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Pienso en ti

Cual insistente pulso temerario
la visión sobre ti es abarcadora,
delirante, unívoca e incontenible
ni es superficial ni fragmentaria,
simplemente osada y rumorosa.

Tras pensarte escucho la música
que da la pauta sutil a mis letras
para delinear vuelos imaginarios
donde consigo tocar tu piel tersa
con el goce de su ritmo acelerado.

La magia que me da en segundos
un paraíso de bordes atenuados
es el paradigma de tu voz tierna,
dulce sugerencia entre los labios,
grácil ramillete de dalias frescas.

Pienso en ti al contemplar el cielo
al despertar con dos horas de más
al vernos proyectados en mi techo
y al cerrar los ojos para descansar
luego de tantos pasos alargados.

Pienso en ti durante la luna llena
y ante su faz quedo acalambrado
al abrirse paso en los recuerdos,
o cuando un influjo nos emplaza
en su halo de redondez perfecta.

Pienso en ti al cruzar las avenidas
al andar por la derecha de la acera
al voltear atento hacia todos lados
esperando una señal insoslayable
donde se manifieste tu presencia.

Brota mi alivio de pensarte tanto
bajo la calidez de tus respuestas,
y así dejas de saberme tan lejana
aunque no me sea posible hallarte
en el cruce de todas las miradas.
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El placer contenido en el amor

Todo fue tan imprevisto y tan fuera de lugar que después de acomodarnos la ropa, nuestros cuerpos seguían temblando como si un terremoto en crecida los sacudiera desde adentro.

Nuestras caricias consideraron que era preciso perpetuar aquella noche, y la posibilidad de sobrevivir a la prisión de nuestros miedos se volvió palpable, al volvernos cómplices de la intrépida determinación de amarnos.

Quizá debimos esperar una ocasión más apropiada, pero la voluntad de reafirmar nuestra existencia era tan poderosa, que la oscuridad envolvente y la ansiedad incontrolable quedaron en segundo plano.

Un río de emociones inundó el cortejo repentino donde las yemas de mis dedos se derritieron para cubrirte de halagos. Extasiada avanzó mi mano izquierda por tu vientre para sentir al fin, la materia ondulada de un sendero desnudo de razones.

En esa emoción interna nuestros espíritus comenzaron a alimentarse y sin advertirlo, iniciamos el ascenso para continuar con el deseo enamorado de encontrarnos lo más cerca posible.

Con los ojos cerrados acaricié tu espalda hasta sujetarte de la cintura y confiados en la satisfacción que nos otorgaba el cuerpo, cancelamos las ideas que pudieran oponerse a dicha lógica y en ese instante, el mundo quedó paralizado.

En la medianía de aquellos momentos proverbiales erradicamos la inseguridad al entregarnos por completo. Envueltos en ese hechizo, transformamos la apariencia de las cosas. Descubrimos juntos el placer contenido en el amor y superamos cualquier reproche rescatando una verdad de mayor pureza.

Cuando interrumpimos la pasión de ese encuentro furtivo, una trémula torpeza se alojó en nuestros pasos y bajamos las escaleras con las piernas tambaleantes. El clamor de nuestra unión develó aquello que subsistía latente, esperando que los presagios quedarán confirmados.

Nos tomamos de la mano con mayor firmeza y tratamos de conservar el equilibrio que aún nos quedaba. La tentativa de pensar en los errores del pasado sufrió un vuelco al descubrir que fluía en ambos la eufórica certidumbre de vernos reflejados en los ojos del alma.

De pronto, te pregunté qué sucedía cuando noté que comenzabas a sollozar. Me pediste que nos detuviéramos para recuperar el aliento; nos abrazamos muy fuerte, hundiste tu cara en mi cuello y nos estrechamos con una plenitud inconmensurable. Desconcertada, intentaste contener las lágrimas mientras nos abrazábamos de nuevo, devolviéndonos la calma.

Nos miramos un tanto asustados, asombrados ante la magnitud de nuestro atrevimiento, pero en el fondo, agradecidos con la vida por dejarnos experimentar el hecho de sentirnos amados como nunca antes. Por permitirnos encontrar la continuidad de un sentimiento que nos llevó a saborear en unos segundos, una muestra de la asombrosa eternidad condensada.

Ahora vuelvo a cerrar los ojos para sentir que en mis manos respira tu deseo, porque al caer los párpados, después del vértigo y el abandono, estoy seguro de tu presencia. Es entonces, cuando comienzo a extrañarte, que acudo al arrullo del sueño y observo tu rostro entre mis sábanas.
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Las palabras se confabulan

Aunque a veces parezca que no la extraño, que permanezco distante y a la deriva, yo la pienso constantemente y la quiero cerca, confiado en robarle tiempo al tiempo cuando solos nos disfrutemos plenos.

Aunque los días continúen acumulándose y parezca que falta una eternidad para vernos, la siento conmigo en cada uno de mis pasos y me reconforta la idea de que próximamente nos encontraremos.

