
en los anuncios de las marquesinas,
en el táper.
En la S.
de siempre.
de sueños
de sufrimiento.
De:“¿sabes lo que siento?”.
Las seis y media, hace frío...

No sé qué diantres me pasa.



Canet
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Sin título 25

Bicicleta, chaqueta, zapatillas,
cuatro altas cárceles, acera ancha, música,
aduladores, paso de peatones, impaciencia,
ratoneras, corbatas, estraperlo,
guiños galantes, ingenuas iletradas,
sonrisas oblicuas,
táper vegano, atuendos irrisorios,
osados, perversos, superficiales.

De sustancias que vuelan,
de hechos me visto,
formalmente,
aceptando mi confinamiento, claro.
Fracciono mi pena
porque no soy malabarista,
me detengo sin complicaciones en la realidad
sin provisiones.

Cuchillos,
rostros transparentes,
desgarran evitando tocar
el musgo que nació bajo sus figuras.
Representarse auténticos
debe ser como proclamarle
la guerra a la humanidad.
Malogran su forma esencial
de integridad y moderación,
pero la asignatura de perros charlatanes
la han aprobado.

Escribo líneas y
debe ser
como aullarle al cielo.
Y hablo de aullar, así es.
Interpretar este caos
y reconciliarme con la triste peregrinación
de la vida.


Canet
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Nocivo

De este cielo adulterado
que veo
apenas queda nada.
Ni siquiera escribir
con trazos de bilis
sobre los residuos
de lo indeterminadamente humano.

Este pordiosero que soy
de indumentaria marchita
sólo se reconoce
en los ojos de Ella.
Más allá del vocerío
y mi sonrisa diagonal
estoy yo solo, y ellos lo saben.
Como lo supieron
les poètes maudits
desde sus sonrisas examinadas.

Seré yo que confío en la aparición
de un nuevo otoño.
Por ahora los días pastan
en praderas de papel y aversión,
mullidos de caspa,
montañas de remilgadas
que confunden al inocente,
a veces agotado y obediente,
benévolo
me amoldo al quehacer monótono.

¡No creáis que ya he terminado!

En estos dedos rudos
de piel árida
que por más que nadie les entienda,
que por más que no consigan que llueva,
consiguen que broten ramas,
con su música atormentada
que burdamente me anima
a seguir enmascarado,
aunque siempre estuvo en mí
el esconderme de este mundo
tan nocivo.

Canet
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1comentarios 105 lecturas versolibre karma: 47

Guarecidos

Entre las ingles
conservo
un torrente de crema
acrisolada,
alquimia para
la envenenada alma del poeta.

Altérame el versar
y transforma la tortura
de mis vísceras
en plata horneada
de luna lechosa.

Que llevo espuma borboteánte
que se desliza
por el árbol perpendicular
del glande.

Absórbeme,
inhálame
vuelve a succionarme,
resuéllame,
sofócame
y déjame hacerte jadeo
con mi lengua condimentada
comprimida en la periferia
de tu vulva.

Que son mis fluidos cálidos
los que se emborrachan
con tus aguas
en una brizna
que nos anuda
como hilo vegetal…
y nos guarece.

Se esparce el elixir,
sobre nuestros sexos.
Titiritan nuestras bocas
en ajuste celestial.

Canet
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Sin posibilidad

Dice Dostoyevski que:
"hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad."

Admitamos, como una posibilidad,
que la hipótesis del eterno retorno
de Flaubert, Kundera o Hesse entre otros,
es rigurosamente auténtica;
que todo lo que fue una vez regresará para ser un ciclo interminable y singular.

Pues bien mi amor,
ni con esas sería probable que volviera a encontrarse
sobre la faz de cualquier mundo alguien comparable a ti.

Canet
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Soy yo

Soy de esos individuos a los que les complace pasar desapercibidos,
no soy huidizo, ni mucho menos,
sencillamente no me cautiva la idea de sobresalir
ya que creo carecer de motivos para hacerlo.
Como tal no procuro destacar ni sentirme significativo,
y es por eso mismo por lo que no soy de esos tipos que toleren bien las lisonjas
y admitan con placer los regalos.
Soy alguien que nunca se deja conocer enteramente por nadie,
siempre me dejo algo para mí.
Soy una persona de lo que más normal que solo desea vivir una vida feliz con la mujer que ama,
ser uno más entre la muchedumbre,
no acrecentar mi ego con fingidos atributos que solo conseguirán humillarme
y me defraudarán al reconocer que no los tengo.
No soy, y nunca seré el centro de atención ni el rey de la fiesta.
Odio sentirme presuntuoso y mucho más que las personas piensen que soy así,
simplemente me transformo en uno más en la ecuación y con ello,
soy honesto a mí mismo aunque signifique que el único que me conoce integralmente,
soy yo.

Canet.
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1comentarios 185 lecturas versolibre karma: 45

El dolor habla el mismo idioma

Me contemplaba en silencio,
acostada en el lecho ajeno donde descansaba,
sin menearse ni un ápice,
sobre el compacto colchón de aquella existencia
que le había tocado por casualidad.
Me contemplaba sin rencor ni afecto,
con tranquilidad
-¿qué urgencia puede tener alguien que sabe que la muerte
le ha envuelto con su manto y no se piensa largar sin nadie?-.
Su masa corporal era un saco de piedras
que el paso de la vida había dejado rodar
sobre aquel camastro blanquecino.
Tendría casi noventa años,
con cierta similitud a Ana María Matute
en sus últimos días,
una frágil mujer de poderosas manos,
tal vez un ama de casa, una mujer de esas
capaz de limpiar, coser y cocinar
sin despeinarse.
Me contemplaba esperando
que le contara algo,
cualquier cuento;
ya se sabe,
ningún desconocido se acerca
a una mortecina sin una buena causa.
Apenas abrí la boca:
no entendía su lengua extraña
e ignoraba que el dolor
habla el mismo idioma en todas partes.
Tan sólo supe quedarme quieto,
sosteniendo la mirada, mientras
en la cama vecina un enfermero
estiraba una sábana
sobre el cuerpo muerto de mi abuela.

Canet
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3comentarios 164 lecturas versolibre karma: 67

Enero, 1986

No me considero una persona nostálgica aunque a veces no lo parezca.
Si descuido algo y lo pierdo me resigno y le deseo una vida triunfal y feliz.
Tan sólo siento autentico cariño por un par de cosas: mi colección de cine y mis libros.

Enero, 1986.
Comienza el año y me pongo un poco insoportable
(tal vez por mi propensión a vivir en otros mundos):
Quiero un libro nuevo. Mi madre sale de la cocina y me pide que me vista.
Ella hace lo propio.
Tacones de madre,
falda de madre,
bolso de madre y un poco perfume hechizador antes de salir.
Mi madre joven y ligera corriendo escaleras abajo para que no se nos escape el tren.
La alegría.

Librería casa del libro, la Gran Vía.
Después de una meticulosa búsqueda coloco tres ejemplares sobre el mostrador que queda justamente a la altura de mis dos ojos. Mi madre me dice en su idioma que escoja bien porque no sabe cuándo será la próxima vez que volvamos.
Aparto dos y selecciono uno alargado y de generoso grosor,
por atrayente y porque tiene las tapas duras .
Le costó 135 pesetas, según veo escrito en la primera página.

Supongo que después iríamos a merendar a la menorquina, pero la verdad, no lo recuerdo.
Mi libro y yo.

Lo colocaba siempre cerca de mí, incluso en el baño estaba a mi lado.
Aunque todo termina y un día el hastío me obligó a dibujarle varios brazos entre las páginas 38 a la 73.
Un brazo que, si pasabas las páginas muy rápido,
te decía adiós.

Canet.
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La soledad siempre acaba manifestándose

Leí esta palabra por primera vez siendo un arrapiezo,
venía de la ausencia y la basura,
de los aguaceros sobre la acera.
No comprendí su aparición, y pasaron los abriles lentamente.
Oculto en ciertas calles, mientras escapaba de la niñez,...
percibí la palabra como una resonancia,
cubierto por la humareda de tanta juventud.
Tan sólo era un susurro que se acercaba,
una perezosa asistencia de la vida, cuya destrucción me correspondía
y a todos alborotaba.
No comprendí su existencia, y pasaron abriles nuevamente.

Esta noche que presto atención a los aullidos tras la húmeda ventana,
entiendo que su raíz se ha desarrollado en mi vida,
que ha habitado entre mi armazón óseo, disfrazada,
igual que un tumor rauco de ternura.

