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El beso del mar...

Su cabello ondulante era hipnótico ante mi débil mente que caía cada vez más y más profundo en un estado de letargo, en el que ni el romper de las olas ni el rugir de los cielos podía despertarme. Mis manos temblaban, pero no era el viento frío el que las sacudía sino la necesidad de tocarla, de sentir su húmeda piel latir delante de las yemas de mis dedos.



El cuerpo entumecido se negaba a moverse a pesar de que mi espíritu ya había corrido a su lado, las voces de los demás tripulantes poco a poco se apagaban y yo sólo percibía una melodía en mi mente, sutil y a la vez estruendosa, como si tuviera mi propia orquesta tocando las más suaves melodías de Frédéric Chopin, me hicieron recordar mi infancia en ese pueblo de pescadores con mi padre enseñándome a hacer un nudo doble y a soltar las velas de su pequeña barca; me hizo recordar cuando me enamoré del mar por primera vez cuando sentí su suave beso salino en mis labios y su mano tenue en el viento despeinar mi cabello, entonces supe que el paraíso debía de ser así. Me hizo recordar cuando la conocí, a ella, la de cabello claro y ojos de miel, la que me hizo olvidar el mar y lo demás. Me hizo recordar su partida, pero de una forma más melancólica que dolorosa; fue por ello por lo que me uní a la marina, para recorrer de nuevo ese océano que siempre fue mío y yo que lo había olvidado.



Sus ojos brillaban como dos estrellas encerradas en el cutis de mármol que poseía, las gotas que escurrían lentamente por su rostro parecían un sudor sutil, tal vez por las temperaturas del Pacífico en esta época. Se aproximaba y su nadar tenía la gracia de un delfín inocente. Yo no podía más que amarla a cada nudo que ganaba a nuestra distancia, juro que podía escuchar mi nombre en su voz, pero ella no movía los labios. Más cerca le pedía yo inmóvil, y pareciese que escuchara mis súplicas... más cerca... más cerca... justo al llegar a la barca se detuvo y recargó sus delgados brazos en la orilla, su sonrisa se notaba seductora e inocente a la vez, en su mirada las olas rompían con furia, se elevó y pude ver su torso desnudo y suave, se elevó aún más y pude notar las escamas de un verde brilloso aperlado, me tomó de la nuca y me besó. Sus labios sabían exactamente como el beso del mar, sentí como poco a poco mi vela se apagaba y yo fui feliz de que su luz se extinguiera por un soplo marino.
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Charlando...

Cuando la conocí, conocí primero su bondad, su furia y su alma. No lo digo de broma, créame usted que le hablo con sinceridad de corazón.

Por la mañana caminaba cerca del parque, el que está cerca del centro comercial, sabe... el de los árboles altos con los columpios al centro y la iglesia blanca cerca de la esquina... en fin... iba caminando con algo de premura, pues se me hacía tarde para una cita, sabe... de esas de trabajo que son infames porque uno tiene que plantarse frente a un tipo que no tiene la menor idea de que existe algo más que los reportes de ventas, las bitácoras de obra o las hojas de cálculo, de esos que de poesía sólo saben que es aburrida, en fin... como le decía caminaba por el parque y el llanto de una pequeña niña me hizo girar el rostro y al verla noté que había tirado su helado por jugar con una ardilla, seguí mi camino pero sentí esa punzada de responsabilidad moral que nos da en la nuca cuando vemos a un niño llorar, tome unos segundos, miré el reloj y decidí dar media vuelta y regresar. Al llegar con la niña la vi sonriente y feliz con un helado del doble de tamaño, me acerqué con ella y le pregunte "¿Todo está bien pequeña?", ella me miró con sus grandes ojos de avellana y la boca llena de chocolate, y sólo asintió, en ese momento llegó su madre y la reprendió por hablar con desconocidos y a mí me tiro una mirada como si fuera el peor ex convicto queriendo robarme a su hija... eso se saca uno por querer hacer favores a chiquillas lloronas.

Seguí mi camino y por aquel pequeño contratiempo llegue tarde a la cita, tampoco tanto, a lo mucho cinco minutos, pero tarde es tarde... sabe... porque yo no acostumbro la impuntualidad, quién es uno para disponer del tiempo de los demás, no es justo decir que uno llega a una hora y termina llegando a otra, por eso el mundo está como está, porque si uno no puede cumplir con algo que uno mismo dice, qué nos queda de lo que no decimos... en fin... aquél poeta de los número se hallaba detrás de su escritorio lleno de papeles, otro que me tiró una mirada de aquellas, "Gracias por dignarse a llegar" me dijo mirando de reojo su reloj... ya... ya... lo he entendido, me sentí como estudiante regañado en la oficina del director. Justo cuando comenzábamos a dialogar se escucharon unos gritos provenientes de la oficina contigua a la nuestra, "Es usted un imbécil, y espero que su madre sepa cómo son sus entrevistas de trabajo, porque créame que sus jefes y cuanta persona me cruce en el camino lo sabrá" terminada la sentencia se escuchó un fortísimo portazo que no dejó lugar a dudas que la entrevista había terminado. El poeta de los números y yo nos miramos fijamente y antes que me permitiera decir cualquier chascarrillo, bajó la mirada y continuó con su rosario de números y datos... sabe... esas personas que no disfrutan ni de un momento de gracia por algo que siempre causa curiosidad no merecen llamarse personas, no es que uno ande en el chisme para entretenerse pero a veces Dios en su infinita misericordia, nos da uno o dos instantes para reír, y el que no los aprovecha es en verdad un pecador... pero en fin... poco más de media hora me tomó salir de esa cita tan agradable y me dirigí a comer algo.

