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El silencio esconde más respuestas que preguntas

Quizás, para comprenderlo todo,
habría que comenzar por el principio
¿Por dónde sino?

Tengo miedo a las pérdidas.
Así de claro, sin medias tintas,
mejor directo y a la cara
como esos puñetazos que recibes en medio de borracheras
que no sabes muy bien dónde empiezan,
pero sabes demasiado bien dónde acaban.

Con sangre en las manos y en el alma
al comprender que todo tiene un final,
que todo siempre se acaba,
que la inmortalidad es una meta demasiado ficticia
para tan tristes mortales
y yo ahora
no sabría bien cómo
pero trataría de aferrarme a lo que tengo
a costa de morir en vida.

Tengo un miedo irremediable a las pérdidas.
Supongo que eso lo explica todo,
todas las espirales de dolor,
todas las caídas,
todas las derrotas,
todos los vanos intentos por sobrevivir al paso del tiempo.

Hay algo de poético en el absurdo terror a la pérdida.
Yo lo sé,
es ella, la pérdida, la que no quiere comprenderlo
y se afana en reírse en mi cara
y escaparse pasando de largo,
arrebatándolo todo
por mucho que quieras evitarlo.

Tengo miedo a las pérdidas.
Y por desgracia convivimos día a día con ellas,
en cada mirada,
en cada gesto,
en cada cotidiana rutina que semeja constante
hasta que sin darte cuenta desaparezca.

Que estoy mal,
que yo lo sé,
que me giro y solo veo vacío,
que miro a los ojos a la felicidad
y solo puedo ser consciente de la certeza de su finitud,
de su fragilidad efímera,
de su inexacta hora de muerte,
de su patética presencia fantasma que te recuerda
que, aunque no quieras,
todo se acaba.

Es una maldición.
Lo sé.
Es así.
¿Para qué mentir?

Es una espectral maldición
el vivir siempre con la certeza de la muerte,
de la pérdida,
del inexorable vacío
que todo te lo arrebata
aunque no quieras,
pues todos los relojes tienen final
y el mío hace mucho tiempo ya que se hizo añicos.

Y ahora soy espejo
en el que mirarse las arrugas, las cicatrices y los corazones abiertos,
cuando no quede ya nada,
y todo lo devore salvajemente el incandescente olvido del fuego.

Lo mismo habría que empezar por el principio
para comprenderlo,
pero es que es tan básico
como que la vida es una batalla contra el tiempo
y yo,
y todos,
siempre salimos perdiendo.

Sobretodo, si somos conscientes de ello.

Yo lo siento,
de verdad que lo siento,
tengo miedo a las pérdidas,
espero que no me odies al verlo.
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sin comentarios 28 lecturas versolibre karma: 54

El otoño llegó en abril, sin duda antes de tiempo

Soplan vientos en esta tierra
de yermas miradas
que todo
se llevan.

Los campos de yerba
cimbrean
al viento,
y los lágrimas amarillas
caen en el otoño de mis ojos.

El mundo es una escala de azules,
fríos,
melancólicos,
vacíos,
lacónicos.

Tras de mí
el vacío,
frente a mí
el infinito.

Tanto por delante
y tan poco tiempo,
sucio baile de arena
que todo esfumó.

Los castillos
se pierden tras la bruma,
y la noche
ya deja su desamparado silencio.

La ciudad duerme
como duerme la muerte,
esperando a salir
cuando nada quede.

Las vidas se apagan
a instantes de miedo,
la guerra se ha acabado,
pero solo queda dolor y miedo.

*
**
*

Tapias de rosas de fuego,
miradas de hielo,
cristales en el rostro,
memoria en destierro.


Solo quedarán castillos entre la bruma
cuando todo se lo lleve el tiempo.
3
1comentarios 11 lecturas versolibre karma: 55

Metáforas revoloteando por la habitación destilando su silueta

Tengo ganas de ir a Madrid,
de caminar por sus calles,
de perderme por sus piernas,
de encontrar refugio al calor
en su mirada ardiente
de vidas sin penas,
caricias libertadoras,
besos intensos y fugaces
y recuerdos de noches, de vértigo,
de humo que se arremolina alrededor nuestro
mientras su silueta se recorta en el marco de la ventana
con el pelo desaliñado,
los ojos chispeantes
y la sonrisa en sus labios.

Ojalá ser cigarro,
pero me conformo con mirarla desde la cama
y sentirme mortal
en toda mi finitud
por poder disfrutar aunque sean unos instantes
de esa belleza de diosa griega
que se abre desnuda ante mí
en las noches de luna llena.

