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Reflexión Pandémica

Muchos planes interrumpidos con esto de la "pandemia", palabra que hasta hace unos meses era sólo eso, una palabra.

Pensar en el presente, y soñar con el futuro, congelar cosas que no pasaron, desear cosas que no se dieron, mirar la manera de lograr otras. Lamentar lo que perdimos socava la energía que ahora es tan necesaria y escasa.

Buscar dentro, descifrar laberintos, intentar ser felices con lo que nos queda, que quizá con el tiempo se forjará y convertirá en un gran tesoro,
agradecer la vida, decirlo, sentirlo y proyectarlo, mantener encendida la velita de la fé.

David Felipe Morales
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No tengo idea

Cómo enfilar letras de manera adecuada hacia tí, sin precipitarme a un abismo que indudablemente me aleje, sin quedar en evidencia, sin decir más de lo debido.

Cómo caminar sin resbalar en ese insondable precipicio que aparece entre lo entrañable y el deseo más indescriptible del que se pudiera hablar.

Cómo lograr tal pureza en cada letra, en cada palabra, sin sucumbir en pleonasmos y premisas que al final no transmitan idea alguna.

Pasan las horas y la hoja sin mancillar, sin letra alguna, me reclama silente y me supone una angustia, como si de lo que en ella pudiera plasmarse dependiera la alegría que me prenda la idea de que el intermitente diálogo que entre los dos ha sumergido y se pueda hacer eterno.

Aún no sé de manera clara por qué irrumpí el silencio y acorté la distancia, no tengo idea, acudiendo a la sinceridad más profunda, pero tener la mente ocupada en ideas que finalizan en tu sonrisa, la verdad me llena el alma.

David Felipe Morales .
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Papá

Tras cada cana que me pobla, tras cada huella dejada por el tiempo en mi piel, más lo recuerdo de buena manera.

En esas ocasiones cuando la vida se ha puesto fuerte, en esos momentos que de la lógica no viene el cómo afrontar un peldaño, algo dentro emerge y me hace sortear con experticia, algo que deviene de una enseñanza incrustada en lo más profundo, algo que es la fiel copia de su proceder, algo que se llama ejemplo.

Ahora entiendo que la vida se sostiene sobre sólidas columnas, sobre pilares que no tienen otro origen que aquella fiel copia, ahora con el reposo que viene del camino ya recorrido queda agradecer a la vida, por el pasado el presente y el futuro.

Por lo bueno, por lo que en su momento no lo fué, por lo fuerte, por lo que en su momento fue vacío pero que ahora entiendo que forjó un caracter que aún sigue en construcción.

Gracias papá siempre.

David Felipe Morales
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Cuántas

Cuántas veces podré organizar el caos de mi cabeza, retomar ruta, pulirme lo suficiente para ser una buena semilla.

Cuántas veces tendré que morir un poco antes de vivir en realidad, de ver la luz y así hacer a un lado las nubes grises de mis días.

Florecer o quizá dar fruto, encontrar la tierra adecuada para plantar ideas, para liberar sentimientos, para respirar lo suficiente.

Cuántas veces terminaré mi eterna batalla contra la rutina, o quizá tendré que doblegarme ante ella y asumirla bajo ese guión establecido de que hace parte de la existencia misma.

Cuántas veces podré reavivar ilusiones añejas, sueños pueriles que tras cada hoja de calendario arrancada, más se me hacen imposibles.

Mirarme al espejo sin que vea la huella del paso del tiempo, sentir el ímpetu juvenil que a cuenta gotas raciono para enfrentarme a la vida.

Perder el miedo a reinventarme sin que esa palabra haga un molesto eco que retumbe en mi pensar.

Cuántas veces más podré ser fénix o salmón.

David Felipe Morales
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Café pendiente

Cuando esto pase, cuando ya no tengamos que sonreír con miradas, cuando volvamos a normalizar los abrazos y probablemente estos de nuevo dejen de ser importantes.

Cuando volvamos a diferenciar entre presidios y hogares, cuando podamos nuevamente cazar atardeceres y perder el tiempo imaginando la vida de los transeúntes desprevenidos.

Cuando el aire vuelva a ser espeso y los pájaros en la mañana no se escuchen tras el sonido de las rutas escolares, cuando podamos escaparnos de reuniones con excusas y no nos veamos obligados por la tecnología.

Cuando vuelva el olor del perfume y sea cuestión olvidada ese ambiente clínico de alcoholes glicerinados y tengamos el poder de una caricia a nuestro alcance.

Cuando llegue ese momento tomaremos ese café pendiente.

David Felipe Morales
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El mayor gusto

Me gusta sumergirme en lo profundo de tu mirada e ir contando astros mientras mi cuerpo flota en lo insondable de tu pensar.