Llegué a una pequeña fonda, una muy sencilla, no vaya usted a creer que era de esas elegantes, no qué va... una de esas pequeñas que anuncian la comida corrida por no más de cincuenta pesos, setenta si quiere una milanesa o carne asada en lugar de albóndigas... sabe... esos lugares son los verdaderos paraísos, esos que huelen un poco a aceite quemado, que las mesas bailan y los manteles son de plástico, esos en los que llegan todos de las oficinas y la cocinera los saluda como hijos que llegan del colegio, esos en los que la comida sabe un poquito a casa y esa casa se vuelve mucho para uno en días de lluvia, o en días como estos... en fin... me senté en una mesita y pedí la especialidad de la casa, es decir, una comida corrida, con agua de jamaica, porque esa sí refresca. Cuando la mesera, o mejor dicho la hija de la cocinera, tomó mi orden y se fue giré el rostro y pude ver una mujer sentada justo frente a mí, linda ella, no tan guapa, no tan fea... linda... sabe... esas mujeres que se ven cansadas por la vida que no sabe tratarlas, pero que su mirada habla de fuerza y un poco de desesperanza o tal vez al revés, no sabría decirle a ciencia cierta, pero era linda, de esas mujeres que vale la pena conocer... en fin... le sonreí a mi parecer de forma amable, y ella con toda su lindura me aventó la tercera mirada de sepulturero que tuve ese día, y se giró a otra parte, justo en ese momento llegó mi vaso con agua y sólo pude pensar que la mesera era mi propio emisario de la corte celestial; un pequeño sorbo y pude notar que aquella señorita me miró de reojo... no se ría, es verdad... lo noté y mire que soy despistado, pero para esos detalles, uno se vuelve antena parabólica, tanto que a veces ni existen, pero uno los nota. Me armé de valor y me levanté, "Señorita no es mi intención molestarla ni mucho menos, pero noto que usted comerá sola y yo también y no recuerdo bien en que libro de alta ciencia leí que eso hace daño a la digestión, qué le parecería a usted que, en bien de nuestra salud por supuesto, nos hiciéramos compañía por el tiempo que duren nuestros alimentos", me miró fijamente, uno, dos, tres segundo y me hizo un ademán para que tomara asiento, la mesera a lo lejos no perdía detalle... Nos presentamos como los cánones mandan y le pregunté sobre su día. Ella me dijo "Todo pintaba para ser un buen día, estoy en busca de trabajo y vi uno anunciado que se ajustaba perfectamente a lo que requiero, no vivo muy lejos de aquí y la entrevista era a unas cuadras más adelante, por el parque...sabe... el de los árboles altos con los columpios al centro y la iglesia blanca cerca de la esquina... en fin... voy caminando campante cuando de repente soy testigo de una de las mayores desgracias de la humanidad, una pequeña niña tiró su helado por mirar a una ardilla, por una ardilla puede creerlo... así cuando vi dicha desgracia no pude más que comprarle un helado doble de chocolate para hacer justicia divina... en fin... continué mi camino, llegue a la entrevista en unas oficinas pequeñas y al entrar el pelmazo que me entrevista comienza a explicarme la situación del trabajo pero me miraba continuamente las piernas, hasta que le dije "¿le hace falta algo?" y el muy idiota me dice... "pues es lo que estoy consiguiendo" yo me quedé petrificada y no tuve más opción que gritarle todas sus verdades, salí fúrica no le miento, así que decidí venir a este restaurante cinco estrellas para comer algo y esperar a que pasara mi enojo" Yo la miraba estupefacto, ella había resumido mi mañana sin siquiera notarlo, le conté que yo había visto a la niña y escuchado su gran retórica en la oficina, con lo cual se sonrojó un poco y le dije... "Es grato conocer a gente como usted... sabe... refresca como el agua de jamaica" me miro por un momento y soltó una carcajada, un risa sonora... sabe... de esas risas que liberan el cuerpo de estrés y al alma de congojo, de esas contagiosas que se dan sin pena por quién lo estará escuchando a uno... en fin... al terminar de reír volvió a mirarme, uno, dos, tres segundos... llegó la comida... cuatro, cinco, seis segundos... "sabe... creo que usted y yo podemos seguir el cuidado de nuestra salud con un gran helado de chocolate"... "Justo estaba por proponerle lo mismo."


Bueno, así fue como la conocí, de eso hace ya unos ocho años... mire ya llega con la niña... sabe... cuando las veo caminar de la mano y me doy cuenta que vienen hacia mí, eso es lo que yo llamo vida... en fin...

Cuídese mucho, fue un gusto charlar con usted.
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La eternidad en tu mirada...

Miro el reloj... 14:28... dos minutos de sobra antes de llegar puntual a nuestra cita, y cómo no hacerlo si yo siempre deseo robarle los nanosegundos al tiempo para poder estar un instante, sólo un pequeño instante más contigo. Lo que pasa es que contigo todo es atemporal, eres lo que en Física se conoce como "singularidad", contigo las reglas del tiempo-espació no se cumplen, pero así eres tú, las reglas no concuerdan contigo, eres un ser que va creando mundos a su paso y esos universos se van sumando a uno mayor hasta conformar el mío, donde yo existo, y soy... porque estoy contigo.

Por fin 14:30... toco el timbre de tu casa y a lo lejos, como si en la cima de una montaña te encontraras, escucho tu voz acogedora que desde ese punto geométrico desconocido lanza una promesa de felicidad con un simple "Ya voy". "Ya vienes"... pienso... y esa espera se vuelve un mundo de posibilidades. Decía la abuela "la espera desespera", y como siempre tenía razón, sin embargo, contigo mi amada "singularidad" eso a veces no aplicaba, si bien mis ansias de tenerte cerca crecían exponencialmente con el saber que estaba a unos segundos de verte, también se volvían material de novela, cuento o relato... llámale como quieras... me imaginaba tu rostro al espejo retocando los últimos (pero más importantes) detalles del maquillaje, mirando tu vestido por diversos ángulos, todo con prisa pero con su respectivo tiempo. El correr por las escaleras con ese tic tac de los tacones, el grito de "Mamá ya me voy" que te toma exactamente 1.66 segundos, la respuesta de tu madre "Sí, está bien, no llegues tarde" que dura 3.10 segundos... la última mirada rápida en el espejo pequeño de la sala y por fin las puertas de mi propio paraíso que se abren, con esa luz del fondo que entra por el jardín brindando una atmósfera celestial a la aparición de mi propio ángel de la guarda.

Te admiro de pies a cabeza, no porque te esté analizando ni mucho menos, sino porque es tu mirada lo último que me gusta ver en ti, la cereza del pastel, el último chocolate de la caja, la última nuez acaramelada de la bolsa... miro tus zapatos lindos, tu vestido rojo ceñido a una delgada figura, el pecho erguido y los hombros relajados, el cuello largo... y tu sonrisa en rojo carmín... y es ahí donde se genera mi propio Big Bang.

Me quedo absorto en la comisura de tus labios que se levanta levemente en un ángulo casi imperceptible, pero lo suficiente para irradiar una sonrisa sensual, pícara y feliz, las pequeñas líneas en tus labios que se vuelven un microsistema montañoso rojizo y seductor... 14:35:25. La caverna de los deseos se entreabre lentamente dejando ver el tesoro de perlas blancas que sellan una cueva aún más misteriosa.

En ese momento, aunque tú y yo no lo sabemos, está naciendo un pequeño niño en Étretat, en las costas de Pays de Caux, Francia; su nombre será Etienne y se enamorará de la hermosa Isabelle la cual será el gran amor de su vida; aunque terminará casándose con Anabell, una chica de París enamorada del color rojo. En la ciudad de Chiang Mai, Tailandia, el abuelo del pequeño Arthit lo lleva por primera vez al templo Wat Chedi Luang esperando que sienta su espiritualidad, es ahí donde el pequeño descubre que quiere ser un monje budista. En Chile, para ser más exactos en Futalefú, en la región de Los Lagos, en la Patagonia; Carlos le está proponiendo matrimonio a Lauren, una americana que conoció hacía tres meses en una cabaña para exploradores en el bosque. En Medellín, Colombia, una pareja hace el amor por última vez, antes de que ella parta a Inglaterra a terminar su doctorado. Más allá de nuestro sistema solar, dos estrellas chocan por la atracción gravitacional creando una nueva galaxia que no se conocerá sino hasta dentro de 600 años a partir de este momento. A seis cuadras de tu casa, en su departamento, un anciano acaba de dar su último aliento de una vida feliz y plena, dejando esta vida con un suspiro suave y una sonrisa en los labios. En la Ciudad de México, Claudia después de tres meses de intentarlo, por fin ha quedado embarazada. En un pantano en Florida, E.U.A. un cocodrilo pone un huevo dentro de su nido, y a escasos milímetros de mi zapato una hormiga lleva una migaja de la galleta que tiró un niño de cuatro años que juega en su triciclo a unos metros de nosotros.