Que lo mismo no ando tan perdido
si hay quien ve brillo en mi mirada,
ya lo he dicho
decenas de veces,
pero cuanto más me lo repito,
más me lo creo
y quiero arrojarme al vacío
a cientos de kilómetros por hora
mientras esta montaña rusa que es el tiempo
nos hace eternos
en los efímeros momentos
en que hacemos poesía con nuestros cuerpos.

Que vivo en sus labios
esperando al instante en que volver a encontrarlos,
a encontrarme,
en ellos
y poder creerme camino
entre tanto desorientado sendero
que son las sábanas y la cama deshechas
por consumirnos sin miedo.

Que no hay imagen más poética
que ella entre su humo,
difusa,
volátil,
como si fuese una metáfora fugaz
que desaparecerá en el siguiente pestañeo,
que si escribo tanto de humo
es porque quiero vivir entre ellos,
entre sus pechos y las volutas de humo
que ascienden hasta tocar ese cielo
que araño con los dedos
cuando estoy bajo su sonrisa de fuego.

Ojalá ser cigarrillo
para sentir el alivio
de rozar su alma cada día,
aunque me conformo con ser tiempo y cenizas
en este viaje que hacemos a base de caricias,
de alma y de aliento,
cuando perfilo versos entre los pliegues de su cuerpo
y logro alcanzar la libertad bajo las risas de alas
que se abren a cielo abierto
bajo el velo de sus desvestidos
de amor tatuado en el pecho.

Hay vida más allá
cuando rozo el horizonte sobre el mar de su vuelo.
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1comentarios 11 lecturas versolibre karma: 65

Que todo se pudra en llamas

El mundo arde.

Nubes de llamas ascienden al cielo mientras los alaridos braman implorando piedad.

Los rostros recalcitrantes se deshacen en tiras de piel muerta al tiempo la sangre burbujea a flor de piel cual estatuas de cera abandonadas a su suerte. Los coches estallan en haces de metralla que saltan en todas direcciones cuando el calor alcanza el inflamable de sus interiores. La muerte corre de un lado a otro brincando en un baile de exaltación, extasiada ante el panorama de una potencial jornada de trabajo. La sonrisa aflora en su cadavérica mirada y su guadaña destila brillos excitantes ante la brava masturbación que le espera por delante.

Los ojos que se descomponen ante cavidades vacías inundadas por lengüetazos de llamas imploran perdón sin saber muy bien hacia donde orientar sus plegarias. Las aceras se funden cual lava y el asfalto discurre descendiendo por las avenidas arrastrando a todos los maldecidos que se topan en su camino.

Los termómetros se desintegran y las ventanas estallan. Los mares se evaporan y los ríos son calderas incontenibles en su turbia incandescencia.

El universo vive sus últimos y apocalípticos instantes al tiempo que mi mirada de rabia reparte ira incontenible por doquier, acabando definitivamente con la humanidad a medida que avanza el bus.

Y mientras el mundo arde.
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1comentarios 61 lecturas prosapoetica karma: 79

Las arenas del Atlántico nos cobijan

Te hallo entre la niebla
luminosa presencia ninfeante
danza de equilibrios en el instante
dulce sueño que me lleva a cualquier parte.

Te encuentro en cada estrella,
en cada luna llena,
en la mera esencia del instante
en la felicidad del encuentro
en la calidez de todos y cada uno de nuestros besos.

Te busco
y me encuentro,
me siento voz y argumento,
paz, libertad, ensueño,
caricia suave en la mejilla mientras te aparto el pelo.

Te exploro
como selva desconocida
mar sin fondo
historia perdida
explosión de placer ignoto.

Te hallo y te encuentro,
te busco y te exploro,
y en cada futuro y recuerdo
haces del amor un pequeño tesoro.

Soñaría horizontes solo por nosotros.
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sin comentarios 22 lecturas versolibre karma: 45

La ciudad de Dios

El día que Roma ardió
hicimos del miedo una norma,
los demonios tomaron cuerpo
y el pecado caminó entre nosotros.

Dios los castigó
-diría Gibbon-
por su decadencia.

Y desde Cartago sonrió
un obispo mientras escribía
quien siembra sal
cosecha su propia ruina,
arrepentíos ahora,
solo la fe del desierto nos salvaría.
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2comentarios 37 lecturas versoclasico karma: 47

Este sistema nos quiere rotxs

Este sistema nos quiere rotxs
y le estamos dejando,
mientras nos machacan a diario
miramos a otro lado
y si algo sale mal
no dudamos en autoinculparnos,
es normal
así nos han educado
en sufrir
programados para callarnos
antes que plantearnos
que todo está atado y bien atado
de antemano.