Advertir que me absorbes totalmente con esa bocanada de ti que doblega mi voluntad, que me despoja de la razón.

Sentir ques estoy poseído por el eterno nocturno e ir saltando de estrella en estrella, tratando en vano de detener el tiempo.

Me gusta sumergirme en lo profundo de tu mirada y escapar finalmente en una lágrima que desprevenida aflore cuando la alegría invada, retornar en un sublime parpadeo cuando el paraíso que me provees se convierte cruelmente en realidad.

David Felipe Morales
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Mis preguntas para tí

Y sí te saco el corazón y aún palpitante lo como trozo a trozo, será que por fin logro que tu amor deje de ser algo que anhele para volverse finalmente algo que me complemente?

Y si beso tus labios hasta lograr fusionarlos con los míos, será que ya no me harán falta cuando la distancia nos haga simplemente desearnos en silencio?

Voy a detener todos los relojes hasta el instante que nuestros suspiros se coordinen, quizá y así pueda detener el tiempo, ese tiempo que idolatro cuando pasa a tu lado, ese tiempo que se hace eterno en lejanía.

Finalmente debo confesar que en esos espacios, horas y minutos en los que mi cuerpo no es vehículo de tus pasiones más incrustadas, no encuentro un motivo para seguir alimentándole más allá de esa fugaz premisa de volverme a perder en tu seno cálido, en tu abrazo tórrido, en tí.

Y si me faltaras qué pasaría con mis letras, estas mismas que a raudales me vienen y que incrustadas tienen de tu alma tanto, quizá quedarían silentes o quizá se tornarían en una oda a la tristeza, hasta sentir el vacío que me invade cuando simplemente hacia ti no van.

David Felipe Morales
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Reflexión

El temporal de ausencia que en la soledad golpea, el silencio y el tiempo detenido en las calles desiertas de esta selva que antes era incontrolable y ahora está diezmada y poseída por el miedo.

No hay lugar donde no retumbe el grito colmado de desesperanza que camina entre los pensamientos aturdidos e infectos de angustia.

El tiempo que a cuenta gotas transita, caminamos por ese estrecho sendero que entre el temor y la ansiedad se hace paso.

Una cereza llamada lejanía sobre el postre ya nefasto de esta rutina, unas gotas de vinagre sobre la herida abierta que deviene de esa necesidad de un abrazo, ese deseo de ver, de oler, de besar que ya no satisface mensaje alguno.

Cifras por doquier en aumento y ya la puerta de mi casa no tiene donde poner un cerrojo más para atrancar lo inevitable.

Perder la fé y recuperarla en un mismo instante, mirar al cielo o al espejo, adentro o afuera sin encontrar como contener un torbellino de sentires, y entre tanto me piden que me reinvente mientras colapso.

David Felipe Morales
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Salome

A la distancia, con el corazón en la mano, conteniendo el llanto que deviene de este dolor de no poder darte un abrazo.

Pensando en tu cabello ensortijado, en tus mejillas sonrosadas, en ese perfume pueril tan tuyo que me transporta al lugar que me da paz.

Trato de sentir tus manos en mi rostro mientras miro fotos y esa pantalla que se supone nos acerca, buscándote en los parques donde al verte correr desprevenida sentía la belleza de la vida.

Así son mis días en este distaciamiento obligatorio, anhelando que esto pase y así poderte abrazar de nuevo, escucharte al oído y que me cuentes esas historias de tu colegio.

Alejados pero siempre teniéndote en mi alma en cada uno de estos días en los que aún no puedo verte.

David Felipe Morales
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Y tus labios, a qué saben tus labios?

Y tus labios, a qué saben tus labios?

A atardeceres de mil colores que te roban un momento deteniendo la rutina mientras el frío emerge, y a rosas frescas que cuando dejan de ser botones comienzan a morir lentamente?.

A ese instante en que tu mente como jugando con tus emociones, te trae un recuerdo que sientes como un abrazo?.

A qué saben tus labios?, a recuerdos pueriles, a emociones de juventud, a primer amor?, a la promesa de eternidad que se extingue mientras el tiempo deja sus huellas en el rostro?.

A qué saben tus labios, a mar?, a rio, a nieves perpetuas, a ese sentir que envuelve cuando cruzas la puerta de ese lugar colmado de recuerdos y ahora plagado de vacíos?

A qué sabes?, a inspiración, a primera vez, a ese miedo que te impulsó y que ahora se desvanece lentamente?.

A dulce, a vino cárdeno, a fogata, a una soledad que cobija, que obliga a buscar refugio entre esos brazos?.

A qué sabrán?.

David Felipe Morales
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Día de Madres

En la distancia, siento tu cálido abrazo, tu beso en la mejilla, la palabra correcta que apacigua esta angustia cotidiana.