El mundo sigue y siento la vida fluir entre mis entrañas y mi alma, siento explotar, deshacerse y reinventarse cada célula que me compone, una pequeña gota casi imperceptible de sudor recorre mi frente, un poco por el calor, un mucho por la emoción de verte... 14:35:30... veo tu nariz fina y afilada... 14:35:35... por fin llego a tus ojos castaños...


...y es ahí donde pienso tomarme mi tiempo.
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Tú que das vida...

Tú que das vida
y los ríos nacen de tus venas
y los mares de tu mirar profundo,
la niebla sale del vapor de tu piel
y la lluvia de tus recuerdos futuros.

Que las mañanas nacen
al abrir tus ojos,
que las aves emprenden el vuelo
con el vuelo de tu vestido,
que los árboles se mecen
con la brisa de tu andar.

Las tardes se asoman
bajo tus párpados cansados
y las calles se quedan vacías
cuando tus pasos no resuenan
con el eco de divina creadora.

Tú que llevas el sol en tu vientre
y das a luz al mundo,
que llevas la esperanza de todo
y todo espera por ti.

Tu que das vida,
gracias por darme la mía
por ser ese ser
que lo es todo.
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A la sombra del árbol...

El día era normal y relajado, un típico día de noviembre que comienza a anunciar que el frío llegará pronto y aun así nos regalaba sus últimas trazas de un cálido sol. Por el camino los pequeños bambúes se mecían con la mano suave del aire y sus hojas silbaban con un tono bajo y esperanzador, su baile era casi hipnotizarte.

Mientras tanto en mi auto la temperatura subía, el sol me abrazaba por completo y las gafas obscuras parecían solo un tenue paño ante tal brillo... una gota de sudor recorría mi frente lentamente, como si reconociera cada surco, cada arruga, cada ínfimo detalle de mi gran imperfección y la conquistara para sí misma, al llegar a mi ceja se despidió con un cosquilleo y murió a causa del dorso de mi mano derecha.

La boca un poco reseca y el agua un poco tibia.

Exhalé un leve suspiro y giré la cabeza tomando mi cuello para liberar el estrés, el reloj marcaba las 4:17 pm con su pequeño tic tac, como si un insecto minúsculo fuera el que marcaba mi tiempo. La pulsera roja y la de piel con un pequeño cráneo de metal se enredaban al cambiar la velocidad, el motor parecía aletargado, como si el calor lo hubiera sumido en un sopor mundano. Miré a ambos lados del camino casi desértico, ningún auto asomaba ni por ventura, aun así, me tomé el tiempo de girar con suavidad sintiendo la piel candente del volante quemar un poco mis manos, parecía que aún podía sentir algo.

Seguí recto por unos metros más y llegué a la dirección. Un lugar solitario, con el sol en pleno y una pequeña banca resguardada en su propio bunker de sombra amablemente proporcionada por un gran árbol frondoso, el cual pareciera ser lo único vivo por ahí.

Estacioné el auto a un costado y abrí la puerta, la cual hizo un extraño sonido en sus bisagras como si se hubiera molestado por haberla despertado, descendí y mis pasos se escuchaban arenosos y algo arrastrados. La verdad es que no quería estar ahí pero el destino es inevitable y pensé "qué más da". Me senté en la banca y la sombra me refrescó como si me hubiera transportado en un instante a una selva húmeda, esa sombra era perfecta, me parece recordar que esbocé una sonrisa, pero no estoy muy seguro. Cerré los ojos y disfruté de mi pequeño espacio en el mundo, un pequeño espacio sólo para mí.

El ruido de un motor me hizo regresar a ese panorama semidesértico, giré la mirada y pude notar su auto a la distancia, el sol reflejaba el color plata como si una pequeña bala de cañón viniera directa a impactarme... y así era.... de nuevo el reloj 4:32 pm. Su auto se detuvo al otro extremo del mío, que mensaje más claro que el que ni siquiera podamos estacionarnos juntos. "Hola" exclamo con una voz apagada y con calma "Pensé que no vendrías"... Hacía días que no sabía de ella... "yo pensé que no vendría... y henos aquí, sólo he venido para saber qué tienes que decirme" aunque por dentro pensé que en verdad había venido por la sombra de ese árbol... "Pues bien dime, te escucho" lo dije con la voz más satírica que tenía y es que todo el mundo sabe que nada bueno puede salir de una plática que se pacta con un sinuoso y misterioso "Tenemos que hablar". Se sentó a mi lado, pero jamás me observó, sus manos temblaban un poco y sus ojos parecían quebrarse en cualquier instante "Te quiero, lo sabes..." .... "No, no lo sé, ¿me quieres?".... de nuevo pareció que le daba una punzada en la espalda... "Quisiera que la vida fuera diferente, que el universo nos perteneciera y que no tuviera nada más que hacer que quererte, sin embargo, mi vida es todo menos sencilla, es por lo que no puedo darte más de aquello que quisiera, no es falta de cariño de verdad, solo es un poco de ego porque me necesito a mí misma por el momento, por ello no puedo darme a nadie más, lo siento, pero lo mejor será despedirnos"... De ser honesto me sorprendió su sinceridad a quemarropa, esperaba un preámbulo de charla sin sentido, me gustó verla valiente por una vez.

Guardé silencio por unos momentos, giré mi cabeza hacia el cielo, el árbol seguía tan fresco... "De acuerdo" dije por lo bajo... "¿No tienes más que decir?"... espetó con algo de inconformidad... "Es claro que tu decisión está tomada, y solo has venido a decirla, si no, tu comentario de apertura hubiera sido eso, apertura, y no conclusión, cuando uno busca un dialogo suelta una hipótesis para ser desarrollada, tú querida mía, has llegado directamente a la conclusión, entonces esto no es un diálogo, es una imposición, y de ser sincero estoy cansado de ello. Te quiero, vaya que lo hago y por ello lo menos que puedo hacer es darte tu libertad a pesar de todo, porque querer de verdad significa dar todo para alguien, hasta darle el sello de salida en su pasaporte de amores olvidados" mis palabras parecieron caerle de sorpresa, no hubo discusión ni malos tratos... "De acuerdo, siendo así, gracias por venir... y por entenderme"... se levantó y caminó... En mi mente sólo pude pensar "Espero que con él sí seas feliz" y al hacerlo pareciese que me habría escuchado pues giro su rostro y por un instante me observo fijamente con sus intensos ojos verdes, aún hoy no sé bien a bien qué tipo de mirada fue la que me lanzó, si de nostalgia, enojo, locura, empatía, remordimiento, culpa...

