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Mis últimos momentos

Deslice mi cuchilla
y corté mi carne maldita,
mis venas se abrieron
y de ellas brotaron muerte.
Mis ojos se nublaron
como tormentas apocalípticas,
se me seco la lengua
ya no podía soltar palabras.
Los músculos perdieron tensión
ya no se aguantaban mis huesos,
mi mente se desdibujaba
ya no quería tener más recuerdos.
Mi vida se marchaba
esbozando una ridícula sonrisa,
me había ganado la batalla
cuando siempre me había rendido.
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La extraña

Estabas sentada en las escaleras del embarcadero, una bolsa de nueces era tu única compañía y las ibas abriendo y comiendo a un ritmo automatizado casi como una robot recargando las baterías. Ni te diste cuenta de que me había sentado a tu lado y que en silencio observaba como una tras otra ibas dejando la bolsa de nueces vacía, hasta que llegaste a la última.
La miraste como si te diese pena la cerraste en tu mano, la volviste a abrir, me miraste fijamente y me dijiste: “para ti”. Decline la oferta pero insististe, me diste dos opciones comérmela o guardármela de recuerdo. Pero como lo primero no iba a hacerlo te pregunte porque guardarla, que significado tendría para mi hacerlo y tu respuesta fue simple y clara: “porque está es la primera cosa que te daré pero intuyo por lo que veo en tus ojos que no será la última”.
Me desconcertó por completo su respuesta no era una manera habitual de empezar una conversación pero me sentí intrigado por lo que dijo y le pregunte ¿qué has visto en mis ojos?. Te echaste a reír y me propusiste seguir la conversación en la cafetería más tarde, en el Splash a las 18:00 horas, me quede un segundo pensando y acepte la propuesta.
Como conocía el terreno me fui tranquilo a la cita, le pedí a Pepe un café con leche descafeinado de sobre y me senté en la terraza esperando a que llegaras, la puntualidad no es su fuerte, veinte minutos tarde, o se los ha comido arreglándose porque venia imponente, o ha pillado trafico en la avenida, pero lo importante es que después de levantarme darte los dos besos en la mejilla de rigor y de separarte la silla para que te sentaras como buen caballero, estaba ya deseando empezar a indagar un poco sobre su misterioso enigma de la nuez.
Yo café, ella batido de piña.
Mi propuesta de conversación fue clara desde el principio, ¿qué cosas más me daría a parte de la nuez, porque según ella lo había visto en mis ojos?, pregunta que no tardaría en hacer y que de manera inteligente me contesto: “Una cita”……. ¡¡¡¡ zaaaasca !!!!, la primera de frente, si, bien cierto me ha dado otra cosa y una cita es a parte de una nuez otra cosa, por ahí me ha pillado jajajajajaja. Pero como perro viejo seguí indagando y le pregunte ¿qué te hacia pensar que por sentarme a tu lado esperaba una cita?, se dibujo una sonrisa en su cara, sus gafas de sol me ponían nervioso, naturalmente es el juego que ella había decidido hacer y me soltó: “¿no estoy en lo cierto?”.
Como me repatea que me contesten a una pregunta con otra pregunta, pero yo también lo hago muchas veces con lo cual esta sabe jugar al más alto nivel y me gustaba. Así que asentí y le dije que después del detalle de la nuez no podría negar que estaba más que interesado por todo lo que el momento en si podía significar. Cuando iba a lanzar otro ataque con la pregunta trampa para que no me respondiera con otra pregunta todo lo que tenia visualizado se desmorono como un castillo de naipes. Se levanta, pone cinco euros encima de la mesa y me dice: ¿nos vamos ya o también me desnudaras aquí como lo hace tu mirada?.
La nuez paso a ser los segundos que tardamos en llegar al coche, darle al botón de arranque y el tiempo suficiente para sin decir nada acabar la noche en el Galicia Palace, por la mañana y con las primeras lluvias de la semana sonando contra el cristal solo quedaba la nuez al lado de mi almohada con una nota, la cuenta del hotel estaba pagada, mi coche seguía en el garage del mismo. Pero de ella solo su aroma aun sobre mi piel, abrí la nota para ver que ponía y decía lo siguiente:
“Conserva la nuez, mientras la mantengas contigo, siempre me tendrás a mi”
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Forever

