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Señor

Señor,
vives en el nacimiento de los niños,
en la paz y en la sangre derramada,
vives en las llagas descalzas
de los mendigos
que no giran llaves de puertas blindadas
o en los huéspedes de la guadaña
que se ahorcan en las jeringas.
Vives, dia a día en nuestra rosa
y también en nuestras espinas.
Vives, y eres
un centinela sensible que trasnocha
en los hospitales, que nos auxilia
en las autopistas.
Sé que estás latente
en este mundo incoloro
de individuos sin decoro
de sabiduría incolora,
y que el mero hecho de mencionarte
les incomoda.
Pero yo, oh señor, te imploro;
te imploro el porqué
de este pan mío
que madruga y bosteza
en el esfuerzo
de los lunes enriquecidos,
te imploro la solución al jeroglífico
de tu gracia y existencia.
Sé que eres
mi padre más definitivo,
aunque a ciencia cierta
no encuentre,
solución para tu nombre
en mi pálida frente.
Pero vives,
y miro el reloj como si fuera
la bola de cristal de un adivino,
y te siento
cada vez más y más vecino,
en estos cuatro días de infancia,
adolescencia, madurez y muerte.

Señor,
vives en lo terrible y en lo divino.

[Abel Santos, de Esencia,
Ediciones Az90, Barcelona, 1998]
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Selfie

MORIRÉ, y mi sueño
ya no tendrá
mundanos despertares,
continuando sobre mí,
el día que yo muera,
la vida de la gente, mi gente,
la vida entera.

Habré sido
unas pocas horas en los mares
de la felicidad, mucho otoño
y fugaz primavera,
un corazón clásico
por estos cambiantes lugares
que casi hizo su vida
en la barra de sus bares
y al que la juventud dejó
una incurable borrachera.

Pero vivir la vida para mí
no habrá sido lo peor,
sino la montaña en que caí
y alcancé la cima
sin más filosofía
que la de mi gente alrededor.

Mi enfermedad: la esperanza;
por droga la rima,
por arrogancia la búsqueda
de un destino con amor
y la buena conciencia
como síntoma de autoestima.

[Abel Santos, de 'Huelga Decir',
64 poemas sobre una crisis.
Boria Ediciones 2019]
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El futuro

SÉ que soy El Poeta
que desde tiempos inmemoriales
estábais esperando.

Pero paso... Aparta ese flash
de mí.

Con tanto entendido en poesía
la fatalidad del que sabe ya no es
que nunca sabe bastante.

Qué más os puedo decir...

¡Viva la poesía!
(y cada cual su vida),
es lo único
que añadiré,

porque inexplicablemente

nada sobrevive mejor
en este mundo
que todo aquello
que nunca puede ser.

[Abel Santos // Inédito]
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Mi filosofía

ESTO
debe saberlo
hasta el jodido
Paulo
Coelho.

Es un poco
triste.

Pero qué casualidad...

Cuando intento
engañarlo,

Dios

existe.

[Abel Santos, de 'Huelga Decir',
64 poemas sobre una crisis.
Boria Ediciones 2019]
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Manrique 2005

TODO este frío que traigo
de la realidad aparte
en que te espero
no se calentará con un beso
de tus labios irreales

nada llegará a saber mi corazón
de la altura de tu abrazo
o de tu aroma apetitoso
ni podrá el vacío formarse
en otras manos que no sean
solitarias
las mías que te buscan

porque te estoy buscando

como un ciego busca su hogar
ante el callejón
de sus ojos y su tacto

te busco y ya es 2012
en la voz de Silvia Pérez Cruz
y el Javier Colina Trío
porque tal vez no existas
y esté tan sólo de fiesta
la imaginación

te busco por esta larga
mundial ciudad
que nada sabe de ti

bajo este espacio que no siente
tu respiración y sí mi desaliento


más sueño para este sueño
de incansable delirio
yo
sólo ausencia por perseguirte
en tu difícil lejanía.

