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Gabriela Mistral

Es una tarde de invierno cuando Gabriela Mistral
-con blancas destrezas esculpe versos-
sobre el linaje de tierras chilenas.

De suave pluma, acaricia la cordillera,
Mistral quimérica,
embellece la poesía Latinoamericana,
zurce con voz lírica, amores púrpuras.

Tiene ojos dulces, sonrisa apartada,
deleite en las palabras
y caudal inspirador de etéreo misterio.

Amamanta páginas solitarias
con rimas y dolores,
musicalidad que desnuda los aullidos de su alma.

Camina, entre, aguas de su intuición
expone en su arte perfecto, sabiduría,
refleja lo recóndito de su conciencia,
del verbo que nace de su carne creadora.

Yaneth Hernández
Venezuela
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Martirio

Mujer abre tu puerto,
escucha mi grito,
la soga umbilical
aprisiona mi pecho.
Mujer abre tu canal,
deja fluir tus perlas
la arcilla
los huesos,
siente el aliento del mundo,
no te ocultes en el ramaje
de la inercia, convive
con mis muertos,
con las caricias que emergen
por las fisuras y como
tela de araña rodean,
las comisuras de tus carnes.
Balancéate en mis ritmos,
a la velocidad de la sangre,
detén estos espasmos,
estas ganas insolentes de rozarte,
corre y sube el último escalón
allí, estoy como un trozo de mármol,
espero tu señal,
despójate de los bálsamos
que marchitan la calma,
hace frío, las paredes se desploman
las vigas
mis piernas.
Ven, sólo ven y veras que fácil es penar,
contemplando la razón de tanto martirio.

Yaneth Hernández
Venezuela.
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Nunca fuiste llama

Noche de los cantares antiguos,
de algún poeta extraviado,
de versos espumantes
que hieren los huesos
cuando la pluma se hace sangre,
victima quien los lee
y los guarda en su costillar,
emblema de sus dolores más augusto,
impiedad de un amor
que arrebata la vida
y los sinsabores de llevarlo
en la garganta.
Para que quiero cielo/infierno,
sin poseerte es cruz que cargo
en la tierra y en lo intangible.
Miro la geografía de tu ausencia
y comprendo lo inútil
de mis signos,
de mis agonías
de mis zozobras,
nunca fuiste llama cierta en mi hoguera.

Yaneth Hernández.
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La ola sabia

Se cuenta que una tarde de invierno el mar embravecido rompía las olas contra los acantilados, las olas cansadas por la ira del mar decidieron reunirse a orillas de una isla solitaria. Todas protestaron por los constantes maltratos del mar. Una ola altiva pero muy sabia tomó la palabra:
_ Amigas olas, asumamos con sabiduría e inteligencia nuestra protesta. Nos dividiremos en cuatro grupos, norte, sur, este y oeste…
_ ¡Oye ola! no somos exploradoras queremos soluciones concretas para nuestro problema muchas olas han desaparecido por culpa del mar… Todas comenzaron a gritar.
_ ¡Silencio! Debemos estar de acuerdo en las medidas que acordemos.
_ La ola sabia tiene razón compañeras escuchemos su propuesta.
_ Un grupo partirá al sur donde no existen acantilados allí podrán ser libres y el mar es muy amistoso.
_ ¿De cuantas olas hablamos sabia?
_ ¡Las que quieran ir!
_ ¡Bien! nos iremos agrupando.
_ Otro grupo marchará al norte. _ Dijo la ola sabia. Los vientos de allí son colaboradores les prestarán todo el apoyo necesario y el mar las recibirá con beneplácito.
_ El viaje será muy largo. Exclamó la ola más tímida.
_ Cierto, pero qué prefieres ¿desaparecer como las demás o arriesgarte?
_ ¡No tengamos miedo! _ Todas comenzaron la algarabía.
_ ¡Cálmense! _ El siguiente grupo tendrá como destino el norte.
_ ¡Moriremos congeladas!
_ Cómo lo sabes si no lo has intentando.
_ ¡Sí cállate! No profetices lo que aún no sucede.
_ ¡Basta! _En el norte el mar es tranquilo y accesible podrán disfrutar de un bello paisaje.
_ ¡Yo no me iré al norte! Enfermaré.
_ Quédate si gustas yo me iré con mi grupo no temo a lo desconocido. _ De nuevo las olas comenzaron a chillar.
_ ¡Orden! _ Cada quien es dueño de sus decisiones. No se hable más del asunto en el menor tiempo posible se irán al norte las que deseen.
_ EL penúltimo grupo irá al oeste.
_ ¡Vaya! Sabía que me tocaría la peor parte.
_ ¿A qué te refieres? _ Preguntó la ola sabia.
_ A los tiburones y ballenas… No me gustan.
_ No se trata de lo que nos guste sino de aquello que nos ayude en circunstancias que nos ponen en riesgo. Los tiburones y las ballenas son nuestros amigos ellos también son atacados y no precisamente por el mar. Formamos parte del mismo hábitat no debemos sentirnos ajenos a ellos.
_ El último grupo tomará rumbo al este.
_ ¡Lo siento pero no abandonaré a mis amigos!
_ Entonces desaparece junto a tus amigos. _Murmuró una ola.
_ Deja de opinar ¿eh?
_ ¡Ya! _ Escuchen _ Sé que no es fácil dejar de lado la familia, los amigos, los lugares a los que hemos pertenecido siempre pero llega un momento que debemos romper con ese cordón umbilical para lograr nuestra propia realización personal. Nuestras gentes permanecerán con nosotros y nosotros con ellos. Ser independientes, vivir nuestras propias experiencias y madurar forma parte de nuestra evolución y felicidad.
_ ¡La ola sabia tiene razón! _ Musitó una ola que marcharía al sur.
_ ¿Alguna no está de acuerdo con lo acordado? _ ¡Perfecto! entonces partid y sé felices.
_ ¿Ola sabia adónde irás tú?
_ A ningún lado me quedaré aquí batallando es la única manera de saber si podré ganar o perder.
Yaneth Hernández
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Tengo ganas de ti