Comprendí su origen.
La soledad siempre acaba manifestándose.

Canet
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4comentarios 102 lecturas versolibre karma: 51

Insignificancias

El viento sangra de frío.
Como el ambiente de Nanuk,
aquel esquimal -que jamás vi - que quiso descubrir los primeros besos
y tan sólo obtuvo un calor nasal.
El viento sangra y lo peor de deambular es que el frío me ciñe las entrañas,
incapaz de alejarse.
En la bruma de mi paseos matutinos,
a través de la gasa que se esparce frente a mis ojos,
los focos amarillos de los coches se amontonan precipitadamente.

Voy de camino y recuerdo que necesito escribir tanto
como preciso del sangrante viento,
al nocivo aguacero, a la tierra que se balancea a lo lejos,
a los edificios del dolor que brotan en mi recorrido,
a la inseguridad que crepita en mi pecho,
a la jodida vida.

El resto son nimiedades.


Canet
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Un instante más

Centelleo en una vela, luz,
alfombra de pies desnudos,
de sombra en el fondo y zarandeo nocturno,
de abertura en miel.
Te atrapo, te envuelvo,
te amo.
Me abrazas, me ofreces, te doy mi apogeo.

El estruendo al pasar los coches es una bella armonía,
y a ritmo nuestros corazones,
cadera a cadera,
instrumentos de gemidos,
acordes de besos y caricias.
Silencio…
Tu brazo en mi pecho. Me olvido del tiempo.
Un instante más y vuelta a empezar.
No quiero dejarme llevar,
quiero permanecer enmarañado a tu piel… un instante más.

Tus pestañas bajan la guardia,
mi boca se entreabre,
te devoro…
Tu cabello tendido, las gotas de la tormenta quisieran perforar el techo,
empaparnos; se exhiben por la ventana.
Es muy tarde, hay que dormir.
Existe una estación llamada noche.
Los dos estábamos allí esperando un nuevo trayecto sin trasbordos.
Me encanta nuestro asiento, india,
no carece ni de elegancia ni de paz, ni ojos que lo derrita.
Nada le falta.
Un instante más y vuelta a empezar:
una caricia, tus pestañas y la noche que pasa.

Canet
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Hoy

Hoy almorcé tostadas
de la bolsa de pan duro,
eliminé la fraudulenta primavera de octubre,
destruí cuatro versos,
busqué sin encontrar
un pelo tuyo entre mis muslos.

Hoy aparqué la biografía de Constance Lloyd,
decidí no peinarme,
no ponerme el traje nuevo,
fumar muy poco
y casi no pensarte.

Hoy de nuevo me asusté ante mi reflejo,
sospeché de mi imagen,
discutí con el telediario,
te hice el amor en cada foto,
te nombré en tres mensajes
que eliminé sin enviarte.

Hoy planeé improvisar,
evoqué viejas calles,
escarbé en mi moleskine,
suprimí cualquier idea
y reconocí
que no soy un buen tipo.

Hoy me encontré con la Muerte
comprando croissants en Pza. Castilla.
Me invito a uno
y la mandé a tomar por culo.
No sé por qué diantres
mi oficina
huele a pastelería.

Hoy
conté los argumentos para la felicidad
y en varios de ellos aparecíais vosotros
incluso sin ropa.

Hoy
algunas veces
no se termina
jamás
el Hoy.

Canet
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La libreta con cerradura

Los profesores determinaron que podía realizar dos cursos en uno,
así que hice 1º y 2º en tan sólo un año.
Mi abuela, para festejarlo, me regaló una libreta con cerradura.
Di las gracias porque no llevara un dibujito infantil,
di las gracias por que tenía una sola llave.
De inmediato traduje "Confidentiel" por "Conferencias”.
Aquella segunda semana de septiembre subí a la azotea de Sergio el “gordo”
buscando un aislamiento, eso creo.
La azotea no tenía paredes, tan solo una endeble barandilla.
A los poetas nos agrada el peligro, pensé.
No llegué a escribir ni una sola palabra.
Caerse de la bici o pintarle las muñecas
a mi hermana no daba para una sola línea.
¿Qué sentido tenía inventar en una libreta con cerradura?
Al cabo de unos días, mientras merendaba,
mi abuela me contó una pesadilla y me preguntó si yo soñaba.
Vi todo el firmamento rendido a mis pies.
Al día siguiente en la azotea de Sergio escribí mi primer poema.
Desde entonces no he dejado de soñar.

Canet.
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Quiero

No me es suficiente una tarde como otras,
ni un martes parecido a cualquier martes,
deseo los momentos en su totalidad,
y las fechas fuera del calendario,
atardeceres mirando al confín sonriendo del revés
y el sol asemejándose a una señora alumbrando milagros.
No me bastan las migas
ni los exiguos retales que se esparcen vacilantes.

Deseo los amaneceres que florecen glaucos
al borde de la fantasía,
y los sigilos de los domingos por la tarde
haciendo el amor con Rachmaninov.
No quiero ser encantador
ni exacto ni capacitado.
Deseo el encantamiento arrollador de tu piel,
la potestad de la equivocación,
la incertidumbre descansando a mi lado.
No quiero olvidar
las sandeces cometidas,
quiero ver mis manos
acariciar la tierra después del aguacero
y mi lengua probando
el sabor de los enigmas,
quiero…

Canet
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Sin título 7

Los que escribimos y los que nos matamos
con interrogantes sin solución sentimos
el ruido salvaje del bolígrafo
arañando la corteza del mundo,
desde el fondo de la copa de vino
bramamos a una divinidad de copas,
porque la incomunicación enloquece tanto
como las mentiras en el amor,
y es necesario tener un par de huevos
para atinar en el centro de los luceros
y no verter sueños sobre vasos vacíos,
y, total,
para lograr como recompensa el silencio
de un intento de poeta que quedará
eternamente crucificado
en los bolsillos de vuestros corazones.

Canet
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Cuando era pequeño

Cuando era pequeño, recuerdo a mi madre caminando hacia la ventana.
Quería desafiar a la gravedad y surcar por los aires lanzándose desde el tercero “A”.
Mi viejo iba detrás, rápidamente, para contemplar el vuelo o escoltarla en su planeo.
Quizá para evitar que pintara el suelo de carmesí.

Cuando era pequeño, recuerdo los viajes de los fines de semana:
íbamos a un edificio que tenía una cruz roja y un vallado muy alto y un lindo edén como jardín,
acudíamos a ver al padre de mi madre.
Siempre pensé que no era de su estirpe y me ponía feliz porque ese tipo tosía mocos y bebía a escondidas
y estuvo en la segunda guerra con los españoles.
Un día fuimos de excursión
-nunca a la playa-
mi viejo me aseguro que el padre de mamá se había muerto con una soga al cuello.
No lloré y esbocé una amplia sonrisa.

Cuando era pequeño, recuerdo a la señora que vivía conmigo, la llamaba abuela.
Siempre olía a eucalipto y a lavandería y su mirada era blanquecina.
Con el tiempo empezó a hablar sola y repetía lo mismo una y otra vez.
Me contó que yo era su primer hijo ,el muerto en la guerra.
Pulcra e inmóvil, la abuela se negó a seguir respirando.
En esta ocasión si que lloré, fue una bella difunta.

Cuando era pequeño, recuerdo que todos me decían que yo era muy extraño.
Que no era un buen niño cada vez que me escondía.

Hoy, de mayor, estoy capacitado para contar lo que quiera
y transformarlo en algo lindo,
y hacer de mis tripas un corazón bonito de plástico,
y guardar el verdadero corazón para los buenos momentos:
para aquel niño pequeño que continúo siendo.

Canet
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6comentarios 377 lecturas versolibre karma: 16

Detalles

Hoy disfruto de una vida amarrada a la madre tierra,
mañana seré mucho más grande, como dos Canet
en un planeta de brújula inalterable.
Siempre ha radicado en esos detalles,
en perseguir los sueños y consumirlos;
la inseguridad debe ser un problema gástrico
o un daño colateral de aquella niñez
que siempre intento olvidar.

Tan solo conozco dos idiomas, el silencioso es mi favorito
y veinte horas de vigilia como veinte uñas,
locura completa con su cordura
rimando en mi sistema respiratorio.

Qué linda es la palabra titubeo
me gustaría tanto saber bailar.

Llevo ya algunos años transitando
por esta perpetuidad de senderos poéticos
y se obstaculiza esta sensación de tener siempre
algún asunto por terminar,
y mi vida en un cajón de madera
que no es mía
ni del tipo de ojos castaños.