[Abel Santos, de 'Huelga Decir',
64 poemas sobre una crisis,
Boria Ediciones 2019,
Prólogo de Javier Cano]
NOTA: Manrique, personaje principal de la poética leyenda de Bécquer 'El rayo de Luna'.
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Siempre duele

UN poeta
siempre consigue lo que quiere
si lo único que ambiciona
es encontrar
una buena historia.

Ya sea
amor de una sola noche
o de 20 años de amor
que tu piel
siempre recuerde:

la lluvia nunca falla.

Siempre
decimos adiós.

Siempre duele.

[Abel Santos // Inédito]
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Muy frágil

ABSOLUTAMENTE todo
lo que es importante
para ti y para mí
saben que es frágil,
y lo romperán, lo rompemos,
de todos modos.

Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir.

Es lo único
que los locos
sabemos
compartir.

[Abel Santos // Inédito]
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Poética

Puedes empezar
haciendo bien los deberes.

Y que tus versos traten
claro que sí,
de amor, de héroes, de tristeza,
y celos
y dioses
y sexo
y muerte...

Me da igual si tu poética
habla del Muro de Adriano
o de Ulises y su odisea.

Pero sobre todo,
que dentro de lo que escribes
haya algo tuyo
que demuestre
tu paso por la corta vida
y el ancho mundo,

la pasión, el asombro,
el agradecimiento o el dolor
por el que vives y te desvives;

esa herida
que te salva, que te hizo
diferente:

un tipo de lo más estoico
al par que sensible,

hipersensible.

[Abel Santos // Inédito]
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Un soñador entre los locos

Se quedó
un instante pensando
(en el cuento o la vida, en el ser y la muerte)
cuando le preguntaron:

-¿Qué te llevarías a una isla desierta?...

¿A quién,
hoja, animal, libro o viernes,
se cuestionaba a sí mismo,
iba a contarle
todo lo que tenía en mente
construir y crear
para salir de la nada sin llegar al vacío?

Entonces,
con demasiada humanidad,
con demasiada luz,
tan sólo se limitó a responder:

-Una multitud. Una multitud.

[Abel Santos]
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El misionero

Me aburres, poeta, me decía la santísima poesía
con el cigarrillo de después entre los dedos,
escribes muy bien, Santos, no lo puedo negar,
ya te habrán dicho más de una vez que escribes como los ángeles,
te pones encima de mí y me haces el amor,
y te pongo cara de boba
cuando susurras bellas expresiones
de luna de miel que ya nadie usa,
cuando me hablas de la vida y de la muerte,
del amor, de la eternidad, de envejecer juntos,
y me da mucho gusto todo eso.
Me llamaste y he venido otra vez,
aquí me tienes, desnuda,
entre páginas blancas de seda,
pero me canso de estar debajo de ti,
de tus todavía pueriles ganas
de cambiar el mundo,
de tus lágrimas asépticas,
de que me llames musa,
del poder de la pura palabra y esos espejismos,
porque no abres los ojos,
no tienes ni pajolera idea
de lo que pasa a tu alrededor,
como muchos poetas, no eres real,
no me despiertas como un cuchillo,
y hasta San Pablo Neruda iba con un cuchillo
verde por las calles
gritándoles al oído a las monjas.
Estoy cansada de tu estilo,
de tu monocorde solo de bebop para saxo
que no se ríe de las normas,
de tus predecibles duros poemas
en postura del misionero,
de esta partida de cartas románticas
sobre la cama,
de tanta sota, caballo y rey.
Quiero que seas brutalmente sincero
conmigo, y contigo,
delante de todo el pueblo y para el pueblo,
quiero que me des una vuelta
de hoja, que me lo hagas por detrás, y de lado,
y de pie, y de rodillas,
que termines derramando tu mala leche
en mi cara sonriente
de mimada reina de los premios de poesía
concertados.
Estoy cansada, repito,
de tu Poesía Postura Misionero,
quiero que termines de una jodida vez
lo que has venido a hacer conmigo,
como sólo aquellos elegidos
que conocen su verdadera misión en el mundo
saben beneficiarse a la vida y a la muerte
libres de toda impostura,
sin tocar y retocar tanto
la misma parte del poema,
el mismo poema
de la misma forma, hecho así, cientos,
miles de veces,
el mismo poema.