Este sistema nos quiere rotxs
y le estamos dejando,
callamos
y nos avergonzamos,
huimos
y nos escondemos,
convirtiéndonos en pobres enfermos
que son incapaces de recoger sus pedazos
que dejamos por las esquinas
a trozos.

Este sistema nos quiere rotxs
y le estamos dejando,
somos
a diario
explotados
y cada noche
lloramos
culpándonos
de todo lo malo que pasamos,
como si fuésemos nosotros
y solo nosotros
quienes nos lo hemos buscado.

Este sistema nos quiere rotxs
y le estamos dejando,
somos depresivos
ansiosos
enfermos
trastornados
solo un puñado de destrozos
entrenados para beneficiarles
y autoinculparnos
día a día
como si nos lo hubiésemos buscado.

Este sistema nos quiere rotxs
y le estamos dejando,
y mientras tanto
nosotros perdemos
y ellos van ganando.

No estamos destinados a fracasar,
ni a sufrir,
ni a abandonar por no resistir,
ni a llorar sobre la almohada hasta dormirnos,
ni vivir sin ganas,
sin ilusión,
sin esperanza.

No estamos destinados a morir así.

No tenemos que pagar sus platos rotos,
porque no somos trozos con los que jugar,
muñecas de trapo de usar y tirar,
el próximo álbum de fotos que abandonar
al fondo de un armario del que es imposible escapar.

No,
nosotros no estamos solos,
tenemos a otros
y juntos
dejaremos de ser esos pobres desgraciados rotxs
que el sistema quiere para perpetuarse sobre nosotros.

No,
no volveremos a ser esa pobre historia triste
de cada día.

No,
es hora de unirse y reconstruirse,
acabar con las prisas y querernos un poco,
porque ya está bien de ser tachados siempre de locas.

No,
ya es hora de amarnos sin reparos,
deconstruir las sombras de nuestros ojos hasta apreciarnos,
y caminar orgullosas por el barrio sin escoria ni farolas.

Porque sí,
porque nos lo hemos ganado
y ha llegado de una vez por todas
la hora
de levantar la cabeza
y dejar de ser su generación rota.
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4comentarios 67 lecturas versolibre karma: 87

Alas de poesía

La poesía hablando el lenguaje de los cuerpos,
caricias al oído,
miradas a besos,
labios entreabiertos,
instantes eternos
que llevar de mi pecho a tu espalda,
palabras que se llevan la almohada,
sonrisas robadas
en la piel erizada,
el cuerpo firme y el alma bajo las sábanas.

La prisa de consumirnos por momentos,
alargar el tiempo,
hacer inevitable el encuentro
efímera tinta en tus piernas
y los sueños entre tus dedos,
arqueándonos, arquebotándonos,
como contorsionistas sin miedos,
cuerdas ni arcos
que desnudan a mordiscos
lo que a gritos susurramos.

Pintaremos versos,
escribimos lienzos
y cuando roce el horizonte
ven con el viento,
que quiero hacer contigo el arte
que vive en iglesias, museos y templos.
16
2comentarios 71 lecturas versolibre karma: 89

No es algo terrible, pero dejaste fuera la guerra ¿Dónde están los fantasmas? ¿Dónde está la mierda?

Las historias no tienen moraleja, tampoco salvación. No hay lugar a dónde ir cuando te has perdido. Solo asumir el final, sin final. Sin camino qué seguir. Sin sitio a dónde ir. Solo dar vueltas y vueltas a los recuerdos, tratando de aferrarnos al paso del tiempo, como si así todo cobrase algún sucio sentido.

¿Qué es lo que anda mal?

Nada, sencillamente nada.

Simplemente la vida se escurre entre los dedos como reloj que ha perdido la noción de su propio ritmo interno. Solo soledad. Sin alma. Solo. Soledad.

Nuestros fantasmas se arrastran en la oscuridad de la noche susurrándonos todos nuestros miedos, todos nuestros temores. Es difícil lograr espantarlos cuando tu propia mente te engaña. Ahí, en esa soledad exterior, la selva se te mete dentro, taladrándote poco a poco la mente, hundiéndote más y más en la mierda, hasta ahogarte. Como un río de estiércol que se lo lleva todo. A ninguna parte.

Desperdicios. Eso somos.

Desperdicios, buscando desperdicios para dejar de desperdiciar nuestro día a día.