A día de hoy tengo a los miedos encarcelados,
el mimetismo aguzado, y mañana
mañana dejará de dañarme el pasado.
Sencillamente ojos con más brillo
y menos cabello, algunas canas
y no obstante
esta carne, músculo que palpita y entrañas,
pellejo y felpudo de palabras,
este corazón y el tuyo son los únicos
que me acompañan
hasta que no haya más puestas de sol
y me cubra el musgo.

Canet
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1comentarios 171 lecturas versolibre karma: 57

Temor

Tal vez fue la pregunta:
“¿A qué temes Canet ?”.
O quizá fuera uno de los muchos traspiés de la memoria.
Pero volvió la sensación de aquel anochecer.
Era la primera vez en nuestro nuevo hogar.
Desde hace tiempo siempre entendí que el único sonido fuera mi propia respiración,
y me había encarado a la aspereza de la soledad somática.
Y sin embargo aquella noche de diciembre me rasguñaron las zarpas de la realidad.
Conocedor de una delicadeza que me apretaba la garganta,
me abandoné en los brazos de la amargura dejando que me envolviera con su capa gris.

Temo a una vida en la que los anocheceres fuesen sombríos y eternos.
Temo a las estanterías que no saben hablarme.
Temo a despertar y que ella no esté a mi lado.
Y, ante todo, temo a dejar de sentir los temores,
a cubrirme en el hábito,
a subsistir descalzo arrastrando los pies,
y observar la vida desde un espacio llamado nada.

Actualmente no he derrotado mis temores.
Negocio aplazamientos con ellos,
procuro evitar sus flechas venenosas,
y busco el modo de convivir con ellos.

Canet
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1comentarios 221 lecturas versolibre karma: 11

Palabras III

Las palabras
en el portal de la poesía
deambulan tediosas de un lado a otro.
Si al menos supiésemos jugar al ajedrez
- se dicen.
Suspiran.
En ocasiones forman un círculo
para narrarse intimidades,
pero de pronto se quedan pensando
y descubren que no esconden ninguna
en el baúl de arpegios con que se cubren.
Miran por los cristales del verso,
aunque sus ventanas cerradas les muestran
tan solo una vista gris oscura con grietas.
Solamente cuando alguien lee la poesía de veras
y por sus pupilas se filtra
en lo escrito la claridad,
comienzan a recrearse y a alegrarse
las palabras.

Canet.
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1comentarios 353 lecturas versolibre karma: 45

Podéis

Podéis quitármelo todo,
quitarme aquello que me pertenece:
mis ojos, mis piel, mi memoria
- o aquel Mayo, donde me enamoré...

Podéis despojarme de aquello
que no es mío :
los deseos, la felicidad,
la confianza de ser.

Podéis rechazarme, enmudecerme, oprimirme...
podéis simular que jamás me nombrasteis,
que pude no haber nacido,
y que no permanecen mis huellas
donde mis pies anduvieron sólidamente.

Podéis rectificar mi rastro
mientras sepulto mis manos
en la tierra del tiempo.
Pero de ningún modo, ¿me escucháis?,
jamás seréis capaces arrebatarme la palabra,
el ansia de arder, de ser barro,
de buscar la certeza y la hermosura.

No me robareis
el doliente sentir,
el derecho a volar
y no cuidar la indumentaria.

No podréis silenciar mi durmiente aullido
porque todo éso es de mi propiedad,
anida en mi silencio,
y lo trenzan quienes me aman
con briznas invisibles y completas.

Canet
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Despojado

Estoy despojado de todo, sobre una fría mesa de metal.
El cuarto no está ventilado y la luz es leve.
El alicatado de la pared forma un damero ajado.
Hay unas ventanas elevadas y angostas,
finalizadas con una pincelada arqueada.
La puerta está entreabierta.
Por un vidrio partido se cuela una tenue corriente que acaricia mis costillas.
No siento frío.
El cargante olor a antiséptico no aqueja a mi olfato.
Mis ojos no se dirigen hacia fuera sino a mi recuerdo estancado.

Un goteo constante del grifo que hay detrás no me inquieta.
Afuera hay un naranjo,
pero no me agrada su fruto, que tantas veces mastiqué.
Las mesas de al lado están desocupadas.
La sábana que me esconde tiene desgarros
y emite una esencia agria y profunda, que no me llega.
Estoy a gusto.
Algo confuso,
porque por mucho que me hubiese figurado la experiencia no la esperaba de este modo.
No me percato de nada.
Disfruto de esta estancia del no retorno.
Nada me turba, nada me seduce, nada me trastorna.
Lo que queda de mi, mi nombre, carece de interés en este espacio del no ser.
Heme aquí, me digo a mí mismo,
como antes de venir al mundo.
No hay proposición determinada,
como no la hubo antes de la fecundación de mis progenitores.
Cuando los legalistas terminen de ejecutar las gestiones sobre la sustancia inactiva que queda de mí empezarán las ceremonias precisas
y, de pronto, el olvido.
Siempre me ofendió la decoración de la escena que se presentará a continuación,
y que yo no presenciaré.
Y lo que es peor, que no podré opinar.
Pero yo ya no tengo curiosidad por este tipo de representaciones.
Cuánto me he burlado sobre ellas,
cuidándome de alejar las estampas temibles.
Actuaba bien. No esperaba que este cambio me proporcionara tanto placer.
No pensé jamás que la nada fuese algo tan fascinante y tan tersa.
¿De qué sirvió que me preocupara simulando el desprecio del cambio?
Me encuentro bien, muy bien.
Y mis manos caen a lo largo de mis piernas laxas,
en la idéntica postura que cuando dormía.
Me impresionaría mucho si advirtiera que ya no conservan el fuego que siempre las caracterizó.
Ahora ya no sé dónde comienza esa dilatada mesa sobre la que estoy tumbado
ni dónde acaba mi piel.

Canet
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1comentarios 232 lecturas versolibre karma: 38

Nada

Tempranamente conocí
el sabor de las lágrimas
aunque
sin saber por qué.
De niño solía ocultarme
para sollozar
para que mis padres
no supieran nada:
Un niño de seis años
que llora sin interrupción
era un mal augurio
que ellos no merecían.

Lloraba y lloraba desconociendo la razón,
aunque no era infeliz
-qué triste e indomable absurdo-.

El ángel de la guarda
que me asignaron
no era lo que se dice hablador:
esculpido en escayola y anestesia,
se mantenía callado durante horas
vigilando mi torpe progreso;
pronto me acostumbré
a su figura inevitable y
reservada.

Nos desafiamos varias veces en combates
de miradas pero nunca contestó
a ninguna de mis dudas.

Un día, huyó sin decir adiós,
dejándome una misiva
con tinte de náuseas en mi mesilla:

no olvides que estás formado
de barro, mierda y sal,
como la tierra que pisas;
tu bondad será tu felicidad,
y la crueldad tu eterno pesar.


Se llevó los misterios y la palabra,
me dejó la tristeza y sus devastaciones.
Durante cierto tiempo le extrañé,
pero entregado a crecer y a fracasar
pronto abandoné sus consejos.

A veces me visita por las noches
para condenar lo infantil
y mezquino que soy, y lo poco
que he profundizado sobre la vida

-soy uno de sus tantos
propósitos frustrados-.

Yo le digo que se equivoca
que a día de hoy
no necesito ocultarme para llorar:

He aprendido a esconder
la delatora lágrima
en las orillas de una risa ruidosa.

Aunque lleva razón en todo el desgraciado ángel.

Continúo llorando como cuando era un niño
y continúo sin entender las razones.

Quizá no haya nada que comprender
ya que
seguramente
no
hay nada.
Por eso lloro sin motivo.

Canet
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La humedad de tu boca

Hay días de incontables
y microscópicas sombras
donde sólo anida la piel de tu cuerpo,
los labios de tu imagen
y la cesión afable de tus parpadeos.
Hay un majestuoso silencio,
y amor en los domingos sin reloj,
el ángulo dulce de la vida.
También existe
la angustia del lamento fúnebre.
Y como siempre
estoy yo,
jodidamente yo,
inclinado sobre las aguas trepidantes de la demente creación,
sobreviviendo como un indolente molusco
que se agarra favorablemente
a la humedad de tu boca.