Tengo ganas de la luz que esconde
tu mirada, de los viajes que hacen
tus pestañas al ritmo de la noche,
encontrar el punto exacto donde
nuestras manos se beatifican en minutos.

Tengo ganas de la música que desprenden
tus pechos al roce sensual, al beso
que se agita en el silencio de los labios
y al viento que se antoja de tus cabellos.

Tengo ganas de caminar junto a tu sombra,
escuchar el murmullo de tus gemidos alegres
y batallar con la distancia que nos condena.

Tengo ganas de nacer en las aureolas del amanecer,
mirar la quietud de tu sueño,
desandar el pueblo inmóvil de tu piel,
disfrutar de las frutas de tus mejillas
y terminar el día velada por tu sonrisa.

Tengo ganas de ti y del abecedario que me enseñan
tus caricias, al borde del éxtasis
cuando nos encontramos en la dimensión
de la imaginación.

Yaneth Hernández
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Lo que no pretendo ser

Quisiera ser galaxia.
No un ancla en las profundidades
donde el mundo emerge surrealista,
flotando en trozos de acero, moléculas,
nervios del pasado atados a la turbación,
ancestrales amores tallados en guerra
y el supremo don de la anarquía existencial.
Es lo que no pretendo ser
una mancha solar en la nieve
que derrite la fortaleza de sostener la muerte.

Bajo mis pies queda mi identidad,
la historia de mi vulnerabilidad,
la biografía de mis tormentos,
el dedo que señala mi frente.
Camino entre los muertos,
escuchan y crucifican,
por momentos se detiene la consciencia,
debate sobre el derecho del error.
Resumen mis días, cigarrillos espesos
y un ave sonámbula,
de nuevo el peso del ancla en mis pensamientos
confinan a la bastilla de la repetición.
La galaxia me busca en cada eclipse.

Yaneth Hernández
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Cabalística luz

La noche es un místico
ardor judío que despliega
silencios bañados
de aves escarchadas.

El Corán penetra tu alma
en sagrada danza;
un sinfín de cruces emerge
de los cielos;
tu cuerpo santificado derrama
una hostia sobre el aleluya
de tu amor infinito.

Un milenio de espera
tienen mis ojos
para contemplarte
en la Sofía de tus labios hebreos.

Se hace llama la palabra
cuando miras el firmamento de mi cuerpo
y, un arrobo de dulces leyendas
desvisten mis pensamientos.