En las noches más oscuras, cuando nuestros propios demonios nos atormentan, dejamos entrar a los fantasmas que nos susurran la magia de la noche y su hechizo se arremolina a nuestro alrededor. Espectrales mantos de brumas se yerguen y el silencio hace desfilar su sinfonía de sonidos. Los grillos y su transmisión de coordenadas en morse, los estridentes graznidos de las aves, el viento enloqueciéndote poco a poco. La oscuridad abre sus fauces y los pozos te dejan caer lentamente, hasta precipitarte en la suave muerte de la guerra.

¿Cómo está la guerra?

Suave. Se avecina un suave día de guerra.

Te susurra alguien al oído mientras el napalm descarga toda su carga incendiaria arrasando kilómetros y kilómetros de selva ante tus ojos. Y ante el horror de la carne quemada y la madera incandescente, tú no puedes dejar de mirar. En una febril éxtasis que te invita a martillear las letras del teclado como una repiqueteante campanilla que llama al adiós final. La belleza del horror, de la mierda, de la auténtica y rastrera ceniza que queda cuando ya toda la pólvora ha explotado en el lodazal de las caídas con las que patinamos una y otra vez. Hasta rompernos la crisma y quedar tendidos en el suelo. Inertes. Ausentes.

Cantos de espectros que vienen a visitarte cuando la soledad es la única invitada a abrazarte.

Todos escribimos por algo.
Por algún motivo.
Huyendo de nuestros fantasmas.
Dando caza a nuestros demonios.
Poniendo coto a la atronadora hélice en que nuestra mente se convierte cuando la demencia se ha apoderado de nuestras ausencias. De nuestro dolor.
De nuestro triste y patético intento de sobrevivir
a la barbarie
de nuestro destrozado interior.

Nuestra alma está rota.
Nuestra vida no tiene destino.
Lo real y lo ficticio se han dado la mano
y ahora son imposibles de discernir.

Da igual.
Todo da igual.
Y parece que nadie quiere comprenderlo.

La selva se lo ha tragado todo
y ahora solo quedan fantasmas,
demonios
y muertos.


Ahora nos marcharemos
y dentro de muchos años volveremos,
echaremos la vista atrás
y lloraremos
por lo que fuimos
y por quienes dejamos de ser.

Hasta entonces
solo podemos dar vueltas alrededor de un lago
de un pueblo perdido
como una hélice
huyendo de la oscuridad que emana la selva.

Tratando de volver
algún día
de esa guerra
sin salvación
ni moraleja.
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sin comentarios 54 lecturas prosapoetica karma: 39

Enciéndeme este último cigarrillo

Nunca sé cómo comenzar un poema,
tampoco cómo terminarlo.

Llega un punto en la vida en que caminas por inercia,
supongo que lo demás es más o menos igual,
escribir
con la locura atenazando cada uno de los versos
y la sangre martilleando la mente
tratando de hallar salida
a este laberinto
del que no existe forma de escapar.

Le miré
y vi que su sonrisa prometía un paraíso perdido.

Toda una vida se escapa entre los dedos
cuando los relojes ya se han detenido
y la eternidad
es nada para los mortales,
y nosotros solo somos seres
que se consumen como velas y candiles ardiendo
afanados por perpetuarnos en el tiempo
cuando el instante robado es lo único que nos queda.

Con esa ira salvaje del que se sabe ajeno a si mismo
he devorado la vida furtivamente,
como la noche que se esconde y es refugio para la soledad,
como los gritos en la madrugada
que nadie jamás escuchará.

Y ahora ya no tengo a dónde ir
en este juego de luces y sombras.

Los niños que fuimos ya han muerto,
y todos los imperios han caído.

Solo somos ruinas de otra época
esperando a ser descubiertas
antes de que sea demasiado tarde.

Polvo.

Eso somos.

Polvo en el aire.

No nos pertenecemos,
y furiosos,
tristes
y dolidos por ello,
nos arrebatamos entre líneas y versos
tratando de escribir algo a la noche,
tratando de robarle la chispa a la vida,
tratando...
de lograr algo que resulta completamente imposible

y lo más patético es que lo sabemos.


En esta noche ya no hay dios,
ni patria,
ni banderas,

no hay vida,
no hay prisa,
no hay muerte,

solo queda un constante y eterno silencio
que deja margen para los gritos lastimeros que nos traen la madrugada.

Adiós
mi existencia,
adiós
mis amigos,
adiós
mi lenta agonía,
adiós
a todo lo que un día fuimos vivos.

Adiós
mi existencia,
adiós
mi dolor,
adiós
mi esperanza,
adiós
mi país.