Tu muerte me supo a plomo
y a ácido al final de mis venas,
a cristalinos cegados por la sal
ventisca del freno a mis palabras.
Que te reencarnases en vida
es lo único que consuela,
no hay mayor derrota del hombre
que quedarse por delante de su costilla.
Y si bien los sueños otorgan
paz en el camino de las pesadas cadenas,
dime como vivir el día a día
sin perder mi cabeza.
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Para siempre

Me abrazaste
y las nubes hicieron el lecho
donde tu mente y la mía
se decidieron.
Querías ser una gota de agua
y yo un átomo de tu cuerpo
me pediste una mirada
y yo te regale amor eterno.
Jugábamos a ser uno
allí donde todo se vuelve aire
donde tus manos moldeaban
corazones en los espejos.
Me dijiste que me amabas
yo sentí míos tus sentimientos
no hay mayor orgullo ni más grande
que ser parte de tus besos.
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Devuélveme a la vida

Me sangraron los ojos
buscando tu rostro entre las nubes
al perder la noción del tiempo
dándome el sol de pleno.

Crecieron mis uñas
de mis manos arrugadas y cortadas
de romper tus fotos
también se ensangrentaban.

Perdí la voz de llamarte
gritándote ¿dónde estás? ¡vuelve!
Y mi lengua se hincho mordida
entre mis dientes llenos de sangre.

Tú me arrancaste el corazón
llevándome al lado oscuro de mi alma
y aunque un agujero en el pecho tenía
de el no broto ya nada.
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¿Eres celoso?

¿Eres celoso?.
me preguntas con la guadaña
sobresaliendo por tu espalda.
Te contesto que no
sin fiarme de tu reacción,
sonríes y pones la mirada tierna
ocultando tu sombra del sol.
Posas tu mano sobre mi cara
me llamas mentiroso,
me recalcas que siempre lo he sido
que estaba en mi naturaleza.
Niego con la cabeza
una luz brillante nace en tus pupilas,
descargas la guadaña sobre mi
susurrándome
que no puedo engañar a la muerte.
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El hombre, el elemento

Lluvia que entra en su garganta
historia de un hombre sin sueños,
que ahoga a su paso el gran día
de los tormentos del destino.

Solía pasear por las mentes
de aquellos que no creían en el,
apareciéndose elegante sonriendo
acordándose del viento ensombrecido.

Sus muestras de cariño emocionan
en la oscuridad de su cueva,
nunca tuvo ovaciones desde lo alto
ni ha creído en vivir en tu tierra.
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Dime o no

Dime algo bonito
que no me rompa la cabeza
ni me haga pensar
hasta que me duela la bragueta.
Dime como te sientes
cuando te preparo las burbujas
aquellas de las que bebes
hasta perder la vergüenza.
Dime a que te atreves
cuando me tienes a ciegas
jugando en el desván de tus sueños
provocando tus miradas.
Dime que sientes al jugar
a corromper a mi sombra
aquella que muchas veces te arropa
cuando te quedas desnuda en mi cama.
Dime si esto tiene un final
para preparar las perdices
dejare el arma cargada por si quieres
darles tu misma caza.
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Amada muerte