A kilómetros, me basta evocar recuerdos con tu rostro para no sentirme solo, sé que estos deseos alimentan un imposible temporal pero esa impotencia fallece en una llamada.

Hoy no habrá flores, ni detalles suntuosos, mucho menos invitaciones a lugares fastuosos, hoy me quedo lejos para poder tenerte por más tiempo.

Hoy con pena y tristeza recurro a tu comprensión para que veas mis bolsillos rotos pero mi corazón siempre lleno de amor.

Los detalles y las flores se convertirán es estas palabras y la invitación será a ese lugar mágico donde un abrazo es posible.

Cuando todo esto pase espero poner a tus manos una primavera y mi cuerpo entre tus brazos, hoy en la distancia te digo, feliz día mamá.

David Felipe Morales
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Tengo miedo de perderme en tu mirada

Tengo miedo de perderme en tu mirada, en el profundo de esos ojos, en esos dos guardianes de esos labios, es esas lunas de alquitrán.

Tengo miedo de olvidar el fino discurso que he venido puliendo para ese momento, cuando por fin dejemos de ser letras y estemos de frente, temo quedarme silente y simplemente contemplando, situación que yo disfrutaría pero que de seguro tú no.

Tengo miedo como el que quiere conocer el mar pero no se adentra cuando por fin sus olas a sus pies llegan, como el que desea cantar pero no irrumpe el silencio cuando el auditorio que por él espera estalla, tengo miedo.

Tengo miedo de perderme en tu mirada, y así perderme en ese abismo que nos separa y que ya casi libro.

Pero bueno, el miedo y yo concluimos hacer tregua y volvernos cómplices, mientras me sumerjo en la inmensidad de esa noche, de ese infinito, de tu mirada.


David Felipe Morales
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Abro los ojos

Las hojas de los árboles se mueven con el viento, ya casi llega la lluvia, la luz del sol se hace tenue, y la noche parece tragarse el día vorazmente.

Sentimientos que jamás se dijeron y que duelen demasiado, pasiones disfrazadas, quizá?, la falsa e ilusa idea de ser poseedor de alguien.

Un espejismo llenando el vacío tal vez, agua que se convirtió en vino cuando estaba en medio del desierto.

Vestigios de un sentimiento que aún no sé si fué real y que endulzaba, ahora café que se hace más amargo cuando concibo que esos besos ya no serán asi fuesen fugazmente míos.

Abro los ojos y de nuevo ante mí siento que las hojas de los árboles se mueven con el viento, ya casi llega la lluvia, la luz se hace tenue y la noche parece tragarse el día vorazmente, y yo solo puedo abrazarme a la soledad, a esta brisa helada que me trae ese recuerdo que ahora maldigo.

David Felipe Morales
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Flores negras

Oye: bajo las ruinas de mis pasiones,
y en el fondo de esta alma que ya no alegras,
entre polvos de ensueños y de ilusiones
yacen entumecidas mis flores negras.
Ellas son el recuerdo de aquellas horas
en que presa en mis brazos te adormecías,
mientras yo suspiraba por las auroras
de tus ojos, auroras que no eran mías.

Ellas son mis dolores, capullos hechos;
los intensos dolores que en mis entrañas
sepultan sus raíces, cual los helechos
en las húmedas grietas de las montañas.

Ellas son tus desdenes y tus reproches
ocultos en esta alma que ya no alegras;
son, por eso, tan negras como las noches
de los gélidos polos, mis flores negras.

Guarda, pues, este triste, débil manojo,
que te ofrezco de aquellas flores sombrías;
guárdalo, nada temas, es un despojo
del jardín de mis hondas melancolías.

Julio Flores

La influencia más fuerte.
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Cómo van perdiendo algunas cosas su encanto

Cómo van perdiendo algunas cosas su encanto cuando ya han pasado los días.

Las flores su color y su perfume, su imponente y altiva estampa, las cartas su olor y el peso de sus letras con el pasar de los días.

Los amores se van helando, van quedando relegados a la costumbre, a la rutina.

Los besos pierden sus ganas, la magia, el hechizo de vez primera.

Todo se deslíe por bien que lo intentes preservar, su valía, su poder, su intención se van sumiendo en el interminable ciclo de lo cotidiano.

Pero siempre nos queda la noche, para evadir la realidad, para intentar crear formas nuevas en la oscuridad, para contar sus estrellas.

Nos queda esta noche, la última.

David Felipe Morales
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Desértica

Hay un poco de melancolía, de dolor y lejanía enredadas en estas letras. Un poco de rabia, un sinsabor que no se mengua aún con la belleza de esta desértica y yerta noche.

Entre palabras y espinas de rosas plateadas he dejado sutilmente, para no intentar devolverme, para que las caricias nunca más trasciendan mi piel, que los besos nunca encuentren el camino a mi alma.