Canet
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Para volar

A Silvia y Río

Hace tiempo que no te envío
versos canetianos, de esos melancólicos.
Llegó el invierno con sus labios azules.
Llegó la primavera con caricias templadas.
Todo ha transcurrido con normalidad
y no te lo he contado:
estoy tan próximo a ti por el hemisferio interno
tan a nivel del trazo que tu sombra
esboza en los senderos del anochecer.
Y ya has visto que he estado ocupado
cultivando fenómenos:
los lienzos y las sonrisas
de Río con su precisa geometría.
Reanudo la escritura porque anoche
volví a verte perforar la membrana de mis ojos
tal como eres.
Y pensé en que hubo un tiempo
en el que no te encontraba.
Por aquel entonces era algo visceral,
como un carnicero.
Escribía con bolígrafo negro,
era veloz, venenoso y pedante
como un fracasado depredador famélico
en junglas de papel.
Escribía como un náufrago lanzando la botella a la orilla.
Pero apareciste y abandoné mis selvas de papel
para secuestrarte
y acompañarte en la labor de darle el valor exacto a las palabras.
A día de hoy soy tan dócil que me
tomo el tiempo como una sopa,
cucharada a cucharada.
Ambulante en una calle de minutos.
Por eso mismo escribo sin otra intención
más que apaciguar los absurdos.
Son imprescindibles algunos detalles
para dar a las palabras el contorno
de pájaro o de vagabundo.
Aunque yo,
que soy sencillo como una sigla,
tan sólo preciso de un par de alas
para volar raso sobre este océano indómito.

Canet
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4comentarios 168 lecturas versolibre karma: 51

Escribir una poesía

Desnudarte,
abrir el grifo de las venas.
Llenar la bañera de voces
e insignificantes detalles.
Introducirte.
Sentir las navajas
de palabras en la carne.
Diluirlas con tus lágrimas y después
secarte con el albornoz
y permitir que el desagüe
se trague los versos estériles.
Escribir una poesía
es como eliminar
la mierda de la piel.
Simplemente es asearse.
Tan solo eso.

Canet
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2comentarios 108 lecturas versolibre karma: 58

Sin título 74

El payaso arranca sonrisas,
el novelista narra historias,
el escultor cincela materia,
el pintor traza líneas,
el músico acaricia armonías,
el poeta,
sin embargo,
no idealiza ni eleva,
es una zapatilla junto a una parada de autobús,
o un banco vacío,
o un perfume,
algo que huye,
o tal vez no,
algo que existió
y no volverá a existir,
como las lluvias,
la nieve, el verano y la sonrisa.
El poeta es una lágrima,
algo descomunal, inexplicable
como la brisa, o un tren, o una poesía,
algo que concede.

Canet
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4comentarios 247 lecturas versolibre karma: 58

Sin título 14

La torre negra me asusta menos que el estudio anárquico de Pollock,
menos que la cocina de Bukowski
donde las botellas construyen una catedral de cristal sucio ,
menos que la solitaria ventana del cuarto descuidado de Baudelaire
desde donde se ve el tétrico jardín del mal ,
menos inclusive que las palabras asequibles de los aduladores.

La vida se larga ciertamente en los pequeños detalles
y en ellos se queda.
Lo que verdaderamente me asusta
es que me beses mientras el tipo del tiempo
nos enseña con fervor el mapa meteorológico.

Y cómo escribir todo esto sin mencionarte,
que seria cómo escribir todo esto en penumbra.

Las emociones no tienen una conducta natural
si no es en ese brotar confuso de los cuerpos.
Tan sólo eso puede dulcificarnos con la vida.
Eso y las novelas decimonónicas, Bergman, Woody Allen, Polanski,
Amanece que no es poco, Tarkovski y algunas cosas más.
Pero hay estrellas que no volveremos a ver, -¿te das cuenta de lo que te digo?-
Es bastante triste, ¡por los clavos de Cristo!.
Dime cómo esperar al otoño sentado en la parada del autobús,
dime cómo soportar los punzantes silencios de los despreocupados.
No creo que lleguen a leer todo esto.
Da igual, siéntante a mi lado que empieza la peli de la 2.

Canet
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1comentarios 151 lecturas versolibre karma: 33

Sin título 77

–Aparta esos libros de ahí y toma asiento.
Apuesto a que has venido para hacer tu trabajo pero seguro que tienes un rato para una cerveza y un cigarrillo.

–Jamás bebo cuando trabajo y sabrás perfectamente
que fumar es adecuado para mí sólo cuando fumáis los demás.

–Tengo crema de calabacín recién hecha,
come un poco al menos, que es
visible que estás huesuda y siempre tienes frío.

Tomó asiento al lado de los libros
y fue tragando la crema pausadamente mientras yo la
observaba extasiado.
Todo era de humo, todo era paz.
De pronto se levantó y me dijo:

–Se acabó la comida, debemos irnos.
–Mi plato lo vacié hace tiempo...
–Mucho mejor, ya no queda nada que hacer ni nada que esperar.

Y nos largamos.
Ella iba delante y yo a la zaga observando ensimismado su
espalda oscura e infinita como la soledad.
Al llegar al portal empezó a sonar su teléfono móvil:

–Una desgracia –mencionó– alguien que me esquiva.
Canet bien sabes que son los que más me gustan.
–Si es acuciante, por mí no te retrases, puedes irte y ya
nos citamos en otra ocasión para zanjar lo nuestro.
–Hasta luego Canet –su voz sonaba satisfecha–, nos vemos pronto.

La noche era más negra tras ella.

Regrese a mi casa y desde aquel día siempre tengo la mesa
preparada esperando su indudable aparición.

Canet
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1comentarios 229 lecturas versolibre karma: 19

Renaciendo

Cada mañana abro los ojos y lloro, con lágrimas o sin ellas.
La claridad me ciega,
y me levanto de la cama abandonando mi decúbito prono.
Cada jornada repto hasta que aprendo a andar, voy a la cocina y al baño,
a bañar mis ojos, mi boca, mi cuerpo y mi esencia,
a triturar la comida y las dificultades.
Cada día debo aprender a hablar y a reír.
Resurjo completamente inocente,
así que cada día necesito aprender
a relacionarme con la gente como alguien que olvidó su ingenuidad,
tengo que abandonar mi fantasía y mi ilusión por cada nuevo hallazgo,
procuro camuflar mis sueños inalcanzables,
mis rabietas y mi patente locura.
Quizá por ello padezco.
No quiero que me comprendan,
pero me sentiría mejor si percibiera a más renacidos como yo,
o por lo menos, si supiera de dónde vengo...
Me resulta muy contradictorio el hecho de nacer cada mañana
y ser consciente del nacimiento.
Seguramente querría ignorar que mañana volveré a venir al mundo nuevamente,
porque renacer cada jornada,
supone fallecer cada noche, y así me encuentro,
redactándote éste epitafio mientras vivo y muero una vez más,
sabiendo que cada mañana volveré a renacer a tu lado.

Canet.
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Árboles

En los árboles,
en los ramajes triviales,
bajo los espesos ajuares de las hojas,
bajo las túnicas del brillo,
bajo las sensaciones, bajo las aves, bajo los emblemas,
en los árboles se oculta, resopla,
gira la vida silenciosa y somnolienta,
boceto de la infinitud.

Feudos de riquezas brotan en los antepechos
de los árboles de la ciudad.
Los gorriones deambulan
cual diminutos crepúsculos pardos
bajo las pestañas.
Los prisioneros
hormiguean bajo los caparazones de los frutos,
los caminantes pisotean la broza,
las mujeres de alto tacón se balancean como una ilustrada
abuela sobre un nuevo libro.
Hopper pinta cielos azules que no menguan.
Bajo esta carpa bailan los payasos.
Kundera escribe igual de bien en francés
que en checo.

Los taxistas conducen lentamente.
Los autobuses navegan y llegan tarde.
Los fugitivos croatas de Belgrado lloran,
en las ramas de los árboles se podrían secar todas las lágrimas,
alguien me pregunta cuál es mi procedencia.
- Cualquiera- respondo.
El orfeón de almas inmortales ensaya el réquiem de Mozart,
totalmente en silencio.
A mi alrededor, en pequeños asientos,
hay seres de color gris.
Una paloma mensajera y hedionda envía
un “mail” con acuse de recibo anunciando la conquista
del primer puesto en el ranking de empresas.
Las ratas no se transforman en príncipes shakesperianos,
en las raíces de los árboles no existen penitencias.
Heródoto zozobra con paciencia dibujando mapas.
Las noches blancas son rebobinadas por Visconti.
Confunden al musulmán con el islámico.