Tres días antes de que ella me pidiera hablar, por azares del destino me enteré de su nueva situación sentimental, que obviamente era con alguien más... al saberlo el alma me abandonó por un momento, un buen trago del santo tequila calmó todos los demonios que de mí emergían... eso explicaba tantas cosas, así que callé y decidí esperar a escuchar sus motivos... nunca dijo nada sobre el tema... y yo que por un instante la vi tan valiente.

Una última mirada antes de subir a su carro y se esfumó detrás de una nube de fino polvo...

Por mi parte me quedé disfrutando de las nubes que recorrían el cielo sin preocuparse de cosas mundanas como el desamor humano... la sombra era aún fresca, la escena era tan sublime que cerré los ojos esperando que de un tajo la muerte me llevara... no fue así...

Me levanté y coloqué mis gafas de sol, 5:26 pm en el reloj, de nuevo los pasos arenosos pero esta vez menos arrastrados, es raro, sentía el cuerpo más ligero. Encendí el motor el cual rugió como si me estuviera esperando "al punto", aceleré y sentí el viento jugar con mi cabello, pareciese que el calor me había dado una pequeña tregua... "Tal vez mañana venga un rato a la sombra del árbol" pensé, mientras el camino devoraba con una sonrisa irónica mi ingrato destino...
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Andamos...

Andamos por andar
y nuestros pasos necios
nos llevan al mismo lugar
de donde hemos salido.

Andamos porque podemos
y porque queremos
andamos porque necesitamos andar,
andamos porque nuestro destino nos alcanza.

Andamos porque nos ronda la noche
y el frío hiere hasta el alma,
andamos porque el alma quiere
y su fuego no se apaga.

Andamos a ningún lado
pero andamos, que es lo importante,
andamos a cualquier lado
y los caminos se bifurcan.

Andamos, solos o acompañados,
pero al final del camino
en ese último paso
el andar no terminará.

Andamos, siempre andamos,
rondando el mar y la montaña,
sin detener nuestro paso,
andamos,
aunque nuestro cuerpo no nos siga.
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Trastorno de despersonalización...

Yo me sentaba en la orilla de la cama, con el rostro entre mis manos, sintiendo como mis dedos se marcaban en mis mejillas y en la frente. Los ojos cerrados sólo percibían pequeños destellos de luz dentro de una obscuridad profunda, colores violetas y verdes, algunos dorados y blancos. Como si viajara por mi propio espacio viendo galaxias luminosas que no existen, así como yo no existo.

La noche me rodeaba y el ruido silencioso de las calles me arrullaba, escuchaba a la lejanía los autos pasar, los pasos de las personas que caminaban por las calles solitarias, los insectos que de vez en vez hacían un pequeño ruido, tan simple que no sabía si lo escuchaba en verdad o sólo era mi mente la que los inventaba para mantenerme consciente. Podía sentir la brisa que cruzaba por mi habitación, como si de una sombra con vida se tratara, percibía claramente su murmullo sereno y frío detrás de mis oídos, hacía que se crispara mi piel, cada bello de mi brazo se levantaba al sentirla como si despertara de un pequeño sueño llamado por la voz de un frío que no hiela, pero si reanima.

El aroma de la habitación medio vacía entraba por mi nariz, podía degustar cada parte de ella, las sábanas destendidas, la ropa en el suelo, el tazón de cereal aún con leche, los zapatos arrojados a cualquier parte, y un leve aroma a comida frita que entraba por la ventana; todo se conjugaba en un intento de la vida por mantenerme en ese lugar y en ese espacio.

La memoria a veces me fallaba imaginando cosas que no me sucedían, pero recordándolas tan vívidas que me era imposible comprender que de verdad nunca ocurrieron; o por el contrario, existían fotos, vídeos, pruebas concretas de sucesos en mi vida, de los cuales no tenía la más mínima idea de que hayan sucedido, la gente me contaba las anécdotas y yo las escuchaba y escuchaba, y cada vez las hallaba como nuevas, ¿y quién dijo eso? preguntaba y todos respondían "TU" con cierta cara de burla e incredulidad.

Me daba por escapar de esta realidad tan jodida de pagar impuestos, de ir al trabajo, de buscar una esposa, de tener una familia, de pagar la renta, de divorciarte, de que los hijos se vayan y todo termine donde empezó, en soledad. Me pregunto a veces cómo puede ser este el plan de Dios, si yo no encuentro ningún trazo por donde camino, ¿acaso es un plan confidencial, de esos "Top Secret" el cual todos conocen menos yo? A veces esa idea me ronda la mente y me causa terror, ser el que vive esta vida sin que sea realmente mía.

Por eso escapo a los campos azules de cielos dorados, donde las libélulas gigantes me llevan a las montañas de lava helada. Donde las sonrisas son sonrisas sin la necesidad de un rostro. Ahí soy feliz, donde me duelen los pies de tanto correr y cuando me detengo descubro que ni siquiera tengo un cuerpo, donde un pensamiento persigue a otro y juegan a que se volvían realidad, me gustan esas ciudades donde los autos no se necesitan porque todos podemos volar. Será que sueño tanto que por eso me cuesta trabajo dormir por las noches.

Sabe, estas ideas no las comparto, porque las personas no las comprenden, me miran raro y me pasan de lado, he decidido vivir ese mundo de color para mí, y usted puede decirme que soy un egoísta, y puede que tenga razón. Pero yo le estoy contando todo esto y usted me mira con el mismo rostro engreído de la sociedad que juzga en lugar de comprender o por lo menos de intentar hacerlo. Si usted me contara que soñó que montaba un águila, yo le preguntaría ¿Y qué se siente? Yo vine aquí porque me han dicho que usted es de los que tratan estas cuestiones dándoles un fin para que uno pueda ser normal, pero... y qué pasa si después de contarle todo esto me he arrepentido y ya no quiero ser normal, no me interesa serlo. La normalidad es el conformismo del abandono de los ideales, y usted es un experto en hacer que se abandonen ¿o me equivoco?, yo lo único que quiero es no sentirme sólo en un mundo tan maravilloso, tanto, que quisiera compartirlo, pero la gente no lo desea.

Dígame usted, señor experto, ¿qué hago para mostrar esta vida tan increíble a una sociedad tan desolada?

El doctor, lo miró fijamente con el ceño fruncido en señal de meditación. "Yo amigo mío le creo todo lo que ha dicho y como bien lo menciona soy parte de una sociedad funcional donde muchas veces lo soñadores como usted no son comprendidos, le prometo que a partir de hoy todo comenzará a funcionar mejor".

Mi rostro sonrió, pero no por el gusto de escuchar sus palabras sino por la ironía de lo que dijo, pues contrastaba con los trazos de la pluma fría y nostálgica a tinta negra sobre el papel blanco carente de consciencia... TRASTORNO DE DESPERSONALIZACIÓN.