Me sacas la cadena que mueve mi cintura no puedo seguir estando a tu altura, me duele la cabeza soy un proyecto de alma inacabada por tus pinceles, por tus manos de artista, por tu convicciones de mala persona. Y lo disfrutas como si fuese parte del ácido de tu boca porque no me perdonaras que no quisiera nada de tu cuerpo, por no ver en tus ojos mi reflejo ensangrentado, en tus rezos para que me dejara de ver con la otra. Esa otra llamada Muerte que con mayúsculas me abrió sus brazos, y tu, nisiquiera en tus celos dejaste de abrirme la herida, de meter tu puño hasta que sintiese mis propios gritos ahogándome, tú que jamás perdonas lo que es mi dolor, me sacas de quicio. Pero me dejas solo cuando me ves débil y eso me hace más fuerte, me vuelve loco por sacar mis alas y tener mi espíritu libre amando a la única que me entiende, mi amada Muerte.
Ella no me da promesas que luego no cumple para que mi rabia estalle y todo se llene de mala baba, porque tu me has designado como el fracaso de tu vagina, como lo que no has podido amar sin enfatizar tu mal gusto por dañarme en vez de besar mis labios, en plan yo soy la más cabrona y te tendré humillado por siempre porque me perteneces, pero no lo sabes, ya lo dudas. Ya le has visto los pies al gato, ya no aprietas las cadenas porque mis gritos ya no te ponen, saben que aunque me tortures ya no te amo, la amo a ella, a aquella que no quieres nombrar porque la temes más que a mi propia felicidad.
Ya no me queda llanto, ya no me queda aliento, ya no me queda sangre, ya no me queda esperanza, ya no me queda de ti nada, ya por no quedar ni me queda vida, porque me he entregado a esa fiel amante que nunca te abandona, he dejado que me hiciese el amor con su oscura esencia, me ha llevado a lo más profundo de mi ser, me ha matado con la dulce pasión que tanto deseaba y tu no me dabas, y de ella todo, todo ha sido aceptación.
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Ámame y deja la luna

Me calentaste las barbas con tus manos jugando a temblequear mi cara y me llamaste mono. Lo de mono me lo tome por la cantidad de pelo aunque buscabas una metáfora a la belleza que no tengo y sonreí. Sacaste de tu bolso tu cepillo del pelo y te pusiste a peinarme la barba, por un momento pensé que estabas recordando tu infancia y te creías que era tu muñeca chochona y te pregunte ¿y esto?, no me gustas desaliñado que no eres ningún hombre de las cavernas, ¡oppsss!. Que rapidez tenias para los piropos, me desarbolabas en un tris.
Tenía mi pecho al descubierto, no me gustaba andar con camisetas por casa, y te empeñabas en hacer rulos con los pelos que tenía cerca de los pezones, la excusa para jugar con ellos y ponerme como una maquina de vapor. No había queja, me encantaba cuando me acariciabas, sentía un cosquilleo general. Luego solías buscar en mi ombligo una mina de oro, aunque no se como siempre acababa llena de pelusa, creo que hay una fabrica ahí dentro con tal producción como para hacer un jersey, la pera.
Seguía siendo la mejor excusa para seguir bajando y colocarme en la posición de ruborizarme al sentir como tu mano cogía mi miembro y empezabas a darle un tratamiento de choque que lo resucitaba y me ponía en la situación de pedirte una tregua que no querías tener, de las que no había posibilidad, lo tuyo era la guerra, casi nunca ibas en son de paz, te gustaba poner toda la leña en el asador, me gustaba ser tu esclavo sexual.
Sentía la humedad de tu lengua, de tus labios sobre mí y no quería que el tiempo pasase, entregarme era lo más fácil saciar tu hambre un reto del que no podía ni quería librarme, te amaba, me amabas. Y todo aquello por lo que no podía olvidarte me hacía sentirme inseguro, ¿qué pasaría cuando este sueño terminase?, cuando la Luna reclamase su porción de ti.
Me gustaba cuando te sentabas encima de mi apretando tus piernas en mi espalda y apoyabas tu cara en la mía gimiendo y suspirando al unisono, los dos al mismo ritmo, al compás de nuestra música, toque de batería, Made in Japan, Deep Purple…
Siempre has sido mi vicio, tu vicio. Ahora contemplo la Luna y el horizonte, se que en alguna parte de ella estás y te recuerdo haciéndome el amor.
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Dialogo