Subsistiremos muchos años en los renglones rectos,
en el balbuceo de la lechuza,
en la ansiedad y el eco del cuervo,
bajo los espesos ajuares de las hojas,
en el aliento de este mundo que continua girando
sin saber hacia dónde ir.

Canet
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Para escribir de amor

Para escribir de amor
saco tu imagen de paseo por entre líneas.
Por ellas,
apunta esa profunda sonrisa de tu boca
y esa leve mirada con su trágico pestañeo.
Todo lo que proviene de ti me da fuerzas
y me la arrebata.

Desconozco las escalas del amor,
como ignoro si son necesarias.
Vivimos en otro estado,
en otro universo.
Probablemente… jamás pueda dejar de pensarte,
quizá…, no puedas verme siempre.
Tal vez estés ahora aquí,
sentada entre el mundo
y después de leer mis líneas,
te aproximes y me muerdas la boca.

Pero ahora no estás.

Nadie puede atravesar la realidad
sin distinguir su faz en el espejo,
sin probar los labios en el destello del cristal,
ni conseguir la latitud de sus ojos, sin sufrir.

El sol de la tarde en el punto exacto de
la comunicación
con sus rayos, preparado para cruzar,

La separación de mí mismo y de tu imagen.

Para mí,
el aislamiento de los cristales.

Para ti,
la claridad de mi aspecto
y mi absoluto amor.

Canet
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Tú (3)

Si,
te lo estoy diciendo a ti,
destello en días plomizos
en largas noches de insomnio,
te lo digo a ti
a día de hoy
en la niñez de los años
en la primavera de la mañana
siempre tú,
tú,
lo más amado y cercano
tú,
tú arrullas alrededor de mí
o silbas melodías,
agrietas maldiciones,
tú eres el susurro de la noche
y la razón del día
tú,
el latido de mi corazón
tú,
mi patria y mi hogar
mi mano amiga,
la palabra
la luz de mí mirada…
tú.


Canet
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De ti sólo quiero, lo que te quiero

A veces me pregunto si te aquejan dudas sobre mi cordura,
si esta emoción que se me escapa de las manos,
que se filtra en la horas del día y del sueño, te resultará extraña,
como extraña resulta la alienación o la extravagancia.
Ni yo mismo encuentro, explicación para esta desazón mía,
para la dulce alegría de pensarte,
para el descaro de irrumpir en tu vida con mis ensoñaciones que son en realidad deseos de pequeños milagros que sólo contigo quisiera compartir.
Si supieras con que avidez te veo, si supieras como el saberte cercana conforma en mí una trama de ánimo que me ayuda a sobrellevar la rutina de los días, si supieras la decepción que siento, cuando en mi otro mundo te busco y no te encuentro, pensarías, sin duda, que mi biografía ha sido dura castigándome con tamaño desequilibrio mental.
Porque para gozar de esta inquietud exquisita que me inspiras hay que
traspasar un límite y dejarse llevar. Es como aprender a nadar.
Yo sin querer, por la fuerza del cariño que te tengo, he saltado a esa otra dimensión dónde viajo en tren a tu lado, contemplo la luna sobre tu cabeza, bailo encima de un piano, corro entre altas espigas verdes de tu mano, hablo en francés, y te escucho saboreando una taza de café sobre una alfombra persa.
Y me siento bien, nada perturba mi deleite, y me perdono las cosas y perdono al mundo, y creo en este Dios tan lejano, y te pienso, y mi corazón me dice que ya no quiero nada, porque te tengo.
De ti sólo quiero, lo que te quiero.


Canet
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Sin título 3

En situación de dificultad
me abrigo con el pésimo optimismo del náufrago,
resisto agarrado a mi naturaleza,
flotando entre números rojos
y deudas que conocen
el estrangulamiento persistente del tiempo.

Y en mis costados germinan las incertidumbres,
esas incertidumbres que carecen de todo sabor,
pero da igual,
porque las exhibo en el escaparate de la pasión,
ahí perduran,
en la zona de ofertas,
lleve Tres y pague Dos,
sin caducidad, solamente con cobardía.

Salgo a la calle con una L de aprendiz,
con temor
a sufrir las catástrofes que nos concede la vida,
y aún así continúo,
me convierto en pájaro,
porque el pavimento de Madriz huele a averno
y el edén queda muy retirado,
porque la muerte no entiende de anuncios de felicidad,
y su baile no es precisamente de aficionados.

Braceamos, subsistimos, cada vez menos humanos,
cada vez más muertos,
pereciendo en un océano de incertidumbres.
Y no atisbamos tierra firme en el horizonte.

Canet
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A solas

En ocasiones se presenta sin yo esperarla,
toma asiento frente a mí
y me observa con reserva.
Yo rechazo como puedo el aguijonazo de su mirada,
revuelvo los objetos, creo alboroto con ellos,
cambio el orden de las cosas.
Pongo un disco,
enchufo la radio,
saco el caballete y los pinceles,
construyo un verso,
riego las plantas
en un intento estéril de escabullirme.
Ella aguarda tranquila,
como una abuela el regreso del nieto que escapa de sus besos.
Finalmente su mirada se torna afectuosa,
me observa complacida con las manos
sobre el regazo, resulta linda la escena.
Decido acomodarme junto a ella
y hablamos con reposo.

A la melancolía nunca le gusto estar a solas.

Canet
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¡Bendita seas tú entre todas las mujeres!

Y quizá te susurre cuando ya no aparezcan más mis musas;
Y tal vez me dedique a permanecer
en otros lugares;
Tengo tanto vigor como
para abrirme ante ti,
que ya me he convertido en poeta ante tus ojos
y taciturno ante un recio compromiso.
Deséame ventura, porque probablemente,
hoy ya no hallemos la duda.
Sigo echando de menos la latitud entre tus piernas y mi boca,
y amanece tan prematuramente.
Sigamos endulzando la vida con sales de mar deleitoso
¡Bendita seas tú entre todas las mujeres!
Y tu imagen, y tu quimera...

En mi realidad, residencia de arcaicos libros y sueños.
Mereces no ser olvidada.
Honesta e imprescindible está siendo esta evocación.
Vuélvete tan loca como el abajo firmante y haz licuar los días con el más
llameante de los fuegos.
Conseguiré arrancarte el juicio
seguiré tejiendo tus manos entre mi pecho;
Doraré mi aliento con el hálito de tu boca;
Inhalaré hasta la última de tus palabras y
Seguiremos, en medio de está multitud, entendiendo que
más vale seguir amándonos aunque tan sólo sea en sueños.

Canet
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Soy

No soy más que un ser insondablemente sensible morando en un mundo principalmente hostil.
Por ello padezco más. Pues no soy capaz de cubrirme con una armadura de fortaleza racional, como la que usan la gran mayoría de las personas como dispositivo básico para la supervivencia mundana.

Por eso soy capaz de disfrutar de diminutos detalles, que para muchos pasan inadvertidos. Muy capaz de fijarme en todas aquellas cosas simplemente minúsculas, tan presentes, y para algunos tan corrientes y carentes de importancia. A mi me dan vitalidad, y por eso aseguro que el mundo está repleto de vida.

Puede que tenga un modo de supervivencia distinto, singular. Algo caritativo y desprendido. Soy muy capaz de amar con un corazón inusitado y de afligirme con las ausencias con brutal desgarro.

Soy honesto, y sin embargo, plenamente inseguro. Como un riachuelo, sometido siempre a
los flujos internos, de ese mundo recóndito tan feroz, tan recio e incontrolable. Como ese riachuelo que continua kilómetros sobre el terreno para después esconderse bajo la superficie durante espacios y tiempos imprecisos, y después...volver a resurgir.

Agitado, excitado y a la vez profundamente pacificador y novelero. Me gusta el amor, los buenos momentos vividos y lo salubre. Pero a veces la existencia se torna cruel y dolorosa, algo quimérica y menos vital de lo que me gustaría principalmente. Soy soñador en cuanto a sueños remotos y cabal en lo ordinario. Pero continuamente con ese punto versátil de locura, con esa espontaneidad, con ese carácter latente tras una apariencia figuradamente normal.

Todo lo veo distinto, complicado o simple, pero siempre con una magnitud nueva, menos trivial. Natural y bizarro en cuanto a argumentaciones, siempre inquiriendo la jodida verdad. Azorado, siempre instruyéndome, siempre pretendiendo percibir algo más.

Conozco a muchos y amo, de verdad, a muy pocos. Camino por el mundo aspirando a encontrar a aquellos como yo, a los humildes, a los auténticos, a los atrevidos que osan retar a su propia mente. A los que se escapan sin dudas ni complejos de los cánones implantados.

