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La Noche

Antes recuerdo haber rezado
Tiempo atrás sin tormento en mis entrañas
Que me diesen
Por momentos estos quejidos truncados.

Y siento que aún puedo, si me concentro,
Rezar a algo que no siento,
Con tal de rezar sin lamentos,
Y contento de haber rezado.

Hay esperanzas que no pierdo,
No puedo perderlas porque siento
Que si lo hago
Dejaré de ser humano.
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El Amor de la Sirena

Una vez fuera del agua,
Sirena desencantada,
dejaste cuando te fuiste
una sombra en mi cama.

Si era yo o no tu alma gemela,
no lo aclaró tu voz,
quizás como la hoz
de la tierra segarme quisiste .

Quizás querías convertirme,
como tú, en habitante del mar.
Pero yo que te admiraba,
me consuelo con mirar a lo lejos
de todo aquel prado azul
y flores blancas.

¿Un pájaro y un pez
dónde se amarán?
Déjame construirme un nido
en todas las orillas del mar.
Quizás, otra vez, en otro lugar,
nos podamos encontrar.
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Estos Versos Aplastados

Estos Versos Aplastados,
y estas flores en tus manos destrozadas,
y estos labios balbuceantes que te aman.
Y esta cama, y este rostro tan sereno,
y estos corazones que retumban como truenos
a los lados de la almohada.

La Justicia y el Deseo me han dado por tu anhelo
la paga en sangre y en consuelos.
Tú serás el Rostro y yo el Espejo.
Y si me rompo- de lado a lado
como con la Dama de Shalott-
¿Mirarás a Camelot por mis Versos?

Soy de Agua, tú de Fuego,
el Ángel con flamígera espada,
yo la bruma del rocío primigenio,
apenas gotas que zozobran al sol
del brillo de tu celo,
¡Sea!¡Hossana en los Cielos!

Este rocío habrá muerto
apenas tu suspiro de eones pase.
Soy testigo eterno de tu Reflejo,
y rajado de lado a lado, y sólo siendo Espejo,
podré mirarte cara a cara,
e igualarme a tí por un momento.
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Adriano y el esclavo

Adriano despachaba en su mesa
las cartas de todo el Imperio.
Pesada es la cabeza
de pesados pensamientos.

No bien habiendo leído una misiva lejana
quién sabe si de Panonia, de la Selva Hercina
o de cualquier otro mundo distante,
un acceso de ira le consumió.
Perdiendo el sentido, toda ella recayó
sobre un esclavo, servil secretario
que por sus nefastos manes
se había allegado al Emperador.

Adriano tomó el punzón
con el que grababa sus notas en cera,
y apuñaló el ojo del esclavo.
Y volviendo en sí, se horrorizó de su acto.
-¡Qué humillación, perder así el tino!
¡Volverse uno inhumano!- pensó.
-Dime presto….Por Jove, dime,
cómo te puedo compensar
por haberte cegado- preguntó al esclavo.

Aquel esclavo, quizás griego,
pero sólo habiendo saboreado
desde la cuna los azotes, las palizas, y los miedos
que debían a sus amos, no contestó.
El Emperador insistió
-Dime y no calles. Te daré todo lo que pidas
para compensarte- y casi terriblemente imaginó
en dejar su corona al siervo desdichado.
-Yo que todo lo puedo en este mundo,
te daré lo que pidas- aseveró.

Pero este, callado,
sopesaba sus pensamiento
Y abriendo su boca
sólo le preguntó al Emperador
-¿Podéis devolverme el ojo, Señor?-
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Oh Dios, perdóname

Oh Dios, perdóname
porque me olvidé de mi Patria, la Poesía.
¿Dónde está ahora tu ara? Déjame acercarme,
que mucho mal he hecho con olvidarla.
Allí en el Olvido, al Hombre, mi hermano, eché;
perdí mi brújula y mi juventud se ha ido,
porque toda belleza en su recuerdo contenida,
se evaporó como un óleo esparcido.

Oh Dios, perdóname,
porque en esa Patria olvidada dejé
las tierras de mi Padre sin atender
y ahora algarrobas entre cerdos
son perlas para mí.
¿Qué he hecho, que en mi pecado va mi castigo?
Oh Dios del desierto, perdóname
porque perdiéndome he perdido
lo que sólo me faltaba para ser bendecido.
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El Historiador

El Hombre es un reptil de sangre caliente,
en esta Torre conocemos sus nombres.
Santo, Tirano, Flagelo, Esperanza, Perdición
son algunos de los que recopilamos.
Y a cada momento que pasa
Él mismo se nombra de nuevo.

El Hombre ya dejó de ser dueño de su Olvido
y cien cabezas taladran lo que queda del Silencio.
Y los sonidos de los resortes se espacian como un Eco
por todo el ancho monumento.

¿No lo oyes?
Es la Historia, que es pensamiento humano.
Y por eso en todo este desierto, no existe nada,
sino la Torre, Yo, y las Palabras.
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Qué era tener dieciocho años

Era una bruma azul,
Y sentirse tan fuerte
Que este mundo
Era demasiado
Y abrumados,
Buscábamos otros mundos.