...

Gracias doctor, de hecho, comienzo a sentirme mejor.
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Por un segundo de diferencia...

A veces sin darme cuenta
tropiezo con tu recuerdo por las calles
y le ofrezco mis más sinceras disculpas.

Le ayudo a levantar esas memorias
que cayeron por los suelos,
y nos miramos fijamente
reconociéndonos de antaño.

Por un instante nos quedamos inmóviles
analizándonos,
tratando de recordar de dónde nos conocemos,
con una sonrisa hipócritamente educada.

Nos damos una palmada en el hombro
sin importar lo sucedido,
cada quien toma su camino
andando como si nada.

Pero llega la intriga y volteo,
viendo tu recuerdo alejarse por la vida,
entonces prosigo con la mía.

Pero llega la intriga y voltea,
observándome alejarme de su influencia,
entonces prosigue hacia su olvido.

Como es costumbre
no concordamos,
siempre estuvimos desfasados
por un segundo de diferencia.
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Perdiendo la razón...

Te amo. Creo que así es como debo comenzar. Con una declaración clara, contundente y precisa, porque sólo así los oídos necios entenderán de razones verdaderas.

Sucede que el mundo se extraña de que te quiera tanto, pero para mí no es nada extraño. Todo el mundo me dice que es una locura, que no puede ser que te vea como lo más bonito del mundo, que les diga que tu sonrisa enmarca todo lo que quiero ver por el resto de mi vida. Que tus besos son de sal marina y le dan tanto sabor a mi vida que yo puedo comerlos todo el tiempo, todos los días y engordar de tu cariño.

No comprenden que salgo a trabajar no para ganarme la vida, si la vida ya me la gané contigo, salgo para darnos lo que nos merecemos. Si el mundo se diera cuenta que con querernos lo tenemos todo no nos cobraría nada en euros o dólares o pesos...

Trato de explicarle al mundo que no puedo vivir sin ti, porque el complemento justo de todo eres tú, eres la sonrisa en mi día pesado, el motivo para confrontar los problemas de diario, el "no más" cuando busco otra copa de vino, el "cinco minutos y ya" cuando estamos en la cama y el "ahora sí a levantarse".

Quisiera que todos sepan que si estoy loco es porque contigo la realidad que yo vivo es diferente a la de los demás. El definirme como persona se da a través de tu mirada, cada día me esfuerzo en ser mejor persona para ti, por ser lo que quieres y ser lo que quiero contigo. Querernos, es sencillo y cómodo para nosotros, porque es donde no tenemos nada que perder, el que estés conmigo o el que esté contigo no nos trae ningún beneficio, yo sé que si no estuvieras en mi vida me iría bien y a ti también. Es ahí donde radica la magia verdadera, si estamos juntos es porque nos queremos, porque tenemos tanto para compartir que tú eres ese recipiente de mí y yo soy ese recipiente de ti; y ambos nos llenamos mutuamente de nosotros... Qué maravilla!!!

Estoy tan contento de tenerte cerca, y que tú mano tome la mía porque quiere, porque la busca y porque le gusta sentir mi piel sobre la tuya, nos compartimos y nos brindamos todo, porque tenemos todo por dar y todo por recibir. Es lógico que el mundo no lo asimile, y nos vea raro cuando estamos a la lejanía felices, no saben cómo sin estar juntos podemos estar tan unidos. Por supuesto que prefiero tenerte a mi lado y sentir tu calor, pero la vida no cumple caprichos y aun así cuando nos pone distancia, nosotros le sonreímos porque lo vemos como un momento de reflexión del por qué estamos juntos, que se entienda que no estamos adheridos por un simple pegamento que nos obliga a estar juntos todo el tiempo, no... Es algo más trascendental, permanecemos unidos, no simplemente juntos y eso es lo principal.

La decisión de querernos y no la obligación de hacerlo es la base. Por eso el mundo nos dice que perdemos la razón, y yo contesto ¿Cómo voy a perder la razón si mi razón de todo eres tú?... Perdiendo la razón... que va... y si esto es locura, entonces por fin comprendo cuando los locos dicen que su vida es perfecta con lo que tienen y yo te tengo a ti... pensándolo bien, tal vez tengan razón, estoy perdiendo la razón y debo confesar que es lo mejor que me ha sucedido en la vida.

Gracias por ser mi locura.
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La esquina de tu cuarto...

Las luces se desvanecen poco a poco
y las paredes se tornan de blanco a un rojo pálido
seductor y palpitante
como nosotros a media luz.

Poco apoco un velo cubre el cuarto
mientras otro cae de nosotros,
la tenue luz roja nos convierte
en un adorno más de la habitación.

Se acaban las inhibiciones
y de pronto todo es una mezcla,
el buró, la lámpara
el reloj
y nuestros cuerpos.

Todos en la misma escena
que nos remonta tanto a una guerra
como a una completa rendición
ambos somos conquistadores y conquistados.

Nuestros rostros
ahora trascienden la figura de nosotros
y se mimetizan con el ambiente,
nos volvemos uno con nosotros
y con el universo.

Y poco a poco la calma llega
la respiración agitada
y al alma también.

El cuarto comienza a desdibujarse,
el rojo se diluye en las paredes blancas,
sólo queda ese resquicio de nosotros
con el rojo intenso,
mi sitio favorito
de la esquina de tu cuarto.
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El niño y el clavel...

Se encontraba una tarde un niño sentado en la banca de piedra del parque, con su peinado de lado, su mejor traje y un clavel en la mano, hacía tres domingos que la había visto salir de misa acompañada de su papá, con su vestidito rojo y sus zapatos de charol, con un peinado sencillo y su moñito negro con rayas rojas. Tenía los ojos negros y brillantes, y una sonrisa de ángel recién dibujada por Dios.

Al pasar el niño se quedó mirándola inmóvil, soltó la mano de su madre, se paró derecho y camino hacia ella "Yo te quiero, y te querré siempre, no importa que la vida nos separe, que crezca y me vuelva un hombre aburrido que tenga un trabajo, no importa que tenga que dejar mis juguetes a un lado por seguirte o si tenga que recorrer miles de kilómetros en mi vieja bicicleta por verte, yo te quiero" le dijo así al pararse a su espalda, directo y a quema ropa.

La niña abrió sus grandes ojos negros, se dio media vuelta y no dijo nada, él le tomo la mano "Por siempre dije", el padre de la niña que no se había dado cuenta de lo que había pasado la tomo de la mano y avanzaron mientras ella giraba la mirada para ver al niño.

Es así que ese día decidió formalizar la situación llevando lo que para él era la flor más formal de peticiones, el clavel, porque su padre siempre le llevaba un ramo a su madre cuando quería pedirle algo importante. Así que ese domingo se levantó muy temprano, solito se arregló y salió al parque que estaba a unas cuadras de su casa y espero la salida de misa; sin embargo, la niña no llegó ese domingo, ni el siguiente, ni el siguiente; no obstante, él la esperaba sentado siempre arreglado.