Adiós
dulce balada de terror
en la última luz de la noche
de este baile de olvido y destrucción.
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sin comentarios 75 lecturas galegoportu karma: 35

Pesadillas sin sueños

Entre el informe caos
de un mundo que colapsa
la suerte se fugó
echando al fuego todas las cartas,
las prisas ardieron
y ya solo quedan cenizas
brasas que irradian luz
prendiendo si acaso incendios
que desbordan los cuatro costados
de un plato que es este mundo plano
sin bordes de protección
caída hasta el fondo
surcando el mar interior
sin intención de dar un paso atrás
los rayos de sol
desbordan esta ficción
y el fuego griego permanece en el tiempo,
no han caído todavía los templos
y sabemos que ante tanto destrozo solo queda seguir
nadie se pelea por visitar ciudades en ruinas
a no ser que el reloj gire
en el otro sentido
y los siglos
se hayan perdido
entre libros y libros de cementerios erguidos,
los trayectos de la luna no se someten a votación
la curia regia no tienen palabras para definir este dolor
y el socavón nos ha absorbido
caminando sin cesar
por senderos de ritos
que nos llevarán siempre un paso más allá
mientras sorteamos luciérnagas
y esquivamos viajeros ciegos
que van a donde siempre nos han dicho
sin mirar más allá.
Acierto en la noche
todos nuestros tristes bienes
pobres sueños heridos
verdaderamente nunca llegaremos a ninguna parte así
si el mar está enfermo
y la vida se entrecorta
los acordes retocan en el aire
y el aliento me mantiene cuerdo
como un caballo que corre desbocado
¡vamos a estar bien!
¡de verdad que vamos a estar bien!

Respira y toma aire
toma aire y respira,
respira y toma aire
toma aire y respira.

Carga las palomas a hombros
y levanta la cabeza,
volaremos si hace falta
seremos rayos de sol aunque la noche se fugue
entre campos elíseos de París
escupiendo a los años
bienvenido Dios
este es su cortejo fúnebre
no llore por los vivos
usted ya no está entre ellos,
rasca la tarjeta
para ver si tienes premio,
silencio,
¿quién es el cuerdo que superó la locura de ser eterno?
Aluciona-
ciones,
tristes y melodiosas
canciones
que asfixian y destrozan el cuerpo,
el veneno se carcome por dentro,
las cuentas vacías del calendario,
dulce horario que nos arrastra
salteando entre tuertos
mancos, ineptos,
estropicios entre tanto estiércol,
maldita suerte la mía,
mi santo sepulcro ha caído
percibiendo todo el llanto que brota
de los manantiales del mar
a izquierda y derecha
se ven obras y edificios a medias,
loca noche del más allá,
el aire sopla claro y limpio
haremos pesadillas de sus sueños
como Alicia entre maravillas
nos saltamos la casilla de salida
bebimos hasta el final de la madrugada
como seres sin luz ni lugar al que ir
reír podría reír
¿pero dónde estaría el encanto del horror?

Color negro,
oscura tiniebla,
partes a partes sin partes que reparten
todo el ruido que podemos soportar
en falsos apocalipsis sin muertos
los cadáveres ya están vivos
y solo hay silencio entre tanto lloro
abofé que sí,
abofé que asalté los cielos,
es tarea de locos -ya lo sabes-
vamos a seguir,
porque sí,
porque Dios no vendrá, Alicia,
Dios no vendrá
y solo nosotros podremos marcar la diferencia
entre las blancas rosas y negras,
el rojo es un color esperanzador
y la sangre borboteando
en una rosa de fuego
que se extiende
cubriendo este cielo negro,
el infierno no está tan mal
pero solo la luz puede vivir ahí.

Exactamente en la noche
la luminosidad no tiene sentido
hay mierda para parar un carro,
si no fuese por mí todo se habría detenido,
si no fuese por mí la vida no tendría sentido.

Abrimos la boca bajo el agua para respirar
y os ahogasteis en un vaso sin nada,
vamos a caminar para llegar a alguna parte,
luego ya lloraremos,
pero ahora sigamos, por favor,
ahora sigamos.


Cuando ya no había luz
la sombra nos salvó.
3
sin comentarios 19 lecturas versolibre karma: 42

Cruenta existencia

En esta negra noche
la sombra lo cubre todo
y no queda suerte ni fortuna
para la oscura hora de mi muerte.

La piel yace inerte
y la mente sin cabeza,
el hambre se revuelve
y la sed de sangre desgrana la certeza.

Sucumbo al tortuoso camino,
Sino sin entereza,
larga caída impertérrita,
el punto de fuga se despereza.

No sé el por qué
todo gira
como un vendaval
ya llegará la tortura que nos cobija.
2
sin comentarios 56 lecturas versoclasico karma: 36

Un escalofrío recorre mi cuerpo

Aquí se muere uno de estar.
De arrancarle la vida a la muerte
y desgranar tiempo a contrarreloj
como un llanto imperenne
que todo se lleva
y que nada deja,
hasta la ristra de manecillas
perdidas en ninguna parte.