A aquellos que tienen ganas de elevarse, de crear, de existir, de disfrutar de la certeza, de aprender y de luchar...

Soy poeta, y sólo los que sean como yo, lo entenderán.

Canet.
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Tuyo

Son demasiadas veces cuando no la comprendo.
Me refiero a la vida.
Aunque me siento muy bien caminado con ella
por las calles que no tienen placa en sus esquinas.
Desde siempre lo supe,
soy un jodido romántico que cree en el amor y no en la humanidad.

Algunas veces te agarro de la mano,
te la oprimo y te acaricio suavemente con el pulgar.
Ojalá nadie te haya amado como lo hago yo, aunque me costaría creerlo.
Moriría de un ataque de celos si supiera que te han acariciado.
Aunque acepto que antes de mi hayan logrado amarte, romperte y reconstruirte.
Pero por favor, no me pidas que camine a tu lado si no es hacia el futuro, si no es desnudo, aferrado a ti y no al suelo que pisamos.
En poco tiempo hemos conseguido serlo todo y eso que no somos semejantes,
seguro que ahí radica la eternidad.
La ilusión nos lleva a callejones resplandecientes y yo desconocía por completo que podía llegar a ser color principal de esta tonalidad tan completa y no me preguntes por el camino de regreso, la verdad, no sé cómo hemos llegado hasta aquí, pero me gusta. Le pido al universo que continuemos temblando, que se nos arrugue la piel y muramos cada día de la mano.
Y si algún día no estoy, no tengas miedo sin mí.
Modifica mi nombre y sal a buscarme aunque no logres encontrarme.
Baila y léeme como a un sordo para que nunca me olvide de tu boca.
No permitas que te convierta en metáfora siendo tú todo mi lenguaje.

Tuyo.

Canet
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Palabras

Escribir un verso
que carezca de significado.
Salir al patio,
inhalar la noche,
no esperar nada de nadie,
no pretender ya nada.
Entreabrir tan sólo las manos
y de entre los dedos
levanten el vuelo, silenciosas,
palabras.

Canet
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No me vengas

-No me vengas con tus océanos de temores inesperados.
Ni con tu vacilación escondiendo cobardía.
No me vengas con interrogaciones
que no desean soluciones.
Ni con la argumentación de extremidades
agotadas de tanto remar.
No vengas con movimientos sosegados
que alardean seguridad,
ni con certezas que bien podrían ser trapecistas en paro.
No, no me vengas con tu pose circunspecta
determinando qué es justo y que no.
No me vengas con filosofías argentinas
de esas asequibles,
cuando bien vendría un silencio rotundo,
y no me vengas con que te joden mis protestas
porque a mí,
me consume la ineptitud de tus acciones.-

Entonces dije: "-Creo que ni yo lo podría haber dicho mejor"-
Y llené otra copa de vino...

Canet
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Cartas de amor

He estado leyendo algunas cartas de amor de escritores universales como Cyrano, Hesse, Neruda, Bukowski, Borges e incluso de Kafka y me resultan bochornosamente ridículas, aunque reconozco que yo también puedo serlo.
Los enamorados se desean agobiados, se reiteran sentimientos de piadosa entrega y
¡me resultan tan egocentristas!
Tal vez por ello me niego a escribirte lo que, sospecho, de sobra sabes; lo que mi conducta frente a ti demuestra tan a las claras.
¿O tan ciega estás?

Yo también sé leer entre líneas:
en las franjas cobrizas de tus ojos,
cuando buscan el océano apacible evidenciado en los míos;
en los momentos privados que sólo tú y yo ocupamos ,
al juntarnos con las criaturas de este mundo;
en las palabras disparatadas que inventas para inducir mi risa distraída.

¡Sucede todo tan rápidamente!
Y a su vez, ¡los instantes se toman tan en serio su camino!
Abres los ojos y, aún sin vislumbrar el día,
colocas un beso en mis labios, que valiente se precipita a mi flujo sanguíneo.
Brota igual la vida en tu boca
y en ese segundo restablece su dirección hacia nuestro pequeño y exclusivo mundo.

Cuando reúna valentía y descaro te desvelaré mis escritos cursis,
todos esos rosarios de referencias a tu persona.
Aunque por ahora no estoy preparado…o quizá sí.

Canet
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Para ti

Para ti,
esta es mi materia, mi masa corporal,
ha sobrevivido a temporales
y contiene dentro animales diminutos
que por su nombre podrían ser alimañas o alevillas.
Para ti,
esta es mi materia,
que siempre te esperó,
cada día la embalsamo y con frecuencia
no me permite dormir,
si miras bien podrás ver en los recodos
la figura de tus manos.

Para ti,
estos son mi brazos teñidos,
tuyos,
esta es mi boca,
tuya,
esta es mi sustancia y de pronto
pellejo,
tripas,
tuyas,
se va a poner a escribir de dolor
y a llorar de amor,
nubes, brisa.

Para ti,
esta es mi carne,
siempre te aguardó,
en ocasiones no estás
y es vacío,
en ocasiones frío,
a veces poesía.

Canet
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Gracias

Desconozco la razón
pero observo tu luz y tu imagen
tras esta pantalla
y te siento triste.
Y esta mañana dentro de mi cabeza,
tan parecida a la de muchos aunque tan distinta,
he pensado que
me gustaría que tomáramos asiento,
abrir una botella de vino blanco y otra de tinto
y hablar de hombre a mujer
hasta que el manto nocturno
nos cubra.

Quizá no me creas del todo
pero todo apunta a que
vamos ganando.

Los armazones de los dinosaurios están enterrados,
las víboras cada vez fastidian menos,
los leones, las tigresas y los monos
esquivan nuestras huellas en la selva.

Los seísmos cada vez son más pronosticables,
hasta las dolencias han reculado
aunque no lo bastante,
para ellas nunca es bastante.

Hace ya mucho tiempo
que cedimos las cavernas a los habitantes de la noche,
ahora
vivimos en diminutos agujeros cuadriculados
sin insectos ni goteras.
Con menos frío,
con menos necesidades,
con menos vegetación.
Pero con más vocablos,
con más esquizofrenia
e idénticos temores.

Hemos rellenado la tierra con heces,
resignación y autopistas,
la hemos colmado de humanos como tú,
como yo.

¿Recuerdas aquella pelota blanca
que brillaba cada noche?
Ahí continúa colgada,
la observo casi con tu misma fascinación
aunque cuando la miro
pienso en un astro noctambulo
y en un tipo con una pecera en la cabeza
envuelto en papel aluminio.

No sé si lograste diferenciar los aullidos
de la armonía,
pero estoy seguro que concebiste la hermosura
la mañana que adornándote
te dio por guardar aquella roca
tan oscura, tan plana, tan circular,
tan peculiar.
No notaste nada
pero allí estaban ocultos los orígenes,
los griegos,
Rubens, Durero,
las tocatas y preludios de Bach,
Dostoyevsky, Max von Sydow y Hitchcock.

Por todo eso deseo brindar,
por tu vuelo insaciable
y por tu empuje diario.

Agradecerte el que te quedes contemplando el cielo
a mi lado inútilmente,
por la pasión que rueda en la abertura del iris
y la satisfacción que tienes sin etiqueta,
gracias por el calor y el arte y la delicadeza.

Por pisar hasta conseguir que al suelo
le nazca un perpetuo confín,
por tu aguda forma de darle nuevos
usos a los labios.

Gracias por las lágrimas y por la iluminación,
por los gemidos y por las palabras que inventas,
por conseguir que la vida sea simple y humilde,
por el amor,
tan bestia y tan sideral.

Por tus tremendas ganas de matar al tiempo
con las pasiones
que son tan mías como tuyas

Y la verdad
no sé qué más añadir.

Canet
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La ansiedad con la que te escribo

En esta molesta mañana,
donde tan solo me escolta tu recuerdo
y el encanto silencioso de unos versos,
donde la costumbre de un café
se convierte en mi anestesia,
en este infausto sitio,
donde lo único que me tranquiliza es,
la alusión de tus ojos,
una hoja en blanco y,
un pecho cargado de poesía.

Una jornada más,
desorientado entre el artificioso café
y un desagradable cigarro,
permanezco aquí,
petrificado,
asaltado de repeticiones y con el paladar amargo,
desubicado.
Continúo aquí,
preguntándome que puedo hacer
ante esta rutina ancestral
que me invade de cólera e inutilidad;
encadenado, sin más pretextos que,
estas consoladoras palabras
que deambulan a través de un oscuro teclado.