Te apetecerá contarme...
Lo que soñaras conmigo esta noche
Yo intentaré soñar despierto
Como acariciarte
En el silencio de la noche
Como los suspiros
Convertido en besos
Como un baile
De dos en la lejanía
Invocando nuestras almas
Echando de menos lo que nunca hicimos
Amarnos carnalmente
Seducidos por nuestras palabras
Los gestos
Las miradas perdidas deseando
Tocar el cielo de nuestras mentes
De penetrar dentro de ti
Y sentir tu escalofrío al sentir ese orgasmo único
De sentirte fundida en mi
Es una buena manera de desearte buenas noches
Como deberían ser todas
Susurrándote palabras de amor al oído
Abrazados en la cama
Y dejando que mis manos recorriesen
Tu cuerpo mientras te las digo
Sensaciones para un sueño único
Jugando a dibujar en tu espalda corazones
Poniéndote palabras
Dejando que las adivinases
Y regalándote un beso con cada acierto
Las palabras que determinan la pasión de dos amantes
La obra de dos seres
Que se buscan
Deseándose
Llegado el momento no temerás
Sabrás que es lo correcto
Y lo vivirás
Ya sabes la respuesta
Aunque solo sea por unas horas
Y completaras el circulo
Cuando ocurra sera natural
Como si fuese de toda la vida
Porque nos conocemos
Cada uno elige su destino
No depende de mi
Pero si me entrego a ti y lo consumamos
No podría irme
Yo no me iría
Los años si duelen
Y van pasando
Y un día ya no tendremos tiempo
Yo no estaré siempre
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Despojado de tus despojos

Cada fin de semana
es como un todo a cien del amor,
rebajas de sentimientos
al mejor postor.
Que fácil es vender
un sentimiento de cariño,
cuando a la hora de la verdad
todo es una gran mentira.
Y sufre el de siempre
el que dice la verdad,
que tiene que despojarse
de su propia realidad.
Empieza la semana
la más cruel para los sueños,
donde ya sabias
que no te habían vuelto a comprar.
Y entre días deseas
quedarte en el limbo,
porque no perteneces a ninguna parte
nadie te quiere en ningún lugar.
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Cuando tu suspiras algo se mueve en mi corazón…

Bajo todos los días por la calle empedrada camino del café y siempre estás allí, sentada en el suelo con tus manos metidas en los bolsillos y un cartel de cartón pidiendo algo para comer, que no tenías un techo donde dormir. Ya podía hacer sol o lluvia que en los últimos meses te habías apalancado en esta calle, el tener un supermercado cerca te aseguraba al menos poder comer algo caliente una vez al día y yo desde la cristalera del café te observaba embobado, porque no entendía como una mujer tan hermosa para mi pudo acabar ahí, en el frío suelo, esperando la bondad de la limosna de la gente.
Pocas veces solías levantar la mirada pero cuando lo hacías suspirabas mirando al cielo, cerrando tus ojos y poniendo una mueca de dolor hacia tus adentros, casi los tenia contados, cada cinco minutos mas o menos se te escapaba uno y a mi se me helaba el cuerpo, sentía como mi corazón dejaba de latir y se unía en lo que podía creer que en tu mente estarías pasando, sufriendo.
Siempre me peleaba conmigo mismo deseando entrarte y preguntarte como estas, como te llamas o si necesitabas algo, pero me falta esa valentía y me contentaba con verte cada día a la hora del café.
Al día siguiente no estabas.
Me quedo parado en plena calle y algo hace que mi garganta se colapse, un nudo que me apretaba y hacia que mis ojos por una extraña razón se humedecieran. Dentro del café mis manos tiemblan buscándote de principio a fin de la calle y me pongo nervioso, no podía imaginarme el no poder volverte a ver, en silencio, en mi cobardía me había enamorado de ti.
Pregunte por ti en las tiendas de la calle, en el supermercado una cajera me dijo que te habían llevado al hospital porque te desmayaste y apretando mis puños me fui a por ti. Al llegar y luego de pedir muchos favores en recepción me llevan a la planta donde estas tumbada en una cama con un gotero llevándote la vida a tus venas, abres los ojos al sentir como casi me cargo la puerta al entrar y de manera increíble sonreíste y me dijiste: he tenido que llegar a esto para que te fijases en mi.
Avergonzado le cogí de la mano y me confesé, sabiendo que nada perdería si le contaba lo que sentía y que el pecado de mis miedos pudieron hacerla morir, que si me faltaba en mi día a día ya no sería lo mismo para mi.
Le ofrecí mi vida, mi techo, mi corazón y cuando la visita tuvo que terminar al salir por la puerta me dijo: “Lucrecia”, le dije ¿qué?… “me llamo Lucrecia repitio”, y yo aún temblando volví hacia la camilla me incline hacia sus labios y la bese.
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El caos de tu locura