La luna en su cabalística luz
se transforma en metal para tu piel
transmutando mil años de caricias
que anhelan mis manos
de sabiduría divina.

La ortografía de tus gestos plausibles
se enreda en una lluvia cósmica
y cada nebulosa esculpe tritones
para nacer en tus ojos
de mantras eternos.

Interpreto tu sombra
como una literatura sufí
y como la pureza
de un hábito guardado
en un convento franciscano.

He de amarte con la célebre pasión
de un crucificado,
en el huerto espigado del dolor;
he de darte mi sangre
si tu querencia, es de espinas y madera.


Yaneth Hernández
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El mundo en caos

Alfa y Omega, luz de luz, materia y movimiento,
nace el ser o no ser en pletórica armonía.
La llama violeta enciende
el pebetero cuántico del RAM.
La creación heliolìtica, el poder astral,
el silencio canónico en la burbuja del éter.
Los siete samurái fusionan el destino,
se amalgama Pilatos y la cofradía judía.
El antiguo pergamino florece
en la autodestrucción,
el Corán la meca del fundamentalismo.
La sangre
la piedra filosofal,
los maestros ascendentes.
La Torat, el cordero desnudo, el fuego,
la diatriba de Salomón,
la danza orgásmica de Salomé,
se decapita la consciencia
y se deposita en bandeja de plata.
La sabiduría profunda en los vientos de la Cábala,
el sánscrito en guerra de vanidades
y la Bhagavad-Gita abre las puertas
de los planetas celestiales.
La tierra en campo de Marte,
Gandhi pacifica las ideologías,
las centurias se deshacen,
Venus desaparece entre naves apocalípticas.
Muere el Talibán
la raza aria,
el pensamiento neolítico,
el hombre sostiene la razón
sobre el báculo de Moisés.
Joseph Smith asienta la consciencia en su Libro de Mormón.
Aparece la estrella de David,
el Ayatola,
los guerreros abrazan la Yihad
y el mundo en cenizas inicia las Cruzadas.

La rueda karmica estrangula los miedos,
los misterios iniciáticos,
los Esenios. Estalla Nagasaki.
Einstein escupe relatividad.
Las profecías engendradas.
Stalin amordaza el silencio,
los volcanes en biografía de muerte.
Las armas biológicas asesinando el futuro.
El mar fecundo de secretos,
Gagarin orbita la luna,
el Vaticano fabrica ingenuidades,
la anarquía transita por las calles de la desidia.
Las revoluciones se yerguen sobre la ignorancia.
La democracia se fermenta en Grecia
pálida en sus laureadas filosofías.
El mundo convulsiona.
La paz se frustra en camillas de la Cruz Roja.
Las Revelaciones están por cumplirse.

Yaneth Hernández
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El artista

Una mujer desnuda sobre el lienzo,
orgásmica,
besada por el pincel del artista,
es una obra por su propia naturaleza.
La luz contrasta con el brillo de sus pupilas
sus muslos ocres,
su caballera mate
la difuminación de sus labios al viento
y la fuerza emergente de sus pechos,
una maja aterciopelada por su feminidad.

El artista la observa con ojo perfecto.
El fuego de los colores
aviva la piel liquida de aquel desnudo francés.
Las sombras se entrelazan en sus muslos
su cintura hace juego con la paleta.
Quieta sobre la tela
es un arco de excitación.

El artista contempla el ave frente a sus ojos
traza su perfil, demora el pincel en su boca,
la mujer, ahora, es diosa en la piel del artista.


Yaneth Hernández
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Antón Chéjov y Oscar Wilde

Antón Chéjov y Oscar Wilde
En algún café de Moscú.

