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Día 51:

Ya no recordaba el olor a primavera,
ni el roce de las hierbas altas en los tobillos,
ni la brisa caliente de los primeros grados de verano.

Ya no recordaba andar junto a él y sentirme gigante,
hablar y reír hasta que mis costillas aguanten,
sentirme completa sólo con mirarle.
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Viento de levante

Era abril de hace unos años.

Olía a azahar y mis pies bailaban sobre las frías baldosas, al son del ruido de la calle. Recuerdo sentirme pesada, incluso hinchada. Tenía la cabeza llena de pensamientos, de palabras incompletas revoloteando alrededor sin dejarme respirar ni descansar.

Caminamos hacia la playa y aún recuerdo la humedad del ambiente, el ir y venir de la gente, el sonido de los coches, el tranvía y las bicicletas, la fábrica abandonada con un cartel rasgado del tiempo.

"Como nosotros"

Me senté en la arena mientras corrías sin parar, yo miraba la escena pero mis ojos estaban en otra parte, muy lejos. Sumerjo mis pies en la arena como buscando el calor que no encuentro en la superficie.

"Ojalá hubiera levante y se llevase esta tormenta de aquí"

Ojalá tuviera la fuerza y me saliera la voz para gritar todo lo que siento pero siempre decido que es mejor taparme con las sábanas de pies a cabeza, como esperando que todo desaparezca, que todo mejore y vaya bien.

Tus ojos se cruzan con los míos y me despiertas de los pensamientos que me acechan. Sonríes y logro esbozar una media sonrisa haciendo retroceder la lágrima que estaba llamando a las puertas de mi párpado.

¿Por qué ya no logro ver la esperanza en el verde de tus ojos?

El oleaje choca una y otra vez contra la orilla creando una sinfonía que logra tranquilizarme. No sé cómo lo hago pero, aunque mi alma cada vez está más rota, siempre encuentro una excusa para coger aire y seguir en este empedrado camino que es quererte.
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Consultas con la almohada

Me susurraba, cada noche,

que no volvería a querer más

de lo que me dejase querer,

que no iba a correr más

de lo que me dejase perseguir,

que no iba a tirar más

de lo que me iban a sujetar.



Y día tras día,

noche tras noches,

cuando el mundo se apagaba

y mi cabeza recostada

dejaba paso a los fantasmas

vestidos de recuerdos,

me susurraba.



Y aquí estoy otra vez,

hablándole a la almohada

de que he vuelto a querer

más de lo que me he dejado,

he vuelto a correr

más de lo que me han perseguido,

he vuelto a tirar

más de lo que me han sujetado.



No me lo digas, ya lo sé,

¿para qué te consulto ?

si somos el único animal

que tropieza dos veces con la misma piedra.



Y vuelvo otra vez,

con la piedra entre mis manos,

esperando que se vuelva suave,

porque, en verdad,

sus arañazos son caricias,

sus silencios son abrazos,

y su frialdad, su manera de decir te quiero.



Cuando salga de esta burbuja

y encuentre la realidad,

que esta piedra no era la primera,

que no creía en nada de lo que me susurrabas,

tú estarás aquí, escuchando callada,

mientras mis lágrimas mojan tu tela

y susurras un “te lo dije” con el roce de mi cara.
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Despedida

Hoy me acordé de ti
y ya no te echo de menos.
Simplemente me vino tu recuerdo
pero te sentí muy lejos.

Es curioso.
Es la primera vez que pienso en ti
y no me dueles.
Sonrío.

Vino el recuerdo contigo
de aquella chica que era a tu lado
que casi ni reconozco.
Ojalá pudiera haber hablado con ella.

Jugábamos a ser adultos,
pensábamos que nos entendíamos,
pero yo hacía oídos sordos
y tú ni siquiera hablabas mi lengua.
Así pasó.

Fuimos las primeras veces del otro
por eso estás en mi historia.
Estarás siempre presente
pues cuando quieran saber de mí, tendré que mencionarte.
Eres inevitable.

Eres un dolor soportable.
Ya no pienso en los errores,
solo en esos adolescentes
que soñaban, inconscientes.

Condenados al fracaso,
cogimos impulso
y fuimos directos al impacto.
Nos estrellamos.

No te confundas si lees esto,
no pienses que quiero que vuelvas.
No quedó nada en el tintero.
Sólo intento hablar conmigo misma.

En verdad, te doy las gracias
porque desde que desapareciste
descubrí la fuerza que tengo,
que no necesito a nadie respirando mi aire,
porque no me hace sentir más segura,
yo conmigo misma he conseguido serlo.