Ahora cuando miro hacia atrás,
Nunca tuve diecisiete años,
Nadie supo atraparlos
Para decir "yo viví ese verano".
La bruma se disipa,
Y llega el clarear del día.
Nos curamos de idealismo,
Y salimos a acumular años y odios.

Era una bruma azul,
Un algodón de azúcar triste
Un verano que se disipa en la lejanía.
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Una canción de amor desesperado

Te alimentaste de mí y ya no queda nada,
y yo no quería tampoco que quedase
en este incendio algún hueso,
algún fragmento que reconociera
como "mío", porque era "tuyo"
desde la tierra que pisaba.

Tú eras el fuego que hacía temblar
a las estrellas del firmamento.
Ahora, bajo el mismo cielo, tiemblo
eres tan injusto, todo por tí,
Me miras, y arrodillado me humillo.
Pero no me dejes, no te vayas.

Tengo dudas de que una planta muera
si el sol no la alimenta,
pero si tú no me alimentas a mí
¡Ay! Dichosas las sombras eternas
en las que el musgo grana sobre la piedra.

-¿Con qué te puedo retener?- Leo en un libro
por mis manos arrasado . Y me ciega el llanto.
Nunca "más" fue "suficiente" para tí.
Tú eras el fuego, ese fuego infernal,
que hacía temblar al Serafín
en el trono de las almas.

¿Cómo podría yo resistir?
Y aun así, eres tan injusto
¿ No podrás hacerme decir "te perdono"
si hasta te pertenecen mis palabras?
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Los Campos

Cuando te canses de medir los campos,
de peinarlos, de recorrerlos, de limpiarlos,
y pienses en el trigo aún sin plantar,
entonces entenderás qué es el alma.

Porque entenderás que un campo es sólo un campo,
arado o sin arar, fructífero o yermo, bello o feo,
y cuando te canses de mirarlo ¿Qué quedará
sino lo que ya es? Un campo y nada más.

Pero aquel que piensa en lo que vendrá,
y aunque lo que vendrá sea solo nube y aire,
verá que hay algo más que jamás esta,
y que es lo mejor de aquel campo tan familiar.
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El Fuego de los Rayos

¡Oh, si el fuego de los rayos
de las bocas que suspiran
arribara a tu orilla!
Murallas de Amor
que ni Josué traspasara
sobre tí pondría.

¡Qué delirio, qué delirio
que ni Baco ni Cibeles
cesarme podrían
de cantar en tus altares:
"Evoé, evoé, evoé,"
coronado de guirnaldas!

¡Oh, si aquel mar de fuego
entre nuestras carnes interpuesto
cruzarlo a brazo pudiera!
Lanzaría mis brazos a tu efigie
y echado como Casandra en tierra
por delirio de Profeta te amaría.

¿Qué hechicera póntica o demonio
contra mí se levantaría,
si con tu Amor puedo decir
a la luna "ven", y ella bajaría,
y al mar "ábrete" y expedito
para verte sólo a tí se retiraría?


Amor, qué fe mejor puedo tener.
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Allí donde vayas

Allí donde vayas, alma mía,
a este o a otro mundo,
seas pájaro, pez, piedra, árbol,
o agua que corre en lo profundo,
recuerda quién te amo cada día.

Quién decía que un pez y un pájaro
sólo pueden amarse en una orilla.
Si al alma la dicen infinita,
te esperaría con ansias,
en cada orilla del mundo.

Si fuera un árbol, alma mía,
mis raíces y mis ramas
hasta tí crecerían,
y tus huesos, y tu polvo,
con amor abrazaría.

Si fuera piedra, alma mía,
eternamente te anhelaría,
y mi silencio
y mis lamentos
la misma cosa serían.

Si fuera agua, alma mía,
hasta tí me llegaría,
y te daría de beber de mi cuerpo,
y siendo uno contigo,
contigo eternamente descansaría.

Allí donde vayas alma mía,
¿Cómo olvidarás quien te amó cada día?
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Si fuera una belleza

Espero haberte divertido,
yo, pequeña cosa,
tú, belleza inigualable,
ahora que se cierra el telón.

Espero que mi torcida nariz
y mis rotos ojos,
que mi piel surcada
y mi juventud perdida
servida
en bandeja de plata,
que mi voz adolorida
(la única belleza que aún guardo)
que canta
canciones de pérdida
a la luna lejana,
hagan temblar tu alma.

Si fuera una belleza perfecta,
cuánta ruina tendría
con los ojos de las estrellas
eternas
sobre mis espaldas.

Pero qué pequeño me siento,
como una mota de polvo
que vuela zarandeada
por tus caprichos.

Si fuera una belleza perfecta,
sería una estatua
que puede soportar
tu viento y tu agua.

Pero una polilla
no resiste el fuego.
Qué triste ser la causa
de mil naves perdidas.