Pasaron los años, el niño creció y consiguió un trabajo, dejó sus juguetes a un lado y se volvió un hombre aburrido, pero una tarde de domingo, recordó la espera que solía hacer, se acercó a la tienda de flores, compró un ramo de claveles y se sentó en la banca a esperar.

Salió mucha gente completamente ajena a él, pero en ese momento la vio, una mujer con un vestido rojo, zapatos de tacón negros, un peinado muy refinado con el adorno de un moño negro a rayas; sintió un escalofrió que recorrió todo su cuerpo, y como hacía muchos años, se acercó con los claveles, ella sonreía cuando él se puso de frente, extendió la mano con el ramo de flores rojas "¿Recuerdas que te dije por siempre?"; ella tomó las flores, abrió los grandes ojos negros y asentó con la cabeza levemente; "Creí que serías tú, quien lo habría olvidado".
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Serie El Viajero... "El viajero y el niño"

Guardé la hoja del roble entre las páginas de una libreta y reanudé mi camino cruzando un puente de piedra que parecía haber estado ahí desde hace siglos.

Después de andar un rato encontré un pequeño camino que decidí seguir, al recorrerlo escuché una risa muy sincera y feliz, me causó curiosidad y lo busqué guiándome por ese sonido tan reconfortante.

De repente la risa dejó de escucharse, me detuve y traté de buscar algún indicio de la misma, sentí que alguien tiraba de mi pantalón. "¿Estás perdido?" me dijo ese pequeño niño, con su cabello revuelto, su ropa un poco sucia, sus manos llenas de tierra, pero con unos grandes ojos de esperanza y una sonrisa absoluta "¿La verdad es que no lo sé?" le contesté y de nuevo echo a reír, "¿Cómo no vas a saber si estás perdido?, que gracioso, ¿si no sabes a dónde vas cómo vas a saber que ya llegaste?", me quedé mudo pues tenía toda la razón, su pregunta tan sencilla encerraba una profundidad muy cierta.

Notó que no supe qué responder y su risa fue más sonora aún, caminó unos pasos más y puso su rostro serio señalando con su pequeño dedo "Si yo te dijera que para allá está tu destino, ¿Caminarías en esa dirección?" Yo asentí "¿Y lo harías sólo por qué yo te dije?, ¿Y qué tal que sólo te estoy engañando y tu destino está del otro lado?, tal vez sólo estoy jugando contigo. Sabes, ese es el problema de los adultos, que dejaron de escuchar a la persona que realmente sabe las respuestas, "tú", si alguien me dice que vaya y haga algo y yo no quiero, pues no lo hago, porque eso me haría infeliz, descubrir que fui engañado o sólo perdí mi tiempo por no hacer lo que yo quería... yo quiero correr hasta que los pies se cansen, yo quiero ver como nacen las flores y sentir como la lluvia me moja, quiero sentir la tierra entre mis manos y el viento despeinarme, yo quiero ser feliz por pequeños instantes que se vuelvan toda mi vida, a veces cuando me pego o me caigo lloro, otras tantas me pierdo como tú y me da miedo, pero después pasa un ave y todo se me olvida por verla volar, entonces algo dentro de mí me dice que debo seguirla porque eso me hace feliz y no puedo parar de reír. Pero lo que realmente debe hacerte feliz, es ser tú mismo."

Después de decir eso, el niño se sentó a ver un pequeño hormiguero con la fascinación de un gran descubrimiento en sus ojos. Saqué un dulce de mi mochila y se lo di. "Gracias por tus palabras" le dije... "Gracias por escucharlas" contestó...
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Al lector mi confesor...

No quisiera vaciar tu recuerdo en simples letras que no darán mérito al sentimiento encerrado en cada una de ellas. Tampoco busco la justicia a mano propia en la que te juzgo a frases y te sentencia a puntos finales.

La verdad sólo pretendo expiar mis culpas.

Acúsome lector que he pecado, de pensamiento, palabra, obra y omisión.

De pensamiento por no alejarme de tu recuerdo ni un instante, por pensar en tu buena o mala fortuna, por descubrirme caminando a ninguna parte porque ha sido tu memoria la que llevaba mis pies, y como siempre, me deja abandonado al final de la calle sin un rumbo fijo.

De palabra por haberte dicho tantas veces, te amo, tanto... que el habértelo dicho en esas cantidades podría sonar a blasfemia, por decir que te apoyaba y porque en verdad lo hice, por hablarte al oído mientras dormías y susurrar un te quiero artero para que se clavara directamente en tus sueños y en tu conciencia.

De obra, porque cuanto estuvo en mis manos hice por ti, y créeme que no es reproche, cada pequeño paso, cada logro en mi vida lo hice por ti, por nuestro mañana y por nuestro futuro, lo malo es considerar un futuro escrito cuando debemos saber de la poca certeza que nos da, tan ingrato él, que nos deja hacer planes y al final todo se va perdiendo tras la niebla que despeja a su antojo.

De omisión, creo que son mi mayor falta... por omitir tus desdenes y tu hipocresía, por omitir tus faltas y buscarte perfecta, por omitir tu humanidad pensándote divina, por omitir mi conciencia buscando entrar en la tuya, por omitirme a mí dejando que me omitieras.

Esa es mi confesión, y acepto en el transcurso de este escrito mi pena, tal vez la sentencia sean diez canciones de Sabina y un poema de Benedetti, o dos horas de Serrat y tres libros de Onetti, igual y es más tranquila y son tres canciones de trova y una lectura ligera, digamos Cortázar o Borges, (es claro que esto último es una ironía). Sin embargo, cumpliré mi sentencia cabalmente, para expiarme de ti, y de todo aquello que no eres tú, es momento de redescubrir la fe que había perdido en mis dedos y en mis manos, hasta en mi inspiración.

Será que el amor se regocija de llevarse lo mejor de nosotros para alimentarse y al final, nos deja más pobres de todo, pero más fuertes... mucho más fuertes. Si a mí de pequeño me lo hubieran advertido, estoy seguro de que, aun así, me hubiera subido a esta montaña rusa... como seguramente lo haré mañana.
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Serie El Viajero... "El viajero y el roble"

Después de andar caminando por un tiempo, el dolor disminuyó, ya sólo quedaba una pequeña marca que me haría recordarlo siempre.

