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Canción de amor y muerte

Se arrastra hacia la sombrilla
una ola juguetona,
amorosa,
con mucha sed de la orilla,
elegante y peleona,
temblorosa.

Detrás de aquel ser sereno,
una ola que gigante
se abalanza.
Al tiempo tierno de un trueno
hacia atrás la de delante
dulce danza.

No hay ninguna escapatoria:
ola grande con la enana
juega cruel.
¿Es trampa o pura amatoria
en la mañana temprana,
muerte o miel?

Podría ser un final,
el inminente fracaso
de la huida.
También puede no ser tal:
ser inicio lujurioso,
unión, vida.
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La mar entera

¡Cuánto tiempo esperando llevaría
allí arriba con ansia tu llegada!
Tanto tiempo temblando allí parada,
soportando las olas de agua fría.

Silla de socorrista por el día,
regia torre en la noche plateada,
cuando apoyas en ella tu salada
silüeta de joven energía.

Te admiras de tu inmenso, vasto imperio
y sabes que ningún triste gandul
puede enfrentar así su rostro serio.

Dos luces en el fondo de un baúl:
negros faros tus ojos, gran misterio,
cornucopias que reinan en lo azul.

(A Demelsa).
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5comentarios 121 lecturas versoclasico karma: 89

Mar adentro

JUEGAN ABUELO Y SU NIETO
corriendo la playa abajo,
atropella a los morenos
su viejo balón hinchado.

Y "ay, chico, como se giren
por darles un balonazo.
Cuidado con lo que haces,
de sus espaldas un campo."

Y "pobre del que me mire,
pues una ojeada suya
o un reto de sus pupilas
harán desatar mi furia."

El abuelo se asustaba
con la dirección del viento,
lanzaba el niño la bola
adonde esperan los cuervos:

Un vendaval va volando
al ritmo de su patada
y baila con el balón
y tropiezan con el agua.

El viejo, aburrido, mira:
"Pues en casa no tenemos
y ahora que lo has perdido
a saber qué es lo que hacemos."

"Ojalá alguien nos ayude y
podamos ir a buscarlo
y a salvarlo de las algas,
pues es lo único que amo.

¿Y si el mar se pone bravo?
Dime entonces tú qué haremos
si el mar va y se pone bravo.
Dime entonces, dime, abuelo.

¿Y si el mar se queda quieto?
Lo intento pero no aguanto
pensar que se queda quieto
con mi juguete jugando."

...

Se sonríe allí mirando
a las olas cómo juegan
con las puntas de sus dedos
ya grabados en la arena.

Ahora él dice que vienen,
pero basta que le escuchen
para imaginar un reto
y cambiar fieras su empuje.

¡Nunca vio espalda tan ancha
en la que perder el rumbo,
tan oscura, tan oculta
y ante los ojos del mundo!

El chico con ojos niños
sentado a la vera suya
adentro, muy dentro, piensa:
"Ojalá no vuelva nunca."
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2comentarios 137 lecturas versoclasico karma: 102

Madrid, metro, julio

Las cinco de la tarde:
se abren las perezosas y pesadas
puertas del metro
como en un gran bostezo
de calor pegajoso
de aquel que se levanta de una siesta
peor que antes de echarse.

Entonces unos niños peleones
irrumpen, sí, tal cual,
sobre sus patinetes, en cuadrilla,
sin piedad, sin que dejen salir antes de entrar
ni nada.
Cuatro bárbaros prenden fuego al metro
o eso parece.

Tras la carga se sientan apacibles,
dejando los corceles a sus pies,
y se ponen a hablar de nuevos trucos
para aprenderlos juntos
en el fin de semana.

Inevitablemente te preguntas
si tú con doce años
con tus peonzas, chapas, lo que fuera
que estuviera de moda;
si tú con tus casquitos,
con un walkman o un iPod de los feos,
las pintas de la década que quieras;
si tú entonces causabas
toda esa expectación.
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8comentarios 148 lecturas versolibre karma: 101