Solo la lluvia se lleva
ríos de palabras
que atesoran
la eternidad en las yemas
de los sueños apagados
entre escintilantes llamas
que bailan al son del vaivén
de las olas
del mar negro.

La noche fantasma
se fuga en un manto de oscuridad
y negrura,
amenazando demonios y tormentas
que retumban en el horizonte,
como llamaradas que iluminan un instante
todo
y luego se van
para no volver.

La vida
se apaga
en relámpagos
de dolor
insustancial
y cruel,
como el rigor mortis
que atenaza
las esperanzas
consciente de que no hay pasos
para el cielo
en esta escalera descendente que nos arroja
al más
amplio vacío
del existencial olvido.

Entre tanto y nada
queda
la agonía del sufrimiento,
por eso agacho la cabeza
y paso de largo
esperando a no caer todavía en el intento,
porque aquí te mueres de estar,
solo por eso.

La desmemoria se lo lleva todo
como la lluvia lavando las heridas
en un océano de cenizas
que se desperdiga
sobre la ciudad maldita
que nunca duerme
en sus laberínticas calles de derrotas.

Ahí, en el callejón de las incógnitas,
nada queda,
nada aflora,
solo sombras
empedradas
al son de los pasos silenciosos
que se arrastran
tras de sí
en la desesperante madrugada negra.

Aquí se muere uno de estar.
Así, suciamente escrito,
figurará el epitafio
en mi patética tumba,
sin lápida, desierta.
3
sin comentarios 32 lecturas versolibre karma: 45

Por favor, no me hagas atender a la muerte, es tiempo del último cigarillo

En la luz de la noche
me perdí
creyendo ver en la mirada del niño perdido
todos los sueños que un día murieron
y ya no hay salida
por favor
ya no hay salida
para la existencia
solo podemos mirar hacia el último paso
y fumarnos el último cigarro
tratando de asumir el presente
y convivir con la ausencia
el dolor nunca se va del todo
pero se atenúa cuando aprendes a sobrellevarlo.

¿Lo entiendes?

El final está cerca
y lo sagrado ha ardido en mil pedazos
y por favor
no mires
por favor
no mires
solo quiero que se folle sobre mi tumba
como un monumento a la vida
como un monumento a la vida
y ya no queda humo
en esta ciudad perdida bajo el mar del Atlántico.

En la luz de la noche me perdí
creyendo ver entre sueños rotos
y los acordes se recomponen
tratando de salir a flote
y no hay piedad
no hay piedad
por favor
no dejes de escribir
por favor
no dejes de escribir
es lo único que te queda para sobrevivir día a día.

¿Lo entiendes?

Echo de menos Coruña.
Echo de menos la ciudad.
Echo de menos el barrio.
Echo de menos la libertad de un quinto piso.
Echo de menos su paz.
Echo de menos.
Echo de menos.

Adiós
mis amigos
adiós mi país
adiós mis sueños
adiós la luz.

Adiós
mis esperanzas
adiós
mi infancia
adiós
mi presente
adiós
mi foto en blanco y negro.

Adiós
mis amigos
adiós
mi país
adiós
mis sueños
adiós mi luz

Adiós mis esperanzas
adiós mi infancia
adiós mi presente
adiós mi foto en blanco y negro.

Adiós.
Adiós.
Adiós.

Solo quiero aprender a convivir con la ausencia.

Para poder sonreír.

Por ti.
3
sin comentarios 31 lecturas versolibre karma: 49

Dime que sientes y te diré en dónde te has caído

La eternidad de un instante a testaferro
la inmensidad del espacio en un fragmento de tiempo
relojes de arena paralizados en este mismo momento
espirales doradas que sucumben a oscuros mecanicismos inciertos.

El dolor del cuerpo en el intersticio de los segundos
el constante latir de un estómago que se cierra
síntomas sólidos de físicos percances estructurales
líquidos desmanes de una mente que se sublima sobre sí misma.

La soledad del multitudinario aislamiento
la ineficaz falacia de creerse digno sueño
el constante y merecido autoflagelamiento
axiomáticos sentimientos ardiendo en el cicatrizado pecho.

La ineficacia del autoconvencimiento a rebufo
el consciente caminar a ninguna parte sin esperas
desesperadas desesperanzas de conductuales mensajes mentales
plasmáticos percances de ansiosas miradas taquicárdicas que apresan a prisas.