Chéjov. -¡Buenas noches caballero!
Wilde. -¡Buenas noches!
Chéjov. -¿Vodka o café?
Wilde. -Café por favor. Gracias.
Chéjov.- ¿Cuándo llegó a la ciudad?
Wilde. - Hace un par de horas.
Chéjov.- En su carta me habló de un nuevo proyecto.
Wilde. - Si, recién lo terminé es una obra de teatro: “Marido Ideal”.
Chéjov.- (Pensativo). La idealización es la materia prima de todo escritor sólo tiene vida en unas cuantas páginas. (Sonríe).
Wilde. (Sonríe). - En Irlanda se habla de sus obras con gran interés de su carrera como dramaturgo, me alegra saber que compartimos la misma pasión por el teatro. Creo que si la importancia de usted es fundamental para el teatro contemporáneo no es menor la decisiva influencia que han ejercido sus cuentos.
Chéjov.- ¡Son exageraciones señor Wilde! (sonríe). - Lo que hago básicamente es plasmar la visión pesimista del hombre y de la sociedad con ciertos dejos de ironía y un sutil sentido del humor. El hombre, señor Wilde es pesimista por naturaleza una condición inalterable.
Wilde.- Insoslayable diría. Observo que en la medida que logra su objetivo acrecienta su descontento consigo mismo y el mundo, es contradictorio.
Chéjov. -¡La eterna querella por la excelencia! (sonríe).
Wilde. - No es descabellado pero obviamos las cosas que a simple vista parecen superficiales son las que más importancia tienen todo por buscar una perfección ilusoria.
Chéjov. - El teatro la hace realidad, en su caso, sus obras gozan de gran aceptación entre el público y la crítica por la elegancia de su estilo como por las reflexiones sobre el arte y la vida, principalmente por ese singular autenticismo de la que sus creaciones están impresas.
Wilde. - Honor que sus palabras me hacen (sonríe). Tengo entendido que siempre estuvo ligado al Teatro de Arte de Moscú un verdadero privilegio estar en un recinto donde no solo se han escenificado grandes joyas también la majestuosidad de sus instalaciones, considerado entre los mejores de Europa.
Chéjov. -Tuve la oportunidad de colaborar con el maestro Stanislavski. Allí se estrenaron mis principales piezas. Señor Wilde, ¿Cómo califica sus obras?
Wilde. - Ingeniosas y paradójicas (sonríe), con profunda crítica social, una inusitada ambientación burguesa y, algo que las caracteriza, su intricada trama.
Chéjov. - ¡Vaya! Teatro burgués (risas). En cambio en mi obra “El Jardín de los Cerezos” planteo el desplazamiento de la nobleza terrateniente por la nueva burguesía.
Wilde. - El teatro es visionario ¿no cree?
Chéjov. - Y excéntrico en otros casos, transmisores de caóticas experiencias humanas.
Wilde. - ¡Admiro su obra! su mayor peculiaridad es su minucioso estudio de la naturaleza humana a través del dialogo, y por la maravillosa creación de ambientes. De sus obras recuerdo en especial “La Gaviota”, la describo como una metáfora de la libertad individual cercenada tristemente por la presión social.
Chéjov._ Veo que está muy familiarizado con mis creaciones (sonríe). Con las suyas también lo estoy. Principalmente con “Salomé”, recrea de manera formidable un episodio bíblico muy conocido y controversial, gracias a mentes estrechas fue prohibida por considerarse obscena y escandalosa, como si el arte fuera algo de lo que debemos avergonzarnos por determinadas maneras de concebir una idea y exteriorizar una inquietud, tocando puntos que afectan la moral de quienes no poseen ningún sentido estético y artístico.
Wilde. - La moral señor Chéjov es un espejismo. Un tratado filosófico y no una condición Sine qua non.
Chéjov. - (Sonríe). Es usted un caballero de amplio sentido, Irlanda debe sentir orgullo al saberse representada por lo más granado del intelecto de su tiempo. ¡Salute señor Wilde!
Wilde. - Y Rusia por la modernidad desplegada en sus obras que lo convierten en el dramaturgo de mejor talante y, lo sitúa entre los más grandes cultivadores del cuento moderno. ¡Salute maestro!
El invierno arreciaba en la ciudad.

Yaneth Hernández
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Murieron las palabras

Se nos murieron las palabras de tanto
juramento, de abrazarlas sin ofuscación,
de entibiarlas en los labios y dejarlas
desfallecer de frío, las hicimos volar
en un cielo cobrizo.

Se nos acabaron las expresiones,
quedaron charcos de silencios,
miradas huérfanas de respuestas,
permanecimos en la estación del adiós
sin boleto de retorno.

Se nos secaron las lágrimas, las cepas
del deseo, los juegos seductores
de las manos, las caminatas por
nuestros suspiros y las noches repletas
de entregas que despeinaban la luna.

Hoy, a mis tantos años pienso
en aquella muerte trágica de las palabras,
aún el duelo me abriga y la noche
con lenta agonía, me sepulta en su arena movediza.