Qué tristes los argivos
en las costas de Ilion,
que lloran como yo
ser arrastrados por tu llama.
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No nací para ganar

No soy modelo de revista,
ni banquero o accionista.
No tengo una piel para matar
ni una sonrisa que dé envidia.

Qué quieres que te diga,
No nací para ganar.

Y perdona que te diga,
bajo esta luna azul,
que tal vez "El Padrino" no era buena.
Y perdona que te diga,
mirando a ese pescado
que quizás La sirenita se hubiera matado.

Qué quieres que te diga,
no nací para ganar.

No enciendo simpatías
aunque trate de agradar,
y cuando canto de más
tampoco tengo una voz buena.

Qué quieres que te diga,
no nací para ganar.

Pero si una vez tomé tu mano,
no puedo esperar más,
aun con mis dientes torcidos,
mis arrugas y mis granos.
No nací para ganar,
pero contigo lo he intentado.
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La Última Estrella

Cuando el cielo era fértil en luz
no nos era tan terrible
la pérdida de una estrella.
Infinitas había de ellas.

Pero ahora, cuando la Tierra no es más que aire y polvo,
un recuerdo en la Mente Eterna,
arriba, en la infinita oscuridad que impera,
la última estrella mortecina agoniza y parpadea.

Cuando el cielo era un manantial azul,
y nuestras almas eran frescas,
brillábamos como ellas,
qué felices entonces eran.

Y la última estrella que se apaga,
la más importante de ellas,
dice adiós con su luz de candileja
a esta Eterna Escena.
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Cómo amar

Cómo amar
una bombilla rota.
Dime
cómo amar
aquel cíngulo eléctrico
que no brilla.

Cómo me amo,
dime,
si estoy roto por los cuatro lados
que es el mapa de mi cuerpo.
Y los ríos descargan su llanto
en este mar inacabado.

Cómo amar
lo que se rompe,
cómo....

Y el eco
jamás me responde.
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La Casa

Hay
como un alma en el alma que dice
"Ay,
qué poca cosa eres
¿qué haces gimiendo y llorando
en estas cuatro paredes?"

La Muerte llama a la puerta
y el alma callada responde
"¿Viste?
¿Qué tiempo te queda?
¿Dónde te escondes?"

Y la Muerte más fuerte golpea
hasta que las paredes rompe.
Hay
como un alma en el alma que peca
y calla acusando a su dueña.

¡Qué casa más dividida tenemos
donde nuestra alma se esconde!
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Las Circusntancias

"Yo soy yo y mis circunstancias,
y si no las salvo a ellas,
no me salvo a mí."
-Dijo el filósofo,
marcando el "Yo" en el verso
como en caja de tambor.

Como si sesudo,
sólo viese al Universo
como un objeto al cual dominar,
cuyo ser mismo se encona
en el egoísta que ve las cosas pasar,
sin implicarse en su suciedad.

Pero se le olvidó decir,
se le escapó,
que las circunstancias son los Otros.
Y si no salvo a los demás,
cuando esté eternamente solo,
¿Cómo me salvaré a mí?
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De mis ojos

De mis ojos la melancólica mirada,
cansada, busca algún reparo.
La sacra medicina, allá a lo lejos,
la flor que crece al borde del lago.

Al otro lado la barca me encamina,
no cederán sus tablones a los hados,
caeré en tierra extraña, flor cristalina,
y me sentaré perdido a tu lado.

-Háblame de amor, flor de mi vida-
diré, sabiendo de tí que te conozco
antes de que el Mundo fuera creado,

antes de ser puestas del Infierno
las puertas, eterna justicia de su Amo,
pues Él nos hizo para encontrarnos.
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Suavidad

Suaves son los nudos de la vara
que restallan en la espalda,
y suave se desliza la sangre en su sonrisa.

Suave es la cuerda que asfixia.
Suave el filo de un cuchillo
que corta como la mantequilla.

Suave el agua que ahoga,
suave el fuego que consume
y que lame hasta las cenizas.

Suave la flor del veneno y la droga.
Suave el sueño en su almohada,
suave la muerte en su mármol silente.

Suave es el Dios de la natura,
que dispersa el Mundo suavemente,
y a la Nada llama quedo.

Suave, suavemente.
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La Rueda (Poema de Yunus Emré, S. XIII, en traducción propia)

Rueda de molino
¿Por qué estas sollozando?
Inquieta esta mi alma,
por eso estoy llorando.

De Dios estoy enamorada,
Por eso estoy llorando.
Fue mi madera cortada de los montes,
Y mi paz se ha borrado.

Soy un poeta malpagado,
Por eso estoy llorando.
Árbol fuí de la montaña,
Ni dulce ni amargo.

Y rezo a Dios,
Por eso estoy llorando.
Me encontraron en el monte,
Y en piezas me cortaron.
Hicieronme rueda de molino,
Por eso estoy llorando.

Yunús, nadie rie en esta historia,
Nadie ve sus deseos saciados.
Nada queda en este mundo quieto,
Por eso estoy llorando.
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