Debes saber que también fui feliz,
me caí muchas veces pero aprendí,
y las aventuras y las historias,
todo se queda aquí.

Fui irracional, fui impulsiva
fui inocente, fui una ilusa.
Dibujé un futuro juntos
sin preguntarte siquiera
si querías formar parte.

¿Y ahora?
Tú has encontrado a una persona
que habla tú mismo idioma
y yo he encontrado a otra
que me ha abierto las orejas.

Qué bien por ti
Y qué bien por mí
Que encontramos a alguien
Acorde a nuestras mentes.

Es extraño porque aún no sé
en qué momento todo se fue al traste
y maldecía aquel instante
aunque no hacía nada para evitar que esto marchitase.

¿Qué será de ti ahora?
¿Cómo estará tu cabeza sin rumbo?
¿Dónde estará el chico que corría sin cesar?
¿Consiguió pararse en los obstáculos y saltar?

De mí tienes de saber que estoy bien,
recompuesta.
Miro atrás y no me duele.
Crecí, volví a sonreír.

Fue bueno recordarte
pero ahora, sigue siendo eso,
recuerdo.
No me malentiendas,
no vuelvas.

Porque también he aprendido
a despedirme de las cosas
que no me permiten avanzar.
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Astronomía

"Y claro que la astronomía de tu anatomía

se basa en unir los lunares con líneas"

Perseide - Carlos Sadness





Anoche, me perdí en la inmensidad de tu sonrisa

y en esa caricia que despertó todos los poros de mi piel.




Y es que, a tu lado, la incertidumbre de la noche

se convierte en hazaña cuando tus labios

comienzan su curso sin rumbo

aunque, con la certeza de lo que pasa bajo esta manta

cada vez que te cuelas.




Creí rozar las estrellas

con mi moño mal hecho

cuando me puse de puntillas

para alcanzar tus labios,

pero es que siempre van por delante,

adelantando cualquiera de mis maniobras.




La tenue luz y el color del ambiente

dejan percibir levemente los trazos de tu cuerpo,

esos que trato de recorrer y escudriñar

sin dejar un centímetro desconocido.




Y es que cuando el universo se apaga para nosotros,

brotan las constelaciones más bellas,

pues todas ellas brillan sobre tu espalda.




He intentado contar las veces que el deseo se hace con la victoria,

siempre acabo cayendo ante tu roce,

declarándole la guerra a mi autocontrol,

pero sería como contar cuántas gotas de lluvia

caen en una tormenta de verano

antes de que rocen el suelo.




Y la luna observa impasible

y las sábanas nos acompañan en este baile

que dura hasta que no queda suspiro en nuestros pechos

y mis ojos no pueden arder más ante tu mirada.




Abro los ojos y no te descubro,

huele a café a lo lejos y me intento levantar estirando hasta la punta de los dedos,

pero mis sábanas siguen teniendo huellas de tu paso,

me atrapa tu olor y los recuerdos

de otra noche más estudiando astronomía con nuestros cuerpos.
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Madrid en pausa

La Latina despertó sola,

sin su Rastro.

Parecía verano pero Sol

nunca brilló tan poco.



La Gran Vía parecía aún más grande,

con sus aceras vacías

y sin peatones sus cruces.



El Retiro, en su exilio,

cantaba a través de los pájaros,

del susurrar de los árboles

al contacto con el viento.



La Plaza Mayor despierta desierta,

sus bares dormitan cerrados,

sin sus terrazas al sol.



El Círculo de Bellas Artes

jamás había divisado su ciudad tan inerte,

Alcalá nunca había estado tan cerrada,

Castellana ya no lloraba ríos de coches,

completamente paralizada.



Y es que la ciudad siempre encendida,

la que baila al son del constante flujo de su gente,

al son del coro que entonan sus bares,

llena de arte en cada uno de sus rincones,

y de luz,

alegre y nocturna,

cálida y bailonga,

se quedó en casa.



Un flujo constante de noticias la nombran,

está enferma, está triste, está agotada

y, aunque no haya nadie en sus calles, dicen que está saturada.



Pero con la caída del sol,

día tras día,

despierta al ritmo de las palmadas

de sus ciudadanos en los balcones.



Vuelve a hablar a través de cada grito de ánimo,

de cada lágrima de dolor y de emoción,

de cada canción intentando volver a poner ritmo,

de cada “gracias” a aquellos que intentan, cada minuto,

salvarla.



Pero cuando todo aquel que aplaude,

salga de sus balcones para volver a conquistar las calles,

sabrá que ha vuelto a vencer una batalla,

se volverá a encender

para brillar más fuerte.
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