Las raíces de tu vida
son de semillas ajenas a ti,
al valor que tu les das
ellas siempre te repudian.
Mirada perdida tienes
y no angelizas problemas,
quieres vivir la vida
sin saborear tu estrella.
Te llamas a ti misma loca
marchante de tu propio arte,
comiéndote tus palabras
orinando tu sangre.
Quieres morir tu vida
y no gastas tu tiempo en ello,
quieres comerte el universo
y nunca has practicado un beso.
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Y la vi

Me encontraba sentado sobre una acera mojada, mis ropas estaban roídas y desgastadas por el tiempo, una mochila con los pocos recuerdos de una vida y un cartón donde ponía “No tengo nada si le sobra algo se lo agradezco”. Siempre tenia mi mirada perdida, resignado a las circunstancias que me llevaron a vivir en la calle, un despido, un desahucio, la mala suerte y un hambre sin fondo. Ese día la lluvia no dejaba paso a la esperanza de comer caliente, no había mucha gente por la calle y me estaba ganando un resfriado al estar empapado de arriba a abajo pero necesitaba alguna limosna para poder resistir un día más.
Y la vi, una mujer hermosa, en sus mejores años vestida como los maniquís de las tiendas de marca, con una carpeta sobre la cabeza intentando no mojarse y justo se refugio en un portal frente a mi, su cara desencajada por la lluvia fría hacia patente su enfado con el mal tiempo, cogió su teléfono móvil e hizo una llamada. Mientras esperaba a la razón de su llamada sentí como me miraba y como no quitaba ojo de la mojadura que estaba pillando, intente imaginar que pasaba por su cabeza y me decía a mi mismo que ojala tuviese la compasión de dejarme cualquier calderilla y para ello levante mi mano hacia ella y le dije casi en un susurro de suplica que me diese algo. Se quedo mirándome y por un segundo sentí su desprecio, en esto que un Mercedes aparca a su lado, un señor sale y con un paraguas la cubre y la lleva hacia el coche. Le repito mi suplica y mostrando indiferencia le dice al chófer que me de algo, me suelta dos euros, bajo la cabeza y le doy las gracias.
A pesar de la necesidad me sentí humillado, mi pobreza extrema contra su comodidad de buena cuna heredada o ganada con esfuerzo, quién sabe, pero lo suficiente para menospreciar a quien lo ha perdido todo aunque no lo supiese, igual se pensaba que era un alcohólico pidiendo para beber, o un toxicómano para su dosis, pero el haberme juzgado sin conocerme me dolió más que esos dos euros de mierda.
La vi varias veces más a lo largo de los meses, se ve que tenia buen gusto para dejarse su dinero en la mejor calle de las tiendas con glamour y siempre iba con ese aire de mujer atractiva y especial que haría girar hasta un ciego. Llegue a saber su nombre, lo típico de cuando una súper amiga la llama en la calle cargada de bolsas y casi dejándose los tacones, dándose dos besos sin tocarse y riéndose como ardillas en el bosque, era Ana…
Con la crisis del 2017 que iba siguiendo en los periódicos que encontraba en las papeleras muchos ricos se fueron a la quiebra, algunos como en otros estallidos a lo largo de la historia se suicidaron al no soportar la ruina, otros se volvieron gente común que tenía que buscarse un trabajo de cualquier cosa para salir adelante y los que menos suerte tuvieron acabaron en las calles, como yo, como me paso en mi día y en parte en el fondo de mi ser sonreía como si un plan de justicia divina se hubiese realizado.
Y he aquí que esa justicia divina hizo que reconociera a una mujer de pelo rubio desaliñado, de facciones que en su día eran nobles y bellas, ahora marcadas por la dureza de las noches en la calle, de la falta de vitaminas y de comodidades, era Ana. Me acerque a ella cuando vi que tenía problemas para poner sus cartones al lado de la estación del tren, yo por ese entonces ya tenía un carro de la compra que me encontré fuera de una gran superficie y era más cómodo desplazarme, y le dije: ¿se encuentra bien su majestad?. Se quedo mirándome asustada como si esperase que me vengase por su falta de humanidad del pasado, que le quitase lo poco que tenía o le pegase una paliza como pasa por desgracia cuando energúmenos no entienden la pobreza. Al ver que se estaba poniendo muy nerviosa y que sus ojos estaban traspasando el miedo al pánico la reconforte diciéndole que no se preocupase, le regale una manta que tenía para las noches más frías, quise que entendiera que yo no iba a ser como lo fue ella y empezamos a hablar.
Al fin pude contarle mi historia a Ana y ella me contó la suya, al final no eramos tan diferentes a pesar de todo, solo el tiempo nos puso en la misma situación pero con unos años de distancia pero con un final idéntico, ser hijos de la calle.
Después de ese día vamos juntos a todas partes, recogiendo latas, periódicos, cartones e intentamos no faltar a el comedor social para recuperarnos de las noches largas para tener fuerzas para otro día juntos, un punto que jamás ocurriría en una vida normal pero que en esta todo era como un cuento de hadas, la bella y la bestia, por supuesto la bella era Ana.
La bondad y la humildad nunca esta reñida con los estratos sociales si los sientes de corazón, porque lo que hoy me pasa a mi no significa que nunca te pueda pasar a ti. Reflexiones al borde de la pobreza.
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Anillo de ojos verdes

