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1-madrugada

Un instante, es un pedazo sesgado del alma;
Valioso como el aire que nos insufla vida.



Una calle, es un recodo de un inmenso camino;
Y es un testimonio de nuestro fugaz paso.



Una letra, es un órgano vital de la palabra,
Como el corazón de los hombres; la mente misma.


Un beso, es la sílaba del verbo 'amándote',
Y un liviano extremo de su vasto sentimiento.



Una lágrima, es una pequeña gota de agua;
La tristeza es un hondo océano de lágrimas.



La muerte es una breve parte en la existencia.
Existir, es un breve lapso entre la muerte.
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Fútbol

Dadme un balón,
Un soleado amanecer,
La aguda vista del ave,
La tracción de la salvaje bestia,
La elegancia del bailarín,
La brisa,
De la primera remesa
De la colada del viento;
La verde vida, que fluye
De las oprimidas venas
De la tierra;
El grito apresurado,
Del extasiado pecho
Que guerrea.



Dadme diez camaradas,
Once contrincantes,
Dos porterías,
Y el lejano rumor
De una alegre samba.
Y dejadme en paz,
Hasta que la muerte
Venga a por mí.
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Absenta, licor, y largos paseos junto al puerto

La calle huele a sal marina.



Las jóvenes gaviotas chirrían,
Desde las altas azoteas.




La cálida brisa del viento,
Nos estremece en la madrugada.





Es la furtiva caricia,
De la salvaje libertad
Del vasto mar en el espíritu.




Cada recodo es tan hermoso
Como un inédito paraje.




Cada paso, el comienzo
De un nuevo camino,
En una interminable aventura.




Cada esquina,
El umbral de la entrada
A lo recóndito del universo.



Cada instante, una pintura
Tejida por las manos de la tierra,
Y la interminable paleta
De colores
Del desbocado tiempo.



Es tan efímero y esquivo
El reloj,
Que se ausenta ante la armonía
Del suave balanceo
De las extasiadas palmeras;
El alegre alborozo de las palabras,
Que flotan entre el balanceo
De los dormidos veleros,
Y la quietud de las azules casas.





Los faroles brillan, como centellas
Caídas en la planicie
De laberintos, frondosos
Como doradas selvas;
Como una guía hacia
Una fantasía, que jamás tiene fin.
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A George Floyd

¿Cómo se mata una súplica
Abatida en la derrota,
Si el más encarnizado
Enemigo, puede ser compasivo?.




¿Cómo se obvia en la conciencia,
La irremplazable aflición
Que llena el hondo vacío
De quien nos es ausente?.




¿Cómo arremete con razón
El odio hacia lo ignoto;
Cómo se reconforta la ira
Cuando es injusto el fin?.




¿Cómo se mide el valor
De dos mismos espirítus,
Cuando, incluso el camino seguido
Por ambos es distinto?.





Jesús dijo: ''tuve sed, y me disteis
De beber''...



¿No está Jesús en el corazón
De todos los hombres?.



¿No estaba Jesús acaso
En los sedientos labios
De aquél moribundo hombre?.
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Sonny Liston

Hay frágiles orugas
Encerradas en el llanto,
Que emergen hacia el mundo
Como ardientes mariposas.



Candentes, como el acero
De una fraguada espada.



O la llama, que desprende
Un furioso acorazado,
En la violenta guerra.



O el ardiente lucero,
Que esconde la nebulosa
Melancolía nocturna.



Son los brillantes ojos,
La lluviosa sombra eterna
Tras de la luz del día.



Y sonríen entre lágrimas.
Y acallan entre dolores,
El grito
De un abismo soterrado.



Y son capaces de andar,
Sobre la yerma tierra
Que llena la enorme brecha.



Su mirada está entornada,
Como el tierno gesto
De una somnolienta bestia.



Pues es inocente.
Como todo animal,
A pesar de su rudeza.




Una cárcel de hiedras,
Como la sangre roja.



Una reja de marfil,
Como el finado tardío.



Una carne.
Un pobre y austero vestido.



Y todo lo demás,
La inquebrantable voluntad
De un cautivo.
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#2

Yo tengo aquel jamás, que alguna vez pude;
Y también, el tal vez, que apenas hoy puedo.




¿Qué piensa mi conciencia, si la acude el miedo?,
Piensa ese quizás, que hasta mañana supe.
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#1

Dos rimas que se hermanan, fingen poesía;
Cual ave, que de plumas, hace un tocado.



Un alma, arraigada en la tierra baldía
Del mundo; lo colma, y da un significado.
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Cuando muera

Así, cuando muera, no quiero ser sembrado;
A la brisa me uniré que todo aquello vista:
Cada mar; cada monte; cada cielo recordado,
Que a mi paso me conozca; y sepa que exista.





Así, cuando yo muera, en apenadas lágrimas,
No quiero ser la sal de cada amargo llanto;
Me place entre las piedras, lo que siendo ánima:
Ser en verdes templos, lo que llaman santo.





Así, cuando haya muerto; aún no teniendo nada,
Otros yacerán en mi esfumado pecho.
Presos de vivir... y en su tez enamorada,
Será que haber nacido es un hermoso hecho.
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A los vagabundos y los soldados kurdos

Me pidieron que escribiese versos humanos,
Anoche mi sentido; conciencia y palabra.


Los bultos olvidados de la calle ateridos;
Los muertos tempranos, que todavía aún hablan.




Y ese ajeno Aquiles; la anónima Atalanta,
Que al ávido fuego son pasto y escombros;



Y dos desconocidos que a la vida faltan;
Y extremos, del Atlas que levanta sus hombros.




Me pidieron ayer, los que todo lo acaparan,
Que el paso de mi voz no señalase a unos cuantos;



Y allá donde sus labios, lo aparten, y acallan,
A todo aquel distinto, comparto éste canto.
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Amor

Las quimeras del desierto,
La sed jamás calmaron.




El amor; aquel invento,
Jamás locura ha sanado.
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La Blanca Cuna

Estaba borracho. Bajo la clara Luna;
Un hermoso miércoles de madrugrada.


El cielo era océano en níveas espumas,
Dormidas en olas celestes calmadas.


El monte un arpegio; mudo en letanías,
De armoniosas notas, que brotaban hadas;


Y en la verde hoguera, el Sol se escondía,
Tras la tierra desnuda y febril que danzaba.


En huecas botellas, hablaba y la oía,
Cuando justo bebía para acallarla;


Y llenas estaban de tanta tristeza,
Que por mis ojos tuve que derramarlas.



Allí. Callado. Bajo la blanda noche,
Caminé hacia las puertas de un camposanto,


O aquello debió de parecerme a mí:
Oír la dulce voz, del postrero canto.


Y el dolor no cesaba en amargos llantos;
Y nada a la hambruna del alma saciaba;


Y un mundo tan ancho, de poco era tanto,
Que su boca; la mía, besó agotada.


Estaba borracho. Bajo la clara Luna.
Tan hermosa fue, aquella vida dejada;



Tan negra el vacío, cubría mi cuna,
Que volví por la puerta por donde entraba.
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El Cielo

El cielo de las calles, se hacía cotidiano.
Corriente... Tan vulgar, como cualquier otro día.



Si llega a tu ventana, aquel suspiro lejano,
¿Dime aquello que es vano; dime que poesía?.






Si la tierra, recita su verso en tus paredes;
Si tu casa, en silencios trémulos se agita.



Si en la obscura luz del cuarto, verlo ya no puedes...
El mundo decolore; y la vida marchita.
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