Aunque todo parezca improvisado y no haya planes concretos, crece en mí esta emoción que siento ahora donde las palabras se confabulan para expresar cuánto la quiero: por la soltura de su sonrisa, por la cadencia de sus letras, y por compartirme sus anhelos más secretos.
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Latido gemelo

Una vez que se aman,
el hombre y la mujer
son indestructibles.

Ajenos a la distancia,
sus cosmos gravitan
en la fuerza del amor.

Desde la resonancia
de un latido gemelo,
fraguan lo ineludible.
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Su figura anhelante

Las caricias del agua resbalan por mi cuerpo en la soledad del baño, donde rememoro la humedad alojada entre sus piernas.

Eros y Afrodita se funden por caminos de fuego para contrarrestar su ausencia y en el devenir de los fluidos, su figura anhelante me estremece al consumarse la explosión de un orgasmo.

Es allí cuando pienso en la inmensidad y en la nada. En esa súbita introspección, descubro que soy un asiduo pasajero en el tren de su deseo y ella, la visitante furtiva de la suma de mis arrebatos.

Así se completa el círculo donde somos amantes sin principio ni fin. Aunque no estemos bajo la misma constelación de jadeos, vamos juntos en el éxtasis de una pasión que fluye en armonía para encumbrarnos fuera de toda esclavitud.
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Si Cortázar estuviera vivo

Quisiera escribir
como Julio lo hacía,
apegado a un ritmo jazzístico,
con esa melodía intuitiva
alojada en sus escritos.

Quisiera desmenuzar
las palabras, como él lo hacía,
hasta toparme con lo insólito,
vibrando en el aliento
descriptivo.

Quisiera merodear
en los mensajes ocultos
con la vocación de un espía;
y quebrantar el clasicismo,
sin pudor, justo como él lo hacía.

Quisiera hilar los sonidos
que andan sueltos, como él decía,
en un lienzo extendido
donde nada sobre,
y todo encaje por sí mismo.

Quisiera escribir cuentos
entrañables, como él lo hacía,
rompiendo los esquemas
consabidos, sin saberlo,
a ciencia cierta.

Si Cortázar estuviera vivo,
le preguntaría cómo encontrar,
de esa brújula creadora, la guía,
para no volver a hundirme
en el lodazal de los vacíos.
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2comentarios 70 lecturas versolibre karma: 44

Horizonte despejado

Entre sus hondas raíces pervivo
en una fiesta de luces y sombras;
siendo amante dado por el destino,
me proteje del frío casual que brota.

Su tuétano de tintes apasionados
inaugura el curso de mis placeres;
compendio donde nos amparamos
hasta seducirnos en su despliegue.

Albricias en lugar de quebrantos
emanan de su sonrisa desnuda;
el ímpetu se desborda en ambos,
al vernos bajo el cobijo de la luna.

Un candor aterriza sobre las pieles
en el umbral del deseo exacerbado;
es la invitación a probar sus mieles
como designio de los enamorados.

Extendemos los instantes fervientes
por el cristal de ángulos avispados
donde todas las ausencias fenecen
en un cielo de horizonte despejado.
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Orgasmo simultáneo

En un profundo beso nuestras lenguas se aprisionan
y mis dedos ansiosos la desprenden del sutil liguero;
sucumbe la soledad amándonos de mil y un formas,
mientras sus manos se deslizan libres por mi cuerpo.

Quemándonos por dentro, seduciéndola con caricias,
la libero del suntuoso encaje que le cubre los senos,
mi arrebato por fin lo confirma, soy suyo y es mía;
con parsimonia asesinamos la desidia de tenernos.

Roce nocturno que nos reclama olvidar la profecía;
al bebernos como si fuéramos el vino más selecto,
crece el éxtasis de los amantes que juntos se liban
en la mutua convicción que nos salva de perdernos.

Inundados entre jadeos de sensualidad inaudita,
doblegamos con soltura la renuencia de los egos
para compartirnos el mismo placer con sabiduría
donde disfruta conmigo y yo con ella, me deleito.

Aún hierve bajo las pieles nuestra sangre encendida
y sorbo de nuevo el néctar que escurre de sus labios;
mística dicha embriaga mis sentidos en la travesía,
cuando le sujeto de la cintura para seguirla gozando.

Juego intrépido por su cuello perfumado que me guía;
exquisito rigor de indomable sentimiento apasionado
donde nuestras almas desnudas exhalan y suspiran
hasta conseguir al unísono, un orgasmo simultáneo.

Recostados, de todas las ataduras nos despojamos;
somos los guardianes de la misma llamarada infinita
y la humedad de sus resquicios me colma las manos;
enclavadas en torno a sus profundidades, me extasío.

Abarcamos el febril lecho cohabitado para adorarnos,
fruto del mismo trato, nos profesamos singular cariño;
en la tenaz apuesta del amor quedamos empatados
y el alba ingrata nos declara ya, sus primeros brillos.
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sin comentarios 103 lecturas versolibre karma: 36