Hoy el cielo realza mi melancolía.

Miro atentamente a la ventana,
confiando a que lance alguna señal,
pero tan solo veo jaurías de lobos con corbatas
y mansas vacas con tacones agitándose en la rutina de cada día;
tan sólo me ampara la ansiedad con la que te escribo.

Canet
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4comentarios 225 lecturas versolibre karma: 43

Ser

Soy de esos hombres
que se guardan los incendios en los bolsillos
y salen a romper cadenas oxidadas con las lágrimas
o la sonrisa.
Hombres que dicen barro,
dicen noche,
dicen disparate y amor
y van organizando y limpiando las baldas del domingo.
Los que pliegan los silencios
y silban al lecho de madrugada.
Aquellos que llevan cien poemas en el dorso de la mano
y una paz de lluvia en los ojos.
El de las alas,
el de las cicatrices,
el de los besos almacenados o adheridos,
el de las manchas en las camisetas,
el de las anémicas manos,
esos que siempre huelen a epidermis y a sensibilidad.
A ese Peter Pan de todos los sueños
el pequeño y el gigantesco que todo lo vence
y a veces no,
el que juega la partida de todos los desconsuelos
y los va deportando.
Hielo y melosidad
ese hombre decido ser.

Canet
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Culpabilidad de niñez tránsfuga

Puse en mi currículum que era decorador de interiores
cuando me hice limpiador de casas.
En una entrevista de trabajo
aseguré
que leía prensa internacional
cuando me iba a la cama y jamás
con novelas francesas.

De niño acicalé la realidad
para despistar.
Y disfrazaba mis excentridades
a los adultos.

Ahora pinto y escribo nubes
para que sepan que trabajo en las alturas.
Y añado en los datos biográficos:
que soy albañil y vagabundo
para que no me confundan
con un bardo o algo despreciable.

Si, pienso solo a final de mes.
Si, solo sonrió los días lluviosos.
Si, soy invisible de lunes a viernes.
Si, me aburro cuando ella no está.
Todo sería tan predecible
como mis aullidos
en los días funestos.

Desde la A a la Z.
Desde el "Once upon a time"
hasta el "The End"
he transitado por la vida escapando de algo.

Soy el bohemio,
el africano, el gitano, el sudamericano,
el desarraigado material,
el sin papeles,
el cuervo albino,
el que vino al mundo sin ser preguntado,
el que siempre está en fuera de juego.

Culpabilidad de niñez tránsfuga.

Canet.
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Corazón de esmoquin

Paseo pausado y sin prisas, con esmoquin de ligero corte y harapos, y maleta de hilo natural y trapos, ondeo el horizonte y planeo, en el mejor lugar del salón ,mi banco.
Una pelota y un niño, una rubita preciosa y su muñeca de tela, una sonrisa al cielo, rayito de luz y de calor que atrapo, escondiéndolo en mi interior, guardando la llama de la hoguera en mí regazo, que esta noche hará de nuevo frío y no quisiera quedarme helado.
Gente andando de aquí para allá, una pareja que se mira fijamente, unos ancianos cogidos de la mano, descontando paseos de su viejo camino encantado, torpe movimiento tranquilamente realizado, una leve sonrisa al niño, que extrañado mira y huye asustado.

Unos patos juerguistas, en su paraíso carcelario, la mano humilde e inocente que les da de comer, recobrando una alegría, escondida bajo alambradas sin libertad,
que tanto añoran y desearían poseer.

Comienza a bajar la luz, a oscurecer la tarde de mi jardín, mis zapatillas no abrigan mis helados pies, los personajes de mi transeúnte relato, despejan el escenario de mis días, el negro telón se vuelve a cerrar, como ayer y como tal vez lo hará mañana, ella lo besa en los labios, con una felicidad que incluso fluye en mi corazón, rodean los dedos de sus manos, y caminan tranquilos desprendiendo amor.
Me acostaré en mi cama de duro armazón, de muelles abruptos y mantas de puro cartón, abrigaré mis sueños con naturaleza, y esperaré la llegada de los rayos del sol, al alba me despertaré con el rocío de la madrugada, y al despertar sentiré que aún sigo siendo yo, me vestiré con mi ligero esmoquin, y partiré otra jornada más de mi vida, por un paseo de libertad con mi maleta de hilo y trapos y el solo equipaje del corazón.

Canet 2011
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3comentarios 369 lecturas versolibre karma: 52

Sola

Una día más mueve
la cuchara en el café triste.
Cinco dedos danzan en la barra de la cafetería
un cascanueces a media luz, distraída.
Está sola,
marchita,
sentada entre gente extraña
que la observa sin advertirla.
Una alianza dorada y deteriorada por el tiempo
es el único indicio de luz que mantiene.

Hubo un tiempo en que la pasión
le explotó entre los dedos.
Y abandonó la ilusión en las profundidades
de un corazón mortal.

No existen adversidades que no haya conocido.
No hay ofensa que desconozca.
Tal vez por eso
conoce el lenguaje del amor.
Y es por eso que siempre
estará esperándolo.

Canet
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7comentarios 429 lecturas versolibre karma: 38

Poesía

Poesía,
tu voz no precisa de mensajeros
para manifestarle al mundo
que acepto el salto al vacío,
el equipaje sin pasado,
el fuego que hace de mí
ave,
piel,
ramaje,
hombre asomado a la ventana,
viajero de un tren que sale con retraso.
Admito que contigo
soy sueño que se contempla desde dentro
y que me conquistas con tu atuendo
de carne
y palabras.

Canet
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Amar

Una tarde estando en la cocina
cociendo unas verduras para cenar y de espaldas a la puerta,
ella entró y me dijo:
-Estás agotado.

Aquella noche,
de la misma forma que ella observó
con toda claridad que yo estaba agotado,
yo me percaté,
con la misma nitidez,
de que amar es asimismo
saber deletrear en la espalda de aquella persona a la que amas.
No en el rostro,
no las manos,
ni los ojos,
ni en lenguaje mudo:
una espalda solitaria
bajo la macilenta luz de la cocina.

Canet
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Sin título 89

Escribimos y lo soltamos todo
exponiéndolo a la vista de todos.
E ignoramos qué harán con ello,
quién demonios lo observa,
quién lo analiza, qué se considera sobre ello.
Lo mostramos y ya está, no hay más.
Como los pintores de verdad
que terminan un cuadro
y lo dejan por ahí,
abandonado,
sin importarle cuál será su destino ni su prestigio.

Lo mostramos y ya está, no hay más.

Canet.
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Mujer

Al inicio se da cuenta
de que es distinta al hombre,
y más tarde o
menos temprano
ser mujer
se convierte en un duro
trabajo.

Y más tarde o
menos temprano asimila
que ser Mujer
acarrea privilegios
lastimosos y desgarradores
privilegios
con los que tendrá
que luchar.

Comprende, de alguna forma,
que el mayor daño
sería ser sometida y obedecer,
y más tarde o menos temprano,
ella, se ofrece, de alguna forma,
ella utiliza con resignación e irritación
las hirientes disyuntivas
ella tiene miedo y quiere
ser una mujer adulta
y llega a ser adulta mujer
y teme
ser madura.

Algunas veces elige, pero
en otras ocasiones es elegida
por uno o mil hombres
que se convierten en sus defensores,
sus aniquiladores,
sus esposos,
y mancebos
que representan para bien
o para mal
cada uno de los niveles
de todo lo que ocurre
entre una Mujer
y un hombre.

En ocasiones su cuerpo se rompe
y deja salir un retoño,
repetidamente su organismo es
despedazado
con un dolor inaguantable
aunque más repetidamente
su cuerpo es despedazado
con un dolor
tolerable.

Pocas veces o ninguna
un hombre
entra en ella,
por mil causas
distintas para ella,
aunque jamás por ternura
que ella de alguna forma
rastrea
y de alguna forma
halla.

Cuando la mujer ha aguantado
lo bastante
y se arruina y no se arruina
y pare
o aborta
y solloza o no solloza
desde el vestido de novia
al del duelo de viuda
aprende
y cuando está cansada
entiende
que ya es anciana.

Lo comprende
más temprano o
menos tarde,
y se prepara
para adaptarse a la vida,
que una anciana
de algún modo
vive
en un planeta que menosprecia
a las ancianas.

Ella se prepara para acomodarse
a algo similar a una vida
que no mereció.