He salido con tus ojos verdes
y me llevaron al templo de tu tiempo,
se hicieron anillo sobre mi dedo
y consumieron media vida en ello.

He poseído tu cuerpo
y tu te hiciste con el mio,
me decías que me amabas a diario
mientras yo perseguía tu alma.

Tu cabello rubio era bandera
desnudo tu cuerpo una metáfora,
y yo me sorprendía cada día
de lo mucho que me alejaba.

Llegue a tener en ti mi fin
y no puedo reprocharte nada,
cuanto más tu me amabas
más de mi se moría.

Y el tiempo me dejo claro
que de ti tenia que alejarme,
me consumías la vida entre rejas
aquellas de la que no pude librarme.

Con todo ello un día me solté
y no por que me liberases,
más bien la muerte fue mi aliada
y de ti ya no logro acordarme.
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Acordes de dos cuerpos

Escondes en una estrella
el palpitar de un frío corazón,
es vago sentir sin recibir
y no creer en el amor.
La noche te cubre aún mas
y te quejas del segundero,
amando la hojarasca
que cubre el cuerpo sin alma.
Para eso querías la estrella
desnuda en tu interior,
para quemar lo que rodea
una indiferente ilusión.
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¿Fuiste real?

He llorado tu ausencia
todos los días de mi vida,
he sentido muchas noches
el calor perdido de tu cuerpo.
He intentado acariciarte
y solo abrace el aire viciado,
quería hacerte el amor
como lo hacíamos en el pasado.
No puedo dejar de pensarte
ni ocupando mi mente en el espacio,
pienso que cada estrella eres tu
y me dejo llevar por sus latidos.
No se que hay más allá de la razón
que nos mantiene firmes en la tierra,
pero se porque abandonaría todo
si con ello pudiese besarte otra vez.
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Carnivoramente

He agitado mis sentidos
y mis venas han caducado,
polvo de mis adentros escupidos
materia gris aletargada.

Proyecto de ser humano
en falsa presencia mi decadencia,
no vale para nada es despojo
esperando el camión de la basura.

Grito en la memoria
perdidas lagrimas que desentonan,
arrástrate como perro abandonado
suplicando un beso robado.

Confía en las esferas divinas
de una diosa amargada y visceral,
se comió sus entrañas y para reírse
ni latir dejo su corazón.
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2comentarios 62 lecturas versolibre karma: 84

Déjate caer

Recorro cada línea que escribes
y sigo enamorándome de ti,
sin bajar los brazos sin perder tus latidos
esperando tu vuelta con esperanza.

En mi mundo de amores idílicos
pero donde solo uno existe que eres tu,
intento no protegerme y saco la coraza
porque que soy yo sin tu sonrisa.

Intentando lidiar con mi musa
que no deja que le abra mi alma,
encierra la suya y me desespero
porque echo de menos sus palabras.

Mi sendero es tu camino si lo aceptas
llevándome de tu mano a tu paraíso,
donde si me equivoco empiezo de nuevo
donde si tu lo haces no dejare de quererte.
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sin comentarios 87 lecturas versolibre karma: 73