Yaneth Hernández
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24 horas

Trabajo 24 horas intentado, olvidarte
y en cada parpadeo se cruza una lágrima
un grito y
hasta el deseo de un suicidio,
y la luna en carcajadas me ignora,
el viento desgreña mis pestañas
y bebo saciando el álgido pensamiento
que taladra mis encías
y nadie pregunta por mi espectro,
no existo
pero sigo respirando calamidad.
Entre sábanas la saña se divierte
y tus vertebras hechas polvo de la noche.

24 horas sin ver la luz del puerto
sólo mi decadencia y la fiebre,
espejos vacíos
comida agusanada,
abismo.

No existe una posibilidad de liberación
me recluiste en tus franjas,
en la olla lenta de tus caderas,
por una simple mirada,
he pagado un boleto tétrico.
Lo perdido jamás se encuentra
sin embargo, búscame en tus gradas.

Los bares se desbordan
jazz, cigarrillo, bocas rojas
y yo en 24 horas he dejado
al mundo pariendo una tumba
para mis huesos.

Sé qué al llegar las 25 horas
me espera una ducha
y una cama caliente en la sala 20
del manicomio y tú, iniciaras
un nuevo ritual con quien le aguarda
24 horas y una inflamación cerebral.

Yaneth Hernández
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Sexo primitivo

Amanece en tu caverna,
la fruta húmeda
de tu adentro.

Cascada de lluvia dulce,
navega en sus espejos
mi lava, la furia solariega
de mi lengua encharcada.

Mi cintura en batalla,
abre tu vientre al olimpo,
eléctrico de tu sexo primitivo.

Yaneth Hernández
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Cántame un verso

Háblame Alfonsina.
Cántame un verso:
-Mar, tus olas me duermen
con algas y caracolas,
enamorada de mi morada-

-Ciudad desierta - libros huérfanos-
No hay ninguna pluma
de tu alma desabriga.

Los balcones
destilan huidas,
y los salones se ahuecan de vacío.

Tantas veces
le escribiste al llanto - ahora-
frente al mar,
pido un verso
para no olvidarte.

-Dónde estás que la noche reza tinieblas-
No me iré
sin tener sobre la espuma,
tu inspiración
que cuente cómo son tus días
entre el cielo y el abismo.

Yaneth Hernández
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Empapados

Las rocas al amanecer delinean tu piel,
endurecen tus muslos, palpitan tus alas.
Tus ojos escalan, las vértebras de mis pupilas.
Te desnudas bajo una fuente de pájaros.

Besas las aristas de mis labios en pompas,
me recreo en la jaula liquida de tus pechos.
Se escucha la música de las paredes en tus manos,
caen las pieles sobre un fogón, una llama explota.

Nuestras frutas las lenguas recorren, inflaman.
Callo los ruidos de tu campana en la cima;
comienzan los cuerpos el rito a la medianoche.

Un velero guarda tu ombligo celeste
y en mar se transforma el sudor de mis axilas.
Penetramos las cerraduras con los dedos empapados.

Yaneth Hernández
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La mujer que yo quiero

La mujer que yo quiero
es diamante en la oscuridad
mareas de sueños
montañas de bendiciones.
La mujer que yo quiero
es infinito de ternura,
lluvia de alegría,
mansa paz en la tormenta.
La mujer que yo quiero
comprende más allá del silencio
no le teme al dolor,
a la distancia.
La mujer que yo quiero
se eleva en mi alma,
duerme en el futuro,
camina por el mundo.
La mujer que yo quiero
no conoce el temor,
abraza la bondad
se desnuda bajo las estrellas.
La mujer que yo quiero
le baila a la angustia,
le canta a la pena,
se hace sublime en la tempestad.
La mujer que yo quiero
deja huellas en mis pensamientos,
aromatiza mi senda
con brotes de gardenias,
enamora con un soplo de su aliento.
La mujer que yo quiero
la encontré en el paraíso,
no me conoce
no la conozco
pero habita en mí,
con la fuerza de un mástil de metal.

Yaneth Hernández
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Palabras

Amé lo que callaban sus palabras,
aquellas palabras no poseían piel,
eran libres de ir a donde le placiera,
palabras sin estar contaminadas ni tóxicas,
tampoco manipuladas sólo nacidas
del más recóndito amor.