Y entonces, y sólo entonces, poeta,
tendré un brillo especial en la mirada
cuando me llames
Amor.

[Abel Santos, de 'Huelga Decir', 64 poemas
sobre una crisis, Boria Ediciones 2019]
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Y al fin has conseguido que odie la poesía

Hiciste todo lo extraordinario, amor,
para abrir mi corazón herido.

Tus ojos me reflejaban
que ganar mucho dinero
o no ganarlo
no es lo que siempre buscaban
mis poemas,
sino ganar realmente significado.

Ahora, saco mi billetera vacía
y a ti te entra
el amante... Qué afortunado.

Pero ya no maldigo el día que te conocí.

Maldigo
todos los instantes
de rutina
que no supe tantear
la desilusión en que te ibas
a convertir.

Hasta otra temporada de fe perfecta...

Al fin
has conseguido,
nena,
que odie
la poesía.

[Abel Santos // Inédito]
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Algo te queda

TODO lo que nos basta
se marcha, llega, se marchará,
ya se marchó.

Así es lo efímero -te dices-,
su detestable perfección.

Tanto tiempo
esforzándote en cerrar
las cicatrices que marcaron
tu último amor...

Y ahora,
vuelves a abrir, seriamente,
de par en par, tu corazón,
para que alguien
robe la paz y el olvido
que entre lágrimas conseguiste.

Y te jode,
y no pillas el chiste,

de que lo único que sabes hacer
-sin duda ni error-
realmente en esta vida
sea amar,

y autodestruirte.

[Abel Santos, colaboración en revista Aquarellen Literatura, Número 55,
agosto, Santiago de Chile]
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A través de los tiempos

¿Quién no escribió
en una servilleta de bar
una frase que intentara
limpiar el mundo?

¿quién no se preguntó
hacia dónde estaba mirando
para que el instante
no se abrazara con la eternidad?

¿quién no probó
con una esperanza inmadura
para traer de vuelta
un pasado mejor?

¿quién no se despertó
piadosamente una mañana
a un mundo iluminado
tras tener una mala experiencia?

podemos pensar
que estamos malditos
pero si el amor estuviese maldito
sería excepcional
porque nos haría inmortales

sólo queda
la misma voz distinta agua
llorando
llorando mortalmente visible
defendiendo la belleza
pretensiones de poeta
a través de los tiempos.

[Abel Santos, 'Demasiado Joven Para El Blues' Antología Personal 1998-2014, Eirene Editorial]
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Mi problema

ABRAZADO a ella,
yo estaba tan ajeno al suelo
como el suelo estaba de ajeno a mí.

Y después,
la convivencia, la nostalgia,
los días normales,
y el abismo.

Sí, el abismo.

Ríete, pobre diablo, tú
no vas a ser menos,
o qué te has creído,
¿que no es tu problema?

Nadie se evita sufrir
por cuenta ajena. Sabrás
de qué te hablo
cuando lo vivas,

y no por tener este poema
ante ti.

[Abel Santos // Inédito]
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Dentro de cien años

Yo nunca hago poesía
para demostrar
nada.

El verdadero artista lo sabe.

Un puñado de críticas
no bastan
para hacer camino,
no bastan
para que el camino
acabe.

«Escribir
no es un trabajo»,
dice la gente.

Mi poesía
quizás no está haciendo nada,
pero está haciendo
lo que quiere.

Yo
hago poesía
para volver
a casa.

Y me acompaño
de la soledad.

Ella
está
a mi
lado.

Alguien tiene que estarlo.

Practico
esa
confianza.

[Abel Santos // Inédito]
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Café recién hecho

Me gusta el poeta que ahora eres,
el hombre en el que te has convertido.

Lo dice todo el mundo:

―Se nota que tu mujer y tú
sois los dos escritores de culto.
Tenéis una habitación
con varias estanterías repletas de libros,
las mejores voces de la poesía,
una lámpara de suave luz
y una butaca junto al balcón.