El camino realmente era hermoso había árboles de distintos tamaños y tonos de verdes, los animales rondaban tan sigilosos como los siervos, las mariposas, las aves, etc. todo parecía sacado de un cuadro de Matisse. Comencé a sentir hambre, así que busque un lugar donde pudiera descansar mientras comía algo, fue entonces que vi un roble enorme e imponente que daba una sombra refrescante, me dirigí hacía él y me senté bajo su sombra, me recargué por un instante y fue entonces que lo escuche susurrando en mi oído, con su voz vieja y sabia:

"La vida siempre nos pone en el lugar correcto en el momento exacto, sabe dónde es el lugar en el cual podremos crecer mejor para que lleguemos a ser lo que debemos, sin embargo, depende de nosotros aprovechar al máximo todo aquello que se nos brinda, a veces las oportunidades vienen disfrazadas de problemas y a veces los problemas nos los causamos pensando que son oportunidades, la sabiduría no consiste en diferenciar cuando es uno u otro, sino, en aprovechar el aprendizaje que deja tanto uno como el otro. Yo llevo cientos de años en este lugar, viendo pasar la vida y he crecido junto con ella, he soportado tormentas, sequías, enfermedades, soledad, nacimiento y muerte, pero eso es la vida, un continuo aprendizaje de todo, todo el tiempo; lo importante no es cuánto te golpee la vida, lo importante es cuanto resistas de ella, y te mantengas en pie como un roble."

Fue entonces que una tibia brisa cruzo por sus ramas silbando una vieja canción, comí feliz y tranquilo, al terminar seguí mi camino.

Antes de irme regué un poco de agua a los pies del roble para agradecerle su enseñanza y este soltó una hoja sobre mí, sabía que eso era su forma de decir "de nada".
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Serie El Viajero... "El viajero y la roca"

Seguí cuesta abajo dejando atrás el río, para adentrarme en un bosque con grandes árboles que dejaban filtrar sólo algunos haces de luz tenue pero cálida.

Era un panorama hermoso de distintas tonalidades de verdes y grises, miré hacia el cielo fascinado por aquel espectáculo mientras seguía mi camino, de repente tropecé con una roca. Me quede sentado ahí, viéndola, mientras trataba de mitigar el intenso dolor de mi pierna frotándola con mis manos, de pronto, desde el interior de la roca se escuchó una voz firme y severa.

"En la vida hay que fijarnos por donde caminamos, claro que mientras pasamos la misma vida es un espectáculo que debemos de admirar y reconocer, sin embargo, esto no debe de distraernos de nuestro camino, porque es fácil perdernos y más cuando no tenemos aún fijo nuestro destino, si eso llega a suceder podemos herir a quien ni siquiera conocemos y realmente lastimar a quienes nos conocen de verdad. Debemos de ser firmes y sujetos a la tierra, pero sin perder de vista el cielo; las aspiraciones no son malas, pero deben de ser racionales, para que puedas seguirlas y sentirte realizado, trabaja tu propia roca, se tú por el simple hecho de que te gusta serlo".

Me levante aún con un poco de dolor, pero entendí que esto es así, hay que seguir caminando, aunque el dolor aún nos acompañe...
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Serie El Viajero.... "El viajero y el río"

Decidí emprender un viaje para conocer el mundo y conocerme a mí mismo, si es que realmente eso puede suceder.

Caminando me encontré con un río, lo seguí y de repente lo escuche hablar, primero tenue y débil casi un susurro imperceptible, después con una voz fuerte, clara y profunda, era una cascada. Me detuve frente a ella y escuchaba lo que decía entre el gran estruendo que acompañaba su voz, me dijo:

"La vida corre y sigue, cada experiencia, cada recuerdo, cada dolor, cada triunfo va llenando las aguas de tu río, así tu cauce va creciendo más y más, habrá época de sequías y tu río puede llegar a ser pequeño, sin embargo no lo dejes secar, que los sentimientos siempre están ahí a pesar de no darnos cuenta, habrá época de lluvias y entonces tu río se volverá imponente y fuerte, pero ten cuidado de no desbordarlo, que sentir poco es tan malo como sentir demasiado, recuerda que es tu río el que lleva vida a tu alrededor y a ti mismo, así que mantén el balance y el equilibrio que la naturaleza marca y así convierte tu vida en vida y vuélvete eterno en un mar donde todos los ríos se funden."

Cerré los ojos agradeciendo su sabiduría desde lo más profundo de mi ser y seguí mi camino...
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Rock & go...

El sabor del whisky aún se sentía en mi boca, mezclado con el tabaco y un poco de la esencia de su perfume. Sentía en mi cabeza la banda aun tocando ese rock estridente de los 70's, como la noche anterior; mi cuerpo se sentía exhausto y fatigado. No quería abrir los ojos, sabía perfectamente que había caído hacia el país de "Nunca Jamás" persiguiendo al conejo ataviado en un vestido rojo sensual, con los labios aún más rojos y la mirada profunda casi oculta bajo el largo cabello negro.

Recordaba ya entre el velo del ultimo "shoot" que su sonrisa radiante y perturbadora me invitaba a olvidar todo, a abandonarme completamente a su religión donde cada acorde de guitarra me hacía imaginarla con menos y menos ropa, nos besamos al estilo rock & roll, salvaje, loco, agresivo, divertido, sólo éramos ella y yo, la pista y las luces multicolores, las bocinas a todo volumen y los tragos llegando de cualquier parte.

Sonrisas y gritos, todos éramos amigo, hermanos sin siquiera haber cruzado una sola palabra, la hermandad se cerraba con el chocar de una copa y gritar "salud", los nombres iban y venía, sin embargo, ella seguía a mi lado por más que la multitud la empujaba a marcharse. Por un momento la perdí de vista y sentí que mi corazón dejaba de latir; pero al comenzar los poderosos acordes de "Killing Flor" mi propio mesías en la figura de Jimi Hendrix la trajo de vuelta, sentí su brazo sobre mi cuello y los dos dejamos ir todo el furor en un grito. El club cerraba y el sol amenazaba con descubrirnos; subimos al auto y yo sin saber en dónde me encontraba la ame por todo el tiempo que estuvimos juntos.

El día lanzaba sus rayos como inquisidores a través de las delgadas cortinas, por fin me decidí a levantarme, trate de asimilar la oleada de ideas y recuerdos que se estrellaban en mi mente, a lo lejos de nuevo Hendrix, caminé hacia la música y la vi medio desnuda frente a la ventana, fumando un cigarrillo y un vaso de nuestro amigo el Sr. Daniel's, me extendió la mano y tomé el vaso aún con hielos; pude observar su tatuaje de un conejo en la nuca y no pude evitar sonreír, la tome de la cintura "me gusta como vives el rock baby" me dijo con esa voz sensual y ronca de trasnoche, "es hora de irme", le dije poniendo mis labios suavemente sobre su oído, ella esbozo una sonrisa "ya sé dónde encontrarte", la bese con toda el alma.

Justo al abrir la puerta pude escuchar como decía… "rock & go baby.... rock & go".
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30 días...

Veo mi muerte a través del espejo que sostengo con mi mano,
el impacto merma mi fuerza tirándolo
y se rompe en mil pedazos,
será que me he vuelto inmortal
o será que mi reflejo se ha marchado.

La nostalgia se aleja por instantes
como abeja de un panal
y de la misma manera trae consigo
un poco más de qué alimentarse.

Las brisas tiran memorias enredadas
entre sonrisas de viñedos
y copas de añoranza,
lleva a veces un vestido de flores blancas
y su sombrero de esperanza innecesaria.