Canet
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2comentarios 349 lecturas versolibre karma: 18

Una mañana

Espabila la mañana,
el crujido del sol
que se ha levantado azotando la ventana con luz y polen.
Le replica la blasfemia
que provoca el aullido del perro herido
que escapa en dirección a Plaza Castilla,
dobla la esquina, se esconde y silencia.

Paseo de la Castellana.
Progresa un coche conducido
por un lunático que ha heredado la malicia
que le falta al vagabundo que sentado espera.
El pavimento gime bajo los zapatos
de unos cuantos groggys,
los teléfonos continúan iluminados.
De la hediondez nacen imprecaciones.
Un gorrión se detiene en los jardines
y fugaz inicia el ascenso
con un gusano balanceándose en el pico.

Canet.
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Los silencios cosidos en el envés de los sentidos

Saber tropezar no es más que lanzarse sin temor al vacío,
convencernos, en nuestra indeleble ingenuidad, que carecemos de alas.
Que no somos serafines y que es nuestra responsabilidad
conocer los golpes del vuelo.

Ignoro qué tan ciertas son las sentencias del erudito
o de aquel poeta que posa para la foto;
tan solo sé que los batacazos no son deceso
y que quizá morir no sea tan trágico como dicen.

Sí que sé que morder el polvo tiene su aquel,
que enlodarse en el barro es un acto sacro,
que llorar con la lluvia no es inútil
y que sembrar una flor en la poesía es algo auténtico.

Saber desplomarse, despeñarse, descuartizarse y desdibujarse
tal vez tenga de tocante
los silencios cosidos en el envés de los sentidos.

Canet
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Cuando sea mayor

Cuando sea mayor tendré bigote
y una melena generosa,
construiré algo colosal,
escribiré libros
y seré una maravillosa persona.

Me contemplo frente al espejo.

Tan solo una barba,
tan solo un montón de poemas,
tan solo este hombre común.

Canet
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2comentarios 362 lecturas versolibre karma: 6

Destino

Mi vida es como la de un personaje del antiguo testamento, osado o cobarde, pero nada flamante ni acomodada. Estoy obligado eternamente a luchar contra el Ángel del destino, a rebelarme contra los dioses, a doblegarme. Sin instantes de certeza ni de sosiego continuado, debo sentir constantemente la presencia de la conciencia, que me castiga porque me quiere. A veces parece que el destino contiene mi cólera y me permite continuar como a los demás por el común sendero de la vida, pero nuevamente la mano vuelve a empujarme contra los tórridos zarzales.

Me hunde en el abismo más profundo y me muestra toda la magnitud del delirio y de la desesperación, me levanta hasta las alturas de nuevas esperanzas, donde otros débiles se derriten ante la lujuria, yo quedo postrado en la oquedad del dolor.

Cuando pretendo salir de este siniestro mundo, cuando la infancia quedó extinguida, huyo al eterno refugio de los insatisfechos y me refugio en el peligroso mundo de los libros.

Mi destino, una especie de cordial hostilidad, agudiza dolorosamente todos los conflictos, la vida me duele porque la amo, y ella me ama porque me tiene sujeto con fuerza, ya que admito en el dolor la mayor posibilidad de sentimiento. Tal destino no quiere dejarme escapar, me esclaviza una y otra vez para convertirme en un perenne mártir.

Vivo muerto en vida y cada instante antes de finar compruebo la naturaleza más compacta y mareante del ser, la tensión patológicamente acrecentada de sentirme "yo mismo".

Jamás querré mejorar mi fortuna, esquivar al destino, hacerlo flaquear. No ansiaré la consumación carnal, el remate, el descanso final, solo deseo acentuar mi vida en el dolor. No quiero quedar vidriado, ni reflejar gélidamente el caos alterado, sino permanecer como una flama, auto afligiéndome.

No deseo ser dueño de mi destino, sino su fanático esclavo.

Canet 2011
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2comentarios 167 lecturas prosapoetica karma: 18

Hechizo

Creo haber estado soñando toda la vida contigo
y con tus besos,
bajo el crujido febril de tu piel sobre la mía.
Creo que esos dedos implantaban fragancias orientales
entre mis cabellos despeinados,
permaneciendo todavía tumbado,
sin pretender despertar de la modorra nocturna
y violácea del sueño.
Escucho todo aquello
que florece de tu boca con entusiasmo renovado,
como si tu voz fuera aquella que siempre escuché.
Y aunque reconozco que a veces me desorientas,
que esparces sobre mí sensaciones que no merezco,
ambiciono atenazarte a mi pecho
y clavar mi mirada en la tuya, en busca de nuevos suspiros.

Sacra tinta la que colorea los pinceles de tus manos
pues abarca todo el hechizo de las palabras,
desconociendo si soy de verdad, carmín,
verde esmeralda o diáfano espejismo.

Renunciando la corteza que me cubre
y que es tuya,
he creído ver los tatuajes de mis escritos,
trazando la pureza más aguda.
Versos y símbolos que crean el paisaje por el que surcas
sin detenerte y en el que consigo extraviarme de tu mano,
sin pensar apenas.
Gozo para mi percepción, de nuevo,
el son de tu voz.

Canet
3
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Lejos de la poesía

Y repentinamente un verso,
uno tan solo, vehemente, desaliñado,
iracundo y grasiento,
sin penas ni tormentos,
como un navajazo justo en el pecho,
que muestre los embustes y traiciones,
el fraude que hice en mis certezas,
los sueños esfumados,
mi escasez de misericordia, mi indolencia,
las trampas en el camino, el trapicheo
que cometí en mi propia historia,
un verso que brote en mis vísceras
y se infecte
y después muera con la última palabra.

Siempre habrá armonía después de la música
y un nuevo lugar lejos de la poesía.

Canet.
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sin comentarios 468 lecturas versolibre karma: 25

Tan solo quedamos tú y yo

Hemos llegado a la vida con cierta demora.
Faulkner se marchó,
Márai se voló la tapa de los sesos,
no queda nadie para que nos guíe
por el meandro de la sabiduría.

Ha empezado una guerra
en las tabernas;
y ya todos han decidido
que no les gusta Oscar Wilde
ni Ingmar Bergman;
reposan escondidas
las putas de Laurtrec;
Camus absurdamente ha estrellado
su coche
y ahora me ha dejado la novela incompleta.

Y no quiero hablar de los muertos
que continúan vivos en nuestras estanterías.

Tan solo quedamos tú y yo,
impulsándonos en los descosidos de Abril.

Canet
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Sin título 37

Estabas tan abstraída con la lectura de Saramago que no te percataste que estaba lloviendo.
Fue un relámpago el que consiguió levantar tu atenta mirada del libro.
Al ver el fulgor en el cielo que había iluminado parte del salón, cerraste el libro,
colocaste el marca páginas que tiempo atrás te regalé, te atusaste el cabello con las manos y con una sonrisa, desapareciste del salón.

Te quedaste inmóvil unos segundos en el porche, junto a las bicicletas y las macetas de la vecina.
-La cólera del Universo o la irritación de su Dios-, musitaste al ver cómo las nubes cada vez derramaban más y más agua.
Fue entonces cuando te descalzaste,
te quitaste la chaqueta de lana y las gafas púrpuras.
Estabas preparada.
Diste dos pasos, abriste la boca
y dejaste que la lluvia te disfrutara como solo yo sé hacerlo.

Canet
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3comentarios 170 lecturas versolibre karma: 23

Sí,
te lo estoy diciendo a ti,
destello en días plomizos
en largas noches de insomnio,
te lo digo a ti
a día de hoy
en la niñez de los años
en la primavera de la mañana
siempre tú,
tú,
lo más amado y cercano
tú,
tú arrullas alrededor de mí
o silbas melodías,
agrietas maldiciones,
tú eres el susurro de la noche
y la razón del día
tú,
el latido de mi corazón
tú,
mi patria y mi hogar
mi mano amiga,
la palabra
la luz de mí mirada…
tú.

Canet
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Lo que tú eres

Lo que tú eres y cómo eres, lo conocen mis manos sobradamente.
Ambas diestras y versadas en ti.
Comprenden la prudencia de tu cabello, la tersura de tus muslos, la correspondencia descifrable de tus manos.
Mis manos, viajeras infatigables de los senderos de tu cuerpo, cónyuges de las palabras que te digo y escribo,
explorador de ramajes salvajes para enredarlas en tus ojales. Mis dos manos.
Las observo cuando quiero mirarte.
Son mi espejo.
Y son el oráculo de mis anhelos.
Son los ojos que leen las páginas de tu piel y son el lapicero que escribe en ella mis poesías.

Canet
a S.R.L
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