La parálisis de felicidad en este destierro
la plenitud del pozo de cristales de hielo
ataviados altares de tétricos miedos
remolinos salvajes que descubren tus más profundos desmanes de infiernos.


* * *


Rebrota el desasosiego del infinitesimal fragmento del origen del universo.
4
sin comentarios 36 lecturas versolibre karma: 53

Rimo para no dejar de vivir lo que sentí

El verso se escapa como una ola en San Amaro
rompiendo la paz interior en mil pedazos,
astillando el presente,
inundando el pasado,
huyendo sin retorno al rincón de los sueños fugados.

El mar se escapa en un verso robado,
vientos del pueblo de madrugadas escapados,
salitre en la piel,
paz en los labios,
vuelta sin freno a los años apelmazados.

El verso se escapa como una ola en las manos,
rompiente del tiempo olvidado,
ventana secreta de Monte Alto,
recuento certero
de libertad que respiramos.

Sin retorno
ya nunca jamás.
4
sin comentarios 33 lecturas versolibre karma: 53

Un escalofrío recorre mi cuerpo

Aquí se muere uno de estar.
De arrancarle la vida a la muerte
y desgranar tiempo a contrarreloj
como un llanto imperenne
que todo se lleva
y que nada deja,
hasta la ristra de manecillas
perdidas en ninguna parte.

Solo la lluvia se lleva
ríos de palabras
que atesoran
la eternidad en las yemas
de los sueños apagados
entre escintilantes llamas
que bailan al son del vaivén
de las olas
del mar negro.

La noche fantasma
se fuga en un manto de oscuridad
y negrura,
amenazando demonios y tormentas
que retumban en el horizonte,
como llamaradas que iluminan un instante
todo
y luego se van
para no volver.

La vida
se apaga
en relámpagos
de dolor
insustancial
y cruel,
como el rigor mortis
que atenaza
las esperanzas
consciente de que no hay pasos
para el cielo
en esta escalera descendente que nos arroja
al más
amplio vacío
del existencial olvido.

Entre tanto y nada
queda
la agonía del sufrimiento,
por eso agacho la cabeza
y paso de largo
esperando a no caer todavía en el intento,
porque aquí te mueres de estar,
solo por eso.

La desmemoria se lo lleva todo
como la lluvia lavando las heridas
en un océano de cenizas
que se desperdiga
sobre la ciudad maldita
que nunca duerme
en sus laberínticas calles de derrotas.

Ahí, en el callejón de las incógnitas,
nada queda,
nada aflora,
solo sombras
empedradas
al son de los pasos silenciosos
que se arrastran
tras de sí
en la desesperante madrugada negra.

Aquí se muere uno de estar.
Así, suciamente escrito,
figurará el epitafio
en mi patética tumba,
sin lápida, desierta.
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El sol brilla y la libertad juguetea con los mechones de mi pelo

Se escapa la luz entre rincones de magia
y el mundo atesora instantes con la fuerza de revivir el tiempo entre los dedos.

Me siento tranquilo y descansado, reencontrándome a mí mismo en un mundo en el que es muy fácil perderse. A veces, por un pequeño momento, creo volver a ser el que era, volver a sonreír sin pedir perdón, volver a sentirme libre y bien con mi propio ser. No dura eternamente, pero estos días ocurren con más frecuencia que menos. Y eso creo que por ahora es bastante.

No siempre he sabido donde está el camino correcto. Y no siempre lo he tomado. Pero de aquí a una parte creo que voy con cuidado y paso diestro por donde debo. Y todo parece ir bien por ahora, espero que siga así durante muchos kilómetros. Me siento bien como va discurriendo todo.

He tenido miedo a muchas cosas, al presente, al pasado, al futuro; pero como que últimamente he aprendido a convivir con el tiempo sin sentirme culpable por perderlo, por atraparlo, por intentar jugar con él, a pesar de que siempre he estado subyugado por su presencia. Y desde que no me siento culpable, no van las cosas tan mal.

Diría que incluso van bien.

Por lo menos bastante bien. Más bien que lo mal que han ido últimamente.

Espero que todo siga así.

Mientras tanto intento convivir conmigo mismo y volver a respirar en paz. Sin esa presión en el pecho que se había hecho tan habitual y me impedía sentirme mínimamente libre. Ahora respiro y sueño. Y eso es mucho. Mucho más que a lo que estaba acostumbrado.

Solo deseo que todo siga así por mucho tiempo.

Me vuelvo a sentir como hace años. Más joven. Y es bonito.

La luz se esconde por los rincones de la magia
y el mundo atesora instantes iriscentes con la fuerza del revivir del tiempo entre los dedos,
y la realidad se ha vuelto más real,
más sencilla,
más bonita,
más fácil de atesorar,
como pequeños tesoros con los que soñar.

