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Deseo..

Rodear con mis manos en tu cintura, quiero, sentir tus labios en los míos, una de las cosas que deseo, fuerte y frágil al mismo tiempo, eres tú, señorita de sonrisa radiante, tus labios como postres son tentadores a mis ojos, tu voz melodía a mis oídos.
Hermosa mujer, tan sensual con tu mirada, que me tiene hipnotizado, sentirte cerca de mí, es lo que quiero, es tan fuerte el deseo, que ya no puedo, te lo diré, pero si te ofendo, lo lamento, nunca quise hacerlo.
Rozar tu piel con mi piel, sería lo mejor que pudiera hacer, ver tu rostro de mañana, y estar contigo cuando las luces se apagan. Qué osadas palabras las mías al decir todo esto, discúlpame si sientes que te falte el respeto
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Pensamientos..

Pequeñas brisas en la madrugada
tocan lo más profundo de mi ser
entran y remueven cada parte de mi
haciendo recordar, acciones, hechos,
situaciones, que me han marcado y que
no se puede superar

pensamientos vagos, invaden mi mente, y
y no dejan descansar, pienso en todo lo que hice,
sobre todo en las cosas que fallé.

malditas las noches en las que esto me sucede,
al no conciliar sueño, y no sé bien, si es por acciones
del pasado, o porque yo todavía no me he perdonado.
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Cuando la vi entrar

Aquella tarde soleada, en aquel salón de clases, vi entrar una linda muchacha, con una sonrisa radiante y un poco despeinada, toda apresurada entro al aula, sin que el profesor se diera cuenta de su entrada, fue aquel día en que la vi por primera vez, en aquel salón de clases

Nunca me imagine conocerla, hasta llegar al punto de quererla, el tiempo fue la mejor herramienta para poder saber más de ella, entre largas charlas sobre nuestras vidas, un gusto en mí hacia ella nació, cada gesto, cada caricia, cada sonrisa que ella hacía, antes mis ojos era lo más bello que veía.

Pasaron los días, y me anime decirle lo que sentía, que me gustaba tanto y lo que ella en mí producía, su respuesta era mi miedo y su reacción también, no quería que se alejara de mí, por un sentimiento que con el tiempo desaparecería.

Las salidas fueron más seguidas, verla casi todos los días era mi alegría, pero en ese entonces, había alguien en ella, que su mente y sus sentimientos confundía, mi intención siempre fue apoyarla y espero haberlo hecho, no pudimos ser algo más, pero tampoco fuimos nada, solo fuimos, somos y seremos buenos amigos.

Con su sinceridad que siempre la caracteriza, me dejó las cosas muy claro, solo dependía de mí romper o no aquel delgado hilo, mis sentimientos se hicieron mucho más fuertes, pero sabía que eso, de nada serviría.

Ella, de radiante sonrisa, y de divertida personalidad, con unos hermosos ojos, que decoran su bello rostro, con una sensualidad que a cualquiera deja loco, con desbordante energía al bailar, que contagia a todos los que a su lado están, así es ella, así es Alexa, hay muchas cosas más por describir, que un poema no bastaría, las resumo en pocas palabras de como es ella, en esta vida.

Aquella noche fresca, que fui a verla, ella tan hermosa como siempre, me recibió, me dolió mucho al oír las palabras que salían de su boca entre tanta conversación, me dijo que le daría otra oportunidad a ese ser que decía amarla pero que mucho la lastimó, lo primero que pensé fue en alejarme porque esa noticia me dolió, pero si se compite entre un gusto y una amistad, lo segundo tiene prioridad.
Las cosas siguieron su rumbo, y nuestra amistad nunca murió, siguió adelante, con barco en pleno viaje, no dudo en algún momento que me vuelva a gustar, pues ella es alguien espectacular, pero por el momento todo queda en una linda amistad, y pensar que todo comenzó en aquel salón de clases cuando la vi entrar.

Augusto Panduro Vasquez.
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