Todo esto irá fuera...
Es lo que contesto. Y sonrío.

Aquí estará la habitación de mi hijo.

Pondremos
todas estas hermosas palabras
―amor, libertad, sueños―
de nuevo
a funcionar.

[Abel Santos, de 'El camino de Angi',
51 poemas de una historia de amor,
Poémame Editorial, Próximamente en 2020,
Prólogo de Angi Expósito]
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Mujer

EN el silencio de la madrugada
está tendida
tu ideal hermosura;

tu desnudez
es hábito, ventura,
en mi humilde
senda enamorada.

Halla el norte
mi alma extraviada
en la gloriosa tierra
de tu cintura,

en el puerto de tu pecho la atadura

y el sueño
que calma
mi mirada.

Qué atractiva estás, al amanecer,
entre el despertar y el desayuno.

No hay
nada más dulce,
a mi parecer,
para hombre como yo,
y soy
ninguno,

que tanto amor le amanezca a uno,
con la primera de tus palabras,
mujer.

[Abel Santos]
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La música no se toca

PUEDES deshacerte,
mi amor, de todo
lo que la vida nos regale

a corazón abierto
y a manos llenas.

Ya sabes,
fechas, costumbres, celebraciones,
planes...

Y lo siento.

Pero nunca
de mi verdadera esencia,
de mi verdadero abrazo:

de todas
las relaciones de pareja
yo amo
la música,

porque es
todo
lo contrario

de mi ausencia.

[Abel Santos]
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La tentación

TE bajé la falda y vi entero París,
como dice la canción,

y encontré a La Maga
en un autobús desangelado,

y me olvidé de llevarle flores a Jim Morrison,

y se hicieron carne los nocturnos de Chopin,

y profundicé en la poesía de Pedro Salinas
que vivió toda su vida de casado
amando en secreto a otra mujer,

y me reí de Picasso y de todas sus amantes,

y Mimi ya no me parecía esa mezcla
de inocencia y madurez sexual
en Lunas de Hiel, de Roman Polanski,

y sentí por ti un amor más grande
que el que Scott Fitzgerald tenía
para ese aire jazzeado de su preciosa Zelda,

y ya no quise ser Bartleby o Rimbaud,
y cancelé con estos versos
todos mis viajes al desierto de la literatura,
porque comprendí a Hemingway
cuando lanzó la pregunta
de si había amado tanto a una mujer
como para ver a la muerte frente a mí
mientras le hago el amor.

Te bajé la falda y vi entero París,
el París que no acaba nunca,
lo recuerdo muy bien,

y bajar tus medias y besar tus muslos
era lo mismo que el aroma
tratado con la calefacción
que ahora sale del interior
de las perfumerías y creperías
en mis fríos y muertos paseos invernales.

Y aquí me detengo, un instante,
antes de seguir mi camino.
A tantas vidas ya de entrar en tu vida.
Pero no deseando nada más,
nada más que no sea dejar abierto

este poema.

[Abel Santos, de 'Huelga Decir' 64 poemas
sobre una crisis, Boria Ediciones, 2019]
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El extraño camino azul

Cuando creo
que ya no puedo hacer nada más
para mejorar mi salud, mi amor y mi trabajo,
todavía me queda
lo que haría una buena persona:

bañarme en extrañeza, amar

todos los cambios
que se presenten en mi vida,
porque, a veces, hay que beber de las aguas
de las que nunca ibas a beber,
y huir es lo que te va matando;

llamadme loco,
pero en el fondo de mi ser
nunca me gana el miedo,
me encantan los cambios, pues con ellos
siempre tengo
una primera oportunidad para todo.

No hay mayor intimidad con el cielo que esa.

Ya sabes. El extraño
camino azul de los poetas,
que de nuevo te dice:

-Tienes que encontrarme.
Pero no mires.
Ya cada color
posible de caminar
está
agotado.

[Abel Santos, de 'El camino de Angi',
Poémame Editorial Abierta De Poesía,
de próxima publicación en 2020,
Prólogo de Angi Expósito]
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