Creo que hay mucho sendero por delante para caminar en paz y libertad.
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Consúmete antes de caer

Miro a los infinitos espejos que nos rodean en esta sucia cotidianidad de día, tras día, tras día, en una vorágine suicida de vanos intentos de cambiar algo en nuestro fuero interno, y me miro -ya digo que me miro- y no veo ahí nada más allá de mí mismo. ¿Qué significa eso? No lo sé. ¿Qué significa que solo ves un reflejo inerte que no puedes cambiar? Ya he dicho que no lo sé. No insistas. No tengo la respuesta. Yo no tengo todas las respuestas, parece mentira que no lo sepas ya.

La cuestión es que yo estaba allí, frente a ese espejo, sin saber muy bien qué hacer. Mirando al infinito vacío que desprendían mis negras pupilas y por un instante sentí una clara lucidez, esa clase de lucidez que ilumina solo a los genios, a los locos y a los suicidas. Tuve ese rayo de claridad, y salí de allí.

Me dirigí a la ventana. La abrí. La noche me hablaba con toda su infinitud en clave de silencio. Apenas había una ligera brisa que desprendía la tibia calidez de la noche primaveral. Todo era quietud. Nada se movía. No se escuchaba un solo distante sonido. Ni un alma. Ni fuera ni dentro.

Miré al vacío y lo comprendí. Lo comprendí todo. Como lo había comprendido frente al resquebrajado espejo que me devolvía cientos, infinitos, reflejos de mí mismo en la cotidianidad del día a día. Como el millón de vidas que echan a volar cuando compruebas que jamás tendrás tiempo de vivirlas todas.

Y allí. Frente a la nada. Frente a mi alma desnuda. Me dejé caer.

Ya saben eso que se dice: Debes consumirte en tus propias llamas... cómo vivir si no has sido nunca cenizas.

Vete, si es que quieres regresar algún día.
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Somos monstruos que tratan de comprender su desaparecido corazón

Nuestros demonios salen a pasear en las noches sin luna
cuando el humo se difumina entre las ojeras
y el insomnio se ríe de todos nosotros
por comprender que la eternidad acaba donde se dinamitan los sueños
y las madrugadas arden consumidas por el fuego eterno
del sufrimiento incierto
podremos sucumbir cuando el camino se pierda a lo lejos entre la bruma de ninguna parte
mientras tanto nos queda seguir hasta caer muertos.

Nuestros demonios cobran fuerza cuando nos abandonamos
al sufrimiento
y sufrimiento es lo que queda
cuando solo hay demonios que nos acechan para robarnos la energía
y darnos sus fuerzas.

Nuestros demonios salen a pasear en las noches sin luna
y esperan a que los fantasmas se reúnan
para salir a bailar
entre tempestades desatadas de infiernos
que supuran veneno entre las venas abiertas de nuestros yermos cuerpos.

Las miradas rotas
las esperanzas perdidas
las miradas rotas
las esperanzas perdidas.

Nuestros demonios salen a pasear en las noches sin luna
y esperan a los fantasmas para comprender que ya ni siquiera los lobos aúllan al vacío
de la estéril inmensidad,
tétrica fábrica de parches para los pedazos que quedan de nosotros.

Nuestros demonios cobran fuerza cuando nos abandonamos
a la desidia
de no saber por qué soportar otro día más
de la misma mierda
y ya no hay certeza de lo que queda cuando miramos hacia adelante,
hacia atrás solo hay ruinas y bosques ardiendo y casas en llamas y laberínticos corredores sin salida
que perforan la mente hasta consumirla
como el humo que se consume en el cenicero roto que hay sobre mi escritorio.

Nuestros demonios salen a pasear en las noches sin luna
cuando el humo se confunde con la niebla
con la bruma
con las lágrimas de lluvia que discurren por mis mejillas
hasta encharcar los folios en blanco de vida
que queda cuando no hay certezas para la rota esquirla
que son los pedazos de anhelos que comprendemos que jamás alcanzaremos
mientras permanezcamos lejos de todo lo que nunca seremos.


* * *

* * *

* * *

* * *

* * *


Nuestros miedos salen a pasear
y cobran forma
cuando ya no hay otra cosa
que la informe nada que nos cobija y nos asola
en las noches oscuras que nuestros demonios controlan,
mientras observamos el mundo con nuestra mirada que llora
al ver que solo quedan inertes fragmentos muertos de nuestra alma rota.



Ya seremos paz cuando las tinieblas todo lo devoran.
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