La jaula yace cerrada y el alpiste a tope para volver prisionero este sentir que se me escapó de repente, y que en adelante me prohibo.

Una lágrima contenida en el desierto de mi realidad, y una última palabra clavada en el adiós.

David Felipe Morales
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40 Días

Vulnerables, apartados, dudosos, adentrándonos en el estrecho laberinto de los pensamientos.

Somos granos de arena en medio de la soledad de esta habitación, intentando remediar el ensordecedor silencio.

Noches eternas y días tediosos, afuera el vacío y el silencio, adentro caminas en el borde del abismo.

Los días transcurren a cuenta gotas y la serenidad comienza a escasear, la valeriana es mi tesoro.
Me mantiene lúcido la búsqueda de ese oasis de temporal calma y el desazón de no saber si es un día más o uno menos.

David Felipe Morales
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Cómo te veo?

Te veo lejana, llena de hechizo como la luna llena, te veo envuelta en ese canela que brilla y encanta, te veo colmada de historias y vivencias que me es imposible no recabar en cualquier conversación con un inquisitivo cuestionario.

Te veo distante y demasiado altiva, como un posible, pero a la vez tan terrenal como la neblina misma, como un espejismo que se desvanece entre mis manos cuando pretendo ya acercarme.

Te veo, simplemente te contemplo con la distancia que creo adecuada, con algunas chispas sumergidas en comentarios que se me escapan y que solo pretenden acercarme más.

Y como siempre me quedo corto en las palabras para decirte cómo es que te veo.

David Felipe Morales
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No pensarte

Traduciendo los anhelos al silencio, dejando libre la pasión para que en un interior ajeno con su incesante aletear mancille otra visual y ya no sea más mi esclava.

Cerrando las cortinas para evitar un mínimo reflejo, las ventanas para escapar de ese olor tan suyo que parece estar impregnado en la primavera, intentando pasar la hoja y así poner punto final.

Clausurando espacios exclusivos de esta mente, archivando otro libro que leí hasta el hastío, contemplando lo que me deja, un ayer, un recuerdo finamente tallado de ausencias.

Aprendiendo nuevamente a caminar, a querer la soledad del pensamiento sin enfoques, reconfigurando la rutina que se hace inmensa, tratando de concentrarme.

Así son mis días, aunque confieso que disfrutaba pensarle y ahora me crea un vacío esta frustrante idea de no hacerlo.

David Felipe Morales
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Primera Mirada

Esa primera mirada que me flechó y rápidamente se introdujo en la mía de manera certera y sosteniendose con intensidad, las palabras sobraron y el magnetismo fue insuperable, y antes de saber su nombre yo ya conocía el sabor del perfume que había bañado su piel.

Eran esas ganas de ser astronauta y descender en sus mejillas, era esa avidez que consumía vorazmente la calma y la razón, y desde lo más profundo provocó pensamientos quiméricos.

Me sobrevinieron anhelos de entrar en esa laguna que formase el hielo al derretirse en su ombligo, el de sus besos que eran una mezcla entre el sabor a palabras tiernas y el vestigio dejado por el vino tinto en sus labios, siempre la pregunta retumbando en los momentos de calma, qué era este hechizo que me estaba sometiendo sin argumentos.

Era ella una calandria que entre sus alas me llevó afanosa y sumergida en libidinosos ardores hasta lograr marchitar el encanto.

Apareció la distancia, vino el invierno después de la tórrida primavera, y contrario a ello, se avivó el deseo y en la soledad pareció palpitar con más vehemencia el corazón, pero ella tan distante, las palabras tan intermitentes, hacía falta el eco de su sonrisa inundando el recinto, hacía falta el destello de su torso desnudo volcado en mi lecho.

Los pensamientos en anarquía sometidos por la abstinencia, la sombra de la desidia se hizo evidente, las rosas del aquel jardín ya no florecían y el agua del florero donde aún yacían esos tulipanes hedía a camposanto, y ya sin tapujos se fueron mimetizando los rencores entre las palabras, ella tan lejana y yo acá con los pies clavados en el ayer.

Silente la flor que ya marchita y sin fuerza se arrojó al vacío, tan callada la pasión mientras muere y se va, dejándose llevar por el paso de los días hasta engrosar los cordones de miseria que circundan la rutina.

Dolorosa realidad, no había más que piel y carne, brío y pasiones pecaminosas, que ante el primer invierno se extinguieron.

Y el astronauta logró descender en esas mejillas, pero jamás acaricio esa tierra, los anhelos murieron lentamente como girasoles al atardecer, y yo convertí mis pasiones ya pútridas en tedio y olvido, porque ya no teníamos más que las huellas de los besos en la piel, ya no había más que esa primera mirada.

David Felipe Morales,
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