Sus pies ligeros resuenan
como truenos lanzados del Olimpo
todo a causa de sus míticos tacones negros
que destruyen mis pláticas con Morfeo.

La noche cae y con ella las palabras,
mis silencios hablan más de la cuenta
y tú que ni cuenta te das,
sigues callada mientras tu recuerdo
fúrico grita desesperado su desgracia.

La pena no es por su partida,
sino por lo que pudo haber sido,
no sólo de pan vive el hombre
y a mí que me dejas en la hambruna
del manjar de tu boca rosada.

Ya las llamas del desconsuelo me alcanzan
y busco apagarlas con agua de gotas saladas
con una lluvia de falsas esperanzas,
el fuego ingrato sólo mira con desdén
y calla.

No te quiero... sin embargo lo hago,
como el ave que desea emigrar con miedo en las alas,
como estrella que teme a la obscuridad callada,
como manto que no cubre nada.

Mañana al igual que hoy
el sol saldrá de nuevo, a pesar de todo,
hasta de ti.

Y yo con la cara al cielo
gritaré de lo más profundo de mi alma
te amo, cierto es que lo hago,
y ahora,
sigue tu camino
que yo te seguiré seguro, desde mi rincón en lontananza.
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Transferencia de calor...

Las sábanas envolvían un recuerdo... más que un cuerpo. La tibieza aún no se escapaba de su piel y el color rosado de sus mejillas se aferraba a ellas como la hoja más débil de la punta de un árbol que se resiste a ser arrastrada por el viento. Su aroma suave aún podía percibirse a escasos pasos; y si uno guardaba silencio y se concentraba lo suficiente, su aliento se podía percibir por la habitación.

Todo se sentía sumergido en una nostalgia profunda, tan obscura como un hueco profundo de la cueva más recóndita. Sus labios carnosos aún parecían guardar ese último beso, o tal vez era la esperanza de ese beso que la trajera a la vida, no me decido bien a bien cuál de las dos vertientes sería.

Caminé lentamente hacía su lecho, el silencio sacro se rompía con el eco profano de mis pasos golpeando la madera, malditos zapatos, los maldigo por romper el silencio de su callada voz que grita desde un paraíso cuánto nos amamos. Toqué su cabello suave que mantenía ese color claro como la miel, como pequeños rayos de sol de una tarde que cae rendida ante la noche, yo sentía mis dedos aún más fríos que los de ella. Juro que podía escuchar el latir de su corazón como un tic tac del reloj más exacto, un sonido que invadía mis oídos, tic tac... tic tac... el tiempo se volvía nada, sin embargo ella seguía marcando ese ritmo... tic tac... cada vez más profundo... cada vez más intenso, poco a poco dejó de estar en mis oídos para retumbar en mis sienes, en mi corteza cerebral, en mi mente... tic tac... El zumbido de un pequeño mosquito me sacó de mi trance, también maldije al insecto, ¿cómo se atrevía a despertarme del sueño de tenerla en mi mente?

Caminé un paso más y tomé su mano fría, la cual absorbía mi calor, por el poco que éste fuera. Sentí como el frío recorría la punta de mis dedos, la mano, el antebrazo, el hombro... era extraño, pero en mi frenesí de temperatura creí notar su brazo menos pálido... sonreí... el nórdico frío seguía su marcha, recorría ahora ambos brazos, mi pecho... el vaho de mi boca se notó claramente como una pequeña nube creada por mí, dejé de sentir las piernas, los pies... y finalmente mi rostro entumecido. No siento nada más... no entiendo nada más, pero creo que la vi sonreír.



Cuando desperté, su mano tomaba mi mano aferrándose a no soltarla. Su gesto era sereno y podría decir que una sonrisa tímida se dibujaba en sus labios, su piel fría no tenía ni un rastro de color. Las lágrimas brotaban por montones, tanto que me sentía ahogada en un mar de tristeza... lo solté y me acosté a su lado "Bruto" le dije al oído mientras lo tomaba del cabello y jalaba de sus ropas... "Te dije que no lo hicieras... te lo dije". Dentro del bolsillo del saco encontré una pequeña nota "Te dejo lo único que siempre fue tuyo... mi vida"... De nuevo "Bruto... te dije que no me trajeras de regreso".
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El cuento de la noche...

Resulta que cierta noche, nos encontrábamos recostados sobre el césped morado, con la cara al cielo viendo como las nubes semi grises y pardas se rasgaban unas con otras dejando estelas que eran precedidas por la luz de las estrellas, ellas, con su magnífico brillo no dejaban de asombrarnos, ya que a veces se notaban azules e intensas y otras tantas parpadeaban amarillas o rojizas, era un espectáculo de luces que nos brindaba la noche sólo para nosotros.

A pesar de lo bello que pudiera ser aquel panorama, yo giré mi rostro y vi la línea que definía ese perfil tan único que la diferenciaba de todo y de todos, su hermosa tonalidad azul pálida, sus ojos grandes y negros como espejos, el cabello también negro largo, liso, su piel suave con esos pequeños lunares, el cuerpo delgado trazado y esculpido por el viento, sus manos con los dedos largos y finos, los dientes blancos como perlas que brillaban dentro del verde mar y que eran las estrellas submarinas en ese cielo húmedo, los labios gruesos en ese tono anaranjado y la sonrisa que tenía la fuerza de mil soles.

Ambos veíamos las lunas tan juntas besarse, que no permitíamos que nos dejaran atrás, nos tomábamos de las manos y con gran cariño y placer nos besábamos suavemente, con calma y con entrega tal como si no existiera un mañana.

Ella amaba las historias y yo le relataba una sobre gente fuera de nuestro mundo, pequeñas personas completamente distintas a nosotros en apariencia pero con una misma esencia, porque todo lo que tuviera vida y conciencia debía de estar en un plano superior en la creación, todo cuanto pudiera existir fuera de nuestro mundo no era obra de la casualidad, así como no era casualidad estar en ese preciso momento recostados el uno al lado del otro, cómodamente sobre las alas que nos daban ese calor y suavidad. Decidí extender una para abrazarla ya que parecía tener un poco de frío, mientras que mi mano no podía dejar de acariciar ese rostro tan perfecto.

Proseguí con mi relato, "En este preciso momento, créeme que hay alguien en algún lugar, con la persona que más ama, abrazándola, acariciando su rostro y admirando lo perfecta que es", ella me miró fijamente y sentí como me elevaba sin despegarme del piso, "Yo creo que lo que dices es cierto, sino... que caso tendría la vida en otros mundo sino tienen momentos como este" los dos sonreímos, notamos el claro resplandecer del rojo sol que se levantaba sobre el horizonte, "Es tarde" dijo ella, yo sólo asentí, nos incorporamos para darnos el último beso y el último abrazo, "te quiero" dije en voz baja, más para mi conciencia que para su oídos.

La tomé de la mano y emprendimos el vuelo hacia el nuevo amanecer.
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