Palabras que se clavaban como estaca,
entre la furia imaginaria de la pasión
y el juego macabro del engaño,
entonces yo volvía silente a creer y cortejaba
mis fantasías con su sonrisa plástica.

Palabras que construyeron ciudades
en las noches cuando sentía su
presencia tan autentica,
sin sospechar que era una seductora
espía con el objetivo de observar mis esquinas.

Palabras, hoy son agua de sangre
derramadas en el olvido.

Yaneth Hernández
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Vamos

Vamos a vengarnos de todas
las horas que nos separaron,
de las primaveras que aún nos esperan
y de las resacas que dejamos
en la escalera.
Vamos a buscar refugio en las romeras,
en las piedras que guardan fricciones,
en los patios donde duermen insectos.
Vamos a buscar detrás de las risas
nuestra plaza, los abrazos
que se llevó la arena y los besos
que la boca en arrullos nos tienta.
Vamos, quitémonos las pieles,
démonos un baño cítrico de sudores
y hagamos chocar nuestros orgasmos,
vamos que la noche apenas inicia
su danza etílica de tinieblas y la verdad,
es que yo tengo muchas ganas de encontrar
en tu valle, los misterios de tus antepasados.
Vamos, démonos prisa que el tiempo
nos alcanza y no quiero que nuestros
cabellos se encuentren bajo la nieve
cansados. Escucha el retozo del poniente,
me trae tu perfume en cesta de rosas hebreas,
excítame las manos,
excítame la ropa,
excítame la saliva,
Vamos que la muerte con premura nos acecha,
no quiero hacerla esperar,
vamos, abre el orificio de tus inhibiciones
y comencemos a burlarnos del mundo,
tú desde mi cuerpo abierto, yo desde la cumbre
de tus arrojos.
Vamos, levanta la cosecha de caricias
que guardas en tus caderas y amanezcamos
en una sola luz, en un solo jadeo,
luego partiremos a las galaxias, en blancos nimbos.

Yaneth Hernández
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Imposiciones

Hablemos sobre lo que nos unió,
antes de la derrota, de los besos
que parpadeaban en la boca
y fingían regresarnos a la pasión,
que en otrora, nos hizo vulnerables.

No me atrevería, a hacer un balance
de lo que dejamos sembrado
en la cama, ni los secretos bajo
la ducha, ni de las miradas
que traficaban deseos y exploraban
tentaciones, tal vez nos faltó
racionalidad, pluralidad,
nos dejamos abordar por la costumbre
de amarnos sin dejar espacio, a la distancia.

La rutina de encontrarnos girando
en el mismo caos,
fue realmente devastador, poco congruente
con ser libres y diferentes aun estando
comprometidos con una vida en común.

Creo que nada hubiese podido salvar
del hundimiento, lo que comenzó
por aprisionarnos, asfixiarnos, sin permitir
respirar con la autonomía que concede
el amor sin las imposiciones propias del ego.

Yaneth Hernández
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Símbolo de mi amor

Aquella mujer de ojos centelleantes
vació mi alma y mis bolsillos,
dejó mi casa en desierto,
una estufa con agua hirviendo
y el gato en el tejado tocando
chelo, mientras mi amor aún
la sigue queriendo. Por las noches
Vallejo con su pluma bohemia
deleita mis nervios, tú tejes
calzones para tu perro, presumo
mirarte de lejos pero no tengo ganas
de despertar tu veneno.

Compartir la cama es una batalla
de eunucos, tiras de la almohada
con músculos de acero
y yo con la poca dentadura que poseo
busco clavarte un colmillo
en tus batatas hambrientas, al final
reíamos escondiendo puñales
detrás del cabecero, por si alguna
se le antojaba decir adiós dejando el reguero.

Nuestra historia es estrafalaria,
un día me gritas desde el balcón
vete al infierno y al siguiente me consientes
con crema de caviar, yo te amo
más que cualquier enojo que me causes,
pero que feliz fuese, si decides usar
menos ese vestido de bolas y a cambio
llevas un camisón de ondas, te aseguro
vida mía que no existirá noche que no intente
meterte en el ataúd que guardo en el sótano,
como símbolo de mi amor.

Yaneth Hernández
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6comentarios 91 lecturas versolibre karma: 70